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domingo, 1 de marzo de 2026

El libro y la historia real de marzo: "El curioso caso de Mary Mallon", o la historia de Mary la Tifoidea


El caso de Mary Mallon es relativamente conocido en la profesión médica. A principios del siglo XX, en la ciudad de Nueva York, se encontró a una mujer que era portadora asintomática de la fiebre tifoidea, una enfermedad transmitida sobre todo a través de la comida cruda. La fiebre tifoidea, en aquella época, era muy mortífera, y no existía ninguna clase de tratamiento. Mary Mallon -a partir de entonces, apodada por la prensa con el peyorativo nombre de "Mary la tifoidea"- trabajaba como cocinera, con lo cual ella, sin sentirse afectada por la enfermedad, estaba transmitiéndola a las personas a quienes servía a partir de aquellos alimentos que no se cocinaban mediante altas temperaturas. Se dice que Mary Mallon llegó a transmitir la bacteria letal a 30 personas, de las cuales murieron 3. La cuestión que se plantea, de cara sobre todo a la clase médica, es que tuvieron que prohibir ejercer su profesión (y, eventualmente, ante la falta de colaboración, encerrar de por vida) a una mujer que en realidad no era culpable de ningún crimen, pues nadie le había acusado de provocar las muertes a propósito. Y, sin embargo, se la castigó con un régimen similar al de los condenados por asesinato. Desde luego, el dilema ético es apasionante.

Anthony Bourdain, el célebre cocinero que se convirtió en escritor sobre gastronomía (con una biografía personal también muy turbulenta), decide escribir sobre este caso. Y se pone de parte de Mary. Por muchos motivos bien justificados. Se dice que Mary no era muy colaborativa, pero pensad que estamos hablando de una mujer de origen irlandesa y orígenes humildes -en una época donde el clasismo, la xenofobia y el machismo campaban a sus anchas- que de repente es acusada por los médicos de ser poco menos que una asesina, una transmisora de muerte con patas, una mujer sucia y que no se lava adecuadamente las manos. En ese sentido, es normal que Mary lo negara todo y no quisiera hablar con los sanitarios. Bourdain, además, habla desde su experiencia como cocinero: teoriza sobre lo duro que sería para Mary dejar de ejercer su profesión, tanto a nivel económico como de autoestima personal, y toma partido por todos aquellos profesionales de la gastronomía que han acabado tan hartos de su profesión que en buena parte descuidan hasta la parte de la higiene. (Un inciso respecto a esto: hay un debate que Bourdain no llega a zanjar sobre si Mary se lavaba suficientemente las manos al cocinar. Este debate es muy difícil de resolver por varios motivos: 1) la poca disposición a hablar por parte de Mary, que desconfiaba de los médicos; 2) el debate eterno: ¿qué es lavarse bien las manos?; porque a todo el mundo le parece que se las lava lo suficiente; 3) lo difícil que hubiera sido hacer experimentos sobre este asunto. Mi teoría, a partir de lo que he leído del libro y de lo que sé como licenciado en medicina, es que seguramente Mary hacía bien su trabajo, porque, si no, los brotes por fiebre tifoidea hubieran sido mucho más frecuentes. Lo que pasa es que todo el mundo sabe -y más desde la epidemia de COVID- lo complicado que es lavarse exhaustivamente bien las manos todas las veces que se requiere, y que siempre hay fallos que, en un individuo normal, no se notan. Pero que, en una persona portadora de la enfermedad, pueden desencadenar el desastre).

Bourdain se muestra empático. Además, trata de rastrear, a pesar de la escasa documentación disponible, todo lo que sabemos sobre Mary, y e intenta que nos hagamos una idea de su contexto y sus condicionantes. Como digo, toma partido por Mary, y quizá le coge algo de inquina a los médicos, pero creo que en este caso, más que culpables, sobre todo hay víctimas: víctimas de la falta de desarrollo de la medicina hasta entonces, víctimas de una enfermedad que aún hoy causa numerosos muertos, víctimas de la falta de antibióticos. Es una historia que conviene recordar hoy en día, cuando tenemos vacuna contra la fiebre tifoidea, una que nos salva la vida a diario, a nosotros y a las personas de nuestro entorno. Conviene, pues, leer este interesante libro y no olvidar este caso, para que no volvamos a aquellos tiempos en que ocurrían desgraciados casos como el de Mary Mallon.

