Mostrando entradas con la etiqueta COVID-19. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta COVID-19. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de abril de 2023

La historia real de abril: nueva temporada de "El Gato de Hubble"


Nuevo logo de El Gato de Hubble para esta temporada

Después de mucho tiempo esperándolo, tenemos programa de estreno como parte de una nueva temporada de El Gato de Hubble, ese entrañable podcast que combina ciencia y humor con el que colaboro de vez en cuando. En este episodio que antecede a los nuevos temas que trae esta temporada -los cuales, ya os aventuro yo, pintan muy interesantes- hablamos de cómo ha quedado el mundo una vez pasada la época más crítica del COVID-19: después de una breve introducción sobre lo que la pandemia ha supuesto en términos sanitarios, nos metemos en sus consecuencias en el mundo de la economía, tanto global como personal, en particular respecto al teletrabajo (ahí quizá nos ha faltado hablar de los nómadas digitales y de la influencia que están teniendo en la gentrificación y la disneyficación de las ciudades; por otra parte, podríamos haber mencionado, en el apartado de empresas que se oponen al teletrabajo, la posible repercusión que éste podría ejercer en descender los precios de las casas del centro de las ciudades y, por tanto, en las rentabilidad de las compañías más potentes a nivel inmobiliario, a pesar de que éstas aduzcan otras razones), así como el papel que la COVID ha jugado en la educación, la salud mental o nuestra propia percepción del mundo.

En general, creo que, a lo largo del programa hemos hecho un esfuerzo por destacar los cambios para mejor (aunque, como dice la entradilla de presentación, no siempre ha sido fácil). Porque, retomando una interesante reflexión de Daniel al final, el primer instinto es siempre fijarse en lo malo, pero también ha habido (durante la pandemia) mucho de positivo, de solidaridad y de colaboración mutua, a pesar de que lo fácil que es que nos pase desapercibido, con eso de que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece. Espero que os guste el programa y, siguiendo con el espíritu positivo, que os dé pie para nuevas y fructíferas reflexiones. Un saludo.

lunes, 12 de abril de 2021

La obra de teatro de abril: "Amar en tiempos de COVID"

Oí hablar de este título porque en el pasado he colaborado con sus dos protagonistas. A Julián Salguero, además, le había visto actuar antes en "Mi padre, Sabina y yo", una obra de teatro que sin duda le encantaría al viejo perro/cantautor andaluz, y a la que os recomiendo acudir si estrenan undécima temporada. A la volcánica Estefanía Rocamora tuve la oportunidad de contemplarla en la fiesta de presentación del fanzine de Fragmentos de Tinta hace unos años. Con estos antecedentes me esperaba un buen espectáculo bajo el epígrafe de "Amar en tiempos de covid", representado en la sala Plot Point, y éste, desde luego, no me ha decepcionado.

Lo primero que sobresale es la química y la complicidad entre ambos actores. Lo segundo, un guión, obra del propio Salgueiro, que no da puntada sin hilo que pespunte la rima a lo largo de las distintas partes, y que (como suele decirse de los clásicos) logra ese efecto tan especial que consiste en -sobre un tema como el amor, acerca del cual se ha dicho todo- expresar las cosas de tal manera que parezcan nuevas, para que suenen tan frescas y originales como la primera vez. La historia toca el humor, el amor, teclas de poesía y un poco de drama, aunque el elemento primordial que predomina es el de la carcajada. Además, la obra juega con los distintos elementos de la sala: desde el público, la situación de actual pandemia y la escenografía hasta la música, lo cual es de agradecer en un musical que regatea las convenciones del género e incluso se ríe mucho de sí mismo. Y tiene mérito que yo diga eso, pues si hay un género que me gusta poco son los musicales que se centran en historias de amor.

"Amar en tiempos del covid" tendrá representaciones en Madrid a lo largo de los meses de abril y mayo, así que os recomiendo ir a disfrutar de esta historia tan divertida y poco almibarada, que os dejará con un muy buen sabor de boca. La sala cuenta además con medidas de ventilación y seguridad anti-COVID para que el riesgo, si bien no cero, sea el mínimo posible, y de esa manera podamos disfrutar de la cultura de manera segura.

Saludos, buen teatro y mucha mierda. Para las representaciones que hagáis, que veáis, y para todo lo demás.

domingo, 28 de marzo de 2021

La obra del teatro de marzo: "El telón de Aquiles"


Conocí al grupo de teatro "La Fragua y la Luna", a través de una amiga, cuando todavía eran un colectivo amateur. Disfruté de sus representaciones de La venganza de Don Mendo y El método Grönholm, entre otras, y cuando me enteré de que tenían representación ahora mismo en Madrid, en la zona de La Latina, me apunté inmediatamente para averiguar con qué querían sorprendernos.

Su nueva obra, "El telón de Aquiles", posee una temática muy familiar, aunque hará las delicias tanto de niños como de mayores. Con guiños para todos los públicos, la obra se centra en un actor con bastantes inseguridades que se ve obligado a cerrar su teatro ante todos los problemas derivados del coronavirus. Sin embargo, el protagonista va a tener la suerte de encontrarse con una serie de mitos griegos los cuales, volviendo a las esencias fundamentales de la representación escénica, van a aleccionarle sobre lo que ha de hacer a partir de ahora. Y, de paso, nos van a regalar un buen rato a todos nosotros.

La obra contiene un guión que no sólo hila fino en bromas y recursos, sino que constituye todo un homenaje al teatro, a los clásicos griegos, y en general al arte de zarpar en busca de tus sueños. Y los cuatro actores participantes le echan desparpajo y oficio a partes iguales a la hora llevar a buen puerto este Argos, que volverá con un vellocino de oro triunfante entre manos.

