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lunes, 17 de junio de 2019

Los libros de junio: una historia de Rusia contada por no-rusos

La literatura rusa y de sus países limítrofes ha dado descomunales (en ocasiones, tanto en valor como en número) y brillantísimas páginas: Dovstoievski, Tolstoi, los analíticos cuentos de Chéjov; en clave política y de denuncia, Pasternak y su "Doctor Zhivago" (y su estupenda adaptación cinematográfica), Vasili Grossman y su telúrico "Vida y destino", Solzhenitsyn y su estremecedor "Archipiélago Gulag" (de varios de estos autores tengo textos pendientes). En los escritores rusos se aprecia una profunda preocupación por las grandes cuestiones del mundo, así como un amor a la tierra que tanto les ha maltratado, y a la que sin embargo nunca -ni siquiera en el exilio-  dejarán de extrañar. Sin embargo, el país más extenso del mundo ha cautivado al igual que repelido (tanto desde el imperio de los zares hasta la actualidad, pasando por la más extensa Unión Soviética, que abarcaba un buen número de países actuales) a multitud de individuos de toda clase de nacionalidad. Que se lo digan a los directores de cine norteamericanos de las películas de espías, que todavía no han encontrado un adversario mejor. En ese sentido, es curiosa la cantidad de autores de países extranjeros que se han atrevido a introducirse en el laberinto ruso, tratando de averiguar, de una manera o de otra, y tomando una expresión prestada, "cuando se jodió" Moscú. He aquí una pequeña e incompleta guía para aprender un poco más sobre la historia moderna de Rusia a partir de escritores foráneos, que tienen la ventaja de a veces contemplar los hechos desde una perspectiva más neutral, quizás más cercana a aquella de la que parten los neófitos sobre el tema o, en ocasiones, de una manera menos tendente a la metafísica, o que no dé tan por sentada la relación natural que parece haberse establecido como una aleación indisoluble entre el devenir de los acontecimientos de la historia y el idiosincrático carácter ruso. O puede que no. En todo caso, espero que os sirvan como recomendaciones literarias interesantes (entre otros, para aquellos a los que os haya llamado la historia de este país a partir de "Chernobyl" de la HBO). Empezamos:

-Mencionado en otra entrada, "10 días que conmovieron al mundo", de John Reed, sigue siendo la referencia básica para abordar la revolución rusa. Aunque Reed era un ferviente defensor de los derechos de los obreros y de muchas tendencias progresistas, en este caso se pone el traje de corresponsal y realiza un exhaustivo análisis de las noticias que sucedían y bullían en este periodo trascendental de la historia. En ese sentido, "Reds", una ciclópea película en la que participaba lo más granado de la izquierda hollywoodyense en los años 80, muestra a un Warren Beatty interpretando a un John Reed que aunque cree en el movimiento, acaba decepcionado con la forma en que los primitivos soviets lo llevan a cabo.

-Del periodista español Chaves Nogales ya hemos hablado alguna vez, y mencionamos de hecho "El maestro Juan Martínez que estaba allí", una visión de la revolución bolchevique desde el punto de vista de un artista español de los tablaos a quien la circunstancia histórica le pilla casi literalmente en medio del espectáculo. La frase: "Un cantaor de flamenco, ¿puede ser un proletario?", lo resume todo. Sinceridad, retrato de personajes y dramatismo se combinan en una narración que, de puro periodístico, a veces ofrece tintes surreales ante lo inverosímil de las situaciones.

-"Palos de ciego". El periodista y escritor David Torres combina dos sucesos impactantes en su vida: por un lado, la historia de un libro (el cual fue incapaz de escribir) acerca de la ejecución masiva de unos bardos ciegos tradicionales durante la época más oscura de las purgas estalinistas; y, por otro, el descubrimiento del fallecimiento por negligencia médica de su hermano (llamado también David, como él), de tan sólo un día de vida, en una de las clínicas que practicaron en su día en España el robo de bebés con el objeto de entregárselos a familias ligadas al franquismo. A partir de allí, construye un sobrecogedor y penetrante texto que trata sobre la infancia, la música, la historia (especialmente esa atroz etapa de los primeros años de la Unión Soviética), la literatura, la memoria, las bárbaras formas que tenemos de maltratarnos los humanos y, en especial, el imposible modo de exorcizar los propios demonios.

