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lunes, 12 de agosto de 2024

La cultura es para el verano: tres películas y cómic

-El jugador (Rupert Wyatt, 2014), una película que recuerda al libro homónimo de Dovstoievski sobre la adicción al juego, aunque en muchos sentidos lo supera. El protagonista (interpretado por Mark Wahlberg) es un profesor universitario que cree que las cosas son blancas o negras: o se tiene éxito de manera arrolladora o se fracasa. Esto, por supuesto, cuando se trata de los casinos, le lleva a situaciones límite en las que se esfuerza en enredarse cada vez más. Atrapado por varias deudas que ponen en peligro su vida, este antihéroe tensará las relaciones con sus deudores (entre ellos, los que representan John Goodman y Michael K. Williams), su madre (Jessica Lange) y varios alumnos (incluyendo una brillante pupila a la que caracteriza Brie Larson). Los diálogos están muy bien trabajados (sobre todo las escenas en las que participa Goodman, especialmente conforme se acerca el final) y delineados con mucha inteligencia, mientras que todos los actores (hasta Wahlberg) están muy bien. Quizá sólo se eche un poco de menos que la subtrama con Brie Larson quede mejor resuelta.

-Callejón sin salida (John Cromwell, 1947; no confundir con la de Roman Polanski de 1966) parece, de inicio y por los carteles promocionales, la típica peli de cine negro que en que Bogart ejercía de matón de medio pelo. Pero no: como si fuera un teatro, te plantea un escenario muy especial (la época en que surgían edificios lujosos en el Upper East Side de Nueva York que lindaban con barrios miserables y casas de pobres; por supuesto, ese lugar ya no existe, pues todo se ha gentrificado), y te relata, de una manera costumbrista, las dramas y miserias de un contexto social muy complicado, como si con una fotografía del momento pudieras diseccionar la evolución de los personajes hacia el pasado y el futuro. Con un uso estupendo de la escenografía y del cruce de las tramas, aunque la película sea predecible en algunos aspectos, resulta sorprendente en otros. En ese sentido, un descubrimiento muy especial.

-Quiero tener una ferretería en Andalucía (Carles Pratts, 2011). Ya en este blog hemos tratado el tema (a través del libro "Entre limones") de esa extraña fascinación que tienen algunos británicos por el sudeste de España, que les lleva a cambiar de lugar de residencia y de vida. El documental "Science Fiction", que habla de las andanzas de Laurence Burton (alias "el indio") en el desierto de Tabernas incide en este aspecto, aunque más por el lado sórdido (a veces parece que el aludido huye de su propia existencia, más que buscar otra nueva). Pero el documental de precioso título que nos ocupa explora el lado luminoso: cómo Joe Strummer, el líder de la banda de punk británica The Clash (conocida por éxitos como London Calling) cambia el Londres urbano por el sol infinito y la vida tranquila de Almería, estableciendo su cuartel general entre San José y Granada. El film ofrece varios aspectos interesantes: la personalidad amable de Strummer (en contraste con el aire agresivo que, por sistema, parecía que debía ofrecer un artista punk), su búsqueda del anonimato, su carácter sencillo, y sus extravagancias con un punto poético, así como las variopintas reacciones y perspectivas de los que le rodean, incluyendo habitantes locales que no se pueden creer que delante de ellos esté el cantante de The Clash. Muy original y sorprendente.

-Marvel, 1602. Neil Gaiman (como comentaremos más adelante en un podcast que estamos deseando mostraros) le ha dado a todos los palos. En la novela gráfica, se sacó de la manga (o le encargaron: no le tengo muy claro) esta historia que básicamente coloca a los personajes de Marvel en la Inglaterra isabelina. Lo más interesante es intentar descubrir bajo qué efigie se representa cada uno de los personajes míticos de la franquicia de superhéroes, gracias a lo cual le perdonamos que ciertos recursos se los saque un poco de la manga. A nivel visual, estupendo. La trama, muy bien hilada -parece mentira que Marvel no se ambiente de normal en esta era-.

viernes, 1 de septiembre de 2023

Nuevo capítulo de "El Gato de Hubble": ¿qué es el arte? (y, sobre todo, ¿se puede comer?)

Una de las chicas francesas de Pablo Picasso. A saber dónde la conoció.

En esta nueva entrega de "El gato de Hubble" hablamos sobre el mundo del arte, y, claro, la conversación ha derivado hasta terrenos insospechados. ¿Cualquier cosa es arte?; ¿la gastronomía también puede serlo?; ¿el valor de un cuadro tiene algo que ver con el precio?; ¿cuál es la diferencia entre un autor y un artesano; es el concepto de autor tan importante hoy en día como en otros momentos de la historia?¿Hay una zona de confort para los creadores, y otra para los espectadores? En un episodio con mucha libertad creativa, donde hablaremos mucho y muy bien del Prado, Viena y Elche, preparaos para descubrir historias increíbles como la del detective a quien le negaron que una pintura era un Pollock, lo bien orquestada que está la música del Mario Bros, o cómo las innovaciones técnicas y las cuestiones económicas han pesado en la simbología artística (incluso en el color del manto de la Virgen). Bienvenidos, pues, a un programa con mucho arte.

martes, 1 de agosto de 2023

La historia corta de agosto. Dedicadas a Eduardo Galeano (XX): un concierto inesperado.

 Dedicadas a Eduardo Galeano (XX): un concierto inesperado.

            Fue muy curioso: cuando detuvimos el coche por una avería en mitad de la carretera, al lado de un claro del bosque, y mi padre (como era habitual en él) enchufaba la música clásica a todo volumen mientras reparaba el motor del coche, un grupo de ciervos se acercaron y quedaron parados, con mirada curiosa, aparentemente extasiados por la poderosa voz de Pavarotti haciendo sombra a los gorjeos de los pájaros. Permanecieron en esa guisa, hasta que finalmente nos marchamos.

            Mi padre se regocijó, orgulloso:

            -Por fin encuentro alguien que sabe apreciar la música que pongo –dijo orgulloso, y complacido, subió aún más la música, sin importarle los gritos que nosotros pudiéramos tronar...

lunes, 19 de junio de 2023

La serie de junio: "We're Lady Parts"

El punto de partida de "We're Lady Parts" es genial. Una chica joven, modosita, conservadora, que hace una tesis en microbiología y cuya única ambición es encontrar marido, se ve arrastrada a formar parte de un grupo punky de chicas, cuyas canciones y forma de vida van en contra de todo el universo que ha conocido hasta entonces.

Si os habéis imaginado una historia en la que podrían encajado Anne Hathaway o Julia Roberts, habéis acertado. Ahora añadid que todas las protagonistas forman parte de la comunidad musulmana en Londres. El cocktail, como ves, es explosivo.


La serie es genial. Por muchos motivos. Hay que tener una capacidad increíble para tomar este argumento (que camina en la cuerda floja sobre el abismo de la crítica por todos lados) y hacer algo que no atenta directamente contra ningún modo particular de vida, sino que defiende ante todo la capacidad de decidir por una misma, sin imposiciones de los demás -una actitud, por supuesto, muy punk-. Encima, sin tirar de moralina ni lugares comunes, sino desarmándote a fuerza de sentido del humor y de unas referencias pop extraordinarias, muy reconocibles para el espectador que vive en Occidente. Las actrices interpretan con gran criterio a unos personajes extremadamente carismáticos y, como colofón, la banda sonora (especialmente la parte no-punk) es maravillosa. Encima, los capítulos son cortos y la serie, lejos de estirarse, te deja con ganas de más. De momento, sólo tiene una temporada y podeís encontrarla en Filmin.

lunes, 19 de diciembre de 2022

La obra de teatro de diciembre: "Ladies Football Club"

"Ladies football Club" es una obra de teatro de Steafano Massini cuya premisa parte de una historia real: un grupo de trabajadoras de una fábrica de armamento en Inglaterra, durante la Primera Guerra Mundial, que decidieron iniciarse en el mundo del balompié, hasta entonces vetado a las mujeres, y montaron un equipo que demostró que las féminas podían ocupar espacios hasta entonces sólo reservados a sus congéneres masculinos. La obra lleva un tiempo rodando por España, he tenido ocasión de verla, y no puedo sino elogiar los resultados.