lunes, 16 de diciembre de 2024

Los libros de diciembre: inspirados en sucesos reales

Tres narraciones basadas en historiales reales pero que están muy cerca de la ficción, entre otras cosas, porque emplean recursos propios de la novela para cautivarnos. Muy recomendables todas:

-A plena luz, de J.R. Moehringer. Basado inicialmente en un artículo de prensa, este libro cuenta la historia de un legendario atracador de bancos de la época de Gran Depresión que sale de la cárcel ya anciano gracias a la influencia de unos periodistas que le exigen a cambio que, durante un día, les lleve por las zonas de Nueva York que pueden explicar su trayectoria vital. El autor -antiguo periodista- utiliza de manera excelente la alternancia entre recuerdos, sucesos del presente y analogías en todas las direcciones para trazar un retrato de un atípico ladrón de bancos (que lee a Dante y tiene el humor cínico de un reventador de cajas fuertes) que está cargado de frases ingeniosas y de personajes inolvidables. No se lee, se devora.

-En Las futbolistas que desafiaron a Mussolini, Federica Seneghini relata de manera novelada (pero en realidad se inspira en investigaciones periodísticas) los avatares de un grupo de chicas que, en la Italia de Mussolini, se empeñaron en montar el primer equipo de fútbol femenino, y de todos los inconvenientes que tuvieron que afrontar. Aparte de describir las siempre indignantes consecuencias del fascismo, quizá lo que más duele de todas sus desventuras es que muchas de las actitudes y sucesos nos las podríamos encontrar perfectamente hoy en día, sobre todo ahora que machistas y fascistas se exhiben sin ningún rubor.

-El affaire Arnolfini, de Jean-Philippe Postel. Muchos conoceréis este cuadro, enclavado en la National Gallery de Londres (por cierto: es pequeñísimo), y que ha sido cúmulo de un sinfín de especulaciones. Pues bien, este ensayo, que en parte se maneja como libro de misterio. trata de sacarle punta a todos y cada uno de los posibles detallitos de la pintura, hasta encontrar interpretaciones sorprendentes, y que van mucho más allá de lo que pueden imaginar nuestros ojos a simple vista. ¿Un par de peros? Como siempre que hablamos de simbología en el arte, cada afirmación que se enuncia podría ser cierta, pero también sería factible su contraria; y, por otro lado, el autor trata de deducir mucho a partir de detalles que no sólo cuesta ver en la pintura en su tamaño original, sino hasta después de ampliarla varias veces. Para amantes de los juegos de detectives en el arte.

lunes, 12 de agosto de 2024

La cultura es para el verano: tres películas y cómic

-El jugador (Rupert Wyatt, 2014), una película que recuerda al libro homónimo de Dovstoievski sobre la adicción al juego, aunque en muchos sentidos lo supera. El protagonista (interpretado por Mark Wahlberg) es un profesor universitario que cree que las cosas son blancas o negras: o se tiene éxito de manera arrolladora o se fracasa. Esto, por supuesto, cuando se trata de los casinos, le lleva a situaciones límite en las que se esfuerza en enredarse cada vez más. Atrapado por varias deudas que ponen en peligro su vida, este antihéroe tensará las relaciones con sus deudores (entre ellos, los que representan John Goodman y Michael K. Williams), su madre (Jessica Lange) y varios alumnos (incluyendo una brillante pupila a la que caracteriza Brie Larson). Los diálogos están muy bien trabajados (sobre todo las escenas en las que participa Goodman, especialmente conforme se acerca el final) y delineados con mucha inteligencia, mientras que todos los actores (hasta Wahlberg) están muy bien. Quizá sólo se eche un poco de menos que la subtrama con Brie Larson quede mejor resuelta.

