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martes, 1 de diciembre de 2020

Un hilo de Twitter: UN VISTAZO A LAS MEJORES OBRAS DE ARTE QUE NUNCA (JAMÁS) VERÁS.

En una entrada anterior, estuvimos hablando de algunas obras de arte perdidas a lo largo del tiempo. En este nuevo post, originalmente hilvanado como un hilo de Twitter (aquí tiene algunas modificaciones y adaptaciones a un formato más largo), profundizamos en esta idea.

Esta historia la podemos titular UN VISTAZO A LAS MEJORES OBRAS DE ARTE QUE NUNCA (JAMÁS) VERÁS.

O trabajos artísticos que se han perdido para siempre y que sólo podemos intuir cómo eran.

Dentro hilo :)

El arte es extremadamente frágil. Se puede perder por incendios, guerras, inundaciones, robos… En el mejor de los casos, se recupera. A veces, se conservan fotografías que nos permiten contemplarlas en el pasado.

Aparte de que muchas de esas fotografías sean en blanco y negro, no es tan distinto a verlas por Internet, sólo que nunca podrás aspirar a contemplarlas en un museo. Por ejemplo, este “El pintor camino del trabajo” de Van Gogh, irremisiblemente desaparecido.

En el peor escenario, se pierde todo rastro de él. Un caso, por ejemplo: la estatua de Julio II esculpida por Miguel Ángel, abatida y fragmentada por una turba enfurecida. Obras que los propios artistas quemaron en la hoguera de las vanidades, o que ardieron en el incendio del Alcázar en Madrid (de ello hablaba un capítulo del Ministerio del Tiempo)

Hay un punto intermedio: cuando se reconstruye a partir de lo que sabemos, o cuando quedan copias. Si acaso, bocetos del original. Como ocurre con estos planos de un caballo de terracota construido por Leonardo da Vinci. Tenemos entonces una cierta imagen de cómo debió de ser.


Para ilustrarlo mejor: seguro que sabéis que, salvo las Pirámides de Egipto, el resto de las Maravillas del Mundo Antiguo han desaparecido. Hasta las pirámides tenían un aspecto distinto


 Un caso es la estatua de Zeus en Olimpia. Sobrevivió al intento de Calígula de decapitarla y colocar su efigie (una risa procedente de la estatua, dicen, asustó a los obreros), pero no a un incendio en Constantinopla, adonde se había trasladado.

Pero nos quedó su rastro en monedas conmemorativas. Y, a partir de allí, hay quien ha hecho reconstrucciones. Así que sabemos (ésta es una copia romana) que debía de ser más o menos así.

Por cierto, aunque no es una maravilla del mundo antiguo, todos habréis oído hablar de la Biblioteca de Alejandría, la primera gran biblioteca pública de la historia. Si alguien no sabe lo que es después del éxito editorial de El infinito en un junco, de @irenevallejo, es que vive debajo de una piedra. Pero su estructura no está muy clara. Se sabe que era un anejo al Museo, el auténtico centro de investigación. Pero poco más se conoce. Ésta es la imagen que podría tener, según Alejandro Amenábar, en la película Ágora.

Cuando Egipto quiso reconstruir la biblioteca, ya en época contemporánea, no tenían ningún plano en el que basarse. Pero tampoco les importó. Querían hacer una biblioteca moderna y funcional, y lograron una de las más luminosas y diáfanas de la actualidad.

Es complicado reconstruir cualquier edificio antiguo. En el caso de no tener planos (o de disponer de unos detallados), la elección es más sencilla: lo reconstruyes tal cual o no haces nada. Pero si la cosa está a medias, hay dudas. En el siglo XIX los arqueólogos tenían más libertad. Arthur Evans (que no era arqueólogo profesional), en Creta, colocó columnas de hormigón para reproducir lo que él creía que era el aspecto del palacio del rey Minos. O lo que quedaba mejor

Por poner otro ejemplo, Viollet-le-Duc hizo lo que quiso en la reconstrucción de Carcasonne, mostrando una imagen idealizada de la Edad Media que encandila a los turistas pero que, según muchos historiadores, no era respetuosa con lo que se sabía de la arquitectura real.

 

Los criterios para las reconstrucciones van cambiando con el tiempo. A veces los arqueólogos prefieren marcar claramente qué es original y qué es reconstruido. Si hay dudas, el criterio actual es dejarlo mejor como está. A veces se llega a soluciones intermedias que no siempre satisfacen a todos.

