Mostrando entradas con la etiqueta libro del mes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libro del mes. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de septiembre de 2026

Los libros de septiembre: obras de misterio con un toque original.

Os recomiendo, en esta sección mensual, en esta ocasión, unas pocas obras de misterio con un componente de originalidad:

-Perspectivas, de Laurent Binet. Tenemos una novela de misterio ambientada en la Florencia del Renacimiento tardío: un pintor ha aparecido asesinado en su casa, el crimen parece ligado a unas impactantes pinturas encontradas en su taller, y el duque Cosme de Florencia le encarga a Giorgio Vasari (el famoso artista e historiador de la época) la resolución del asesinato. ¿La originalidad? Está escrito en su totalidad a base de cartas, tanto entre gente común como entre algunos de los personajes más relevantes de la época: Catalina de Médici, un anciano Miguel Ángel Buonarroti, el escultor Cellini (autor de un Perseo situado hoy en la Plaza de la Signoria de Florencia que tenéis que ver: sobre todo, para encontrar el retrato del escultor en la nuca de la estatua), los pintores y sus ayudantes, el propio Vasari y sus colaboradores en la investigación... Aunque algunas misivas pueden resultar inverosímiles, no puede negarse que mantiene la tensión entre dos mundos obligados a convivir: las intrigas de corte entre Francia e Italia, y el universo particular de los brillantes artistas de Florencia.

-La trilogía del Comisario De Luca. Carlo Lucarelli se apunta a la fórmula que consiste en asociar a un detective (en este caso, el comisario De Luca, un hombre obsesionado por resolver misterios, a pesar de las asfixiantes circunstancias que le rodean) y una ciudad, Bolonia -en mi opinión, una ciudad estupenda para visitarla-. La clave aquí es el período histórico: su trilogía comienza en el período en que los Aliados acaban de conquistar Italia durante la Segunda Guerra Mundial -y donde van cayendo a trozos las estructuras generadas por el fascismo- y termina en la temprana posguerra, cuando los depurados por haber contribuido al funcionamiento del fascismo -como es el caso de De Luca- vuelven a incorporarse a la sociedad civil. En ese sentido (y como ocurría en la fantástica "La noche de los generales"), el contexto es casi más importante que el misterio, y es donde el personaje de De Luca gana profundidad. Muy buena lectura de fondo si tenéis la oportunidad de visitar Italia, o también si queréis viajar desde vuestra casa.

sábado, 1 de agosto de 2026

La historia real, el libro, las películas de agosto: la historia del primer asesino en serie de la Unión Soviética

Chikatilo no es un nombre tan conocido como Jack el Destripador o Ted Bundy. Y, sin embargo, fue responsable de aproximadamente unas 52 muertes (la mayoría niños) en la Unión Soviética. Su historia da para un par de reflexiones, y además ha habido alguna obra literaria y cinematográfica sobre su captura, así que quizá merezca la pena echarle un breve vistazo.

La infancia de Andrei Chikatilo fue sin duda desdichada. Nacido en lo que hoy es Ucrania, su niñez le pilló en medio de una época de hambruna en la región que muchos atribuyen (con discusión al respecto, aunque seguramente con parte de razón) a un castigo intencionado por parte de Stalin. De hecho, la madre de Andrei le contó que, antes de que él naciera, un hermano suyo fue secuestrado por sus vecinos para devorarlo. No sabemos si la historia era verdad -de hecho, no hay pruebas de que tal hermano existiese-, pero a Chikatilo aquel relato le traumatizó. Si a ello le unes que la familia a veces tenía que comer hierba porque no había más para alimentarse, y que se sospecha que la madre de Andrei fue violada durante la Segunda Guerra Mundial, quizá en presencia de su propio hijo, se puede entender que aquel chico no iba a tener perspectivas muy halagüeñas en cuanto a la salud mental se refiere.

Andrei crece y es un niño tímido, que estudia mucho para compensar su miopía y una debilidad que ha quedado como secuela de su dolorosa infancia, y de una madre que era demasiado dura con sus hijos. Sufre bullying y, por si fuera poco, a pesar de sus esfuerzos, no consigue entrar en la universidad. Para colmo, en la adolescencia descubre que sufre de impotencia, un mal que le aquejará toda su vida, y que le llenará de vergüenza cada vez que alguien lo descubra. De hecho, tras el servicio militar, cuando vuelve a casa, una chica con la que trata de mantener relaciones sexuales de manera infructuosa lo comenta con sus compañeros (por lo visto con la única intención de pedirles consejo), y el hecho de que el rumor se extienda le hace a Andrei primero tratar de sucidarse y luego marcharse para siempre del hogar de sus padres. Aunque, por supuesto, sus problemas le acompañarán.

Instalado en un pueblo cerca de la ciudad de Rostov, encuentra un trabajo como técnico de comunicaciones. Su hermana se va a vivir con él un tiempo, y decide ayudarle a encontrar una esposa. Lo consigue, aunque está claro que el matrimonio es más un pacto de conveniencia que la evolución de una pareja real. De hecho, la impotencia de Andrei provoca que tengan que hacer auténticos malabares (no entraré en detalles) para concebir hijos, cosa que finalmente consiguen por dos veces.

Chikatilo consigue completar estudios universitarios y se convierte en profesor de escuela, pero aunque todo el mundo admite que tiene suficientes conocimientos sobre las materias que imparte, es incapaz de mantener la disciplina entre los alumnos, que suelen aprovecharse de él. Si a ello le sumas que (como todos los adolescentes) sus estudiantes le recuerdan, con su propia iniciación al sexo, lo que él mismo no es capaz de hacer, el caldo de cultivo no puede ser más nefasto. Chikatilo se ve envuelto en varios incidentes de abusos sexuales a alumnas, lo cual acaba expulsándole del mundo de la enseñanza. En la siguiente etapa de su vida, consigue un trabajo como encargado de suministros para una empresa en Rostov, lo cual le obliga a viajar a menudo. Ésta será una de las claves para el desarrollo de sus crímenes.

Focalizándonos un poco en esta parte, no vamos a describir la extensa y atroz carnicería que Chikatilo llevó a cabo con más de cincuenta víctimas, la mayoría menores de edad (por cierto, de ambos sexos). Sí que hay algunas características comunes: salvo la primera chica (a la que asesinó cerca de una propiedad que le pertenecía), a casi todos les encontraba alrededor del sistema de trenes que Chikatilo conocía porque su trabajo le obligaba a tomarlos con frecuencia. Solía ir a por gente joven, débil, desorientada, seguramente con historias personales complicadas, y que se veía abrumada por tener que usar medios de transporte locales fuera de sus ciudades natales. Entonces, Andrei les ofrecía ayuda, comida o bebida, y, a cambio de este auxilio, los pobres inocentes accedían a tener relaciones sexuales con él. Por sistema, Chikatilo era incapaz de consumar el coito; era entonces cuando apuñalaba o estrangulaba a sus víctimas, y era en el momento de la agonía cuando Chikatilo, sentado encima del cuerpo moribundo, conseguía alcanzar el orgasmo. No era raro que (en ocasiones aún vivos) les mutilara los genitales y los ojos, o que les eviscerara. Luego ocultaba más o menos los cuerpos y se iba, pero siempre acababan descubriendo los cadáveres, todos asesinados con un patrón similar. Y, claro, al final (corre el año 1983, y Chikatilo lleva cinco años matando) las autoridades ataron cabos, empezaron a pensar que había un asesino común, y se pusieron a investigar.

En este punto de partida se inicia "Ciudadano X", un telefilm que, de manera sobria, y con una estupenda gestión de la tensión dramática, narra la investigación desde el punto de vista policial. Por supuesto, no os lo voy a contar todo, pero la clave es que se centra en la figura del forense que se coloca a cargo del caso (interpretado por un estupendo Stephen Rea), y su inmediato superior, a cargo de un poliédrico Donald Sutherland. La dificultad es mayúscula, porque no sólo tienen que investigar estos casos con menos experiencia y medios que sus colegas norteamericanos, sino que las autoridades soviéticas se niegan a reconocer que pueda haber un asesino en serie (un fenómeno típico de la decadencia capitalista, según las autoridades) en la URSS. De hecho, se buscan culpables entre una serie de sospechosos que incluyen pedófilos, homosexuales y discapacitados intelectuales. Teóricamente, esto lleva a la resolución de crímenes distintos de los originales, pero en la práctica, lo que ocurre es que ciertos colectivos vulnerables son hostigados, utilizados como cabeza de turco y (en una URSS nada amable con los interrogatorios) obligados a confesar crímenes que no han cometido. La película describe muy bien lo difícil que es moverse dentro de la burocracia dictatorial del régimen soviético, y lo mucho que esta dinámica pesa sobre el investigador protagonista.

Más o menos también desde el punto de vista del investigador parte el libro (también adaptado a película) "El niño 44", aunque juega con algunos elementos con bastante libertad: lo primero, cambia la época del caso, trasladándola de los años 70-80-90 a los 50; da un origen de tono mítico a las motivaciones del personaje, inspirándose en historias de la infancia de Chikatilo -aunque su retrato del asesino es bastante más pulcro que el personaje original-; pone como policía a cargo del caso a un hombre que descubrirá muchas cosas sobre sí mismo y su entorno conforme se enfrente a las contradicciones del sistema; y, sobre todo, el investigador se verá atrapado por la maraña de la tiranía soviética (más incluso que el detective original), generando una parte de la trama que, tanto en el libro como la película, a pesar del teórico interés, acaba resultando algo menos atractiva. El final es de las partes en las que más se diferencia de "Ciudadano X", la cual refleja de manera más exacta -siempre con sus licencias- como transcurrió la labor policial, aunque esta última película la conecta estrechamente con cómo fueron cambiando los métodos de investigación conforme Gorvachov iba transformando la Unión Soviética. Uno de los aspectos más destacados del caso fue que, por primera vez en la Unión Soviética, se contó, para establecer un perfil psicológico de un asesino, a un psiquiatra, papel que en "Ciudadano X" interpreta de manera notable un estupendo Max von Sydow.

