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lunes, 15 de diciembre de 2025

La historia real de diciembre: Maximiliano y Carlota

Sobre esta historia se han escrito libros, se han hecho películas y, si las plataformas digitales son un poco listas, harán una serie de televisión, porque hay material para contar largo y tendido. Pero digamos que me he ido a tropezar con ella en mi visita a Trieste, y tenía que compartirlo con vosotros. Así que, aunque seguramente la mía no es la versión mejor elaborada ni más completa, aquí os dejo mi visión de lo que les aconteció a Maximiliano de México y su esposa Carlota.

Unos jóvenes Maximiliano y Carlota, retratados por el fotógrafo Louis-Joseph Ghémar

El palacio de Miramar es un lugar curioso. Tiene una larga tradición de gafe. Para empezar, se encuentra en un bucólico asentamiento pegado al mar (todas las habitaciones tienen vista al Adriático) y relativamente cerca de Trieste, la menos italiana de las ciudades de este país: una urbe que alcanzó su apogeo cuando era el único puerto del Imperio Austrohúngaro, pero que, ahora, es una más entre las ciudades costeras transalpinas, y echa de menos los tiempos de su dorado esplendor. Pero es que, además, Miramar tiene la leyenda de tratar mal a los que pernoctan entre sus muros. Así, Jan Morris describe en "Trieste o el sentido de ninguna parte": "La emperatriz Isabel de Baviera [Sissí emperatriz], consorte de Francisco José, se hospedó allí con frecuencia y terminó muriendo apuñalada en Ginebra. Carlota [sí, esa misma Carlota; luego hablaremos de eso] vivió allí brevemente y al final perdió la cabeza. El káiser alemán Guillermo II se quedó allí en una ocasión y muy poco después tuvo que renunciar a su trono. El primer rey de Albania pasó allí unas cuantas noches y su trono tan sólo duró seis meses. El duque de Aosta zarpó desde Miramare para convertirse en el virrey italiano en Etiopía y jamás regresó a Italia [murió de malaria y tuberculosis en una cárcel de Nairobi]. Cuando el general británico Freyberg escogió este emplazamiento como cuartel general al término de la Segunda Guerra Mundial, optó por ir sobre seguro y durmió en el jardín; pero uno de sus sucesores estadounidenses desafió a la superstición y murió en Corea, y otro falleció en un accidente de coche a su vuelta a Trieste desde los Estados Unidos".

Vista del palacio de Miramar (Miramare en italiano) en Trieste. Fotografía del autor.

Pero, sin duda, la peor fama de gafe le viene a Trieste de su habitante más ilustre, Maximiliano de Habsburgo. Maximiliano estaba destinado a ser uno más de los herederos de la casa de Hagsburgo que pululaban parasitando del Imperio Austro-Húngaro, una amalgama de naciones mezcladas a disgusto, que reventó del todo tras la Primera Guerra Mundial. De hecho, Maximiliano era el hermano menor de Francisco José (sí, el simpático emperador de las patillas que todo el mundo asocia con los últimos días de esplendor del Impero en Viena; sí, el marido de Sissí, quien se lo robó a su hermana, por cierto), y le tocó ser virrey del reino de Lombardía-Véneto. Pero como los italianos (qué raro) no estaban conformes con formar parte del Imperio Austro-Húngaro, se rebelaron, y al ser considerado Maximiliano muy blando frente a sus súbditos, se vio obligado a dimitir, después de haber comprobado cómo, a pesar de sus esfuerzos por mejorar la vida de los habitantes de su reino, ni estos últimos le apreciaban, ni tampoco su familia, que básicamente le permitió únicamente ejercer un ingrato papel de rey-títere.

