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lunes, 16 de febrero de 2026

El documental y la historia real de febrero: la vida del estafador, "espía" y "rey de Andorra", Boris Skossyreff

Hoy nos vamos a meter con las andanzas de un personaje singular. Un hombre del que quizá hayáis oído hablar alguna vez, pero, ¿de cuál de sus versiones?¿De la que describen los archivos, de la que otros contaron de oídas, o de la boca de él mismo, con una realidad fluida y cambiante? Boris Skossyreff, según a quién le preguntas, fue espía, agente nazi, aristócrata, estafador y hasta, durante 10 días, rey de Andorra. A lo largo de los años, diversos artículos han tratado de contar su vida, de forma no siempre correcta, porque él mismo se encargó de enterrar ciertos hechos, y de destacar en cambio otros que nunca tuvieron lugar. El reciente documental "Boris Skossyreff. El estafador que fue rey" (hoy en Filmin), que cuenta con la peculiaridad de aportar numerosos testimonios, incluyendo de personas que le conocieron y de altas personalidades andorranas, viene a aportar algo de luz sobre el asunto, aunque seguramente también podáis encontrar varios libros muy completos sobre el tema.

El punto de partida es aparentemente sencillo: Boris había nacido en 1896, y su familia formaba parte de la pequeña nobleza rusa. El problema fue que llegó la revolución bolchevique, y se vio obligado a exiliarse. Boris tenía bien claro que era de origen noble, y que quería seguir manteniendo ese modo de vida y ese estatus: no le apetecía trabajar, era muy bueno para los idiomas, pero sobre todo, tenía una labia por la que era capaz de convencer a casi cualquiera de cualquier cosa. Así que Boris empezó a vagar por media Europa otorgándose títulos y cargos (auténticos o no) y extendiendo cheques sin fondos. Se pasea elegantemente trajeado, con gustos caros, modales de bon vivant, y un permanente monóculo en el ojo. Es particularmente seductor con las mujeres, lo cual le aporta buena parte de su éxito. De vez en cuando, le quitan la careta, pero breves estancias de cárcel o la huida a otra parte le solventan el asunto. El documental detalla cómo Boris es capaz de aprovecharse de los errores y los detalles del sistema para jugar con sus pasaportes y conseguir que la realidad siempre parezca más bonita que la que es.

Luego viaja a Mallorca: se codea con millonarios, coquetea con las drogas, establece relaciones. Probablemente allí tiene su primer contacto para los servicios de espionaje alemán. A pesar de todo lo que Boris exageraría a posteriori su labor (llegó a decir que descubrió el secreto de la bomba atómica aliada en Yalta, y que fue a advertírselo a Hitler al búnker, lo cual le condujo al suicidio), probablemente su aportación fue bastante discreta. Lo sorprendente es que, parece ser, le apoyaron en sus planes para Andorra. Boris tenía una idea visionaria para el principado (todavía hoy, co-dirigido por turnos entre el obispo español de Urgell y el presidente de la República Francesa): pretendía crear un casino, una estación de esquí, y un sistema financiero similar al paraíso fiscal suizo. Todas ellas ideas que se harían realidad en las décadas siguientes, pero que Boris quería acelerar, colocándose a él mismo como rey.

En Andorra, adonde viaja con un par de sus amantes, al principio le toleran, pero al final le mandan a paseo por sus excesos (su comportamiento es errático, llegando a la violencia en ocasiones). Es entonces, desde su "exilio" en L a Seo de Urgell, donde monta un entramado mediático durante el cual consigue que periódicos europeos y norteamericanos se interesen por su reclamación al trono de Andorra. Hay que reconocer que se lo trabaja: se autoproclama rey, redacta una Constitución, y hasta declara la guerra (una en la que no se dispara un solo tiro) al obispo de Urgell. El documental es particularmente gracioso cuando habla de los otros aspirantes a ese hipotético trono, y también se empeña en desmentir un mito que yo mismo había leído en algún artículo: es falso que dos guardias civiles entraran en Andorra para deponerle después de 10 días como rey, en lo que se supone que es la única invasión que Andorra ha sufrido desde España. La realidad es más prosaica, como suele pasar con Boris: la guardia civil le detuvo en La Seo de Urgell y, después de varias carambolas, le expulsa a Portugal.

Desde entonces, las andanzas de Boris se vuelven bastante penosas. Viaja a Francia, pero justo estalla la Segunda Guerra Mundial, y al aristócrata ruso caído en desgracia le internan en un campo de prisioneros para extranjeros. Es entonces cuando utiliza su labia y su dominio de los idiomas para trabajar para los nazis como traductor, incluso yendo a parar al frente ruso. No queda claro si Boris llegó a ser sinceramente nazi (está claro que racista era, pero eso casa con el resto de su carácter) o si sólo fue una escalada más en su incansable promoción de sí mismo. En un extraño movimiento, pasa a la zona soviética, donde sus mentiras no surten el efecto deseado y le condenan a un gulag. Hay que decir que Boris, incluso encerrado, era inasequible al desaliento: en los campos de prisioneros más suaves, conseguía que le excluyeran de trabajar o de comer con los otros presos, logrando que le llevaran a restaurantes "por su condición médica". E, incluso, cuando la cosa se pone más dura y le fuerzan a doblar el lomo, no tiene inconveniente en mantener puesto el traje mientras cava con una pala o limpia letrinas. Un noble ante todo, como trataría de recordarse a sí mismo. En ese sentido, las fotografías reales y las teatralizaciones de la realidad efectuadas en el documental generan visiones impagables.

