Más historias que espero que encontréis apasionantes: sobre una carta que probablemente causó la muerte a la mayor parte de los implicados en la misma, el sorprendente relato del Vasco de la Carretilla, y las peripecias de una mujer que se inventó una trola del quince para un problema del cuarenta. Que lo paséis bien con ellas.
¿Por qué estamos aquí? Porque nos gusta lo curioso, lo sorprendente, lo interesante, lo inusual, lo que engrandece al ser humano, lo que lo redime de vez en cuando. Por eso nos apasionan las historias: porque hayan ocurrido o no, de alguna manera es real.
lunes, 20 de noviembre de 2023
Las historias reales del mes: otra ronda de hilos de Twitter (expuestos para los que no son de Twitter)
lunes, 24 de julio de 2023
Las historias reales de julio: nuevos hilos de Twitter
Unos cuantos relatos en formato hilo (filtradas a través de una página web, para que podáis leerlos los que no teneís Twitter) acerca de esas pequeñas grandes curiosidades que nos dan la vida: por ejemplo, cómo la evolución puede explicar por qué nos encanta el alcohol, el origen de la mesa del Despacho Oval, las peripecias del código de Hammurabi en el Louvre, y cómo perder unas patatas de la manera más tonta. Espero que los disfrutéis.
lunes, 24 de enero de 2022
El relato de enero: "Las damas del calor"
Las damas del calor
Fue una estrategia habitual en el frente ruso, al menos mientras duró aquella parte de la guerra. A decir verdad, la idea se le ocurrió al general Prokofiev al apreciar la gélida temperatura de los pies de su mujer bajo las sábanas, una mañana de domingo. Tras proferir de manera automática un grito de espanto (al cual su esposa respondió con una serie de violentas invectivas e imprecaciones), sin embargo, su siempre inventiva mente, concentrada de manera persistente en nuevas estrategias bélicas, redirigió con rapidez el asunto en los pobres soldados que volvían ateridos del fragor del combate o -peor aún- de las largas jornadas de caminata bajo la inclemencia feraz del atroz invierno ruso. Por tanto, al día siguiente, el general dispuso la creación de un cuerpo militar conformado por una brigada de mujeres (todas las cuales empezaron desde el inicio con el título de sargento), quienes serían encargadas de arropar con sus cuerpos a los pobres soldados en estado de semi-congelación para insuflarles de nuevo el calor que les devolviera a la vida. Con el tiempo, aquella solución se demostró más eficaz que los baños calientes, las toneladas de sábanas o las piras de fuego ardiente, además de mucho más estimulante para la moral -y, por supuesto, más barata-. En cuanto a las voluntarias para la operación, no fue difícil localizarlas, pues se les instó como un deber patriótico, y bien se sabe que en aquella época, en esa parte del mundo, no faltaba ni mucho menos espíritu de sacrificio. Al principio, la operación se llevaba a cabo con todos los participantes vestidos, pero más adelante se observó que la maniobra surtía mayor efecto con el contacto de los participantes desnudos, cubiertos sólo por un grueso manto de armiño (el armiño, al menos, era el plan original, aunque luego, debido a las estrecheces de la contienda, se acabó reduciendo a lana o algún tejido más basto). Bajo esta circunstancia, no era raro que los reclutas se enamoraran doblemente de sus salvadoras, no sólo por deberles lo que les quedara de existencia -no mucha, en todo caso, dada la esperanza de vida en el frente- como por la natural atracción experimentada tras el roce de la piel. Pero sus sargentas siempre debían rechazarlos, escudándose en su labor de obediencia a la patria, <<otros soldados me necesitan, ya sabes, spasiba, cariño, con suerte no te volveré a ver>>. Se decía de soldados alemanes (pues, en la confusión de la batalla, a veces era difícil distinguir a los heridos, aparte de la obligada y caballerosa atención a los enemigos tras el combate) que, después de aquel tratamiento, pretendían renunciar a su nacionalidad, a su pasado y a su credo, encomendándose a esas voluptuosas valkirias de idioma impronunciable que los habían rescatado de la muerte; en ocasiones, sus versos de amor era lo último que se escuchaba de ellos antes de que les condujeran a una prisión o frente un pelotón de fusilamiento. También, pese a la reticencia de las autoridades militares en admitirlo, se daban algunos casos de deserción conjunta de las mujeres-manta (como se las denominaba en ocasiones de manera despectiva) junto con los soldados, y con cierta frecuencia se les había detenido mientras escapaban -desnudos aún- bajo un cargamento de mantas en un carruaje de camino a Moscú. Aunque lo más habitual, en realidad, era que se encontraran sus cuerpos todavía abrazados en un páramo aislado de la tundra siberiana, adonde habrían desembocado después de un largo periplo, colmado a partes iguales de de besos y vicisitudes. Luego, cuando cesó la guerra, el comando y toda iniciativa relacionada se detuvieron: aquellas mujeres heroicas regresaron a la guerra civil. Muchas se casaron y se convirtieron en hacendosas mujeres rusas, con sus piaras de niños, sus pilas de quehaceres y de ropas, sus maridos borrachos de gruesos bigotes, y su existencia cotidiana, anodina y formal. Pero, de vez en cuando, levantaban la vista de las trincheras de platos sin fregar, miraban abstraídas y nostálgicas a la ventana, y recordaban aquel período en que ellas fueron comandantes de la vida, salvadores de tropas, vestales y divinidades de unos hombres que, por supuesto, nunca-jamás-nunca, las llegaron en ningún momento a olvidar. Y que respondían con una sonrisa tonta cuando sus mujeres les preguntaban en qué diantres estaban pensando.
lunes, 10 de enero de 2022
La historia real de enero. Músicos a favor y en contra la barbarie: la música y el nazismo
En pocos lugares se admira más la música clásica que en los países de habla alemana. He visto, en Suiza, congresos científicos que se inauguran bajo los sonidos de un cuarteto de cuerda; en Austria, masas haciendo cola para conseguir entradas de pie para la Ópera de Viena; en Alemania, gente que asiste durante cuadro días seguidos a representaciones para disfrutar del ciclo completo del Anillo de los Nibelungos. Hablando de un arte (la música) que siempre intensifica emociones, es normal que cuando estos lugares atravesaron una de las plagas más terribles de la historia (el ascenso del nazismo), se vivieran toda clase de situaciones en las que la expresión artística sirvió para cristalizar lo peor y lo mejor de los distintos individuos. En este post quisiera hablaros un poquito para contaros algunas de estas circunstancias, que otros artículos y foros -a los cuales enlazaremos- han descrito sin duda de manera más prolija que este humilde y breve resumen.
