¿Por qué estamos aquí? Porque nos gusta lo curioso, lo sorprendente, lo interesante, lo inusual, lo que engrandece al ser humano, lo que lo redime de vez en cuando. Por eso nos apasionan las historias: porque hayan ocurrido o no, de alguna manera es real.
lunes, 15 de enero de 2024
La obra de teatro de enero: "A la luna se viaja sin sombrero"
lunes, 19 de diciembre de 2022
La obra de teatro de diciembre: "Ladies Football Club"
"Ladies football Club" es una obra de teatro de Steafano Massini cuya premisa parte de una historia real: un grupo de trabajadoras de una fábrica de armamento en Inglaterra, durante la Primera Guerra Mundial, que decidieron iniciarse en el mundo del balompié, hasta entonces vetado a las mujeres, y montaron un equipo que demostró que las féminas podían ocupar espacios hasta entonces sólo reservados a sus congéneres masculinos. La obra lleva un tiempo rodando por España, he tenido ocasión de verla, y no puedo sino elogiar los resultados.
El texto, por un lado, está sin duda muy bien trabajado a través de múltiples recursos, y es capaz de hilar las circunstancias históricas que rodean a la historia (la guerra, las cuestiones sociales, los condicionantes causados por el conflicto) con la biografía tan detallada de cada una de estas once empleadas de una fábrica de armamento, cada una con su personalidad, preocupaciones, sueños y su particular carga emocional encima. Pero toda esta exuberancia de caracteres no se expresaría de manera adecuada de no ser por este excepcional grupo de actrices que, a lo largo de una representación sin interrupciones, cantan, organizan complicadas coreografías, juegan con su voz e interpretan a la vez a múltiples personajes que nos hacen reír, llorar, vibrar, contener el aliento y, sobre todo, preocuparnos por su destino, en un trabajo coral donde, como suele ser común, el todo luce más a partir de la suma de sus acertadas partes. No obstante, lo que está claro es que cada una de las artistas deslumbra con luz propia.
viernes, 8 de julio de 2022
La obra de teatro de julio: "Feliz lunes"
Sabéis que me gusta apoyar los pequeños proyectos que gozan poca publicidad. Más aún si son tan buenos como éste. "Feliz lunes" es una obra de teatro musical que emplea pocos medios, pero los utiliza con mucha sabiduría. La obra, cuya sinopsis encontraréis aquí, en principio trata sobre el fenómeno de las redes sociales, aunque en realidad abarca temas más amplios, y es mucho más divertida de lo que refleja el argumento inicial. Por un lado, la historia se centra en el personaje protagonista, una muchacha aspirante a actriz (de ahí que el tema de las redes sociales aparezca de manera muy natural), y acaba hablando de cómo elegimos vivir nuestra existencia, y también de la "cultura de la apariencia" que todos practicamos, dentro y fuera de nuestra vida cibernética. Y, desde otro punto de vista, la obra mantiene durante mucho rato un buen tono de comedia (con fantásticas canciones, que por lo visto acabarán en un disco; estoy casi seguro de que me lo compraré cuando salga), liderada por fantásticos actores que transmiten mucha pasión y saben también ponerse serios cuando toca. En especial, cabe destacar el esfuerzo de la actriz principal, la cual carga con el peso de buena parte del espectáculo, aunque disfruta del enorme apoyo de dos estupendos secundarios (a los que les perdonamos incluso que, a pesar del argumento de la obra, sean bastante guapos). El guión, además, es afilado y cargado de referencias culturales y conceptos que encajan bastante bien con el conjunto general, al que ayudan unos recursos técnicos que, siendo como digo humildes, se emplean con mucha destreza.
"Feliz lunes" va a estar exhibiéndose los sábados de este mes en la sala "El Umbral de Primavera", en el maravilloso y vibrante barrio de Lavapiés en Madrid, aunque esperamos que tenga la oportunidad de disfrutarse más tiempo y en muchos más sitios, porque la verdad es que se lo merece.