-Callejón sin salida (John Cromwell, 1947; no confundir con la de Roman Polanski de 1966) parece, de inicio y por los carteles promocionales, la típica peli de cine negro que en que Bogart ejercía de matón de medio pelo. Pero no: como si fuera un teatro, te plantea un escenario muy especial (la época en que surgían edificios lujosos en el Upper East Side de Nueva York que lindaban con barrios miserables y casas de pobres; por supuesto, ese lugar ya no existe, pues todo se ha gentrificado), y te relata, de una manera costumbrista, las dramas y miserias de un contexto social muy complicado, como si con una fotografía del momento pudieras diseccionar la evolución de los personajes hacia el pasado y el futuro. Con un uso estupendo de la escenografía y del cruce de las tramas, aunque la película sea predecible en algunos aspectos, resulta sorprendente en otros. En ese sentido, un descubrimiento muy especial.

-Quiero tener una ferretería en Andalucía (Carles Pratts, 2011). Ya en este blog hemos tratado el tema (a través del libro "Entre limones") de esa extraña fascinación que tienen algunos británicos por el sudeste de España, que les lleva a cambiar de lugar de residencia y de vida. El documental "Science Fiction", que habla de las andanzas de Laurence Burton (alias "el indio") en el desierto de Tabernas incide en este aspecto, aunque más por el lado sórdido (a veces parece que el aludido huye de su propia existencia, más que buscar otra nueva). Pero el documental de precioso título que nos ocupa explora el lado luminoso: cómo Joe Strummer, el líder de la banda de punk británica The Clash (conocida por éxitos como London Calling) cambia el Londres urbano por el sol infinito y la vida tranquila de Almería, estableciendo su cuartel general entre San José y Granada. El film ofrece varios aspectos interesantes: la personalidad amable de Strummer (en contraste con el aire agresivo que, por sistema, parecía que debía ofrecer un artista punk), su búsqueda del anonimato, su carácter sencillo, y sus extravagancias con un punto poético, así como las variopintas reacciones y perspectivas de los que le rodean, incluyendo habitantes locales que no se pueden creer que delante de ellos esté el cantante de The Clash. Muy original y sorprendente.

-Marvel, 1602. Neil Gaiman (como comentaremos más adelante en un podcast que estamos deseando mostraros) le ha dado a todos los palos. En la novela gráfica, se sacó de la manga (o le encargaron: no le tengo muy claro) esta historia que básicamente coloca a los personajes de Marvel en la Inglaterra isabelina. Lo más interesante es intentar descubrir bajo qué efigie se representa cada uno de los personajes míticos de la franquicia de superhéroes, gracias a lo cual le perdonamos que ciertos recursos se los saque un poco de la manga. A nivel visual, estupendo. La trama, muy bien hilada -parece mentira que Marvel no se ambiente de normal en esta era-.

lunes, 23 de mayo de 2022

Los libros de mayo: una guía de Nueva York

Caminar por una ciudad, en muchos casos, es similar a deambular a través de las páginas de un libro. Vas admirando los escaparates que se te presentan a un lado y a otro, recorriendo lugares nuevos, repitiendo por otros ya transitados, perdiéndote y volviéndote a encontrar. Por eso, una de las mejores maneras de visitar una ciudad (ya sea como preparación previa, o durante el viaje) es llevarte algún libro ambientado en dicha urbe, o que trate acerca de la misma. Así que, aprovechando un reciente periplo, os paso alguna de las lecturas por las que he vagabundeado para conocer ese enclave tan inabarcable que se llama Nueva York. Espero que os llene este pedazo de Gran Manzana:


Nueva York tiene toda clase de localizaciones interesantes para los amantes de toda clase de artes y espacios.

-"New York, New York", de Javier Reverte. No es el ambiente en el que más a gusto se desenvuelve este cronista de viajes, al menos en el terreno literario, en comparación con otros textos que le han salido más redondos (como sus ya míticos libros sobre África). Quizás sea porque Reverte, en lugar de explorar la urbe, más bien ha habitado en ella durante unos meses, y al final la costumbre saca, como casi siempre, lo mejor y lo peor de nosotros. De todos modos, su método habitual (entrecruzar vivencias personales con toneladas de literatura e historia al respecto) aporta suficientes datos interesantes sobre la ciudad que merece ser nombrada dos veces para echarle un vistazo al menos en una ocasión.

