lunes, 29 de diciembre de 2014

El origen de la fecha de inicio del año

El 1 de enero no ha sido el inicio del año por el que nos regimos los humanos desde siempre, eso os lo podéis rápidamente figurar. De hecho, cada cultura tenía (y aún tiene) diversos calendarios que empiezan en distintos días, aunque el predominio -merecido o no- económico y militar de la civilización occidental haya hecho que al final los más de siete mil millones de seres humanos de este planeta nos hayamos puesto de acuerdo en que ésta es la fecha de referencia para casi todos. Pero lo cierto es que los primeros que impusieron el 1 de enero como fecha de inicio del año fueron los romanos, pero no lo fue siempre, ya que al principio, la fecha originaria el 1 de marzo. La causa de por qué los romanos cambiaron el inicio del año de marzo a enero es sorprendente a la par que muy sencilla: un pueblo de España.

El pueblo en cuestión se llamaba Segeda, y estaba ubicado cerca de lo que hoy conocemos como la actual Calatayud. Por lo visto era un lugar que había combatido muy duramente a los romanos en lo que entonces se denominaba Hispania, y los celtíberos de Segeda habían conseguido arrancarle al Senado romano un acuerdo de 25 años de paz. La paz no era algo común para los ciudadanos romanos. De hecho, el motivo por el cual la fecha oficial del inicio del calendario romano empezaba el 1 de marzo era en honor al dios Marte (dios de la guerra, que le había dado nombre a dicho mes) y, también, porque ese día se elegían a los dos cónsules que se convertían en jefes militares y políticos de Roma en cada año y, por tanto, debían dirigir a los romanos en la guerra, cuyos preparativos daban comienzo ese mismo día. Que la fecha de inicio de año se tratara de una cuestión tan política llevaba a más de un engorro, como que a ratos se alargara o se acortara el año a conveniencia según si se pretendía que tal o cual político abandonara o se mantuviera en el poder. De hecho, el calendario romano en sí mismo era un desbarajuste al que recientemente se le habían añadido dos meses (enero y febrero) y al que aún así le faltaban días, asunto que no quedó resuelto hasta que más tarde Julio César implantó un calendario bastante parecido al que nosotros conocemos, y que sólo tuvo que ser ajustado ligeramente siglos más tarde por el papa Gregorio XIII. Pero esa es otra cuestión.

La cosa es que la vida parecía relativamente tranquila en Segeda, hasta que a los habitantes de la misma se les ocurrió reforzar las murallas del perímetro exterior. Y seguramente porque los romanos no pensaban que la paz les merecía mucho la pena, y porque las murallas iban a ponérselo demasiado difícil, decidieron entrar en acción. La razón exacta por la que se cambió la fecha de inicio del año (y por tanto, de elección de cónsules y de inicio de las contiendas) al 1 de enero con el objetivo de derrotar a este pueblo celtíbero no está aclarada en su totalidad, aunque bien pudiera ser por comenzar cuanto antes la conflagración contra Segeda, o porque la llegada de la primavera en marzo (hay que aclarar que en invierno, por razones climatológicas perfectamente entendibles, suele haber una tregua o al menos un apaciguamiento de las contiendas) les pillara con los cónsules ya elegidos y el ejército pertrechado y listo para la batalla. Hay quien dice también que se debe a la cuestión tan particular de los cultivos que alimentaban a la población de Segeda, de tal manera que los romanos buscaban impedir la recolección de los mismos (atacándoles antes de poder obtener la cosecha) y, por tanto, atacar también por el flanco del estómago a sus enemigos. En todo caso, Roma embistió, y se desencadenó una sangrienta batalla de la que los romanos salieron muy mal parados, con lo cual parece que la estrategia del cambio de fecha no les dio el resultado esperado. Los celtíberos de Segeda, ayudados por sus compañeros numantinos, diezmaron a las legiones de Roma, que se vieron obligados a retirarse. No obstante, parece que el líder de las tropas de Segeda había muerto, momento en que sus seguidores decidieron parar los combates en respeto a su memoria. Los romanos formaron entonces un nuevo campamento con vocación de continuidad que, sin embargo, era atacado esporádicamente por sus rivales celtíberos.

Años más tarde, sin embargo, las tornas se invertirían: Segeda sería arrasada, y la ciudad de sus colaboradores, Numancia (como evidentemente sabéis), fue completamente destruida. Esta última sería conquistada a manos del hombre que también pulverizó y dejó casi en sus cimientos Cartago, el dos veces elegido cónsul Escipión Emiliano. Pero esa es otra historia y ya la hemos contado en alguna otra ocasión...

Feliz entrada y salida de año.

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