lunes, 15 de junio de 2026

La historia real de junio: una breve biografía de Sergei Eisenstein

 


Vivimos tiempos extraños, en el cine y en todo lo demás. Nos encontramos con que las nuevas generaciones no conocen las películas anteriores a su era. Se podrían argumentar explicaciones de corte tecnológico: ahora no existe un único televisor, sino múltiples pantallas a través de numerosos dispositivos, así que los hijos no se ven obligados a ver las películas que les gustan a sus padres. Pero hay también una cierta explicación ideológica, o quizás ligada a una era: se desprecia lo antiguo, quizá por esa concepción centrada en el "yo" del nuevo romanticismo de los tiempos modernos, puede que tal vez porque facilita la creación de remakes a partir de películas que los adolescentes no han visto. En realidad, no es nada que no ocurriera antes (de hecho, remakes en el cine ha habido siempre, y desde 1920, al menos se ha estrenado uno por año), sólo que se ha magnificado: actualmente hay de media aproximadamente 5 veces más remakes al año de los que se producían en los años 80.

Pero quizá por eso, puede que sea una buena idea echarle un vistazo al cine antiguo. Esa época en la que había relativamente bastantes mujeres directoras (como es el caso de Alice Guy -la creadora de la primera película de fantasía, y del primer corto documental sobre el proceso de rodaje- o Lois Weber), antes de que, con el advenimiento del sonido, el cine se convirtiera en un asunto de presupuestos tan altos que los productores decidieran que era demasiado arriesgado dejarlo en mano de las mujeres. Esa época en que estaba todo por inventar y los cineastas eran locos en busca de un sueño, como relata la película "Así empezó Hollywood", de Peter Bogdanovich. En ese período, destaca una figura que quizá muchos aficionados al séptimo arte conoceréis: el director soviético Sergei Eisenstein.

Podríamos detenernos en la semblanza biográfica de Eisenstein, en sus padres desapegados o en sus inicios en el teatro, pero nada de esto es relevante, porque las cuestiones clave de su vida están ligadas al cine. Muy desde el inicio, empieza a dedicarse a este medio y, sobre todo, empieza a desarrollar una teoría muy especial sobre el montaje. Sí, el montaje, esa disciplina cinematográfica que tiene su propio Óscar y por la cual la forma de intercalar los planos es clave para el desarrollo de una escena. De hecho, ese concepto tiene un nombre, el efecto Kuleshov, por el cual la forma en que se desgrana la información en el montaje es clave para la percepción emocional del espectador. En ese sentido, Eisenstein no fue sólo un director, sino un profundo estudioso del cine, y desarrolló su propia teoría del montaje y sus tipos, diferente de la estadounidense, que transitaba por caminos distintos. Por cierto, que los pioneros del cine norteamericano tampoco lo tuvieron fácil en este apartado: cuando David W. Griffith le dijo a su productor que quería alternar a perseguidores y perseguidos durante un western, durante una escena de persecución, éste le dijo que los espectadores iban a sentirse confusos y no iban a entender nada. Por fortuna, los espectadores sí lo entendieron, aunque esto refleja en parte lo mucho que hemos cambiado como consumidores de cine (y lo poco que han cambiado los productores en el arte de equivocarse en sus predicciones).