No conozco exactamente los distintos aspectos de la historia real en la que se inspira el guión, ni tampoco cómo fue el montaje original de la representación en otros países (por lo que veo, el director Sergio Peris-Mencheta, quien también ha dirigido la sin par "Noche sin luna", escrita e interpretada por Juan Diego Botto, ha incorporado bastantes cambios), pero, desde luego, a éste no le falta de nada: aparte de una escenografía muy versátil, las tres horas menos cuarto que dura la actuación se te hacen cortas, acompañados de juegos de sonido, de luces, interacción con el público y unos números musicales muy efectivos. Pero si por algo destaca la obra es por los dos aspectos por los que más debe brillar una producción teatral: el libreto y los intérpretes.

El texto, por un lado, está sin duda muy bien trabajado a través de múltiples recursos, y es capaz de hilar las circunstancias históricas que rodean a la historia (la guerra, las cuestiones sociales, los condicionantes causados por el conflicto) con la biografía tan detallada de cada una de estas once empleadas de una fábrica de armamento, cada una con su personalidad, preocupaciones, sueños y su particular carga emocional encima. Pero toda esta exuberancia de caracteres no se expresaría de manera adecuada de no ser por este excepcional grupo de actrices que, a lo largo de una representación sin interrupciones, cantan, organizan complicadas coreografías, juegan con su voz e interpretan a la vez a múltiples personajes que nos hacen reír, llorar, vibrar, contener el aliento y, sobre todo, preocuparnos por su destino, en un trabajo coral donde, como suele ser común, el todo luce más a partir de la suma de sus acertadas partes. No obstante, lo que está claro es que cada una de las artistas deslumbra con luz propia.

La obra se representa ahora mismo en los Teatros del Canal de Madrid, aunque estoy seguro de que tendréis oportunidad de disfrutarla en el futuro, en ésta y otras ciudades. Espero que la recomendación sirva para que acudáis a verla, y que gracias a ella lo paséis tan bien como yo. Un saludo.

lunes, 10 de enero de 2022

La historia real de enero. Músicos a favor y en contra la barbarie: la música y el nazismo

En pocos lugares se admira más la música clásica que en los países de habla alemana. He visto, en Suiza, congresos científicos que se inauguran bajo los sonidos de un cuarteto de cuerda; en Austria, masas haciendo cola para conseguir entradas de pie para la Ópera de Viena; en Alemania, gente que asiste durante cuadro días seguidos a representaciones para disfrutar del ciclo completo del Anillo de los Nibelungos. Hablando de un arte (la música) que siempre intensifica emociones, es normal que cuando estos lugares atravesaron una de las plagas más terribles de la historia (el ascenso del nazismo), se vivieran toda clase de situaciones en las que la expresión artística sirvió para cristalizar lo peor y lo mejor de los distintos individuos. En este post quisiera hablaros un poquito para contaros algunas de estas circunstancias, que otros artículos y foros -a los cuales enlazaremos- han descrito sin duda de manera más prolija que este humilde y breve resumen.

La abundancia de espléndidos músicos en los países de habla alemana la atestigua su profusión de tumbas en los cementerios, y el ornato que les dedican dentro los mismos. Arriba, por ejemplo, tenemos la lápida del padre de Wolfgang Amadeus Mozart (Leopold Mozart, reconocida compositor y docente musical) en Salzburgo, pero también la famosa "rotonda de los músicos" del Cemeterio Central de Viena. Sin embargo, no sólo se trata de grandes nombres: cada pequeño detalle de la vida cotidiana de estas regiones se halla plagada de notas musicales. Para muestra, un botón: esta fotografía (abajo), también tomada en Salzburgo, del convento donde vivió la famosa monja María, cuya historia real inspiraría la película "Sonrisas y lágrimas" (The sound of music). Un film cargado de melodías pero, aún hoy, ignorado en Alemania y Austria, probablemente porque apuntaba a que no todos los ciudadanos de estos países fueron forzados por el régimen nazi, sino que algunos se apuntaron entusiásticamente a colaborar con él.

La primera pregunta que se antoja pertinente es: ¿la música puede ser nazi o anti-nazi? O, dicho de otra manera, ¿la música tiene color político? Lo cierto es que, como todo en la vida, la política implica un modo de ver la vida, y existen pocas cosas que escapen a esa definición -o que no puedan ser clasificadas de esta forma si tercian las circunstancias adecuadas. Bien se lo pueden contar a la España de principios del siglo XX, donde la clase obrera era admiradora de Verdi (cuya música era más "popular"), mientras que los conservadores se alineaban en mayor medida con los grandes relatos épicos de Wagner. De hecho, Richard Wagner constituye un factor fundamental en la historia de la relación entre la música y el nazismo: bien es sabido que el compositor alemán murió muchos años antes de que éste alcanzara el poder, con lo cual no se le puede acusar ni mucho menos de fascista. Pero entre sus ideas antisemitas, y el espíritu de su obra, tan imbricado con el pasado mitológico de Alemania, Hitler se convirtió en uno de sus fervorosos incondicionales, y por supuesto asistía con regularidad a las representaciones en el Festival de Bayreuth, dedicado en exclusiva a las óperas del autor que, según Woody Allen, cada vez que se escucha le entran ganas a uno de invadir Polonia. Además de Wagner, otras composiciones resultaron favorecidas durante aquel tiempo: Beethoven fue tan instrumentalizado por las cohortes nazis que incluso los más devotos lo consideraron vomitivo. En cambio, obras como la del judío Mendelssohn fueron proscritas, a pesar de que este compositor fue el responsable de rescatar del olvido al muy alemán y muy ario Bach.

Por supuesto, nada más los nazis se auparon al poder, en los distintos lugares que ocuparon (también en la siempre esencial Viena, a partir de la anexión de Austria a Alemania), hubo una purga de músicos pocos afines al movimiento, o simplemente de etnias y condiciones incómodas para el nuevo régimen. La suerte de los que consiguieron escapar fue dispar: por ejemplo, Bela Bartok nunca se adaptó del todo a la vida en Estados Unidos; su producción musical se resintió, y pasó por estrecheces económicas. Arnold Schönberg tuvo más suerte; quizás fuera un mecanismo interno del universo para compensar que su música fuera condenada dos veces, por su origen judío, y por ser categorizada dentro del "arte degenerado". Pero para los que no lograron huir, el resultado fue todavía más espeluznante: algunos fueron asesinados, otros encerrados en campos de concentración (Erwin Schulhoff, por ejemplo, falleció en uno de ellos), y los más afortunados simplemente perdieron toda oportunidad para trabajar. Como en otros aspectos de las acciones contra los judíos, las restricciones fueron paulatinas: al principio se estableció una Liga cultural hecha por y para los individuos de origen hebreo, que en un inicio tenía acceso a interpretar composiciones arias, pero luego sólo tuvo permiso para obras del repertorio judío; más adelante, sus integrantes serían enviados al campo de Terezín. Mientras tanto, los que habían alzado el vuelo iniciaron, en muchos casos, movimientos contra los nazis: Hanns Eisler organiza las Olimpiadas de la Música Obrera, y más adelante adaptará o creará una serie de obras explícitamente dirigidas a los prisioneros de los campos de concentración (incluyendo una composición, <<Soldados del pantano>>, inicialmente creada en una de estas prisiones, pero que Eisler volvió más combativa, y acabó por convertirse en un himno antifascista que se popularizaría en todo en el mundo, también durante la Guerra Civil Española).