La primera pregunta que se antoja pertinente es: ¿la música puede ser nazi o anti-nazi? O, dicho de otra manera, ¿la música tiene color político? Lo cierto es que, como todo en la vida, la política implica un modo de ver la vida, y existen pocas cosas que escapen a esa definición -o que no puedan ser clasificadas de esta forma si tercian las circunstancias adecuadas. Bien se lo pueden contar a la España de principios del siglo XX, donde la clase obrera era admiradora de Verdi (cuya música era más "popular"), mientras que los conservadores se alineaban en mayor medida con los grandes relatos épicos de Wagner. De hecho, Richard Wagner constituye un factor fundamental en la historia de la relación entre la música y el nazismo: bien es sabido que el compositor alemán murió muchos años antes de que éste alcanzara el poder, con lo cual no se le puede acusar ni mucho menos de fascista. Pero entre sus ideas antisemitas, y el espíritu de su obra, tan imbricado con el pasado mitológico de Alemania, Hitler se convirtió en uno de sus fervorosos incondicionales, y por supuesto asistía con regularidad a las representaciones en el Festival de Bayreuth, dedicado en exclusiva a las óperas del autor que, según Woody Allen, cada vez que se escucha le entran ganas a uno de invadir Polonia. Además de Wagner, otras composiciones resultaron favorecidas durante aquel tiempo: Beethoven fue tan instrumentalizado por las cohortes nazis que incluso los más devotos lo consideraron vomitivo. En cambio, obras como la del judío Mendelssohn fueron proscritas, a pesar de que este compositor fue el responsable de rescatar del olvido al muy alemán y muy ario Bach.
Por supuesto, nada más los nazis se auparon al poder, en los distintos lugares que ocuparon (también en la siempre esencial Viena, a partir de la anexión de Austria a Alemania), hubo una purga de músicos pocos afines al movimiento, o simplemente de etnias y condiciones incómodas para el nuevo régimen. La suerte de los que consiguieron escapar fue dispar: por ejemplo, Bela Bartok nunca se adaptó del todo a la vida en Estados Unidos; su producción musical se resintió, y pasó por estrecheces económicas. Arnold Schönberg tuvo más suerte; quizás fuera un mecanismo interno del universo para compensar que su música fuera condenada dos veces, por su origen judío, y por ser categorizada dentro del "arte degenerado". Pero para los que no lograron huir, el resultado fue todavía más espeluznante: algunos fueron asesinados, otros encerrados en campos de concentración (Erwin Schulhoff, por ejemplo, falleció en uno de ellos), y los más afortunados simplemente perdieron toda oportunidad para trabajar. Como en otros aspectos de las acciones contra los judíos, las restricciones fueron paulatinas: al principio se estableció una Liga cultural hecha por y para los individuos de origen hebreo, que en un inicio tenía acceso a interpretar composiciones arias, pero luego sólo tuvo permiso para obras del repertorio judío; más adelante, sus integrantes serían enviados al campo de Terezín. Mientras tanto, los que habían alzado el vuelo iniciaron, en muchos casos, movimientos contra los nazis: Hanns Eisler organiza las Olimpiadas de la Música Obrera, y más adelante adaptará o creará una serie de obras explícitamente dirigidas a los prisioneros de los campos de concentración (incluyendo una composición, <<Soldados del pantano>>, inicialmente creada en una de estas prisiones, pero que Eisler volvió más combativa, y acabó por convertirse en un himno antifascista que se popularizaría en todo en el mundo, también durante la Guerra Civil Española).
Visto el panorama, queda muy claro lo difícil que era ser un músico ario que se posicionara contra el nazismo en aquellas circunstancias y, por eso, nos resulta difícil juzgar el delicado papel que tuvieron que jugar los artistas "sin mancha étnica" que quisieron conservar la vida o su puesto de trabajo. En algunos casos, no; por ejemplo, Kar Böhm era un músico abiertamente nazi que glorificaba el papel del Führer, aunque al parecer nunca llegó a pertenecer formalmente al Partido Nacional-Socialista. Carl Orff colaboró con el régimen nazi en tareas a las que otros se negaron (hay mucha discusión acerca de hasta qué punto), y se negó a ayudar a un amigo condenado por pertenecer a la resistencia -estaría <<arruinado>> si lo hiciera, dijo Orff antes de arrepentirse de sus actos-; el juicio tanto de los vencedores como de los historiadores sobre su papel es ambiguo; probablemente se le perdonaron muchas cosas porque tanto nazis como antifascistas idolatraban su Carmina Burana. Pero otros casos son más dudosos: por ejemplo, Winifred, la viuda del hijo de Richard Wagner, y directora del Festival de Bayreuth, convirtió este último en una loa al nazismo, pero, mientras estuvo al cargo, trató de proteger a una serie de intérpretes judíos de sus propios correligionarios. Winifred no se libró de un proceso de desnazificación después de la guerra que afectó a todo el festival. Sin embargo, otros individuos no pasaron por el mismo proceso: entre otros, el famoso von Karajan, que fue miembro nominal del Partido Nazi. Desde su entorno, se ha defendido que esta decisión no respondía tanto a una afinidad ideológica como a la necesidad de seguir trabajando durante aquel enrevesado contexto. Lo cierto es que lo que salvó a Karajan a posteriori fue otra cuestión: por lo visto, en un festival de Bayreuth, se perdió durante la dirección de una de las composiciones (se puso a dirigir sin partitura), organizando una reacción en cadena que provocó que las cantantes quedaran mudas y hasta una cortina se rasgara: aquello generó tanta ira por parte de Hitler que el dictador vetó a Karajan la posibilidad de volver a representar ninguna obra en el festival. Irónicamente, ese bochornoso incidente sería el que provocaría que la posteridad pasara de puntillas sobre su afiliación al partido y le permitiera seguir con su carrera durante la posguerra. Sin embargo, el caso de von Karajan indica cómo buena parte de la sociedad austríaca quiso obviar su propio papel en el nazismo, tapando con tenues vendas unas heridas que aún no han cicatrizado del todo, y por las que de vez en cuando supura un líquido que indica que faltan responsabilidades por depurar.