Pero Eisenstein prosiguió adelante, y en ese sentido su gran obra maestra fue El acorazado Potemkim, quizá la película sobre la que más se ha escrito. Tiene mucha gracia que un barco tan importante para la historia del cine tenga el nombre de Piotr Potemkim, el ministro de Catalina la Grande el cual (según una anécdota seguramente falsa) creó los llamados pueblos Potemkim, es decir, pueblos ficticios (similares a los escenarios de cartón piedra de los decorados de cine) que servían para convencer a la zarina de que todo marchaba sobre ruedas en el Imperio ruso, aunque la realidad fuera muy distinta. Hay que situarnos en el contexto: nos encontramos en el nacimiento de la era soviética, y todas las películas han de estar sometidas a la propaganda. También la de Eisenstein, que encuentra sin embargo sus estrategias para trascender de manera artística a pesar de las limitaciones temáticas o de otro tipo. El acorazado Potemkim narra los sucesos alrededor de la revolución soviética en la que se vio implicado este buque. Una de las escenas claves tiene lugar con la masacre que las tropas zaristas (en concreto, cosacos) realizan en la ciudad de Odessa. En concreto, estamos hablando de la escena de la escalinata, el culmen de las técnicas de montaje de Eisenstein, y que ha sido posteriormente homenajeada en El padrino, Bananas, Brasil, La venganza de los Sith, la tercera entrega de Agárralo como puedas, en dos capítulos de Los Simpson y, sobre todo, en la maravillosa secuencia rodada por Brian de Palma en Los intocables de Elliot Ness. Por cierto, la escalinata todavía puede verse hoy en día en Odessa (Ucrania), y desde 1955 se denomina Escalera Potemkim.

En la cima de su popularidad, Eisenstein viaja a Europa para investigar sobre la reciente tecnología del sonido. Allí, se encuentra con un directivo de la productora Paramount, que le convence de visitar Estados Unidos. Le hace caso, y allí le reciben como un genio artístico. Se cuenta que tuvo lugar una curiosa escena en el despacho de un productor: Eisenstein iba acompañado de un amigo ruso, y cuentan que el productor les preguntó qué les parecían las películas norteamericanas. Por lo visto Eisenstein y su amigo se miraron entre sí, y aunque no dijeron nada, dejaron pasar un lapso lo suficientemente largo como para que nada de lo que explicaran después tuviera la más mínima importancia. Sin embargo, los proyectos de Eisenstein en Estados no florecieron: entre otras cosas, porque ya por aquel entonces comenzaba la paranoia anticomunista en Estados Unidos, y hubo personas que se dedicaron sistemáticamente a denigrar al cineasta nacido en la actual Letonia, a quien le denominaron "perro rojo". Así pues, Eisenstein marchó hacia latitudes donde su arte fuera mejor valorado.

De hecho, no viajó muy lejos: marchó a México, donde trató de rodar la película "¡Que viva México!", ambientada en la revolución de este país. La producción estuvo plagada de problemas: entre otras cosas un terremoto, a partir del cual Eisenstein aprovechó para rodar un corto documental en el que relataba las consecuencias de la tragedia. Además, a Eisenstein llegaron a meterle en la cárcel nada más llegar al país por una confusión que se arregló gracias a un amigo español. Sin embargo, el inconveniente que acabó hiriendo de muerte la película fue que Upton Sinclair (escritor, premio Nobel, hoy olvidado: en parte con justicia, porque aunque sus obras tenían un punto social importante y llegaron a ser proféticas -como con este libro que predecía la aparición de un político muy similar a Donald Trump-, su prosa estaba demasiado supeditada a su mensaje político), quien era a la postre patrocinador de la película, decidió dejar de financiarla. Eisenstein volvió a la Unión Soviética, y aunque Sinclair le dijo que le mandaría el film cuando estuviera terminado, lo cierto es que de las varias versiones que se produjeron, ninguna tuvo la supervisión de Eisenstein, quedando como una película maldita de cuyos males culparía Sinclair a la Unión Soviética.