-Aunque no ambientada estrictamente en Rusia, "Enterrar a los muertos", de Ignacio Martínez de Pisón, narra un episodio que toca de manera profunda varios de estos temas. En este ensayo histórico, el autor sigue la estela de John Dos Passos, un prestigioso novelista norteamericano (reconocido por su izquierdismo así como por su amor por España, aunque escamado tras su primer viaje a la Rusia revolucionaria) que anda en busca de José Robles, su traductor al español, el cual ha desaparecido después de embarcarse, tras el estallido de la guerra civil, como voluntario en la causa de la República. La obra nos conducirá, entre otros lugares, a los oscuros tejemanejes de la Unión Soviética en España, así como la evolución de la guerra en el dividido bando encargado de defender de la democracia, o las desavenencias de Dos Passos con Hemingway (quien en ese momento trabajaba como corresponsal de guerra en Madrid, aunque las malas lenguas sisean con cierto fundamento que muchas de las batallas que narraba las vio desde el interior de su habitación en el Hotel Florida) a cuento de la desaparición de Robles. Un libro que trata sobre diversos aspectos tales como la amistad, las formas de sobrevivir en la contienda, la lucha entre los ideales y una realidad siempre ambigua, así como las consecuencias que tienen los grandes sucesos para las víctimas colaterales de la historia.

-"El niño 44". Best seller de Tom Rob Smith que también retrata el horror y la paranoia en la época de Stalin, introduciendo un suceso que sirve de desencadenante. ¿Qué ocurriría si, en el supuesto paraíso comunista, apareciera un asesino en serie? Thriller moderno y reflexión histórica a partes iguales.

-"Érase una vez la URSS". Dominique Lapierre, prestigioso periodista francés (autor, entre otros, de "Era medianoche en Bhopal") llega a la Unión Soviética en un momento de deshielo y -en un coche que parece incapaz de resistir un viaje de tantos kilómetros- se recorre un buen trecho de la Unión Soviética, narrando una perspectiva por supuesto subjetiva al proceder del otro lado del Telón de Acero. En todo caso, un curioso retrato de escenarios y un ameno libro de viajes.

-"Cicatriz", de Juan Gómez Jurado: un libro entretenido y adrenalínico, cargado de sentido del humor, que cuenta la historia de un inadaptado informático residente en Chicago el cual, sin comerlo ni beberlo, va a verse envuelto en una trama de mafias rusas que tiene ramificaciones con hechos acaecidos en Ucrania y durante la guerra de Afganistán. Con tantas dosis de cáustica ironía como sangre chorreando a borbotones, garantiza pasar un buen rato.

-Emmanuel Carrère es conocido por sus libros en los que entremezcla estilo literario con un profundo desmenuzamiento de la realidad. He leído (y me han gustado bastante) "El adversario" y "De vidas ajenas", con lo cual arremetí con gran ímpetu la biografía de "Limónov", un controvertido personaje cuya vida dibuja el nuevo panorama de Rusia tras la desintegración de la URSS. Abandoné el libro a medias -aunque no descarto retomarlo-, entre otras cosas, porque era fácil sentir tanto odio como ridículo por el protagonista. Sin embargo, hay que reconocer que, quitando el juicio que podamos hacer de Limónov, las peripecias que se narran acerca de él mismo y de los países en los que vive dan para pensar bastante. Una condición que podríamos adscribir a cualquiera de los libros en esta lista.

miércoles, 1 de marzo de 2017

El libro y la historia real de marzo: "A sangre y fuego", de Manuel Chaves Nogales. Una visión de la guerra civil.

Manuel Chaves Nogales es considerado, por muchos, el mejor periodista de la historia de España. Alguna vez hemos mencionado en este blog "El maestro Juan Martínez, que estaba allí", un tragicómico relato de las andanzas de un cantaor de flamenco durante la revolución rusa, a medio camino entre el surrealismo (la pregunta clave: "un cantante flamenco, ¿es un proletario?") y el realismo más crudo y descarnado. Y menciono esta obra porque, entre otras cosas, revela alguna de las pinceladas clave del trazo de Manuel Chaves: una especial ojo por las situaciones controvertidas, difíciles de encasillar; el intento de darle voz a aquellas personas a las que normalmente nadie hace caso; y, en especial, una apuesta por el individuo corriente, por el hombre que sufre, por quienes peor lo pasan -que son normalmente los inocentes- en todas las guerras.

