lunes, 21 de septiembre de 2026

El relato de septiembre: "Profesora Führer"

              Hay algo muy mágico en el momento en el que un grupo de varias decenas de alumnos (fieras asilvestradas que, mal manejadas, estarían mordiéndose mutuamente, saltando unos encima de los otros, llorando y sacándose los mocos propios y de los demás) se encuentran silenciosos, dibujando, reflejando cada uno su creatividad única, concentr ados en su tarea, mientras su maestra de infantil se encuentra sentada en su silla, al lado de la mesa, contemplando beatífica el pequeño milagro que está aconteciendo delante de ella.

                Pero como los milagros no pueden durar eternamente y a veces se evaporan poco a poco, y otras explotan violentamente como una pompa de jabón, se abrió la puerta del aula, entró la directoria del colegio, y desapareció toda la magia de golpe. En ese momento, los niños y niñas levantaron la cabeza, los lápices de colores dejaron de pintarrajear, y la profesora (una joven menudita, delgada, con cara de no haber roto un plato) se levantó de la silla y, como era protocolario, alzó el brazo para ejecutar el gesto obligatorio de “Heil Hitler!”, aunque lo hizo de manera algo atolondrada, como si no estuviera acostumbrada a pedir taxis, y de hecho casi derribó la taza que había encima de su mesa al incorporarse precipitadamente.

                Sin embargo, la directora casi no prestó atención a ese hecho. Cada vez que entraba en aquel aula (que alojaba a los alumnos más pequeños de ese colegio), la visión de las decenas de banderas nazis, con la esvástica sobre el círculo blanco y éste sobre fondo rojo, las cuales se hallaban colgadas sobre la pared del fondo, la emocionaba tanto que olvidaba todo lo demás. Así que contempló con deleite el espectáculo mientras las niñas se ponían de pie y realizaban el saludo fascista, hay que decir que con más capacidad de reacción que su propia maestra, que casi se trastabilló mientras trataba de mantenerse erguida.

                -Muy bien. Sólo quería comprobar que todo transcurría adecuadamente -se giró la directora hacia la profesora-. Puede seguir con la clase.

                La directora cerró la puerta. La profesora lanzó un amplio movimiento de espiración, exhalando el aire con lentitud conforme avanzaba hacia sus alumnos, y juntó las manos con delicadeza mientras indicaba el siguiente paso:

                -Muy bien, niños. Coged las banderas que están al fondo del aula. Eso es… Y ahora, como lo hemos ensayado.

                Los niños tomaron las banderas, y cada uno puso una de ellas en el suelo y se sentó encima, con las piernas cruzadas. La profesora hizo lo mismo con otro emblema que guardaba en un cajón. Luego, colocó las manos a ambos lados del cuerpo, confluyendo las yemas de los dedos en el mismo punto, y tomó aire de manera profunda antes de decir:

                -Recordad, niños… la esvástica es un símbolo indio que expresa buena suerte y prosperidad. Así que, cada vez que veáis una de ellas, pensad en algo que aquí en Alemania se valora mucho: la naturaleza. Cerrad los ojos y pensad en arbolitos, en verde… y en pajaritos…

                Y la clase se quedó en silencio, respirando acompasadamente, con una tranquilidad que contrastaba mucho con el sonido de las bombas que, a muchos kilómetros de allí (aunque cada vez eran menos), retumbaban contra el suelo.

*

                La vida transcurría pacífica en este pequeño oasis que era la clase de Fräulein Margueritte. Aunque, de vez en cuando, ocurrían cosas raras. Por ejemplo como cuando, aquel día que los chavales estaban haciendo sus ejercicios en el cuaderno, se encontró con que una de sus alumnas se hallaba canturreando una canción. La profesora se acercó a ella con curiosidad:

                -Dime, Anna, ¿qué estás cantando?

                -Oh, es una melodía que tatarea mucho mi madre cuando cocina. Sobre todo cuando escucha por la radio los mensajes del Führer.