Conflictos cinematográficos aparte, Eisenstein no resultó inmune de aquel viaje. Desde entonces, Stalin, el todopoderoso dictador soviético, le miró con suspicacia, tras su contacto con las subversivas ideas extranjeras. Era frecuente que hubiera choques entre Eisenstein y las autoridades soviéticas, porque en un régimen que llegó a prohibir la teoría darwinista por considerarla demasiado capitalista, un cineasta como Eisenstein, que a veces se centraba en las figuras individuales en lugar del colectivismo que debía impregnar cada aspecto del arte soviética, se consideraba un verso suelto. Sin embargo, Stalin supo dar buen uso de la capacidad de Eisenstein para sus propias intenciones propagandísticas. De hecho, en mitad de la Segunda Guerra Mundial, durante aquel conflicto ciclópeo que enfrentó a la Unión Soviética con Alemania, Eisenstein realizó la patriótica Iván El Terrible, la cual ensalzaba la capacidad de resistencia rusa contra sus enemigos (y, de paso, ponía en duda el origen de la legitimidad del poder del zar: algo que sin duda no le gustó a Stalin). Sin embargo, como suele ocurrir, después de aquello, si te he visto no me acuerdo: los siguientes capítulos de lo que iba a ser una trilogía alrededor del zar ruso (que Eisenstein pretendía que fueran en color y, en todo caso, compartían la belleza fotográfica de la película original) fueron manipulados por la censura soviética, y Eisenstein nunca consiguió que fuera su montaje el que finalmente viera la luz.

Eisenstein falleció a una edad temprana como consecuencia de un infarto. Aunque después hubo varios cineastas soviéticos notables, ninguno salvo Tarkovsky llegó a igualar su fama como artista. Eisenstein, entre otras cosas, representa el esfuerzo por el que artistas e intelectuales, incluso en la más férrea de las dictaduras, intentan encontrar la forma de expresar sus ideas de la forma más libre posible. Una lección que podrían aprender los palmeros de los pequeños dictatorzuelos que abundan con tanta frecuencia hoy en día.

Nos vemos, nos leemos. Un saludo, y disfrutar de las buenas películas, incluyendo las de Eisenstein.

lunes, 8 de junio de 2026

La historia corta de junio: "Ser protagonista de la historia sin saberlo"

         Hay veces en que no conocemos la auténtica causa por la que ocurren los acontecimientos y, por tanto, sólo tenemos una versión parcial de los mismos, de tal manera que nuestra interpretación resulta siempre sesgada y, las más de las veces, errónea.

         Como le ocurrió a aquel Boing 747 que despegó del aeropuerto de Tenerife Norte un buen día y, sin quererlo, se introdujo por un agujero de gusano que le hizo aparecer por la Palestina del año 1 después de Cristo en dirección este.

         El viaje temporal fue, en verdad, muy corto, pues, al poco tiempo, y antes siquiera de que los pilotos pudieran apercibirse del suceso (apenas detectaron un par de señales anómalas en la nave), volvieron a meterse por un agujero de gusano que les dejó en su localización original.

         Sin embargo, para entonces, el brillo y la estela de su avión al atardecer ya los habían visto unos cuantos millares de personas de unas cuantas civilizaciones en el mundo, y, bueno, como suele decirse… el resto es leyenda.

            Los pasajeros, ajenos a esto, siguieron haciendo su vida normal.

lunes, 1 de junio de 2026

Los libros de junio: "El abogado secreto" y "Bajo las togas: errores judiciales y otras infamias".

"El abogado secreto" (The secret barrister en inglés) es uno de esos excelentes ensayos que nos trae la editorial Capitán Swing para ilustrar el mundo en que vivimos. El autor (conocido en redes precisamente como The secret barrister) es un afamado divulgador acerca de cómo funciona el sistema judicial británico, el cual tiene algunas características propias muy diferenciadoras del resto de sistemas, y algunas miserias comunes al resto de países. Por ejemplo, los lectores se sorprenderán al ver las distintas tipologías de juristas que coexisten en el Reino Unido (algo que ya vimos con la serie Silk), o la importancia que se le da -al menos en teoría- a los derechos individuales en las islas británicas. Aunque el libro ya tiene unos años, algunas reflexiones siguen siendo muy actuales, como, por ejemplo, el peligro de mantener en prisión preventiva a un inocente durante meses o años (como por ejemplo planteaba la serie The nigh of), un tema muy polémico también en España a raíz de ciertas resoluciones judiciales. 