-Un esquema parecido articula Paolo Cognetti en "Nueva York es una ciudad sin cortinas", con unas cuantas salvedades: su recorrido, como él mismo dice, será no sólo incompleto (imposible devorar la fruta prohibida en un solo bocado), sino sesgado, personal, y bajo la óptica de un extranjero; además, enmarca los capítulos por barrios, a semejanza de los paseos que realiza por la ciudad que nunca duerme. Cognetti se centra mucho en la figura de los escritores que han relatado Nueva York (quizás la urbe más retratada del mundo, bajo diferentes ópticas) y de los habitantes más pobres de la urbe -con frecuencia los inmigrantes-. Y, aunque se le nota un exceso fervor en la búsqueda de la autenticidad -esa cosa que sólo existe cuando no te preocupas de ella-, qué duda cabe de que entre tantas páginas te descubre unas cuantas más que atrayentes, y que de hecho incitarán a nuevas lecturas.

-"Nueva York, insólita y secreta". Soy un asiduo a esta categoría de guías de la editorial Jonglez que, bajo el epígrafe, "insólita y secreta", te descubren una serie de hitos (quizá no muy secretos, casi siempre fascinantes) acerca de la ciudad que planeas visitar. Ideal para encontrarse curiosidades urbanas que en bastantes casos no se hallan en las guías de viaje: incluyendo algunas que a las que no peregrinarías expresamente, aunque, si se encuentran en tu camino, sin duda pasarás a echarles un vistazo.

-"Barrios, bloques y basura", como dice Julia Wertz en el subtítulo, es una historia ilustrada y poco convencional de Nueva York. Ilustrada porque la autora, una experta en estas lides, no sólo se vale del formato cómic para contar sus anécdotas, sino que realiza dibujos pormenorizados de determinadas esquinas de Nueva York, comparando cómo eran ayer con cómo lucen hoy. Poco convencional, en parte, por los temas: habla de librerías, de estancos, de bares, de paradas de metro, de negocios desaparecidos, de zonas llenas de basura, de asesinos, de videoclubs y tiendas de música. E irreverente también por el estilo: la autora lo mismo te lanza una soflama tildando de "gilipollas" a medio bicho viviente, como se abre en canal para relatarte sus vivencias sobre cómo habitó en un piso en Nueva York y luego fue desahuciada inmisericordemente de él (en muchos sentidos, es el diario de una exiliada, con un amor que sólo los desterrados pueden manifestar por el lugar que les expulsó). El libro es un mamotreto en cuanto al tamaño, pero se devora a mucha velocidad.

-"Poeta en Nueva York". El libro de poemas de Lorca exhibe la perenne ambivalencia de la ciudad. POr un lado, Lorca, en un estilo surrealista (andaba un poco mohíno el granadino porque le habían reprochado abandonar esta corriente en su "Romancero Gitano"), se queja de la inmensidad de la urbe y de su falta de humanidad. Por otro, sabemos que Nueva York le acogió favorablemente y que tuvo una vivencia personal más que aceptable. Ideal para quienes quieran revivir el mito del literato en tierras norteñas.

Por cierto, para que también tengáis vuestra propia guía de Nueva York, ésta que os traigo aquí es la que mi chica y yo elaboramos no sólo con lugares que visitar, sino con referencias cinéfilas, gastronómicas o de lugares donde gastaros los cuartos (ello incluye un par de librerías). Está centrada sobre todo en Manhattan, pero si rastreáis por vuestra cuenta podéis encontrar otras localizaciones chulas (como la famosa escalera y la casa del Joker en el Bronx, la vista del puente de Queensboro de la película de Woody Allen "Manhattan", o la maqueta gigante de la ciudad en Queens). Espero que os sirva para planear futuros viajes: aquí el enlace. Un saludo y felices destinos.

lunes, 4 de mayo de 2020

Los libros de mayo: misioneros, antropólogos y corresponsales. Unos cuantos libros sobre viajeros

