lunes, 7 de agosto de 2017

Los libros de agosto: libros con recetas de cocina

Si leer es un placer de los sentidos, y las buenas historias constituyen el alimento del alma, no es difícil dibujar una conexión entre gastronomía y literatura, y quizás es por eso por lo que no resulta complicado hallar escritores a los que también les fascina la buena comida y la buena mesa, y esto lo han reflejado en sus libros y en sus personajes. Recomendaciones de buenos libros de recetas encontraréis muchos por allí, y también listas de buenas historias que están relacionadas con la alta cocina -incluso alguna que contiene recetas interesantes-, pero para hacerlo más original, en esta entrada, realizada en colaboración con Cris Kitchen (la autora del blog más que amigo "La tentación vive... en lacocina"), ambos ofreceremos nuestra opinión sobre novelas relacionadas con el mundo de la gastronomía e intercalaremos -junto con la reseña de las mismas-, alguna recomendación gastronómica que debería acompañar a la lectura de estos libros, de tal manera que vivamos una experiencia más completa. ¿Preparados cubiertos y los tenedores? Todos a la mesa entonces.

-Las novelas de Carvalho: El detective gallego -afincado en Barcelona y creado por Vázquez Montalbán- ha renegado de la cultura (se dedica a quemar una media de un libro por novela para alimentar su siempre encendida chimenea), de los idealismos y de varios trabajos, pero a lo que no renuncia es a una buena cena, sobre todo si está regada con un buen vino. Sobre la cocina de Carvalho se ha escrito mucho, desde la función que ésta ejercía tanto para el personaje como para el escritor, como de la escasa apetencia del detective por los postres. Ya puestos, el mejor resumen lo hacía el propio Carvalho: “Yo nunca como cualquier cosa”.
Recomendación gastronómica: Con libro de recetas incluido, entresacado de la saga de novelas, poco más se puede añadir. Sin embargo, hace no mucho salió un post relacionado con este tema en un blog especializado en el mundo de la cocina, que a muchos nos ha cautivado desde hace tiempo por su agudo sentido del humor. El paladar de Carvalho –siempre exquisito- es, como describen los expertos, muy ecléctico, y da tanto para manjares de la cocina moderna como para platos más tradicionales, pero si hay que elegir a elegir, y siendo el detective de origen gallego, nos quedamos con unas buenas vieiras o unas almejas cocidas en su propio jugo. Ya se sabe lo que dicen: si el producto de origen es bueno, basta con reforzar su sabor natural. A veces lo único que necesita un buen alimento –o buen personaje- es que sea auténtico. Aunque si preferís algo más original, aquí os dejamos esta receta extraída de “Asesinato en el Comité Central”: <<Carvalho abrió varias galerías en el taco de atún y las rellenó con anchoas. Salpimentó, enharinó la bestia y la doró en aceite en compañía de unos ajos. Añadió un poco de agua y dejó que el lomo de atún se cociera a fuego lento (…) Carvalho lo apartó y trabajó el jugo resultante como base de una salsa española corregida con briznas de hinojo (…) esperó a que el atún estuviera frío para cortarlo en rebanadas depositadas en una bandeja y luego cubiertas con la salsa caliente>>.

-Montalbano. El policía italiano creado por Andrea Camillieri en honor a Vázquez Montalbán y que, desde su reducto en Sicilia, se enfrenta a la mafia, a los políticos corruptos, a la prensa partidista, y a un desastroso conserje, hay dos citas que no elude nunca: un reto desafiante, y un contundente plato de pasta. Y si ésta se ve acompañada de alguna de las exquisiteces marinas que otorga el Mediterráneo, bienvenida sea. Sherlock Holmes sería capaz de pasar días sin comer. meditando acerca de un caso: Montalbano seguramente le hubiera mandado a paseo, y marcharía a proporcionar combustible a sus neuronas.
            Recomendación gastronómica. Aunque aquí pega una buena pasta de inspiración marinera, hay dos platos que pierden a Montalbano: el enorme plato de salmonetes -cocinados por su restaurante de confianza- que se mete entre pecho y espalda, o los arancini que le deja preparados en la novela su sirvienta, y que ha hecho que más de uno, leyendo en la cama, haya sentido la tentación de levantarse para ver si le alguien le ha proporcionado un regalo similar. Os dejamos dos enlaces de dos bloguer@s que se han atrevido a imitar los arancini de Montalbano