Manuel Chaves Nogales se define como "pequeño burgués, liberal" y, esencialmente, "democrata". Cuando llega la Guerra Civil, se compromete desde el primer momento con el orden legal establecido y, esencialmente, con la verdad. Localizado en Madrid, su periódico lo ocupan las brigadas comunistas y se pone a trabajar con ellos, aún dejándoles bien claro que no le gusta su doctrina porque él aborrece de todas las dictaduras, "hasta la del proletariado". Según el periodista, los comunistas que le supervisaban anotaron su objeción, disintieron por supuesto de su punto de vista, nunca interfirieron en su trabajo y cuando se despidieron (cada cual de camino a su particular huida) seguían sin estar de acuerdo, pero lo hicieron con un apretón de manos. Dicen que a veces los grandes hombres -y en concreto los grandes periodistas- se forjan en las grandes hecatombes. A Manuel Chaves Nogales le pilló uno de los momentos más duros de ésta, nuestra Historia tan particular, en primera línea así que, para su desgracia, tuvo la oportunidad de desplegar todo su talento, cosa que hizo nada más terminar la guerra en "A sangre y fuego", una serie de relatos desde el mismo interior de la guerra narrado a partir de experiencias recogidas, y también un cierto enfoque literario. Subtitulado "Héroes, bestias y mártires de la guerra civil", Chaves Nogales aporta un punto de vista que no pueden dar un Hemingway o un Cappa, quienes no tenían a su familia, su entorno y todas sus coordenadas vitales en riesgo, y no conocían los complicados entresijos que implica, como una maldición mitológica, ser españl. Una problemática que tuvo que vivir en sus carnes Chaves Nogales quien, como muchos de nosotros, seguramente a veces hubiera preferido nacer noruego o antártico.

"A sangre y fuego" incide en algunos lugares comunes que todos conocemos: que la mayor parte del ejército se puso de manos de los sublevados, mientras que el bando republicano contaba con muy pocos militares profesionales, quienes se desesperaban al ver cómo campesinos y obreros trataban de hacer de soldados, pero eran incapaces de mantener el mínimo orden y disciplina -a veces por falta de entrenamiento, otras porque todo lo que sonara a militar les provocaba un sarpullido, y en general, porque todo lo que habían aprendido se volatilizaba como el humo en cuanto les invadía el pánico al ver llegar a los tanques-. No se llega a afirmar del todo, pero se insinúa aquello que han confirmado historiadores posteriores acerca de que las matanzas en el bando nacional estaba orquestadas desde la cúpula (en un relato se narra cómo "el señorito" inicia la partida como si se tratara de una batida de caza, en la que participa incluso el cura, fusil en mano), mientras que las del bando republicano procedían en su mayoría del desorden reinante, de las cuadrillas de bandidos que aprovechaban para hacer su agosto, o de los fanáticos ideológicos que se desentendieron de la guerra para hacer su propia depuración; factores todos estos que el legítimo gobierno de la República no era capaz, en su impotencia, de controlar, ante el desbordamiento de tantos frentes tan abigarrados. También nos narra la angustia de los sitiados en Madrid, aterrorizados ante el anuncio del general golpista Queipo de Llano de que dentro de la ciudad hay miles de personas con las que colaboran, la llamada "quinta columna", lo cual genera una matanza histérica en busca de espías ("Nunca una frase", diagnostica Chaves Nogales, "generó tantos muertos"). Aunque, desde luego, hay estopa para todos: desde el comisario político que permite que fusilen en la cárcel a varios cientos sin juicio previo -incluyendo entre ellos su padre-, hasta los rebeldes que utilizan restos de los cadáveres de sus enemigos como trofeo y para regalarlos a quien los quiera conservar. Por último, también hay espacio para la tolerancia, la solidaridad, la compasión entre hermanos enfrentados: desde el señorito fascista que perdona la vida al maestro de escuela y es arrestado a causa de ello, hasta la camarera de hotel socialista que presta los medios para escapar a uno de sus falangistas clientes, quien luego, tal vez, tendrá o no ocasión de devolver el favor que hicieron en su día por él. Y, por supuesto, se narran multitud de momentos en que es lo personal -más que lo ideológico o lo político- lo que prima las acciones y las lealtades en cada momento. Una historia muy fácil de imaginar para quien conozca a este pueblo.

