martes, 4 de septiembre de 2012

El relato de septiembre: El autentico vampiro


El auténtico vampiro

            Lo encontré hace muchos años en un viejo cine porno de Buenos Aires. Decía que le gustaban esos sitios porque allí entras y nadie te pregunta de dónde vienes. Argumentaba, además, que las personas que solían venir a ese tipo de antros eran (en una gran proporción) vagabundos en busca de un sitio donde dormir, gente con poco arraigo social, por la que muy pocos preguntarían en caso de desaparición. Decía que ese tipo de cosas le facilitaban mucho su “labor”, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, de alguna manera debió errar, porque yo andaba tras su pista desde hacía mucho tiempo, desde Belgrado, donde supe de su existencia a través de denuncias particulares, señalando con alfileres fechas de ataques que se concentraban en un lugar concreto durante par de días y luego se reanudaban tras meses o años, coleccionando recortes de periódicos de extraños sucesos acontecidos en Londres, Bangkok o Los Ángeles... Sin embargo, no fue hasta que me jubilé y empecé a cobrar mi pensión como policía cuando pude salir a buscarle, y lo cierto es que se reveló como un ser bastante escurridizo (condición necesaria sin duda para sobrevivir varios miles de años) aunque siempre era reconocible detrás de sí el reguero de almas vacías, espíritus atormentados, individuos que aparecían un día en un callejón en la esquina y no recordaban ni su nombre ni su condición ni su sexo, en un estado prácticamente catatónico, del que nunca ninguno pudo salir. La noche que me senté a su lado en el cine, me miró con resignación, incluso con un cierto alivio; parecía que llevaba mucho tiempo esperándome. Tras un breve intercambio de pareceres, salimos a la calle. Allí ya me advirtió desde el principio –hablaba mi idioma con un cierto acento, aunque prácticamente inapreciable- que no iba a poder atraparle, que ni tan siquiera lo tratara, porque en tan sólo un segundo y sin mover un músculo, con su solo deseo, me quedaría tan imbécil como todos aquellos que lo habían intentado antes, algunos de los cuales yo había podido contemplar. Acepté tácitamente su aseveración, pues supe inmediatamente que era verdad. Además, yo no había ido allí exactamente a cazarle, sino más bien a obtener respuestas, a tratar por fin de entender En aquella noche de luna, él me lo explicó todo. Y ahora que me estoy muriendo, no puedo parar de recordar.
            <<No es mi mucho menos un proceso físico>>, me expresó.<<Es más bien un hecho espiritual, ni siquiera un hecho, un cambio de estado, algo extraño. Ni yo mismo exactamente me lo explico, y eso que lo llevo haciendo desde niño. Observo a una persona durante unos segundos, y entonces puedo ver todos sus recuerdos, sus anhelos, su forma de ser, sus sueños, y en ese momento les absorbo, y mis víctimas se quedan en el estado que has podido comprobar, siempre el mismo, independientemente de toda su vida anterior. La mayor parte de ellas no tienen casi sustancia, es como tragarme un boqueroncito, te llenan en parte tu hambre, pero no llegan a influirte tanto como para alterar tu personalidad. Otros, en cambio, albergan tanto mundo interior, tanta fuerza, atesoran tantos recuerdos, que durante unos días noto su presencia a mi lado, me descubro repitiendo sus gestos y pensando de la misma forma que ellos, esto me ocurría sobre todo al principio, ahora que he comido tanto y tengo dentro de mí tanta gente, difícilmente una más puede alterar el balance final. Con el tiempo, he ido puliendo la técnica, la he ido automatizando. Hubo una época a partir de la cual ya sólo me bastaba echar un vistazo de reojo para absorberles, sin tan siquiera pensarlo. Sin que llegara a pestañear>>.
            -La excepción llegó con ella –reveló-. Yo aquel día no andaba de caza; había salido simplemente a pasear. Y entonces la encontré. Era... Dios, no sé ni cómo empezar a contarlo. No encontré nunca, en todos mis siglos de existencia, una persona de esa forma. Original hasta la médula, guardaba en su interior mil historias, porque cada acontecimiento que le pasaba lo hacía completamente espectacular, y único, de tal manera que un hecho anodino se transformaba en un suceso mágico y maravilloso. Yo no podía parar de estar con ella. Era la persona con la que había permanecido más tiempo al lado, con quien nunca encontré persona posible con quien comparar, jamás, en todos los días de mi existencia. Fueron unos años, maravillosos... Ella me contaba tantas cosas, y yo siempre estaba ávido de escucharla. Tenía que hacer esfuerzos conscientes por no absorberla, porque claro, era algo tan apetecible, tan delicioso, pero justamente por eso, sabía que no debía tocarle ni un solo pelo del cuerpo. Y al contrario que otras parejas, que dicen que el amor se va apagando conforme transcurren la convivencia y los roces, yo cada día lo pasaba mejor con ella, más me gustaba, más la iba admirando. Y entonces, un día, cuando salimos del cine, de ver una película maravillosa, ella reía como una loca, y yo pensé en lo guapísima que estaba cuando reía, y en lo mucho que la quería. Y en ese momento, sin pretenderlo realmente, tan sólo como un instinto reflejo, una respuesta ante tanta felicidad, sin ni por una fracción de segundo pensarlo, cerré los ojos, los abrí de nuevo, y entonces, la absorbí...
