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lunes, 14 de octubre de 2024

La historia corta de octubre: "Niña sirena"

        Hoy ha salido la noticia en los periódicos: la niña sirena, esa monstruosidad de la naturaleza la cual fue operada con notable éxito por unos brillantes cirujanos para restituirle sus nunca poseídas piernas, ya ha dado sus primeros pasos.

          Cuando estaba en el vientre de su madre, la niña, lejos de tomar su condición como una aberración o capricho del destino, lo asumió como una condición ideal. Sumergida en el líquido amniótico, chapoteaba de un lado para otro, y lejos de dar pataditas, se dedicaba a bucear y a cerrar los ojos mientras se zambullía de nuevo en las cálidas aguas de color amarillento (algún día, al recordarlo, comenzará a darle cierto asco, al recordar que parecía y sabía a pis).

            Pero cuando nació, los médicos, sus padres, el mundo, la miraron con ojos asombrados. La vieron como lo que quisieron verla: un humano malformado. Pero se equivocaban. No era un humano: sino una sirena. Mientras constituía un animal mitológico, encajaba perfectamente con su ambiente y con su cuerpo. Considerada como humana, la transformaron en un monstruo. La operación, básicamente, la convirtió en efecto en humana: en efecto, en una humana más.

         Nadie le preguntó si quería dejar de ser sirena. Nadie le planteó la disyuntiva entre gatear y no poder saltar de la cuna (como sirena, en el mar, no hay vallas que te detengan), o seguir los bancos de peces desde el Atlántico al Pacífico. No pudo elegir.

           Hoy contempla sus piernas, con una desconcertante sensación de extrañeza, y sin saber si quejarse o si dar las gracias. Hoy, al dar sus primeros pasos, ha sido como volver a aprender a nadar.

lunes, 1 de abril de 2024

La historia real de abril: el pasado (y el futuro) de los Sentinelenses del Norte

El otro día, alguien me preguntó por Sentinel del Norte. Muchos conocéis esta historia: se trata de una isla que oficialmente forma parte de la India (en concreto, del archipiélago de las islas de Andamán), pero que permanece aislada, de tal manera que sus habitantes pertenecen a una de esas tribus no contactadas que no se han entremezclado con la civilización -así, aunque el gobierno indio es el administrador legal, en realidad no ejerce ninguna función al respecto, y los que controlan la isla son los propios sentineleses-. El motivo principal no es sólo que la isla tenga un acceso complicado, con escarpados arrecifes en casi todos sus límites, sino, sobre todo, que los sentineleses no tienen la más mínima gana de conectar con el resto del mundo. A lo largo de los últimos dos siglos se han descritos varios encuentros con los habitantes de esta isla, que alternan entre los indígenas arrojando lanzas o cargándose a los visitantes, o, si acaso, manteniendo relaciones cordiales, pero dejando claro que no van a ir más allá, y marcharos prontito a casa para que no haya problemas. La historia de la isla es fascinante y os incito a bucear en ella, entre otras cosas porque se ha tratado en multitud de medios culturales (además, tiene muchos puntos graciosos: por ejemplo, cómo los sentineleses aprovechan el hierro que dejan los naufragios, o una batería de cocina olvidada de la expedición de National Geographic). La cosa es que la pregunta que me hicieron iba más allá de lo que normalmente uno se plantearía, y lo curioso es que la respuesta me llevó a un conocimiento más llamativo aún. Dejadme que os lo cuente, aunque ya os advierto que será un poco largo (y por eso, por tres razones, no os cuento más sobre Sentinel del Norte: porque seguramente ya lo sabéis, porque lo podéis encontrar en otro sitio, y porque, si no lo hiciera, sin duda me quedaría un post inmanejable).

La pregunta.

La pregunta era: si los sentineleses llevan aislados del resto del mundo tanto tiempo, ¿no tendrán un problema con la endogamia?

Mi primera pensamiento fue: bueno, es probable que sí. Todos sabemos que la endogamia sostenida durante mucho tiempo en un grupo humano pequeño causa estragos, debido a que enfermedades muy poco abundantes en la población general tienden a concentrarse en la descendencia cuando tienes hijos con tus parientes. Sólo hay que ver la lista de dolencias (y el aspecto físico) de los Austrias y los Borbones que han reinado en España para comprender el concepto. Aunque, por lo que me comentó quien hizo la pregunta, hay casos más extremos. 

Sin embargo (contesté a la cuestión), en el caso de los sentineleses, hay dos cuestiones: 1) si contactan con el mundo exterior, probablemente su mayor problema serán todas las enfermedades a las que no son inmunes, y que "la población civilizada" les transmitiríamos (después del COVID, todos somos muy conscientes de eso, ¿verdad?; si los europeos, contagiando la viruela, diezmaron a las poblaciones del Nuevo Mundo, los sentinelenes sufrirían estragos muy parecidos); 2) no puedes hacer un estudio con ellos porque, si te acercas, te intentarán atravesar la cabeza con una lanza, más o menos como hicieron con el último que fue a visitarles (con simbólico flechazo a la Biblia includo). Así que, en general, como que no parece sencillo profundizar a fondo en el tema.

La cosa se complicó cuando me dijeron: es que, claro, si llevan 60.000 años sin contactar con el mundo exterior...

A mí la cifra me extrañó, porque en realidad conocemos a los sentinelenes desde hace relativamente poco (se supone que Ptolomeo y Marco Polo los mencionan, pero las referencias son tan vagas que podría tratarse de las islas Andamán en general, o incluso de cualquier isla). De hecho, los primeros contactos datan del siglo XIX. No se ha podido descifrar su idioma, ni mucho menos entablar una conversación en la que los sentineleses te expliquen por qué se llevan tan mal con sus vecinos (un inciso: a pesar de que el primer tropezón del hombre blanco con los sentineleses -en el cual hubo hasta muertos- justifica que no quieran volver a vernos, hay pruebas bastante sólidas que dicen que llevan un buen rato aislados de los habitantes de las islas cercanas: luego incidiremos en eso en profundidad). Entonces, ¿de dónde sacan blogs, artículos, youtubers y hasta la Wikpedia la cifra de 60.000 años?

Entonces me puse a indagar a fondo en el tema de Sentinel del Norte y encontré dos respuestas a esta pregunta: una que tiene que ver con el pasado, y otra que tiene que ver con el futuro.

La respuesta antigua.

Suele ocurrir que todo bulo (o malinterpretación; la diferencia es sobre todo si se ha hecho a propósito o no) tiene algo de verdad. Y la explicación a la famosa cifra de los 60.000 años la he encontrado en esta monografía de George Weber sobre los andamanenses (o sea, los habitantes del archipiélago donde está Sentinel Norte), que en sus capítulos 6 y 8 explica cuestiones muy interesantes sobre los andamanenses en general, los sentineleses en particular, y su origen.

Por un lado, sabemos que los sentineleses son parientes de los andamanenses (que, a su vez, se dividen en distintas tribus: los onge, los jarawa...). Lo sabemos no sólo porque se parezcan físicamente, sino porque comparten ciertos rasgos culturales comunes (detalles de sus canoas, de sus armas, etc). Sin embargo, los miembros de la tribu onge ya adviriteron a los primeros europeos que fueron a visitar Sentinel del Norte que ellos mismos llevaban mucho sin contactar con sus vecinos. De hecho, cuando los europeos llegaron, acompañados con colaboradores onge que debían servir como traductores, estos últimos no pudieron comprenderse con los isleños, lo cual quiere decir que han estado separados el suficiente tiempo como para que el lenguaje haya evolucionado hasta volverse ininteligible. ¿A causa de qué se han enclaustrado en sí mismos? Nadie lo sabe. Hay quien habla de enfrentamientos con británicos y japoneses que les dejaron marcados, pero lo único que sabemos es que ocurrió en algún momento antes de 1880 (primeros contactos más o menos registrados). Ello no quiere decir que no hubiera encuentros puntuales y esporádicos -por ejemplo, hay una leyenda sobre un niño sentinelés que sufrió un naufragio y fue adoptado por la tribu de una isla vecina, de tal manera que los sentineleses lo trataban como un extraño; aunque otra posibilidad es que ni siquiera fuera sentinelés, porque mucha de estas historias están llenas de abundantes dosis de confusión, ignorancia y desconocimiento mutuo-.

Por otra parte, los andamanenses en general pertenecen a un grupo étnico denominados "Negritos". El nombre puede parecer despectivo, pero es el que le pusieron los españoles a los habitantes de determinadas islas del Pacífico que, según ellos, se parecían a los africanos. De ahí seguramente hayan venido muchos equívocos, pues tanto los españoles de entonces como algunos lectores modernos han tendido a creer que son una especie de africanos que han migrado directamente a este archipiélago sin pasar por ningún lugar intermedio. Pero los "negritos" son distintos de los africanos (dentro de que, en el fondo, todos los seres humanos venimos de África; luego ahondaremos en esa cuestión), y forman un amplio grupo étnico formado por un conjunto de poblaciones, en su mayoría dispersas, que se extienden sobre todo por el Sudeste Asiático (tanto en el continente como, especialmente, en las islas -Filipinas, Indonesia, y todo lo que en el pasado se denominaba el archipiélago malayo-) y Oceanía, pero que tiene relaciones genéticas incluso con los khoisan africanos.

Esta es la foto más cercana tomada de un habitante de Sentinel Norte, una mujer recogiendo uno de los cocos que los visitantes extranjeros solían dejar como regalos, y que los nativos se llevaban sin demasiadas alharacas. La imagen es de 1993, y pertenece a KAS Films.

Aquí también tenemos que hacer un aclaración: en su principio, muchas clasificaciones antropológicas de grupos humanos se hacían bajo el criterio del observador que analizaba distintas etnias, proponía distintas ramas, y que normalmente se guiaba por sus propios prejuicios, en ocasiones racistas. Hoy en día, sin embargo, gracias a las pruebas genéticas, podemos determinar con rigor científico si dos grupos están emparentados, y en qué momento convergieron (o divergieron) sus caminos. De esa manera, a través de la genética, puedes trazar una historia no escrita del ser humano -o, dicho de otra manera, impresa sobre sus genes-, sobre todo de sus migraciones, y de la interacción entre distintos pueblos. Pero estas pruebas tienen sus limitaciones: los tiempos con los que trabajan tienen un margen de error muy amplio; se basan hasta cierto punto en cuestiones probabilísticas; y no puede descartarse que haya habido eventos que pasen desapercibidos si no han ejercido influencia en la descendencia (un ejemplo: sabemos que los neandertales se han cruzado con los Homo Sapiens en varios momentos porque los humanos modernos compartimos genes con los neandertales; pero si una pareja formado por un Sapiens y un Neandertal no tiene hijos, ese contacto no quedaría registrado). Así que mucho de lo que hablamos aquí se basa en criterios científicos y estudios muy serios, pero, por supuesto, en cierta medida son especulativos, y cabe siempre la posibilidad de error.

De los sentineleses no tenemos análisis genéticos: lo único que hay disponible es un cráneo, del que no se ha sacado DNA. Sí que poseemos datos de los andamanenses, sus parientes más cercanos. Y lo que sabemos de ese análisis es que, en efecto, es un grupo que ha estado relativamente aislado a lo largo de los últimos 60.000 años. Ojo, eso no quiere decir que desde hace 60.000 años hayan estado en el archipiélago (y menos en la isla de Sentinel Norte); quiere decir que, a lo largo de los últimos 60.000 años, en sus migraciones, se han juntado con poca gente. Pero poca no quiere decir ninguna; de hecho, por lo visto, hace 30.000 años tuvieron una mezcla con otro grupo, pero no sabemos claramente dónde ni con quién fue -por lo visto, también hay diferencias entre las distintas tribus andamanenses al respecto, lo cual complica la historia-. Hay una hipótesis que dice que, quizás, se entrecruzaron con gente que ya habitaba las islas Andamán (o al revés, llegó gente cuando los andamanenses ya estaban establecidos), pero no estamos seguros, y ni siquiera sabemos si el intercambio ocurrió en la propia isla.

En realidad, el margen temporal de 60.000 años es curioso porque, un poco antes (alrededor de 70.000 años) hubo una gran erupción volcánica en esa zona del mundo -en concreto la del volcán Toba, en Sumatra- que cubrió de cenizas muchas de las islas allí existentes y que probablemente hizo inhabitables las islas Andamán. Es decir, que los andamanenses actuales no pudieron llegar antes de esa fecha. Lo cual tiene cierto sentido. Según estudios del tipo que he comentado antes, hoy sabemos que los Homo Sapiens intentaron salir varias veces de África (desde su origen, probablemente cerca de lo que hoy es Etiopía), pero que la mayoría de ellas no salieron bien. En cambio, la que sí que tuvo repercusión, según las teorías actuales, fue una hace entre 50.000 y 70.000 años, y durante la cual, en un período relativamente breve de tiempo -unos 1000 años- el ser humano (que debía contar entre 2.000 y 5.000 miembros en total; se calcula que de África salieron entre 150 y 1000 personas a través del desierto de Sinaí) bordeó la costa sur de Asia, aprovechando una dieta basada sobre todo en el marisco, y en una forma de vida siempre cerca del mar, hasta llegar a Australia. Durante ese tiempo, se aprovecharon de los puentes de tierra que se abrían entre tierras que hoy constituyen islas (cuando estos puentes desaparecieron, se produjeron auténticas catástrofes, como comentábamos aquí). Esa migración, incierta, precaria y llena de peligros, es la que explica buena parte de cómo el ser humano se expandió desde su continente primigenio al resto del mundo.

Pero hay que apuntar una cuestión clave: y es que muchos de los lugares por donde pasaban ya estaban poblados. Por seres humanos también, pero no Sapiens: eran Homo Erectus, uno de nuestros ancestros, y que ya se había expandido por Asia. Una teoría dice que, quizá, esa erupción volcánica alteró el equilibrio en el que vivían los Homo Erectus y posibilitó que los Sapiens tuvieran nuevos lugares que colonizar; a su vez, se especula con la posibilidad de que los enfrentamientos entre ciertos grupos estuvieran obligando a los Homo Sapiens establecidos en lo que hoy es el norte de Oceanía a migrar.

Entonces, hay un doble hito: por un lado, los humanos modernos empiezan a poblar buena parte de las islas del Sudeste Asiático; serán estos seres humanos los que luego colonicen tierra firme asiática, y pueblen lo que hoy es el continente más populoso del mundo (en su camino, es probable que se "arrejuntaran" con los pocos Homo Erectus que quedaban). Pero, al mismo tiempo, se van a islotes donde van a quedar relativamente aislados del mundo, y se mezclarán con mucha menos gente. Puede ser por eso por lo que los andamanenses se conviertan, entonces, en de los grupos humanos más antiguos que se conocen. Un colectivo "relativamente puro", dentro de lo difícil que es decir eso para nuestra especie. La gente de las islas de esta zona del mundo, pues, son el nexo más cercano que tenemos a ese primer grupúsculo de humanos que en su día consiguió poner un pie (y mantenerlo) fuera de su continente, para así explorar el planeta que compartimos. No es extraño que los españoles creyeran que los "negritos" eran gente venida de África: es que, en buena medida, a nivel genético, "acaban" de salir de allí. No es que se hayan quedado quietos, pero sí que han estado todo el rato juntos, y en general mezclándose entre ellos. Claro que eran un grupo más grande, que luego se repartió entre muchas islas: lo que pasa es que algunos se han ido fusionando con otros pueblos, mientras que determinados lugares -por ejemplo, las islas Andamán- se han quedado descolgados del resto del mundo.

Así pues, no es que los sentineleses lleven 60.000 años aislados en su isla (al menos, no podemos afirmar eso con rotundidad), pero sí es verdad que detrás de ellos se esconde una historia bastante añeja. Al mismo tiempo, persiste el enigma sobre cuánto tiempo han estado separados de sus vecinos, si esa soledad ha sido absoluta (como sugería mi interlocutora, ¿robarían mujeres, como cuentan las leyendas sobre los antiguos romanos, cuando les hiciera falta?) y, sobre todo, el por qué. Quizá lo conozcamos algún día.

La respuesta del futuro.

Vale, o sea, que no sabemos del todo cuánto tiempo llevan encerrados en su laberinto los sentineleses. Pero sí es lógico pensar que la endogamia no les está sentando bien. La pregunta es, ¿hasta qué punto?

No podemos estar seguros, claro. Pero hay quizás una aproximación. Nunca se ha averiguado exactamente cuál es la población total de la isla: se calcula que podría ser entre 50 y 200 personas, pero, como os podéis figurar, esas estimaciones tienen muy poca base. La isla posee una frondosa vegetación, y sólo a partir de lo que se puede divisar desde la orilla no hay demasiado donde rascar. Sin embargo, de vez en cuando, el gobierno indio (que mantiene su política de no-interferencia con los sentineleses: no sabemos si porque realmente se preocupa de su salud y de su férrea voluntad en ignorarnos, porque la isla no tiene ninguna importancia estratégica, o porque, la última vez que el gobierno indio intentó hacer buenas migas con una tribu de las islas Andamán, aquello acabó como el rosario de la aurora) se dedica a hacer pasadas desde barcos, o desde el aire, para ver si todo anda bien, y aprovecha para contar individuos. Y, si os dais cuenta, da la sensación de que los números están disminuyendo. Es verdad que esto puede tener varias explicaciones: el tsunami de 2004 debió de afectarles (de hecho, elevó una parte de la isla y sumergió otra); quizá, a pesar de su aislamiento, los pocos contactos con el mundo exterior les hayan transmitido ciertas enfermedades que estén diezmando su número; también puede ser simplemente que los avistamientos no sean representativos, y que la población permanezca en verdad estable. Pero bien pudiera ser que esa endogamia -quizá no de milenios, pero sí de siglos- al fin esté castigando a la población del lugar.

¿Cuánto podrán resistir los sentineleses esa situación? Quién sabe. No soy un experto en el tema, y seguramente el número de individuos (ése que nos resulta tan difícil de discernir para los sentineleses) sea un factor clave para determinarlo. A los humanos más cercanos a la situación de estos isleños, las tribus no contactadas del Amazonas, no les está yendo muy bien -como cuenta este documental. Aunque algunos traten de esconderse, al igual que los sentineleses, con frecuencia muchos grupos étnicos deciden finalmente rendirse, y abrirse al mundo exterior que les ha ido arrebatando sus tierras, su modo de vida y los recursos para su subsistencia. Los sentineleses no interaccionan con el resto del planeta, pero eso no significa que el mundo exterior no esté llegando a ellos en forma de enfermedades, microplásticos o contaminación del entorno natural. Quizá, un día de éstos, los sentineleses recurran a nosotros para garantizar su propia supervivencia, pero, tal vez, para cuando lo hagan, el ser humano, sometido al cambio climático, tampoco tenga muy claro si no se enfrenta a un incierto final. Probablemente haya habido más estudiosos acerca del enigma que esconde este lugar recóndito que habitantes han ocupado la isla en a lo largo de toda su prehistoria: puede que vaya siendo hora de preocuparnos un poco menos de cómo sobreviven ellos, y preguntarnos qué clase de mundo le estamos dejando a los sentineleses.

lunes, 23 de octubre de 2017

Las películas de octubre: películas y recetas de cocina

En un post anterior -elaborado, como éste, en colaboración con el blog "La tentación vive... en la cocina", de Cris Kitchen- hablábamos de comida, de comensales, de cocina y de cocineros. Y también sobre literatura. Ahora en esta ocasión, y aprovechando que hasta el propio festival de cine de San Sebastián ha incluido una sección de cine dedicada a la gastronomía, discutiremos sobre películas: algunos títulos –más o menos conocidos- relacionados con el mundo de la gastronomía, acompañados de sus correspondientes recetas para degustarlas. Podéis empezar a leerlo, pero yo os aconsejo, antes de nada, aseguraros de que tenéis la nevera o un paquete de galletas a mano. Advertencia: la lectura de este post puede dar ganas de devorar.



-Ratatouille. Había que empezar, cómo no, con esta pequeña joya de Pixar sobre el amor y la dedicación a la cocina. Construida con delicadeza y elegancia, como todas las buenas películas (y los buenos platos), el film apela a las sensaciones que provoca el arte tanto entre los creadores como entre los receptores del mismo. Un detalle que, más que ninguna otra cosa, marca el poder de una película, y también de un estofado.
            Recomendación gastronómica. En la película se insiste en el poder evocador del gusto, en su capacidad para llevarnos a un momento en que fuimos extremadamente felices. Para “Ratatouille”, aparte de casi cualquier plato de la cocina francesa (en este contexto, valdría también el film “La cocinera del presidente”), convienen recetas que nos transporten al período siempre extraordinario de la infancia. Nada como un delicioso batido de plátano o a un atípico y dulcísimo bizcocho para recordar la época en que cada momento debía ser brillante, y no había tiempo para medias tintas, o para escalas de grises que no se atrevieran a brillar.



-Julie&Julia. Una película que entrecruza las vidas de Julie Powell (Amy Adams), una joven que decide aprender a cocinar a través de las recetas de Julia Child (Meryl Streep), y de la propia Julia, la cual enseñó la cocina francesa a las amas de casa estadounidenses en los años 50, y de la que se nos narra en paralelo su particular camino de aprendizaje. Una historia deliciosa, que cae ligera como una crêpe.
            Recomendación gastronómica. A pesar de que la obsesión de Julie por la mantequilla puede parecer enfermiza, algunos platos tienen muy buena pinta: en concreto, hemos caído enamorados de unas pechugas de pollo con crema, champiñones y oporto (aquí un enlace donde hacen referencia a la receta) que no tardaremos mucho en intentar.




-Un viaje de 10 metros. En un pequeño pueblo de Francia, un restaurante familiar indio se coloca a escasos diez metros de un esnob establecimiento local, cuyos dueños reaccionan como Marine Le Pen después de darse una vuelta por un barrio árabe. Aún así, el roce hace el cariño y, en esta época de choque de nacionalidades, la película nos muestra como la fusión de culturas y el intercambio resultan más beneficiosos que la soledad y el enfrentamiento. Que la película cuente con Helen Mirren como actriz principal resulta, como aditivo, de lo más estimulante.
            Recomendación gastronómica. Es una buena ocasión para recomendar un buen restaurante indio. Empezamos con unas onion bhaji y unas samosas (de carne o verduras) para empezar. Acompañando a un arroz pilau, sugerimos unas raciones de pollo con mantequilla (butter chicken) o cordero korma -si no os gusta el picante-, o alguna receta que se apellide Madrás si os atrevéis a arriesgar (esto, en el caso de un restaurante indio en un país occidental. En la India de verdad, olvidaos de distinciones, casi todos los platos pican). Para mojar en las salsas, podéis coger algún naan (o pan indio) simple o con queso, aunque si es por el sabor del naan, nosotros os aconsejamos ardientemente el peshwari. De postre, un suave batido de mango (mango lassi) o un delicioso gulab jamun, unas bolitas de masa frita empapadas en almíbar, nada aptas para diabéticos. También podéis intentar reproducir estos platos en vuestra casa. Para ello, una pequeña ayuda, esta receta de pan naan tomada del blog de Cris Kitchen, y aquí otra de batido de mango.


-Chef. Hay varias películas tituladas así (incluyendo la entretenida “Comme un Chef”, que en España se tradujo como “El chef, la receta de la felicidad”), pero nosotros nos referimos a la dirigida y protagonizada por Jon Favreau –director de “Ironman” y la nueva versión de “El libro de la selva”, entre otros- en 2014. Un cocinero de éxito es duramente golpeado por un crítico que le acusa de estancarse en los mismos platos. Decidido a darle un vuelco a su vida, y de paso a recuperar su iniciativa como padre, se embarca en un viaje a bordo de una camioneta de comida callejera que le haga recuperar la ilusión por la cocina. Una comedia simpática sin muchas pretensiones, aunque quizás pueda hacernos pensar (igual que ocurre con “Comme un chef”) acerca de cuáles son las motivaciones reales por las que nos levantamos todos los días.
            Recomendación gastronómica. La película, entre otras cosas, reflexiona sobre el papel de las redes sociales y de los críticos culinarios. En un momento determinado, tiene lugar una discusión monumental acerca de un coulant de chocolate. Como nosotros somos más defensores del buen sabor y de los platos bien hechos, antes que de colocar el vanguardismo por delante de todo lo demás, os vamos a recomendar un tierno coulant, con el chocolate bien fundido por dentro. Porque si el chocolate es el sustituto del sexo (o produce el 10% del placer del orgasmo, según dicen), queremos que os ocurra como a Meg Ryan en la famosa escena del restaurante de “Cuando Harry encontró a Sally”, y que la gente quiera pedir, con ansia, eso que os ha hecho gozar.


-The lunchbox. Una pequeña y original historia. En la India, existe un gran negocio a nivel nacional, basado en los mensajeros que transportan el almuerzo (recién preparado por las mujeres) al trabajo de sus maridos, para que éstos puedan tomar aún caliente un plato de comida casera. Un día, el envío de una mujer sufre un error y su comida va a parar a un solitario individuo que hasta ahora sólo recibía la triste e impersonal comida procedente de un restaurante. Poco tiempo después, los dos afectados se darán cuenta de la confusión pero, para entonces, ha comenzado un intercambio de mensajes en el cual ambos acabarán desnudando sus preocupaciones y desvelos más íntimos. Ideal para aquellos a los que les disgusta comer solos.
            Recomendación gastronómica. Comer “de tupper” es siempre complicado, pero hasta que el sistema indio no se implante en esta parte del Ganges, ofrecemos aquí alguna sugerencia para que los tuppers puedan ser dignos quizá no de un restaurante cinco estrellas, pero sí al menos de una amorosa cocina de madre.


-Deliciosa Martha: La historia es un baile (llevado, por cierto, a través de una espléndida música), y como todo baile, es también un enfrentamiento, en este caso entre la precisa y cuadriculada mentalidad alemana de la protagonista -una chef de prestigio a la que le toca de golpe hacerse cargo de los hijos de su hermana-, y la genial y caótica volatilidad de su nuevo compañero de fogones, un artístico y desenfadado italiano cuya forma de ser le ataca los nervios a su compañera germana. Una película llena de ritmo, sabor y sobre todo alegría. Nada que ver con su adaptación americana, "Sin reservas": como casi siempre, para degustar un buen plato tienes que partir de la receta original.
            Recomendación gastronómica. Como mezcla de la fusión alemana-italiana, quizás un típico plato suizo como el rösti de patata sirva como mejor ejemplo de que la mezcla de opuestos puede provocar resultados más que interesantes.

Bonus: El festín de Babette. Quizás éste es el mejor contraejemplo de lo que no se debe hacer. Una experta en cocina francesa, obligada a vivir en una remota población costera del norte de Europa, decide preparar para su entorno más cercano una cena de restaurante de lujo. Sin embargo, los invitados a este ágape, en virtud de su moral religiosa, deciden deliberadamente no disfrutar de los manjares, para sorpresa del único asistente que no se encuentra al tanto del asunto. Considerada película de culto para muchos, para el amante de la cocina puede suponer, sin embargo, un anticlímax continuo donde se castiga el placer de los sentidos. O, en palabras más claras, “estaba deseando que del mar aparecieran dos orcas y se comieran de una vez a los protagonistas”.
Recomendación gastronómica: Lo idóneo al ambiente de la película serían unas gachas de avena, sin azúcar. Pero por el bien de nuestros lectores, recomendamos que las acompañéis de unos trocitos de plátano y chocolate negro, regadas con un buen chorrito de miel, por ejemplo, con lo que quedará un “porridge” de lo más resultón.

 Mientras tanto, a vosotros os deseamos buenas historias que tengan lugar en vuestra cocina. A ser posible, que no sean de terror. Un saludo.

lunes, 13 de octubre de 2014

La historia real de octubre. Historias de mujer y de la India: la bandida Phoolan Devi y Vindravan, la ciudad de las viudas.

Que ser mujer en la India no es ninguna bicoca es algo fácil de intuir. Únanse a una costumbres muy ancestrales la influencia de la religión, y añádase la dificultad de controlar -con los recursos de un país pobre- un país con tantas personas, y tendrás la receta perfecta para el desastre. En ese sentido, hay dos historias que han llegado a mis manos a través de varios medios y que os quiero transmitir porque, a pesar de su aparente separación, están bastante relacionadas.

La primera se refiere a Phoolan Devi, una bandida que cultivó terror y fama a partes iguales en su país a principios de los años 80 del siglo pasado. Si algo se puede decir de la vida de Phoolan, por utilizar un eufemismo, es que lo tuvo difícil. Su padre era un pobre hombre ninguneado por su propia familia, y a quien parientes cercanos consiguieron arrebatarle su parte de la herencia paterna; a los once años, a Phoolan la casaron con un hombre brutal, de cuya casa huyó para encontrarse con que era rechazada por su propia familia y obligada a realizar las tareas más ingratas. En enemistad abierta con uno de sus primos por el asunto de la herencia de su padre, este mismo primo llegó a golpearla con un ladrillo cuando era pequeña, y luego, ya de mayor, la acusó de entrar en su casa, por lo cual fue arrestada por la autoridades y, en dependencias policiales, golpeada y violada por agentes amigos de su primo. No obstante, si alguien creía que todo aquello iba a arredrar el carácter de Phoolan, estaba muy equivocado: era una chica valiente y atrevida, descarada y con un cierto punto dramático, que no dudaba en burlarse de, luchar contra y provocar a sus enemigos, a pesar de que las consecuencias fueran todo lo duras que, efectivamente, podían llegar a ser. Quizás una iniciación para todo lo que le iba a ocurrir en la vida, frente a lo que demostró que estaba sobradamente preparada.

El punto de inflexión llega en 1979, cuando, a la edad de 16 años, es secuestrada por un grupo de bandidos, dirigidos por Babu Gujar. El episodio del secuestro no está claro, igual que otros muchos puntos relativos a Phoolan Devi y su biografía. Lo que está claro es que, tras raptarla, el líder de la banda quería tener relaciones sexuales con ella y, al no mostrarse muy colaborativa, la violó. Entonces, el segundo de la banda, llamado Vikram, y que pertenecía a la misma casta que Phoolan, mató a Babu Gujar y se hizo con el control. Rápidamente, Vikram y Phoolan se hicieron amantes, y Phoolan adquirió un puesto destacado en la organización.

Aquella noticia conmocionó a la región. No se trataba de que hubiera una banda de "dacoits" (o bandidos): es que uno de sus jefes era una mujer, y además de una casta bastante baja. Sin duda todos conocéis el sistema de castas en la India: inicialmente más una separación entre gremios y posiciones sociales, los ingleses lo utilizaron en gran medida como modo de dividir a la población india, de tal manera que el sistema se estancó y radicalizó bastante más que en sus orígenes, convirtiéndose en una barrera de intolerancia y de odio. Phoolan y Vikram pertenecían a la misma casta y (no se sabe si desde el principio a causa de acontecimientos posteriores) Phoolan desarrolló un odio visceral frente a algunas de las castas superiores. En ese sentido, las leyendas contemporáneas y posteriores retrataban a la banda de Phoolan como una especie de "Robin Hoods" que robaban a los ricos para dárselo a los pobres. Nada más lejos de la realidad, pues parece que los compañeros de Phoolan robaban a todos y no compartían con nadie, pero en los momentos de mayor fama de la banda, aquello les granjeó la simpatía y protección de una buena parte de la población, sobre todo de los más miserables. A ello contribuían, además, los gestos de teatralidad de la bandida, desde llamar a su novio "el emperador de los dacoits" hasta realizar después de cada gran acción criminal algún tipo de veneración a la diosa Durga (de múltiples brazos y guerrera, que lucha en favor del bien contra el mal), de tal modo que algunos llegaron a identificarla con ella. La banda de Phoolan y Vikram se expandía por un territorio de unos 8000 km donde apenas había presencia de las autoridades y tenían el control absoluto. Parecía que nada ni nadie les podía derrotar.

Sin embargo, siempre hay un momento en que llegan las nubes a poner fin al día soleado. A la banda ingresan dos nuevos miembros, los hermanos Ram, pertenecientes a castas superiores. A pesar de que este grupo de dacoits se había caracterizado por saber integrar individuos de distintas castas, la convivencia se vuelve difícil -sobre todo con la adquisición de poder de los Ram dentro de la banda y su desprecio a la casta Mallah, de la que Phoolan formaba parte- y la estructura amenaza por partirse en dos. En un momento determinado, tras una disputa verbal (probablemente un comentario sobre la promiscuidad de Phoolan fue el detonante, aunque parece que el asesinato del anterior líder y las diferencias entre castas fueron los factores preponderantes en el enfrentamiento), los Ram matan a Vikram y se hacen con el control del grupo. Secuestran a Phoolan, la llevan en un barco a la ciudad de Behmai, y allí la mantienen en una choza durante 22 días, violándola repetidamente y obligándola a recoger agua desnuda de un pozo cercano en un acto adicional de ultraje. Gracias a un amigo, Phoolan logra escapar y formar su propia banda. Sólo una palabra late en su cabeza: venganza.

Diecisiete meses después, Phoolan vuelve al pueblo de Behmai, donde tuvo lugar su humillación, y habitaban un gran número de individuos de la casta superior Thakur, a la que pertenecían los Ram. Phoolan llega con las uñas pintadas de rojo, maquillada con lápiz de labios, un nuevo corte de pelo, un cinto de balas al pecho al más puro estilo Pancho Villa, y armada con un fusil. Su banda ha entrado en el pueblo disfrazados de policías y han conseguido pillar a sus habitantes desprevenidos al colarse en medio de una fiesta (es una boda, y es precisamente el día de San Valentín). Pero Phoolan, al estilo de Al Capone, va a organizar su propia jarana. Les dice a los habitantes del pueblo que sabe que los hermanos Ram están allí, y que si no los traen ante su presencia, se arrepentirán de las consecuencias. Sin embargo, los propios miembros de su banda le confirman que, por más que han tratado de buscarlos, los hermanos Ram no están allí. Incrédula, o enrabietada, o pensando quién sabe cuántas cosas, Phoolan hace llevar a 30 jóvenes de la casta Thakur cerca del río y ordena a su banda hacer fuego. 22 de ellos mueren, aunque parece que sólo dos tuvieron algo que ver con el asesinato de Vikram y las violaciones repetidas de Phoolan. Aquella masacre conmocionó a la India por su número -era la mayor matanza organizada por parte de dacoits-, pero también por dirigirla una mujer, y por organizarla individuos de castas bajas frente a víctimas de castas altas. Las historias sobre la bandida-Robin Hood y la simpatía popular por Phoolan alcanzan entonces sus cotas máximas, aunque también la persecución policial. La leyenda sobre "la Reina de los Bandidos" ha nacido...

En 1983, dos años después del incidente de Behmai, la policía aún no había conseguido capturar a Phoolan. Sin embargo, la primera ministra Indira Gandhi sabe que muchos de los miembros de su banda están enfermos y que ella se encuentra en mal estado de salud. Dicen que en parte porque Indira Gandhi compartía con Phoolan su odio por el sistema de castas, le ofreció a Phoolan un pacto para rendirse, y ésta accedió, bajo las siguientes condiciones: 1) se entregaría frente a la policía de Madhya Pradesh y no la de Uttar Pradesh (la cual le correspondería legalmente, pero de la que no se fiaba); 2) no se les aplicaría la pena de muerte a ninguno de los miembros de la banda, y habría limitaciones en cuanto al máximo de años de las condenas; 3) se les concedería una parcela de tierra donde vivir; 4) en la ceremonia de entrega, la familia de Phoolan sería escoltada, y sólo se rendiría frente a un retrato de Mahatma Gandhi y otro de la diosa Durga. La ceremonia fue un show donde asistieron más de 10.000 personas y acudieron más de 300 policías. El juicio a Phoolan se postergó durante 11 años, y durante su encarcelamiento en prisión, se le practicó una histerectomía porque (en palabras del médico que la llevó a cabo) "no queremos más Phoolan Devis criando más Phoolan Devis". Finalmente, en 1994, el gobierno retiró todos los cargos contra ella y salió libre.

Una vez en libertad, la vida de Phoolan continuó siendo intensa. Se presentó al Parlamento como representante del partido del gobierno que la había liberado, y salió elegida dos veces, perdiendo una votación entre medias. Consiguió (a pesar de su analfabetismo) publicar su autobiografía, y vio cómo se hacía una película india sobre ella, "La reina de los bandidos". Phoolan fue muy crítica con la cinta y amenazó con inmolarse si no la retiraban del mercado, pero parece que sus ánimos se aplacaron cuando los productores le pagaron 40.000 libras. El fin le llegó a Phoolan Devi a la temprana edad (o no tan temprana, teniendo en cuenta todo lo que había vivido) de 44 años, cuando se abrieron las ventanillas de un coche que pasaba a su lado y tres individuos dispararon contra ella. Se acusó mucho a la policía de incompetencia en el caso de su asesinato, pero gracias a que algún individuo se entregó sabemos que el crimen se cometió en venganza por la masacre de Behmai. Hoy en día, Phoolan sigue encarnando en la India el papel de defensora de la justicia, y las partes más oscuras de su biografía son dulcificadas al relativizarlas con los amargos trances con los que tuvo que lidiar.

Y ahora es cuando volvemos atrás en el tiempo y nos imaginamos, ¿qué hubiera pasado si la jovencísima Phoolan se hubiera resignado y hubiera aceptado el matrimonio con un individuo mucho mayor que ella? Pues aparte de tener que soportar la degradación física y moral de encontrarse en manos de un individuo que, en la mayor parte de los casos, no se preocupa demasiado por su bienestar físico y moral ("no tengo esperanzas en la vida", es la frase que soltó una niña de siete años a quien obligaron a casarse en un matrimonio concertado), el problema es que, con bastante probabilidad, el susodicho fallecerá antes que ella. Y es entonces cuando nuestra Phoolan hipotética entraría en contacto con la "muerte social" que supone ser una viuda en la India. En 1829, los británicos abolieron la costumbre del sati por la cual las esposas de los maridos fallecidos se cremaban en una inmensa pira funeraria con todas sus pertenencias (barbaridad que descubrió al mundo Julio Verne en "La vuelta al mundo en 80 días"), pero a cambio, y desde entonces, las viudas quedabann estigmatizadas y repudiadas por sus familias de por vida: se les prohíbe volver a casarse, cobran (o no) una mísera pensión -legalmente, deben cobrarla y pueden heredar, pero el desconocimiento de sus derechos, las costumbres ancestrales y la corrupción imperante hacen que muchas veces no lo consigan-, y para colmo de la humillación, se les viste de blanco, se les rapa la cabeza y se les prohíbe comer más de una vez al día, teniendo que abstenerse, además, de probar cualquier manjar típicamente sabroso: ni sal, ni cebolla, ni picante (¡ni picante!¡en India!), ni por supuesto dulces. En general, no pueden hacer nada que les proporcione alegría a sus vidas. En esta situación, muchas -jóvenes o ancianas, de motu propio u obligadas por sus hijos- tienden a desplazarse a Vrindavan, una ciudad consagrada al culto de Krishnah y sobre la que se cree que, si mueres allí, te escapas del ciclo de las reencarnaciones. En esta pequeña ciudad de 56.000 habitantes, las viudas han formado toda una comunidad, de tal manera que constituyen un tercio de la población de la misma. Son auxiliadas por algunas ONGs de reciente creación, pero en general, piden limosna, malviven como puede, incluso a la intemperie, y sobre todo, están solas. Tan sólo les cabe esperar la muerte, porque a ningún otro estado les está permitido ascender, salvo a morir.

Phoolan Devi, al parecer, dijo: "en la India, si eres pobre y mujer y alguien te viola y te pega, y le denuncias a la policía, entonces te viola y te pega también la policía". Y al recordar esta frase y escuchar estas historias, aprecio tremendamente el contraste: por un lado, las mujeres viudas, que han aceptado su destino, resignada y silentemente, cumpliendo lo que ha sociedad les ha obligado a sufrir. Por el otro, Phoolan Devi, que se rebeló, desobedeció las normas establecidas y tomó lo que quiso, incluso sin importarle a quien dañaba. Que no se domeñó frente a los que su alrededor le ordenaban cómo debía actuar. Y yo miro a ambos lados y me pregunto, ¿a quién le ha ido mejor? Y no sé qué contestar.

El pasado día 11 de octubre fue el Día Internacional de la Niña.

Nota: numerosas páginas web me han servido de referencia para relatar esta crónica sobre la durísima situación de la mujer en la India. Las recientes normas frente a la propiedad intelectual establecidas en España hacen que se haya convertido en una travesía legal el citarlas, con lo cual éstas se quedarán sin recompensa. Sólo quiero agradecer a estas páginas su dedicación por distribuir esta verdad a todo el mundo, así como a aquellos que trabajan para evitar que esta realidad siga siendo cierta. La India es ahora mismo el segundo mayor país emergente y uno de los lugares de referencia para el futuro del mundo. Lo que hagamos por ella va en favor de nosotros. Que lástima que en muchas ocasiones los extranjeros (o a veces ellos mismos) no nos queramos enterar...

miércoles, 1 de enero de 2014

El libro y la historia real de enero: "Arthur & George", de Julian Barnes.

Este libro se hizo relativamente famoso hace unos años, pero esa no es razón para desmerecer una reseña si el texto es interesante, y a fé mía que lo es, como hubieran dicho algunos de los contemporáneos de George E.T. Edalji y Sir Arthur Conan Doyle, los dos protagonistas de este relato ambientado en los inicios del siglo XX. El uno, un desconocido abogado de provincias a quien vienen a atormentarle los fantasmas de su origen; el otro, un afamado escritor conocido universalmente por haber creado al detective más famoso de todos los tiempos, el inigualable Sherlock Holmes. Y sin embargo, dos personajes aparentemente tan lejanos van a cruzarse por un mismo motivo: hacer justicia. Ésta es la historia, la cual parecía enterrada en el olvido del tiempo, que Julian Barnes ha venido a resucitar.


En principio, no cabe imaginar dos caracteres más distintos que los de Arthur Conan Doyle y George E.T. Edalji. El uno es activo, vigoroso, emocional, con un aire siempre aventurero, explorador en el ámbito de la medicina, la literatura e incluso lo paranormal. El otro, en cambio, es retraído, frío, solitario, hipersensible, ligeramente pedante, con un puntito que los lectores actuales calificarían incluso de "friki" (apasionado de la legislación ferroviaria, incluso escribe una guía dirigida a los viajeros del tren para que conozcan sus derechos. Desde luego vende muchos menos ejemplares que Doyle con sus relatos de Sherlock Holmes, pero eso no disminuye su orgullo por ello ni tan sólo un ápice). No obstante, ambos tienen una cosa en común: a pesar de que los dos habitan en Inglaterra, ninguno es cien por cien inglés. Arthur Conan Doyle ha nacido en Escocia. El padre de Edalji, un poquito más lejos: en la India. Esta novela nos retrotrae a la época en que Gran Bretaña era el mayor imperio que han conocido los tiempos y no (como antes o ahora), una simple isla alejada del mundo e implicada tan sólo en relativamente menores conflictos regionales. Bajo este vasto territorio, sin embargo, como ocurre con casi todas estas grandes extensiones de tierra, se agrupan distintas etnias y nacionalidades. La narración oficial -con Ruyard Kipling como máximo exponente a la cabeza- habla de la eternamente majestuosa grandeza del imperio, y del orgullo de pertenecer a ella por parte de cada uno de sus miembros; la intrahistoria que bulle por dentro, sin embargo, nos indica que por muy magnífica que pareciera por fuera o por dentro esta estructura, no todos sus componentes tenían por qué llevarse bien. Ese fue, precisamente, el problema que sufrió Edalji, y el que sirve de punto de partida al relato.

Todo comienza cuando unos inquietantes mensajes anónimos empiezan a llegar a la vicaría donde reside George y, de manera simultánea, extraños sucesos y actos vandálicos se suceden en la bucólica región campestre donde ésta se localiza. Mutilaciones de ganado, misteriosos robos de objetos que aparecen en lugares sin sentido, bromas pesadas que resultan gravosas para la familia Edalji y sus conocidos, y -para incrementar más todavía la perturbación-, amenazas de asesinato dirigidas a mujeres jóvenes o a miembros concretos de la comunidad. Buena parte de las cartas anónimas que llegan a los implicados mencionan el nombre de George Edalji, en lo que parece un acoso despiadado y sin límites a esta persona. Sin embargo, la policía, preocupada ante el escándalo que todos estos sucesos están generando en esta pacífica zona rural, se deja guiar por los prejuicios y las habladurías, y detiene a George Edalji como autor de los sucesos. Este joven abogado de origen parsi, que se considera inglés hasta la médula, confía en que la justicia aclare su inocencia. Y sin embargo, el sistema en el que tanto había creído permite que le juzguen, le condenen y le encierren en prisión. Pero George está decidido a limpiar su nombre, y pide ayuda a todo aquel que pueda proporcionársela. Entre ellos, está un hombre que se ha interesado por su caso: el autor de los relatos de misterio favoritos en Gran Bretaña, sir Arthur Conan Doyle.

El libro traza un paralelismo, desde el principio, en la evolución de dos individuos completamente distintos ("dos maneras de ser inglés", ha llegado a comentar una crítica), hasta el suceso que inesperadamente les une y provoca que sus vidas se unan. Julian Barnes disecciona el carácter de ambos personajes en un amplia esfuerzo de documentación, aportando numerosos detalles que si bien le dan abundantes notas de color al texto y sirven para ayudarnos más fácilmente a penetrar en la mente de los protagonistas, a veces resultan saturantes, dando la sensacion (quizás cierta), de que Barnes emplea la excusa del misterio Edalji para relatarnos la biografía tanto de George como de Arthur, así como una serie de circunstancias: los diferentes parámetros de refernecia en torno a los cuales se mueven las actitudes vitales de los ciudadanos ingleses a principios del siglo XX (el honor, la confianza en el progreso científico), la falta de profesionalidad de las fuerzas policiales y la judicatura en esta época (muchos de cuyos defectos puso de relieve este caso), o las actitudes ignorantes y mezquinas de los toscos vecinos de Edalji, tan alejadas del estereotipo inglés del gentleman irreprochable. Barnes, a su vez, le presta atención a aspectos como la tormentosa vida sentimental de Arthur Conan Doyle o su controvertida relación con el espiritismo, que le llevó -como en casi todo lo que se metió- a convertirse en un adalid de este movimiento. El autor, además, construye un relato inteligente y bien trabajado, en el que juega con las palabras (destacándolas en un contexto para luego dejarlas caer sutilmente en el otro, sirviendo además este tipo de artificios para recalcar las diferencias entre los dos personajes principales), y resucita, como ya ha mencionado algún crítico, un episodio histórico que parecía olvidado y muerto para dotarlo de una espumeante actualidad. Y es que una buena historia de lucha contra la injusticia nunca se pasa de moda. ¿El final? Allá se encuentra esperándoos.

lunes, 24 de junio de 2013

El libro y la historia real de mayo (retrasado): "100 lugares que nunca visitarás"

         Aunque un poco tarde, el libro que os comento ha sido un feliz regalo de Reyes Magos. "100 lugares que nunca visitarás", de Dan Smith, sirve de contraste a los libros de viajes y guías turísticas ya que, como explica el mismo título, tratar acerc de sitios a los que probablemente, y por mucho que lo deseáramos, nunca podremos acceder. Subtitulado como "Las localizaciones más secretas del mundo", abarca 100 espacios físicos a los cuales, por distintos impedimentos, no se nos permite el paso. Algunos son edificios oficiales donde residen importantes personajes públicos (el Despacho Oval, el dormitorio de la reina en Buckingham Palace); otros constituyen el enclave central de reconocidos servicios de inteligencia o instituciones militares (la sede de la CIA, del Mossad, del MI-6, o varios campos de prisioneros, desde Guantánamo a otros no oficialmente reconocidos). También hay lugares pertenecientes a entidades financieras, empresas privadas o individuos particulares (el Rancho Skywalker, los reservorios centrales de datos de Google o Wikileaks), o incluso a criminales y grupos terroristas (puntos históricamente relevantes para Al Qaeda, los túneles de contrabando en Gaza o del narcotráfico en el norte de México). Existen rincones que son desaconsejados debido a su peligrosidad (la Isla de las Serpientes en Sudamérica, Chernobyl, algunas de las fronteras más peligrosas del mundo, o pueblos cercanos a las zonas de piratería en Somalia), y en cambio emplazamientos en los que no se sabe muy bien lo que hay debido a cierta dosis de misterio (como el área 51 o algunos enclaves de interés arqueológico). Lugares cuya existencia es negada oficialmente, cuya localización es ignorada por casi todos, incluso que no se saben para qué están allí (como por ejemplo, una misteriosa frecuencia radio que emite, desde hace décadas, desde algún punto ignoto de Rusia, un inquietante zumbido) o si ni tan siquiera han existido. De entre todas ellas, os quiero destacar especialmente unas pocas que tienen que ver con el ámbito científico:
         -El acelerador de partículas del CERN en Ginebra, creado para resolver algunos de los enigmas más fascinantes de la física de partículas (incluyendo la parece que confirmada existencia del esquivo bosón de Higgs), y con el diminuto pero apreciable riesgo de crear un agujero negro que destruya nuestro planeta. Los científicos dicen que sería un agujero microscópico y que desaparecería por sí solo, así que no hay que darle mayor importancia (tenemos agujeros más grandes, podría argumentarse, como el aeropuerto de Castellón, y no parece que el mundo se haya acabado, por el momento).
         -La gran isla de basura del Pacífico: como muchos ya conocéis, una inmensa masa de principalmente plásticos que, impulsada y reunida por las corrientes oceánicas, vaga por el océano Pacífico acumulando buena parte de los desechos que se vierten al mar diariamente. No sé si muy secreta, pero desde luego es asquerosa. Se dice que tiene un tamaño varias veces mayor de España. Un gran problema al que, por supuesto, ningún gobierno ha querido hacer frente.
        -La gran reserva de semillas situadas en una de las zonas más boreales y frías de Noruega, con el propósito de conservarlas para el hipotético caso de que algún terrible evento hiciera desaparecer alguna de las especies actualmente existentes, y hubiera que repoblar total o parcialmente el planeta a partir de las mismas.
         -La isla de Sentinel Norte: enclavada en la bahía de Bengala, contiene a la que se la ha denominado la población más xenófoba del planeta. Cada vez que un investigador o documentalista ha querido contactar con ellos, se ha llevado como poco una nube de flechas dirigida hacia su cuerpo. Claro que, teniendo en cuenta los antecedentes de contacto de civilizaciones primitivas con el mundo occidental (incluyendo algún caso concreto referente a la propia isla) no es de extrañar esa renuencia. Hasta donde se conoce, los contactos con los nativos han sido mínimos, y desde 1996 se ha desistido de ellos, ante el riesgo de que las nuevas enfermedades traídas desde fuera de la isla puedan diezmar la población de la misma.
         -La isla de Sursey, cercana a Islandia, la cual emergió del océano en 1963, y la cual ha sido declarada de interés científico para averiguar cómo un territorio virgen puede comenzar a poblarse de vida. El acceso es muy restringido, y la entrada de cualquier rastro orgánico de origen humano estrictamente controlado, ya que cualquier accidente podrió dar al traste con el experimento (como por ejemplo, un investigador que se comió una ensalada y dejó caer sin querer semillas de tomate, creciendo una amenazadora tomatera; afortunadamente, el terrorista biológico fue neutralizado a tiempo).
        El libro se toma un gran esfuerzo documental y de rigor, da material con el que fantasear a los más escépticos y conspipiranaoicos, aporta un abundante material fotográfico (sobre todo teniendo en cuenta que son lugares por los que cuesta pasarse y hacer una foto), y nos descubre a través de sus páginas retazos de nuestra historia y de nuestra geografía, así como de nuestras contradicciones como especie. Os he mencionado algunos de estos lugares, pero hasta 100, contad los que falta, y tened en cuenta que no he nombrado  bastantes de los más interesantes.
        Sin embargo, aún así, echo de menos algunos sitios que no aparecen en el libro, quizás porque su localización exacta es más que incierta (o, como suele decirse, el mejor crimen es el que no se conoce, o en este caso, el mejor escondite es aquel que no se piensa que esconda nada en particular). Por ejemplo, el rincón donde descansa en paz (se supone) el cadáver de Jimmy Hoffa. O el lugar donde habita "El retrato del Dr. Gachet", una de las pocas pinturas que Van Gogh vendió en vida, y que muchos dicen que su último propietario, un empresario japonés, se lo llevó consigo tras la muerte (hay que aclarar que fue incinerado). Y, ya puestos, ¿dónde se esconden las parejas de todos los calcetines impares de los cajones de nuestros dormitorios?¿Y a vosotros?¿Qué lugares secretos se os ocurre, o por dónde os gustaría -a pesar de la imposibildad física o metafísica- daros un garbeo?
          Esperamos vuestras respuestas.

jueves, 16 de febrero de 2012

El libro del mes: La India por dentro, de Álvaro Enterría

En esta sección, comentaremos cada mes algún libro o película que nos llame especialmente la atención y creamos que os pueda interesar. Como en todas las secciones, agradecemos toda clase de feedback, sugerencias, recomendaciones u opiniones. Hoy empezamos con "La India por dentro", de Álvaro Enterría.
Un repaso exhaustivo al enorme país de las especias, de los ríos y de las vacas sagradas, de Gandhi y de lo que queda de la dominación británica, pero también de la alta tecnología, de Bollywood o de la multiplicidad de realidades, analizado desde todos los puntos de vista (histórico, cultural, social, cotidiano, gastronómico, religoso, turístico) por parte de un español que ha vivido allí muchos años y se ha imbuido hasta el tuétano de la esencial local. Ameno, fácil de leer, repleto de curiosas anécdotas, y con un punto de vista cercano tanto a la mentalidad occidental como a la del gigante de Asia, y que será muy difícil de encontrar en ninguna otra parte. Para los que planeen viajar alguna vez a la India o simplemente se hallan fascinados por el subcontinente.