Habrá más representaciones de "El telón de Aquiles" en marzo y abril, y las entradas pueden conseguirse a través de este enlace. El teatro cuenta con medidas de seguridad contra la COVID-19, que permite que que el riesgo, si no cero, se vuelva mínimo, con lo cual constituye en una actividad muy recomendable para los niños (y no tan niños) en tiempos de pandemia. Espero que la disfrutéis.

Y, ya sabéis lo que dicen del teatro: lleva 2000 años en crisis desde los griegos, y ahí sigue. Por algo será. Nos vemos en las tablas.

lunes, 25 de mayo de 2020

El relato de mayo: "El precio de un hombre"


Ahora que en parece que en nuestro entorno (al menos, para algunos) ha pasado lo peor de la COVID, muestro este cuento relacionado con los primeros momentos de la crisis , y que no quería exponer a la luz pública mientras aún nos hallábamos en el centro de la vorágine. Espero que hayáis atravesado este vendaval de la mejor manera posible, y que hayáis aterrizado de pie, dentro de las alternativas que hemos tenido. A los que aún se hallen en el proceso, deseo que se os haga llevadero y no os afecte demasiado. Y a todos, que aprendamos de ésta, como debemos hacerlo de cualquier hecho. Por lo demás, aquí el relato. Un saludo.