Fue entonces cuando Maximiliano se refugió en los viajes, en Carlota y en el palacio de Miramar, donde residía. Con Carlota se había casado un tiempo antes, y ella -mujer de múltiples intereses, incluyendo bastante habilidad con la pintura- le había intentado ayudar en las tareas de gobierno (como toda una primera dama, se había vestido de campesina tirolesa como iniciativa para congraciarse con la región de Lombardía-Véneto). El príncipe austríaco compartía con su esposa la pasión por la botánica, que ambos cultivaron en su inmenso jardín en la finca de Miramar, palacio perennemente en construcción. De hecho, si a Maximiliano le hubieran dejado, probablemente hubiera sido feliz desarrollando su biblioteca sobre plantas, una de las mejor surtidas de la época. Hasta viajó a Brasil en expediciones que tenían como función ampliar su conocimiento y conocer nuevos ejemplares exóticos. Sin embargo, Maximiliano y su mujer ambicionaban un papel más activo en la política y, como suele decirse, cuando los dioses quieren reírse de ti, se dedican a atender tus peticiones.

Biblioteca del palacio de Miramar.

En México, las cosas andaban revueltas desde que habían decidido independizarse de los españoles. El país se hallaba sometido a constantes guerras civiles. En medio de todo esto, Napoleón III, emperador de Francia (por si os lo preguntáis, era heredero de Napoleón Bonaparte, aunque en realidad sólo eran familia política; cómo llegó a tener trono en el país galo es una larga historia), ve que México acumula demasiada deuda con Francia y decide que la mejor manera de cobrársela es intervenir militarmente y apropiarse del país. En medio de los enfrentamientos intestinos entre facciones, los conservadores mexicanos se alían con él (no así los liberales, centrados alrededor de la figura de Benito Juárez). Así que, aunque Napoleón III tiene un país en guerra, decide que al frente tiene que poner un rey. Y no se le ocurre mejor candidato que Maximiliano, al que ha conocido personalmente y del cual admira sus cualidades.

Para la pareja, es el destino que han estado buscando. No tienen en cuenta su experiencia previa con súbditos que no se sienten representados por gobernantes extranjeros, ni con lo difícil que es controlar un país cuando tu poder depende completamente de lo que te proporcionen otros. Desdeñan los posibles inconvenientes que se van a encontrar. Cuando llega la embajada mexicana, ésta les explica que la nación está entusiasmada con la posibilidad de que Maximiliano sea su rey, y que le aclamarán sin duda al llegar al país (sin revelar que la figura de Maximiliano apenas la conocen unos pocos mexicanos), así que el matrimonio se deja seducir por los cantos de sirena. Maximiliano exige que, en algún momento, su posición se respalde con un referéndum popular, aparte de garantías financieras y militares; la embajada, por supuesto, se pliega y dice a todo que sí, con esa doblez característica del lenguaje de los embajadores. Así, los nuevos consortes reales parten del castillo de Miramar, que como pareja nunca llegarán a ver terminado del todo, y se embarcan hacia la aventura. Atrás quedarán las paredes del palacio, tapizadas con el lema "Equidad en la Justicia", el emblema de Maximiliano como emperador de México, y con varios cuadros que representan la historia de la embajada y la partida de Maximiliano a tierras lejanas.

La comisión mexicana que invita a Maximiliano de Habsburgo a ocupar el trono de México en Miramar (Cesare Dell'Acqua). Exhibido en el Castillo de Miramar.

Una vez en México, el matrimonio de verdad lo intenta. A pesar de que las cosas no son tan bonitas como se las pintaron (el palacio donde querían instalarles estaba infestado de chinches, y deciden cambiar de residencia), Maximiliano acomete cambios que pretenden convertir a su nuevo imperio en un país más justo y próspero. Restringe el tiempo de la jornada laboral, abole el trabajo infantil y los castigos corporales, cancela las deudas de los campesinos si son mayores de diez pesos, promueve reformas agrarias (aún en contra de lo que desean los aliados que le han puesto en el trono), promueve la libertad religiosa y que el derecho a voto le sea otorgado a mucha más gente... Carlota, mientras tanto, le auxilia en todo. Hasta cuando su marido marcha de viaje por tierras mexicanas, ella queda como regente, de tal modo que, hoy en día, se la reconoce como la primera mujer gobernante de México. Si bien las relaciones entre la pareja, para entonces, ya eran distantes (se habían alejado desde los tiempos en que vivían en Italia; además, por lo visto, Maximiliano quedó demasiado seducido por la hermosura de las mujeres mexicanas), a nivel político siguieron siendo estrechos colaboradores. Quizá el problema público más notorio fue cuando Maximiliano, visto que no tenían hijos, decidió adoptar como heredero a un descendiente del primer intento de casa real mexicana, para gran disgusto de Carlota. Sin embargo, problemas más acuciantes les aguardan.