Otro ensayo sobre derecho, escrito por además un jurista español de prestigio, al que muchos conocimos gracias al caso descrito en el sorprendente documental "Seré asesinado". En este caso, Carlos Castresana (que ha participado en juicios tan señeros como el caso Pinochet) se pone a reflexionar sobre los pleitos más controvertidos de la jurisprudencia internacional para describir aquellas circunstancias en las cuales precisamente quienes debían impartir justicia -en especial los jueces- se comportaron de manera abyecta e infame. De hecho, muchos de estos juicios (como el del crimen de Cuenca) modificaron la normativa legal de su entorno, y otros (como el del asesinato en León en el entorno del Partido Popular) todavía colean en el imaginario colectivo. Aunque escrito a veces con un lenguaje demasiado "jurídico", el texto es muy útil para conocer algunos de los grandes procesos -Martin Guerre, Mariana Pineda, Nuremberg, los juicios británicos a sucesos en Irlanda del Norte- que han dado forma al derecho de los países occidentales.

lunes, 25 de mayo de 2026

La historia real de mayo. Sobre Caravaggio: un crimen, una huida, un perdón y otro problema, en varios cuadros.

Muchos conocéis la figura de Caravaggio: pintor maldito, de vida disoluta, su leyenda negra tiene todo lo que puede alimentar la figura de un artista famoso. Desde una tendencia innata a meterse en líos, con arrebatos ocasionales de locura (a la que, por supuesto, como a todos los pintores, se le ha culpado al plomo de los pigmentos, aunque Caravaggio seguramente ya tenía problemas de base), a sus muy personales criterios artísticos, que le llevaban a usar como modelos a chicos de la calle y a prostitutas para retratar a vírgenes y santos.

Y, por supuesto, una capacidad artística maravillosa. La palabra "claroscuro" no ha significado lo mismo después de él.

Detalle de "La muerte de la virgen", de Caravaggio, la cual lo tiene todo para representar al artista: una modelo de reputación dudosa, una escena muy humana para un tema divino, y un uso espectacular de las luces y las sombras.

Por supuesto, conoceréis que Caravaggio tenía una vida agitada, durante la cual lo mismo le lanzaba una bandeja de alcachofas en la cara a un camarero (que, como única ofensa, le había hablado mal), que aparecía con heridas en la garganta y en la oreja y decía que su origen era que se había caído sobre su propia espada -qué rocambolesca historia real debía de estar ocultando-. Sorprendentemente, sin embargo, a pesar de su carácter impetuoso, y a su tendencia a escandalizar a sus clientes, casi siempre caía de pie. Hasta que tuvo problemas serios el día que mató a un tal Ranuccio Tomassoni -seguramente de manera accidental- a partir de una riña por un partido de tenis (aunque, por supuesto, ese episodio está lleno de dudas: el hecho de que al parecer Caravaggio le cortara el pene a Ranuccio, obviamente, no ayuda). La cosa es que, esta vez, Caravaggio se ha pasado de la raya y se ve obligado a huir. Sin embargo, para nosotros, lo más importante no es el crimen en sí, sino lo que hizo para intentar limpiar su ficha policial.

Lo primero que hizo Caravaggio fue poner tierra de por medio, y marchó a Nápoles, protegido por la familia Colonna. Allí, por supuesto, dio muestras excelsas de su capacidad artística. Sin embargo, a Caravaggio le iba la marcha y estaba deseando volver a Roma, la capital artística y cultural del planeta, entre otros motivos por el mecenazgo del Papa. Y, por ello, urdió un plan para regresar. Aunque, para ello, tenía que viajar otra vez. Y todavía más lejos.

"Siete obras de misericordia" es uno de los cuadros que Caravaggio pintó en Nápoles. Por supuesto, bastó para colocarle en los primeros puestos de los artistas de la ciudad.