Visto el panorama, queda muy claro lo difícil que era ser un músico ario que se posicionara contra el nazismo en aquellas circunstancias y, por eso, nos resulta difícil juzgar el delicado papel que tuvieron que jugar los artistas "sin mancha étnica" que quisieron conservar la vida o su puesto de trabajo. En algunos casos, no; por ejemplo, Kar Böhm era un músico abiertamente nazi que glorificaba el papel del Führer, aunque al parecer nunca llegó a pertenecer formalmente al Partido Nacional-Socialista. Carl Orff colaboró con el régimen nazi en tareas a las que otros se negaron (hay mucha discusión acerca de hasta qué punto), y se negó a ayudar a un amigo condenado por pertenecer a la resistencia -estaría <<arruinado>> si lo hiciera, dijo Orff antes de arrepentirse de sus actos-; el juicio tanto de los vencedores como de los historiadores sobre su papel es ambiguo; probablemente se le perdonaron muchas cosas porque tanto nazis como antifascistas idolatraban su Carmina Burana. Pero otros casos son más dudosos: por ejemplo, Winifred, la viuda del hijo de Richard Wagner, y directora del Festival de Bayreuth, convirtió este último en una loa al nazismo, pero, mientras estuvo al cargo, trató de proteger a una serie de intérpretes judíos de sus propios correligionarios. Winifred no se libró de un proceso de desnazificación después de la guerra que afectó a todo el festival. Sin embargo, otros individuos no pasaron por el mismo proceso: entre otros, el famoso von Karajan, que fue miembro nominal del Partido Nazi. Desde su entorno, se ha defendido que esta decisión no respondía tanto a una afinidad ideológica como a la necesidad de seguir trabajando durante aquel enrevesado contexto. Lo cierto es que lo que salvó a Karajan a posteriori fue otra cuestión: por lo visto, en un festival de Bayreuth, se perdió durante la dirección de una de las composiciones (se puso a dirigir sin partitura), organizando una reacción en cadena que provocó que las cantantes quedaran mudas y hasta una cortina se rasgara: aquello generó tanta ira por parte de Hitler que el dictador vetó a Karajan la posibilidad de volver a representar ninguna obra en el festival. Irónicamente, ese bochornoso incidente sería el que provocaría que la posteridad pasara de puntillas sobre su afiliación al partido y le permitiera seguir con su carrera durante la posguerra. Sin embargo, el caso de von Karajan indica cómo buena parte de la sociedad austríaca quiso obviar su propio papel en el nazismo, tapando con tenues vendas unas heridas que aún no han cicatrizado del todo, y por las que de vez en cuando supura un líquido que indica que faltan responsabilidades por depurar.

Un caso más controvertido es el de Richard Strauss. El compositor (que tanto gustaría a Stanley Kubrick) fue nombrado presidente de la Cámara de Música del Tercer Reich: eso le obligaba a impedir la representación de composiciones de autores judíos como Mahler o Debussy, las cuales no obstante trató de salvar. Su connivencia con el régimen nazi, sin embargo, se vio alterada por el trabajo conjunto con el escritor Stefan Zweig, con quien había compuesto una ópera. Strauss trató de proteger esta obra, como era lógico, con orgullo de creador. De hecho, coincidiendo con el estreno, le escribió una carta a Zweig donde minimizaba la importancia de la raza en la música y, en cambio, se centraba en el talento, argumentando que ostentaba aquel puesto en la jerarquía nazi para que no lo ocupara un artista menos capaz, y explicando que, para él, daba igual trabajar para un régimen que para otro. La misiva fue interceptada por la Gestapo y eso le obligó a dimitir de su puesto en la Cámara de Música, aunque siguió manteniendo relaciones con el régimen nazi, y su Himno Olímpico sonó en Berlín en 1936. El propio Zweig, en su libro "El mundo de ayer", sólo tenía palabras de agradecimiento para el músico, y atribuye la actitud tibia de Strauss ante los nazis al hecho de que la nuera de este último era judía, así que había de intentar protegerla. De hecho, Strauss trató de utilizar su influencia -sin resultado- para liberar a la abuela de esta última de un campo de concentración en Terezín (el mismo que, como mencionamos antes, acogió a los componentes de la Liga judía), aunque consiguió salvar a su nuera y uno de sus nietos de la detención por parte de la Gestapo. Parece ser que Strauss se consideraba a sí mismo apolítico, aunque anotaciones en su diario íntimo indican que, al final de la guerra, creía que el nazismo estaba destruyendo miles de años de cultura alemana. En 1945, Strauss fue detenido por soldados norteamericanos, ante los cuales espetó: <<Soy Richard Strauss, autor de El caballero de la rosa y Salomé>>. En este caso, la mención de su nombre funcionó, y la figura del autor fue protegida por parte de las nuevas autoridades. Su cuerpo resultó indemne, aunque quedó claro que su alma arrastró lesiones bastante dolorosas, producto de este período convulso.

Volvamos a los que no resultaron favorecidos por el régimen nazi. La música, en la Segunda Guerra Mundial, también fue un arma. Un ejemplo fue la séptima sinfonía de Shostakóvich: era un canto en honor a su ciudad natal, Leningrado y aunque, posteriormente, él querría negar toda interpretación pro-soviética, lo cierto es que en aquella época, y con los ciudadanos de Leningrado pasando hambre y penalidades bajo un sitio brutal por parte de los alemanes, se enarboló como una composición patriótica. Como tal, no sólo fue estrenada en Moscú, sino también por radio y en el extranjero, tratando de que los músicos de Leningrado la oyeran para que ellos mismos trataran de interpretarla en su ciudad. El relato de cómo unos músicos enflaquecidos y ateridos de frío, acosados por la carestía y los bombardeos, sin tan siquiera papel pautado para escribir las notas musicales, consiguieron representar la sinfonía frente a un público que veía en ello una forma de resistencia, resulta estremecedor. La composición musical (para cuya escenificación se sacrificó la vida de varios músicos, y probablemente de más de un gato) acabó hasta sonando en el campo de batallaNo fue la única obra conmovedora que se creó durante aquella época. Olivier Messiaen, capturado por los nazis y encerrado en el campo para prisioneros de guerra de Gorlitz, compuso e interpretó junto a otros tres músicos, con instrumentos en pésimo estado, un <<Cuarteto para el fin de los tiempos>> valorado por varios, quizá en mayor grado por la carga emocional que lleva consigo. Claro que las apabullantes circunstancias en las que se generó pueden quedar enturbiadas por los hechos que rodean la vida posterior de Messiaen, quien, según algunos, aprovechó la súbita fama que adquirió para prosperar dentro de la Francia ocupada, bajo el paraguas nazi, sin preocuparse de otros compañeros menos favorecidos*. Como decimos, ésta es una historia en la cual a veces resulta muy complicado juzgar o establecer culpabilidades.

Porque lo cierto es que había música dentro de los campos de prisioneros, y de los campos de concentración. Aunque no necesariamente liberadora. La música era auspiciada por los jerarcas nazis. Los motivos eran varios y complejos: en parte era porque los propios dirigentes y soldados alemanes en los campos necesitaban la música para distraerse de sus obligaciones cotidianas. La música, por otra parte, podía cumplir un papel para mantener entretenidos a los prisioneros y, por tanto, volverles más dóciles, incluso para adoctrinarles: por ejemplo, en Auschwitz se compuso un himno denominado "El trabajo os hará libres", en honor a ese famoso lema que se situaba a la entrada de varios campos. Los nazis también desarrollan orquestas de cara a la opinión pública internacional, para demostrar que se comportan de forma compasiva respecto a los prisioneros. En cuanto a los músicos, el hecho de formar parte de estas agrupaciones les producía sentimientos encontrados: por un lado, en general eran mejor tratados y alimentados que el resto de los prisioneros -aunque no siempre, y a veces les hacían trabajar hasta la extenuación-. Por otro, los jerarcas nazis empleaban las orquestas como colectivos musicales de su propiedad particular (con cierto nivel de competición entre los distintos campos), haciéndoles actuar, si lo deseaban, a horarios intempestivos. Numerosas veces, a estas agrupaciones les correspondía tocar en circunstancias surrealistas, como cuando lo hacían para mantener abstraídos a los judíos que se encargaban de hacer funcionar las cámaras de gas con las que ejecutaban a sus propios compañeros. La mejor expresión del sentimiento de contradicción que invadía a los músicos de origen semita puede encontrarse en la figura de Viktor Ullmann, el cual vivió un auge de su creatividad artística y disponibilidad de medios en el campo de Terezín, aunque aquello no le libró de ser gaseado en Auschwitz (de hecho, en Terezín estaban acostumbrados a que sus orquestas siguieran funcionando a pesar de los necesarios <<cambios de personal>> conforme se les trasladaba a campos letales). Por suerte, Ullmann puso en manos de un amigo el conjunto de su obra y eso garantizó que ésta se salvara. Un detalle curioso es que, en la partitura de su última pieza, anotó: <<Los derechos de interpretación quedan reservados por el compositor hasta su muerte>>. Un poco de humor negro, para sobrellevar la desgracia, nunca viene mal.