-"Dios, el diablo y la aventura". En esta obra, el escritor de viaje Javier Reverte se adentra en el terreno histórico para descubrirnos la figura de Pedro Páez, un sacerdote español (aunque con fuertes conexiones con Portugal), perteneciente de la Compañía de Jesús, que vivió a caballo entre los siglos XVI y XVII y que marchó para difundir el cristianismo en Etiopía. Javier Reverte aprovecha para explicarnos los objetivos e historia de la enigmática Compañía Jesús, la compleja situación geopolítica de aquel tiempo y el arriesgado papel de los misioneros en regiones exóticas pero, sobre todo, la sorprendente biografía de Pedro Páez, quien se adentró en un territorio sobre el que en Occidente no se conocía casi nada salvo leyendas (documentando además sus viajes de una manera fidedigna y rigurosa) y fue además el primer europeo que avistó las fuentes del Nilo Azul, aunque el inglés Burke intentara arrebatarle el mérito.

-"Una plaga de orugas". Segunda parte de "El antropólogo inocente", un libro del que ya hablamos en otro post. En esta nueva entrega, nuestro sarcástico, intrépido y aturullado antropólogo vuelve a África, esta vez más maduro y curtido, y los lugareños le recompensan su retorno mostrándose más sinceros y vacilándole con menor frecuencia. Eso sí, los equívocos y las situaciones absurdas y enrevesadas siguen sucediéndose a manos llenas. No tan chocante como la primera parte, por supuesto, aunque casi igual de divertido.

-"Todas las historias y un epílogo", de Enric González. Muchos conocéis a este periodista que, con nómina de "El País", fue corresponsal en el extranjero durante muchos años en varias grandes capitales del mundo. Su estancia en tres de ellas fueron reflejadas en sus correspondientes volúmenes de "Historias" ("Historias de Londres", "Historias de Nueva York", "Historias de Roma"), ahora reunidas, sólo levemente modificadas y con un epílogo redactado desde Jerusalén. Enric González escribe con la mirada despreocupada de quien pasea ocioso por la ciudad, preguntándose por sus pedacitos de Historia, por sus personajes urbanos, por la forma en que se entremezcla lo personal y lo profesional, y por los relatos curiosos, tanto antiguos como modernos, que albergan cada rinconcito y esquina. Una buena guía de viaje tanto para los que ya han disfrutado de esas ciudades como quienes aspiran a hacerlo en un futuro que, por muy lejos que se nos antoje, tranquilos, siempre acaba por llegar. Nos vemos en él. Hasta muy pronto.

lunes, 1 de mayo de 2017

El libro y la historia real de mayo: "First, We take Manhattan", de Álvaro Ardura y Daniel Sorando



El libro de hoy, en múltiples sentidos, es una excepción. En primer lugar, porque se trata de un ensayo de sociología, un tipo de género que no solemos abordar aquí. Y en segundo, porque tengo el privilegio de conocer a alguno de los autores, aunque trataré de que este hecho no me nuble demasiado el juicio. Y es que, por lo general, no os ofrecería un ensayo académico (aunque con propósito divulgativo) que incluye citas a autores de enrevesados nombres. Sin embargo, creo que el libro es lo suficientemente accesible -y, sobre todo, lo suficientemente estimulante- para que lectores interesados, no expertos en la materia como es mi caso, puedan aprender un poco gracias a él. Sobre todo, si el tema del que trata es acerca de la "gentrificación". Algunos escucharéis esta palabra por primera vez (como dice una frase al respecto, "Gentrificación no es un nombre de señora"), pero a otros os sonará porque es un concepto bastante utilizado últimamente. Se trata del fenómeno por el que un barrio céntrico, inicialmente deprimido, de habitantes con pocos recursos e incluso deshabitado, empieza a albergar nuevos inquilinos (artistas, jóvenes inquietos, colectivos hasta cierto punto estigmatizados) a los que les atraen los bajos alquileres del barrio, pero que al mismo tiempo arrastran consigo las nuevas tendencias culturales. La llegada de estos primeros "pioneros" pone de moda el barrio, y es entonces cuando gente de mayor poder adquisitivo quiere conseguir un piso en medio del meollo. El barrio se vuelve entonces lleno de tiendas elegantes y sofisticadas, y es entonces cuando el precio de los alquileres sube tanto que los primeros pobladores del barrio (e, incluso, algunos de los que empezaron el proceso de gentrificación) ya no pueden permitírselo y tienen que marcharse. El proceso parece aparentemente sencillo aunque, como revela el libro, debajo de la superficie hay mucho que rascar.