No voy a contaros el final por si os apetece leer o ver las obras de ficción: os diré que, obviamente, a Chikatilo le cazaron, en concreto en el año 1990. De hecho, se descubrió que se le había fichado seis años antes durante el transcurso de la investigación criminal, pero un resultado muy extraño relacionado con su tipo sanguíneo (y al que todavía no se le ha hallado una explicación definitiva, aunque probablemente tenga que ver con las deficiencias de los laboratorios de la URSS en aquella época) evitó que fuera asociado con los crímenes. El juicio, como es obvio, se rodeó de mucha tensión y polémica, tanto por las familias de las víctimas (enrabietadas con el criminal y con algunos aspectos de la investigación) como por parte del acusado, que se desdecía, reprochaba cosas al tribunal, y al que tuvieron que meterle en una jaula con barrotes dentro del juicio para protegerle de la multitud colérica. Finalmente, fue sentenciado a muerte y ejecutado en 1994. De su extensa lista de víctimas, algunas no quedaron del todo aclaradas, y es probable que llevara a cabo más de las que de manera oficial se le atribuyeron.

Las lecciones del caso Chikatilo son múltiples: desde lo frecuente que es ver cómo los asesinos en serie son personas que sienten que han fracasado y encuentran en el crimen la única forma de aliviar sus frustraciones (demostrándose, además, que pueden aparecer en diferentes culturas y regímenes, y que el "esto no puede pasar aquí" es un absurdo), hasta lo difícil que es hacer nada bien en las dictaduras, especialmente tratar de dilucidar la verdad. Como suele ocurrir, los asesinos de la realidad no son tan glamourosos como los de la ficción, y las víctimas sufren por partida doble la violencia de los asesinos y los sesgos de las autoridades -algo que, por desgracia, también ocurre en las democracias liberales-. Chikatilo también nos muestra lo horrorosos que pueden ser los abismos de las profundidades humanas, y cómo ciertas personas, de manera más o menos consciente, son capaces de convivir con lo inaceptable. "Nada de lo humano me es ajeno", dijo el poeta latino Publio Terencio Afer y, querámoslo o no, estas personas son también nuestros congéneres, y su vida un hecho que, en determinadas circunstancias, podría sucedernos a nosotros.

lunes, 13 de julio de 2026

El libro (¿libros?) y ¿la película? de julio: "El bar de las grandes esperanzas", de JR Moehringer

JR Moehringer (si es que ése es su verdadero nombre, pues la historia de esas iniciales sin puntos trae tela; la descubriréis en el libro) ya me sorprendió en el pasado con "A plena luz", una novela que ficcionaba una escueta noticia de periódico para construir la semblanza al completo de un carismático atracador de bancos. En este sentido, cuando leo "El bar de las grandes esperanzas", un libro protagonizado por alguien con el nombre del autor, que parece eminentemente autobiográfico, y que según el epílogo es prácticamente un libro de memorias con casi todos los nombres conservados, me da por sospechar. Y es que Moehringer es un maestro contando historias, del tipo de los que creen que un buen relato es demasiado bueno para que la verdad se interponga y lo chafe. Y aun así, tiene pinta de realista: como la vida, la narración sufre súbitos cambios de dirección, retorna varias veces al mismo punto, no tiene finales redondos, y, salvo alguna escena resuelta con brillantez, nada nunca es tan romántico como uno se lo imagina. Pero hay que reconocer también que este cuento de perdedores, de conversadores, de gente que se refugia en los bares, no sólo para beber, sino sobre todo para hablar; este viaje de cómo un niño busca la masculinidad que cree que nunca adquirió por carecer de padre; este homenaje al acto de contar historias, ya sea en un bar, en un libro, desde un periódico o a los amigos; esta historia, en fin, de cómo alguien crece y supera las adversidades (especialmente, la mayor de todas: el miedo a enfrentarse a uno mismo) es un relato apasionante, telúrico y absorbente, de los que engloba el universo y el tiempo den su totalidad porque, al fin y al cabo, transcurre en Nueva York, y como todo neoyorkino sabe, fuera de sus fronteras no hay nada que merezca ser nombrado. Y, por supuesto, transcurre en los bares y a través de gente que vive en los bares, con todas sus grandezas y sus miserias, y escapa de los bares para adentrarse en los recovecos siempre complejos de la familia, la universidad, el mundo laboral, el maravilloso mundo de los libros y, especialmente, el amor, ese laberinto insondable.

En fin, que os lo leáis: es largo, tiene una prosa envolvente y compleja (en ocasiones, como una catedral gótica), que cree en el poder de las palabras -de acunarte, acariciarte, de rodearte de palabras-, pero, ya sea a pesar de eso (o, sobre todo, a causa de eso), os va a encantar. Y, seguramente, queráis quedaros a vivir en este libro, y no os importaría -a pesar de que a veces den ganas de atizar al idiota del protagonista- que nunca llegue a terminar. Y luego buscaréis y os pondréis a leer "A plena luz". Y, ya os lo digo, merecerá la pena.

Posdata: en cuanto a la película (porque sí, hay una película), uno entiende que es difícil adaptar algo tan vasto y orgánico, pero, a fuerza de cambiar cosas, la historia va perdiendo progresivamente su encanto hasta hacerse mucho más anodina que en el original. Por eso, no os la voy a recomendar especialmente. Aunque la dirija George Clooney.

lunes, 1 de junio de 2026

Los libros de junio: "El abogado secreto" y "Bajo las togas: errores judiciales y otras infamias".

"El abogado secreto" (The secret barrister en inglés) es uno de esos excelentes ensayos que nos trae la editorial Capitán Swing para ilustrar el mundo en que vivimos. El autor (conocido en redes precisamente como The secret barrister) es un afamado divulgador acerca de cómo funciona el sistema judicial británico, el cual tiene algunas características propias muy diferenciadoras del resto de sistemas, y algunas miserias comunes al resto de países. Por ejemplo, los lectores se sorprenderán al ver las distintas tipologías de juristas que coexisten en el Reino Unido (algo que ya vimos con la serie Silk), o la importancia que se le da -al menos en teoría- a los derechos individuales en las islas británicas. Aunque el libro ya tiene unos años, algunas reflexiones siguen siendo muy actuales, como, por ejemplo, el peligro de mantener en prisión preventiva a un inocente durante meses o años (como por ejemplo planteaba la serie The nigh of), un tema muy polémico también en España a raíz de ciertas resoluciones judiciales. 


Otro ensayo sobre derecho, escrito por además un jurista español de prestigio, al que muchos conocimos gracias al caso descrito en el sorprendente documental "Seré asesinado". En este caso, Carlos Castresana (que ha participado en juicios tan señeros como el caso Pinochet) se pone a reflexionar sobre los pleitos más controvertidos de la jurisprudencia internacional para describir aquellas circunstancias en las cuales precisamente quienes debían impartir justicia -en especial los jueces- se comportaron de manera abyecta e infame. De hecho, muchos de estos juicios (como el del crimen de Cuenca) modificaron la normativa legal de su entorno, y otros (como el del asesinato en León en el entorno del Partido Popular) todavía colean en el imaginario colectivo. Aunque escrito a veces con un lenguaje demasiado "jurídico", el texto es muy útil para conocer algunos de los grandes procesos -Martin Guerre, Mariana Pineda, Nuremberg, los juicios británicos a sucesos en Irlanda del Norte- que han dado forma al derecho de los países occidentales.

miércoles, 1 de abril de 2026

El libro y la historia real de abril: "La isla de los ciegos al color", y una reflexión sobre Oliver Sacks y el oficio de divulgador

Hoy os voy a recomendar un libro, y después os voy a advertir algo sobre el autor. Uno podría pensar que la segunda parte es incompatible con la primera, pero eso os lo voy a dejar decidir a vosotros. Me parece que es la mejor manera de contar esta historia, pues refleja dos visiones diferentes que hemos recibido los lectores por separado. Y, en muchos sentidos, reflejan cronológicamente la sensación que hemos tenido al conocerlas. Dicho esto, preparad los cinturones, que allá vamos.

Muchos conocieron a Oliver Sacks por la película Despertares, basada en uno de los casos clínicos más relevantes de su carrera; otros, por su libro (uno de muchos) "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero", en el cual nos describía algunos pacientes neurológicos con afecciones sorprendentes y extraordinarias. "La isla de los ciegos al color" va un paso más allá, pues combina muchas de las pasiones de Sacks, un hombre con múltiples intereses y biografía llamativa, y demuestra que es un divulgador todoterreno y cautivador. El punto de partida de este ensayo es el sueño de casi cualquier médico: pacientes de una rara afección genética (acromatópsicos, es decir, "ciegos al color", para los cuales el mundo es una escala de grises) que abundan en una alta proporción en una isla aislada del Pacífco, lo cual da lugar a toda clase de implicaciones médicas, personales y sociales. Sacks acude allí con varios colegas atraídos por el tema, y se deja seducir por el encanto de las islas remotas, un tema que le chifla desde niño. De ahí, la segunda parte del libro viaja a Guam, que también es una isla perdida, y donde asimismo existe una extraña dolencia neurológica, el lytico-bodig, pero en esta ocasión, su causa es desconocida. De hecho, el intento de averiguar su causa convierte a esta sección del texto en casi una novela de detectives, en la cual uno de los sospechosos más prometedores son las cicas, un extraño tipo de plantas que, por supuesto, también encandila a Oliver Sacks, quien en la tercera parte del libro despliega toda su faceta de amante de la botánica y se explaya con el paraíso exuberante que las cicas poseen en la isla de Rota.

Lo que cuenta Sacks es subyugante, y se halla salpicado de episodios médicos tan atrayentes clínicamente como humanamente conmovedores. Pero lo más impactante del libro son las disgresiones: el propio Sacks confiesa que empezó a meter tantas de ellas que el ensayo estaba multiplicando varias veces su tamaño inicial. Al final, lo solucionarion con unas notas al final del volumen que ocupan casi un tercio del texto, pero que no sobran en absoluto porque son extremadamente sugerentes: lo mismo te habla de la biografía de un investigador que de la clasificación de todo un género de plantas, de la historia (geológica, natural, cronológica) de un país, o de la sensación de los científicos al trabajar con períodos de millones de años. Porque Oliver Sacks es un polímata, y en este libro ha tenido la oportunidad de explayarse con algunas de sus obsesiones, pero, sobre todo, de darle salida a sus múltiples inquietudes, y el lector aficionado al conocimiento lo agradece. Después de terminar el libro, tendréis ganas de viajar, de leer, de conocer gente con vidas sugerentes y, sobre todo, de experimentar la vida a tope: y seguro que Oliver Sacks estaría muy de acuerdo con ello.