El precio de un hombre

                En un país real, un fragmento de vídeo dejó estremecidos a los espectadores. Un anciano, que hasta entonces trabajaba bajo el amparo de la economía sumergida, se había quedado sin ingresos debido la cuarentena de la COVID-19. El señor mostró las imágenes de su nieto devorando una tostada untada con Nutella. Advirtió: “Tenemos solamente para llegar a final de mes. Después, se acaba. El día que mi nieto no pueda desayunar, empezamos la revolución”.
                En una realidad alternativa, en un país imaginario, al día siguiente de ocurrir esto, este mismo hombre recibió una visita en el descansillo frente al ascensor. Mantuvieron las distancias recomendadas de seguridad pero, a pesar de las renuencias del ocupante de la casa, el visitante insistió en que no había posibilidad de tratar este asunto de otra manera, ya que “estas cosas no se pueden hacer por teléfono”. De hecho, a pesar de la distancia, mantuvo un tono de voz tan bajo que nuestro hombre, con una leve sordera de oído, tuvo que hacer ímprobos esfuerzos para escucharle. A la conversación no ayudó el hecho de que de vez en cuando pasaban vecinos tan tapados como si fueran a asaltar la diligencia de las tres de la tarde en Wichita.
                -Yo tengo la solución a sus problemas de dinero. Necesito que elimine a un hombre -en realidad empleó un lenguaje más retorcido para exponer esta opción pero, por economía de recursos, nos saltaremos los circunloquios.
                -Ya. Entiendo. ¿No tienen ustedes a gente para eso? Ya sabe, profesionales…
                -Ahora mismo, resulta difícil conseguirlos. Les cuesta viajar… Y, también, muchos han decidido que ahora no es un buen momento para trabajar. Que por ahora es mejor vivir de los ahorros, argumentan.
                -De acuerdo. ¿Cuánto me pagarían?
                -No menos de…. -no vamos a decir cuánto, ni en qué unidades. Se trata de un país imaginario, no lo olvidemos.
                -Y tampoco mucho más de eso, deduzco. Oiga, no conozco las tarifas para esta clase de asuntos, pero esa cifra me parece un robo para un encargo como éste.
                -Si le sirve de consuelo, el delito que va usted a cometer es bastante peor que el robo.
                -Bien apuntado. Aun así,  suena a poco por eliminar la vida del hombre.
                -El mercado está como está. Mandaba entonces, y ahora manda más. Usted necesita el dinero, ¿no?
                -Por supuesto, el mercado. O la ley del más fuerte, si prefiere denominarlo. ¿Y qué se supone que les ha hecho ese buen señor?
                -Es un inspector que quiere prohibirnos que vendamos al mejor postor las mascarillas que tenemos fabricando a la misma gente que antes nos cosía los vestidos para la industria de la moda. Respetando la distancia de seguridad, claro -aclaró el hombre, muy digno-. El tipo quiere que las destinemos a los sanitarios y a la gente vulnerable, el muy imbécil.
                -En lugar de…
                -En lugar de venderlas por un precio razonable…
                -Hombre, conociendo como suele funcionar esto, razonable, razonable…
                -Vale, cincuenta veces más de lo habitual, pero ya se sabe, es el mercado…
-O sea, que quiere que se las deis a quien las necesita, en lugar de a quien pueda pagarlas. Suena hasta lógico.
-Mira, no me quiero meter en cuestiones filosóficas. Nosotros sólo estamos intentando hacer un buen negocio. Es bastante menos grave de lo que vale lo que vas a hacer tú.
                -Os aprovecháis demasiado de la gente.
                -Ni mucho menos. Justo al contrario. ¿No lo has oído? Estamos repartiendo comida entre los del barrio.
                -Estáis distribuyendo las migajas, a cambio de aseguraros la lealtad de la población para que os proteja de la policía. No les dais ni una fracción de lo que os hacen ganar al tolerar vuestros negocios.
                -Inversión empresarial. Somos muy buenos en eso. Como en este caso: yo te pago algo y tu actividad a cambio me proporciona más dinero a mí. Te lo dije, es la ley elemental del mercado.
                -Oye, ¿y no tienes miedo de que me detenga la policía y revele esta conversación que estamos manteniendo?
                -¿La policía? Ahora mismo está a mil cosas. Con un poco de discreción, no se enterarán de nada. De los vecinos, podemos confiar en el silencio habitual. Pero incluso en dicho caso… bueno, si te encierran, puedo garantizar que le llegue la Nutella a tu nieto. Pero si no lo haces, no sé de dónde vas a sacar el dinero…
                El anciano arrugó el ceño, pero tampoco podía replicar mucho. Al final, la lógica de los hechos (o de lo que los hechos le permitían, chantajes mediante) era implacable. El hombre asintió y consintió en llevar a cabo el trabajo que le encomendaban. Recibió la dirección del tipo en cuestión, y se comprometió a llevar a cabo aquel cometido.
                Esa misma tarde, el hombre salió. Iba tapado con un pañuelo hasta casi los ojos. Pasó por el comercio de la esquina a comprar el pan. Así tenía la coartada adecuada. Iba paseando por calles desiertas, pero ni mucho menos vacías. Por un lado, se escuchaba música abundante desde los balcones. Por otro, se tropezaba cestas de mimbre conectadas por una cuerda a los balcones superiores, donde la gente donaba de forma altruista comida a ancianos a los que les costaba mucho salir de casa. El hombre echó un vistazo general al barrio. Se preocupaba especialmente por las prostitutas y otros trabajadores en negro, cuyos ingresos se habían detenido abruptamente. Además, se producían otras consecuencias colaterales. Hubo un momento determinado, unos cuantos años antes, en que, por un evento especial en la ciudad, las prostitutas fueron expulsadas del barrio y llevadas a las afueras, para no incomodar a los turistas. Entonces se descubrió que muchos jubilados estaban muriendo solos en sus casas porque las meretrices eran las únicas que se daban cuenta, cuando los viejos clientes faltaban a su cita semanal, de que les había pasado algo, y avisaban a la policía, el hospital o los servicios sociales. Ahora, se preguntó qué estaba ocurriendo con esos mismos ancianos, ya que ese tipo de actividades estaban prohibidas. El hombre también contempló otras escenas entre delirantes y risibles: un sacerdote imponiendo bendiciones; unos cuantos que era evidente que habían comprado bolsas de repartidor de segunda mano, para así tener una excusa que les permitiera salir a la calle a hacer sus negocios particulares; una pareja de amantes, ambos desnudos, que estaban aprovechando la escasa afluencia de público por la calle para retozar de manera impúdica encima de una estatua de bronce. Observó con alivio que los supermercados habían empezado a reforzar su seguridad para que no ocurrieran los asaltos multitudinarios que habían tenido lugar la semana anterior, pero también descorazonado cómo los objetivos de estos ataques habían evolucionado hacia las personas que salían con el carro de la compra, y que eran desvalijados a pocos metros del local de donde había salido. El contraste de esta situación con la existencia de buenos samaritanos que depositaban comida en las cestas de mimbre, a tan sólo unos metros, le hizo a nuestro protagonista pensar que entre lo mejor y lo peor del ser humano reside muy poca distancia, la que nosotros nos empeñemos en proporcionarle.
                Siguió caminando, atento a que su itinerario pasara cerca de lugares donde se hallaban abiertos establecimientos de alimentación, para que así su coartada se sostuviese. Dos individuos andaban recriminándose Dios sabe qué agravios y lanzándose improperios de balcón a balcón, amenazando con bajar y pegarse si tuvieran la opción, porque si no estuvieran confinados, ay, te ibas a enterar si no estuviéramos confinados. Empezaba a acercarse la hora de aplaudir y cantar desde los balcones. El anciano observaba cómo algunos y algunas se habían ido acicalando con el paso de los días, conforme observaban y eran observados por las personas frente a las que realizaban los cantos y homenajes, al otro lado de la calle. El amor, se dijo el hombre recordando su juventud, que, a pesar de las dificultades, siempre triunfa…
                Por fin llegó al edificio. Ascendió con precaución las escaleras, tratando de no coincidir con nadie.
                Tocó al timbre. Su víctima abrió la puerta sin miedo, después de inspeccionar por la mirilla:
                -¿Tú qué haces aquí?¿No se supone que tenías que estar ocupándote de lo que te encar…?
                No pudo terminar la frase porque el cuchillo ya se había clavado a fondo en su garganta. La mascarilla que se había puesto difícilmente le podía proteger ahora. El anciano caminó encima de su cuerpo, sin fijarse demasiado en los últimos estertores, para entrar en el interior del domicilio. Lo registró con cierto denuedo. Salió con una caja enorme en una mano, y una mochila llena a la espalda. La caja la dejó en la acera, abierta, para que todos pudieran adivinar su contenido. La mochila la llevó caminando hasta el centro de salud más cercano. El contenido era el mismo, claro, pero eso los médicos no podían saberlo.
                -Muchas gracias por tantas mascarillas -estaba claro que preferían no preguntar de dónde las había sacado. A caballo regalado... Menos mal que el anciano se había esforzado mucho en que no cayera, cerca de él mismo, ninguna incriminatoria mancha de sangre-. ¿Hay algo que podamos hacer para ayudarlo?
                -Mire, si pudieran regalarme algo de pan de molde, y unos botes de Nutella…
                Fue una enfermera la que le cedió una bolsa que, aparte de lo solicitado, contenía unos cuantos tipos de alimentos más, incluyendo productos frescos, o algunos que eran más convenientes o más sanos que la Nutella para la alimentación de un niño. La enfermera le deseó mucha suerte:
                -¿Qué es lo que va a hacer ahora?
                El hombre suspiró.
                -Vivir, vivir, si no, ¿qué otra cosa? He sobrevivido a muchas tragedias, tengo gente por la que luchar y, cuando tenga cien años, la situación no será muy distinta. Algún día perderé la batalla, por supuesto… Pero ser el único que saliera victorioso del duelo contra la Vieja Dama no sería justo, después de todo.
                El anciano se marchó. Cuando llegó a casa, su nieto, lozano y ajeno a todo, aplaudió alegre al ver entrar un nuevo bote de Nutella en la despensa.