En las orquestas judías en los campos se empezó primero cantando, y más adelante fueron entrando los instrumentos. Pero hasta el puro hecho de entonar la voz tenía una significación especial para los judíos encarcelados. Y es que si por un lado la música les permitía evadirse, el acto de cantar fue en muchos casos asociado a los castigos que infligían los alemanes -había oficiales nazis que ordenaban a los prisioneros cantar mientras les golpeaban-. En Auschwitz llegó a ocurrir que, en medio de una brutal paliza nazi, un judío inició una canción (seguramente para encontrar valor en tales circunstancias), cosa que no alteró el ritmo de la violencia de unos hombres que podían mostrarse tan sensibles para la música como impasibles ante el sufrimiento humano. Las canciones, además, les hacían recordar a los prisioneros -judíos, gitanos, homosexuales, gente de ideología opuesta a los nazis- que existía un mundo allá afuera y que se les había excluido del mismo: tanto, que hasta dolía. Un grupo de mujeres polacas, por ejemplo, rompieron a llorar al escuchar cantos navideños de su tierra. Es curioso descubrir cómo muchas de las canciones que se crearon en los campos intentaban reflejar la resistencia de los internos, y constituyeron un canto a la supervivencia y a la esperanza, pero por supuesto no contenían el menor asomo de crítica o rebeldía frente a la situación. En ese sentido, da la sensación de que muchas obras nacieron desde el principio amputadas, cercenadas por las limitaciones impuestas por la singular coyuntura. Aunque es de suponer que no todos los prisioneros lo vieron así. Otra cosa fueron las reuniones secretas donde (en Buchenwald por ejemplo) se podía dar rienda suelta a los sentimientos. Un caso muy emotivo es el del campo de Ravensbrück, donde las prisioneras, músicas profesionales unas cuantas, se negaron a interpretar para sus captores, y organizaron conciertos secretos que utilizaron para crear un sentimiento de hermandad que superó las barreras de nacionalidad o idiomáticas. Queda claro que hubo de todo: también, entre otras cosas, muchas extraordinarias expresiones de solidaridad en los campos.

Después de la guerra, ya sabemos, porque en parte lo hemos comentado: procesos de desnazificación (de los cuales la mayoría de los músicos germanoparlantes se consiguieron librar), muchas heridas que reparar, y frecuentes miradas hacia otro lado. Décadas después, se han hechos homenajes (por ejemplo en el campo de Terezín, donde volvieron a sonar las obras que artistas judíos crearon allá), aunque a veces, ante el silencio de los que no quieren hablar de las penalidades que sufrieron -muchos músicos judíos negaron siempre haber tocado durante las ejecuciones-, a veces los mejores relatos han quedado reflejados en la ficción. Al final, hay una serie de composiciones que nos hablan de esa época y, como un gran número de obras artísticas, tienen una función: hacernos aprender, concienciarnos y, quizás, ayudar a que los horrores no vuelvan a repetirse. Sería el mejor legado que la música de ese tiempo podría aportar.

*Post-scriptum: una de las cosas que Messiaen contaba era que, durante su tiempo de encarcelamiento, pasó tanta hambre que su cerebro alucinado le llevó a ver auroras boreales. Más tarde, un oficial alemán se apiadó de él, le suministró más raciones de comida, y consiguió recuperarse. Según él, esta experiencia le influyó a la hora de crear la composición musical del Cuarteto para el fin de los tiempos.

lunes, 12 de julio de 2021

La historia corta de julio. Historias del metro (18): "Lo observó mi musa"

 Historias del metro (18)

Lo observó mi musa

Viernes tras viernes, a la hora de comer, de vuelta a casa tras el trabajo, los avisto. Están en uno de esos pasillos que ven pasar riadas inconmovibles, alternadas con periodos de silencio, como un cruce de semáforos. Sentados, no destacan hasta que te preguntas de donde viene la música. Es un hombre el que toca, sentado en un pequeño taburete, con un atril que sujeta pentagramas llenos de líneas para mí indescifrables. Acaricia las cuerdas del violín (el instrumento en particular no descuella por su apariencia), el cual suena… afinado. A su lado, una mujer, de su misma edad, o similar, compartiendo arrugas y apenas un metro cuadrado de una estación suburbana. Su esposa -piensas-, que le acompaña allá donde él va, por amor, por obligación, por no quedarse sola, ¿quién sabe? Allí están los dos: él ligeramente volteado, dando la espalda a su compañera, quien mira con tristeza a los viajeros que pasan. Eso es lo que me transmiten: agotamiento, tristeza, pesadumbre, hastío, a pesar de ser capaz de tocar un instrumento difícil, de esgrimir notas y hacerlas volar por encima del rebaño, provocando que éstas lluevan para empapar hasta el fondo del alma de algunos de los que pasan sin ver. Quizá me gustaría conocer su historia, pero tengo prisa. O me da miedo saberla.

 


lunes, 16 de noviembre de 2020

Los podcast de noviembre: "Todopoderosos" y "Aquí hay dragones"

Igual que la tecnología ha proporcionado nuevas opciones en lo relativo al cine (lo cual se refleja en las plataformas digitales) y la literatura (y ahora leemos en ebook), también ha evolucionado la forma de hacer radio. Ya no nos basta (o, al menos, no sólo aspiramos a eso) con periodistas hablando de manera más o menos espontánea en directo, sino que queremos programas especializados en algún tema determinado que podamos escuchar cuando a nosotros nos venga bien, con la posibilidad de pararlos y retomar en un futuro el hilo. Han proliferado por tanto los podcast, originando de hecho alguna broma al respecto en  el siempre certero El Mundo Today. De hecho, hasta yo mismo he participado en uno que no es que tenga mucha audiencia, pero bien que echamos unas risas al tiempo que tratamos de incrementar nuestra cultura científica gracias al mismo. Hoy os quiero hablar de un par de podcast que son, más que primos, hermanos, pues uno surgió como spin-off del otro. <<Todopoderosos>> y <<Aquí hay dragones>> cuenta con el mismo elenco de protagonistas: el veterano Javier Cansado (no sólo conocido por el humor absurdo que desplegó junto a Faemino en un dueto de los que hacen época, sino también por sus inolvidables apariciones en el desternillante programa televisivo <<Ilustres ignorantes>>), el director de cine Rodrigo Cortés (conocido por Buried y Concursante, aunque a mí me gustaría subrayar en especial Luces Rojas), y el novelista Juan Gómez Jurado (autor, entre otros textos, de la trilogía iniciada por "Loba roja"; "El paciente"; y, como mencionamos en otro post, "Cicatriz"), junto al inigualable presentador y animador a tiempo completo Arturo González Campos, que dirige con maestría a este cuarteto de fieras.

Aunque con idénticos protagonistas, la dinámica de ambos podcasts es ligeramente diferente. En "Todopoderosos" se toma un tema lo suficientemente amplio para que todo el mundo pueda discurrir sobre él, y los cuatro amigos discuten sobre la saga de Harry Potter, piratas o las películas de Disney como podrían hacerlo también una desocupada tarde domingo o bajo la cobertura de un café. En "Aquí hay dragones", en cambio, Cansado, Cortés y Gómez Jurado traen cada uno a colación una sección de unos cuarenta minutos en la que tratan sobre una cuestión musical, un aspecto del mundo del cine, un autor, una novela, o un determinado suceso histórico. El orden en que exponen sus hallazgos particulares se determina por el absolutamente justo, clásico y por supuesto científico método del "piedra, papel o tijeras", y por supuesto cada sección se interrumpe para apuntarlarla (o destruirla, si es necesario), con ocurrencias, puntos de vista contrapuestos y descacharrantes toques de humor. No pretendo dar una lista exhaustiva de los temas que han tratado estos ases de la radio y de sus respectivos campos -entre otras cosas, porque por fortuna todavía me quedan unos cuantos podcast por escuchar-, pero sí que quiero mencionar unos cuantos cortes que creo que os encantarán, de cada componente y de cada tipo de programa:

-En "Todopoderosos", yo recomiendo especialmente el primero dedicado a Pixar (número 40), a Sherlock Holmes (número 54) y al Roald Dahl (número 34).