Un caso más controvertido es el de Richard Strauss. El compositor (que tanto gustaría a Stanley Kubrick) fue nombrado presidente de la Cámara de Música del Tercer Reich: eso le obligaba a impedir la representación de composiciones de autores judíos como Mahler o Debussy, las cuales no obstante trató de salvar. Su connivencia con el régimen nazi, sin embargo, se vio alterada por el trabajo conjunto con el escritor Stefan Zweig, con quien había compuesto una ópera. Strauss trató de proteger esta obra, como era lógico, con orgullo de creador. De hecho, coincidiendo con el estreno, le escribió una carta a Zweig donde minimizaba la importancia de la raza en la música y, en cambio, se centraba en el talento, argumentando que ostentaba aquel puesto en la jerarquía nazi para que no lo ocupara un artista menos capaz, y explicando que, para él, daba igual trabajar para un régimen que para otro. La misiva fue interceptada por la Gestapo y eso le obligó a dimitir de su puesto en la Cámara de Música, aunque siguió manteniendo relaciones con el régimen nazi, y su Himno Olímpico sonó en Berlín en 1936. El propio Zweig, en su libro "El mundo de ayer", sólo tenía palabras de agradecimiento para el músico, y atribuye la actitud tibia de Strauss ante los nazis al hecho de que la nuera de este último era judía, así que había de intentar protegerla. De hecho, Strauss trató de utilizar su influencia -sin resultado- para liberar a la abuela de esta última de un campo de concentración en Terezín (el mismo que, como mencionamos antes, acogió a los componentes de la Liga judía), aunque consiguió salvar a su nuera y uno de sus nietos de la detención por parte de la Gestapo. Parece ser que Strauss se consideraba a sí mismo apolítico, aunque anotaciones en su diario íntimo indican que, al final de la guerra, creía que el nazismo estaba destruyendo miles de años de cultura alemana. En 1945, Strauss fue detenido por soldados norteamericanos, ante los cuales espetó: <<Soy Richard Strauss, autor de El caballero de la rosa y Salomé>>. En este caso, la mención de su nombre funcionó, y la figura del autor fue protegida por parte de las nuevas autoridades. Su cuerpo resultó indemne, aunque quedó claro que su alma arrastró lesiones bastante dolorosas, producto de este período convulso.
Volvamos a los que no resultaron favorecidos por el régimen nazi. La música, en la Segunda Guerra Mundial, también fue un arma. Un ejemplo fue la séptima sinfonía de Shostakóvich: era un canto en honor a su ciudad natal, Leningrado y aunque, posteriormente, él querría negar toda interpretación pro-soviética, lo cierto es que en aquella época, y con los ciudadanos de Leningrado pasando hambre y penalidades bajo un sitio brutal por parte de los alemanes, se enarboló como una composición patriótica. Como tal, no sólo fue estrenada en Moscú, sino también por radio y en el extranjero, tratando de que los músicos de Leningrado la oyeran para que ellos mismos trataran de interpretarla en su ciudad. El relato de cómo unos músicos enflaquecidos y ateridos de frío, acosados por la carestía y los bombardeos, sin tan siquiera papel pautado para escribir las notas musicales, consiguieron representar la sinfonía frente a un público que veía en ello una forma de resistencia, resulta estremecedor. La composición musical (para cuya escenificación se sacrificó la vida de varios músicos, y probablemente de más de un gato) acabó hasta sonando en el campo de batalla. No fue la única obra conmovedora que se creó durante aquella época. Olivier Messiaen, capturado por los nazis y encerrado en el campo para prisioneros de guerra de Gorlitz, compuso e interpretó junto a otros tres músicos, con instrumentos en pésimo estado, un <<Cuarteto para el fin de los tiempos>> valorado por varios, quizá en mayor grado por la carga emocional que lleva consigo. Claro que las apabullantes circunstancias en las que se generó pueden quedar enturbiadas por los hechos que rodean la vida posterior de Messiaen, quien, según algunos, aprovechó la súbita fama que adquirió para prosperar dentro de la Francia ocupada, bajo el paraguas nazi, sin preocuparse de otros compañeros menos favorecidos*. Como decimos, ésta es una historia en la cual a veces resulta muy complicado juzgar o establecer culpabilidades.