                Fue entonces cuando el mundo empezó a ir a una velocidad más lenta. Por desgracia, la profesora Margueritte, en lugar de adquirir más capacidad para reaccionar, la perdió por completo, ya que se paralizó. Porque en ese se momento se acordó que la familia de Anna era originaria de la región de Alsacia, de madre francesa, cosa de la que fue consciente un segundo antes de que la niña empezara a cantar:

                -Allons enfants de la patrie…

                No transcurrió más de un segundo hasta que a la directora (a la que le encantaba hacer esas entradas extemporáneas de vez en cuando en la clase) le dio por abrir la puerta.

                Fue suficiente. Estaba claro que había oído algo, aunque la maestra no sabía bien qué. O más bien, cuánto. Quizá no hubiera escuchado nada. Puede que tuvieran suerte.

                -¿Qué era eso?-preguntó la directora.

                Y allí, de repente, por arte de birbibirloque, la profesora recuperó de improviso todos los reflejos, y aceleró los nervios a velocidad supersónica para responder:

                -Ah, una canción alemana.

                La directora levantó una ceja.

                -¿Alemana, dice? Pues a mí me sonaba…

                -No, ¿sabe?, es que la familia de Anna es suiza. Y entonces allí cantan esas cancioncillas típicas, muy de la montaña… Ya conoce a los suizos, gente rara -la profesora se acercó a la directora y le susurró en voz baja-, ahí metidos en la montaña, con sus cosas… También un país muy rico, está muy bien tener a Anna en clase, su familia está pensando en donar dinero a la escuela, conviene tenerles contentos.

                Luego volvió a alzar la voz y se acercó a la niña.

                -Muy bonita la canción, Anna, puedes seguir con tus ejercicios…

                -Pero yo… -continuó la directora, que no sabía ningún idioma fuera del alemán, pero sabía que en esa historia había algo raro-. Me ha parecido escuchar algo… la canción empezaba con allons…

                -Claro -expresó la profesora, con un aire de seguridad tan demoledor como una excavadora-; allons, es la versión suiza de alles, como en Deustchland über alles. Alemán, buen alemán, alemán de toda la vida.

                La directora dudó. Era una mujer inclinada a dudar, de todas maneras. No estaba muy convencida de lo que estaba oyendo; pero la señorita Margueritte sabía tantas cosas, y solía darle tantos buenos consejos… Y, a pesar de lo que decían las otras profesoras, nunca se topaba con fenómenos extraños en su clase. Bueno, a veces sí, pero la profesora Margueritte siempre tenía una buena explicación para los mismos.

                -Eeeeh, en fin, está bien. Sigan trabajando. Pero intente que sus alumnas hablen un alemán… más normativo, si es posible. ¿De acuerdo, Fräulein Margueritte?

                La profesora asintió. En cuanto la directora se marchó, la maestra se inclinó sobre su alumna:

                -Si te parece, Anna, vamos a dejar esa canción para dentro de tu casa, ¿te parece? Pero es muy bonita, realmente… Muy bonita…

*

                Las reuniones en la sala de profesores, con el paso del tiempo, se fueron volviendo más desconcertantes. O, al menos, eso pensaba la señorita Margaritte. Porque era muy raro creer que pudieran estar teniendo allí una conversación tan normal sobre cómo educar a los niños mientras las noticias que llegaban del frente eran cada vez más preocupantes, y hasta empezaba a escucharse, a lo lejos, el sonido de las explosiones.

                -Bien, creo que con esto termina la programación mensual. Antes de irnos… -interrumpió la frase la directora.

                Se notaba que estaba tragando saliva.

                -Como saben, la situación en la guerra se está poniendo… más complicada de lo que se esperaba. Pero quiero mantener el firme compromiso que tiene esta escuela con el Reich…

                “Piensa en naturaleza”, se decía la señorita Margueritte para sus adentros, cerrando los ojos…

                -… con las doctrinas del Partido Nacional Socialista…

                “Piensa en parajitos”, repetía insistentemente.

                -… y por supuesto con el Führer.

                -¡Buitre!

                -¿Cómo ha dicho usted, señorita Margueritte?