Lema del 2º Imperio Mexicano, "Equidad en la justicia", mandado iscribir por Maximilano en las paredes del Palacio Miramar.

Porque las bienintencionadas reformas de Maximiliano no pasan de la escasa cuadrícula de terreno que han conseguido conquistar las tropas francesas (mandadas por Napoleón III), belgas (gracias a el apoyo de la familia de Carlota) y austríacas (también la familia de Maximiliano desea echar una mano), junto con unos pocos soldados nativos. Y, poco a poco, esa entente militar empieza a desvanecerse. La aventura mexicana gasta mucho dinero, obtiene muy pocos resultados, y tiene a la opinión pública de todos los países implicados en contra. Poco a poco, los gobernantes europeos dejan de interesarse por el proyecto, y dejan a Maximiliano abandonado a su suerte. Éste se da cuenta de que el suelo se sostiene frágil bajo sus pies, y sopesa seriamente la posibilidad de abdicar. No obstante, se impone el sentido que Maximiliano tiene de la responsabilidad que ha contraído; mientras, Carlota marcha a los países europeos a recabar ayuda para su proyecto y, en último término, para salvar a su marido. Durante su periplo, ejerce de diplomática en Viena, en París, y también en el Vaticano, donde (aún hoy) es la única mujer que ha dormido en la Santa Sede.

Por desgracia, todas las gestiones son infructuosas. Maximiliano cuenta con un raquítico ejército que nada puede hacer frente a las tropas de Juárez. Finalmente es capturado, juzgado y condenado a muerte. A pesar de las múltiples peticiones de clemencia que llegan del otro lado del Atlántico (por ejemplo, por parte del escritor Víctor Hugo), la sentencia se ejecuta en forma de fusilamiento, retratado de manera muy conocida por Manet en una serie de pinturas. Es curiosa la colección de reliquias que hay alrededor de Maximiliano: el sombrero con el que murió se conserva en un museo en Padua, gracias a la donación de un amigo cercano; un tesoro azteca que había acabado en Austria fue devuelto a México, a petición del nuevo emperador, y hoy se exhibe en un museo; y, por otra parte, muchos de los presentes en el fusilamiento bañaron sus pañuelos en sangre de su cuerpo recién acribillado, no se sabe si para tener un recuerdo o para venderlo al mejor postor. Lo cierto es que esa sangre, presuntamente, se ha utilizado para análisis de ADN en casos de duda sobre parentescos monárquicos.

El final de todos los protagonistas de esta historia es aciago. El cadáver de Maximiliano se embalsamó de mala manera (los pelos de su barba fueron vendidos por ochenta dólares) y, cuando el emperador Francisco José reclamó su cuerpo, después de muchos dimes y diretes, se realizó una operación para adecentar el cadáver que incluyó cambiarle los ojos por los de una talla de una virgen y añadirle una barba postiza. Por suerte, el féretro se selló antes de su llegada a Austria para que no pudieran verlo sus familiares (porque vaya cuadro...).

Mientras tanto, Carlota de Bélgica estaba siendo consumida por la locura. Ya le había afectado cuando estuvo en Roma, negociando con el Papa (pensaban que querían envenenarla, y sólo bebía agua de las fuentes públicas de la ciudad) y, con el fusilamiento de su marido, la cosa sólo fue a más. Las razones por las que su mente se perturbó son desconocidas: seguramente había de base un trastorno orgánico, acrecentado por la ansiedad que rodeó su titánica labor en defensa de la vida de Maximiliano y de su imperio. Hay una leyenda particularmente tétrica al respecto: Carlota, dolida por no poder tener hijos, acude a una curandera mexicana para que le permita ser fértil, pero ésta la reconoce como la emperatriz y, como es partidaria de Benito Juárez, le da de comer un hongo que conduce a la locura. Cuando os digo que esto da para serie de televisión... Carlota se pasaría el resto de su vida recluida en residencias regias, primero en el pabellón del jardín del palacio de Miramar, y luego en varios palacios en Bélgica.