Porque lo cierto es que había música dentro de los campos de prisioneros, y de los campos de concentración. Aunque no necesariamente liberadora. La música era auspiciada por los jerarcas nazis. Los motivos eran varios y complejos: en parte era porque los propios dirigentes y soldados alemanes en los campos necesitaban la música para distraerse de sus obligaciones cotidianas. La música, por otra parte, podía cumplir un papel para mantener entretenidos a los prisioneros y, por tanto, volverles más dóciles, incluso para adoctrinarles: por ejemplo, en Auschwitz se compuso un himno denominado "El trabajo os hará libres", en honor a ese famoso lema que se situaba a la entrada de varios campos. Los nazis también desarrollan orquestas de cara a la opinión pública internacional, para demostrar que se comportan de forma compasiva respecto a los prisioneros. En cuanto a los músicos, el hecho de formar parte de estas agrupaciones les producía sentimientos encontrados: por un lado, en general eran mejor tratados y alimentados que el resto de los prisioneros -aunque no siempre, y a veces les hacían trabajar hasta la extenuación-. Por otro, los jerarcas nazis empleaban las orquestas como colectivos musicales de su propiedad particular (con cierto nivel de competición entre los distintos campos), haciéndoles actuar, si lo deseaban, a horarios intempestivos. Numerosas veces, a estas agrupaciones les correspondía tocar en circunstancias surrealistas, como cuando lo hacían para mantener abstraídos a los judíos que se encargaban de hacer funcionar las cámaras de gas con las que ejecutaban a sus propios compañeros. La mejor expresión del sentimiento de contradicción que invadía a los músicos de origen semita puede encontrarse en la figura de Viktor Ullmann, el cual vivió un auge de su creatividad artística y disponibilidad de medios en el campo de Terezín, aunque aquello no le libró de ser gaseado en Auschwitz (de hecho, en Terezín estaban acostumbrados a que sus orquestas siguieran funcionando a pesar de los necesarios <<cambios de personal>> conforme se les trasladaba a campos letales). Por suerte, Ullmann puso en manos de un amigo el conjunto de su obra y eso garantizó que ésta se salvara. Un detalle curioso es que, en la partitura de su última pieza, anotó: <<Los derechos de interpretación quedan reservados por el compositor hasta su muerte>>. Un poco de humor negro, para sobrellevar la desgracia, nunca viene mal.
En las orquestas judías en los campos se empezó primero cantando, y más adelante fueron entrando los instrumentos. Pero hasta el puro hecho de entonar la voz tenía una significación especial para los judíos encarcelados. Y es que si por un lado la música les permitía evadirse, el acto de cantar fue en muchos casos asociado a los castigos que infligían los alemanes -había oficiales nazis que ordenaban a los prisioneros cantar mientras les golpeaban-. En Auschwitz llegó a ocurrir que, en medio de una brutal paliza nazi, un judío inició una canción (seguramente para encontrar valor en tales circunstancias), cosa que no alteró el ritmo de la violencia de unos hombres que podían mostrarse tan sensibles para la música como impasibles ante el sufrimiento humano. Las canciones, además, les hacían recordar a los prisioneros -judíos, gitanos, homosexuales, gente de ideología opuesta a los nazis- que existía un mundo allá afuera y que se les había excluido del mismo: tanto, que hasta dolía. Un grupo de mujeres polacas, por ejemplo, rompieron a llorar al escuchar cantos navideños de su tierra. Es curioso descubrir cómo muchas de las canciones que se crearon en los campos intentaban reflejar la resistencia de los internos, y constituyeron un canto a la supervivencia y a la esperanza, pero por supuesto no contenían el menor asomo de crítica o rebeldía frente a la situación. En ese sentido, da la sensación de que muchas obras nacieron desde el principio amputadas, cercenadas por las limitaciones impuestas por la singular coyuntura. Aunque es de suponer que no todos los prisioneros lo vieron así. Otra cosa fueron las reuniones secretas donde (en Buchenwald por ejemplo) se podía dar rienda suelta a los sentimientos. Un caso muy emotivo es el del campo de Ravensbrück, donde las prisioneras, músicas profesionales unas cuantas, se negaron a interpretar para sus captores, y organizaron conciertos secretos que utilizaron para crear un sentimiento de hermandad que superó las barreras de nacionalidad o idiomáticas. Queda claro que hubo de todo: también, entre otras cosas, muchas extraordinarias expresiones de solidaridad en los campos.
Después de la guerra, ya sabemos, porque en parte lo hemos comentado: procesos de desnazificación (de los cuales la mayoría de los músicos germanoparlantes se consiguieron librar), muchas heridas que reparar, y frecuentes miradas hacia otro lado. Décadas después, se han hechos homenajes (por ejemplo en el campo de Terezín, donde volvieron a sonar las obras que artistas judíos crearon allá), aunque a veces, ante el silencio de los que no quieren hablar de las penalidades que sufrieron -muchos músicos judíos negaron siempre haber tocado durante las ejecuciones-, a veces los mejores relatos han quedado reflejados en la ficción. Al final, hay una serie de composiciones que nos hablan de esa época y, como un gran número de obras artísticas, tienen una función: hacernos aprender, concienciarnos y, quizás, ayudar a que los horrores no vuelvan a repetirse. Sería el mejor legado que la música de ese tiempo podría aportar.
*Post-scriptum: una de las cosas que Messiaen contaba era que, durante su tiempo de encarcelamiento, pasó tanta hambre que su cerebro alucinado le llevó a ver auroras boreales. Más tarde, un oficial alemán se apiadó de él, le suministró más raciones de comida, y consiguió recuperarse. Según él, esta experiencia le influyó a la hora de crear la composición musical del Cuarteto para el fin de los tiempos.
martes, 17 de agosto de 2021
Las películas y las historias reales de agosto: un mismo hecho bajo distintos puntos de vista
Toda historia tiene dos versiones, o eso dice el viejo axioma. Y toda realidad es interpretable, y ésa es una de las bases del cine y de la literatura. Billy Wilder estaba viendo una película sobre un hombre que toma prestada la casa de otro para citarse con sus conquistas amorosas y pensó: <<¿Qué pasa con el pobre tipo que les deja el piso?>>. Así nació El apartamento. Hay múltiples films que se inspiran precisamente en contar una historia no de la misma manera, sino desde dos ópticas diferentes, de tal manera que es la visión conjunta de todas ellas la que te da una perspectiva global del asunto, salvando todas las licencias e invenciones que (sobre todo en las <<basada en hechos reales>>) pueblan las películas de Hollywood. Esta es una lista, para nada exhaustiva, pero sí en mi opinión sugerente, acerca de esos conjuntos de películas que se relacionan entre sí:
-A veces se trata sólo de cambiar al personaje principal. La película Bonnie&Clyde (1967) está narrada desde el punto de vista de los atracadores de bancos y fugitivos, mientras que Emboscada Final (2019), con bastante menos acierto, lo hace desde el punto de vista de los policías.