-En "Aquí hay dragones", en el apartado liderado por Cansado -quien, al mando de una tropa de alter egos, suele hablar sobre música o acerca de civilizaciones precolombinas un pelín agresivas-, creo que deberíais escuchar el efecto que el azar tuvo en la fascinante vida de Alberta Morgan (número 18), aunque sin duda lo mejor de sus secciones es él mismo y su impagable vis cómica.

-Si en cambio preferís hablar de cine, Rodrigo Cortés (que también se ha ocupado de cuestiones musicales) se está especializando en películas aparentemente imposibles de producir, entre otras La soga, de Alfred Hitchock (número 19) o El diablo sobre ruedas, de Steven Spielberg (número 18), así como películas que provocan la muerte de sus actores (número 86) o que han tardado tanto en producirse que ha muerto casi todos los integrantes por el camino (número 90).

-No sólo de cine (y con menos frecuencia de música), sino también de literatura o de acontecimientos históricos habla con frecuencia Juan Gómez Jurado, que entre otras anécdotas divertidas nos ha regalado la de un famoso poema de Catulo (número 20), una fiesta de Disney que no terminó como se esperaba (número 72), un misterioso caso real en el que participó Arthur Conan Doyle (número 18; sí, ha salido tres veces, está claro que ese episodio me gustó) o la curiosa aventura del "envenenador filántropo" (número 19, otro episodio que tampoco estuvo mal).

Podéis escuchar los episodios en Spotify, internet (Aquí hay dragones y Todopoderosos, donde los he encontrado) y otras plataformas, o seguir las respectivas cuentas digitales de los programas en Twitter, o tal vez la de estos muchachos, en cuyas redes sociales de vez en cuando son bastante graciosos y, de común, hasta simpáticos. Un saludo, y muchas gracias a ellos, y también a vosotros. Nos vemos, nos leemos, nos escuchamos. Hasta muy pronto.

martes, 1 de septiembre de 2020

La historia corta de septiembre. Historias del metro (15): dos visiones de la pobreza

(Ésta es una historia real).

                Un hombre pidiendo en voz alta en el metro:

            -Yo antes tocaba la guitarra: la gente me daba dinero, no sé si para que me callara, o para que siguiera tocando, pero yo me ganaba la vida con mi guitarra. Pero un día me fui a las fiestas de San Mateo en Logroño y me pegué tal cogorza que me dejé la guitarra en una furgoneta, y ya no sé dónde está. Lo he intentado con una flauta, que es más barata, pero no es igual, por eso pido dinero, no para comer, sino para pagar una guitarra...

            En el andén del metro de Pío XII, me encontré un hombre a mi lado, sentado. En circunstancias normales, no me hubiera detenido en él. Tenía aire de ejecutivo y leía El País. Pero, para los ojos observadores, siempre hay una segunda lectura.

            Porque cuando me senté a su lado, me fijé en varias cosas. Su ropa, pese a ser muy elegante, fallaba de alguna manera extraña. Quizás en una cosa tan sutil como, por ejemplo, la combinación; se supone que los calcetines tienen que ser una prolongación del zapato, y en este caso lo eran del pantalón. Además, el periódico era atrasado, de varios días. Y sobre todo, una cosa que sólo podías detectar si te sentabas al lado: un profundo y nauseabundo olor.

            El hombre, sin embargo, daba una apariencia de ejecutivo correcto, al menos desde lejos. <<Y eso me gusta>>, pensé mientras hacía esfuerzos por no arrebatarle la ilusión con la mirada, mientras se cerraban delante de mí las puertas del vagón. <<Por lo menos>>, me dije, <<sigue conservando su dignidad>>.

lunes, 26 de agosto de 2019

La historia corta de agosto. Historias del metro (11)

          Un hombre, en el metro. En el vagón, estábamos los dos solos. Y entonces veo, escucho, que está cantando una extraña canción en voz alta. Pero la canción es muy extraña:
         -Sum-sum, sum-sum, sum-sum.... Tacatacatacatacataca… bemol.
        Y de repente me doy cuenta: está cantando los sonidos del metro. Está emitiendo la respiración, de ese inmenso animal desnudo, temible como una ballena, digno de compasión como esa misma ballena bajo el influjo de los arpones, ante las heridas que le abren, cuando se detiene en cada estación...
           
          Y cuando se detiene, el hombre hace:
         -Fu, shhhh, ah –esto último cuando se abre las puertas.
         Rememora los pitos. El tacatacatacataca, es el chirrido de las ruedas contra las vías... El bemol, no sé a qué viene.

        Tal vez ese hombre, en su interior, tenga música. Tal vez el que tenga música, y no nos damos cuenta, es todo el mundo exterior.

lunes, 17 de junio de 2019

Los libros de junio: una historia de Rusia contada por no-rusos

La literatura rusa y de sus países limítrofes ha dado descomunales (en ocasiones, tanto en valor como en número) y brillantísimas páginas: Dovstoievski, Tolstoi, los analíticos cuentos de Chéjov; en clave política y de denuncia, Pasternak y su "Doctor Zhivago" (y su estupenda adaptación cinematográfica), Vasili Grossman y su telúrico "Vida y destino", Solzhenitsyn y su estremecedor "Archipiélago Gulag" (de varios de estos autores tengo textos pendientes). En los escritores rusos se aprecia una profunda preocupación por las grandes cuestiones del mundo, así como un amor a la tierra que tanto les ha maltratado, y a la que sin embargo nunca -ni siquiera en el exilio-  dejarán de extrañar. Sin embargo, el país más extenso del mundo ha cautivado al igual que repelido (tanto desde el imperio de los zares hasta la actualidad, pasando por la más extensa Unión Soviética, que abarcaba un buen número de países actuales) a multitud de individuos de toda clase de nacionalidad. Que se lo digan a los directores de cine norteamericanos de las películas de espías, que todavía no han encontrado un adversario mejor. En ese sentido, es curiosa la cantidad de autores de países extranjeros que se han atrevido a introducirse en el laberinto ruso, tratando de averiguar, de una manera o de otra, y tomando una expresión prestada, "cuando se jodió" Moscú. He aquí una pequeña e incompleta guía para aprender un poco más sobre la historia moderna de Rusia a partir de escritores foráneos, que tienen la ventaja de a veces contemplar los hechos desde una perspectiva más neutral, quizás más cercana a aquella de la que parten los neófitos sobre el tema o, en ocasiones, de una manera menos tendente a la metafísica, o que no dé tan por sentada la relación natural que parece haberse establecido como una aleación indisoluble entre el devenir de los acontecimientos de la historia y el idiosincrático carácter ruso. O puede que no. En todo caso, espero que os sirvan como recomendaciones literarias interesantes (entre otros, para aquellos a los que os haya llamado la historia de este país a partir de "Chernobyl" de la HBO). Empezamos:

-Mencionado en otra entrada, "10 días que conmovieron al mundo", de John Reed, sigue siendo la referencia básica para abordar la revolución rusa. Aunque Reed era un ferviente defensor de los derechos de los obreros y de muchas tendencias progresistas, en este caso se pone el traje de corresponsal y realiza un exhaustivo análisis de las noticias que sucedían y bullían en este periodo trascendental de la historia. En ese sentido, "Reds", una ciclópea película en la que participaba lo más granado de la izquierda hollywoodyense en los años 80, muestra a un Warren Beatty interpretando a un John Reed que aunque cree en el movimiento, acaba decepcionado con la forma en que los primitivos soviets lo llevan a cabo.

-Del periodista español Chaves Nogales ya hemos hablado alguna vez, y mencionamos de hecho "El maestro Juan Martínez que estaba allí", una visión de la revolución bolchevique desde el punto de vista de un artista español de los tablaos a quien la circunstancia histórica le pilla casi literalmente en medio del espectáculo. La frase: "Un cantaor de flamenco, ¿puede ser un proletario?", lo resume todo. Sinceridad, retrato de personajes y dramatismo se combinan en una narración que, de puro periodístico, a veces ofrece tintes surreales ante lo inverosímil de las situaciones.