La primera impresión al leer las páginas iniciales de este ensayo puede ser la de cierta inquietud. La aparición de ciertos "palabrejos" hace dudar sobre si va a tratarse de un texto excesivamente técnico, y el tono general lleva a creer que intenta desplazarnos a la deriva, sin aspirar en ningún momento a la concreción. Sin embargo, las siguientes páginas obligan a desmentir ese primer análisis. El libro entra rápidamente en harina, y describe todas las partes del proceso de la gentrificación, poniendo ejemplos concretos en las ciudades donde ha tenido lugar: desde Nueva York (con lugares como el SoHo y Brooklyn), Londres, París, Berlín, hasta barrios de localidades españolas, como -en Madrid- Chueca, Lavapiés y Malasaña, el Barrio Chino (ahora el Raval) en Barcelona, el barrio de la Magdalena en Zaragoza, etc... Uno de los aspectos más interesantes de este libro es que no aborda la gentrificación como un camino "al azar", fruto de una evolución más o menos natural del barrio y de las leyes del mercado. Más bien al contrario, el texto apunta a que, en muchas ocasiones, son las políticas públicas las que contribuyen a desarrollar el fenómeno, exacerbando incluso sus connotaciones más negativas. Pongamos la siguiente situación: un barrio más o menos humilde, situado en una zona céntrica, con habitantes de renta tirando a baja, la mayor parte viviendo en régimen de alquiler. Una serie de políticas públicas favorecen que los propietarios prefieran ser dueños de casas en la periferia -algo que sin duda proporcionará pingües beneficios a quien haya construido viviendas en esa zona-, y traten de vender o derruir los edificios que todavía mantienen en el centro. La presión sobre los inquilinos, mediante una serie de medidas (tendréis que leer acerca de ellas en el libro) consigue que bastantes de ellos se desplacen. Al resto, se les va convenciendo al ir retirando los servicios públicos de la zona. Al cabo de cierto tiempo, el barrio está en parte deshabitado, resulta cada vez más complicado vivir en él, y acaba adquiriendo incluso mala fama. Es entonces -cuando los precios del terreno son más baratos- cuando las empresas privadas se lanzan como buitres a apropiarse de porciones cada vez mayores de él. Luego, poco a poco, se ejecutan medidas que implican la "regeneración" del barrio; se reimplantan servicios públicos que en su día se eliminaron; habitantes de mayor poder adquisitivo se instalan con el tiempo en los pisos vacíos; el barrio se moderniza, y ahora, lo que se ha comprado barato se vende caro. El promotor inmobiliario se hace de oro. Y así es como se ha completado el proceso. (Hablando con un amigo de este tema, éste me comentaba: "Ya, pero esto que me cuentas suena un poco a teoría de la conspiración, ¿no?". Lo primero que pensé cuando me lo dijo fue: "Si a ti, hace unos años, 
te dicen que el partido en el gobierno guarda en unos cuadernos las cuentas de los sobornos que le pagan empresarios a cambio de concesiones en obra pública, ¿a que creerías que es una conspiranoia? Y ahora, piensa en el caso Palau, y piensa en Bárcenas"). Lo cierto es que ese modelo -el de comprar barato y vender muy caro, favorecido por políticos que auspician esa "cultura del pelotazo"- nos suena mucho a los que ya conocemos la dinámica de las burbujas inmobiliarias, que casualmente explotan en un lugar en el momento en que los que las han montado ya han recogido velas y marchado a invertir a otros lugares distintos, donde vuelven a inflarse a su vez. La dinámica, por supuesto, siempre tiene un perdedor: los pobres, los desahuciados, los que no tienen nombre. Los que, en su mayoría (siempre hay un cierto número de individuos realojados, por sistema mucho menor que los desplazados) tienen que mudarse de su vecindario y de las redes de ayuda mutua que éste les proporcionaba. Los que pierden la vida social que habían creado en su entorno, y a cambio aguantaron los tiempos más duros del barrio, haciéndole adquirir el carácter indómito que se ensalza hoy. De hecho, la pregunta que sobrevuela todo el texto es qué pasaría si, en lugar de permitir la consecución de ese modelo de "gentrificación", se apostara por otro, más social, que tratara de proteger a los vecinos que ya habitaban en el barrio, frente a los que habían de venir; de rehabilitar, más que destruir y construir de nuevo; que apostara menos por la iniciativa privada, y lo hiciera en cambio por las personas. En las páginas del libro podéis encontrar esa dicotomía, o mejor dicho esa disquisición, que es una que probablemente haya que preguntarse día a día, pues, como sugieren los autores del libro, imaginar un nuevo tipo de ciudad es la primera manera de empezar a edificarla.