-El mundo de los detectives y la policía, como se ve, sirve de muy buena excusa para las recetas: quizás porque la comida es algo tan personal y tan único que resulta muy útil para definir un carácter, labor a la que se ve obligado un escritor cuando trata de describir tanto a héroes como a villanos. Bajo este prisma, no es de extrañar que la forense Kay Scarpetta sea una amante de la gastronomía italiana de sus ancestros, e incluso albergue en su casa una cocina personalizada donde fabrica su propio pan. En cuanto al bando de los criminales, es de mención obligada hablar del literario y cinematográfico personaje de Hannibal Lecter, un excelso sibarita (culto, exitoso, educado, con el inapreciable defecto de ser un caníbal) que riega los hígados ajenos con un buen Chianti, y no tiene problemas en que el invitado más pesado de la noche anterior se convierta, en la velada siguiente, en un manjar a degustar.

            Recomendación gastronómica. Al doctor Lecter le agradan mucho las vísceras. Como los platos derivados de las mismas no son aptos para todos los paladares, quizás la primera aproximación debería realizarse con la receta que proporciona la pista para su captura al principio de la película “El dragón rojo”: unas mollejas… hechas a partir de ternasco o cordero lechal, si os resulta más difícil encontrar otro tipo de ingredientes… Bien se sabe que entrar al supermercado a cocinar al cajero es una empresa difícil, incluso aunque el establecimiento se halle abierto los domingos. De todas maneras, abajo os colocamos la página del Larousse Gastronomique que Lecter utiliza como base, por si queréis (si el zoom, la perspectiva y el francés os lo permiten) seguir la receta paso por paso. Aunque si se trata de homenajear a las películas, hay que reconocer que el autor de este vídeo es bastante original al respecto.

-Doña Flor y sus dos maridos: Ésta es una novela sobre el deleite. El placer que proporciona la pasión, espiritual, carnal o a través de cualquier sentido físico, incluyendo también el del gusto. Doña Flor es un ama de casa brasileña de los años 50 con una habilidad excepcional para la cocina, y lo único que es capaz de despistarla de sus postres y de las clases de cocina que imparte a sus alumnas es su indisciplinado, irresistible e incorregible marido. Cuando éste fallece, Doña Flor encuentra consuelo en un aburrido y predecible farmacéutico al cual -a su manera- también adora. Sin embargo, el fantasma de su primer marido no va a permitir que algo tan insignificante como haber fallecido interrumpa la fiesta y le impida gozar.
            Recomendación gastronómica. Los brasileños suelen asombrarse mucho, respecto a la cocina europea, de que pongan cada alimento en un plato distinto. En Brasil, es típico acabar juntándolo todo (un “todo” que normalmente contiene raciones generosas de arroz, legumbres y en muchas ocasiones carne) en una fiesta de los sentidos tan variopinta como el carnaval. Ya puestos, recomendamos una feijoada, aunque debe tomarse con precaución, pues al igual que la fabada asturiana, no es muy recomendable si después te ponen una samba y te invitan a que muevas las caderas. Aún así, reproducimos por su originalidad esta receta de Doña Flor de guiso de tortuga, aunque no la recomendamos tanto por la dificultad de localizar el material como porque (para que negarlo) somos grandes admiradores de los quelónidos:
GUISO DE TORTUGA
(Receta de doña Carmen Dias, tal como ella se la dio a doña Flor,
habiendo ésta permitido a sus alumnos copiarla y probarla.)
<<Se toma una tortuga, después de muerta por el procedimien­to (bárbaro) de aserrarla por los lados, cuidando de que no se dañe la caparazón. Colgar al bicho por las patas traseras, cortarle la cabeza y dejarlo así durante una hora para que se desangre. Después, poner el animal con el vientre para arriba y cercenarle los pies, cuidando de conservar las piernas (o «botas») y separan­do de ellas la piel gruesa que las recubre. Entonces se le extrae la carne, los menudos (hígado y corazón) y los huevos (si los hubie­ra), tirando las tripas, operación que requiere especiales cuidados, debiendo hacerse cada cosa por separado. Lavar todo, carne y vísceras, que, una vez maceradas con los condimentos que se indica­rán habrán de ponerse a fuego bajo hasta que tomen un color de oro oscuro y exhalen un aroma particular. Los condimentos: sal, li­món, ajo, cebolla, tomate, pimienta y aceite, aceite suave a voluntad>>.