                -Oh, nada, nada. Estaba pensando en la próxima lección que le tengo que dar a los niños, sobre el buitre leonado.

                La directora no se entretuvo demasiado en el tema. Tenía otras cosas en que pensar:

                -Por eso, quiero reiterarles que, a pesar de los rumores que circulan por ahí, mañana acudiremos todas para hacer nuestro trabajo, como siempre, para estar al pie del cañón.

                “O sea, que mañana no va a venir nadie”, meditó la señorita Margueritte, recordando a la orquesta del Titanic. Se preguntaba si la directora lo decía en serio porque era capaz de mantener, en una parte de su mente, un tabique que separaba las verdaderas intenciones de las mentiras que una quiere hacerse creer a sí misma… o si era capaz de esgrimir esa hipocresía de manera abierta, hasta el final, aunque el techo se les cayera encima por culpa de un obús. La tercera opción era más inquietante: tal vez no quería condenar a las profesoras con la obligación de venir a un lugar peligroso, sino que pretendía advertirles, de una manera muy sutil, que mañana estuvieran muy lejos de aquel lugar… pero sin decirlo abiertamente, no fuera que entre las profesoras hubiera una confidente a las autoridades. El mundo se estaba convirtiendo en un lugar muy complicado que habitar.

                -Creo que hemos terminado con todos los temas. Disolvemos la reunión. Que vaya todo muy bien los próximos días.

                La profesora Margaritte se pasó la mañana reflexionando sobre qué podía hacer con los niños.

                Al final del día, se le ocurrió:

                -Mañana vamos a hacer una excursión.

*

                La mañana siguiente amaneció radiante. Era un día soleado y hermoso, muy atípico de aquella región de Alemania en aquella época del año. Los niños (y sus familias, a quienes los alumnos habían convencido de acudir a esta actividad especial del colegio; teniendo en cuenta lo que probablemente se intuían que iba a ocurrir, era lógico que hubieran traído las maletas) se encontraban situados en un hermoso prado que se abría en una de las montañas que circundaban la ciudad. Desde ahí había una buena visión de la urbe. De hecho, la señorita, sentada sobre una piedra, podía avistar cómo los tanques y los aviones enemigos se aproximaban a lo que antes habían sido sus hogares, y disparaban como si allí no habitaran seres humanos.

                -¿Qué es eso, señorita?-preguntó uno de sus alumnos.

                Fräulein Margeritte negó con la cabeza, pesarosa.

                -Eso, niños, es lo que pasa cuando le haces caso a todo lo que dice alguien sin cuestionarlo. Ya sea vuestra Fräulein, o un Führer.

                La profesora se levantó. Se puso a caminar hacia el horizonte.

                -Venga, niños, seguidme.

                Y así iniciaron una larga y hermosa caminata por el campo.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Los libros de septiembre: obras de misterio con un toque original.

Os recomiendo, en esta sección mensual, en esta ocasión, unas pocas obras de misterio con un componente de originalidad:

-Perspectivas, de Laurent Binet. Tenemos una novela de misterio ambientada en la Florencia del Renacimiento tardío: un pintor ha aparecido asesinado en su casa, el crimen parece ligado a unas impactantes pinturas encontradas en su taller, y el duque Cosme de Florencia le encarga a Giorgio Vasari (el famoso artista e historiador de la época) la resolución del asesinato. ¿La originalidad? Está escrito en su totalidad a base de cartas, tanto entre gente común como entre algunos de los personajes más relevantes de la época: Catalina de Médici, un anciano Miguel Ángel Buonarroti, el escultor Cellini (autor de un Perseo situado hoy en la Plaza de la Signoria de Florencia que tenéis que ver: sobre todo, para encontrar el retrato del escultor en la nuca de la estatua), los pintores y sus ayudantes, el propio Vasari y sus colaboradores en la investigación... Aunque algunas misivas pueden resultar inverosímiles, no puede negarse que mantiene la tensión entre dos mundos obligados a convivir: las intrigas de corte entre Francia e Italia, y el universo particular de los brillantes artistas de Florencia.