Como he dicho, el texto entra en cada aspecto concreto, aportando jugosos e instructivos detalles: desde los barrios que han sufrido o están en camino en sufrir este proceso, hasta las labores de resistencia (tanto desde el punto de vista de las políticas públicas, como desde el lado de los vecinos) que pueden intentarse para paliarlo. A pesar de tratarse de un texto académico que podría citarse en la universidad, contiene conceptos vitales y acontecimientos recientes que son tema de conversación en periódicos, tertulias y bares; cita a referentes como Leonard Cohen, Bob Dylan, el graffitero Bansky o el escritor Eduardo Galeano. Habla de temas como la droga, los negocios "cuquis" y la inmigración. Y, sobre todo, nos hace ver que el urbanismo, la forma en que construimos y modificamos nuestras ciudades, es también una forma de re-elaborar nuestro modo de vida, nuestros hábitos de consumo, nuestra visibilidad social... En conclusión, quiénes somos y cómo nos unimos (lo cual me recuerda que este libro se financió gracias a un crowfunding), o cómo nos impiden hacerlo. En definitiva, un libro para repensar mejor el papel de las ciudades, y también el modo en el que fluimos dentro de ellas. Pensadlo cuando caminéis por la calle: ¿hace cuánto que no os preguntáis hacia dónde está yendo el barrio?¿Y hace cuánto no os preguntáis hacia donde queréis ir con él? Me despido, mientras lo meditáis, hasta la vuelta de la esquina.

lunes, 2 de marzo de 2015

La obra de teatro de marzo: "Fobiahomo. La revuelta de Stonewall"

Normalmente, en este blog, tiendo a recomendaros libros, películas o incluso obras de teatro que podéis encontrar más pronto o más tarde a través de distintos formatos. Pero hoy, en cambio, os presento una obra que se encuentra de jugosa actualidad, puesto que se encuentra representando ahora mismo en las tablas de Madrid. Se llama Fobiahomo. La revuelta de Stonewall, y os recomiendo vivamente que la veáis por vosotras mismos porque, entonces, podréis entender por qué los que la hemos visto tenemos tanto interés en promocionarla.



La obra la he conocido a través de mi buena amiga y mejor actriz Elena Cedillo, a la que ya tuve la ocasión de contemplar en vivo y en directo en una sorprendente adaptación de "La casa de Bernarda Alba", otra fantástica obra de magnífica escenografía y donde una enorme fuerza actoral se ponía a disposición de un libreto tan espléndido como a los que Lorca nos tiene acostumbrados. Pero "La casa de Bernarda Alba" era muy distinta a "Fobiahomo", aunque ambas tengan en común sobre todo dos aspectos: un reparto a un gran nivel (donde tengo que decir que mi amiga brilla pero encuentra también otras estrellas en las que reflejarse), y una gran capacidad para combinar tanto la risa como los momentos más dramáticos al servicio de un mensaje de enorme calado social. Con la diferencia, quizás, de que la obra de Lorca se ambienta en una época que quizás nos suena muy lejana en el tiempo (aunque no fuera hace tanto), mientras que Fobiahomo no nos suena tan diferente a lo que ocurre en lugares o sociedades para las que no necesitamos abstraernos demasiado.