-En el Chicago de 1924, un par de estudiantes universitarios llamados Leopold y Loeb, cargados de un desmedido complejo de superioridad, y adictos a la teoría de Nietszche del superhombre, decidieron demostrar su nivel intelectual desplegando el crimen perfecto, para efectuar el cual arrebataron la vida a un chico de 14 años. A pesar de su preclara inteligencia, les acabaron pillando, y las familias recurrieron para la defensa a Clarence Darrow, un conocido activista en contra de la pena de muerte. El discurso final del abogado de los muchachos -el cual duró 12 horas- fue tan conmovedor que hasta al juez se le saltaron las lágrimas, con lo cual se logró que la condena a muerte se sustituyera por una de prisión perpetua (uno de los jóvenes murió a manos de los presos en la cárcel, mientras que el otro acabó liberado tras cumplir 34 años de reclusión). La tragedia se ha narrado de dos maneras. Por un lado, fue recreada (con sus variaciones, pues en teoría se trataba de ficción) en una obra de teatro donde se señalaba la naturaleza homosexual de los dos muchachos, y que funciona como un relato de misterio donde nos preguntamos si se acabará descubriendo la autoría del asesinato. Esta obra sería más tarde adaptada (esta vez, sin el trasfondo homosexual, aunque era bastante evidente) en la película de Alfred Hitchcok La soga, la cual funciona como un mecanismo de precisión en torno a un arcón, una intriga, y el falso plano-secuencia más famoso de la historia del cine. Pero, por otro lado, la película Impulso criminal describe de manera más ajustada a la realidad el devenir de la investigación y el juicio y, sobre todo, tiene a un Orson Welles ejerciendo de Clarence Darrow en un film con bastantes partes censuradas en la versión en castellano (ya que, obviamente, en 1959, un alegato contra la pena de muerte no era el tipo de discurso bendecido por el régimen franquista).
-Nos han contado las diversas vivencias de los judíos que pasaron por el guetto de Varsovia a través de varias películas, siendo quizás La lista de Schindler y El pianista las que muestren con mayor claridad los distintos rumbos que podía tomar tu vida a lo largo de ignotos caminos, ninguno de los cuales te garantizaba la seguridad.
-Tanto "Operación Anthropoid" como "El hombre del corazón de hierro" narran el atentado que acabó con la vida de Richard Heydrich, "el carnicero de Praga", a manos de dos miembros de la resistencia checa durante la Segunda Guerra Mundial, pero mientras la primera se centra en el punto de vista de los perpretadores, la segunda lo hace más en la biografía del militar nazi. Por cierto, este último también es el centro alrededor del cual gira "Conspiracy", una película donde se describe la reunión donde se planeó aplicar la "solución final" al problema judío por parte de las autoridades alemanas. En esta última película aparece como un personaje secundario la figura de Adolf Eichmann; varios films ("Eichmann" en 2007, y "Operación Finale" en 2018, entre otras) han descrito la captura del jerarca nazi en 1960 mientras se se hallaba escondido en Argentina, pero la película "Hannah Arendt" profundiza en las motivaciones que la filósofa judía encontró en la conducta de este burócrata desalmado, a través de su teoría de la "banalidad del mal". Como puede verse, un rosario concatenado de causas y consecuencias.
-En el caso de narrar historias relacionadas, no hay nada como contar con el mismo actor para hacer del mismo personaje. Vicent Cassel había interpretado, en la "Juana de Arco" (1999) dirigida por Luc Besson y protagonizada por Mila Jojovich, a Gilles de Rais, un noble galo que quedó traumatizado por la muerte de la santa francesa y que, quizás por eso (o tal vez no), se dedicó, desde el castillo donde resisdía, a secuestrar a jóvenes a los que torturaba de maneras horripilantes para luego darles muerte, hasta que sus delitos fueron tan infames que las autoridades se vieron obligados a intervenir. Pues bien, en la película "The Reckoning" -en castellano, "El misterio de Wells" (2003)-, Cassel interpreta a un trasunto del asesino aristócrata en una ficción bastante lograda, y quizás el mejor trabajo del habitualmente secundario Paul Bettany hasta la fecha.
-La película "The Glorias" y la serie "Mrs. América" tratan ambas de la influencia de un grupo fundamental de mujeres en el movimiento feminista, pero mientras la primera se centra en la figura de Gloria Steinem a lo largo de su vida, la segunda es transversal en un momento clave (la aprobación de las leyes de igualdad en Estados Unidos), y también más coral: de hecho, la mujer más destacada es la archienemiga de los derechos de la mujer, una Phyllis Schlafly interpretada por una Cate Blanchett en estado de gracia.
-Ya saliendo del terreno de la historia, y entrando un poco más en el apartado de la ficción, "Blackthorn", del muy buen guionista Mateo Gil, retoma el relato justamente donde se quedó al final de "Dos hombres y un destino", y narra una ucronía donde uno de los componentes del famoso dúo Butch Cassidy-Sundance Kid sigue vivo, excusa que el director aprovecha para grabar un western crepuscular enmarcado en los bellísimos parajes de las salinas de Bolivia. Muy recomendable para los amantes tanto del cine clásico como del moderno.
-Diferentes films acerca de la figura de Churchill se centran en distintos períodos de su vida: los años previos a la Segunda Guerra Mundial, en los que advertía del peligro de Hitler -"The gathering storm" (2002), película televisiva basada en sus memorias, con una secuela cinematográfica con nuevos actores, "Into the storm"-; los meses iniciales tras ser nombrado Primer Ministro ("Darkest Hour", 2017); o ante un inminente desembarco de Normandía ("Churchill", 2017). Es una pena que ningún film haya decidido focalizar en otras partes de la biografía de Churchill, como su rocambolesca huida de juventud de un campo de prisioneros en Sudáfrica, o sus más que censurables actos respecto a la India que efectuó desde su posición como Primer Ministro.