-La trilogía del Comisario De Luca. Carlo Lucarelli se apunta a la fórmula que consiste en asociar a un detective (en este caso, el comisario De Luca, un hombre obsesionado por resolver misterios, a pesar de las asfixiantes circunstancias que le rodean) y una ciudad, Bolonia -en mi opinión, una ciudad estupenda para visitarla-. La clave aquí es el período histórico: su trilogía comienza en el período en que los Aliados acaban de conquistar Italia durante la Segunda Guerra Mundial -y donde van cayendo a trozos las estructuras generadas por el fascismo- y termina en la temprana posguerra, cuando los depurados por haber contribuido al funcionamiento del fascismo -como es el caso de De Luca- vuelven a incorporarse a la sociedad civil. En ese sentido (y como ocurría en la fantástica "La noche de los generales"), el contexto es casi más importante que el misterio, y es donde el personaje de De Luca gana profundidad. Muy buena lectura de fondo si tenéis la oportunidad de visitar Italia, o también si queréis viajar desde vuestra casa.

martes, 1 de septiembre de 2026

La historia corta (y real) de septiembre: "Los Reyes son..."

            Al chico le dijeron: “Los Reyes son los padres”. Pero él lo entendió mal: creyó que los Reyes Magos eran exclusivamente “sus” padres.           

            El problema es que se lo fue contando a todos los niños del pueblo. Pero lo peor es que el resto de los chavales le creyeron. ¿Y cómo no hacerlo? El padre del chico, calvo y con el pelo canoso, era clavadito a un Melchor que se fuera a poner en cualquier momento el turbante y la capa.

            Cuando el padre del chico fue a tomarse su sopa, observó cómo por la ventana había decenas de niños contemplándole con arrebato, aguardando expectantes su próximo paso. El hombre, desconociendo el motivo de tanta atención, no hizo nada: pero, cada vez que tomaba una cucharada de sopa, su mano no paraba de temblar.

            Para cuando el hombre fue a buscar sus zapatos en el arcón, los niños, imaginando que de ahí iba a sacar los regalos, no pudieron contener múltiples gritos de emoción… El hombre casi se muere del susto.

lunes, 24 de agosto de 2026

El relato de agosto: "Llanto de madrugada"

Ocurrió hace mucho tiempo. Antes de que algunos de vosotros nacierais. Parece que fue hace milenios, pero ocurrió en el transcurso de una vida humana.

Llevábamos días, semanas, meses, bombardeados con el anuncio de que Estados Unidos iba a invadir Irak. La sociedad (parte de la americana, mucha de la europea, masivamente la española) se manifestó en contra. Se difundieron mentiras -fue allí donde nació la posverdad-, se esgrimieron burdas justificaciones, se presentaron endebles pruebas. Se dieron muchos, muchos discursos, casi todos llenos de palabras huecas, de aire, de nada. Todos los pretextos parecían ignorar acusaciones mucho más firmes, e ir quemando de manera salvaje etapas hasta que, finalmente, se anunció un día y una hora, una fecha para la barbarie. El ataque empezaría en mitad de nuestra madrugada.

En aquella época, ella aún vivía conmigo. Recuerdo que nos levantamos a nuestra hora habitual. Creo que aún no era de día. No me acuerdo quién encendió la televisión. Y allí estaban: las imágenes casi cinematográficas, de luces blancas sobre fondo verde. Secuencias como de videojuego que simbolizaban la muerte de seres humanos delante de nuestras narices, sin que hubiéramos podido hacer nada para evitarlo.

Ella lloró. Ahora me acuerdo mejor: ella no se había levantado, lo había hecho yo. Yo la desperté en la cama, anunciándole que había empezado la masacre. Y entonces ella lloró. Preguntó: "¿de verdad lo han hecho?". Por lo visto, después de todo, en su ingenuidad, aún creía que las protestas, las súplicas, los gritos de razón desolada, iban a servir de algo. Y sollozó como si le anunciaran que habían matado a un vecino, a un primo, un hermano. Porque, al fin y al cabo, ¿cuál era la diferencia?¿Cuál sería la distancia, años más tarde, con Palestina, con tantos conflictos, una y otra vez?¿Había alguna distinción con eso que dijo Camus, sobre la guerra civil española, acerca de que había demostrado que se podía tener razón y, aun así, perder miserablemente?