Hay que tener en cuenta que, tras la muerte de Ranuccio, aparte de querer matarle los amigos del fallecido, a Caravaggio le quería ejecutar la propia autoridad papal. Y la posible pena que pesaba sobre él era la decapitación. Quizá por eso, Caravaggio se regodeó de manera insistente en cuadros que tenían que ver con este tema. Por ejemplo, parece que le mandó este "Salomé sostiene la cabeza de Juan el Bautista" (en la que la cabeza decapitada tiene la cara de Caravaggio) a Alof de Wignacourt, Gran Maestre de la orden de Malta. Un hombre que iba a ser clave en la estrategia para volver a Roma.


Malta era un estado próspero en la época en que Caravaggio llega a él. Recordemos que los Caballeros de la Orden de Malta son una de las muchas órdenes de monjes-soldado que se crearon en Jerusalén a partir de las cruzadas. Como a los templarios (al menos, por un tiempo), a los caballeros de Malta les fue muy bien y, aunque fueron expulsados de Tierra Santa, se refugiaron luego en Rodas (donde hicieron mucho dinero gracias al apoyo de los estados europeos y, por supuesto, de la piratería), y más tarde en Malta, donde erigieron una lujosa capital que hoy conocemos como La Valeta. La ventaja de los caballeros de Malta es que, a pesar de que en el fondo tenían una ética a medio camino entre los señores feudales y una banda de ladrones, eran muy respetados por la cristiandad, y Caravaggio sabía que ingresar en la Orden le garantizaría el perdón papal. El problema es que Caravaggio no tenía fácil acceder a este rango por sus orígenes humildes, pero ¿es eso un inconveniente cuando tienes el mejor pincel de Italia y quizás del mundo? Eso sí, el Estado de Malta le exigió un pago importante a Caravaggio, el cual, pobre como una rata, era sin embargo rico en talento artístico. Y de ahí que algunas de las más excelsas obras del artista nacido en Milán se encuentren en este archipiélago.
"San Jerónimo escribiendo", uno de los cuadros de Caravaggio en Malta.

Quizá la obra más conocida de este período -aparte de muchos retratos de miembros de la Orden- es "La decapitación de Juan el Bautista" (volvemos al tema de las decapitaciones), el cual, además, tiene una particularidad: es el único cuadro firmado por Caravaggio. Lo curioso es que lo rubrica, macabramente, a partir de la sangre que cae de la cabeza cercenada, pero tiene motivos para poner su nombre allí: firma como F Michelangelo; Michelangelo es su nombre de pila y F (abreviatura de fra) viene de fratelli o hermano, pues le habían nombrado miembro de la Orden de Malta. En realidad, caballero de la Obediencia Magistral, lo máximo a lo que podía aspirar sin ser de noble cuna: pero era bastante, porque resultaba suficiente para garantizarle el perdón papal y el regreso a Roma.

"La decapitación de San Juan Bautista" se exhibe hoy en un lugar destacado en la catedral de Malta; la firma es visible, si ampliáis mucho la imagen, en la parte de abajo del cuadro.

Sin embargo, como os podéis figurar, y tratándose de Caravaggio, tanta buena fortuna no podía durar. En una nueva reyerta a cuento de nada, nuestro protagonista la lía parda. Hay dudas sobre qué pasó, aunque algunos dicen que hirió a uno de los miembros de la Orden, Asti Giovanni Rodomonte Roero, el cual además poseía un rango superior al suyo. Entonces, la Orden intentó algo que, en teoría, no se podía hacer: tratar de retirarle el cargo a Caravaggio (después de un juicio que, probablemente tuvo lugar delante de "La decapitación a San Juan Bautista"), como "miembro fétido y pútrido", por haber cometido un crimen tan execrable que les costaba nombrarlo en los documentos oficiales. Lo encerraron, pero Caravaggio (que debía de tener amigos en todas partes, sobre todo entre los que tenían las llaves de las celdas) se escapó, seguramente de nuevo bajo la protección de la familia Colonna, y volvió a su agitado peregrinar por el mundo.