Pero no quería meterme excesivamente en arquitectura. No he conseguido encontrar muchos ejemplos de edificios de los que se supiera muy poco y que hayan tratado de reconstruirse. Quizás La Brasa Torrijos tenga un estupendo hilo al respecto, o tal vez nos quiera deleitar redactando uno.

En todo caso, volvemos a las obras de arte. Aquí, la Atenea Lemnia, una de las mejores obras de Fidias. Al menos, Pausanias decía que era la mejor. ¿Auténtica? Qué va, reconstrucción moderna. Salvo por el brazo, claro.

Volvemos a Fidias: ésta es la Atenea Pártenos, la famosa que Fidias montó en varias partes para que no pudieran acusarle de desfalcar el tesoro público mintiendo en las cantidades gastadas de oro y de plata. Se perdió probablemente en el mismo trance que el Zeus de Olimpia.

La Afrodita de Cnido también tiene historia. Con una copia vestida en Cos, los habitantes de Cnido (que escogieron la versión desnuda) recibían numerosos visitantes gracias a ella, tanto que no quisieron desprenderse de la misma a pesar de las fortunas que les ofrecieron.

Dicen que el modelo en el que se basaron fue la hetaira Friné. Tiberio Graco tiene un muy buen hilo donde explica cómo ésta se salvó de un juicio gracias a su belleza. Pero hay toda clase de leyendas. Hasta de Afrodita viéndola y preguntádose cuándo la han contemplado desnuda.

Salgamos de los griegos, y metámonos de nuevo en los pintores. Aquí vemos cómo un cuadro de Van Eyck puede salvarse gracias a que otro pintor incluye la obra como parte de una pintura propia.


A veces hay suerte y un contemporáneo realiza una copia a partir directamente del original, como ocurre con “Leda y el Cisne” de Leonardo.

Sobre Leonardo, una historia curiosa que contamos en una entrada de mi blog. En Florencia, una misma sala debía ser decorada con una pintura de Miguel Ángel a un lado y otra de Leonardo a otro. El contrato lo firma Maquiavelo, para rematarlo. Las dos quedaron inacabadas y se perdieron, de una manera u otra. Aunque esa historia se ha puesto recientemente en duda a raíz de ciertas investigaciones.

La cosa es que, de la obra de Leonardo, queda una presunta escena del cuadro, que fue copiada por Rubens (imagen de arriba). De la obra de Miguel Ángel, Bastiano da Sangallo fue capaz de rescatar la sección central.

De Miguel Ángel hay varias obras perdidas, incluyendo pinturas, un Cupido que falseó para hacerlo pasar por una antigüedad (entonces no era tan raro), y una escultura de Hércules de la que Rubens hizo un dibujo.

Rubens copió muchas de las obras de Tiziano de las que disponían los reyes españoles para así mejorar su técnica de pintura. A veces tienes el gozo de ver original y copia justo al lado, pero otras no.


 Aunque sabemos que no siempre las pintaba con fidelidad (les imprimía su propio estilo), en algunas ocasiones es lo más cercano que poseemos a las pinturas originales. Aquí, un retrato de Carlos I y su mujer se conserva en el Palacio de Liria


Las pérdidas no entienden de género, como le pasó a ésta de Sofonisba de Anguissola copiada por Pantoja de la Cruz… 

… ni de nacionalidades o estilos únicos. Aquí una segunda versión del Lacoonte del Greco que, suponemos, se parecía al original. Aunque igual no sería, claro.

Tenemos Caravaggios destruidos por terremotos…

Riberas que han ardido entre las llamas (aquí el boceto final por parte del propio artista: menos da una piedra)

Murillos expoliados en la guerra de la Independencia

… o primero expoliados y luego incendiados.

Afectados por revoluciones, como este Ingres…

Un Klimt afectado por la Segunda Guerra Mundial del que sólo queda un fragmento reproducido en su época

Y tantas y tantas obras… De algunas, ni siquiera hemos llegado a saber jamás su existencia. Se han desvanecido en la noche de los tiempos

En algunos casos es el propio artista quien reconstruye la obra, como cuando Diego Rivera reconstruyó su mural en el Palacio de Bellas Artes de México después de que fuera vandalizado por razones ideológicas (el pecado fue sacar retratado a Lenin)

Una gota de esperanza. Porque todo parece muy catastrófico, ¿no? Sin embargo, existe otra cara más positiva: algunas obras se recuperan.