Hasta aquí, la reseña del libro. Ahora, sin embargo, llega la parte de la historia real, con cierto componente de opinión. Muchos sabréis que, recientemente, se han puesto muy en duda varios libros de Oliver Sacks ya que, a raíz de ciertos diarios, se ha revelado que algunos de los hechos que describía en sus casos clínicos eran exageraciones, cuando no directamente invenciones. Hay mucho debate sobre este asunto, y no sé hasta qué punto "La isla de los ciegos al color" se ve afectado por esto. Algunos médicos indican que las "invenciones" de Sacks eran compatibles con la clínica de otros pacientes, y que por tanto no comprometen la veracidad de sus textos. A uno le entran ganas de compararlo con el periodista Kapuscinski (también muy cuestionado respecto a ciertos relatos), quien más o menos deslizaba que podía justificarse que se narraran en primera personas hechos que no se habían visto directamente, pero que el autor sabía que ocurrían: sería una forma de "mentir para contar la verdad", que tendría cierta lógica en el caso de Kapuscinski, quien retransmitía conflictos tercermundistas olvidados donde se trataba de atraer la atención del público. Sin embargo, la delgada línea entre "hacer más brillante una historia para darle relevancia" y "tergiversarla para ganar relevancia como divulgador o influencer" es muy fina, y hoy, a principios del siglo XXI, sabemos el daño que hacen los bulos. Por eso, creo que los divulgadores actuales tenemos que aprender de los errores o zonas grises de nuestros maestros (ya sea Sacks, Kapuscinski o Cousteau -cuyos métodos hoy en día no nos parecería muy ecologistas-) y entender que hay que ser sincero con lo que uno cuenta, y que si se pretende hacer autoficción o un texto vagamente "basado en hechos reales" (de la misma manera en que lo hace el cine), siempre debes advertir sobre ello. La verdad es nuestra mejor arma y, si la perdemos, no ganaremos la guerra. Al fin y al cabo, en los inicios de todas las profesiones -ya sea la arqueología, la medicina o el derecho- se desarrolaban prácticas que hoy no se consideran aceptables, y actualmente no hacemos las cosas del mismo modo que nuestro predecesores. Dicho esto, nada de lo que he leído en otros lados me indica que "La isla de los ciegos al color" contega falsedades (y, en todo caso, Sacks no está vivo para recibir los réditos del libro, ni para defenderse de ninguna acusación que vertamos sobre él), así que yo recomiendo el texto con todas las notas, peros, astericos o salvedades que queráis ponerle. A partir de ahí, por supuesto, será el lector el que tenga que juzgar, sobre esto como sobre todo lo demás. Dicha esta parrafada, me despido, deseándoos buena semana y buenos libros.

domingo, 1 de marzo de 2026

El libro y la historia real de marzo: "El curioso caso de Mary Mallon", o la historia de Mary la Tifoidea


El caso de Mary Mallon es relativamente conocido en la profesión médica. A principios del siglo XX, en la ciudad de Nueva York, se encontró a una mujer que era portadora asintomática de la fiebre tifoidea, una enfermedad transmitida sobre todo a través de la comida cruda. La fiebre tifoidea, en aquella época, era muy mortífera, y no existía ninguna clase de tratamiento. Mary Mallon -a partir de entonces, apodada por la prensa con el peyorativo nombre de "Mary la tifoidea"- trabajaba como cocinera, con lo cual ella, sin sentirse afectada por la enfermedad, estaba transmitiéndola a las personas a quienes servía a partir de aquellos alimentos que no se cocinaban mediante altas temperaturas. Se dice que Mary Mallon llegó a transmitir la bacteria letal a 30 personas, de las cuales murieron 3. La cuestión que se plantea, de cara sobre todo a la clase médica, es que tuvieron que prohibir ejercer su profesión (y, eventualmente, ante la falta de colaboración, encerrar de por vida) a una mujer que en realidad no era culpable de ningún crimen, pues nadie le había acusado de provocar las muertes a propósito. Y, sin embargo, se la castigó con un régimen similar al de los condenados por asesinato. Desde luego, el dilema ético es apasionante.

Anthony Bourdain, el célebre cocinero que se convirtió en escritor sobre gastronomía (con una biografía personal también muy turbulenta), decide escribir sobre este caso. Y se pone de parte de Mary. Por muchos motivos bien justificados. Se dice que Mary no era muy colaborativa, pero pensad que estamos hablando de una mujer de origen irlandesa y orígenes humildes -en una época donde el clasismo, la xenofobia y el machismo campaban a sus anchas- que de repente es acusada por los médicos de ser poco menos que una asesina, una transmisora de muerte con patas, una mujer sucia y que no se lava adecuadamente las manos. En ese sentido, es normal que Mary lo negara todo y no quisiera hablar con los sanitarios. Bourdain, además, habla desde su experiencia como cocinero: teoriza sobre lo duro que sería para Mary dejar de ejercer su profesión, tanto a nivel económico como de autoestima personal, y toma partido por todos aquellos profesionales de la gastronomía que han acabado tan hartos de su profesión que en buena parte descuidan hasta la parte de la higiene. (Un inciso respecto a esto: hay un debate que Bourdain no llega a zanjar sobre si Mary se lavaba suficientemente las manos al cocinar. Este debate es muy difícil de resolver por varios motivos: 1) la poca disposición a hablar por parte de Mary, que desconfiaba de los médicos; 2) el debate eterno: ¿qué es lavarse bien las manos?; porque a todo el mundo le parece que se las lava lo suficiente; 3) lo difícil que hubiera sido hacer experimentos sobre este asunto. Mi teoría, a partir de lo que he leído del libro y de lo que sé como licenciado en medicina, es que seguramente Mary hacía bien su trabajo, porque, si no, los brotes por fiebre tifoidea hubieran sido mucho más frecuentes. Lo que pasa es que todo el mundo sabe -y más desde la epidemia de COVID- lo complicado que es lavarse exhaustivamente bien las manos todas las veces que se requiere, y que siempre hay fallos que, en un individuo normal, no se notan. Pero que, en una persona portadora de la enfermedad, pueden desencadenar el desastre).

Bourdain se muestra empático. Además, trata de rastrear, a pesar de la escasa documentación disponible, todo lo que sabemos sobre Mary, y e intenta que nos hagamos una idea de su contexto y sus condicionantes. Como digo, toma partido por Mary, y quizá le coge algo de inquina a los médicos, pero creo que en este caso, más que culpables, sobre todo hay víctimas: víctimas de la falta de desarrollo de la medicina hasta entonces, víctimas de una enfermedad que aún hoy causa numerosos muertos, víctimas de la falta de antibióticos. Es una historia que conviene recordar hoy en día, cuando tenemos vacuna contra la fiebre tifoidea, una que nos salva la vida a diario, a nosotros y a las personas de nuestro entorno. Conviene, pues, leer este interesante libro y no olvidar este caso, para que no volvamos a aquellos tiempos en que ocurrían desgraciados casos como el de Mary Mallon.

lunes, 12 de enero de 2026

El libro de enero: "Caballeros, esto no es una casa de baños", de Georg von Wallwitz

Los matemáticos son gente especial. Normalmente se les presentas como seres etéreos, sumergidos en un mundo de abstracción, sin importarles nada tangible, salvo unas fórmulas abstractas que pocas personas en el planeta entienden. Desde ese punto de vista, sería lógico que esta biografía de David Hilbert, uno de los matemáticos más importantes del siglo XX, hubiera de ser bastante aburrida, concentrada en individuos que sólo necesitan un suministro más o menos razonable de papel, lápiz, y un tiempo casi sin límite para emborronar ecuaciones mediante estas herramientas. Y, sin embargo, resulta apasionante.

Para empezar, por la excentricidad de los personajes: desde el protagonista, David Hilbert, un rígido prusiano, proclive a enamorar a mujeres en los bailes, y al mismo tiempo incapaz de comprender a su hijo discapacitado; hasta von Neumann, el creador de la teoría de juegos, que deseaba ganar mucho dinero para comprar coches muy caros; pasando por Hermann Minkowski, profesor de Albert Einstein, quien, incluso después de que éste descubriera la teoría de la relatividad, creía que su ex alumno era un zote porque no sabía las suficientes matemáticas. Lo cierto es que este grupo de matemáticos que trabajaban alrededor de la Universidad de Gotinga se concentraron en aspectos sumamente formales y teóricos, pero tuvieron un papel fundamental en el desarrollo de la teoría de la relatividad (de hecho, Hilbert intervino en buena parte de la vertiente matemática), y en el de las herramientas que fueron indispensables para la mecánica cuántica. De hecho, como subraya el libro, buena parte de los discípulos de Hilbert acabaron enredados en la misión de crear la primera bomba atómica. Así que, como véis, la emoción está siempre presente en el texto.

El autor, a veces, ha de adentrarse en complicados conceptos matemáticos, pero se agradece que, la mayor parte del tiempo, sobre todo nos sintetice las nociones fundamentales y, sobre todo, el factor humano alrededor de las mismas. Eso deja espacio para que conozcas las grandes conquistas científicas de aquel período, y también historias como la de Emmy Noether, una genial matemática injustamente discriminada por su sexo, y a quien David Hilbert defendió arduamente, en contra del criterio de sus colegas (el título del ensayo va precisamente por ahí). La Universidad de Gotinga generó una frenética actividad intelectual desde finales del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial -de hecho, su decadencia va a en paralelo con el destrozo que el fascismo provocó en la ciencia europea-, y describir lo que supuso toda esa corriente de pensamiento es importante, pero la entenderemos mucho mejor si comprendemos el carácter de los científicos implicados, que incluyen a Einstein, Oppenheimer, Heisenberg, Henri Poincaré, Max Born y Arthur Sommerfeld, con menciones especiales para Leibniz y Huygens. En definitiva, os lo recomiendo tanto si os gustan las matemáticas como si (al igual a la mayoría) os resultan incomprensibles: el cotilleo sobre la vida de los matemáticos y sus motivaciones bien lo merece.

lunes, 1 de diciembre de 2025

Los libros de diciembre: pulpos, nazis y mujeres romanas.