sábado, 9 de mayo de 2020

El podcast de mayo. Tercera entrega de "El Gato de Hubble" sobre la COVID: <<"Desescalando", que es gerundio y no existe>>



Si en una anterior entrega del podcast de "El Gato de Hubble" estuvimos haciendo predicciones sobre el apaciguamiento/la mitigación/la amortiguación del confinamiento (o, como hemos decidido denominarla todo el mundo, "la desescalada"), éste ya ha empezado en España, poco a poco y por zonas, y ha sido uno de los temas de los que más hemos hablado en el tercer podcast dedicado a la COVID. De hecho, enumeramos las nuevas normativas acerca de los paseos y sobre lo que implican las fases, lo cual os pude ser instructivo para los que el lunes pasáis a Fase 1, y para continuar elaborando planes a los que aún seguimos en Fase 0. Pero también hemos comentado algunos de los últimos descubrimientos científicos sobre el nuevo coronavirus y su modo de actuación, los tratamientos que se están probando ahora mismo para aminorar sus efectos, los métodos que centros de investigación extranjeros están siguiendo para localizar infectados, las consecuencias que está teniendo la epidemia a la escala económica, y cómo todos estos acontecimientos van a modular nuestras vidas. Junto con un servidor, se hallaban cuatro mentes tan agudas como bien informadas, que eran las de Daniel, Adrián, Almudena y Jorge (el equipo habitual al completo de "El Gato de Hubble", reunido al fin), y, como es habitual, aparte de datos que creemos que os pueden ser útiles, intentamos aportar bibliografía interesante no sólo para aprender sino para entreteneros y, como ya parece una nueva tradición, hicimos una porra (en este caso, ¿habrá repunte de la epidemia?) que, más allá del hecho de acertar o no, pretende desdramatizar un poco y también obligarnos a pensar por dónde pueden ir en el futuro los tiros. Sin más preámbulos, os dejo con el enlace al podcast: 

https://www.ivoox.com/egdh-s04e03-covid-19-desescalando-es-gerundio-audios-mp3_rf_50876420_1.html

Nos oímos, nos hablamos, nos leemos. En un futuro, seguro, nos abrazamos. Un saludo.

jueves, 23 de abril de 2020

El podcast de abril: COVID, predicción, y otros virus del montón.

Imagen de la cubierta del virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad conocida como COVID-19, tal y como la ha elaborado el CDC (Control Disease Center, o Centro de control de enfermedades estadounidense). Extraída de Wikicommons.

Las noticias se suceden a toda velocidad. Lo que ayer sabíamos, hoy queda desactualizado antes casi de que podamos discutirlo, pero como en estos momentos de incertidumbre necesitamos la información como el comer, los que tenemos cierta base científica estamos intentando recopilar los datos que nos llegan sobre el nuevo coronavirus y transmitírosla del medio más sencillo y provechoso posible. Hace unos cuantos días, el programa de Radio Gul "El Gato de Hubble", que en su día ya habló de infecciones emergentes (incluyendo el SARS) en un podcast en el que yo mismo participé, se reactivó para discutir lo que hasta el momento se sabía de la COVID-19, durante una charla que resultó muy interesante. Pero como decía, toda información se queda retrasada al cambio de poco tiempo, así que 10 días después se montó otro podcast en el que tuve la ocasión de intervenir junto con tres fantásticos compañeros no sólo sabios sino además majísimos, y en el que hablamos de asuntos apasionantes como las tácticas de confinamiento en otros países, los sistemas tecnológicos de control ciudadano, quién se está saltando las normativas, las posibilidades de reinfección, las medidas que se están poniendo en marcha en los hospitales para mejorar el tratamiento de los pacientes, e hicimos (con el mejor humor del que se puede hacer gala, dadas las circunstancias) una porra sobre cómo y cuándo empezará a modificarse en España el confinamiento. Os presento aquí el programa, que está en Ivoox y al que podéis acceder también a través del Twitter del @gatohubble. Éste es el enlace concreto: 

https://www.ivoox.com/egdh-s04e02-covid-19-parte-2-audios-mp3_rf_50176368_1.html

Y, por otro lado, deciros desde el principio que probablemente éste no será el último podcast que hagamos sobre el tema, vista la rapidez con la que evoluciona el panorama científico respecto al virus y sus consecuencias, y que con casi total seguridad dejarán como erróneas buena parte de nuestras previsiones y aclararán (o embrollarán más todavía) algunas de las hipótesis que en su día enunciamos. Mientras tanto, nos seguimos informando, nos hablamos y nos leemos. Seguimos en contacto.

lunes, 23 de marzo de 2020

Microrrelatos sobre la historia real del mes: El amor en tiempos del coronavirus

Un conjunto de relatos acerca del acontecimiento (cuarentena global por la COVID-19) que estamos viviendo estos últimos días en todo el mundo. Incluye historias de variado pelaje, desde las más costumbristas y en tono jocoso, hasta, al final (no apto para sensibles) las que pueden resultar más complicadas. Como os digo, mi objetivo no es otro que hacernos más llevadero el encierro, mientras nos entretenemos, aprendemos, reflexionamos y, sobre todo, permanecemos en casa haciendo el menor contacto posible (protegiendo especialmente a los más vulnerables, al disminuir con ellos la interacción física). Lo dicho, mucho cuidado, y mucha suerte.