Enterradas bajo la tierra (de este rescate fue testigo Miguel Ángel, quien hasta adivinó qué sección de la escultura faltaba para que ésta se hallara equilibrada; más tarde se localizó la parte predicha por el florentino)

Colgadas de un monasterio, sin que nadie les prestara atención…

Recuperadas cuando trataban de venderlas…

O por la labor de los cuerpos policiales nacionales e internacionales

Algunos guardaban los cuadros en su casa tranquilamente como recuerdo de una guerra. Sabedores -o no- de su valor.

Hay muchísimas más obras que podríamos mencionar, pero en algún momento esto ha de tener un fin. Si te ha gustado la historia, dale a FAV, retuitea (es la mejor forma de dar difusión a estar historia) o píntame un cuadro.

Si te interesa profundizar más, hay muchas más maravillas perdidas sobre las que puedes documentarte. A lo mejor, quién sabe, te encuentras con que una de esas obras de arte perdidas está en tu viejo desván. Si es así, no dudes en llamar a un experto en arte… ¡y también contádmelo!

sábado, 1 de junio de 2019

La historia real de junio: una lista de obras de arte y monumentos perdidos

Si en una entrada anterior señalamos las obras literarias más grandes jamás perdidas, ahora le toca a su versión artística (o, al menos, de cierto tipo de arte): un registro nada exhaustivo de pinturas, esculturas y obras arquitectónicas y monumentales que no resistieron el fragor de los tiempos, y que probablemente no lleguemos a encontrar nunca. Entre ellas cabe destacar:

-La inmensa mayoría de las siete maravillas del mundo. De lista que conformó Tales de Mileto a través de sus viajes por Egipto, Grecia y Asia Menor, sólo quedan en pie las pirámides. El Coloso de Rodas (que inspiraría otro Coloso erigido en Roma, con la cara de Nerón, que también se perdió, y que dio nombre a una futura "Maravilla del mundo moderno" -edificada al lado del donde se encontraba la escultura-, el Coliseo), que ocupaba la entrada del puerto de dicha ciudad, probablemente se derrumbó en un terremoto. Mismo destino sufrió el faro de Alejandría, cuyos restos sirvieron en parte para elaborar un fuerte, y lo que quedó fue cargado a lomos de camellos por parte un oscuro comerciante que los condujo a la noche de los tiempos. En cambio, las ruinas del Mausoleo de Halicarnaso fueron localizadas en Bodrum por un grupo de arqueólogos ingleses, que le preguntaron al sultán otomano si se podían llevar "unas piedras" y éste, pasmado de su interés por la geología, se lo concedió: para cuando se dio cuenta del valor de aquellas artificiales rocas, éstas ya se hallaban en los estantes del Museo Británico. Incendiado fue el templo de Diana en Éfeso por parte de un estúpido que (en un pensamiento excesivamente moderno) quiso destruirlo para que su nombre fuera recordado por la Historia y, por desgracia, lo logró. Nada sabemos de los jardines colgantes de Babilonia, ni siquiera si existieron, pero de quedar algo tras las sucesivas guerras en territorio irakí, lo más entero que permanezca serán las puertas de Ishtar. En cuanto a la estatua de Zeus en Olimpia, esculpida por Fidias, hay varias versiones. Una dice que el emperador Calígula mandó traerla a Roma y sustituir la cabeza de la escultura por la suya: en cuanto sus soldados lo intentaron, cuentan que el colosal Zeus de piedra se rió y los legionarios salieron corriendo. La estatua habría sido más tarde llevada a Constantinopla, donde quedó destruida por un terremoto. Sin embargo, a mí me gusta más la historia que dice que Fidias, al terminar la obra, le preguntó a Zeus qué le parecía y éste, como toda respuesta, arrojó un rayo sobre la estatua y ésta desapareció.

Reproducción de siete maravillas del mundo antiguo. Tomado de Wikipedia.