-Los secretos del pulpo está escrito principalmente por Sy Montgomery, aunque es un libro ilustrado que ha sido editado por National Geographic, y que cuenta con varios colaboradores. No sé qué me han fascinado más, si las fotografías de las múltiples especies de pulpo, o el texto, que desgrana mil detalles sobre estos fascinantes animales, de los que aún desconocemos muchas cosas. Montgomery nos enseña a amar más aún a estas inteligentísimas criaturas, que han desarrollado un cerebro muy distinto del de los vertebrados, y que cada día nos revelan aspectos nuevos sobre su capacidad de camuflaje, su poder como escapistas, su sorprendente anatomía, sus increíbles sentidos y capacidades -detectar la luz por la piel; caminar sobre dos patas; aprender cosas incluso dentro del huevo, durante la fase embrionaria-, su chocante comportamiento y ciclo vital (son criaturas más sociales de lo que cabría esperarse), o las diferencias que hay entre especies o entre individuos, quienes cuentan con una personalidad propia. Como defecto menor del libro, advierto que a veces no es muy sistemático en el suministro de la información ni en el orden con que te proporcionan la misma -hay órganos de este molusco que sólo te explican después de haberlos nombrado varias veces, e incluso ni entonces-. Eso sí, con este volumen, os garantizo que tendréis menos ganas de comer pulpos, y más de promover que no se hagan granjas donde criar a los mismos para consumo humano.

-En el jardín de las bestias. Escrito por Erik Larsson, narra la historia real del embajador (de 1933 a 1937) de Estados Unidos en Alemania, William E. Dodd, quien fue a Berlín acompañado por su familia, incluyendo su hija Martha. El libro cuenta cómo tanto Dodd como su hija quedaron en parte seducidos por el ambiente de la época, llegando a creer (en unos años en que el nazismo parecía más contemporizador) que las derivas autoritarias y antisemitas del nuevo régimen no serían para tanto. Este ensayo, sin embargo, muestra cómo, al contrario de lo que anhelaban, la situación fue empeorando paulatinamente, y todos los cambios positivos que Dodd y su hija veían eran meros espejismos, o trucos de los fascistas alemanes para ganar tiempo y lograr la consecución de sus fines. ¿Que si lo he leído para ver si nos encontramos en una situación similar respecto a algún otro país actual? Para nada (guiño, guiño), no sé de qué me estáis hablando.

-Soror. Vamos ahora con un colectivo que, a ciertos seres humanos, les resulta tan incomprensible como los pulpos, o (sí, hay gente así) más despreciable que los nazis: las mujeres. En este volumen, Patricia González, historiadora, repasa cómo era la vida del "sexo débil" en la Edad Antigua, y en concreto en la antigua Roma. No sólo habla de las figuras más famosas (entre otras Livia, Fulvia, Agripina, de manera breve Cleopatra), sino sobre todo de las mujeres corrientes, describiéndonos detalles de su existencia cotidiana: cómo vivían, a qué les obligaban las leyes, cómo se modelaba su comportamiento para que se ajustara a un canon social. Para ello, la autora no recurre únicamente a las crónicas oficiales -normalmente parcas en referencias o sesgadas-, sino que recurre también a la arqueología y otros recursos, en muchos casos desmontando sesgos establecidos por los romanos (o por los propios historiadores), o subrayando que ciertas excepciones eran más comunes de lo que se creía. El único pero al texto -y sólo es una visión subjetiva- es que, al narrar la historia de Roma desde una perspectiva específica, parte de la base de cierto conocimiento de la época que quizá requiera de alguna lectura previa, pero no creo que eso sea un inconveniente para la mayor parte de quienes se sientan atraídos por este libro. Médicas, abogadas, niñas obligadas a casarse a una edad muy temprana, prostitutas, o viudas que manejaban su propia fortuna, desfilan por las páginas de "Soror", que por supuesto no es sólo un texto feminista, sino también un ensayo sobre cómo la política, la mitología y la historia se han encargado de instaurar en el imaginario colectivo una visión particular sobre las mujeres, sin que éstas pudieran describir (en casi ningún caso) su propio punto de vista. Una injusticia histórica que libros como éste quieren contribuir a reparar.

lunes, 13 de octubre de 2025

El libro de octubre: "Seis mujeres criminales"

La editorial Rara Avis se dedica a recuperar libros antiguos que merecen una segunda vida: entre ellos, éste de Elizabeth Jenkins donde repasa varios casos históricos de mujeres británicas que se hicieron famosas por sus coqueteos (cuando no abierto romance) con el mundo del crimen. Como siempre, en todo juicio hay dos partes, pero en estos casos acaba ocurriendo que sobre las mujeres "encausadas" no se ciernen sólo sospechas, sino que se incidieron abierta y repetidamente en sus actos nefandos. De los episodios nombrados, el más simpático me parece el de Jane Webb, una carterista que se dedicó a ello como a cualquier otra profesión de la época (de algo hay que comer), la cual demostró una capacidad de liderazgo y una ética del trabajo a prueba de bombas, y que se merecería una serie de televisión de tres temporadas. Entre los más jugosos tienes también el de Alice Perrers, amante de Eduardo III que se aprovechó de us posición todo lo que pudo, o el de Frances Howard, que combina escándalos a todos los niveles, porque auna envenenamiento, mentiras, y la implicación de uno de los favoritos del rey Jacobo I (como os podéis figurar, la tuitera experta en esta época, Wurtzel, le ha dedicado un hilo en Bluesky). También son muy llamativos el de Madame Sarah Rachel Leverson, quien jugó con algo tan personal como el maquillaje y el ansia de sus clientes por sentirse bellas, o Lady Ivie, quien pretendió acumular tierras de manera fraudulenta con la misma avidez con la que se extiende la planta a la que su apelativo ("ivy"=enredadera) hace honor. En definitiva, un libro con la única pretensión de entretener a partir de alguno de los famosos true crime de la historia, alguno de ellos incluso sin resolver.

lunes, 8 de septiembre de 2025

El libro y la historia real de septiembre: Tom Crean, "Un héroe olvidado", de Michael Smith

Ésta es una historia irlandesa. Al menos en parte, porque, en realidad, se trata sobre todo de una historia de la Antártida. Tom Crean nació en la isla esmeralda, pero pronto se sintió llamado a la aventura y se enroló en la marina británica, donde, mezcla de sus inquietudes y de las circunstancias del momento, fue reclutado para una expedición polar al mando del capitán Scott. Y luego participó en dos viajes más, dos de los periplos polares sobre los que más se han escrito, entre otras cosas porque acabaron en desastre. Michael Smith se recrea en estos hechos no sólo porque es la manera de hablar de un compatriota que no suele salir mencionado en la historia de las expediciones a la Antártida (a pesar de que su sangre fría, su coraje y su tesón fueron imprescindibles para que éstas no terminaran peor aún), sino también porque constituyen una buena excusa para hablar de temas que nos encantan: grandes epopeyas, gestas humanas, abnegación, riesgo vital. O, en definitiva, el viaje de Scott al Polo Sur que derivó en tragedia, y el épico relato de los marineros del Endurance al mando de Shackleton.

Contado de esta manera, pudiera parecer que Tom Crean no era sólo (como refleja su biógrafo) un tipo simpático, fuerte, voluntarioso e intrépido, sino, sobre todo, el hombre con más mala suerte del mundo. Claro que había varios condicionantes para que, de sus tres expediciones polares, las dos últimas se cubrieran de penalidades. La primera es que, por supuesto, todo viaje a la Antártida, y más en aquella época, es un riesgo, y lo más normal es que las cosas salgan mal. La segunda es que la lectura de este libro deja muy claro al lector que los ingleses no estaban preparados para el Polo. Sacudidos por el ánimo heroico de la época, que llevó a los británicos a conquistar las regiones en los extremos del mundo, incluyendo las más altas cumbres, y a batir toda clase de récords, los viajes a la Antártida fueron planificados en general con un amateurismo impensable hoy en día, organizadas por hombres que no tenían experiencia, no aprendieron de las lecciones de los habitantes de las regiones polares (cosa que sí hizo Amundsen, noruego, quien copió muchas técnicas de los innuits), e incluso, desde los cuarteles generales, fueron diseñadas por individuos que se basaron en estrategias ya desfasadas en el momento en que se aplicaron, y que les acabaron costando más de un disgusto.

Tomemos por ejemplo el segundo viaje de Crean, en el que acompañó al capitán Scott a la conquista del Polo Sur. Scott confió poco en los trineos tirados por perros o en el esquí (las bases de la campaña de Amundsen), métodos que además no dominaban ni él ni su equipo; se basó sobre todo en ponis (a los que, según el autor, trataba con demasiados miramientos para la dura prueba a la que aquel grupo de hombres fue sometido), vehículos a motor -que fallaron con frecuencia en la Antártida- y tracción humana, una técnica horrorosa que obligaba a los expedicionarios a recorrer miles de kilómetros bajo el frío y la nieve arrastrando sus propios trineos, cargados de pesados fardos con cientos de kilogramos de material. No es extraño que el viaje saliera tan mal, con Scott y los otros cuatro hombres que conquistaron el Polo Sur (aunque quedaran segundos, superados por Amundsen) fallecidos durante el viaje de retorno, y con Crean teniendo que realizar un esfuerzo casi sobrehumano para salvarse a él mismo y a sus compañeros de equipo. Los detalles os los dejo leer en el libro -donde se analiza a fondo el plan de Scott y las diferentes posibilidades-, pero comprobaréis que muchas tácticas del viaje se basaban en que todas las dificultades se superarían gracias al pundonor y el espíritu de sacrificio de los componentes de la expedición, muchos de ellos (como Crean) miembros de la marina británica. Una filosofía muy bonita sobre el papel, pero que obligó a que los viajeros pasaran por una serie de trabajos innecesarios y penalidades horribles, sin obtener, en buena parte de las ocasiones, el fruto esperado.