-El valle de los caballos. Segundo libro de la serie “El clan del oso cavernario”, y aunque todas las novelas de esta saga tocan el tema de la cocina –ya que narran el día a día de una sociedad de Neardentales y Cromagnones- este libro en particular profundiza en el uso de los distintos recursos al alcance de la protagonista para nutrirse: tanto de la caza (de cómo se obtiene la presa y cómo se cocina) como del uso de las plantas, hierbas y frutos como alimento o como condimento para aderezar. Nada desdeñable es también la información que aporta sobre cómo se conservaba la comida con aquella rudimentaria tecnología. Es fácil encontrar un libro que te hable sobre las maravillas de la cocina italiana o mediterránea, pero en cambio es más difícil encontrar este original punto de vista sobre cómo nos alimentábamos en un remoto pasado.
            Recomendación gastronómica. Traemos a colación una de las recetas que tiene más significado en el libro y que muestra cómo, con materiales muy sencillos, un poquito de habilidad para la caza, cerillas, piedras y un taparrabos, puede ejecutarse un plato delicioso. Extraído del libro, aquí tenéis cómo preparar “perdices de Creb”: <<Ayla se llevó las gordas aves hacia el otro lado de la muralla, hasta el hoyo que había cavado antes y forrado de piedras. El fuego se había apagado en el fondo del hoyo pero las piedras chisporrotearon cuando les echó unas gotas de agua. Había buscado en diversos puntos del valle la combinación exacta de verduras y hierbas, y las había llevado hasta el horno de piedras. Recogió uña de caballo por su sabor ligeramente salado, ortigas, amaranto y vistosas acederas y salvia, para dar sabor. El humo aportaría también su aroma, y la ceniza de madera, sabor a sal.
Rellenó las perdices con sus huevos envueltos en verduras: tres huevos en una de las aves y cuatro en la otra. Siempre había envuelto las perdices en hojas de parra antes de meterlas en el hoyo, pero no crecían vides en el valle. Recordó que a veces se cocinaba el pescado envuelto en heno fresco, y decidió que también podría hacerse con las aves. En cuanto tuvo las aves colocadas en la parte inferior del hoyo, amontonó más hierba encima, después piedras, y lo cubrió todo de tierra>>.

-El último chef chino. Hasta ahora es el único libro con el que nos hemos topado que toca a fondo el tema de la gastronomía china dentro de una historia de ficción. La novela en sí es entretenida, se lee fácil y es capaz de trasladarte a olores y sabores que recuerdan ligeramente a los restaurantes asiáticos tan frecuentes en España, pero con una profundidad y una serie de matices que nunca te encontrarías en el chino de tu barrio. Como mínimo, sorprendente.
            Recomendación gastronómica. La autora tiene una página web en donde detalla alguna de las recetas. No las hemos probado, pero la verdad, con nombres tan sugerentes como “pollo del mendigo” o “pollo fantasma”, dudo mucho que tardemos demasiado en hacerlo.

-Recetas para amar y matar. Un libro ameno, en el que desde el principio te quedas enganchado a la personalidad de la protagonista, una sudafricana junto con la que babearás cada vez que describa alguna de sus creaciones culinarias, a mismo tiempo que aprendes un montón de expresiones en afrikaans.
Recomendación gastronómica. Si hay una compañía constante a lo largo de todo el libro, son los beskuit, una especie de “bollitos ingleses de la hora del té” a la sudafricana, de la que os dejamos una receta.
Ingredientes:
• 1kg de harina.
• 250g de mantequilla.
• 200ml de azucar
• 320ml de suero de leche
• 10ml de levadura
• 2 huevos
• 5ml de sal
• 25ml de aceite.
Se pasa la harina por un tamiz, y se mezcla con el resto de los ingredientes secos. Se añade la mantequilla y se mezcla a mano hasta conseguir una masa homogénea. Se añaden los huevos y el aceite, y se mezcla bien. Se hace un hueco en el centro y se añade el suero de leche, mezclando hasta incorporarlo por completo.
Se separa la masa en pelotitas de unos 4 cm de diámetro y se disponen en una bandeja de horno de unos 7 cm de profundidad.
Hornear durante 45 minutos a 180 grados (con el horno precalentado).
Sacar, cortar y hornear de nuevo a baja temperatura (unos 100º) durante 3 horas (si es posible, con aire) para que se sequen y queden crujientes.