-"Palos de ciego". El periodista y escritor David Torres combina dos sucesos impactantes en su vida: por un lado, la historia de un libro (el cual fue incapaz de escribir) acerca de la ejecución masiva de unos bardos ciegos tradicionales durante la época más oscura de las purgas estalinistas; y, por otro, el descubrimiento del fallecimiento por negligencia médica de su hermano (llamado también David, como él), de tan sólo un día de vida, en una de las clínicas que practicaron en su día en España el robo de bebés con el objeto de entregárselos a familias ligadas al franquismo. A partir de allí, construye un sobrecogedor y penetrante texto que trata sobre la infancia, la música, la historia (especialmente esa atroz etapa de los primeros años de la Unión Soviética), la literatura, la memoria, las bárbaras formas que tenemos de maltratarnos los humanos y, en especial, el imposible modo de exorcizar los propios demonios.

-Aunque no ambientada estrictamente en Rusia, "Enterrar a los muertos", de Ignacio Martínez de Pisón, narra un episodio que toca de manera profunda varios de estos temas. En este ensayo histórico, el autor sigue la estela de John Dos Passos, un prestigioso novelista norteamericano (reconocido por su izquierdismo así como por su amor por España, aunque escamado tras su primer viaje a la Rusia revolucionaria) que anda en busca de José Robles, su traductor al español, el cual ha desaparecido después de embarcarse, tras el estallido de la guerra civil, como voluntario en la causa de la República. La obra nos conducirá, entre otros lugares, a los oscuros tejemanejes de la Unión Soviética en España, así como la evolución de la guerra en el dividido bando encargado de defender de la democracia, o las desavenencias de Dos Passos con Hemingway (quien en ese momento trabajaba como corresponsal de guerra en Madrid, aunque las malas lenguas sisean con cierto fundamento que muchas de las batallas que narraba las vio desde el interior de su habitación en el Hotel Florida) a cuento de la desaparición de Robles. Un libro que trata sobre diversos aspectos tales como la amistad, las formas de sobrevivir en la contienda, la lucha entre los ideales y una realidad siempre ambigua, así como las consecuencias que tienen los grandes sucesos para las víctimas colaterales de la historia.

-"El niño 44". Best seller de Tom Rob Smith que también retrata el horror y la paranoia en la época de Stalin, introduciendo un suceso que sirve de desencadenante. ¿Qué ocurriría si, en el supuesto paraíso comunista, apareciera un asesino en serie? Thriller moderno y reflexión histórica a partes iguales.

-"Érase una vez la URSS". Dominique Lapierre, prestigioso periodista francés (autor, entre otros, de "Era medianoche en Bhopal") llega a la Unión Soviética en un momento de deshielo y -en un coche que parece incapaz de resistir un viaje de tantos kilómetros- se recorre un buen trecho de la Unión Soviética, narrando una perspectiva por supuesto subjetiva al proceder del otro lado del Telón de Acero. En todo caso, un curioso retrato de escenarios y un ameno libro de viajes.

-"Cicatriz", de Juan Gómez Jurado: un libro entretenido y adrenalínico, cargado de sentido del humor, que cuenta la historia de un inadaptado informático residente en Chicago el cual, sin comerlo ni beberlo, va a verse envuelto en una trama de mafias rusas que tiene ramificaciones con hechos acaecidos en Ucrania y durante la guerra de Afganistán. Con tantas dosis de cáustica ironía como sangre chorreando a borbotones, garantiza pasar un buen rato.

-Emmanuel Carrère es conocido por sus libros en los que entremezcla estilo literario con un profundo desmenuzamiento de la realidad. He leído (y me han gustado bastante) "El adversario" y "De vidas ajenas", con lo cual arremetí con gran ímpetu la biografía de "Limónov", un controvertido personaje cuya vida dibuja el nuevo panorama de Rusia tras la desintegración de la URSS. Abandoné el libro a medias -aunque no descarto retomarlo-, entre otras cosas, porque era fácil sentir tanto odio como ridículo por el protagonista. Sin embargo, hay que reconocer que, quitando el juicio que podamos hacer de Limónov, las peripecias que se narran acerca de él mismo y de los países en los que vive dan para pensar bastante. Una condición que podríamos adscribir a cualquiera de los libros en esta lista.

lunes, 18 de febrero de 2019

El libro de febrero: "Los pasos perdidos", de Alejo Carpentier

Ya hace tiempo hablábamos de "El siglo de las luces", una novela de Alejo Carpentier caracterizada por una escritura compleja y barroca, un nivel de vocabulario altísimo y, sobre todo, una fascinante historia que nos permitía conocer el auge y decadencia de la Revolución Francesa (que son el amanecer y el ocaso, asimismo, del hombre ilustrado), iluminándonos sobre un capítulo tan poco conocido como fueron sus consecuencias en el Caribe. Con esa misma mezcla étnica que caracterizaba a Alejo Carpentier (un suizo criado en Cuba y que vivió en múltiples países latinoamericanos, para fallecer en Francia), si había otro reto mayúsculo al que podía enfrentarse era éste, el de narrar la epopeya de un modesto compositor por encargo que un día decide aceptar un proyecto de la universidad para viajar a la selva amazónica y localizar una serie de instrumentos primitivos los cuales, en teoría, pueden aportar alguna pista acerca del origen de la música. Inspirada en la experiencia vital que el escritor atravesó al adentrarse a lo largo del río Orinoco, Carpentier nos narra un recorrido que (como el de Ulises) presenta no sólo desplazamiento en la dirección geográfica sino, sobre todo, un viaje en el tiempo hacia el pasado del hombre y una evolución en la trayectoria emocional del protagonista. La riqueza estilística de Carpentier no encontró mejor territoria para asentarse que éste, donde podía utilizarla para describir la variedad de formas y de sensaciones que evoca la selva, en lo que constituye una reflexión sobre la historia, la música, el arte, la civilización, el amor y el sexo, el afán de poder y de gloria y, especialmente, las prioridades que uno adopta en la vida y las decisiones que hemos en consecuencia que adoptar. Una odisea embravecida, vertiginosa y titánica (a pesar de la brevedad del volumen) que servirá, tanto para admiradores y desconocedores de Carpentier, para enamorarse de él y de su prosa. Coged el machete, el literario, el emocional y el físico: lo vais a necesitar.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Los vídeos de noviembre: 7+1 vídeos de Youtube que no os debéis perder

Youtube vino para cambiar el mundo. Se suponía que, de ser los espectadores meros receptores de contenido, iban a empezar a generarlos. Tanto que, junto con el auge de las redes sociales, la revista Time proclamó en 2006 que el personaje del año era "Tú", cada uno de nosotros, de los futuros creadores. Muchos protestaron ante una profecía no cumplida, al ver que la mayoría de los vídeos más visualizados de Youtube eran promovidos por cantantes, empresas, plataformas comerciales, perdiéndose el espíritu democrático que debía caracterizarle. Pero como ocurre con todas las tecnologías, sus resultados dependen de sus usos, y por tanto dan resultados ambiguos: Twitter sirve para buscar humor y la mala leche más absoluta; Facebook puede emplearse para retransmitir una revuelta ciudadana en un país árabe o para que sólo escuchemos la historias que queremos oír. Y en Youtube, frente a mucha bazofia, flojitos influencers, GranBombas y tipos creídos de más que se quieren largar a Andorra, hay muchas pequeñas joyitas, muchas de ellas amateurs con hechuras de profesionales, que no podemos perdernos. Entre ellas, os ofrezco cinco de mis favoritas:

-¿Quién es el mejor villano Disney?: de los autores de este vídeo, Pascu y Rodri, hablaremos más adelante. Pascu, de hecho, pertenece a un grupo denominado "Acorde al guión", que monta musicales de gran calidad, a alguno de los cuales he tenido el privilegio  de asistir. Con alguno de sus componentes monta esta divertida parodia de algunos de los más sugerentes malvados de la factoría Disney, con mucho desparpajo y un sorprendente giro final.