martes, 1 de febrero de 2022
Las recomendaciones de febrero: dos obras de teatro
La gran Cenobia. Como muchos sabéis, siempre tengo un lugar especial en mi corazón para los perdedores. No es difícil encontrar colectivos de esta categoría cuando exploras la historia del Imperio Romano, uno de los más victoriosos de la historia. Quizás por eso le he dedicado buena parte de mis líneas a uno de sus enemigos más olvidados. Pero tampoco es nunca mal momento de acordarse de Cenobia o Zenobia, esa reina de Palmira (ciudad situada en lo que hoy sería Siria) que desafió a este gigante militar y consiguió, durante varios años, mantener a su nación como entidad independiente. Lo bueno o lo malo que de su biografía no hayan quedado más testimonios que los de los historiadores latinos -como ocurre con casi todos los vencidos por Roma- es que esto hace que sea muy fácil reinterpretar su relato para obras literarias posteriores: es un privilegio, por otra parte, que se le reserva a los mitos. Yo descubrí su figura a través de La reina de las caravanas, una novela histórica que conseguía lo que pretendía: ser ligera, entretenida, crear un personaje carismático, y emplear bien unos recursos muy efectistas (incluyendo una sensualidad bastante sugerente). Ahora he vuelto a disfrutar de una versión de la reina de Palmira a través de La gran Cenobia, obra de teatro escrita originalmente por Calderón de la Barca y representada en las próximas semanas en Madrid por la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Con un reparto joven y meritorio, un muy bien trabajado montaje ha sabido actualizar un texto antiguo (en todo caso muy bien hilado, como suele ocurrir con Calderón) hasta convertirlo en vívidamente moderno, aprovechando para exhibir peligros muy actuales y, también, el problema de que tus palabras queden en manos de otros. No sabemos lo que hubiera opinado Zenobia de las diferentes visiones de su vida, pero lo que sin duda le disgustaría es descubrir los daños que ha sufrido la ciudad por la que tanto luchó a manos de la sinrazón del ISIS durante la guerra de Siria. Esperemos que el futuro le depare a Palmira que recupere, al menos, una mínima parte de su esplendor.
Mi madre, Serrat y yo. Esta obra de teatro que se representa durante las próximas semanas en Madrid, en la Sala Plot Point (de la que hablamos en otra ocasión para mencionar una obra emparentada), explora las relaciones materno-filiales a través de la música de Joan Manuel Serrat. La comedia de pulido guión (y profundas conexiones argentinas) se cimenta sobre todo en sus estupendas actrices, tanto el volcán viviente que ejerce de madre como en la joven que interpreta a su hija, la cual acierta en darle las réplicas y también en deleitarnos con las canciones del artista catalán. Ideal para quienes quieran reconectar con sus seres queridos o escuchar versiones del "tembleque" del maestro.
lunes, 22 de noviembre de 2021
El relato de noviembre: Debut
Debut
De
todas las frases que NO dijo Shakespeare, sin duda la más certera fue: “No hay
nada más estresante que ser director de teatro”. Y me importa un pito el
anacronismo del uso de la palabra estresante, el no-Shakespeare tenía razón.
Llevo veinte años en esta profesión y maldita la gracia que me ha hecho
permanecer en ella. Para muestra, un botón: les voy a poner un ejemplo de algo
que me ocurrió la semana pasada.
Contexto:
una obra clásica, de ésas donde los actores van vestidos con jubones y declaman
las frases en castellano antiguo. Iba a ser la típica representación que
empieza en un teatro de provincias, para que así los actores se vayan
fogueando. El término “teatro de provincias” puede antojárseles clasista o
rastrero, y seguramente tengan razón, pero empleo la expresión porque de esta
manera nos entendemos todos. La cosa es que no esperábamos grandes alardes:
simplemente cumplir con nuestro trabajo e ir puliendo fallos de cara a lances y
plazas más críticas. Pues bien, como nunca pueden ir bien del todo las cosas,
ocurrió la clase de cosa que le quita el sueño a los directores: se nos lesionó
un actor justo un par de días antes del debut. Por más que le pregunté a los
médicos, y por mucho que el actor insistió, no había manera: si no era con
muletas, no podía subirá un escenario. Así pues, había que buscar un sustituto,
y no andábamos sobrados de actores. Entonces, apareció la pesadilla de cualquiera
que se atreva a montar una función sobre las tablas: un ayudante de
escenografía, joven (muy joven), extremadamente apasionado, que se ofreció
entusiasta para reemplazar a nuestro malherido intérprete.
-Pero,
Manolín –le llamaremos “Manolín” para evitar la posibilidad de demandas-… ¿Tú
tienes alguna experiencia en teatro?
-No.
-¿Tienes
alguna experiencia, interpretativa, de cualquier tipo?
-Tampoco.
-¿Ni
siquiera en el colegio?