El viaje del Endurance fracasó menos producto de la organización de Shackleton que de la mala suerte (aunque ahí también hubo problemas; recordemos que el segundo barco que iba en la expedición, aunque no vivió una aventura tan famosa como la de Shackleton y su grupo, también lo pasó muy mal, y en buena parte fue porque no estaban bien preparados): como muchos sabréis, el barco quedó atrapado en los hielos, algo muy común en las regiones polares, para finalmente ser destruido por el agua helada, y los marineros tuvieron que viajar un agotador recorrido primero a pie y luego en lanchas para hallar refugio en una isla remota. Allí, un grupo reducido de hombres se atrevió a cruzar el agitado Océano Antártico para llegar a la isla de San Pedro, situada a 1300 km, pero con presencia humana, y donde sería más probable encontrar ayuda con la que poder rescatar al resto de sus colegas. Finalmente, cuando llegaron a la isla, mientras la mayoría de los ocupantes de aquel frágil esquife se recuperaban del abominable recorrido, tres individuos (Shackleton, Crean y su compañero Worsley) cruzaron las inhóspitas y desconocidas regiones montañosas de la isla durante un trayecto de 36 horas seguidas sin dormir para llegar, con las ropas raídas, suciedad acumulada de un año, y más hambre que el perro de un ciego en un glaciar, a una estación ballenera desde donde se iniciaron las sucesivas operaciones de rescate, que aún se prolongaron varios meses hasta que por fin consiguieron rescatar a sus compatriotas, de los cuales (es importante subrayarlo) sobrevivieron la inmensa mayoría: a Shackleton no le sonrió la suerte en el Polo, pero no puede negarse que se esforzó en que los hombres a su cargo volvieran casi todos, y casi enteros, cuando las cosas venían mal dadas.

Imagen de (de izquierda a derecha) Crean, Shackleton y Worley, ya afeitados y limpios, pero todavía consumidos, después de su heroicidad antártica. La foto está extraída de aquí.

Crean estuvo a punto de embarcarse en una cuarta expedición polar, pero le pudo la nostalgia, o, quizás, la vida familiar: volvió a Irlanda, se casó, tuvo hijos, montó un pub -llamado, con retranca, "La taberna del Polo Sur"-, y colgó las manoplas y los jerseys de lana que, mal que bien, fueron su principal protección contra más de una zambullida en el agua helada. Pasó a formar parte, ahora sí, de la tradición irlandesa, y quizá su modestia, o que no fuera un hombre instruido -como otros héroes del Polo-, o los avatares de la historia (en la Irlanda de aquella época no se llevaba muy bien que alguien hubiera trabajado para la marina británica) evitaron que disfrutara de un mayor reconocimiento, aunque ni Crean lo quiso, ni le faltaron homenajes por parte de sus antiguos compañeros, que sí que sabían lo que había contribuido a salvarles la vida. En todo caso, el autor ha querido rendir tributo a su compatriota, con menos fama que Scott y Shackleton (por cierto, también irlandés), pero cuyas experiencias no son menos valiosas.

Acertadas o no, estas expediciones son una demostración del espíritu general y de los propósitos de una era, y del deseo del hombre por conquistar los rincones inexplorados del globo: uno de los aspectos que, en el fondo, ejemplifican mejor cómo somos los humanos. En ese sentido, Tom Crean resulta un buen espejo donde mirarnos, aunque sólo sea desde el punto de vista del tipo que acata las órdenes y trabaja con denuedo para el bien común. Decía el escritor David Torres, muy aficionado a narrar epopeyas de todo pelaje, que, si andas en una situación entre la vida y la muerte en la Antártida, quieres tener al mando al incombustible Shackleton*: yo, además, pagaría por contar a mi lado, codo con codo, con Tom Crean.

*A Shackleton (casi) nunca le sonrió la suerte. Tuvo que regresar de su primera expedición al Polo por motivos de salud. La segunda fue la más exitosa, pues batió el récord del viaje más al sur hasta entonces, aunque el viaje del retorno fue una carrera contra el hambre (donde Shackleton dio una muestra más de su compromiso, al entregar una de sus raciones a uno de sus hombres enfermos) en la cual llegaron por muy poco a coger el barco de regreso. Después de que Amundsen batiera todo los registros con la conquista del Polo Sur, el viaje del Endurance pretendía cruzar el polo de punta a punta, algo que, obviamente, no se logró. Después de su accidentada participación en la Primera Guerra Mundial (también en zonas polares, aunque en este caso en Noruega y el norte de Rusia; ambas quedaron a medias, respectivamente, por el estado de salud de Shackleton, y por el estallido dela revolución bolchevique), nuestro héroe intentó circunnavegar el continente antártico en una expedición que fue la última, porque un ataque al corazón acabó con su vida. Y, sin embargo, tras un período de olvido, Shackleton ha resultado ser de los exploradores polares más elogiados y reconocidos: seguramente, porque no olvidaba a sus hombres en tiempos de zozobra.

lunes, 7 de julio de 2025

El libro y las historias reales de julio: "Atlas novelado de los volcanes de Islandia"


Los volcanes son un fenómeno fascinante. En Islandia, forman parte no sólo del paisaje, sino también de la historia que ha ido modelando a la isla y a sus habitantes. No extraño entonces que, cuando Leonardo Piccione escribió este libro, decidido a dedicarle unas cuantas páginas a cada volcán mínimamente importante del país, haya condensado en ella buena parte de la evolución de la isla y de los acontecimientos más relevantes que ha vivido. Entre algunos de los extraordinarios hechos que el libro narra (relacionados de una manera más o menos tangencial con cada uno de los accidentes geográficos que menciona) se encuentran, por ejemplo:

-Los curiosos nombres de los volcanes, y los intrépidos intentos por escalarlos. Como resumen: la muerte en Islandia acecha a cada instante. También se habla de otras formas sorprendentes de morir o casi fallecer: desde gente que desaparece sin dejar rastro hasta un avión atrapado en el hielo. Eso sí, parece que eso no quita que muchos islandeses y extranjeros quieran acercarse a los volcanes más de lo conveniente.

-Los tsunamis de hielo, que ocurren cuando el magma de un volcán deshiela un glaciar y no sólo se producen inundaciones, sino que grandes icebergs pueden desprenderse para invadir carreteras y caminos.

-El día que les vendieron las auroras boreales a los suizos.

-El director de cine que le paró un penalti a Leo Messi.

-La creencia de los islandeses en los elfos, a pesar de que los volcanes fueron claves para pasar del paganismo a la religión cristiana. Además de leyendas sobre guerreros, criaturas mitológicas y brujas.

-El acto por el que los rorcuales se ponen en contra de las orcas para defender a los animales más débiles contra las que estas última se enfrentan. El porqué de este comportamiento aparentemente altruista no lo conocemos, y sólo existen atrevidas especulaciones. El libro también habla de otro tipo de ballenas, de caballos y de osos polares, y (por qué no) de microbios.

-La curiosa relación de los volcanes islandeses con los pintores prerrafaelitas, con Bobby Fischer, con Disney, con Hemingway y con Julio Verne; un italiano, incluso, llega más allá y cree que la Divina Comedia de Dante es parte de un mensaje secreto a través de los siglos que señala en dirección Islandia. Hay que decir que Islandia es tierra de escritores y, de los autores locales -y sus historias-, se habla también en el libro.

-Por supuesto, las llamativas sagas islandesas -e incluso hechos históricos confirmados, dignos de una saga-, que hablan de mitos ambientados en un entorno geográfico todavía reconocible, pues en él no han cambiado tantas cosas desde hace 12 siglos (Islandia fue la última parte del mundo en ser colonizada por el hombre, si descontamos la Antártida). Por supuesto, no faltan relatos de vikingos.

-La huelga de los trabajadores que se quejaban de que sólo comían salmón.

-El cura que rezó porque la lava no llegara a su iglesia... y la lava se paró. Por cierto, fue durante la erupción del Laki en 1783, que puso en peligro a la totalidad de la población islandesa, afectó a las cosechas de Europa y, según muchos, fue uno de los detonantes de la Revolución Francesa. Otras erupciones volcánicas tuvieron imprevisibles consecuencias en el resto del mundo (entre otras la creación del mito de Frankenstein o la invención de la bicicleta).

-Las alcas y su triste extinción.

-Qué ocurre cuando nace una isla nueva.

-La historia de la Pompeya del norte (que ya contamos aquí) y, muy cerca de la isla donde aconteció, la de un hombre que resistió al agua helada durante horas. Un milagro de la naturaleza, como también la importancia de las algas y cierto tipo de vegetación en el país.

-La historia de Alfred Wegener, un hombre de vida apasionante que no tuvo nada que ver con Islandia, aunque le hubiera venido bien.

-La historia de "el hombre que se robó a sí mismo": el primer islandés negro.

-La relación de Islandia con la exploración del espacio.

-Por supuesto, consecuencias de erupciones volcánicas, y la forma en que los islandeses se enfrentan a ellas. El libro parece muy bien documentado en la cuestión vulcanológica y en varias áreas científicas, aunque algún error he encontrado (por ejemplo, el de sacar a colación el famoso bulo de "la memoria del agua").

-Cómo el cambio climático puede influir en que la actividad volcánica se incremente en los próximos años (por culpa de la desaparición de los glaciares que los mantienen hasta cierto punto controlados).

El libro remata con un epílogo donde explica (también de manera bastante evocadora, y mezclando presente y pasado, como caracteriza el estilo de este texto y otros similares) lo que sabemos del vulcanismo desde las primeras divagaciones de los filósofos hasta nuestros días.