Y yo la amé por eso. La amé por esa inocencia tan estúpida. La amé porque son esas debilidades que otros desprecian los que nos hacen sentir, amar, vivir de verdad. Son las que nos convierten en humanos.

Quiero encontrarme con más personas que lloren así. Quiero gente idiota que crea que puede cambiar el mundo, y lloren su fracaso de madrugada.

lunes, 17 de agosto de 2026

La historia corta de agosto: "Ojos así"

-¿De dónde has sacado esos ojos?

-De mi madre.

-¿Y tu madre?

-De un hombre que se quedó ciego, a quien se los compró a cambio de un saber inestimable.

sábado, 1 de agosto de 2026

La historia real, el libro, las películas de agosto: la historia del primer asesino en serie de la Unión Soviética

Chikatilo no es un nombre tan conocido como Jack el Destripador o Ted Bundy. Y, sin embargo, fue responsable de aproximadamente unas 52 muertes (la mayoría niños) en la Unión Soviética. Su historia da para un par de reflexiones, y además ha habido alguna obra literaria y cinematográfica sobre su captura, así que quizá merezca la pena echarle un breve vistazo.

La infancia de Andrei Chikatilo fue sin duda desdichada. Nacido en lo que hoy es Ucrania, su niñez le pilló en medio de una época de hambruna en la región que muchos atribuyen (con discusión al respecto, aunque seguramente con parte de razón) a un castigo intencionado por parte de Stalin. De hecho, la madre de Andrei le contó que, antes de que él naciera, un hermano suyo fue secuestrado por sus vecinos para devorarlo. No sabemos si la historia era verdad -de hecho, no hay pruebas de que tal hermano existiese-, pero a Chikatilo aquel relato le traumatizó. Si a ello le unes que la familia a veces tenía que comer hierba porque no había más para alimentarse, y que se sospecha que la madre de Andrei fue violada durante la Segunda Guerra Mundial, quizá en presencia de su propio hijo, se puede entender que aquel chico no iba a tener perspectivas muy halagüeñas en cuanto a la salud mental se refiere.

Andrei crece y es un niño tímido, que estudia mucho para compensar su miopía y una debilidad que ha quedado como secuela de su dolorosa infancia, y de una madre que era demasiado dura con sus hijos. Sufre bullying y, por si fuera poco, a pesar de sus esfuerzos, no consigue entrar en la universidad. Para colmo, en la adolescencia descubre que sufre de impotencia, un mal que le aquejará toda su vida, y que le llenará de vergüenza cada vez que alguien lo descubra. De hecho, tras el servicio militar, cuando vuelve a casa, una chica con la que trata de mantener relaciones sexuales de manera infructuosa lo comenta con sus compañeros (por lo visto con la única intención de pedirles consejo), y el hecho de que el rumor se extienda le hace a Andrei primero tratar de sucidarse y luego marcharse para siempre del hogar de sus padres. Aunque, por supuesto, sus problemas le acompañarán.

Instalado en un pueblo cerca de la ciudad de Rostov, encuentra un trabajo como técnico de comunicaciones. Su hermana se va a vivir con él un tiempo, y decide ayudarle a encontrar una esposa. Lo consigue, aunque está claro que el matrimonio es más un pacto de conveniencia que la evolución de una pareja real. De hecho, la impotencia de Andrei provoca que tengan que hacer auténticos malabares (no entraré en detalles) para concebir hijos, cosa que finalmente consiguen por dos veces.