(Historia real que me relató un familiar):
La cajera del supermercado, a gritos:
-¿Qué os pasa?¡Que no vais a poder comer tanto jamás en vuestra vida!¡Que os vais a morir antes de las diabetes y del colesterol que del virus!¿PERO QUÉ HACÉIS?


-No te comas esa fabada, José Carlos.
-Hay que comérselo todo, hay que aprovechar la comida antes de que se ponga mala.
-Que es de lata...
-Pero caduca dentro de un mes. Es mejor aprovechar para luego no tener que racionar los alimentos.
-Que acabas de desayunar...
-El hambre mata más que una epidemia.
-Tranquilo, que de hambre no te mueres... Y, a este paso, del virus tampoco.


-Mira, han estrenado Disney Plus. Luego dirás que no tienen culpa de la epidemia.
-Se supone que tendría que haber salido una semana antes, para la gente que va a estar encerrada.
-¿Qué se supone que debía llegar una semana antes, Disney Plus o la epidemia?
-Ambas.


-Anda que si Hitchcock intenta filmar "La ventana indiscreta" estos días, la historia hubiera dado un juego...


Pues yo no le he cogido rabia a mis vecinos durante el confinamiento. Más bien al contrario, me he enamorado de ellos. De la señora mayor que aplaude a las 8 a rabiar. Del que nos pone música para animarnos (aunque le agradezco que haya abandonado el reggaeton, porque me iba a dar un pasmo). Eso sí, del que he acabado hasta las luciérnagas es del vecino de arriba. Cuando acabe todo esto voy a subir las escaleras, voy a tocar a su puerta y le voy a dar... un abrazo bien gordo, porque lo necesitamos.


El del ramito de violetas durante el confinamiento, estresado no, lo siguiente.


-Acabo de hacer limpieza y he encontrado un billete de lotería sin cobrar, pero todas las agencias de lotería están cerradas. José Carlos, mira a ve qué pone el decreto del estado de alarma sobre eso...


-Joder, esos personajes de las series, qué juntitos que están...
-Fíjate, y lo ven tan normal, como si no hubiera epidemia.
-Hombre, entonces no había epidemia.
-Pero con la de cosas que se podían pegar entonces. Venéreas, la gripe... Qué asco... Lo echo de menos. ¿Nos pegamos un arrechuche?
-Creo que prefiero el coronavirus, José Carlos...


-Lo siento, suegra, está claro que está usted contagiada, hay que aislarla. La encerramos en la habitación, le dejamos comida en la puerta, y no la queremos ver en diez semanas.
-Pero si yo me encuentro perfectame...
-Sshhh, calle, calle, no sea que se transmita por el sonido también.


-Paco, menos mal que en el momento que decretaron la cuarentena estabas aquí y no en casa de tu mujer, ¿verdad?
-Mmmm...
-¿Qué estás haciendo?¿A quién le estás mandando mensajes por el móvil?¿A TU MUJER?¿Y MENSAJES GUARROS?
-Palomita, entiéndeme, es que ahora, con la distancia...
-¡Paco!¿Qué haces con esa maleta?¿Esa no es la que reservabas para nuestros encuentros clandestinos?¿Paco?¡PACOOOO!


-A ver, adónde se supone que va usted.
-Pues a la farmacia, agente.
-Si tiene usted una al lado, ¿qué hace usted yendo en dirección contraria?
-Verá, es que... el farmacéutico de ese establecimiento me puso los cuernos con mi mujer... y me juré a mí mismo... Ay, Dios mío, no puedo seguir...
-Mire, no se preocupe: me hace usted una declaración aquí, especificando, con TODO LUJO DE DETALLES, lo de su mujer y el farmacéutico, y le damos permiso, ¿eh? Usted no se preocupe. Pero todos los detalles, ¿eh?, no se le olvide ninguno.
Aquella tarde, al llegar a casa, al policía le brillaban los ojos:
-No tienes ni idea, cariño, de lo que te traigo hoy...


-Nos queda poca comida en la alacena. ¿Qué quieres de cenar?¿Latas de atún?
-Puf, paso.
-¿Unas legumbres?
-Qué asco.
-¿Tu plato preferido preparado por un chéf estrella?
-Ñññeeee...
-Este chico ya era imposible antes de la epidemia.
-¡Si es que no me das opciones!


-Bueno, ya han pasado 10 meses, puedes parar ya la cuarentena por el coronavirus, ¿no?
-¿Por el qué? Ah, sí, sí, sí... Una pregunta... ¿me puedes recordar por qué era todo esto? Buf, salir a la calle, qué pereza.


-Si no tienes el coronavirus, no eres nadie. Y si después no lo cuentas, tampoco.


-La de historias de asesinatos de jefes de empresa que no permitieron el teletrabajo que va a haber después del coronavirus.
-Qué material para la ficción, ¿eh?
-¿Qué ficción?


Historias de amor de adolescentes en medio de la epidemia: "La Jenni se ha puesto a salir con el Johnathan, que tiene perro y así puede salir más a menudo. Y se ha enterado que Juan Jesús está saliendo a escondidas con la Yoli en la misma franja con los mayores del catorce, en lugar de con su novia Mari Pili, que sólo tiene trece. Tía, que fuerte".