Como colofón, un apartado final no sólo señala bibliografía, sino que proporciona información adicional bastante jugosa, aunque dificulta un poco la lectura, pues obliga a retomar conceptos descritos bastantes páginas antes. Puede ser una buena excusa para hacer repaso del libro. Que, como véis, aporta bastante información, y da para releerlo un par de veces. Espero que os guste.

lunes, 23 de junio de 2025

Los libros de junio: una serie de obras concatenadas

Pocos saben que Robert Louis Stevenson, el escritor (autor del "Dr. Jekyll y Mr. Hyde" y "La isla del tesoro", entre otras) era desdendiente de una estirpe de ingenieros civiles especializados en la construcción de faros, como marcamos a continuación en este árbol familiar (extraído de la Wikipedia), donde podéis ver el recuadro que sañala al escritor, en la parte de abajo a la derecha:


De hecho, por lo visto, los padres de Robert Louis se sintieron muy decepcionados cuando su hijo dijo que no quería dedicarse a la saga familiar, y que prefería iluminar el mundo de otra forma. El caso es que los Stevenson ayudaron a construir numerosos faros. Algunos, en la cercanía de su tierra natal, en Escocia, como éste de "Butt of Lewis" ("culo de Lewis"), llamado así porque está situado en un extremo de la isla del mismo nombre (por cierto, un lugar muy chulo que visitar), adonde tuve la suerte de ir hace unos años.
Fotos del faro en el "Culo de Lewis", realizadas por el autor.

Esta es uno de los edificaciones que se describen en "Breve Atlas de los faros del fin del mundo", de José Luis González Macías (publicado por Ediciones Menguantes), un libro sobre algunos de los faros situados en las regiones más ignotas del mundo. Entre esas evocadoras construcciones se desgranan los detalles de varios faros construidos por los Stevenson. Otro lugar muy literario que también se menciona es el faro de San Juan de Salvamento, situado en las islas de los Estados en Argentina, en Tierra de Fuego, y uno de los más australes del planeta. Julio Verne ambientó en este lugar "El faro del fin mundo", una novela de aventuras que catapultó a la fama esta localización, y de la que por cierto hubo una entretenida adaptación cinematográfica con Kirk Douglas como protagonista.

Pero volvamos a los Stevenson. Si os fijáis en el árbol familiar, os daréis cuenta que hay un primo de Robert Louis llamado David Alan, y que también era ingeniero de faros. Pues bien, este hombre tuvo una hija a la que llamó Dorothy Emily, la cual acabó siendo escritora. No sabemos si el parentesco con Robert Louis jugó un papel (ya sabemos que los inicios son duros, y que cualquier ayuda cuenta: aquí hablámos el caso de la bisnieta de Charles Dickens, que tuvo que trabajar con sus propias manos antes de conseguir reconocimiento literario), pero el caso es que Dorothy Emily se convirtió en una escritora muy exitosa, gracias entre otras historias a "El libro de la señorita Buncle" (Editorial Rara Avis), un ingenioso divertimento que no tiene nada que ver con faros, sino con un prototipo muy británico: los habitantes de un pequeño pueblo, los cuales andan tan perdidos como un barco en día de galerna.
En esta novela, la señorita Buncle, acuciada por las necesidades económicas, decide escribir un libro sobre lo único que conoce: sus vecinos. Lo lleva a un editor, quien, convencido de su éxito, lo publica bajo un pseudónimo. Sin embargo, los habitantes del pueblo de la señorita Buncle no tardan en reconocer sus propias personalidades en el texto de su paisana y, furiosos, tratan de dilucidar quién ha sido el autor de ese escandaloso ultraje, para así tomar medidas contra él. El argumento juega con las consecuencias inesperadas y equívocos que genera tan escandaloso volumen, y de paso sirve para describir todas las miserias de esta diminuta villa, tan igual a tantas otras. En conjunto, el libro puede parecer demasiado costumbrista (es lo que tiene denunciar la mezquindad de determinados ambientes: debes meterte hasta el fondo dentro de ellos), pero tiene detalles de ingenio que arrancan unas cuantas sonrisas, y juega muy bien con la mezcla entre realidad y ficción. No es extraño que muchos lectores se sintieran identificados por alguna de las situaciones que trataba: de hecho, el libro debió de gustar bastante, pues dio lugar a una serie de secuelas. En conjunto, no es inolvidable, pero es breve, sencillo y divertido. De esta clase de narraciones (fue un elogio que le dedicaron a las novelas de D.E. Stevenson) donde sabes que todo va a acabar bien: y ése al fin y al cabo es el objetivo de los faros, ¿verdad?

lunes, 19 de mayo de 2025

Los libros de mayo: una de bibliotecas

En el blog le hemos dedicado otras entradas a las bibliotecas, y también varios hilos en la red social antes llamado Twitter (os lo cuelgo aquí para los que no tengáis acceso). He hecho fotos a unas cuantas bibliotecas ilustres, como esta sección de la Nacional de Francia, heredera de la biblioteca de Mazarino que comentamos abajo.

El libro de ideales (y tamaño) casi enciclopédicos Bibliotecas, de Andrew Pettegree y Arthur der Weduwen no es, como el también estupendo La Biblioteca. Un patrimonio Mundial, con texto de Campbell y fotografías de Pryce, un compendio ilustrado de las grandes bibliotecas que se han construido, con imágenes que reflejan sus maravillosas colecciones, y un análisis de cómo la arquitectura de las bibliotecas ha ido cambiando para adaptarse mejor a su función de atesorar el conocimiento. Es, más bien, una historia de cómo han evolucionado las distintas formas de ir almacenando libros y, al mismo tiempo, cómo cambiaba la consideración de este útil instrumento para la difusión de la cultura, y la propia función de las bibliotecas. Si los primeros repositorios de libros (primero papiros. luego códices) eran sobre todo privados, y luego serían los monasterios los que heredarían esta función, los autores nos cuentan cómo, desde la invención de la imprenta, los coleccionistas privados, muchos de ellos profesionales liberales, empiezan a construir sus propias bibliotecas particulares, y comienza a surgir un activo mercado de compra y venta de libros no sólo para su función principal (leerlos), sino incluso con los fines de coleccionismo y, como ha ocurrido siempre, para el prestigio social del dueño de dichos volúmenes. Pettegree y der Weduwen nos hablan también de cómo las bibliotecas (y su destrucción) fueron un arma de guerra y de proselitismo entre las diferentes confesiones religiosas; cómo, a partir muchas veces de coleccionistas privados, nacen las bibliotecas nacionales, destinadas a definir la cultura de cada país (ahí nos narran la conmovedora historia de Naudé tratando de salvar la biblioteca de Mazarino, que os recomiendo vivamente); cómo estas bibliotecas -como algo que ya venía ocurriendo desde la antigua Roma- van poco a poco abriéndose para dar acogida primero a intelectuales y luego al gran público; cómo, en esta labor, surgen tanto iniciativas eclesiásticas, públicas, o de filántropos privados (como el caso del famoso millonario norteamericano Carnegie) para expandir las bibliotecas por todo el mundo para que cualquier persona interesada pueda acceder a ellas; cómo, poco a poco, las necesidades de una masa ingente de lectores van cubriéndose a través de bibliotecas de suscripción y de bibliotecas circulantes (especialmente llamativo el caso de las "bibliotecarias a caballo", mujeres que cabalgaban sobre sus monturas para llevar la cultura a los más recónditos lugares de sitios como Kentucky); y también los avatares que sufren los depósitos de libros con las sucesivas guerras y las expurgaciones por causas religiosas, ideológicas, o simplemente de tamaño. También nos explican cómo ha cambiado el modelo social de las bibliotecas: de no estar pensadas para niños hasta contener una sala específicamente infantil, de no contar con las mujeres (también muy ilustrativo el caso de la jefa de la biblioteca de Los Ángeles, Mary Jones, que fue obligada a cederle su puesto a un hombre, lo cual abrió una oleada de protestas feministas) a que ellas formen buena parte de sus organizadoras y usuarias. Finalmente, el texto habla de cómo las bibliotecas son ahora en buena medida centros comunitarios que ponen en contacto a los lectores no sólo con los libros, sino con la moderna tecnología, a pesar de que el libro se haya mostrado sorprendentemente resistente a todos los sustitutos tecnológicos que han tratado de reemplazarle. En definitiva, un volumen que debería hallarse en la biblioteca de todo bibliófilo, y no sólo porque quede bien en ella.

Posdata: habréis visto que hemos puesto en este post una serie de enlaces a hilos de Bluesky (también, a otro tipo de links y formatos) donde detallamos y ampliamos información sobre algunas de las historias que se esbozaban en este libro. Porque ya sabéis que de un texto siempre salen historias nuevas, algunas de las cuales deben ser contadas en otra ocasión...