Chikatilo consigue completar estudios universitarios y se convierte en profesor de escuela, pero aunque todo el mundo admite que tiene suficientes conocimientos sobre las materias que imparte, es incapaz de mantener la disciplina entre los alumnos, que suelen aprovecharse de él. Si a ello le sumas que (como todos los adolescentes) sus estudiantes le recuerdan, con su propia iniciación al sexo, lo que él mismo no es capaz de hacer, el caldo de cultivo no puede ser más nefasto. Chikatilo se ve envuelto en varios incidentes de abusos sexuales a alumnas, lo cual acaba expulsándole del mundo de la enseñanza. En la siguiente etapa de su vida, consigue un trabajo como encargado de suministros para una empresa en Rostov, lo cual le obliga a viajar a menudo. Ésta será una de las claves para el desarrollo de sus crímenes.

Focalizándonos un poco en esta parte, no vamos a describir la extensa y atroz carnicería que Chikatilo llevó a cabo con más de cincuenta víctimas, la mayoría menores de edad (por cierto, de ambos sexos). Sí que hay algunas características comunes: salvo la primera chica (a la que asesinó cerca de una propiedad que le pertenecía), a casi todos les encontraba alrededor del sistema de trenes que Chikatilo conocía porque su trabajo le obligaba a tomarlos con frecuencia. Solía ir a por gente joven, débil, desorientada, seguramente con historias personales complicadas, y que se veía abrumada por tener que usar medios de transporte locales fuera de sus ciudades natales. Entonces, Andrei les ofrecía ayuda, comida o bebida, y, a cambio de este auxilio, los pobres inocentes accedían a tener relaciones sexuales con él. Por sistema, Chikatilo era incapaz de consumar el coito; era entonces cuando apuñalaba o estrangulaba a sus víctimas, y era en el momento de la agonía cuando Chikatilo, sentado encima del cuerpo moribundo, conseguía alcanzar el orgasmo. No era raro que (en ocasiones aún vivos) les mutilara los genitales y los ojos, o que les eviscerara. Luego ocultaba más o menos los cuerpos y se iba, pero siempre acababan descubriendo los cadáveres, todos asesinados con un patrón similar. Y, claro, al final (corre el año 1983, y Chikatilo lleva cinco años matando) las autoridades ataron cabos, empezaron a pensar que había un asesino común, y se pusieron a investigar.

En este punto de partida se inicia "Ciudadano X", un telefilm que, de manera sobria, y con una estupenda gestión de la tensión dramática, narra la investigación desde el punto de vista policial. Por supuesto, no os lo voy a contar todo, pero la clave es que se centra en la figura del forense que se coloca a cargo del caso (interpretado por un estupendo Stephen Rea), y su inmediato superior, a cargo de un poliédrico Donald Sutherland. La dificultad es mayúscula, porque no sólo tienen que investigar estos casos con menos experiencia y medios que sus colegas norteamericanos, sino que las autoridades soviéticas se niegan a reconocer que pueda haber un asesino en serie (un fenómeno típico de la decadencia capitalista, según las autoridades) en la URSS. De hecho, se buscan culpables entre una serie de sospechosos que incluyen pedófilos, homosexuales y discapacitados intelectuales. Teóricamente, esto lleva a la resolución de crímenes distintos de los originales, pero en la práctica, lo que ocurre es que ciertos colectivos vulnerables son hostigados, utilizados como cabeza de turco y (en una URSS nada amable con los interrogatorios) obligados a confesar crímenes que no han cometido. La película describe muy bien lo difícil que es moverse dentro de la burocracia dictatorial del régimen soviético, y lo mucho que esta dinámica pesa sobre el investigador protagonista.