            >>No puedes imaginar las lágrimas tan amargas que derramé aquella noche, delante de su cuerpo, pero ya no era nada, sólo un ente embrutecido, como tantos otros que dejé tras de mí. Había constituido un ser único, increíble, inimaginable, la única que me hizo plantearme dejar esta vida, y de no ser porque el hambre y el dolor consiguiente me lo impedían, lo hubiera hecho sin dudarlo. Lloré tanto y tan profundo que creo que rellené varios océanos. Vagabundeé por las calles deseando matarme, masacrarme a mí mismo por aquel error tan mortal como estúpido, pero, cosa terrible de esta odiosa naturaleza, vi que era algo imposible de lograr. Pero más dramático todavía que el momento, fue el después... Fue la conclusión final.
            >>Al contrario que las otras almas, la suya me llenó tanto, con tanta fuerza, que en esta ocasión, fue imposible de subyugar. Ahora veo las cosas de la misma forma que ella las veía: contemplo su mundo, su excepcional universo, almaceno dentro de mí todas sus historas, y genero otras nuevas, a raíz de esa capacidad irrepetible que ella tenía de transformar de forma radical la realidad. Y al mismo tiempo seguía siendo yo mismo, y recordándola tremendamente... Y esa dualidad, sin duda, es la que cientos de años después todavía me provoca sufrir más...
            >>¿Te imaginas albergar dentro de ti todas las historias, todos los mundos, todas las vidas, y darte cuenta de que no tienes nadie que lo aprecie como yo lo apreciaba, que todos los demás consideran que son tan sólo cuentos de viejo, que nadie te pueda entender ni amar?¿Te imaginas estar acostumbrado a que todos los días tuviera lugar un acontecimiento genial e inigualable, y que de repente ese flujo se cortara, que se detuviera para siempre, que todas las personas que te encuentras por la calle te parecieran tan anodinas y tan vulgares y tan sosas y tan estúpidas que a veces ni tan siquiera los puedes soportar mirar?¿Te imaginas ser las dos cosas, la que persona que eras y a la que has matado, los individuos más compenetrados del mundo, hechos el uno para el otro, que no serían capaz de encajar con ningún otro y de repente no ser los dos sino uno, tan sólo el recuerdo patético de una cosa que fue... y echar de menos lo que ella te daba, pero al mismo tiempo, ahora que tú además eres ella, todo lo que también le daba él, entre otras cosas al capacidad que escuchar?
            >>¿Te imaginas por un momento el que tú pudieras, como hacía ella, ver cosas que nadie ve, que nadie contempla, como si fueran colores más allá del espectro visible, sonidos por debajo y por encima de lo audible, contemplar el presente, el pasado y el futuro, y de repente vivir en un mundo de ciegos, y no tener a nadie a quien podérselo contar?¿Y puedes concebir haber visto todo eso, intuirlo por un momento, que alguien te abriera la puerta a un mundo ignoto, y que entonces se cerrara, porque la persona que te permitía el acceso ya no existe y nada más lo puede lograr?¿Se te pasa por la cabeza pasear por el mundo como si permanentemente masticaras cenizas, respiraras aire ya inhalado, como si ya todo lo que oyeras te sonara a repetido, y supieras que nada nuevo vas a volver a escuchar nunca más?¿Te imaginas quedarte ciego de golpe, CIEGO, CIEGO, CIEGO –repitió mantenidamente, elevando en un grito pavoroso la voz-, SORDO, MUDO, TONTO, IMBÉCIL, VACÍO DE VIDA, DE SABOR Y SENTIDO, Y TENER QUE VIVIR PARA SIEMPRE, Y SABER QUE NADA NI NADIE TE PODRÁ AYUDAR?¿TE IMAGINAS QUE TU VIDA CONSTITUYA UNA PERMANENTE SITUACIÓN ANGUSTIOSA, QUE SEAS TREMENDAMENTE DESGRACIADO PORQUE NO PARAS DE RECORDAR EL MOMENTO EN QUE ERAS MÁS FELIZ EN TU TIEMPO SOBRE LA TIERRA, TANTO QUE NO PUDISTE NI IMAGINARLO, Y SABER QUE EL RESTO DE TU EXISTENCIA SERÁ ODIOSA Y GRIS PARA SIEMPRE, POR TODA LA ETERNIDAD?¿TE LO IMAGINAS?, ¡NO TE LO IMAGINAS, NO PUEDES SIQUIERA PENSARLO, ÉSA ES UNA PARTE MÁS DE ESTA MALDICIÓN INFERNAL! Y por eso quiero morir... Morir, morir, morir, morirme sin poderlo, dejar de pensar para siempre... Y dejar de pagar por el pecado de haber destruido lo único que ahora mismo, en mi noche más oscura, me habría podido salvar...
No volví a verle después de esa noche. El vampiro me dejó marchar.
            Hubo días en que no aprecié lo que tuve. Desde que lo conocí, ese error no me ha vuelto a pasar.
            Y a pesar de todas las víctimas que he anotado (y que aún sigo contando) en la lista, yo por el vampiro sólo siento pena.
            Él seguramente me habrá olvidado: tiene demasiadas cosas en la cabeza. Pero sobre todo una, en forma de persona, que no puede parar de recordar…
            Nunca una eternidad fue tan larga.

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