La obra se centra en la situación que vivían los homosexuales en Estados Unidos alrededor de 1969, cuando tuvo lugar la llamada revuelta del "Stonewall", un local de ambiente de Nueva York donde, tras una redada particularmente dura por parte de la policía, una chica a la que se llevaban detenida le espetó a sus compañeros: "¡Tíos, ¿es que no vais a hacer nada?", y allí fue donde empezó todo y los homosexuales empezaron a organizarse de manera articulada en un movimiento cívico que reclamara con voz alta y clara sus derechos. La representación se basa en diferentes "sketchs" que relatan distintos aspectos de la vida del submundo gay en Estados Unidos durante aquella época, en la cual las tendencias sexuales que se salieran de la norma eran consideradas enfermedades psiquiátricas por las que te podían detener, golpear o encerrar en un manicomio -con algunas más que devastadoras consecuencias-. En cada una de las escenas, a lo mejor algún espectador puede quejarse (y señalo aquí los pocos defectos para que me creáis en mayor medida cuando hable de sus numerosas virtudes) de que tanto algún detalle de la interpretación como del guión puede ser demasiado extremo, demasiado obvio, o tal vez incluso excesivamente estereotipado; pero todo eso no quita que tanto el tono general de cada uno de los intérpretes como el de las líneas del guión se mantengan a muy buen nivel y que, en conjunto, el todo sume más que cada una de sus partes.

Porque esta obra manda un mensaje contundente, y desde luego éste cala. Porque, utilizando alternativamente la comedia y el drama, nos trasmite una misma realidad social que puede hacernos carcajear de complicidad con la risita nerviosa de un travesti, como emocionarnos con el alegato de una activista en un trascendental juicio donde la que parece que está siendo juzgada es la intransigencia de la sociedad entera. Y ya el remate supremo llega en la escena final, una insuperable demostración de cómo la combinación de actuación, escenografía y música puede llegar a conmover hasta el punto de que al más pintado acaben por saltársele las lágrimas. Allí es cuando te da la sensación de que has escuchado algo que merecía ser contado.



Ésta es una historia con las que se identificarán no sólo a los que vivan directamente la situación por su condición de gays o lesbianas, sino cualquier espectador que acuda a contemplar la representación, porque, como la propia obra dice, la causa de este subgrupo en particular (como la de cualquier colectivo que resulta marginado) es la lucha general por los derechos civiles de todos los seres humanos. Porque ha sido la misma de los esclavos en Roma, los afroamericanos en Estados Unidos o los desahuciados por razones económicas actualmente en la Europa meridional. Y porque, a pesar de narrar acontecimientos acaecidos hace más de cuarenta años, contemplamos circunstancias parecidas en nuestros días en la Rusia de Putin, el África negra o incluso algunos fines de semana en el campus de la Complutense. Y en el fondo, todo consiste en la lucha del ser humano individual por tener la libertad de salirse del molde del que, a veces, una mezquina sociedad ve impensable que salgamos. Por miedo, ignorancia, o quién sabe por qué más, pero, en todo caso, por motivos que en teoría parecen tremendamente fáciles de solucionar y, por tanto, se hace más cuesta arriba observar que a ratos son tan complicados de erradicar de una vez por todas de nuestras mentes.

En definitiva, y para daros una razón más para ir a ver esta obra, está hecha por gente joven y prometedora, que se nota que le pone mucha ilusión a lo que hace, y, precisamente, a la que le viene muy bien que acudan a verla más espectadores pues -como toda obra, en el fondo- es lo único que puede asegurar que siga estando en cartel. "Fobiahomo" se representará los días 7 y 8 de marzo en la sala Arte4, en la Calle Sancho Dávila, 25 (Madrid), aunque seguramente siga habiendo fechas y futuras representaciones en otros lugares en el futuro (me consta que dentro de un tiempo se estrenará en el distrito de Fuencarral). Y, desde aquí, a los que nos ha gustado, le deseamos a los promotores de esta iniciativa toda la suerte del mundo, y que siga con buen viento hacia adelante. Un saludo a todos ellos, y a vosotros también. Quizás, como futuros espectadores, me comentéis si os ha gustado. Hasta muy pronto.