En fin, he aquí la triste historia. Maximiliano trató de hacer lo que pudo por México, pero no se dio cuenta de que, por muy bien que quieras hacer las cosas, los pueblos han de gobernarse a sí mismos, y sólo podrán aceptar plenamente una administración que emane de su propio núcleo. Un concepto que su hermano Francisco José no aprendió nunca y que conduciría al desmembramiento de su imperio muy poco tiempo después. Maximiliano era sin duda, a pesar de sus numerosos defectos, un ingenuo soñador bienintencionado, un romántico, alguien que no fue educado para entender un mundo en plena transformación. Carlota fue una mujer sin duda extraordinaria, que buscó salirse del papel limitado a su sexo y participar activamente de la vida pública. A ambos les arrambló la historia, como al tiempo caduco que les vio nacer y que, por mucho que se resista, al final estaba condenado a morir.

lunes, 18 de abril de 2022

La historia corta de abril: Dedicadas a Eduardo Galeano (XII). Inspirada en hechos reales.

 Dedicadas a Eduardo Galeano (12)

Inspirada en hechos reales

    Un niño, hijo de madre mexicana y residente en España, está mirando la televisión, donde están retransmitiendo un programa-debate sobre inmigración.

            El niño le pregunta entonces a su madre:

            -Mamá, ¿nosotros qué opinamos de inmigración? Porque claro, nosotros no somos racistas...

            La madre, muy sorprendida, le responde de manera casi inmediata:

            -Pero hijo mío, ¿qué voy a opinar de la inmigración?¡Si yo soy de Ciudad de México!

            Y el niño, con una mirada de angustia en la cara, tan sólo acierta a contestar:

            -¡No! Tú eres mexicana, pero no, no eres inmigrante. ¡No eres inmigrante!¡Noooo!

            Para, a continuación, después de no respirar durante unos instantes, y colocar una mueca rara en nariz y boca para evitar las derramar las lágrimas, acabar por preguntar:

            -¿Entonces, yo soy hijo de inmigrantes?¡BUAAAA!-berreó al fin a voz en grito, y sorbiéndose los mocos. La madre no sabía si consolar a su hijo, o simplemente desternillarse de risa.

miércoles, 13 de marzo de 2013

La historia real de marzo: Asesinatos históricos sin esclarecer -o con serias dudas sobre su autoría- (II)

Continuamos con la sucesión de casos de asesinato que han quedado sin resolver (o al menos, con dudas más que razonables) a lo largo de la historia. Vigilad vuestra espalda, que vienen variaditos.

5) El primer asesinato del que se tiene constancia ocurrió antes de la historia, y ni siquiera fue a un ser humano: fue a un neardental al cual le ha correspondido la etiqueta (en los restos arqueológicos) de Shanidar 3. Los científicos que han examinado el cuerpo han dictaminado no sólo que fue asesinado por una lanza, sino que además esa lanza provenía de un hombre de Cromagnon (o sea, uno de los nuestros), con lo cual se trataría también del primer crimen atribuido a un Homo Sapiens Sapiens. El supuestamente primer crimen cometido sobre un humano se sitúa en los Alpes italianos, donde el llamado hombre de Oetzi fue alcanzado por una flecha por la espalda y luego rematado en la cabeza. Por otra parte, recientemente se ha encontrado una fosa común donde se han localizado a 200 individuos que habitaron antes de que existiera la palabra escrita y fueron seguramente víctimas de la primera masacre de la historia (un crimen, lo miremos como lo miremos, como cualquier otro).