lunes, 14 de abril de 2025

El libro de abril: "Cosas que nunca creeríais", de Rodrigo Quian Quiroga

"Cosas que nunca creeríais" es un libro escrito por Rodrigo Quian Quiroga, físico y neurocientífico argentino conocido especialmente por descubrir las "neuronas de concepto", es decir, neuronas que se activan específicamente al evocar una noción muy concreta, por ejemplo, la figura de un famoso (de hecho, popularmente se las conoce como "neuronas de Jennifer Anniston", porque durante el experimento encontraron una neurona que se activaba cada vez que el paciente oía este nombre o veía una foto de la popular actriz). El libro toma como punto de partida afamadas películas de ciencia ficción como Blade Runner, Hasta el fin del mundo, 2001, El planeta de los simios, Minority Report, Matrix, Origen (Inception), las sagas de Star Trek y Star Wars, Abre los ojos o Desafìo total para preguntarse por las atrevidas predicciones científicas a las que apuntan (la inmortalidad, el control de los sueños, la creación de cyborgs, la implantación de nuevos recuerdos o la eliminación de memorias), y también algunas de las dudas existenciales que el hombre se ha planteado desde el inicio de los tiempos: ¿es posible que vivamos en una simulación?; ¿es real el libre albedrío?; ¿cuál es la base de nuestra identidad?; ¿qué diferencia la inteligencia de un ser humano de la de un animal y una máquina? Como veis, el libro combina cine con filosofía (Descartes, Platón, Kant o Humes son fuentes recurrentes, aunque también Borges o los más reconocidos físicos), pero, además, pone todas estas hipótesis y especulaciones en contraste con los últimos avances de la neurociencia, que ha conseguido, de manera reciente, logros tan importantes como activar neuronas a nivel individual, discerniendo los mecanismos íntimos por los cuales opera nuestro cerebro; que los pensamientos de nuestra mente sean capaces de mover brazos mecánicos, o estimular músculos con los que había perdido el contacto; traducir imágenes y sonidos en señales eléctricas, para que así los discapacitados recuperen ciertos sentidos; inducir falsos recuerdos, o reproducir el contenido de sueños. Obviamente, todos estos éxitos son preliminares (buena parte se han llevado a cabo sólo en animales), requieren en general de alta tecnología muy invasiva y poseen sus limitaciones éticas y técnicas, pero es curioso pensar que muchas de las cuestiones que han planteado los grandes autores de ciencia ficción se hallan hoy relativamente cerca de conseguirse, y permiten aproximarse a la resolución de interrogantes esenciales acerca no sólo de cómo funciona nuestro cerebro, sino hasta qué punto nuestra memoria o nuestra identidad dependen de las conexiones entre las neuronas (algo más complicado, sin embargo, resulta contestar a los viejos dilemas filosóficos, aunque Rodrigo Quian Quiroga se arriesga en más de una ocasión). En ese sentido, un libro fundamental para aquellos a quienes les interesen las grandes cuestiones en torno al hombre. ¿El único pero? Pues que es un texto que, por su propia naturaleza, en la vanguardia del conocimiento, está condenado a quedarse desactualizado en poco tiempo, y de hecho, por ejemplo, cuando habla de inteligencia artificial, da la sensación de que la realidad se está adelantando a la página impresa. Pero eso no es demérito del libro, el cual, por el contrario, aspira a crear una nueva forma de hacer filosofía y a replantearse de forma distinta una serie de interrogantes que, sin duda, nos perseguirán de manera intemporal y, seguramente, imperecedera. Al fin y al cabo, que nos hagamos esas preguntas forma parte de nuestro ADN y es inherente a aquello que (sea lo que sea) nos hace humanos.

lunes, 10 de febrero de 2025

El libro y la historia real de febrero: "Revolución. Indonesia y el nacimiento del mundo moderno", de David van Reybrouck.

 

El libro del que tratamos hoy es descomunal, en muchos sentidos. En el físico: tiene más de 600 páginas. En el volumen de lo que cuenta: aunque el relato principal se centra en cuatro años (de 1945 a 1949, cuando se certificó la independencia indonesia), el texto realiza un relato sobre la historia del territorio desde sus orígenes, sobre la cual se va profundizando conforme avanzan los siglos, dedicándole una mirada especial a la colonización holandesa, los primeros intentos revolucionarios, la invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y, finalmente, el período de descolonización y sus consecuencias posteriores. Es impresionante también respecto a sus fuentes: no es sólo que cuente con un sin número de referencias bibliográficas, sino que se sustenta muchísimo en testimonios directos (bastantes de ellos, ya nonagenarios, a punto de perderse en la noche de los tiempos) recogidos en lugares tan distantes como Holanda, Indonesia, Japón o el Himalaya. Finalmente, es un libro que ha causado un gran impacto: un belga escribiendo sobre un tema holandés y que mira en muchas ocasiones desde la perspectiva asiática. No es extraño que algún político de los Países Bajos haya mandado al autor al infierno, mientras que este sesudo análisis histórico ocupa escaparates en buena parte de las librerías indonesias.

Pero el esfuerzo, desde luego, ha merecido la pena. Es un texto apasionante, que me ha obligado a dedicarle un día entero leyendo para devolverlo a tiempo a la biblioteca de donde lo saqué como simple documentación para un viaje a Indonesia. Por supuesto, lo ha complementado y me ha hecho comprender muchas cosas, algunas de las cuales quiero compartir aquí.

Para empezar, muchos creen que la colonización neerlandesa en Indonesia fue suave, comparada con otras experiencias. Supongo que todos los antiguos países colonizadores piensan lo mismo de su caso particular. Pero no: en muchas ocasiones fue brutal, despiadada, y fuente de un enorme descontento. Los Países Bajos administraron sus dominios primero como un negocio (a través de la Compañía de las Indias Orientales, con el fin sobre todo de garantizar el monopolio de las especias), y luego, conforme las circunstancias fueron cambiando, como un estado avasallador que se aprovechaba de las ricas materiales primas de un territorio que cada vez se fue haciendo más grande y estructurado. Por supuesto, ello generó toda clase de interacciones, algunas positivas, como una cierta sección de la población indonesia que recibió educación y pudo compartir algunas de las responsabilidades de la colonización. Pero incluso ellos (especialmente la población mestiza) notaron que los europeos siempre se encontraban un escalón por encima -el libro realiza muy buena analogía con las distintas cubiertas de un barco de aquella época- y eso, como en muchos lugares del mundo, sembró las semillas del rencor y las ansias de libertad. Hay varios episodios del libro que ilustran muy bien este odio acumulado: 1) cuando los japoneses llegan para invadir Indonesia, en busca sobre todo de petróleo, sus habitantes les reciben como libertadores. Y a pesar de que luego el hambre y el propio colonialismo japonés rompen esa luna de miel, aquel período (en que los indonesios alcanzaron mayor autonomía, y fueron instruidos en el arte miliar por sus nuevos amos asiáticos) fue clave para entender que, después de la Segunda Guerra Mundial, las cosas no podían seguir igual; 2) cuando los neerlandeses vuelven tras la guerra, creen que les van a acoger con los brazos abiertos. En lugar de ello, se encuentran con una población abiertamente hostil. Ante ello, los Países Bajos repiten los mismos errores, y creen que la fuerza lo solventará todo. De hecho, es increíble leer lo que a finales de los años 40 llegaron a hacer los Países Bajos (un pueblo asfixiado, poco tiempo antes, por el yugo alemán) en cuanto a crímenes de guerra en una región que decían estar liberando y pacificando, y lo poco que se han castigado y puesto de relieve esas matanzas -tanto, que quienes las han confesado han recibido, por parte de neerlandeses, terroríficas amenazas de muerte-. Para que nos hagamos una idea de lo radicales que llegaron a volverse las posturas, un partido de derechas bastante importante a finales de los años 40, liderado por un ex-primer ministro del país, dijo que, antes de entregar las colonias, habría que disolver el gobierno, y planeó un golpe de estado que hubiera supuesto el asesinato de numerosos líderes neerlandeses. No sé si a los lectores les sonará a otros contextos en que el tema territorial ha entrado en un bucle de obcecación tan fuerte que ha llegado a originar ideas extremadamente delirantes y antidemocráticas.

Uno de los puntos fuertes del libro es que te indica que, al contrario de lo que muestran las películas, hay muchos casos individuales que se escapan a lo común: un intelectual independentista indonesio que vive en Holanda y acaba en un campo de concentración nazi; un mestizo indo-holandés que es capturado por los japoneses y le cae la bomba atómica de Nagasaki encima; un tripulante de submarino alemán que es arrestado por los japoneses al final de la contienda; soldados nacidos en Nepal, quienes trabajan para la corona británica, los cuales tratan de pacificar la recién liberada Indonesia, pero que se encuentran con el rechazo de la población (saben que la entrada del Reino Unido es el anticipo de la llegada de los holandeses para recuperar la joya del reino), con lo cual asiáticos terminan enfrentados contra asiáticos, y japoneses y británicos han de colaborar juntos para garantizar la paz. Para mí, una de las escenas más sorprendentes es cuando los americanos, durante la Segunda Guerra Mundial, llegan a la zona de Papúa (donde sus habitantes viven aún en el Neolítico) y, mientras empiezan a construir aeropuertos, les prometen a los nativos 25 céntimos por cada japonés -la prueba del objetivo cumplido es una oreja- que maten en la huida desesperada de los nipones a través la selva. Por lo visto, aquel año, muchos soldados americanos enviaron orejas asiáticas a casa como regalo. En este libro, desde luego, hay muchos casos que darían para espectaculares adaptaciones cinematográficas.

De hecho, entre los muchos actores, poliédricos, entre dos culturas y dos perspectivas, cargados de matices, me ha llamado la atención aquellos neerlandeses que, a pesar de la cerrazón de sus gobernantes, tenían claro que los indonesios merecían aquella misma libertad que, a ellos mismos, los nazis les habían negado. Por ejemplo, el Partido Comunista Holandés, que siempre estuvo a favor de la independencia indonesia; los 8.000 miembros del Partido Socialista que se dieron de baja, descontentos con la postura que habían adquirido sus líderes con el proceso descolonizador; el 50% de hombres y el 38% de mujeres de la población de los Países Bajos que estaban en contra de mandar tropas a las colonias; o el caso de un soldado neerlandés que, al darse cuenta de que le llevaban para matar indonesios, se escapó de noche, llegó a la zona del enemigo, gritó "¡Merdeka!" ("libertad" en indonesio"), le contó a la población local los planes de sus jefes, y fue acogido como un héroe (aunque fue encarcelado a su vuelta a los Países Bajos). Demostrando que disidentes y auténticos amantes de la libertad los ha habido siempre en todos lados.

En el otro lado, el pueblo indonesio dio enormes muestras de paciencia y resiliencia, aunque, al final, por supuesto, tantos excesos llevaron a reacciones violentas (en muchos casos exageradas y que pagaron inocentes), pero que son fáciles de entender después de lo que habían vivido, y que al final fueron las únicas que los colonizadores llegaron a entender. Frente a ello, hubo muchos personajes y políticos que mediaron, contemporizaron, y de verdad intentaron poner lo mejor de su parte. Entre los nombres más destacados están Sukarno (futuro primer presidente de Indonesia, y que pactó con Dios y el diablo para conseguir su propósito; de hecho, fue capaz de hablar con fascistas japoneses, colonizadores holandeses, islámicos y comunistas indonesios, y también de defraudar a todas esas colectividades) y Sutah Sjahrir, un hombre culto y conocedor de las costumbres europeas, atrapado entre dos fuegos, que acabó enfrentado con la siguiente ola revolucionaria, y que hundió su carrera política, como muchos, para tratar de evitar un derramamiento de sangre. En el proceso, quedó claro que había posturas contrapropuestas (por ejemplo, una generación mayor que optaba por pactar y ser pragmática, y una más joven que apostaba por la violencia revolucionaria), en elecciones que eran siempre complicadas porque el poder de la fuerza en su abrumadora mayoría estuvo del lado neerlandés.