-No ha sido la única obra de Fidias que desapareció: su Atenea, esculpida para permanecer dentro del Partenón, tenía unas cubiertas doradas que el escultor -previsor de que le acusaran de apropiarse de parte del oro de los materiales- había hecho desmontables para demostrar su honradez, y que así no hubiera que recurrir a ningún complicado recurso matemático propio de Arquímedes (¡Eureka!) para exhibir su inocencia. Esas cubiertas, por supuesto, fue lo primero que volaron para obtener oro contante y sonante, pero la estatua entera también acabó perdiéndose. De la misma manera, la Atenea Promakos, que dominaba majestuosa la Acrópolis, ante sucesivas guerras e incendios, se volatilizó también, y suerte tuvimos de que el Partenón no desapareciera mientras los turcos lo empleaban como polvorín en una de las abundantes guerras en suelo de Grecia. El Partenón, eso sí, perdió el color de sus pinturas, material difícilmente preservable, y por eso tenemos tan pocas pinturas (de ahí la valía de los frescos de Pompeya) datadas en la antigüedad. El Ara Pacis de Augusto, por ejemplo, estaba cubierta de colorido (romanos y griegos tenían un estilo algo kisch, pero a algunos monumentos, cualquier cosa les sienta bien). Algunas esculturas no sufrieron tanto y sólo perdieron secciones, quedándose mutiladas: la Victoria de Samotracia, aún así, se ha convertido en un icono, pero sería interesante saber qué ocurrió con los brazos de la Venus de Milo, a la que se supone que encontraron con ellos y que (probablemente en una pelea por quedarse con los restos) fue en época moderna cuando  se desintegraron.

"Akropolis", por Leo von Klenze, con Atenea Promakos al fondo.

-Perdido ¿para siempre? quedó el rastro de la tumba de Gengis Khan, ya que los soldados que recorrieron el lugar con sus caballos para dificultar la búsqueda fueron ejecutados (y sus ejecutores, para estar seguros, también): su descubrimiento sería uno de los grandes hitos arqueológicos de cualquier milenio. La momia de Alejandro y su último apostento (visitable y visitado, hasta por emperadores romanos) también desapareció, y probablemente tuvieron algo que ver las revueltas cristianas que atentaban contra todo lo pagano y helenístico, incluyendo también la Biblioteca de Alejandría y su Museo. Un caso especial es la última morada de Shih Huang-Ti, primer emperador de China, de la que ya hablamos aquí: se sabe perfectamente dónde está, pues se halla bajo una colina anexa al lugar donde se desenterraron los guerreros de Xian, supuestamente encargados de velar por su descanso eterno. Sin embargo, los arqueólogos, a la hora de entrar, no las tienen todas consigo: primero, porque ya los guerreros de Xian se desprendieron de su capa de color al ser expuestos a la atmósfera, y no quieren excavar nada nuevo hasta que no estén seguros de que la tecnología lo pueda conservar. Y, segundo, porque las leyendas acerca de lo que contiene la tumba del hombre que quiso ser inmortal (una representación del mundo con estrellas reproducidas mediante joyas en la bóveda, y ríos de mercurio recorriendo la base) son tan proverbiales como los mitos sobre las posibles trampas mortales que existirían, destinadas a los incautos visitantes. Y a eso los arqueológos (muy mal pagados casi siempre) tampoco se quieren arriesgar. Hay dudas también sobre a cuántas personas vamos a encontrar en la tumba: en la época arcaica se enterraba a los allegados del difunto junto a él; luego se representaron con imágenes figurativas. Un cuento (cuyo origen no he podido certificar) habla de un hombre que iba a ser enterrado con Shih Huang-Ti y propuso como alternativa las estatuas: el final del relato decía que le hicieron caso, pero sólo a medias, pues las estatuas fueron construidas, pero también le enterraron a él. La veracidad de esta historia es dudosa, pero teniendo en cuentas las malas pulgas que gastaba quien mandó edificar la Gran Muralla, nada es descartable.