-La cocina del Mundodisco. Alguna vez ya hemos hablado de Terry Pratchett, uno de los escritores favoritos de los autores de este post. Terry, como buen inglés, no es muy de proporcionar ideas suculentas a la historia de la cocina. Casi que al contrario, pues las recetas atribuidas a los enanos (ratas con kétchup; ¿te resulta asqueroso? Prueba a probarlas sin kétchup), incluyendo su famoso pan, tan duro que puedes sentarte en él, no abren demasiado el apetito. No obstante, en una de las novelas de la saga del Mundisco se menciona un picante –en todos los sentidos- libro de recetas con el cual Tata Ogg acabó consiguiendo una fortuna, no se sabe muy bien si por su contenido en deliciosos platos o en comentarios subidos de tono. En todo caso, os recomendamos que compréis, en alguna librería física o digital, el “Nanny Ogg’s Cookbook”, la versión que se vende en este lado del multiverso. Seguro que, hasta la puntita, no tiene ningún desperdicio.
            Recomendación gastronómica. Mientras aguardáis la llegada del libro, de momento os recomendamos una receta en el blog de Cris Kitchen que se inspiró en un plato de curry elaborado por Tata Ogg. Así conseguiréis que os suba la temperatura… por el curry, claro.

-Fabada a muerte en Cocina&Fusión. Dos palabras: te descojonas. No podemos ser más sinceros. El autor, Falsarius Chef, lleva ya unos años haciéndose famoso gracias a su estrafalaria apariencia (las gafas y la nariz postiza a lo Groucho Marx no desprenden demasiada confianza) y a las recetas de “falsa cocina” que en televisión, libros y en su propio blog emplean elementos con tan poco glamour como latas de conservas, botes de legumbres cocidas o vasitos de arroz al microondas. En este caso, el propio Falsarius es el protagonista de la novela, donde nos plantea la resolución de un crimen al mismo tiempo que trata de pasar desapercibido en medio del prestigioso evento culinario de “Cocina&Fusión”. Las ventajas adicionales del libro, tal y como lo describiría el propio Falsarisus Chef, es que vienen las recetas al final, y además se lee en dos carcajadas. Ideal para los que siempre le han tenido miedo a la cocina y al fin se han atrevido a preguntar.
            Recomendación gastronómica. A pesar de que Falsarius es un especialista en latas (y eso queda bien claro a lo largo de la trama de la novela), hoy vamos a recomendar una sorprendente especialidad: la empanalleta, un snack que combina las mejores propiedades tanto de las galletas como de las empanadillas, y que harán las delicias de aquellos que no son capaces de decidirse sobre qué tomar a media mañana.
                                              
                                               Receta de las Empanalletas

Vamos a utilizar puré de manzana de bote y unas pasas. Que las pasas, como ya eran abuelas cuando las compramos, no decepcionan nunca.

Ingredientes: 1 bote de puré de manzanas (el mío de Hero y se encuentra en el Carrefour, por ejemplo), 1 paquete de pasas, 1 paquete de masa para empanadillas, azúcar y canela.