Boris se ve favorecido por los acuerdos de reconciliación entre la Unión Soviética y Alemania y, a partir de 1956, vive en Alemania. La última parte de su vida tampoco tiene desperdicio: romances aparentemente imposibles con mujeres (a veces misteriosas) que le protegen, exageración de sus hazanas pasadas (con publicación de su bastante "creativa" autobiografía incluida), y una capacidad incansable de que su propia realidad, independiente de la del resto del mundo, flotara por encima de los hechos. Como os digo, es otro aspecto más por el que bucear en este documental. Sobre todo si os pasa como a mí, que cada vez que leo algo nuevo sobre este individuo lo tengo que devorar, porque nunca sabes del todo la verdad, y ni un ápice tiene desperdicio.

Boris corresponde a ese tipo humano tan abundante que hemos visto en otras ocasiones: mentirosos patológicos, gente que se cree sus propios embustes, y que consigue movilizar al mundo alrededor de ellos. Muy tóxicos en la vida real, gente de la que debes mantenerte alejado en tu día a día, pero muy simpáticos cuando lees sobre ellos en la ficción o en los textos históricos. Villanos encantadores. Y hay que decir que, en ese sentido, Boris era particularmente un maestro.

Posdata: uno puede preguntar qué demonios pintaba Andorra en la Segunda Guerra Mundial, y por qué iba a interesarse Alemania por un país tan pequeño. Andorra, precisamente por sus características fronterizas, constituía un punto clave, ya fuera para el contrabando, el tráfico de divisas, o el tránsito de personas, y tiene una turbulenta historia de espionaje e infiltración durante esta época. En realidad, cualquier movimiento que sirviera para desestabilizar a Francia se consideraba bienvenido en Alemania, así que no es extraño que favorecieran, a cambio de un presupuesto mínimo, iniciativas como la de Skossyreff, que promovían la independencia de Andorra. De hecho, gente que por aquella época buscaba una mayor autonomía del co-principado ha sido acusada, con razón o sin ella, de trabajar para los germanos. Eso sí, hay que recordar que Andorra fue también una importante ruta de evasión de quienes huían de la Europa nazi. Porque ante cada fascismo existe siempre su resistencia que precipita su final: nunca olvidemos eso.

lunes, 19 de enero de 2026

La historia real de enero: los náufragos olvidados de Tromelin

Es posible que hayáis leído esta historia en más de un sitio, como me ha ocurrido a mí, pues el relato de cómo sesenta esclavos africanos son abandonados en una isla desierta sin apenas recursos ni agua potable durante quince años es como para conmover a cualquiera. Pero cada una de esas narraciones carece de una parte interesante de la crónica completa, así que he decidido plasmar la versión que considero más completa por aquí, en un blog que, al fin y al cabo, es sobre todo para divertirnos, aunque sea mediante un acontecimiento tan ominoso.

Ubicación de la isla de Tromelin (según Google Maps).

Nuestra historia tiene lugar en la isla de Tromelin, que pertenece al grupo denominado "las islas dispersas del Oceano Índico", un grupo de islas en su mayoría deshabitadas (Tromelin es la excepción) situadas entre Madagascar y África que, aún hoy, pertenecen a Francia. Tromelín -la cual, en concreto, está situada al este de Madagascar- es bastante pequeña: el tamaño es de alrededor de 1700 metros de largo (algunas fuentes lo amplían a 4 km; de todos modos, ya sabéis que es fácil que la extensión de estas islas cambie según los ciclos de marea) por 700 de ancho. Durante mucho tiempo estuvo poblada principalmente por meteorólogos, pero ahora sólo existe una guarnición de 15 soldados que la protegen. Eso sí, en la época que nos ocupa no habitaba nadie allí, y de hecho, ni siquiera se llamaba Tromelín, sino Île des Sables (isla de arena) porque, bueno, allí no hay mucho más, la verdad. Y ése iba a ser uno de los grandes problemas.

Isla de Tromelin. Fotografía de la NASA, extraída de Wikicommons.