-Bueno…
Ahora que lo pienso, tenía que hacer de gusano en una obra de la guardería
cuando tenía 5 años.
-¿Y
qué tal te fue?
-El
guion decía que debía darle un beso a María Gusano. Pero a la chica que hacía María
Gusano no le gustó y me arreó un guantazo.
Suspiré.
-Y,
entonces, ¿por qué quieres actuar?
-Es
que… me haría mucha ilusión.
Te
lo decía con esa mirada y ojitos tiernos, como los de un carnero que no sabe
que en tres días le toca un viaje al matadero… En fin, como decimos en el argot
de los intelectuales, “tenía una hostia”…
-Manolín,
el teatro no es lo que te piensas. Se dan muchos casos de miedo escénico. La gente se bloquea cuando se
da cuenta de que en las butacas hay una masa informe de público mirándole. No
está hecho para cualquiera.
-Déjeme,
jefe. Déjeme, que lo haré bien.
Supiré
de nuevo. Esta vez, más hondo. La verdad es que no tenía muchas alternativas.
No había demasiada gente a la que recurrir, y al muchacho no se le podía acusar
de falta de compromiso.
Por
lo menos era un papel fácil.
-Mira,
Manolín, la actuación en realidad es muy corta. Sólo tienes que salir a escena con
el traje que te darán los de vestuario. Eres el mensajero. Tienes que anunciar
la llegada del Príncipe a la corte. Son dos frases nada más. Luego te colocas
en la parte de atrás del decorado, junto al telón. Es una labor sencilla, pero
importante desde el punto de vista narrativo, porque van a pasar por delante un
montón de personajes, los cuales harán referencia al tuyo y te señalarán, para
así utilizar esa acción como sostén metafórico para sus propios discursos. ¿Has
entendido?
-Metafórico.
-No,
quiero decir… das el mensaje, te vas hacia el fondo del escenario, delante de
la cortina, donde lops demás puedan verte, y te quedas quieto. ¿Podrás hacerlo…?
-Claro,
jefe. Seguro –parpadeó repetidas veces el muchacho con la seguridad que, sin
duda, tenían en sí mismos los primeros ingenuos que probaron un paracaídas.
Lo
dejé estar. Hablé pues con el dramaturgo para ver si podíamos modificar la frase
de nuestro recién adquirido intérprete, con el propósito de ponérselo lo más
fácil posible. El escritor farfulló una retahíla incomprensible acerca de “la
potencia diegética del texto”, pero después de un toma y daca bastante
rutinario, acabó diciendo que sí. La frase que el interfecto tendría que
pronunciar, de forma rotunda y sonora, cuando ejerciera de heraldo, sería:
-¡El
Príncipe llegará dentro de dos días!
Parecía
fácil. Y, de hecho, lo era. Al muchacho se le vio entregado durante los pocos
ensayos donde tuvo la oportunidad de probarse. No daba la impresión de
desenvolverse mal. Un poco nervioso, pero bueno, lo habitual para este tipo de
casos. Así que me despreocupé del asunto. Al fin y al cabo, ¿qué es lo peor que
podía pasar? (me dije a mí mismo, incauto). ¿Que tartamudeara un poco su frase?
Siempre tendríamos al apuntador y a los otros actores para echarle una mano, en
el que caso de que vinieran mal dadas.
El
día del estreno, se reunía todo el alto copete de aquel núcleo urbano, tan
pequeño como orgulloso de sí mismo. Como suele decirse, se habían congregado
las fuerzas vivas del lugar: y con eso quiero decir que divisé corbatas,
pamelas, sombreros de ala ancha de obispo, y hasta algún tricornio. El teatro
estaba de bote en bote, y tan sólo había unos cuantos huecos vacíos, destinados
a las familias de los intérpretes, en la primera fila. En esos asientos para
personalidades VIP avisté a una hermosa joven que se encontraba hablando con
nuestro actor debutante, el cual aún no se había vestido y maquillado para su
personaje. Deduje (por la forma en que se hacían arrumacos) que se trataba de
su novia. Creí que esto era un buen auspicio, pues pensé que la presión por
quedar bien delante de tan bella dama le serviría a nuestro particular Laurence
Olivier como acicate para desplegar el mejor de sus talentos. Eso, como digo,
era lo que, por aquel entonces, creía yo.