Preparación: sacamos la bandeja del horno y lo ponemos a calentar a 200 grados. Ponemos un plato hondo con azúcar, humedecemos con agua la oblea de empanadilla un poco por una cara y la ponemos sobre en la azúcar, presionando, para que se quede pegadilla. Sacamos la empanadilla y por el otro lado ponemos unas pasas, una cucharadita de puré de manzana, un poco de azúcar y espolvoreamos con canela. Cerramos, sellando los bordes con un tenedor. Cuando tengamos listas todas las que queramos, extendemos papel de horno (o papel de aluminio) en la bandeja del horno, ponemos las empanadillas encima y adentro. En 10 o 12 minutos estarán listas y el azúcar del exterior endurecida, lo que va darles al morderlas un aire crujiente de galleta, que luego con el interior blandito, se nos convierte en gozosa empanadilla de manzana.

            Esperamos que estas recomendaciones os hayan resultado muy gustosas. Para los que os hayáis quedado con hambre, no guardéis reparo. El próximo post sobre el tema tendrá un toque parecido, pero estará dedicado, en vez de a libros, a películas. Hasta entonces, felices lecturas, y también felices banquetes. Bon apettit.

lunes, 31 de julio de 2017

La historia corta de agosto: Dedicadas a Eduardo Galeano (VII)

-Mamá, mamá, el abuelito es un rollo.
Dijo el niño, sentado encima de la alfombra, jugando a la videoconsola, con el abuelo delante, sentado en el sofá, observando el televisor.
 -Anda, Jaime, no digas esas cosas sobre tu abuelo.
-Mamá, mamá, es que el abuelito no hace nada, tan sólo está allí sentado, no hace nada divertido, mamá, mamá, es que el abuelito ni siquiera sabe jugar a la Play.
Y entonces el anciano contempló en el televisor la imagen -emitida a través del videojuego-, de sí mismo pisando la luna, y los dos hombres (que eran en realidad el mismo), se contemplaron, el uno por detrás de la escafandra, el otro, mucho más viejo, con arrugas surcando su rostro. Y el Neil Armstrong de ahora susurró:
-Yo he ido a la luna.
 Y el niño giró la cabeza, contempló al abuelo escéptico, y gritó entonces a su madre.
-Y encima chochea.

Para que estas cosas no pasen y los mayores sigan viajando con sus nietos a la Luna, enseñándoles de paso lo que han aprendido, puedes colaborar en proyectos como éste.

lunes, 24 de julio de 2017

La historia corta de julio: Dedicadas a Eduardo Galeano (VI)

Una conocida suele decirme: me encantan las historias que la gente cuenta en el metro o en los autobuses.

Como aquella vez en que una viejecita, a la que le cedí el asiento en el autobús, recorriendo el trayecto de la línea, recorría su vida; retornaba a los lugares donde un día habitó su juventud. La primera parada era su infancia. Luego, la adolescencia, la madurez, la senectud. Le señaló a la anciana que iba a su lado: mira, ése era el colegio donde estudiaba. Bueno, más bien era donde estaba matriculada, porque, ¿ves?, allí enfrente está el parque donde hacía novillos.

Tenemos mucho que aprender de los mayores, que son unos auténticos maestros. Y para que podamos hacerlo, te animo a colaborar en proyectos como éste.

lunes, 17 de julio de 2017

La historia real de julio. Podcast: ingeniería genética, CRISPR y otros cuentos.

Saludos a todos. El jueves 29 de junio participé en un evento especial: fui el invitado del día de "El gato de Hubble", un podcast que se emite regularmente dentro de la programación de Radio Gul (una emisora digital alternativa que nace a partir de gente aficionada al software libre en la Universidad Carlos III de Madrid), y en el que cada día se dedican a abordar un tema específico de base científica en función del invitado que han traído -en este caso, debido a mi formación como bioquímico, los tiros iban por allí-. Claro que el programa es un poco especial, porque cuando me contaron que sus referentes son Bill Nye y su programa de divulgación de ciencia para todos los públicos, pero también John Oliver con su sarcástico sentido del humor, me quedó claro que la idea que los fundadores del programa tienen es que uno puede y debe divertirse mientras habla de ciencia y suelta a la vez paridas mentales, un concepto con el que estoy completamente de acuerdo. El programa salió a las mil maravillas (o, al menos, contamos casi todo lo que queríamos contar, y yo me reí mucho mientras tanto), y espero que a vosotros también os guste y aprendáis un poco sobre el tema que tratamos: ingeniería genética y esa técnica tan moderna llamada CRISPR que tiene a todo el mundo revolucionado, entre otras cosas porque es el "boom" más comentado en la ciencia en estos momentos, y también porque, quizás, entre otras cosas, gracias a ella podamos conseguir próximamente un nuevo premio Nobel español. Aquí os dejo el enlace al programa (de una hora y cuarto más o menos), con la promesa de que, si todo el mundo está de acuerdo, es bastante probable que repita en "El gato de Hubble". Por mí, al menos, que no quede. Que tengáis buen podcast y buena ciencia.