Pero Chaves Nogales también nos ofrece una serie de anécdotas poco conocidas y hasta difíciles de asimilar. Situaciones que, de no mediar una guerra, serían hasta tronchantes. Como el manicomio donde a un lado se acumulan los locos fascistas, y al otro los republicanos, y como no pueden matarse a balazos, se disparan insultos de uno a otro bando. O la cárcel fascista en Sevilla, que de noche es el infierno, pero que en el día bulle de vida, salero andaluz, entretenimiento y arte. O el momento en que los republicanos, inermes al no disponer de estrategia militar, sacan a un general fascista de la cárcel y se obligan a diseñar la táctica del ejército rojo, custodiado por un miliciano a cada lado (como se pueden imaginar, huyó en cuanto tuvo la menor oportunidad). O el estrambótico escenario en que se convirtió el Cuartel de la Montaña tras ser conquistado por los obreros, quienes se pusieron a rebuscar entre las antiguallas militares y acabaron armados con estoques de esgrima y medievales cascos. De esta manera, con esta óptica tan particular, Chaves Nogales nos cuenta una historia de la guerra civil que incluye muchas más cosas, entre otros motivos, también porque esta guerra es también más que una guerra civil.

Chaves Nogales sufrió también en sus carnes la maldición de vivir en un país que tan inspiradoras historias narraba. O, parafraseando a Pérez-Reverte, le ocurrió como a Cervantes, que si hubiera sido francés hubiera vivido mejor, pero si hubiera sido francés no hubiera conocido tan en profundidad la traición, la mediocridad y ignominia, por tanto no hubiera escrito el Quijote, y nunca hubiera sido Cervantes. A París precisamente marcha Chaves Nogales al ver que la guerra, para la legítima República, está perdida. Allí, nada más tiene la oportunidad de aposentarse, se sienta delante de su máquina de escribir y enfebrecido martillea a toda velocidad las teclas, como si fueran gatillos, para escribir los relatos; los manda a publicar y marcha a continuación, con inmediatez, en dirección a un ignoto exilio. No era un destacado izquierdista, todo lo contrario. Pero tampoco era fascista, y se denominaba a sí mismo libre pensante, algo que, a ojos del nuevo régimen, era mucho más que peligroso. Por eso, toda su obra literaria y periodística queda enterrada durante los cuarenta años posteriores; tan sólo sobrevive la biografía de Juan Belmonte, y eso porque el homenajeado era un torero. Hoy en día existe un intento de revitalizar su figura a través de la publicación de sus más destacadas piezas. Quizás el mejor tributo que se le pueda rendir a Chaves Nogales sea que, en un país que en gran medida se sigue peleando (en eso no hemos cambiado mucho), al menos observe que las voces neutrales e independientes tienen la oportunidad de expresarse. Que es, después de todo, el mejor legado que un periodista honesto quiere ofrecer.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Respuesta a una lectora: recomendaciones para el nuevo año

Hace un par de semanas, una lectora (y muy íntima amiga) me interpelaba en Facebook así:

Querido escritor:
Ahora que va acabándose el año, me gustaría que me recomendaras 12 grandes libros para leer el año próximo, para empezarlo con un buen propósito...y cumplirlo. ¿Puede ser? :)

Obviamente, la pregunta tiene su problemática, así que me he tomado mi tiempo para elaborar una respuesta, que procedo a transcribir aquí porque quizás, dentro de unos días, cuando os hayáis recuperado de la borrachera y los atracones de esta noche, os pueda ser útil de cara a buscar futuras perspectivas literarias (o posibles regalos del día de Reyes).

La respuesta dice así:

Querida lectora:
Hacer recomendaciones ya sabes que es realmente complicado. Más todavía para un año, que vete tú a saber lo que puede pasar de allí a entonces y qué te puede apetecer leer. Pero venga, vamos a intentar hacer una recopilación, a ver si te convence al menos alguno.
ENERO: Pues ya que está "La vida de Pi" en los cines, te lo puedes leer antes de que alguien te destripe el final. Además, este libro de Yann Martel, entre otras cosas, va sobre la esperanza, y siempre es bueno empezar con este sentimiento cualquier nuevo año.
FEBRERO: Como todavía hace frío, algo que te haga entrar en calor. Nada mejor que un "Viaje al centro de la tierra", de Julio Verne, que aparte de volcanes tiene una narración llena de aventuras, lo cual siempre distrae del mal tiempo reinante.
MARZO: Llegando la primavera, toca prepararse para volar. Los "Cuentos por teléfono" de Gianni Rodari son un canto a la imaginación y a la posibilidad de que con cada viaje nos acerquemos un poquito más a casa.
ABRIL: Cayendo la lluvia por las ventanas, destilemos una suave melancolía. "Almas grises", de Philippe Claudel, es de este tipo de libros que te pone triste, pero cuando más deprimido te vuelve, más necesitas desesperadamente continuar con él.
MAYO: Vuelve el buen tiempo y las correrías de los niños. "El camino" de Delibes describe las diversiones y andanzas de un niño en su pueblo, pero también otros momentos más duros aunque igual de humanos. Si queremos sólo quedarnos con la parte lúdica, no sería mal momento para volver a echarle otro vistazo a "Las aventuras de Tom Sawyer".
JUNIO: Como andaremos seguramente planeando viajes a parajes exóticos, nada mejor que "Novecento. La leyenda del pianista en el océano", de Alessandro Baricco, que nos inspirará a desplazarnos a lugares lejanos, seguramente en barco.
JULIO: El verano es un tiempo para la introspección y para conocerse a uno mismo, lejos de los ajetreos diarios. No estaría mal entonces "Solaris", de Stanislav Lem, que en buena parte pretende preguntarse cuáles son nuestros dilemas, y las obsesiones que nos atrapan.
AGOSTO: Cuando uno va de viaje, yo recomendo siempre leer un libro ambientado en el lugar que vamos a visitar. Por ejemplo, si te desplazas a Cuba, "Nuestro hombre en La Habana", una graciosísima novela de Graham Greene que además nos entretendrá entre hueco y hueco durante el trayecto.
SEPTIEMBRE: Volver al trabajo siempre tiene un punto de desánimo. Si realmente deseas enfrentarte a ello (o comparar cómo en algunos sitios se está peor), le puedes echar un nuevo vistazo a "El troll" a ver si a fuerza de exponerte te curas de espanto. Si no, mi mejor recomendación es evasión al máximo: mundos exóticos y fantásticos, cuanto más lejanos mejor. Michael Ende, Terry Pratchett, o "El diablo en la botella y otros cuentos", de Stevenson, sobre todo para darse cuenta de que a veces no hay nada mejor que una deliciosa y aburrida vida normal. En el apartado más infantil (o de retorno a la infancia, si se quiere, ya que empieza la vuelta al cole), alguno de los hilarantes libros de la colección de "El pequeño Nicolás" de Goscinny podrían ejercer el mismo efecto reconfortante.
OCTUBRE: Mes de Halloween, tocará terror. Y nada mejor que los clásicos: Bram Stoker, Mary Shelley, Poe... Pero si los tienes muy vistos, "La piel fría", de Alberto Sánchez Piñol, ofrece desasosiego y tensión a partes iguales, en una novela española y contemporánea que tiene aroma decimonónico y ecos que nos suenan mucho más franceses o anglosajones que de nuestra tierra patria, pero fue un gra éxito en Cataluña hace un par de años.
NOVIEMBRE: Ya empezamos a prepararnos para el invierno, para encender los fuegos, y quizás sea el momento ahora que aún conservamos las fuerzas, para la revolución. "Diez días que estremecieron al mundo", de John Reed, es un fascinante relato periodístico en primera persona de la experiencia del autor durante la Revolución Rusa de 1917, narrado con toda la fuerza del martillo de los acontecimientos ejerciendo su descarga implacable sobre la historia. Otra opción alternativa, más castiza y a la vez surrealista, sería "El maestro Juan Martínez que estaba allí", donde quizás el corresponsal español más famoso de la historia, Manuel Chaves Nogales, explora qué pinta un cantaor flamenco en mitad de la revolución rusa (aunque éste, al no habérmelo leído yo mismo, me resisto un poco a recomendarlo). En todo caso, buen momento para empezar a escoger un sitio calentito en la biblioteca del barrio.
DICIEMBRE: Cerramos el ciclo. Diciembre es un mes muy navideño, y, como tal, proliferan mensajes sobre la vida de Jesús, y a partir de ahí, sobre lo enigmático de su vida y, por extensión, sobre cualquier misterio en general. "El enigma del cuatro", de Ian Caldwell y Dustin Thomason, es de los pocos libros de intriga histórica que realmente me han cautivado, ambientado además en un mes de invierno y, sobre todo, también con un cierto punto para la esperanza, con la cual también hay que acabar el año además de empezarlo. Para que así, entre un cabo y otro, siga habiendo futuro continuamente a nuestro alrededor.

Espero que mis recomendaciones te hayan convencido y, tanto si es así como si no, que tengas buena suerte para el año que empieza, tanto para las historias que lleguen a tus manos, como para las que protagonices tú misma y otros lean (esto va, por extensión, para todos los lectores del blog).

Atentamente, con cariño,

Emilio Tejera (el del 2012. Dentro de unos días, conoceréis al de 2013).