La
función comenzó. Todo transcurría dentro de los cauces previstos. De reojo,
siempre un paso por delante, atisbé a nuestro bisoño héroe, el cual, enfundado
en su traje de mensajero, daba la pinta exacta de lo que debía aparentar. Le
noté tenso, pero sin salirse de los límites habituales. Por tanto, lo dejé
estar.
Llegó
la hora crucial para el chico. Cuando iba a salir, le di un par de golpecitos
en el hombro y le susurré, como había hecho con tantos actores antes, un
animoso:
-Mucha
mierda.
El
joven salió al escenario. Se plantó en medio de los otros actores, con su capa
al viento (es un decir) y su sombrero rematado con una pluma, acentuando su
elegancia. Sólo tenía que decir una frase. “El Príncipe llegará dentro de dos
días”. Nada más.
Entonces
ocurrió. Juro que, si a mí me lo preguntan, aquello fue completamente
improvisado. Se quedó un segundo mirando a su alrededor, como buscando algo y,
cuando lo encontró, lo agarró con la mano derecha. Resulta que lo que atrapó
fue una espada de atrezzo que llevaba
uno de sus compañeros y que no debía usarse para nada, simplemente como aporte
decorativo al personaje.
A continuación, el
joven mensajero, ahora armado con una espada, la levantó, la alzó hacia el
individuo que tenía enfrente (a la sazón, el protagonista de la obra) y, con
una voz estentórea, que ya quisiera yo para mis mejores diálogos, proclamó:
-¡Me
llamo Íñigo Montoya!¡Tú mataste a mi padre!¡Prepárate a morir!
Dicho
esto, nuestro arrebatado héroe avanzó un paso hacia adelante, ensartó a su
compañero de reparto en el pecho (también es un decir; la espada era de
plástico blandito, y lo más que hizo fue arquearse al contactar con el tórax
del agredido), soltó el arma y, de un salto, se plantó ufano en un asiento
vacío de las primeras filas, justamente al lado de su novia.
El
resto de la producción nos quedamos estupefactos. En ese momento, el
protagonista de la obra, dándose cuenta de que acababa de producirse una
ruptura de la continuidad narrativa, y con unos segundos de desfase –suficiente
para que fuera evidente que aquello no estaba preparado- se llevó las manos al
pecho, exhaló un grito y se desmayó. Es otras palabras, su personaje murió. En
mitad de la obra. Con otros dos actos por delante. Que requerían de su plena
participación, la cual incluía un monólogo.
Mientras
tanto, escuché desde la primera fila (tal silencio había invadido el teatro) al
mensajero reconvertido en asesino proclamarle a su chica, con un deje de felicidad
y vanagloria:
-Siempre
había deseado decir esa frase…
lunes, 12 de abril de 2021
La obra de teatro de abril: "Amar en tiempos de COVID"
Oí hablar de este título porque en el pasado he colaborado con sus dos protagonistas. A Julián Salguero, además, le había visto actuar antes en "Mi padre, Sabina y yo", una obra de teatro que sin duda le encantaría al viejo perro/cantautor andaluz, y a la que os recomiendo acudir si estrenan undécima temporada. A la volcánica Estefanía Rocamora tuve la oportunidad de contemplarla en la fiesta de presentación del fanzine de Fragmentos de Tinta hace unos años. Con estos antecedentes me esperaba un buen espectáculo bajo el epígrafe de "Amar en tiempos de covid", representado en la sala Plot Point, y éste, desde luego, no me ha decepcionado.
Lo primero que sobresale es la química y la complicidad entre ambos actores. Lo segundo, un guión, obra del propio Salgueiro, que no da puntada sin hilo que pespunte la rima a lo largo de las distintas partes, y que (como suele decirse de los clásicos) logra ese efecto tan especial que consiste en -sobre un tema como el amor, acerca del cual se ha dicho todo- expresar las cosas de tal manera que parezcan nuevas, para que suenen tan frescas y originales como la primera vez. La historia toca el humor, el amor, teclas de poesía y un poco de drama, aunque el elemento primordial que predomina es el de la carcajada. Además, la obra juega con los distintos elementos de la sala: desde el público, la situación de actual pandemia y la escenografía hasta la música, lo cual es de agradecer en un musical que regatea las convenciones del género e incluso se ríe mucho de sí mismo. Y tiene mérito que yo diga eso, pues si hay un género que me gusta poco son los musicales que se centran en historias de amor.