-Pascu y Rodri, además, tienen un canal en Youtube denominando "Destripando la historia", en la que combinan música, ingeniosas letras y unos animadísimos dibujos para resumirte un libro, una historia mitológica o un cuento infantil, recurriendo además a los textos originales, lo cual está muy bien para evitar que sea -por ejemplo- Disney el que lo cope todo. Muchas de ellas son graciosísimas, pero yo os dejo en concreto ésta de Rapunsel, que no paro de ponerme en bucle, y que tiendo a recordar (ya lo entenderéis al final) cada vez que me da por pedir comida a domicilio.


-Hay muy buenos divulgadores científicos en nuestro país. Antonio Martínez Ron, el recientemente fallecido José Cervera, todo el universo que gira alrededor de Naukas... Todos ellos entienden que las nuevas tecnologías y los vídeos consisten en una forma de comunicar tan útil como cualquier otra. Yo hoy quiero destacar a Patri Tezanos, una investigadora del Instituto Cajal y psicóloga de formación que nos regala cada cierto tiempo vídeos relacionados con la neurociencia en su canal de Antroporama. Os dejo con un vídeo en concreto que puede resultaros entretenido porque trata acerca de que, por mucho filtro de Instagram que apliquemos, para nuestro cerebro tenemos un aspecto bastante feo.


-El siempre interesante blog de cocina de "El Comidista" de "El País" destacó en una mítica entrada a algunos de los cocineros más estrambóticos de Internet. La sensación de ver a un sueco pasado de revoluciones cocinar albóndigas a cabezazos es inenarrable, pero en este blog, donde nos gusta quedarnos con lo positivo, destacamos al bucólico, pacífico y tierno peluche de Arkapasso, donde una llama de felpa nos hace recetas a un ritmo pausado que resulta por completo hipnótico. Os dejo un episodio que tiene doble valor no sólo porque se atreve a hacer los españolísimos churros, sino porque Arkapasso nos muestra ciertos detalles personales que hará que le adoréis más todavía.



-Probablemente el éxito musical por Youtube más famoso desde el "Fea, pero te quiero", con "Es gratis", Arnau Griso nos sintoniza con una canción que, junto con el "Hoy puede ser un gran día de Serrat", se hace ideal para enfrentarse a las mañanas del lunes. Ideal para pesimistas y que están deseando dejar de serlo.



-Los vídeos explicativos de Manu Sánchez han salido en varios de los programas en los que ha participado, tanto en la televisión nacional como en la autonómica andaluza, pero no tienen ni la mitad de fama de lo que se merecen para lo divertidos que son. Aquí ponemos el enlace a la primera de tres de partes dedicadas a la mitología griega, pero cualquiera de las temáticas, a la velocidad y el desparpajo de este sevillano tan amigo de los carnavales Cádiz, no tiene desperdicio.



-Sin duda, junto con el anterior, el vídeo más profesional que hemos nombrado hasta ahora; sin embargo, el programa de radio de Carne Cruda se yergue como una alternativa al pensamiento dominante, y sin duda se manifestó en este número, un flashmob del que no os voy a revelar nada, pero que a muchos nos alegró el ánimo en momentos tan oscuros como nos tocó pasar. Con esta sonrisa, esperamos alegraros la jornada, la semana y todo lo demás. Buenos días y buenos vídeos.



BONUS TRACK: La grabación en directo del truco ganador del último Campeonato Mundial de Magia, de Eric Chien. No necesita presentación pues, durante seis minutos, os dejará sin palabras.

lunes, 20 de febrero de 2017

El relato de febrero: "Amanecer violeta", o "El hombre del violín"

 "Amanecer violeta", o "El hombre del violín"


            El hombre se hallaba impaciente. El metro se había retrasado, debido a un parón entre estación y estación, en mitad de un túnel oscuro, y eso le iba a hacer llegar tarde al trabajo. Hoy precisamente que tenía una importante reunión con los ejecutivos de Japón. Además, una señora que se estaba comiendo un sándwich en mitad del vagón casi se lo tira encima; había estado a punto de ponerle perdido el traje. Así que no era el día en que se encontraba de mejor humor.

            Y, para colmo, vio entrar a un vagabundo al metro. No le gustaban ese tipo de situaciones: le ponían incómodo. No sabía nunca que hacer, si entregar unas monedas o pasar de ellos. En fin, no se sentía a gusto. Esperaba que, al menos, a éste no le diera por tocar algún instrumento: el hombre nunca había escuchado peores ruidos que en los vagones del metro de Madrid, cada vez que iba al trabajo. Casi preferiría pagarles por que no tocasen más.

            Pero aquel día, ocurrió algo especial. Este vagabundo era jovencito, tenía unos treinta años. Vestía ropas raídas, y se hallaba algo demacrado. Sin embargo, lo que le llamó la atención a nuestro protagonista no fue eso, sino lo que portaba bajo su brazo; en efecto, era un estuche para un instrumento musical, pero no para cualquiera.

            Se trataba de un violín.

             El ejecutivo reflexionó. ¿En serio? Esto sí que iba a ser horrible: se dice que hacen falta dos vidas para saber tocarlo. Se necesita dedicación, paciencia, y un aprendizaje desde pequeño, lo cual requiere, normalmente, una educación propia de las clases más privilegiadas. Ese chico era un yogurín, y no parecía andar precisamente muy sobrado de dinero, así que, ¿qué podría hacer con ese violín?
           
            Pero cuando el vagabundo sacó el instrumento de su estuche, y acarició con delicadeza la madera de la que estaba constituido, el hombre empezó a dudar… Luego, se colocó el violín en el hombro, tensó las cuerdas, y empezó.

            Y Dios, que si tocaba cojonudamente bien.

            Dominaba cada movimiento, cada gesto, con la precisión de un ingeniero… Tocaba cada acorde, cada noche, con la delicadeza de un artista. Era sublime, era genial, era maravilloso… Era increíble.

            Y el hombre se olvidó de su reunión, y de su traje, y de los ejecutivos japoneses, y de todo lo demás. Y recordó cómo, desde pequeño, sus padres le habían apuntado a las mejores escuelas de música, habían contratado a los mejores profesores, hicieron de él un virtuoso, alguien que sabía apreciar la música, y dominaba un buen conjunto de instrumentos… Pero, a pesar de todo, nunca pudo con el violín.

            Empezó pronto, muy pronto, pero no hubo manera. Lo intentaron un profesor tras otro, pero él caía derrotado, era incapaz de dar una a derechas. Le dijeron que se requería tiempo, que se necesitaba al menos un año para saber empezar a tocar algo mínimamente reconocible, pero es que pasó ese año, dos, tres, cuatro, y seguía sin poder… Sus padres le dijeron que lo dejara si no le gustaba, pero él insistió, tenía que hacerlo, no era que no le gustase, era que no lo podía conseguir. Dios, hubiera dado lo que fuera en este mundo por conseguir tocar ese violín, ese mágico instrumento, que ahora ese vagabundo convertía en poesía con sus manos.

             Mira que lo intentó; veces y veces y veces. En el colegio, en la universidad, ahora, que seguía trabajando… Y nada… Llevaba casi cincuenta años intentando tocar el violín, y apenas había conseguido arrancar unos sonidos que, más que notas musicales, parecían maullidos de gato. Y ese hombre estaba allí, sin más, como si estuviera tarareando una simple canción, como si fuera la cosa más fácil del mundo.

             El ejecutivo contempló al mendigo: sucio, delgado, la vestimenta ajada. Él, en cambio, era un hombre de éxito, con una mujer atractiva, dos hijos estudiosos, un buen puesto en una reconocida empresa, una fortuna en el banco, un coche de lujo… pero que, ni con todo el oro del mundo, podía adquirir la capacidad de manejar un instrumento así.

            ¿Por qué?, se preguntó. ¿Por qué ese desfase de fortunas? Yo poseo un mundo, y no sé entonar un acorde. Él los conoce todos, y no tiene nada en la vida. ¿Cómo podía ese hombre estar tocando en la calle?¿Cómo podía tener tan maravilloso talento en las manos, y que Dios no le compensase?¡Yo le daría un trabajo, una riqueza, un ministerio!, pensaba el hombre: se lo merece, y de sobra, por tener el don de tocar ese violín, cuyas notas están hipnotizando y maravillando a los pasajeros de este tren, cada vez más entusiasmados. ¿Cómo es posible?, meditó. ¿En qué mundo cabe que ese hombre no tenga nada más en la vida, aparte que esa maravillosa cualidad de dar vida a esas cuerdas?