Hay una historia que pocos saben y es que, en una época determinada en los países occidentales, se creía que los libros (y no sólo por su contenido) podían contagiar toda clase de enfermedades. La gente advertía contra las bibliotecas públicas como focos transmisores de infecciones: algunas instituciones se dedicaban a fumigar los libros sin piedad. No se sabe muy bien si se trató de un bulo difundido por comerciantes, que le tenían miedo a que la gente dejara de comprar libros, o si no tuvo nada que ver y fue simplemente un miedo instintivo, en una época donde había frecuentes epidemias, y mucho más desconocimiento sobre cómo se propagaban. Al final, se comprobó que las bibliotecas inducían poco o ningún peligro y se dejaron de implantar esa clase de medidas. Ahora, sin embargo, con el coronavirus, la cosa no está tan clara. A pesar de eso, hay gente que está dejando libros en los descansillos de los edificios de varios pisos. Los prestan con toda clase de advertencias ("Tened cuidado", "Desinfectar primero"), pero de todos modos la gente los coge y los intercambia, porque están ansiosos de lecturas por devorar. Ha ocurrido un caso curioso. Una chica que ha vivido siempre de alquiler, y ha tenido periódicamente que vender o regalar sus libros, porque no podía llevarlos de una mudanza a otra. Resulta que, entre los textos que le han proporcionado sus vecinos, ha encontrado una de las novelas de su propiedad, que hace años almacenaba en sus estanterías. Y sabe que es suya porque, entre dos hojas, ha reconocido un marcapáginas casero que elaboró en un momento determinado y, escrito sobre él, ha leído una nota de su abuela ya fallecida: "Laurita, cómo me entusiasma que leas tantos libros. Ojalá yo pudiera vivir una pasión tan fuerte como tú". Sobre las hojas ha caído una lágrima, que Laura no sabe muy bien si será capaz de desinfectar.


Quién te iba a decir, a estas alturas de tu vida, con tu edad, descubriendo las aplicaciones móviles para ligar. Y de repente me entero que ese señor tan antipático del quinto, ése con que siempre me peleo por las pinzas de la ropa que se caen al patio, tiene los mismos gustos de cine que yo. Ahora hemos empezado a contactar a través de la aplicación y bueno, ligar, ligar... En fin, algún escarceo hemos tenido. Cuando uno no tiene contacto, un poco de vídeo y algo de imaginación no hacen daño a nadie. Pero sobre todo, se preocupa por mí. Me pregunta cómo estoy. De vez en cuando escucho dos toques en la puerta y, cuando la abro, me encuentro un paquete de galletas y una flor. Las desinfecto con lejía, pero no te creas que por eso lo aprecio menos, ¿eh? Esta noche hemos quedado. Me siento como una colegiala. Bueno, te dejo, que me tengo que poner guapa para cuando aplaudamos por el balcón. Ay, qué contenta estoy con esto de la pandemia. Ojalá dure más tiempo...


Lo que no mata engorda, le dijo a su doctor después de la pandemia, con una sonrisa. Y a usted, replicó el doctor, el coronavirus desde luego no le ha matado, señor, pero el confinamiento le ha puesto como una vaca.


Estaba tan solo por el coronavirus que me puse a hablar con mi amiga muerta. Durante horas. Peleábamos. Nos repartíamos las tareas domésticas. Nos besábamos. Lo mismo no estaba muerta. Lo mismo ella, en su casa, estaba haciendo lo mismo.


Escucharon que llegaba la cuarentena y, sin haberse visto en años, se reunieron en su antigua casa, en ese piso que aún seguía vacío, sin habitar. Se llevaron lo imprescindible, porque no necesitaban otra cosa. Se pasaron el día sudándose, agarrándose, apoderándose el uno del otro, atrapándose sin aspirar a escapar. Apenas salían, lo estrictamente necesario para comprar comida y cocinar, que hacían desnudos, pues casi de inmediato tras terminar de comer en silencio -con tan sólo el animal ruido de los cubiertos sobre platos- se lanzaban de nuevo a esa tarea irresistible e infatigable, a la que resultaba inconcebible plantear alternativa pues fuera de ello no había nada más. Se pasaron allí días, semanas, meses, y fue como si sólo transcurriera un acto simple y trascendental. Cuando terminó la cuarentena, empaquetaron de nuevo sus cosas, se dieron un último beso, fugaz, tímido, y se marcharon por siempre jamás. Ahora, en la soledad de sus casas, están deseando que llegue otra pandemia para volver a empezar.


La diferencia entre siglos, milenios, etc, que existe entre la Edad de la Razón, y la Edad de la Oscuridad, es simplemente que tú, o la gente que te rodea, decida que ésta es la Edad de la Razón, o la Edad de la Oscuridad.


"Un muerto es una tragedia. Un millón es una estadística". Frase (¿falsamente?) atribuida a Stalin.