-Por fortuna, a pesar de que se perdiera tanto de la época e influencia de Alejandro Magno (incluyendo su propio cuerpo), sí se conservó una maravilla de estilo helenístico, la estatua de "Lacoonte y sus hijos", de datación incierta, de la que el escultor Miguel Ángel fue testigo de su descubrimiento en un campo en Italia. De Miguel Ángel hemos también unas cuantas esculturas, incluyendo dos Cupidos que falsificó haciéndolos pasar por esculturas antiguas, un Hércules que medía 2,40 metros, y una estatua de Julio II que destruyó el populacho de la ciudad de Bolonia. Por otra parte, la falta de interés de los sucesores de Julio II por la tumba de éste provocó que Miguel Ángel abandonara el proyecto monumental para el mausoleo del difunto Papa, el cual hubiera incluido al "Moisés" (ahora, solitario en San Pietro in Vincoli) y varios "esclavos" inacabados en un conjunto seguramente más interesante que cada obra por separado. Inconclusa también quedó la pintura "La batalla de Cascina", un fresco que Miguel Ángel abandonó porque le salió un encargo mejor (y cuyos esbozos en cartón desaparecieron, a lo que en parte pudo contribuir un artista rival). "La batalla de Cascina" tiene un doble interés, pues iba a adornar una de las paredes de la Sala de los Quinientos del Palazzo Vecchio en Florencia, destinada a la toma de decisiones del gobierno de la ciudad (es la sala más grande construida en Italia para este menester). La otra pared se destinó a que la ocupara el otro genio artístico de igual talla que vivió en la ciudad, Leonardo: de hecho, el contrato lo firmó en nombre de la República de Florencia un hombre llamado Maquiavelo, para que nos hagamos una idea del nivel que había en la época. Leonardo iba a hacer "La batalla de Anghiari", pero como el fresco no era la técnica más adecuada para su estilo de pintura, intentó un estilo alternativo, el encausto. Éste funcionaba bien cuando el secado se realizaba de manera adecuada, pero las condiciones de la Sala de los Quinientos no eran las más propicias, y la parte superior de la pintura empezó a desprenderse como si fuera pasta mojada. Leonardo abandonó el proyecto, que quedó empantanado y expuesto durante muchos años en la sala, hasta que hubo una remodelación que destruyó lo poco que quedaba de los proyectos iniciados por ambos pintores. No obstantes, muchos artistas vinieron a Florencia y quedaron fascinados por el cuerpo central de la pintura de Leonardo (más o menos intacto) y la violencia de la batalla que se mostraba, incluyendo Rubens, que hizo una copia, el único resto que nos queda de la obra original. Hoy en día esa reproducción se puede admirar en el Museo del Louvre; en teoría, hubiera sido la mejor obra de Leonardo, pero fue su compañera de museo, la Mona Lisa, la que salió beneficiada del estropicio. En todo caso, todo este episodio acerca de la sala acondicionada para ser decorada por Miguel Ángel y Leonardo ha sido ahora recientemente puesta en duda. Aunque, en todo caso, como historia, sigue resultando fascinante.

Copia del cuerpo central de "La batalla de Anghiari", elaborada por Rubens a partir del original de Leonardo da Vinci.

-Aunque las obras que más han sufrido son las de las épocas más antiguas, la Edad Contemporánea tampoco ha tratado muy bien a muchas manifestaciones artísticas. Guerras, incendios, terremotos, censura o muerte violenta de sus dueños, cuando no directamente robos, en especial en un siglo XX que padeció dos guerras mundiales (aún colea la destrucción del "arte degenerado" por parte de los nazis, o la incautación de obras a los coleccionistas judíos), han arrasado con lo que podía haber sido una de las épocas más prolíficas en la producción artística mundial. Un caso particular quiero traer a colación: el "Retrato del doctor Gachet", de Van Gogh (ver abajo), se encuentra ahora mismo en paradero desconocido. Fue comprada por el precio más alto por una pintura en su época, por parte de un hombre de negocios japonés. El millonario llegó a decir que quería quemar el Van Gogh después de su muerte: ante el escándalo, manifestó que sólo era una forma de hablar para expresar el amor que sentía por la pintura, y que probablemente lo cedería a un gobierno o un museo. Lo cierto es que no se sabe del todo lo que ocurrió después con el lienzo, y aunque los representantes del fallecido dicen que fue vendido a un coleccionista privado anónimo, el hecho de que el magnate japonés fuera incinerado da pie a escandalosas especulaciones. Aunque siempre cabe soñar que algún día (como desearíamos con las obras anteriores que hemos mencionado) lo volvamos a contemplar. Por suerte, existe otra copia (ambas fueron hechas por van Gogh) en el Museo d'Orsay de París, pero la historia viene a destacar lo frágiles que son las obras de arte, y el peligro de dejarlas en manos equivocadas (incluyendo, entre ellas, las privadas).