            Y lo es, meditó, porque hay una cosa llamada talento… Algo que no depende de ser rico o pobre, del esfuerzo o del trabajo, la dedicación o las ganas, sino que, simplemente, sale de dentro. Él lo posee, y tú no. Tal vez ese pobre mendigo no tenga el poder de rey Midas para hacer dinero, tal vez no sepa nada más acerca de este mundo, puede que el resto de su vida sea un fracaso, pero, en ese aspecto, él te vence, y tú no puedes hacer nada, y no podrás remediarlo… Es con ello con lo que habrás de conformarte, lo que habrás de vivir cada instante, y con lo que te encontrarás, como puerta cerrada en las narices, para siempre, cada día, del resto de tu –carente de sonido- vida.

            Y de repente, el ejecutivo comenzó a sentir (mientras contemplaba al vagabundo, su beatífico rostro mientras deslizaba sobre el violín las manos) una cruel, insensata, e irracional ira…

            Porque el mendigo podía hacer algo que él nunca podría lograr… porque estaba allí, estación tan estación, sin bajarse del tren, restregándole por las narices su superioridad… Porque no podía sentir, en esos momentos, más allá del amor y del odio, de la humanidad o de su propia existencia, nada más que una insana y estremecedora envidia…

            Y por eso, fue por lo que avanzó, entre los pasajeros del metro, en dirección a un hombre que seguía tocando, desconocedor de lo que le reparaba el destino.

            Y por eso fue por lo que, entre los chillidos de la gente, alzó sus manos y comenzó a ejercer presión alrededor de la garganta del mendigo… La cara de este último reflejaba horror, incomprensión, miedo… Los allí presentes contemplaban el espectáculo con pavor…

            El hombre siguió apretando hasta que contempló como en el rostro del mendigo -que no sabía por qué, o por parte de quién, se dirigía este ataque- se apagaban los colores de la vida…

Algunos dicen que, tras de este hecho, el hombre cogió el violín, lo dispuso entre sus manos como si se tratara de un hijo, y entonó una obra maestra, justo antes de que se lo llevara la policía… Alguno cuenta, incluso, que, al finalizar su número, todo el vagón prorrumpió en aplausos.

miércoles, 1 de febrero de 2017

La historia real de febrero: carnavales de Cádiz.

Llega febrero, y con él llega la palabra carnaval. Y ésta nos trae evocación de lugares lejanos: Venecia, Brasil, incluso Canarias, que será tan española como cualquiera, pero ahí tienen su invierno de 20 grados, hecho que da casi más envidia a sus compatriotas incluso que la posibilidad de celebrar las campanadas dos veces a cuenta de la famosa hora menos. La cuestión, es que no hace falta salir de la península para encontrar otros carnavales míticos, aunque en algunos ambientes sean menos conocidos. Y es que el carnaval de Cádiz no tiene máscaras elegantes ni bellas bailarinas tropicales, pero aún así, pocos se atreverían a no calificarlo de especial.

Gran Teatro Falla, uno de los epicentros de la vida carnavalesca. Imagen extraída de la Wikipedia, donde, por cierto, la entrada referente al carnaval de Cádiz empieza con un "es uno de los carnavales más famosos de España y de mi casa". ¿Error, sabotaje, o guasa gaditana?

Empezamos con la cuestión oficial: la competición. El concurso de agrupaciones se celebra en el gran teatro Manuel de Falla. Hay cuatro tipo de grupos humanos que se pueden presentar para exhibir su música y sus letras sobre las tablas del teatro: la chirigota (compuesta aproximadamente de una decena de personas), de tema cómico, la más popular entre el público. Luego están las comparsas (de número de integrantes similar a la chirigota, aunque el tema y las letras de las canciones sean más serios o poéticos), el coro (de varias decenas de individuos, y canciones de tono más festivo y lírico), y el cuarteto, que consiste básicamente en una banda de alocados que se lanza a la soledad del escenario a cantar y a montar una especie de teatrillo. ¿Los cuartetos tienen cuatro componentes? No, por supuesto. En Cádiz los cuartetos pueden ser de dos, de tres, de cuatro y de cinco. Para que vean cómo nos las gastamos.

"¿Por qué cuando mi madre tiene frío, a mí sudando que estoy va y me pone la rebeca?". Una chirigota con clase, ganadora del concurso del año 1996.

Llega la hora de la gran final. Las agrupaciones seleccionadas pasan toda la noche en el Gran Teatro Falla, donde por supuesto no cabe un alfiler y las entradas se han agotado hace meses. A primera hora de la mañana, se nombran los ganadores. Comienza entonces el auténtico carnaval: a lo largo de este fin de semana (y también de las siguientes) las agrupaciones cantarán en plazas y calles, y no sólo lo harán las que han participado en el concurso, sino las también llamadas "ilegales". El único requisito: buen humor (popular a la par que inteligente), ambiente festivo, y quizás acompañar los sentidos con una buena ración de erizos y una tortita de camarones. A pesar de que el concurso televisado es lo que llega a todos los rincones del mundo, los auténticos carnavaleros suelen decir que no hay nada mejor que encontrarse a dos centímetros de una chirigota mientras ésta canta, interaccionando con los integrantes mientras admiramos la ironía de sus letras, el desparpajo de sus gestos, o el trabajo que llevan aparejados sus trajes. Porque trabajo, aquí hay mucho: desde octubre se llevan preparando arreglos y disfraces, se han aplicado cientos de horas de ensayos, y los letristas, más de una vez, han tenido que redactar composición de último minuto que cantar en la final o en las calles, en referencia a algún acontecimiento destacado que ha ocurrido en los últimos días en el concurso, en el país o en la ciudad. Y es que ninguna institución (humana, divina, política o religiosa) escapa a la mirada crítica del carnaval.Incluso a pesar de las censuras que han tratado de imponérsele, especialmente en la época del franquismo.

Viva la Pepi, un muy particular homenaje a la Constitución de Cádiz de 1812.

Es sorprendente constatar la cantidad de aficionados de carnaval en todo el mundo, gaditanos o no, que se saben las letras de memoria y se mondan con los delirantes "tipos" con los que se disfrazan las agrupaciones, algunos más clásicos y otros verdaderamente imaginativos. Aún así, y a pesar de que tengáis la televisión o Internet a mano para vivirlo, como recomendación personal, yo os recomiendo, al menos una vez en la vida, ir a disfrutarlo en directo (si os agobian las multitudes, el llamado "Carnaval Chico", en el último fin de semana de las fiestas, es una buena manera de disfrutar del ambiente y casi todas las ventajas sin prácticamente ninguno de los inconvenientes). Es verdad -es una queja recurrente que recibo de los no andaluces- que a veces cuesta entender las letras: el acento es el acento, la velocidad de la canción es endiablada, y en ocasiones se refieren a temas tan locales que hay que andar más o menos metido en el contexto para captarlas en toda su dimensión. Pero escuchando con atención, no es difícil localizar perlas que cualquiera puede, de manera universal, apreciar. Como esta estrofa de "Ser o no ser", un cuarteto de hace más de una década cuyos componentes iban caracterizados de Hamlet y sus demonios, la cual dice así:

España en el fondo
no es de derechas
ni es socialista ni es liberal
ni de centro ni franquista.
¡Es masoquista y na' más!

Actuación en la final del cuarteto "Ser o no ser". Sí, contáis bien: tres miembros.

Para terminar de incentivaros, a lo largo de esta entrada os dejo enlaces a algunas de las más sonadas agrupaciones de los últimos años. Espero descubriros una forma de arte distinta, y quizás os animéis a seguirlo este año a través de la televisión o, por qué no, en en el propio Cádiz. Si además os animáis a visitar el barrio que me vio nacer, el de la Viña, uno de los más carnavaleros, podéis mandarle saludos de mi parte: y luego, ya me cantáis.

"Ahora es cuando se está bien aquí". Ojú que sí.

Unas hadras madrinas dirigidas por un "sheriff". ¿Por qué no?