"Amar en tiempos del covid" tendrá representaciones en Madrid a lo largo de los meses de abril y mayo, así que os recomiendo ir a disfrutar de esta historia tan divertida y poco almibarada, que os dejará con un muy buen sabor de boca. La sala cuenta además con medidas de ventilación y seguridad anti-COVID para que el riesgo, si bien no cero, sea el mínimo posible, y de esa manera podamos disfrutar de la cultura de manera segura.
Saludos, buen teatro y mucha mierda. Para las representaciones que hagáis, que veáis, y para todo lo demás.
domingo, 28 de marzo de 2021
La obra del teatro de marzo: "El telón de Aquiles"
Su nueva obra, "El telón de Aquiles", posee una temática muy familiar, aunque hará las delicias tanto de niños como de mayores. Con guiños para todos los públicos, la obra se centra en un actor con bastantes inseguridades que se ve obligado a cerrar su teatro ante todos los problemas derivados del coronavirus. Sin embargo, el protagonista va a tener la suerte de encontrarse con una serie de mitos griegos los cuales, volviendo a las esencias fundamentales de la representación escénica, van a aleccionarle sobre lo que ha de hacer a partir de ahora. Y, de paso, nos van a regalar un buen rato a todos nosotros.
La obra contiene un guión que no sólo hila fino en bromas y recursos, sino que constituye todo un homenaje al teatro, a los clásicos griegos, y en general al arte de zarpar en busca de tus sueños. Y los cuatro actores participantes le echan desparpajo y oficio a partes iguales a la hora llevar a buen puerto este Argos, que volverá con un vellocino de oro triunfante entre manos.
Y, ya sabéis lo que dicen del teatro: lleva 2000 años en crisis desde los griegos, y ahí sigue. Por algo será. Nos vemos en las tablas.
lunes, 1 de junio de 2020
Cuatro recomendaciones de junio, sobre libros de los que no os voy a contar (casi) nada
-"El libro de los seres imaginarios", de Jorge Luis Borges. El título, lejos de metáforas, resulta completamente autoexplicativo (no consiste ni mucho menos en una obra de ficción, sino una breve enciclopedia de las criaturas ideadas por la mente del hombre) así que, ¿para qué profundizar más? En este caso, no disfrutaréis tanto con el estilo literario de Borges como de su erudición. Lo cual, a decir de este lector, no es poca promesa, y aumentará vuestro conocimiento sobre esa clase de entidades que sabemos que no existen y, aun así, nos entusiasman.
Seguiremos no-explicando. Nos leemos, más que nos comentamos. Un saludo.
lunes, 5 de septiembre de 2016
La historia real de septiembre: El corazón de Anselmi y el Teatro Real
Cantada esta pequeña opereta, nos vamos con la música a otra parte. Hasta la próxima.
lunes, 4 de mayo de 2015
El libro y la historia real de mayo: "El corazón de Ulises", de Javier Reverte (II)
Porque, finalmente, la cultura ascendió al norte. A Atenas, a su Partenón, a su Acrópolis, al nacimiento del teatro tal y como lo entendemos, la filosofía y también la política democrática, la demostración de que otra forma de gobierno es posible, a pesar de que el resto del mundo se empeñaba en llevarles la contraria. Un mensaje, sin embargo, que no ha perdido actualidad con el tiempo, sino que ahora podría expresarse con igual vigencia que nunca.
lunes, 2 de marzo de 2015
La obra de teatro de marzo: "Fobiahomo. La revuelta de Stonewall"
Porque esta obra manda un mensaje contundente, y desde luego éste cala. Porque, utilizando alternativamente la comedia y el drama, nos trasmite una misma realidad social que puede hacernos carcajear de complicidad con la risita nerviosa de un travesti, como emocionarnos con el alegato de una activista en un trascendental juicio donde la que parece que está siendo juzgada es la intransigencia de la sociedad entera. Y ya el remate supremo llega en la escena final, una insuperable demostración de cómo la combinación de actuación, escenografía y música puede llegar a conmover hasta el punto de que al más pintado acaben por saltársele las lágrimas. Allí es cuando te da la sensación de que has escuchado algo que merecía ser contado.