domingo, 9 de julio de 2017

El libro de julio: "Dentro del laberinto friki", de Cristina Martínez

¿Se puede convertir una tesis doctoral en un libro, y que este sea divertido? Cristina Martínez ha tratado de demostrarlo y, a fe mía, no le ha salido mal el empeño. Cristina Martínez leyó su tesis en junio de 2014, un texto académico de topotocientas páginas con un título muy largo pero un tema muy sugerente: cómo son los integrantes de la cultura friki (si no sabéis lo que es, os emplazo a enteraros directamente a través del libro), en particular en España. Con el objeto de documentarse para su tesis, la doctoranda se entrevistó con mucha gente y se paseó por numerosos eventos frikis, y a su vez, cuando terminó, había foros que estaban deseando que compartiera sus conclusiones, e individuos que tenían ganas de hincarle el diente a esta radiografía del frikismo, siempre que pudieran encontrar un formato más abordable. Y entre la Editorial Apache y la autora, han hecho este resumen asequible (menos de 300 páginas) para que pueda disfrutarse de su lectura.


Cristina Martínez analiza el mundo friki, en concreto en España, en un tono didáctico, pero al mismo tiempo con perspectiva científica: nos abre el apetito con una introducción histórica, realiza una clasificación de los distintos tipos humanos que pueden hallarse en el entorno friki, y entra en la parte de investigación a partir de una serie de encuestas que ha realizado entre individuos clasificados como frikis y no frikis, para intentar encontrar las diferencias (y semejanzas) que se dan entre ambos colectivos en cuanto a aficiones, formas de entretenimiento, modos de consumo, o maneras de entender conceptos como la amistad, el amor, la ideología política, la sexualidad... De esta manera, a través de tablas y estadísticas (no demasiado complicadas para los no expertos) encontramos los aspectos diferenciales de aquellas personas catalogadas a sí mismos como "frikis", aunque también se desmontan una serie de estereotipos, o se abren cajones con nuevos interrogantes. De todas formas, la cosa no se queda sólo en números y gráficos, sino que a través de una serie de "testimonios de vida", la autora consigue que individuos desconocidos nos abran su corazoncito y lleguemos a empatizar en gran medida con sus actitudes. Dicen que cuando comprendes a alguien de verdad, terminas amándolo (o que sólo cuando le amas le comprendes de verdad), y está claro que Cristina Martínez consigue que "amemos" a alguno de los sujetos de su muestra.

Como en alguna otra ocasión, he de confesar que escribo esta crónica con cierta parcialidad: me he encontrado con Cristina en varias ocasiones, una vestida de un personaje de Terry Pratchett (os dejo averiguar cuál), y en otro evento nos realizó a los allí presentes una pequeña disertación no sobre el tema de la tesis en sí, pero acerca de un asunto paralelo. Cristina tiene la cualidad, en directo, de derrochar una enorme simpatía -la cual no va reñida con una gran profundidad de análisis-, y ambas cosas se transmiten y son capaces de palparse sobre el papel. Así que si os atrevéis, podréis decir que habéis leído por diversión una tesis doctoral y no (como hacemos casi todos) solamente la parte de los agradecimientos -¡aunque sabemos que ésta la vais a mirar también!-. Os dejo a vosotros decidir si le daríais el cum laude.

lunes, 3 de julio de 2017

El relato de julio. Inspiraciencia 2017: "Le falta cebolla"

Saludos. Como algunos sabéis, hace algunas semanas, participé en el certamen de Inspiraciencia, un concurso de relatos de inspiración científica. Aunque no he acabado dentro del grupo de los ganadores (que podéis localizar aquí), os enlazo el relato con el que participé, "Le falta cebolla", por si os interesa echarle un vistazo. Además, os lo copio aquí, para aquellos que prefieran leerlo sin salirse de la página. Espero que os guste, y que os produzca buenas sensaciones:

Le falta cebolla

Contrastaba con su profesión, o tal vez era precisamente a causa de ella, pero el caso es que aquel hombre era aséptico en todo, hasta en el olor. Llevaba una vestimenta tan blanca que la anciana mujer no pudo menos que pensar: “Se le va a manchar enseguida, poco le va durar el traje”. Aunque quizás fuera la prudencia por no deslucir su vestimenta lo que llevaba a aquel hombre a desplazarse con andares mecánicos, como de robot, mientras les dirigía por pasillos de colores apagados, y acababa conduciendo a ambos a una habitación donde un respirador se acoplaba a varias bombonas, cada una de las cuales llevaba aparejado un nivel que subía o bajaba con el movimiento de sucesivas manivelas.
-Hemos elaborado la mezcla con las especificaciones que usted nos realizó –expresó el hombre, tan correcto como insípido-. No obstante, siempre es necesaria una comprobación final para asegurarnos de que todo es correcto. Si tuviera usted la amabilidad de ponerse la máscara…
La anciana cedió la percha, cubierta con un grueso plástico, junto con su contenido, a aquel chico joven, su hijo, quien parecía contemplar su entorno con escepticismo, como si no le convenciera ningún aspecto de aquella circunstancia. La mujer se acercó al respirador y tomó una amplia bocanada de aire. Allí estaba casi todo: el olor a comino, a sudor, a la colonia que se echaba por las mañanas… pero carecía de algo.
-Le falta… -lo que escaseaban para ella, ahora mismo, eran las palabras para explicarlo-… le falta como cebolla.
El hijo de la mujer levantó una ceja. El hombre-robot, en cambio, mantuvo su condición de imperturbabilidad, como de profesional ya habituado a escuchar toda clase de peticiones.
-Bueno –trató de expresarse ella-, en determinadas ocasiones, sobre todo después de que él y yo –allí se ruborizó al mirar a su hijo-… En fin, ya sabe… tenía un olor como a cebollita recién cortada. No sé si puede conseguirse algo como eso…
El hombre asintió quedamente, y empezó a movilizar varias llaves de paso. Se escucharon gorgoteos dentro de los tubos y, más adelante, cómo el gas empezaba a fluir de nuevo hacia el exterior. El hombre invitó a la anciana que se pusiera de nuevo la mascarilla. Hubo una segunda aspiración, y una pausa, y un silencio.
-Mucho mejor… -dijo ella tras la pausa, sin poder reprimir un cierto toque de voz trémulo-. Claro, no es igual –suspiró-, pero… se le parece bastante.
-Por eso viene ahora la siguiente fase –señaló el individuo el camino por donde debían seguir, y les guió hacia una sala que contaba con un sistema de bombonas y tuberías muy similares a las de la habitación anterior, sólo que, esta vez, el tubo en el que todas éstas desembocaban se hallaba conectado con la sala contigua, la cual se encontraba delimitada por una pared de cristal-. Si quieren, pueden ir pasando y disponiéndolo todo.
La mujer abrió entonces la puerta de cristal que permitía acceder a la habitación, cuyo único decorado era un maniquí sobre el que la mujer, con ayuda de su hijo, fue colocando lo que había traído colgado en la percha: camisa, chaqueta, calzoncillos, pantalones. Aquel acto le recordó a la mujer aquellos últimos días en que su marido estaba tan enfermo que no podía ni vestirse solo, y ella le ayudaba a hacerlo. Rememorar aquellos hechos, con el olor de su cónyuge todavía reciente en las fosas nasales, le hizo ponerse nerviosa, y que le costara abrochar los botones. Cuando estuvo lista, un leve parpadeo le advirtió a su hijo de que ya estaba lista. Él agitó la cabeza, como preguntando: “¿De verdad?”. Una nueva caída los ojos le corroboró que sí; que todo estaba más que decidido.
El chico salió.
-El programa está configurado con los parámetros que hemos ajustado antes –proclamó el primer hombre-, y ahora con esta rueda regulamos el flujo del gas. En pocos segundos, su madre estará totalmente envuelta por el aroma de la persona amada. Las ropas y la figura humana ayudan a hacer más completa la experiencia ofrecida por Olfactive Memories, Sociedad Limitada: un placer para los sentidos.
La mujer se abrazó al maniquí mientras aspiraba el aire que penetraba en la habitación. Volvió fugazmente la mirada hacia su hijo. Realizó una seña con la cabeza.
-Lo siento –se disculpó el hijo, mientras empujaba al profesional, y giraba hasta el fondo la rueda que regulaba el paso del aire. El hombre de la compañía gritó:
-¡No haga eso!¡Sustituirá todo el oxígeno de la habitación!¡Su madre no podrá respirar!
La anciana miró al muñeco con ternura en los ojos.
-No pudimos cumplir el sueño de irnos juntos. Pero eso no evitará que, ahora, tú estés aquí.
Ningún procedimiento de la autopsia fue capaz de arrebatarle a la mujer la sonrisa.