Más o menos también desde el punto de vista del investigador parte el libro (también adaptado a película) "El niño 44", aunque juega con algunos elementos con bastante libertad: lo primero, cambia la época del caso, trasladándola de los años 70-80-90 a los 50; da un origen de tono mítico a las motivaciones del personaje, inspirándose en historias de la infancia de Chikatilo -aunque su retrato del asesino es bastante más pulcro que el personaje original-; pone como policía a cargo del caso a un hombre que descubrirá muchas cosas sobre sí mismo y su entorno conforme se enfrente a las contradicciones del sistema; y, sobre todo, el investigador se verá atrapado por la maraña de la tiranía soviética (más incluso que el detective original), generando una parte de la trama que, tanto en el libro como la película, a pesar del teórico interés, acaba resultando algo menos atractiva. El final es de las partes en las que más se diferencia de "Ciudadano X", la cual refleja de manera más exacta -siempre con sus licencias- como transcurrió la labor policial, aunque esta última película la conecta estrechamente con cómo fueron cambiando los métodos de investigación conforme Gorvachov iba transformando la Unión Soviética. Uno de los aspectos más destacados del caso fue que, por primera vez en la Unión Soviética, se contó, para establecer un perfil psicológico de un asesino, a un psiquiatra, papel que en "Ciudadano X" interpreta de manera notable un estupendo Max von Sydow.

No voy a contaros el final por si os apetece leer o ver las obras de ficción: os diré que, obviamente, a Chikatilo le cazaron, en concreto en el año 1990. De hecho, se descubrió que se le había fichado seis años antes durante el transcurso de la investigación criminal, pero un resultado muy extraño relacionado con su tipo sanguíneo (y al que todavía no se le ha hallado una explicación definitiva, aunque probablemente tenga que ver con las deficiencias de los laboratorios de la URSS en aquella época) evitó que fuera asociado con los crímenes. El juicio, como es obvio, se rodeó de mucha tensión y polémica, tanto por las familias de las víctimas (enrabietadas con el criminal y con algunos aspectos de la investigación) como por parte del acusado, que se desdecía, reprochaba cosas al tribunal, y al que tuvieron que meterle en una jaula con barrotes dentro del juicio para protegerle de la multitud colérica. Finalmente, fue sentenciado a muerte y ejecutado en 1994. De su extensa lista de víctimas, algunas no quedaron del todo aclaradas, y es probable que llevara a cabo más de las que de manera oficial se le atribuyeron.

Las lecciones del caso Chikatilo son múltiples: desde lo frecuente que es ver cómo los asesinos en serie son personas que sienten que han fracasado y encuentran en el crimen la única forma de aliviar sus frustraciones (demostrándose, además, que pueden aparecer en diferentes culturas y regímenes, y que el "esto no puede pasar aquí" es un absurdo), hasta lo difícil que es hacer nada bien en las dictaduras, especialmente tratar de dilucidar la verdad. Como suele ocurrir, los asesinos de la realidad no son tan glamourosos como los de la ficción, y las víctimas sufren por partida doble la violencia de los asesinos y los sesgos de las autoridades -algo que, por desgracia, también ocurre en las democracias liberales-. Chikatilo también nos muestra lo horrorosos que pueden ser los abismos de las profundidades humanas, y cómo ciertas personas, de manera más o menos consciente, son capaces de convivir con lo inaceptable. "Nada de lo humano me es ajeno", dijo el poeta latino Publio Terencio Afer y, querámoslo o no, estas personas son también nuestros congéneres, y su vida un hecho que, en determinadas circunstancias, podría sucedernos a nosotros.

lunes, 27 de julio de 2026

Las historias cortas de julio: Para comunicarse hacen falta pocas palabras

Pero cuando Juana gritó "¡Guapa!" de manera aparentemente espontánea al paso de la virgen en la procesión de Semana Santa, a quien verdaderamente miró fue a su compañera Julia. Y así fue como Julia descubrió que Juana siempre había estado secretamente enamorada de ella.

 *

El día que Paco, el operario mecánico, perdió la mano izquierda en un accidente de trabajo, él, que era sordo, también perdió su medio de comunicación habitual (el lenguaje de signos), así que se quedó mudo. Para ayudarle, sus compañeros de trabajo le han construido una prótesis que permite que, con leves movimientos del brazo, una mano izquierda de plástico articule los signos que quiere expresar. De esa manera, más que de ninguna otra, le han demostrado su aprecio.

Él, por otra parte, con ambas manos, la suya y la que le han regalado sus amigos, compone el lenguaje de signos con tanta poesía que parece que, en el aire, está pintando.