He aquí nuestra pequeña recopilación de películas relacionadas. ¿Os atrevéis a hacer alguna aportación? Espero con ansia vuestros comentarios.
lunes, 7 de septiembre de 2020
Las recomendaciones de septiembre: unos cuantos libros para los amantes de los libros
lunes, 6 de enero de 2020
El libro de enero: "Nápoles 1944"
Ahora, imaginemos esta ciudad del amor y del pecado en una circunstancia aún más extrema: 1944. La ciudad ha sufrido la dictadura fascista de Mussolini, la Segunda Guerra Mundial y, finalmente, la invasión por parte de las tropas aliadas. Se vive toda la desdicha que acompaña, como pasajero no invitado, a cualquier conflicto bélico, y quizás alguno más. En especial, se pasa hambre. Muchísima. Tanta, que los napolitanos buscan alimento entre las bayas del campo, engullen lo que un italiano consideraría por lo normal incomestible, y hasta toman al asalto el acuario municipal y devoran hasta el último de sus peces. A este lugar llega Norman Lewis, futuro escritor de novelas y libros de viaje, como miembro del ejército británico, y como resulta que habla algún idioma -hay que ver lo "profesional" que resulta todo en tiempos de guerra-, le asignan al servicio de inteligencia de esta sección del contingente aliado en <<el pueblo más grande del mundo>>, como lo han definido algunos. "Nápoles 1944" es el producto de sus experiencias durante ese año.
Lewis, en efecto, divisa miseria. Niños que no tienen otra solución que madurar rápido, demasiado rápido. Mujeres que se habitúan a vender con facilidad lo que antes preservaban con celo. Lewis describe situaciones inherentes a toda contienda, especialmente el caos, la incertidumbre, la corrupción, la arbitrariedad. Entre los soldados (que se dedican a aprovechar su superioridad siempre que pueden), y tanto entre los extranjeros como los locales (unos pocos de los cuales son capaces de extraer beneficios de la situación a través del contrabando, el robo o el tráfico de favores). Para hacernos una idea, la Mafia es la primera en colocar a sus hombres en los puestos claves de la administración. No empiezan con buen pie los cambios que han de traer la normalidad a la nueva Italia.
Pero al mismo tiempo, cómo no, Lewis, con una mirada comprensiva y lúcida, contempla cómo el carácter siempre resuelto y artístico de los napolitanos hace que, a su alrededor, se vivan las situaciones más surrealistas. Los italianos serán pobres y les faltará de todo, pero ello no exime que sigan manifestándose tan altivos, elegantes y sibaritas como siempre, y que consideren que un inconveniente menor como la guerra no debe alterar para nada su estilo de vida. Siguen adorando a sus santos, aderezando sus comidas con variados condimentos cada vez que pueden, y presumiendo de nobleza y antepasados en cuanto encuentran la más mínima oportunidad. Lewis se encontrará marquesas arruinadas de alto porte, sabios muertos de hambre que se ganan un sobresueldo a cambio de actuar como "el pariente sofisticado que vive en Roma", truhanes encantadores, enemigos simpáticos, y también colegas canallas. Constatará que durante el asalto al acuario municipal, los napolitanos tuvieron la decencia de reservar, como cena de bienvenida para el jefe de los ejércitos aliados, una ración especial de manatí. Si en Italia no encuentras motivos para reírte, es porque no quieres. Incluso aunque te veas entremezclado en reyertas particulares, discusiones entre amantes, o la fervorosa ebullición de partidos políticos, entre ellos los comunistas, democristianos, un movimiento que quiere volver a poner de moda la toga romana, o un partido ultraderechista llamado Forza Italia! (!) que probablemente no tenga nada que ver con Berlusconi pero que, como nota simpática, durante su fundación, reunió a un par de cabras que ejercieron como testigos mientras ellas, ajenas al revuelo a su alrededor, continuaban tranquilamente pastando.
Os invito a que os dejéis sumergir por ese ambiente tan particular que vive Lewis, el cual acabará enamorándose poco a poco de ese lugar donde le hubiera gustado nacer, y en el cual, por azares del destino ha acabado por residir. Dejaros seducir también por Italia, incluso aunque durante el libro se encuentre en sus horas más bajas. Tal vez porque, en los momentos en que es más densa la oscuridad, más brillante resulta la luz. Una lección que conviene tener presente siempre: a lo largo de este año, seguro, la vamos a necesitar.
lunes, 8 de julio de 2019
Los libros y las películas de julio: formas de entender la guerra. Un recorrido a través del lado oscuro del siglo XX
-La guerra fría: pocos conflictos sin armas (aunque con muchas contiendas colaterales alrededor) han dado para tantas historias. En algunos casos con meros fines propagandísticos -la supuesta supremacía de un bando respecto a otro-, aunque en otras ocasiones los autores han aprovechado el telón de acero como simple escenario para ahondar sobre las motivaciones y pasiones humanas. "El tercer hombre", "Las sandalias del pescador", "La vida de los otros", "Teléfono rojo, volamos hacia Moscú", "Goodbye Lenin", "Juegos de guerra", "El gigante de hierro" o las novelas de John Le Carré y de Graham Greene son grandes títulos. Yo en este caso querría recomendar una película que considero infravalorada, una "1, 2, 3" de Billy Wilder que juega con la comedia alrededor de un Berlín a punto de levantar el muro (de hecho, andaba en proceso de edificación durante el rodaje de la película), riéndose de los bandos ruso, americano y nazi a partes iguales.