lunes, 26 de junio de 2017

El libro de junio: "El siglo de las luces", de Alejo Carpentier

“Hay épocas hechas para diezmar los rebaños, confundir las lenguas y dispersar las tribus”.
                       Alejo Carpentier. El siglo de las luces.

Existen (relativamente, para la intensidad y profundidad del terremoto que provocó) pocos libros ambientados en la Revolución Francesa. No demasiados que traten del Caribe. Y muchos menos dedicados a lo que fue la Revolución Francesa en el Caribe. Pero es que hay algunos textos que son inconcebibles sin el influjo particular de sus autores, de tal modo que, si éstos no hubieran existido, probablemente ningún otro hubiera podido alumbrarlos. Quizás por eso sólo Alejo Carpentier -suizo, de padre francés y madre rusa, que residió en Cuba y Venezuela durante buena parte de su vida y acabó muriendo en Francia- era capaz de pergeñar esta historia, un relato que abarca desde el final del período de la Ilustración hasta el principio del fin de la revolución francesa, saltando del Mar Caribe a Europa y de las ideas a la acción, allá donde el lector se atreva a acompañarle. La historia se narra desde el punto de vista de tres muchachos adolescentes, herederos de una fortuna en una Habana que es colonia española, donde un recién llegado (Victor Hughes, personaje de inspiración real) les va a poner en contacto con el mundo de la Revolución Francesa y de los nuevos conceptos que empiezan a extenderse en aquel tiempo, y modificará, a nivel individual, el rumbo de sus vidas para siempre. Se dice que Alejo Carpentier es uno de los precursores de lo "real maravilloso", una definición que muchos autores no dudan en igualar al "realismo mágico" que se hizo famoso años más tarde cuando los escritores del boom latinoamericano -García Márquez, Allende, Vargas Llosa- lo pusieron de moda. Y es que aparte de tratarse de una historia intensa (llena de sucesos dramáticos, pasiones, cambios de rumbo, reflexión intelectual y política), el autor no duda en salirse durante breves lapsos de tiempo de la trama principal, para dibujarnos con colorido el ambiente de la Europa y la Latinoamérica de aquella época, desde el mestizaje cultural del que el propio Carpentier era ejemplo, hasta los exóticos parajes, cambiantes escenarios y apasionantes trasfondos que recorre la novela. Se trata de un libro intenso, cargado de símbolos, descripciones y referencias culturales, que exige un poco de paciencia y de esfuerzo para leerlo (no es la típica lectura ligera de verano, aunque contenga mares y océanos suficientes para inspirarnos viajes) pero que, al lector al que le interesen los temas de los que habla, no acabará decepcionando, pues contiene aventura suficiente (en forma de corsarios y guerreros, libertadores y pensadores, libros y guillotinas) como para llenar unas cuantas vidas, y al mismo tiempo resulta un brillante reflejo tanto de las intensas luces de la Revolución, como también de sus alargadas y tenebrosas sombras. Os dejo el deseo de que no tengáis que vivir lo que proclama la frase de la novela que hemos citado al principio, y que, a ser posible, hasta que nos veamos, disfrutéis de tiempos menos convulsos. Un saludo.