6) LA DALIA NEGRA.
Con este nombre se conoce popularmente al asesinato de Elizabeth Short, una joven que apareció muerta en un distrito de Los Ángeles, seccionado su cuerpo a la altura de la cintura, con cortes en las comisuras de los labios remedando una sonrisa, y en buena medida vaciada de sangre. La brutalidad  y espectacularidad del crimen, y el hecho de que la chica tenía fama de haber llevado una vida disipada le dieron popularidad al caso, que hoy por hoy sigue sin esclarecerse. James Ellroy, un escritor obsesionado con los psicópatas a raíz de que su madre fuera asesinada por uno de ellos, inmortalizó la historia en forma de novela, que ha tenido adaptaciones cinematográficas diversas, incluyendo una reciente dirigida por Brian De Palma (por cierto, espectacular Mia Kirshner en su papel de Elizabeth Short). No obstante, hay una larga lista de archivos policiales repletos de crímenes escabrosos sin resolver, incluyendo el asesinato de los Borden o "el niño de la caja", el cual apareció con pelo y uñas recién cortadas dentro de una caja, seguramente para que el conseguido propósito de que no se le identificara.

7) EL MISTERIO DE MARY ROGERS.
El caso no tendría mayores pretensiones de natural: una chica amanece muerta en el río Hudson en Nueva York. Una bella cigarrera la cual, además, había desaparecido en misteriosas circunstancias unos pocos años antes para volver a repararecer después (se duda si a causa de pretender ocultar un aborto, como una maniobra publicitaria o por otros motivos). Pero allí se metió Edgar Allan Poe, que escribió un relato con múltiples similitudes al de Mary Rogers -"El misterio de Marie Rogêt"-, aunque cambió de localización (la ubicó en el Sena parisino) y, sobre todo, se dedicó a analizar las pistas del asesinato, no atreviéndose a señalar claramente a un sospechoso pero sí indicando la dirección que debía seguir la investigación. Leer un relato como éste de noche, a la fría luz de una bombilla de una mesita de noche, y pensar que se trata de un asesinato real y sobrecogerse por ello son todo uno para el lector. Muchos acusaron a Poe de querer ganar notoriedad con el relato, si bien es cierto que novelar misterios reales (y más aún sin resolver) era asunto común en aquella época. Pero más delirante se vuelve todavía el asunto cuando muchos sospechan que el asesino -debido a la multitud de detalles que se aportan en el relato-, ¡es el propio Poe! Parece que Poe (bien sabe si por librarse de las acusaciones) deslizó que era el propio asesino el que le había revelado su autoría y los detalles de la muerte. Fundadas las sospechas o no, el crimen sigue todavía en el aire, y el suicidio del novio de la chica con una nota bastante ambigua no contribuyó a esclarecerlo, ya que éste tenía una sólida coartada. Por cierto que Poe (al que la muerte le rondó dolorosamente toda su vida, como en el caso de su esposa) también falleció en circunstancias extrañas, apareciendo en las calles de Baltimore con las ropas desaliñadas y en un estado delirante, habiéndose atribuido su muerte a la rabia, la sífilis o una intoxicación etílica mortal.

8) LOS FEMINICIDIOS DE CIUDAD JUÁREZ.
En un principio, cuando empezó a publicarse en la prensa la aparición de mujeres muertas con breves  intervalos de tiempo entre las mismas en Ciudad Juárez, muchos imaginaron la idea de un asesino en serie o de un perfil similar. La realidad, desgraciadamente, es mucho más macabra. No hay explicación total para las setecientas mujeres asesinadas desde 1993 hasta 2012 en esta zona fronteriza de México, separada de la estadounidense El Paso a través de una frontera que cruzan miles de inmigrantes cada día para ir a trabajar. Sin embargo, se atribuyen estos crímenes a una combinación de violencia de género, industria del narcotráfico y rivalidades entre bandas (la frontera entre México y Estados Unidos se ha convertido en una de las más violentas del mundo, concentrándose en la parte mexicana todas las miserias de las que se libra la plácida parte estadounidense), en un contexto de impunidad donde la policía no da abasto o no se atreve del todo a investigar. Desde ese punto de vista, la secuencia de acontecimientos está clara: se escuchan unas cuantas muertes, y si alguien pensaba en perpretar un asesinato, ya sabe cómo hacerlo para que acabe en este fondo de saco y se le atribuya a un "asesino" general, una especie de niebla difusa tan grande y viscosa que nadie sabe ni tiene intención de abordar. ¿Pero quién es el asesino: el entorno global, la pobreza, la ignorancia, la droga? Una demostración viva de que a veces los mejores policías son los maestros o las políticas sociales.

9) EL ENIGMA DE KASPAR HAUSER.
Conocida es la historia de este muchacho, el huérfano de Europa, que apareció sin ningún antecedente previo en mitad de las calles de Nuremberg sin apenas el menor grado elemental de formación (no hablaba ni leía) y que parecía haber estado cautivo en palacios durante buena parte de su vida. Con la sospecha siempre encima de ser el príncipe destronado de alguna monarquía europea (puede incluso que de Napoleón II; los análisis genéticos realizados hasta la fecha parecen apuntar a que, efectivamente, estaba emparentado con la casa real de Baden, pero tampoco lo pueden corroborar de manera segura), su muerte es aún más misteriosa, pues apareció con heridas que difícilmente se podría haber autoinfligido. El misterio en torno a su figura continúa.

10) Hay crímenes que no llegan a resolverse pero en los cuales la conveniencia para los beneficiados de la muerte es tan evidente que es difícl abstraerse. El asesinato del obispo Óscar Romero (posteriormente desvelada la implicación de escuadrones de la muerte salvadoreños, que le liquidarían a causa de su implicación a favor de los pobres y en contra de los desmanes del ejército) sería un buen candidato, como tambíen la muerte del teniente coronel del KGB Aleksandr Litvinenko como consecuencia de la ingestión de polonio radiactivo (¿alguien duda en inculpar a Putin?). Lo que suele ocurrir, sin embargo, con estos casos, es que sus muertes quedan sin aclararse hasta mucho tiempo después, cuando los implicados ya no tienen que temer las consecuencias, y los nuevos poderosos pueden dedicarse a perpretar otros delitos que ya resolverán años después.

Finalmente, como componente adicional, se dice que el mejor asesinato es el que no lo parece. Sospechas de crímenes que se fingierion suicidos o accidentes ha habido miles a lo largo de la historia, y si nos ponemos podríamos empezar a hablar de Marylin Monroe, numerosos crímenes políticos... Pero en este sentido, la "muerte natural" más sospechosa de los últimos tiempos ha sido la de Juan Pablo I, fallecido sólo 33 días después de aceptar su nombramiento como Sumo Pontífice. A pesar de que la muerte de los papas es algo lógico y normal (son elegidos ya después de una larga vida de servicio a la iglesia), el hecho de que años después apareciera un turbio escándalo de corrupción vaticana en el que se implicaba al cardenal Marcinkus y el Banco Ambrosiano, y por el cual el banquero Roberto Calvi aparecería ahorcado en Londres, da bastante pábulo a las teorías conspirativas. De hecho, el que se nombrara justo después de su muerte a un papa ajeno a las intrigas italianas, por primera vez en varios siglos, parece indicar que el ambiente vaticano se encontraba muy enrarecido en aquellos momentos. No es éste el único de los misterios que campan por la ciudad de Dios: la muerte la adolescente Emanuela Orlandi, de 15 años, sigue sin resolverse, y se apuntan a conexiones con grupos terroristas, mafiosos enterrados en basílicas romanas, o con la propia curia vaticana (incluso alguna teoría habla de que la pobre Orlandi habría sido capturada y retenida como esclava sexual en el Vaticano, y asesinada después para ocultarlo). La fé de las piedras de uno de los lugares con más tesoros artísticos del mundo no protege a aquel entorno del horror de las maldades de los hombres.

Espero hablaros la próxima vez de temas menos lóbregos y más luminosos. Aunque sean, quizás, también inexplicables. Hasta la próxima ocasión.