-Vietnam y Corea: resulta difícil nombrar títulos que no le suenen al lector/espectador sobre guerras de las que se ha hablado tanto. Quizás, unos pocos nombres: "Good morning Vietnam" (aunque conocida, no puedo evitarlo, y menos ahora que echamos tanto de menos a Robin Williams), "The war" (una película alegórica protagonizada por Kevin Costner y Elijah Wood) y, no por conocido menos incomprendido, el libro original en el que se basó la saga de Rambo, "Acorralado", con un personaje más poliédrico y unos conflictos mucho más soterrados de lo que reflejan las películas. Por supuesto, casi imposible encontrar en un idioma razonable una visión de la guerra desde el punto de vista vietnamita (quienes lo contemplan como una revolución popular contra un ejército de ocupación extranjero, primero francés y luego estadounidense). De Corea, la tronchante "M.A.S.H" sigue siendo la referencia fundamental para casi todo el mundo.
-Las guerras de descolonización: Después de dos guerras mundiales, los países occidentales no tenían fuerzas para seguir reteniendo a sus colonias. Algunas de éstas se alinean con el bloque comunista, otras con el bando capitalista, muchas se desgarran en sangrientas guerras civiles, sufren los mismos problemas con los que convivían durante la colonización, o se convierten en países no alineados con ninguno de los grandes bandos, en el nacimiento del denominado "tercer mundo". Algunos de estos procesos se desarrollaron de manera pacífica, y otros en cambio con gran sufrimiento y conflicto. En este caso destaca más la labor del periodista que del autor de ficción, incluso en obras que tratan de expresarlo de la forma más novelada posible. "La batalla de Argel" es una película casi documental sobre el tema, y el reportero polaco Ryszard Kapuscinski entremezcla literatura con realidad en sus obras ambientadas en buena parte del globo. Entre otras, "Un día más con vida", un libro sobre el proceso de independencia de Angola, recientemente adaptado a la gran pantalla por una producción española que mezcla animación con imágenes y entrevistas reales, y que logra resucitar parte del espíritu que el periodista conseguía hacer emanar de sus textos.
-El siglo se despide como empezó: Dicen que el siglo XX comenzó con la Primera Guerra Mundial y terminó con el 11-S, pero antes de ambos sucesos, una sensación de falsa paz -de guerra inminente- lo invade todo, con la sensación de que el conflicto puede estallar en cualquier momento, siendo conscientes además (sobre todo a posteriori, aprendida la experiencia) que éste será caótico, arbitrario e inútil. Las guerras de Yugoslavia y Ruanda (relatadas, entre otros, por el libro "Territorio Comanche" de Pérez Reverte, y por la película "Hotel Rwanda") terminaron de conformar una visión escéptica respecto al futuro, que quizás se contemple mejor a través de "La sal de la tierra", un documental de Wim Wenders sobre el fotógrafo Sebastiao Salgado y su recorrido vital a través de la fotografía, desde las duras condiciones del trabajo de los mineros del Amazonas hasta algunas de las más salvajes contiendas del siglo XX, llegando finalmente a un momento en que el fotógrafo se refugia en la fotografía de naturaleza y del medio ambiente, el último reducto contra el que el hombre ha declarado otra guerra. Esperemos que ésta, por nuestro bien, termine en un acuerdo de paz que no nos conduzca a todos al silencio de los cementerios que suele seguir cuando el sonido de las armas ha dejado de sonar.
lunes, 4 de febrero de 2019
La historia real de febrero: una pequeña lista de libros perdidos
-Sobre la construcción de esferas de Arquímides. Citado por Pappus de Alejandría, en teoría contendría varios diseños de Arquímedes, entre ellos un remedo de planetario o un reloj astronómico. La muerte de su autor tras el sitio de Siracusa, a manos de un soldado romano, hizo perder para siempre la posibilidad de recuperarlo.
-Los libros contenidos en las Bibliotecas de Alejandría y la Casa de la Sabiduría en Bagdag: incendios y ataques por parte de cristianos a la primera, el saqueo de los mongoles en el caso de la segunda, hicieron desaparecer miles de obras. Sobre la mítica biblioteca de Bagdag, se dice que, tras su destrucción, las aguas del Tigris se volvieron negras durante seis meses a causa de la tinta vertida.
-Tito Livio escribió una extensa historia de Roma Desde la fundación de la Ciudad (como la tituló), de 142 tomos, de los que sólo se han salvado 35. Más intencional fue la eliminación de los textos sagrados considerados apócrifos a lo largo de los distintos concilios en los que se conformó la actual Biblia cristiana, y que contenían toda clase de visiones, algunas muy contradictorias con los dogmas que han prevalecido. Entre otros, el llamado "Evangelio de la víspera", que cierta secta empleaba para promover el amor libre entre sus miembros, con una serie de descripciones de actividades sexuales que harían sonrojar a más de un exégeta.
-"Margites", atribuido a Homero. Poco sabemos de él. salvo que Aristóteles decía que había marcado una tendencia en las comedias, del mismo modo que lo habían hecho la "Ilíada" y la "Odisea" (de hecho, "Margites" debía de ser una parodia de esta última) en los poemas épicos.
-En el siglo XVII, William Shakespeare y John Fletcher escriben supuestamente un drama a partir de Cardenio, un personaje secundario que aparecía en la novela de Cervantes, "El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha". Por supuesto, la búsqueda de un manuscrito que conecte a los autores más grandes de la lengua española e inglesa ha sido incesante, y aunque ha habido varias versiones de las que se ha reclamado su autenticidad, ninguna ha alcanzado el consenso entre los especialistas para ser reconocida como una obra original del bardo de Stratford-upon-Avon (si es que ése es su auténtico lugar de nacimiento).
-Lord Byron fue un personaje controvertido, amado y denostado en proporciones ciclópeas. Quizás por eso resulta tan fácil entender que ciertos familiares le pidieran a sus abogados que quemaran sus memorias tras su muerte, cosa que hicieron en el despacho de su editor. Tampoco estamos seguros de hasta qué punto George Gordon Byron hubiera contado la verdad sobre sí mismo, pero al menos constituiría una fuente más de información. Se rumorea que, probablemente, la obra habría resultado escandalosa pues hubiera confirmado su homosexualidad, inaceptable para aquella época. En todo caso, la duda quedó sellada. Algo similar ocurrió con los últimos meses del diario de la poeta Sylvia Plath, borrados por su marido para no hacer sufrir a sus hijos. En ese momento, también intentó buscar los restos de la novela "Double exposures" pero, según explicó su esposo, ésta había quedado perdida "en algún lugar de los años 70", de donde nunca se recuperó.