Ésta es una historia con las que se identificarán no sólo a los que vivan directamente la situación por su condición de gays o lesbianas, sino cualquier espectador que acuda a contemplar la representación, porque, como la propia obra dice, la causa de este subgrupo en particular (como la de cualquier colectivo que resulta marginado) es la lucha general por los derechos civiles de todos los seres humanos. Porque ha sido la misma de los esclavos en Roma, los afroamericanos en Estados Unidos o los desahuciados por razones económicas actualmente en la Europa meridional. Y porque, a pesar de narrar acontecimientos acaecidos hace más de cuarenta años, contemplamos circunstancias parecidas en nuestros días en la Rusia de Putin, el África negra o incluso algunos fines de semana en el campus de la Complutense. Y en el fondo, todo consiste en la lucha del ser humano individual por tener la libertad de salirse del molde del que, a veces, una mezquina sociedad ve impensable que salgamos. Por miedo, ignorancia, o quién sabe por qué más, pero, en todo caso, por motivos que en teoría parecen tremendamente fáciles de solucionar y, por tanto, se hace más cuesta arriba observar que a ratos son tan complicados de erradicar de una vez por todas de nuestras mentes.
En definitiva, y para daros una razón más para ir a ver esta obra, está hecha por gente joven y prometedora, que se nota que le pone mucha ilusión a lo que hace, y, precisamente, a la que le viene muy bien que acudan a verla más espectadores pues -como toda obra, en el fondo- es lo único que puede asegurar que siga estando en cartel. "Fobiahomo" se representará los días 7 y 8 de marzo en la sala Arte4, en la Calle Sancho Dávila, 25 (Madrid), aunque seguramente siga habiendo fechas y futuras representaciones en otros lugares en el futuro (me consta que dentro de un tiempo se estrenará en el distrito de Fuencarral). Y, desde aquí, a los que nos ha gustado, le deseamos a los promotores de esta iniciativa toda la suerte del mundo, y que siga con buen viento hacia adelante. Un saludo a todos ellos, y a vosotros también. Quizás, como futuros espectadores, me comentéis si os ha gustado. Hasta muy pronto.
martes, 11 de junio de 2013
La obra de teatro de junio: "La visita de la vieja dama", de Friedich Dürrenmatt
Esta obra, escrita en los años 50 por el dramaturgo suizo Friedich Dürrenmatt, cuenta una historia ambientada en el pueblo de Güllen, el cual ha sufrido un lento declive económico, encontrándose sus ciudadanos en una situación de miseria y casi desesperación. Pero todo cambia cuando se enteran de que una excéntrica millonaria, nacida y criada originariamente en el pueblo, va a venir a visitarlo, y todos se esmeran por conseguir en que la vieja ricachona actúe como benefactora y deje por tanto parte de sus riquezas a los conciudadanos del lugar que le vió crecer. Y sin embargo, la posible benefactora tiene ya un plan muy meditado para este pueblo: sí, puede ayudarle a recuperar su antiguo esplendor, pero a cambio de ese dinero, quiere comprar algo. Y ese algo es del tipo de cosas que "dicen" que no se pagan con dinero, pero la antigua ciudadana de Güllen lo está dispuesto a comprobar.
Representación trágica y cómica a partes iguales, presidida por un macabro humor negro, esta historia local trata conceptos tan universales como la relación con el pasado, la justicia, o qué estaríamos todos dispuestos a hacer a cambio de una buena posición económica. El problema que se plantea no es fácil, y el mismo autor confiesa que no está seguro de si no haría lo mismo que los personajes en esta ocasión (sea lo que sea lo que hagan, a vosotros os dejaremos la oportunidad de leerlo, o de adivinarlo). Contiene algunas ideas que adquieren particular relevancia en el contexto de crisis económica en que ahora nos encontramos, pero en realidad se trata de una narración intemporal, que podría valer para cualquier época y para prácticamente cualquier lugar del mundo. Quizás por eso, en su país de origen, esta obra se ha convertido ya en un clásico de culto, siendo una de estas historias que se leen en las escuelas (incluso a niños no lo suficientemente crecidos como para entender todas las implicaciones éticas del asunto; aunque es verdad que, tal vez a una edad mayor, el mensaje no sería capaz de surtir efecto).
En definitiva, obra que recomiendo leer (o que os lean) y de la que no quiero contar más para que así, como dice Saramago rememorando a Pessoa, "os desasoseguéis" un poco preguntándoos que pasa. Sin embargo, si alguien necesita conocer algo más del argumento y de la curiosa proposición de la anciana millonaria para convencerse de abordar el texto, quizás podamos discutir detalles en los comentarios. Así no interferimos con "spoilers" a los lectores que prefieren mantener el misterio hasta que lo tengan delante de sus ojos. Un saludo.
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