"Madonna di Loretto", otro de los cuadros de Caravaggio donde la Virgen es representada por una modelo que en la vida real era una prostituta, y que tiene una cara de "qué cansada estoy de todo", como si se hubiera enterado de la última liada de Caravaggio.

Por supuesto, las andanzas de Caravaggio no se acabaron allí. Intentó de nuevo que el Papa le perdonara, y así a lo mejor se explica que le mandara al cardenal Borghese, sobrino del Pontífice, un nuevo cuadro de una decapitación, esta vez de David con la cabeza de Goliath: hay quien dice que es una forma original de reírse del asunto, y otros que es un regalo de agradecimiento al cardenal por mediar en la absolución papal, con un poco de retranca "caravaggiana". En todo caso, al artista le permiten que vuelva a Roma, pero, como muchos sabéis, fallecerá en extrañas circunstancias en el trayecto. Las historias de Caravaggio, en efecto, no suelen acabar bien.
Así que, si viajáis a Malta (un lugar estupendo, con un gran patrimonio natural y cultural, sobre todo desde el punto de vista prehistórico), yo os aconsejo que le echéis un ojo al "San Jerónimo escribiendo" y "La decapitación de San Juan Bautista" en la catedral, y que también paseéis por las calles de La Valeta, pensando en que Caravaggio seguramente se sentía a gusto ahí, aunque siendo muy consciente de que aquel no era su lugar, sino que, en algún momento, debía volver a casa. Que es lo que piensan casi todos los turistas al final de cualquier viaje. Nos vemos, nos leemos. Un saludo.

lunes, 18 de mayo de 2026

La historia corta de mayo: "Sucedió en Madrid, un día de lluvia"

            Sucedió en Madrid. 

            Una tromba de agua cayó en la ciudad de Madrid, provocando, entre otras cosas (y gracias a los socavones de las obras que hacen que la ciudad pueda compararse con un queso Gruyere), un completo caos de metro o circulatorio. Pero lo más importante, estaba aconteciendo en la superficie.

            En un estrecho paso limitado por las obras, un gran charco, como una piscina de 4 metros de largo, se extendía ante los transeúntes, dejando sólo un estrecho sendero para pasar, al final del cual había que enfrentarse a un inabordable metro de agua que no se podía bordear.

            Así que la gente, comenzó a organizarse en fila india (filas de cuatro o cinco personas, las más ancianas cogidas de la cintura), por el estrecho sendero, y finalmente, cuando llegaban al último charco, al reto final, se atrevían a saltar.

            Una chica, animosa, comenzó a aplaudir estentóreamente cuando el primero de los peatones consiguió salvar la prueba.

            A continuación, el resto de los habitantes de Plaza Castilla (que era donde tuvo lugar este suceso), cada vez que uno de los aventureros saltaba, le recompensaba con un aplauso.

            No está mal que de vez en cuando nos premien nuestras pequeñas heroicidades diarias: probablemente no necesitemos quince minutos de fama, sino un par de aplausos por día.