-En 1922, la primera esposa de Hemingway, bajo órdenes de su marido (quien, mientras trabajaba como corresponsal en una conferencia de paz en Lausana, quería enseñarle los trabajos que tenía en casa a un editor), metió en una maleta buena parte del material inédito que el escritor llevaba redactado hasta entonces, incluyendo varios relatos y un esbozo de novela. La mujer abandonó transitoriamente el tren en la estación de París para comprar una botellita de agua de Evian y, cuando volvió a su compartimento, la maleta había volado -algunos dicen que este suceso fue la base del divorcio de Hemingway, pero como casi todo alrededor de éste, es difícil saber lo que esta afirmación tiene de real o legendario-. Hemingway, que conservó uno de los relatos porque se lo había devolvió un editor (el cual lo rechazó), pero que no recuperó nada más a pesar de haber ofrecido una recompensa por la maleta, le consultó a la famosa escritora, amiga e intelectual Gertrude Stein acerca de qué debía hacer. Ésta (que, por cierto, había leído uno de los cuentos perdidos, y no le había gustado nada) le recomendó que reescribiera a partir de lo que se acordaba, porque si no lo había almacenado en la mente, es que no era lo suficientemente bueno. Hemingway así lo hizo, y de ahí salió su primera novela, "Fiesta". Hay mucho crítico literario que opina que esta pérdida le sirvió para perder lastre de obras primerizas que le habrían absorbido demasiado si hubieran continuado en su poder; pero, como digo, casi todo lo relacionado con Hemingway tiene demasiadas vertientes para juzgar a la ligera su autenticidad. En todo caso, se ha convertido en una de las maletas más famosas de la historia de la literatura.
-En 1942, Bruno Schultz termina su novela "El Mesías", en el que había puesto la sangre y la vida, pero ambas le son arrebatadas al tratar de huir del campo de concentración donde se hallaba encerrado, a manos de un soldado de las SS. Desde entonces, el misterio de lo que pasó en esa novela ha inspirado hipótesis por parte de historiadores, también novelas, y rocambolescas consecuencias (que incluyen espías y accidentes de tráfico) en el mundo real. Como otros textos que hemos descrito, todavía no ha sido hallada, pero aguarda quizás el momento propicio para aflorar.
lunes, 25 de septiembre de 2017
El libro de septiembre: "I wish I'd made you angry earlier" ("Ojalá te hubiera enfadado antes"), de Max Perutz.
Max Perutz (1914-2002) fue un destacado investigador en el campo de la bioquímica. De hecho, fue -casi al unísono con uno de sus colaboradores- el primero que desentrañó la estructura molecular de una proteína compleja, la hemoglobina, cuya forma acabó resultando básica para entender su funcionamiento. Por otro lado, Max Perutz era un apasionado de la ciencia en todas sus áreas, y un entusiasta divulgador científico. En su laboratorio se juntaban físicos, químicos, expertos en biología molecular y genetistas, una productiva macedonia de científicos donde tuvieron la oportunidad de juntarse entre otros Francis Crick y James Watson (sí, ese mismo Watson al que pusimos a parir aquí) para dedicarse a desentrañar la estructura del ADN. En un momento determinado, a Max Perutz le preguntaron cómo era posible que en su laboratorio se hubieran concentrado tantos genios juntos, y él respondió humildemente que había sitios más interesantes al respecto, como el París de los impresionistas y la Florencia del Renacimiento; pero lo cierto es que la primera mitad del siglo XX (a la cual se dedica buena parte del libro del que vamos a hablar) fue un tiempo fecundo y vibrante, en el que muchas disciplinas estaban naciendo o en su período de máximo florecimiento, donde los mayores descubrimientos estaban por lograr, a pesar de todas las dificultades (los que hemos trabajado en la ciencia actual solemos decir que nos hubiera gustado hallarnos esa época en que nadie se había dedicado a estudiar los grandes secretos del universo, aunque seguramente nos desesperaríamos ante las limitaciones técnicas), y determinadas ramas del conocimiento se hallaban tan interrelacionadas que podía producirse que un físico cambiara su área de estudio a la biología, o incluso creara una nueva rama, todo ello mezclado con múltiples motivaciones ideológicas, personales y que se cruzan con el devenir de la historia, como ocurre con los personajes del libro de Max Perutz, quien no se priva de revelar anecdóticos e íntimos detalles sobre la vida de los científicos sobre los que deposita su lupa, demostrando que los científicos no vienen sólo con un manual de laboratorio, sino acompañados de toda una vivencia personal. Y Max Perutz (quien conoció personalmente a muchos de los individuos de los que trata en su libro, participó en la creación de hoy poderosas instituciones científicas europeas y también quien, en la ceremonia de entrega de su Nobel, se encargó de explicarle la estructura del ADN a la reina de Inglaterra) quizás sea el autor más apropiado para traer este hecho a colación.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
La historia real de noviembre: los cementerios de Manila
No puedo ofreceros imágenes de todo esto porque no las tenemos. No tomamos fotos del cementerio chino porque, con el ambiente tan solemne que os he mencionado antes que reinaba en esa parte del mundo, no nos atrevimos; y en el cementerio del Norte, nos indicaron explícitamente, en una entrada gobernada por un despreocupado control de seguridad, que no debíamos hacerlo. Sin embargo, para compensar, os ofrezco aquí unas pocas imágenes de otros cementerios con los que nos tropezamos en Filipinas.
Aquí, los ataúdes colgantes de Sagada:















