¿Por qué estamos aquí? Porque nos gusta lo curioso, lo sorprendente, lo interesante, lo inusual, lo que engrandece al ser humano, lo que lo redime de vez en cuando. Por eso nos apasionan las historias: porque hayan ocurrido o no, de alguna manera es real.
lunes, 12 de febrero de 2024
Cine y realidad. Charla: "¿Están locos estos romanos?"
lunes, 20 de noviembre de 2023
Las historias reales del mes: otra ronda de hilos de Twitter (expuestos para los que no son de Twitter)
Más historias que espero que encontréis apasionantes: sobre una carta que probablemente causó la muerte a la mayor parte de los implicados en la misma, el sorprendente relato del Vasco de la Carretilla, y las peripecias de una mujer que se inventó una trola del quince para un problema del cuarenta. Que lo paséis bien con ellas.
lunes, 17 de julio de 2023
Los libros no son sólo para el verano: una serie de recomendaciones literarias
Los libros no son sólo para el verano... pero la verdad, tumbados en la playa bajo la sombra, sientan muy bien. Por eso, una serie de recomendaciones rapiditas en esta época en que tenemos más tiempo de lo habitual para leer:
-"Roma desordenada: La ciudad y lo demás" es una recopilación de reflexiones y anotaciones de elección absolutamente personal (como indica el propio título) del diplomático Juan Claudio de Ramón, quien tuvo la suerte de vivir un tiempo en la Ciudad Eterna y, como él mismo dice, hubiera resultado más extraño no escribir un libro sobre la experiencia que abstenerse. Por supuesto, cualquier texto sobre una ciudad que ha mudado tantas veces de piel y vivido tantas vidas va a ser interesante (de hecho, me ha enseñado a reconocer un número más amplio de capas), y en el haber del libro tenemos historias apasionantes, mucha erudición y documentación detrás, y algunas sugerencias bibliográficas dignas de apuntarse -en particular, la película Confidencias y el libro La casa de la vida, que me están permitiendo conocer a uno de esos personajes tan pintorescos que habitan Roma-. En el debe, por contra, flota la sensación de que buena parte del libro no se ha hecho pensando en los lectores, con referencias tan crípticas que sólo los que hemos leído previamente sobre el tema vamos a entender (por supuesto, en alguna seguro que me he perdido). Aparte de eso, este ensayo tiene un poco de todo, desde apreciaciones personales del autor en las que uno no tiene por qué estar de acuerdo -como en cualquier libro- e ilustrativas postales acerca de cómo se sufre la vida cotiiigadores, se embarcan en una serie de disquisiciones a medio camino entre la biología, la antropología, la gastronomía y unas cuantas ciencias más para explicar qué comemos, por qué lo hacemos y, sobre todo, cómo de rico está. Aporta ideas muy interesantes y sorprendentes para un acto sólo aparentemente sencillo como es nutrirse, y satisfará tanto a los que saben del tema como a los aficionados que pretenden encontrar un plato sabroso.
-"El invencible". Esta novela de ciencia ficción de Stanislav Lem (Ciberiada, La voz de su amo) se ha comparado con Solaris, y aunque desde luego no le sale tan redonda, tiene algo en común: Lem reflexiona sobre qué tipo de criaturas podremos encontrarnos cuando exploremos los confines del espacio exterior, y nos obliga a salir de nuestro antropocentrismo. El "pero" es que da la sensación de que a veces la narrativa le estorba, y que ciertas cuestiones tecnológicas están un poco cogidas por los pelos (aunque, por otra parte, Lem se inventa máquinas bastante chulas). En conjunto, sin embargo, como digo, y teniendo en cuenta cómo Lem afronta el misterio y la perspectiva ante las distintas situaciones, bastante recomendable.
-"1177 a.C. El año en que la civilización se derrumbó". A lo largo de este ensayo, Eric H. Cline repasa lo poco y fragmentado que sabemos acerca de esta época en que múltiples civilizaciones del Mediterráneo Oriental (el primer mundo más o menos globalizado que se conoce) decayeron a la vez al final de la Edad de Bronce por culpa de causas sólo hasta cierto punto conocidas, generando una Edad Oscura. El libro se apoya en gran medida en los descubrimientos sobre el terreno (de hecho, traduce un gran número de inscripciones, y cita trabajos de diversas campañas arqueológicas), y por supuesto no consigue resolver el misterio sobre qué pasó exactamente, aunque apunta una interesante hipótesis que no conocía: el hecho de que, en un mundo tan complejo, una serie de factores pequeños concatenados pudieron desencadenar la caída de un sistema que estaba cogido por pinzas, pues se hallaba demasiado interconectado (¿qué pasa si tu economía se basa en exceso del comercio extranjero?), quizá porque todo dependía de unos pocos cuellos de botella. Esta última teoría es interesante, porque si en el pasado esos puntos críticos pudieron ser los centros palaciales que dominaban las redes del comercio internacional, hoy en día podemos establecer analogías al observar cómo fenómenos locales como una guerra en Ucrania o un atasco en el canal de Suez trastocan las conexiones y provocan consecuencias que se traducen en crisis globales. En ese sentido, como siempre, analizar la historia es esencial para comprender el presente, y aunque es difícil establecer comparativas, uno se siente con frecuencia tentado de trazarlas.
lunes, 14 de febrero de 2022
La historia corta de febrero: "La biblioteca de Alejandría"
La biblioteca de Alejandría
La biblioteca de Alejandría yace enterrada bajo la tierra, el fuego, y el agua. ¿La biblioteca de Alejandría sigue viva? Discutible afirmación. No siguen vivos sus libros, desde luego; unos cuantos han sobrevivido, como copias de copias; otros, en cambio, se han perdido para siempre sin remisión. ¿El edificio sigue vivo? No, desde luego que no; por no saber, ni siquiera sabemos dónde descansan sus piedras. ¿Su idea sigue viva? Como noción, desde luego: ha alimentado la fascinación de generaciones a lo largo de milenios. ¿Su espíritu sigue vivo? Examinemos ese concepto: desde entonces, inspirados por su ejemplo, una miríada de escritores ha escrito cientos, miles de libros, tratando de llenar el vacío que nos producía su ausencia, hasta generar un volumen de manuscritos mucho mayor del que alguna vez contuvo esa biblioteca, hasta (quizás) plasmar por un camino alternativo todas y cada una de las argumentaciones que los antiguos expusieron sobre papiro. ¿La biblioteca sigue viva? Sigue vivo en quien la honra, la recuerda, la reescribe. La biblioteca soy yo. La biblioteca eres tú. La biblioteca es el niño que, arrebolado por la historia, decide redactar un libro para compensar uno que desapareció. Porque la fuerza de una muralla, como dijo el guerrero, depende estrictamente del valor de los individuos que la custodian.
martes, 1 de febrero de 2022
Las recomendaciones de febrero: dos obras de teatro
La gran Cenobia. Como muchos sabéis, siempre tengo un lugar especial en mi corazón para los perdedores. No es difícil encontrar colectivos de esta categoría cuando exploras la historia del Imperio Romano, uno de los más victoriosos de la historia. Quizás por eso le he dedicado buena parte de mis líneas a uno de sus enemigos más olvidados. Pero tampoco es nunca mal momento de acordarse de Cenobia o Zenobia, esa reina de Palmira (ciudad situada en lo que hoy sería Siria) que desafió a este gigante militar y consiguió, durante varios años, mantener a su nación como entidad independiente. Lo bueno o lo malo que de su biografía no hayan quedado más testimonios que los de los historiadores latinos -como ocurre con casi todos los vencidos por Roma- es que esto hace que sea muy fácil reinterpretar su relato para obras literarias posteriores: es un privilegio, por otra parte, que se le reserva a los mitos. Yo descubrí su figura a través de La reina de las caravanas, una novela histórica que conseguía lo que pretendía: ser ligera, entretenida, crear un personaje carismático, y emplear bien unos recursos muy efectistas (incluyendo una sensualidad bastante sugerente). Ahora he vuelto a disfrutar de una versión de la reina de Palmira a través de La gran Cenobia, obra de teatro escrita originalmente por Calderón de la Barca y representada en las próximas semanas en Madrid por la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Con un reparto joven y meritorio, un muy bien trabajado montaje ha sabido actualizar un texto antiguo (en todo caso muy bien hilado, como suele ocurrir con Calderón) hasta convertirlo en vívidamente moderno, aprovechando para exhibir peligros muy actuales y, también, el problema de que tus palabras queden en manos de otros. No sabemos lo que hubiera opinado Zenobia de las diferentes visiones de su vida, pero lo que sin duda le disgustaría es descubrir los daños que ha sufrido la ciudad por la que tanto luchó a manos de la sinrazón del ISIS durante la guerra de Siria. Esperemos que el futuro le depare a Palmira que recupere, al menos, una mínima parte de su esplendor.
Mi madre, Serrat y yo. Esta obra de teatro que se representa durante las próximas semanas en Madrid, en la Sala Plot Point (de la que hablamos en otra ocasión para mencionar una obra emparentada), explora las relaciones materno-filiales a través de la música de Joan Manuel Serrat. La comedia de pulido guión (y profundas conexiones argentinas) se cimenta sobre todo en sus estupendas actrices, tanto el volcán viviente que ejerce de madre como en la joven que interpreta a su hija, la cual acierta en darle las réplicas y también en deleitarnos con las canciones del artista catalán. Ideal para quienes quieran reconectar con sus seres queridos o escuchar versiones del "tembleque" del maestro.
lunes, 1 de febrero de 2021
El lugar de febrero: el oasis de Siwa
El oasis de Siwa es uno de estos lugares donde la realidad se confunde con la leyenda. Aunque supuestamente habitado desde el siglo X antes de Cristo, su aislamiento hacía que el país de Egipto, única gran civilización conectada con él, sólo escuchara hablar del lugar de cuando en cuando. Nadie acababa en este oasis por casualidad. No pasa por rutas caravaneras, sino que tienes que ir específicamente a su encuentro, a trece jornadas en camello hacia el oeste desde Alejandría y doce desde Menfis, según Plinio el Viejo. ¿Fue a pesar de esa soledad (o precisamente a causa de ella) por lo que se decidió instalar allí el oráculo de Amón, cuya fama es sólo equiparable al de Delfos? No lo sabemos. Dicen que su localización lo eligió una paloma negra, que partió junto con otra homóloga de Tebaida, y mientras una voló a Dodona (donde se fundó su correspondiente oráculo), la otra aterrizó en Siwa, y a partir de ahí el templo se erigió. La aparición del oasis en la historia universal está íntimamente ligada a la del oráculo. La primera de las anécdotas referidas al mismo es el momento en el que el rey Cambises II de Persia invade Egipto. Cuando llega, decide rematar la faena (algunos dicen que espoleado por una predicción desfavorable del oráculo) enviando 50.000 hombres a través del desierto para que sometan a los habitantes de Siwa. Ninguno de los hombres vuelve. Hasta la fecha, siguen buscándose sus restos. Las tribus locales dicen ser sabedores de la localización de un grupo huesos bajo las dunas. Unos arqueólogos italianos en 2009 encontraron unos restos que se identificaron como persas, pero que desde luego no daban cuenta de un ejército tan descomunal. Heródoto, el historiador griego que viajó a la región y documentó lo que los nativos le iban contando, esgrimía que la probable causa de su desaparición era una tormenta de arena, y el hecho de que el viento que por allí sopla, el denominado Ghibli, pueda alcanzar hasta 200 kilómetros por hora, serviría de sustento a esta información. En 2014, un egiptólogo alemán encontró sin embargo un bloque bajo la arena que afirmaba que un rey rebelde había derrotado a los hombres de Cambises en el camino que lleva al oasis de Siwa. La teoría sería que los persas habrían mandado más tarde una expedición de castigo para someter al atrevido rey y, una vez conseguido esto, habrían ocultado cualquier testimonio escrito sobre la derrota, silenciado el hecho, e inventado la historia de la tormenta de arena para desviar la atención. Sólo nuevos descubrimientos podrán otorgarnos algunas certezas, o plantearnos más dudas.
Sigamos con la gente que visitaba al oráculo. El rey Creso viajó allí en persona y, tras popularizarse el culto a Amón gracias al poeta griego Píndaro, acudían emisarios políticos de toda la Hélade para consultar sus decisiones. También el filósofo Pitágoras, en su propósito de adquirir saber. Cuando el rey persa Cambises llegó allí, lo tomó como prisionero y lo llevó a Babilonia, donde incrementaría sus saberes a partir de los magos de la ciudad milenaria. El resto es historia de las matemáticas. Cuando Alejandro Magno le arrebata Egipto a los persas, por supuesto quiere saber qué designios tiene dispuestos el oráculo para él. Viaja por el desierto pero se pierde, y allí está a punto de finalizar la aventura de Alejandro. Sin embargo, dos cuervos aparecen y guían a sus hombres. Una vez en Siwa, pregunta y el oráculo le confirma como ser divino y legítimo faraón. Le vaticina que sí, dominará el mundo pero que, cuando lo logre, será durante poco tiempo. No parece que esto altere los planes de Alejandro. Como su ídolo Aquiles, escogería una gloria efímera antes que una larga vida al nivel rutinario de los hombres. Es curioso que tras la visita de Alejandro (a pesar de que el griego sólo heredaba la tradición de sus compatriotas, ya desde los tiempos de Hércules y Perseo, de consultarlo), el oráculo se considera menos fiable. Probablemente los egipcios consideraran demasiado conveniente su pronóstico. Aníbal Barca también envió mensajeros para saber cuándo vencería a Roma. En teoría le respondieron que no lo lograría, pero no sabemos si el mensaje fue alterado a posteriori, si el oráculo (como casi siempre) dio una respuesta ambigua, o si Aníbal decidió cabalgar sin tregua hacia su destino.
Más tarde, se dice que Cleopatra instaló allí una piscina para bañarse, aprovechándose de las aguas termales (aquí podéis ver las fotos, y de paso las del oasis; sin embargo, personalmente, prefiero la que se construyó la más divina de las faraonas en Hierápolis, hoy Pamukkale: os puedo constatar que sus aguas son muy agradables). Por otra parte, Augusto, siempre menos campechano, por lo visto mandaba allí a algunos de sus desterrados. El cristianismo, por lo visto, no consigue penetrar en el oasis, pero es el propio paso del tiempo el que hace caer en descrédito al oráculo. No sabemos cuál fue su última profecía o si, como ocurrió con Delfos, su último mensaje fue un grito de agonía.
Llegan los árabes, y los bereberes que transitan por la zona se convierten al islam. En el año 708, parece que el oasis resiste un ataque de un ejército musulmán. Sin embargo, parece que aquellas no son las épocas más gloriosas del oasis de Siwa. No se sabe muy bien en qué momento el enclave se convierte a la nueva religión. Un historiador egipcio prácticamente habla de una refundación a partir de casi cuarenta familias. Un documento del año 1203 las reduce para entonces a siete. Se supone, sin embargo, que durante el califato fatimí previo se construyó una fortaleza que le protegió de los ataques del mundo exterior. En todo caso, el número de habitantes acabaría aumentando hasta los 600. Aun así, la población debía de vivir aún más aislada que en el pasado, porque buena parte de nuestro conocimiento de la forma de vida de los residentes en esta región nos lo proporciona el recientemente descubierto Manuscrito de Siwa, en propiedad de una de las grandes familias de la zona, y que detalla un secreto único: la ciudad (que entró en el ámbito de influencia del Islam en una época en que la homosexualidad, por parte de esta religión, no estaba mal vista) celebró matrimonios entre hombres desde el siglo XII hasta XX. Por lo visto, los terratenientes de Siwa se esposaban con sus jornaleros (denominados zagala) hasta la edad de cuarenta años, y sólo entonces podían desposarse con mujeres. A lo largo del siglo XIX, el oasis fue abriéndose al exterior (o, mejor dicho, nuevos viajeros llegaron a él, incluyendo el primer europeo desde los romanos en 1792), y en 1819 el sultán otomano Mehmet Ali lo incorporó a Egipto, aunque no sin ciertas revueltas. Los matrimonios homosexuales, por otra parte, fueron respetados y, como dice Ana Sharife en este estupendo artículo, entonces como en el pasado había intelectuales musulmanes dispuestos a mostrar una visión más tolerante del islam respecto a otras menos flexibles que surgirían en épocas posteriores. Solamente en 1928 el rey Faruk de Egipto prohibiría estos enlaces, aunque se seguirían celebrando de manera extraoficial hasta los años 60. Siwa fue muy castigada por las guerras mundiales (los pobladores se refugiaban en la necrópolis romana), y aunque el ejército británico lo utilizó como base en la Segunda Guerra Mundial, el alemán Rommel llegó a ocuparlo hasta tres veces. El gobierno egipcio no se dio demasiada prisa en comunicar al lugar con el resto del mundo, pues la fragilidad tanto del ecosistema natural como el humano (allí viven los únicos 30.000 bereberes de Egipto) aconsejaban mantener el aislamiento.
Hoy día, sin embargo, Siwa es un lugar tan alejado. Desde los años noventa, una carretera lo comunica con el resto de Egipto. Además de la necrópolis romana, los restos del templo de Amón, una fortaleza medieval y los baños de Cleopatra, posee un lago salado (consecuencia de la explotación agrícola) en cuyo interior se abre una península que en su día fue una isla. Como colofón, en 2007 se encontró una huella fosilizada de un ser humano que pasó por allí hace un millón de años, la más antigua en el mundo documentada. El oasis de Siwa, que ha vivido tanto, en el fondo nos cuenta mucho sobre los orígenes y la forma de ser de todos nosotros. Quizás sea ya misión nuestra extraer el mensaje apropiado, y no malinterpretarlo, como hicieron muchos con las revelaciones del oráculo.
miércoles, 1 de julio de 2020
La historia real de julio. Lanzamiento de "Ciencia, y el Cosmos del siglo XXI", un tributo a Carl Sagan. Con mi pequeña aportación personal.
Hoy es la presentación "oficial" y ante la prensa a lo largo y ancho del mundo castellanoparlante de un texto que puede atraer tanto a los que ya saben mucho de ciencia como para los que quieren aprender más de ella. Es posible, sin embargo, que no todos los títulos de los capítulos os interesen de igual modo, con lo cual podéis recurrir a un índice que os conducirá a cada apartado concreto. Como podéis ver, cada capítulo lleva aparejado no sólo la posibilidad de leer el texto o descargar del mismo en pdf, sino también (en algunos casos) una versión en inglés, e incluso un tema musical que viene a acompañar al texto, para que podáis ponéroslo de fondo y sentir que estáis escuchado la música de las estrellas (en algunos casos, mientras leéis acerca de las mismas).
Entre los autores con los que contactó Quintín Garrido estos meses, he de decir que tengo el privilegio de hallarme yo mismo, y que me sentí muy honrado desde el principio por participar en esta iniciativa. Y, en concreto, de todos los capítulos posibles que pude escoger para reinterpretar, me llamó la atención (ya sabéis, siento debilidad por los elementos solitarios y desamparados) el primero de los apéndices del libro, el cual trataba acerca de una cuestión matemática aparentemente sobria como la raíz cuadrada de dos. Sin embargo, como podéis leer en mi reelaboración del capítulo, esta disquisición aritmética esconde tras de sí una controvertida intriga histórica, que además nos ha servido de punto de partida para poder hablar sobre la forma en que se asienta el conocimiento, las dificultades que tienen las nuevas verdades para triunfar en la ciencia y, en definitiva (en un tiempo que nos ha demostrado lo difícil que es obtener certezas absolutas), cómo los científicos muchas veces tienen que hacer tripas corazón y reconocer, para que triunfe la ciencia en su conjunto, que su hipótesis no era la más cercana a la realidad que podía hallarse... incluso aunque la teoría que viene a sustituirla no nos entusiasme en absoluto.
Con el título: "Saber perder en ciencia: cuando no te gusta el resultado", este homenaje al "Apéndice 1: La reducción al absurdo y la raíz cuadrada de dos" del libro <<Cosmos>> de Carl Sagan, es mi tributo particular no sólo a aquellos hombres y mujeres que hicieron ciencia a pesar de todas las adversidades que se toparon por el camino, sino también de los esfuerzos por divulgarla. Podéis leer el texto en castellano, tanto en la web como en pdf, en inglés (he sido mi propio traductor, así que disculpad mis errores en una lengua no nativa), también narrado como audiocapítulo y, como en la versión del libro completo no he podido introducir todos los detalles que hubiera querido, os dejo en la parte final de este post lo que hubiera sido la versión completa, para que elijáis cuál preferís explorar. No obstante, yo os animo a echarle un vistazo al resto de los capítulos de este blog, escritos por apasionantes y apasionados científicos y divulgadores, y que contienen títulos muy atrayentes que llaman muchísimo la atención. Yo, de hecho, ya le he echado el ojo a más de uno para leerlos con calma y mucha atención.
Os dejo aquí abajo con la versión original del capítulo sin recortes. Que (cualquiera de las versiones que escojáis) la disfrutéis.
sábado, 1 de junio de 2019
La historia real de junio: una lista de obras de arte y monumentos perdidos
domingo, 1 de julio de 2018
La historia real de julio: una pequeña lista de científicos represaliados
-Antigüedad: uno de los casos más conocidos de esta enumeración es el de Arquímedes. Según la leyenda (que contiene visos de veracidad), Arquímedes habría intervenido en la defensa de la ciudad griega de Siracusa respecto al sitio a la que la habían sometido los romanos. Uno de los ingenios que habría empleado (descrito por Polibio) era la "garra de Arquímedes", una especie de mano de hierro que inclinaba a los barcos y permitía que accediera agua a su interior. La otra gran estrategia (mucho más controvertida en cuanto a su verosimilitud) sería la de emplear espejos para crear un rayo de calor que incendiara las naves enemigas. Sea como fuere, cuando los romanos entraron en la ciudad (narra el mito) uno de los soldados romanos se encontró a Arquímedes haciendo cálculos sobre la arena. Como el legionario no era consciente de quién era el sabio -ni tampoco de que había órdenes explícitas de no hacerle daño- y como el inventor y matemático se mostrara desdeñoso respecto a la presencia molesta del soldado, éste le mató con su espada, para gran disgusto de su oficial superior cuando se enteró. No es para menos: se dice, entre otras cosas, que Arquímedes estuvo muy cerca de crear el cálculo diferencial que más tarde desarrollarían por separado Newton y Leibniz, y que si algo se lo impidió fue la dificultad de trabajar con los enrevesados números griegos. También a raíz de varios reportajes y de la fantástica película "Ágora", de Alejandro Amenábar, es famoso el asesinato de Hypatia, matemática y directora de la Biblioteca de Alejandría que fue (probablemente) violada y (sin duda) descuartizada por orden del obispo Cirilo, quien pretendía eliminar todo vestigio de paganismo en oposición a la fe cristiana que él representaba, culminando con ello la labor de destrucción de la mítica Biblioteca de Alejandría.
-Con la iglesia hemos topado: Hypatia fue uno de los primeros borrones en el debe de la iglesia, durante un período en el que se destruyó intensamente tanto ciencia como arte y literatura, pero incluso cuando el cristianismo se convirtió una religión asentada en la sociedad, las persecuciones siguieron adelante contra todo aquel que osara contradecir sus dogmas. También en el terreno científico. El caso de Galileo Galilei, obligado a abjurar de sus teorías astronómicas, es el más popularizado, pero no el que peor terminó. Lluis Alcanyís y García de Orta fueron ejecutados por la Inquisición debido a sus orígenes judíos (el primero en Valencia, el segundo en Portugal). Relevantes también son los casos de Lucilio Vanini, quien teorizó mucho antes que Darwin la evolución de las especies y que fue condenado por ateísmo, y del visionario Giordano Bruno, que anticipó entre otras cosas la existencia de otros planetas donde, según él, podría haber otras criaturas inteligentes aparte de nosotros -lo último se da quizás erróneamente por supuesto-. Ninguno de ellos tenía una visión del supremo hacedor absolumente equivalente a la de la Iglesia (lo cual no quiere decir que no fueran creyentes ni cristianos; Vanini creía en el Dios como una fuerza conductora, mientras que Bruno se definiría como panteísta), y por ello fueron ajusticiados. No sólo en el área del catolicismo encontramos mártires. El aragonés Miguel Servet, descubridor de la circulación menor, mantenía una agria disputa teológica con el protestante Calvino a cuenta de la Santísima Trinidad. Ingenuo, Servet acudió a Ginebra, donde Calvino había establecido su sede teocrática, para hacer las paces. No salió vivo de allí: la madera en la que prendieron su hoguera estaba mojada a causa de la lluvia y tardó horas en quemarse. Una valiente apología de él fue escrita por Castelio y reflejada por Stefan Zweig varios siglos más tarde.
-Las revoluciones políticas de la Edad Moderna se cobraron también sus víctimas: algunas por haberse involucrado de manera directa en las mismas, y otras no tanto. Francisco José de Caldas era un multifacético colombiano que, cuando Napoleón invade España, ve con buenos ojos (como muchos de sus compañeros) expulsar al virrey español que tomaba lo mejor de las colonias y se lo reservaba para la metrópoli. Los conspiradores encuentran un buen lugar para realizar sus reuniones en el Observatorio Astronómico de Bogotá que Caldas dirigía pero, descubierta la conjura, los rebeldes se ven obligados a huir y Caldas colabora como ingeniero militar en muchas de las siguientes batallas. Capturado por sus enemigos, a pesar de su erudición, el militar español que condena a Caldas niega el indulto bajo la frase: "¡España no necesita de sabios!". Mientras le conducen al lugar de la ejecución, dibuja en una pared la letra griega θ, que se asocia con la frase "Oh, larga y negra partida". Muere acribillado por los disparos. Similar suerte corrió Antoine Lavoisier, el padre de la química moderna, y que en la Francia pre-revolucionaria fue conocido por dos motivos: 1) demostrar la ley de la conservación de la masa, desmontando la hasta entonces establecida teoría del flogisto y 2) participar también en teorías económicas, mejorando el sistema de recaudación de impuestos. Estos impuestos eran los que exprimían a las clases populares y, por tanto, los que trabajaban en estas actividades fueron tremendamente vilipendiados por la Revolución Francesa cuando ésta triunfó. De hecho, en la ejecución de Lavoisier se ha querido ver un enfrentamiento pasado contra Marat, líder del movimiento revolcuionario que fue ridiculizado por Lavoisier años antes en el campo de la química, pero lo cierto es que, a lo largo del período revolucionario, todos los individuos destacados en relación con el cobro de impuestos fueron guillotinados. El juez del tribunal que le condenó proclamó (de manera muy similar al militar que negó el indulto a Francisco José de Caldas) que "Francia no necesita ni de sabios ni de químicos".
-En ocasiones, de quien has de guardarte no es de los individuos ajenos, sino de tus propios colegas. Semmelweis, de quien hemos hablado colateralmente en cierta ocasión, era un médico húngaro en Viena que descubrió la asociación entre fiebres después del parto y el hecho de que los médicos trataran a las madres después de haber tocado a los muertos en la sala de autopsias, así que recomendó el lavado de manos para prevenir los fallecimientos causados por dichas fiebres. Sus colegas le desprestigiaron (aludieron a su origen húngaro para despreciar su teoría), perdió su trabajo y su reputación, y acabó tan dolido por el rechazo que se dice que, para demostrar su hipótesis, se hirió con un bisturí procedente de una sala de autopsias, provocando una infección que le causó la muerte (nota: leyendo más sobre el tema, descubro que esta historia es una leyenda, pero que durante mucho tiempo fue aceptada. Aún así, parece claro que la muerte de Semmelweis se produjo tras los malos tratos recibidos en un sanatorio mental, al que ingresó después una serie de actos de locura influidos seguramente por el gran tormento personal que le causó el rechazo de la comunidad científica). Otro caso paradigmático es el de Daniel McFarlan Moore: varios científicos han muerto asesinados en diversos países (sobre todo, regiones tercermundistas) por individuos que les asaltaban en el auto, en la calle, o en su casa. En el caso de Moore, sin embargo, su asesino era un compañero de profesión en paro que explotó de rabia al ver que el primero se le había adelantado con la patente de un invento.
-Si los estados y las organizaciones sociales pueden matarte, no está tampoco libre de peligros el que se deja engullir por la naturaleza para aislarse de la sociedad. Aunque, en la mayor parte de las ocasiones, más que los insectos o las serpientes, la amenaza procede de otros hombres. Dianne Fossey (muy conocida por su semblanza biográfica en la película "Gorilas en la niebla") fue asesinada por cazadores furtivos por querer proteger a los gorilas a los que estudiaba y con los que convivió. El naturalista boliviano Noel Kempff Mercado cometió el error de aterrizar su avioneta en un lugar dominado por un cártel de la droga y fue asesinado; sólo un compañero suyo español sobrevivió, y el hecho de que relatara su historia cambió en Bolivia la percepción del narcotráfico e incrementó la lucha contra el tráfico de drogas. Muy irónico también es el caso del entomólogo británico Ernest Gibbins, quien pretendía ayudar a la población indígena analizando muestras biológicas (con el objeto de contribuir a la cura de la tripanosomiais y la fiebre amarilla) pero murió lanceado porque sus sujetos de estudio pensaban que iba a utilizar su sangre para hacer brujería.
-Meterse en proyectos militares tiene también sus inconvenientes. Ya hablamos en su día del físico Oppenheimer, que no fue asesinado pero sí degradado y apartado de todo proyecto en medio de la histeria anti-comunista generada por el senador Joseph McCarthy y su "caza de brujas". Pero algunos casos llegan hasta el extremo: el físico iraní Yahya El Mashad fue asesinado en su casa de manera misteriosa, aunque todo el mundo sospecha que la orden la dio Barack Obama para evitar que Irán desarrollara su programa nuclear. En cuanto a Gerard Bull, era un ingeniero canadiense que había trabajado en numerosos proyectos de defensa de varios países, pero se cree que la acción que causó su muerte fue desarrollar un nuevo tipo de misiles para el Irak de Sadam Husseim, lo cual atrajo la mirada y la condena del servicio secreto israelí del Mossad.
-Las dictaduras son un mal momento para el pensamiento independiente. El monolítico pensamiento único soviético no admitía disidencias de ningún tipo, y entre sus múltiples víctimas también se hallaban investigadores, e incluso corrientes científicas. Por ejemplo, el darwinismo era considerado demasiado capitalista y el lamarckismo (hoy científicamente invalidado, salvo en algún caso muy concreto), más acorde con las teorías comunistas. Entre purgas soviéticas de ida y vuelta, tanto los defensores como los detractores de ciertas teorías acabaron engullidos por la maquinaria de la detención o el gulag (en ocasiones, los mismos instigadores de las purgas fueron a su vez purgados). Tampoco tenemos que irnos muy lejos: en España, la mayor parte de los científicos hubieron de huir con el golpe de estado de 1936, y muchos de los que se quedaron (entre ellos, un discípulo de Cajal) fueron depurados. Hoy, se han iniciado proyectos de recuperación de memoria histórica para rescatar su labor. Incluso en democracia, puede haber asesinatos a científicos por razones políticas a causa del terrorismo, esa forma de hacer dictadura cuando no se dispone de los resortes del estado (y viceversa): José Ramón Muñoz Fernández era un internista asesinado por los GRAPO por proporcionar alimentación forzosa a dos de sus miembros en huelga de hambre, una actuación que decidió, en última instancia, el Tribunal Constitucional.
Dicen que, por cada niño con potencial que fallecece sin oportunidades en el Tercer Mundo, perdemos un Einstein o una Marie Curie. En los casos que hemos narrado antes, conviene refrescar la cita que enunció el sabio Lagrange a propósito de la muerte de Lavoisier: "Sólo ha hecho falta un instante para cortarle la cabeza; pero Francia no será capaz de producir otra semejante en un siglo".