-La cuestión -matizó el filósofo- es que hay que tomarlo con perspectiva. Si es por nuestra seguridad personal, no aceptaríamos vivir en una burbuja, pese a los riesgos, porque entonces la vida sería intolerable. Ahora, sin embargo, vamos a hablar de la gente más perjudicada. Y aquí entramos en una discusión que parece obscena sobre cuánto cuesta una vida humana, pero son decisiones que los médicos y los responsables sanitarios tienen que tomar todos los días. Pues, aunque sabemos que gastamos mucho dinero al año en tener un buen sistema sanitario, lo cierto es que, por mucho que lo digamos, una sociedad no toleraría gastar "todo el dinero del mundo" para salvar una vida. Por poner un ejemplo: no solemos tomar con la gripe todas estas precauciones que efectuamos con el COVID-19 en el invierno de 2020. De acuerdo que es más mortífero y que se trata una situación excepcional, pero la gripe mata 6000 personas en nuestro país todos los años, y disminuiríamos esa cifra si paralizáramos el país como estamos haciendo ahora. ¿6000 personas que morirán dentro de no demasiado tiempo debido a otra enfermedad son muchas o son pocas?; bueno, es una cuestión tan debatible como lo son el número personas que morirán por el coronavirus, de similar perfil sanitario, y ahí entramos en el debate de qué numero resulta razonable. Pero, en realidad, ésa no es la cuestión. La pregunta es, ¿seríamos capaces de hacer esto todos los años por ello? Seguramente no, pero sí podríamos llevar a cabo medidas más factibles: concienciarnos de no contagiar a los más vulnerables, tener cuidado con ellos, no acudir al trabajo si adquirimos una gripe o un resfriado, o lo que hacen en Oriente de ponerse una mascarilla a la mínima para no contagiar. Igualmente, hay muchas enfermedades que podrían curarse si destináramos más dinero a tratamiento o a investigación, y que matan a millones de personas al año en todo el mundo, más seguramente de las que segará el coronavirus en toda su existencia. ¿Detenemos el mundo por ello? No; pero podemos disminuir su velocidad. Destinar más dinero a otras causas. Frenar el ritmo de vida, asumir que tendremos que gastar más dinero, más tiempo y más recursos en esa gente que sufre crisis todo el rato, aunque no sean una emergencia nacional ni llenen telediarios a todas horas y todos los días. Porque las cosas existen sólo si queremos reconocer que se hallan ahí.


Ocurrió que, después de meses y meses de cuarentena, que cuando se confirmó que el COVID-19 no iba a erradicarse por el calor y que no habría tratamiento ni vacuna, la gente decidió, poco a poco, y a pesar del estado de alarma, que no se podía seguir de este modo. Que una vida así no era vida. Por eso, de manera paulatina, salió, y volvió a cumplir una rutina normal. Y se adaptaron a un contexto donde el virus era parte habitual del planeta. Un parásito con el que convivimos de manera perenne.
-¿Sabes?-dijo el escritor-. Muchas veces fantaseé con un mundo utópico donde hubiéramos resuelto muchos de nuestros problemas. Por ejemplo, uno que empleara la tecnología de manera racional y puntual, por ejemplo casi exclusivamente en sanidad o para mejorar la vida de la gente, pero no de manera que contaminara. O, después, conforme reflexionaba sobre los peligros de la superpoblación y del cambio climático, teoricé sobre un sistema donde la gente muriera a una edad determinada, y donde ya lo supieran desde el inicio, sin agobios, sin dramas, para permitir que la gente siguiera naciendo sin llevar este mundo al carajo. Después de todo, vivimos mucho más tiempo de lo que lo hacían nuestros ancestros, hemos superado con creces la edad prevista de supervivencia del ser humano. Claro que no se me ocurría cuál era el método para llevarlo a cabo que no supusiera una interrupción violenta de la vida, algo que fuera inevitable y, al mismo tiempo, aceptable por parte de todos. Pensado a posteriori, claro, un virus se antoja la mejor solución... Pero, ahora que se ha cumplido, y todos morimos a una edad parecida, y hemos garantizado la continuidad de la especie, ya no estoy muy seguro de que esta solución me guste tanto...

Este último relato es una distopía. Casi seguro que tendremos vacuna, más tarde o más temprano -eso, si la inmunidad frente al virus no nos echa una mano antes-, y podremos volver a tener vida normal dentro de unos pocos meses. Mientras tanto, quedaos en casa, extremad la higiene, proteged a la gente vulnerable contactando con ellos lo menos posible (y haciendo que ellos mantengan la distancia social con el resto de la población). Tratad de no ser una fuente de contagio del virus incluso aunque estéis asintomáticos (más aún si tenéis síntomas). Aplaudid a las 22.00 horas por los balcones en homenaje a la sanidad pública. Y mantened la moral alta: aprovechad para hacer todas esas cosas para las que siempre os quejáis que no tenéis tiempo. Un abrazo.

sábado, 14 de marzo de 2020

Las recomendaciones de marzo: otra (más) lista de libros y películas sobre epidemias que no se están destacando lo suficiente

Atención: si durante la cuarentena del coronavirus os desesperáis y no tenéis nada interesante que leer, aparte de los cuentos y post del blog, ofrezco gratis mi novela histórica "Cartago. El imperio de los dioses" (o cualquier texto que me pidáis). Hablad conmigo a través del formulario de contacto (a la izquierda de la página) o en los comentarios de cualquier entrada y yo os lo mando. Pasadlo bien -dentro de lo que cabe- y mantened la moral alta.

Cuando estoy triste o cabreado, me tiendo a refugiar en el humor (en ocasiones, de uno mismo o de la propia situación que me atañe, aunque sea negro), el cine o la literatura. Si ya estáis harto de oír hablar del famoso coronavirus, como puede pasarle a muchos de los lectores de este blog desde España y otras partes del mundo, abandonad este post y coged un buen libro (recomendamos muchos por aquí). Pero si queréis encontrar buenas historias sobre epidemias con las que distraeros en este período de cuarentena obligada o semi-voluntaria, y las que circulan últimamente de manera abundante por otros lares no os convencen ("La peste" de Camus, muy buena pero que no va de enfermedades, y "Contagio" de Soderbergh, tan técnicamente perfecta y realista como aburrida y deprimente), os menciono una serie de libros, películas y capítulos de serie a los que no se les está publicitando tanto y que pueden llamaros la atención. Entre otros:

-"La máscara de la muerte roja": el periodista Guillem Martínez ha sido uno de los que ha mencionado el clásico "Decamerón" de Boccaccio, donde un grupo de nobles y sus acompañantes se alejan de la epidemia de peste a un lugar aislado y se entretienen narrándose cuentos cortesanos. En realidad resulta fácil deducir tras unas pocas páginas que el autor italiano emplea la enfermedad como una vaga excusa para relatar un conjunto de historias sobre temas esencialmente mundanos y frívolos. Como podéis ver, todo muy burgués y clasista, propio de un grupito de aristócratas que huyen adonde no pueden hacerlo los pobres, y creen que la epidemia no les alcanzará (o, en todo caso, que es mejor que el fin del mundo les pille riendo). El cuento "La máscara de la muerte roja", de Edgar Allan Poe, reincide en esa idea, pero le da una vuelta de tuerca a partir de la mentalidad circular que en aquella época impregnaba un cerebro de Poe que se hallaba empapado hasta las cejas de opio. Por cierto, que aparte de la traducción probable de Cortázar que encontraréis por ahí, hay una adaptación al cine de Roger Corman (un clásico del terror de serie B setentero) con Vincent Price (otro clásico) como protagonista pero, como suele ocurrir, es difícil igualar el toque del original.

-Si Guillem Martínez menciona "Guerra Mundial Z" como paralelismo con la situación actual y sus posibles resoluciones, y a riesgo de repetirme porque ya lo he mencionado alguna vez en redes sociales, en este podcast de "El gato de Hubble" que proporcionaba mucha información sobre epidemias hablábamos de libros como "El último hombre" de Mary Shelley, películas como "Estallido" (donde la cosa se lía porque nadie le hace caso al científico, como pasaba en "El origen del planeta de los simios"; así que, ¡haced caso a los científicos, que son los que saben, y no a los bulos que corren por Whatsapp!), "And the band played on" (sobre el rastreo de los primeros pacientes afectados de SIDA), y por supuesto las mucho más comerciales "Soy leyenda", "28 días [y semanas] después", "12 monos", "Guerra Mundial Z" y "Contagio" también. De paso se nos fue la olla divagando sobre muchísimas cosas acerca de enfermedades, y de otras que no lo son tanto. Por cierto, hace poco el periodista Pedro Vallín (autor del libro que tengo pendiente, "¡Me cago en Godard!"), decía que esta situación le recuerda a "Shin Godzilla", pero a mí, tal como está la cosa, veo más paralelismos con "El incidente" de Shyamalan.

-Ya que entramos en el tema zombie y de ciencia ficción, e intentando no hacer spoilers -¡atención, si la serie os interesa saltaos tres líneas!-, el último capítulo de la tercera temporada de "El Ministerio del Tiempo" trata de cómo los viajes temporales pueden influir en las enfermedades (aunque también hay una referencia clave a la gripe española, si no cito mal, durante la segunda temporada). Hay un par de libros dedicados al este sugerente tema, pero como no los he leído, no me atrevo a recomendaros directamente. Por otra parte, si "Pandemia" de Robin Cook ahora sale en la lista de los más recomendados (no confundir con la de serie documental Netflix, que por lo visto ha aparecido por casualidad -¡de veras!- en la fecha de expansión del virus, y que según dicen es un ensayo médico muy serio), su colega de profesión el también escritor y médico Michael Crichton escribió "La venganza de Andrómeda" sobre un virus extraterrestre que empieza a pulular sobre la Tierra después de que un grupo de simpáticos pueblerinos estadounidenses decida abrir un satélite caído del cielo casi literalmente a martillazos. Enternecedor.

-Siguiendo con las series, "House", cómo no, tiene varios capítulos dedicados a epidemias, pero uno en concreto (creo haber confirmado que era el cuarto de la primera temporada, "Maternidad"; pero justo en el momento en que escribo estas líneas se me hace difícil encontrarlo) detalla los mecanismos por lo que puede transmitirse una enfermedad contagiosa por vía aérea: un conocimiento muy útil ahora que estamos en esa delicada fase de #Frenarlacurva del COVID-19, y debemos tratar de expandir el virus lo menos posible.

-"Ensayo sobre la ceguera", por supuesto, de Saramago, es ya un clásico moderno de estas latitudes (ello no evita que sea absolutamente recomendable), aunque la historia trate menos de las epidemias, como fenómeno médico, que de las consecuencias humanas que surgen a raíz de las mismas. Por cierto que, hasta cierto punto, "Las intermitencias de la muerte" es una continuación que tiene muchas derivadas apasionantes, aunque esta vez sobre el fenómeno contrario: nadie consigue morir. Tened cuidado con lo que deseáis...

-Y para terminar, cómo no, un clásico: "Frankenstein de Mary Shelley", de Kenneth Branagh, donde el director británico se toma la licencia (que yo sepa, no está en el libro original, por supuesto maravilloso) de incluir un brote de cólera que aprovecha el Dr. Frankenstein para llevar a cabo sus experimentos, y que a mí me recuerda más que ninguna otra narración a estas épocas medievales donde las epidemias desestructuraban la civilización y el caos provocaba más víctimas que la propia enfermedad (un ejemplo que suelo poner a menudo: dicen que buena parte de los leprosos desaparecieron tras la epidemia de Peste Negra porque se murieron sus cuidadores, y los enfermos se quedaron encerrados en las leproserías sin que nadie viniera a atenderlos). Así que recordad siempre que, si hay algo peor que lo que genera miedo, es el propio pánico. Por lo tanto, cabeza fría, seguid las recomendaciones de los médicos, no contagiéis mucho, y permaneced en casa. Nos vemos próximamente, sin duda vivos y sanos.

Un abrazo (os quiero a todos: de verdad, cuidaros mucho, y cuidad sobre todo a los más vulnerables entre los vuestros) y mucho ánimo también.