Al final, a pesar de que por supuesto hay muchos factores implicados, la independencia indonesia se logró por dos motivos principales: 1) aunque, a través de la violencia, los Países Bajos recuperaron casi la totalidad del territorio tras la Segunda Guerra Mundial, nunca lo controlaron del todo. La resistencia indonesia en forma de guerrillas convirtió aquello en un anticipo de lo que sería más tarde la guerra de Vietnam, quedando claro que unas centenas de miles de hombres no pueden gobernar un país donde millones conspiran subterráneamente en contra. Tener colonias, desde luego, ya no era rentable; 2) los EEUU, el gran mediador internacional, cambiaron de opinión. Si al principio estaban a favor de los Países Bajos porque temían que éste cayera bajo la influencia del comunismo, los movimientos en contra de esta doctrina política por parte de Sukarno les convencieron de que apoyarle a él -uno de los pocos actores moderados que quedaba en pie en el archipiélago asiático- era la única manera de garantizarse de que Indonesia no cayera bajo las redes de la Unión Soviética. Con ello, el país pudo conseguir el logro de ser libre, aunque pagó caro su éxito: económicamente, sobre todo al principio, las condiciones fueron muy ventajosas para los Países Bajos y, además, EEUU siguió utilizándolo como bastión contra el comunismo. Tanto que, en los años 60, favoreció un golpe de estado que causó centenas de miles de muertos e inauguró una dictadura que duró 32 años (y de la que todavía quedan reminiscencias y cicatrices en el país). Sin embargo, el autor de "Revolución" se centra sobre todo en los aspectos positivos: Indonesia -el cuarto país más poblado del mundo- fue el primer estado que, tras la Segunda Guerra Mundial, proclamó su independencia, y constituyó la inspiración para procesos descolonizadores que se iniciaron por todo el mundo. Aunque luego muchos de esos procesos sufrieron traumas, sabotajes, traiciones, quedaron desvirtuados, o se asomaron a un sin fin de problemas que venían derivados o eran independientes del colonialismo (en realidad, el capitalismo y la corrupción fueron los mayores responsables), en el balance, a inicios del siglo XXI, esos pueblos son un poco más autosuficientes y más libres, y han demostrado que se puede hacer política donde el centro de todo no sea la raza blanca. Teniendo en cuenta lo horrorosa que suele ser la Historia humana, a veces una victoria de este orden -por muy pírrica que sea- es suficiente.

Por último, el libro habla, para mí proféticamente, de cómo los seres humanos colonizamos no sólo los territorios, sino también el futuro: como el autor de "Revolución" dice, la gente de los años 20 del siglo XXI explotamos los recursos y comprometemos el destino de los habitantes del 2080. La destrucción de la naturaleza (de la que Indonesia, por desgracia, es una privilegiada avanzadilla) nos pasará las cuentas tarde o temprano. Pero esas son revoluciones que otras generaciones -sí, también nosotros- tendremos que liderar.

miércoles, 1 de enero de 2025

Los libros de enero: contra la opresión y el fascismo

 -La guerra de los pobres, de Éric Vuillard. El autor nos narra, en este ensayo corto, agudo como el filo de un hacha, y contundente como cada uno de los golpes de este instrumento, la historia de Thomas Müntzer, un reformador y teólogo alemán que, inspirado por figuras como Lutero o Jan Hus, pidió un evangelio que retornara a las esencias y a la protección de los más pobres, y de ahí pasó a la abierta rebeldía contra las figuras de los nobles alemanes y la desigual distribución de riqueza de su entorno, llamando incluso a la revolución violenta de los campesinos contra sus señores. Una lectura intensa acerca de los revolucionarios que parten de los principios más básicos, y se atreven a enfrentarse a fuerzas que se hallan muy por encima de su capacidad.
Imagen de Monticello, la casa de Jefferson en Charlottesville (Virginia), hecha cuando estuve por allí.

-Mi Monticello, de Jocelyn Nicole Johnson. Para entender esta novela hay que comprender primero el lugar donde está ambientada. Charlottesville es un pequeño pueblo en Virginia donde vivía Thomas Jefferson (el tercer presidente de EEUU, y autor de la Declaración de Independencia), cuya casa, denominada Monticello, fue y sigue siendo un modelo de referencia para toda la arquitectura norteamericana posterior. En esta historia, la protagonista, mujer, negra, descendiente de una esclava que tuvo hijos con Jefferson -este episodio histórico es real- vive en un futuro no demasiado lejano donde la civilización ha empezado a derrumbarse, y gente muy parecida a los seguidores de Trump merodean, con sus camionetas, sus armas y sus actitudes nazis, asolando todo a su paso. Un grupo de refugiados, incluyendo nuestra protagonista, deciden esconderse en Monticello, a la espera del siguiente paso. La novela está escrita desde la sensibilidad interior del personaje principal (de hecho, a ratos da la sensación de que tiene poca intención de seguir una narrativa estructurada, o de explicar ciertas cuestiones de manera concreta), y desde luego lo que mejor logra es la atmósfera de sociedad derrotada, pero cuyos miembros se cuidan mutuamente mientras sea posible. En muchos sentidos, recuerda mucho a La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler, autora (también mujer y negra) la cual consiguió crear en los años noventa una distopía tan cercana a la visión actual que tenemos del futuro -con su cambio climático, una sociedad que colapsa, y una sensación continua de "sálvese quien pueda"- que da un poco de miedo, y más cuando la adolescente protagonista cree que fundar una nueva religión es la única manera de formar un colectivo que haga frente a la nueva situación. "La parábola del sembrador" es la primera de las novelas de una saga que quedó inacabada con la muerte del autora, pero se ha convertido en una referencia de la novela postapocalíptica de todos los tiempos.

Y aquí viene uno de los motivos por los cuales "Mi Monticello" me ha llamado tanto la atención. Charlottesville es un oasis en el lugar donde está localizado -un sur mayoritariamente blanco donde es habitual encontrar pueblos pequeños en cuyo bar principal hay una bandera confederada adornando la pared-. Es una ciudad universitaria, cosmopolita, repleta de extranjeros y de mentalidad muy abierta y tolerante. Fue precisamente por eso por lo cual los zombis ignorantes que siguen a Trump (vamos a llamarles por su nombre: nazis) decidieron montar una manifestación allí, donde un descerebrado atropelló a una chica y, por supuesto, el aún más descerebrado de su jefe salió a defenderles. Por eso precisamente, el asalto a Monticello (en la ficción) o a Charlottesville (en la vida real) nos recuerda que el Estados Unidos que nacerá en unos pocos días se va muy probablemente a convertir en todo lo contrario de lo que dice su esencia. Y quién sabe cuánto más durará ese sueño de Jefferson de una ciudadanía que escoge libremente a sus representantes. No se me escapa que buena parte de culpa la tienen esos idiotas que no leerán un libro ni aunque les aticen con él. Por eso, desde esta cuenta, vamos a seguir recomendando libros: porque no sabemos si nos comerán los monguers o los fascistas (ahora mismo, son lo mismo), pero vamos a seguir defendiendo ciertas cosas hasta el final. Y, desde luego, no nos van a pillar con los brazos cruzados; ni, por supuesto, sin luchar hasta el último aliento.

lunes, 16 de diciembre de 2024

Los libros de diciembre: inspirados en sucesos reales

Tres narraciones basadas en historiales reales pero que están muy cerca de la ficción, entre otras cosas, porque emplean recursos propios de la novela para cautivarnos. Muy recomendables todas:

-A plena luz, de J.R. Moehringer. Basado inicialmente en un artículo de prensa, este libro cuenta la historia de un legendario atracador de bancos de la época de Gran Depresión que sale de la cárcel ya anciano gracias a la influencia de unos periodistas que le exigen a cambio que, durante un día, les lleve por las zonas de Nueva York que pueden explicar su trayectoria vital. El autor -antiguo periodista- utiliza de manera excelente la alternancia entre recuerdos, sucesos del presente y analogías en todas las direcciones para trazar un retrato de un atípico ladrón de bancos (que lee a Dante y tiene el humor cínico de un reventador de cajas fuertes) que está cargado de frases ingeniosas y de personajes inolvidables. No se lee, se devora.

-En Las futbolistas que desafiaron a Mussolini, Federica Seneghini relata de manera novelada (pero en realidad se inspira en investigaciones periodísticas) los avatares de un grupo de chicas que, en la Italia de Mussolini, se empeñaron en montar el primer equipo de fútbol femenino, y de todos los inconvenientes que tuvieron que afrontar. Aparte de describir las siempre indignantes consecuencias del fascismo, quizá lo que más duele de todas sus desventuras es que muchas de las actitudes y sucesos nos las podríamos encontrar perfectamente hoy en día, sobre todo ahora que machistas y fascistas se exhiben sin ningún rubor.

-El affaire Arnolfini, de Jean-Philippe Postel. Muchos conoceréis este cuadro, enclavado en la National Gallery de Londres (por cierto: es pequeñísimo), y que ha sido cúmulo de un sinfín de especulaciones. Pues bien, este ensayo, que en parte se maneja como libro de misterio. trata de sacarle punta a todos y cada uno de los posibles detallitos de la pintura, hasta encontrar interpretaciones sorprendentes, y que van mucho más allá de lo que pueden imaginar nuestros ojos a simple vista. ¿Un par de peros? Como siempre que hablamos de simbología en el arte, cada afirmación que se enuncia podría ser cierta, pero también sería factible su contraria; y, por otro lado, el autor trata de deducir mucho a partir de detalles que no sólo cuesta ver en la pintura en su tamaño original, sino hasta después de ampliarla varias veces. Para amantes de los juegos de detectives en el arte.