lunes, 11 de mayo de 2026

El libro de mayo: "Orígenes", de Lewis Dartnell

Hay un símil, que aquí parafrasearé, en el que Dartnell explica cuál es el sentido de este libro. En el fondo, dice, es como cuando hablas con un niño de seis años y te pregunta "¿por qué?" respecto a alguna cuestión. Tú se la explicas y, al llegar al fondo del asunto, el niño vuelve a inquirir "¿por qué?", y debes bucear en una nueva capa de conocimiento, y así sucesivamente, hasta tener que remontarte al Big Bang. Pues ésa es un poco la cuestión. Dartnell lo quiere explicar todo: por qué surgió la raza humana en el Rift de África Oriental, y cómo las condiciones que vivió le dieron una ventaja para adaptarse al resto del mundo; cómo pasó de ser cazador-recolector a la agricultura y la ganadería, y qué condiciones motivaron que fuera de una manera y no de otra; de dónde saca el ser humano el carbón o el petróleo que hicieron posible la Revolución Industrial, por qué el polo de prosperidad pasó del Mediterráneo a Europa septentrional, o por qué China perdió impulso frente a Europa. Y, como Marvin Harris o Jared Diamond o Marx, no busca (al menos, casi nunca) explicaciones culturales, sino sobre todo condiciones materiales y objetivas que tienen su origen en la física del clima, la tectónica de placas o la profunda influencia que la vida ha tenido sobre nuestro planeta. A partir de estos factores, Dartnell aclara cuestiones tan alucinantes sobre cómo la Tierra llegó a estar cubierta por completo de un océano de hielo, cómo el plancton nos ha salvado de varias extinciones, por qué la vida ha causado las glaciaciones (que dificultaron la vida del ser humano, pero también permitieron en buena parte su expansión), y, en general, la base de buena parte de lo que comemos, consumimos, producimos o es la base de nuestro día a día. Todo ello trufado, además, de interesantes disgresiones y apasionantes anécdotas. En muchos sentidos, el libro es un gran clarificador: gracias a él, es más fácil tener una visión comprensible, basada en la causa y el efecto, de la historia evolutiva del ser humano, que quizás hemos leído a Arsuaga u otros científicos, pero de una manera más sistemática. El libro, por supuesto, combina múltiples ciencias (geología, biología, meteorología) y se ve obligado a simplificar, generalizar y también especular, pero, por un lado, revela una vasta erudición y trabajo de documentación de Dartnell y, por otro, proporciona una visión global al lector sobre de dónde venimos y, más importante, hacia donde vamos. Algo que necesitamos más que nunca aprender.

viernes, 1 de mayo de 2026

El relato de mayo: "En son de... bueno, olvídalo".

                La nave espacial se dejó llevar con una tranquilidad pasmosa. Como si, a pesar de su naturaleza inerte, estuviera habituada a esta clase de desplazamientos en los cuales la gravedad de un planeta se aprovechaba para aproximar el vehículo interestelar a la superficie de un nuevo mundo. Seguramente el motivo era que su piloto estaba más que acostumbrado. De hecho, se diría que hasta aburrido de aquella clase de misiones.

                -Gborg… ¿qué hemos leído sobre este planeta llamado -procuró que la duda no trasluciera en la vibración de sus ondas mentales-… Tierra?

                -Bueno, señor -respondió su ayudante, fingiendo que no necesitaba mirar las notas que almacenaba en el córtex de su zíngulo medio, es un mundo de clase C con unas cuantas especies de clase beta…

                -Vamos, Gborg, que tú tampoco te has leído en profundidad el informe nos pasó la Junta de Colonización.

                -No, señor.

                -Bien, no hay problema, yo tampoco. Estas misiones son todas iguales. Entrar, soltar el discursito e irse. A partir de cierto grado de civilización, las cosas se ponen bastante sencillas. Tú llegas, les enseñas tu tecnología superior, les dices que no les vas a hacer daño, sino que al contrario, les ofreces entrar en la tremenda serie de beneficios que implica formar parte de la Federación Espacial, y a partir de allí todo va como el tejido mágico de Shyanolok. No es como si cogiéramos al primer paleto ignorante que pilláramos por allí: se supone que vamos a contactar con sus líderes supremos. Suelen ser gente muy razonable.

                Gborg movió su flurduz axial con satisfacción. Sí, desde luego, aquellas primeras misiones de contacto eran sencillas: justamente lo que le vendieron en la oficina de reclutamiento. Además, se notaba que su instructor sabía de lo que estaba hablando.

                El aterrizaje en los jardines de la Casa Blanca fue sencillo. De nada sirvieron las inocuas armas terrícolas contra las defensas de la nave. Los tripulantes salieron al exterior, y el líder de la misión conectó el traductor automático, así como el resto de sistema de soporte vital de sus trajes.

                -Estimados representantes de la Tierra… Por favor, llévennos ante su líder.

                Les condujeron ante un despacho. Dentro había mucha gente. Aquello era normal. Lo que no era tan normal era la naturaleza de esa gente. El software de los trajes de los alienígenas indicaba que la mayor parte de lo que debían de ser los asesores del político al mando poseían una conformación cerebral bastante extraña. El líder de la Tierra también tenía una disposición neuronal anómala… además de un extraño color naranja en la capa más superficial de sus tegumentos que no casaba con ninguna de las razas conocidas de las criaturas que dominaban ese planeta.

                -Noto altos niveles de fundamentalismo religioso -susurró Gborg a su instructor, como si la telepatía no fuera suficiente.

                -Esto no debería ser normal en esta escala de progreso tecnológico -le respondió su superior-. Pero bueno, cada especie tiene sus excentricidades. Voy a proceder con el protocolo. Queridos amigos… -comenzó la alocución mil veces recitada el extraterrestre.

                Los terrícolas escucharon. Y escucharon. Y escucharon. Así hasta que el ser del espacio terminó. Y añadió un toque de humor, que solían aconsejarles en la Academia:

                -Espero que acojan con amabilidad a estos humildes aliens en su planeta.

                En ese momento, el líder de la Tierra empezó a proferir una respuesta airada. El tono de fruta terrícola a medio madurar de su piel se volvió progresivamente como el color de la fruta madura, y aunque los dos alienígenas no eran expertos en discernir las emociones terrícolas, captaron un discurso inconexo, una explosión de ira, y una serie de frases sin sentido alguno, a pesar de tratar de traducirlas a todos los idiomas. Aquella reacción inesperada se transmitió al resto de los presentes, que empezaron a agitarse como un grupo de chomps ante una subida de la temperatura del agua. De repente, el jefe de todo aquello les señaló y empezó a gritar:

                -¡Destruidles!

                Gborg sentía que debía de haber algún error. Golpeó un par de veces el comunicador. Después, al ver que aquello no funcionaba, balbuceó:

                -Creo que no nos han entendido. Venimos a ofrecerles ayuda mutua, colaboración, una serie de ventajas inimaginables. Venimos en son de…

                Pero ya para la mitad de la frase ya se habían abalanzado sobre él una masa de individuos con el rostro desfigurado de furia. Individuos de ambos sexos (por lo que indicaba el dimorfismo característico de aquella especie) le tiraban de las extremidades y de los folsoms como si pretendieran arrancárselos, y trataban de abrir su traje mediante palancas y otros utensilios que encontraron por ahí. Aquellos homínidos exhalaban aullidos y una brutalidad animal que Gborg ni siquiera había encontrado en las especies inferiores más salvajes. De hecho, el pom central de Gborg sufrió un colapso repentino cuando un ejemplar humano con abundante bigote facial, sobre todo bajo un bulboso apéndice, reventó el casco espacial de su instructor como si fuera la concha de un fádilo, y empezó literalmente a devorarlo a grandes mordiscos. Por todas las deidades del universo, ¿en dónde gurbs habían aterrizado?

                -¡Ey, chicos!-dijo uno de los energúmenos en aquella sala-. ¿Por qué no nos hacemos un selfie?

                A partir de entonces, la cosa se volvió muy rara: dejaron de atacarle, le pusieron una especie de extraño atavió de color rojo en su pedúnculo superior (que el resto se pusieron encima de lo que ellos llamaban “cabezas”), y empezaron a registrar imágenes con su primitiva tecnología. Luego le ofrecieron algo que llamaban “puro” y empezaron a tratarle como si llevara allí toda la vida.

                Gborg aún no lo sabía, pero, no muchos meses más tarde, abriría su primer casino.