En 1760, parte del puerto de Bayona (Francia) el barco L'Utile, que debía dirigirse a las factorías francesas en la India, previo paso por la isla Mauricio y, antes por Madagascar, con una tripulación de 142 hombres. Pero, en esta última isla, el capitán Jean de la Fargue decide hacer un negocio adicional y comprar 160 esclavos. El problema no es que adquiriera esclavos (porque en aquella época, estaba permitido en buena parte del mundo), sino que en Francia éste era un negocio que era monopolio del estado, así que, propiamente, aquel acto era ilegal, ya que carecían de los permisos apropiados. Por eso, para que no les detecten, el capitán decide ir por una ruta alternativa a la tradicional: la tragedia reside en que tenían dos cartas marítimas contradictorias, hacía mal tiempo (era invierno en ese hemisferio), y la navegación nocturna en aquella era no era una ciencia exacta, así que acabaron embarrancando con los arrecifes de Tromelin y el barco se fue a pique.

En un primer momento, la mayoría sobrevive. Las cifras de las distintas fuentes varían (entre 0 y 20 fallecidos en la tripulación, entre 70 y 100 entre los africanos), pero la clave aquí fue que, como el L'Utile no era un barco de esclavos, éstos no iban encadenados, y los que no estaban encerrados en la bodega pudieron nadar hacia la orilla. Claro que cabría preguntarse quiénes lo iban a pasar peor.

Como consecuencia del naufragio, el capitán pierde la cabeza, y es el segundo de a bordo, Barthelemy Castellan du Vernet, quien se hace cargo de la organización para la supervivencia. Sacan todo lo que pueden del barco hundido (comida y agua, velas, madera del propio navío) y crean dos campamentos -uno para la tripulación y otro para los esclavos, que para todo hay clases-, una fragua, un horno y un pozo. Es sorprendente que los africanos colaboren activamente en todas estas labores, a pesar de que los suministros los gestiona la tripulación, mientras que los esclavos se tienen que buscar la vida (de hecho, parece que 20 de ellos murieron por falta de agua). Entre todos, sobreviven comiendo tortugas, aves marinas y pescado. Además, construyen un barco para salir de allí; lo terminarán en septiembre de 1761, lo bautizarán como Providencia, y en él se embarcarán los miembros de la tripulación, dejando a unos 60 esclavos de origen malgache abandonados a su suerte. Eso sí, les prometen que van a regresar para salvarles; la gran motivación que encontró Castellan para que los africanos trabajaran en la construcción del bajel fue ese juramento, y también que les firmaba un escrito que les liberaba de la esclavitud cuando volvieran a tierra. Queda a vuestro parecer imaginaros la cara de esos esclavos, y si reflejaban escepticismo ante la posibilidad de cumplimiento de esa promesa.

Cuando llegan a Mauricio (entonces llamada "Isla de Francia"), es verdad que la tripulación le pide al gobernador de la isla que mande un barco de rescate, pero éste se niega por tres motivos: 1) le había molestado mucho que compraran esclavos de manera ilegal, y quería castigar a los marineros de L'Utile -fastidiando con ello a los náufragos malgaches: todo un clásico-; 2) adujo que estaban en medio de la Guerra de los Siete Años con Inglaterra, que no podía prescindir de un barco en un momento como aquel, y que, si rescataba a los africanos, eso suponía 60 bocas más que alimentar en tiempo de guerra; 3) aunque no lo dijo abiertamente, el hecho de que fueran africanos negros algo debió de pesar. Castellan insistió activamente en que debían mandar un barco, e incluso parece que trató de organizar varias expediciones de rescate, pero ninguna de ellas fructificó (según una fuente, llegó a mandar hasta tres barcos, pero las cartas náuticas eran tan malas que nunca conseguían localizar la isla). Al final, Castellan marchó a París, donde siguió insistiendo en su petición, lo cual generó cierto debate entre los círculos intelectuales de la capital. No obstante, las preocupaciones de la Guerra de los Siete Años (y el hecho de que quebrara la Compañía Francesa de las Indias Orientales, propietaria de L'Utile) hicieron que los franceses se olvidaran de esos pobres individuos perdidos en una isla situada a 450 km de la tierra habitada más próxima. Prácticamente todos les dieron por muertos; pero los más afortunados (es un decir) sobrevivieron allí hasta 15 años.

En la isla, como hemos dicho, no había prácticamente nada: de hecho, sólo crecían 2 ó 3 árboles (palmeras y cocoteros) y unos cuantos arbustos. Pero entre eso y la madera que les quedaba del barco, los esclavos construyeron una hoguera se mantuvo encendida de manera ininterrumpida todo el tiempo que estuvieron allí -aunque las evidencias arqueológicas dicen que utilizaron herramientas para reavivarlo-. Emplearon elementos de cobre del barco para construir recipientes con los que recoger el agua de lluvia; y entre los corales y las piedras de la arena crearon refugios en los que protegerse de las inclemencias del tiempo y los ciclones, o de las inundaciones que podían llegar a cubrir toda la isla. Hay que decir que estos malgaches eran de la parte central de la isla de Madagascar, así que no eran precisamente duchos en el arte de sobrevivir mediante recursos costeros: pero cazaron tortugas, aves y pescado para alimentarse, trenzaron plumas de pájaros para vestirse, e incluso renunciaron a sus principios religiosos (que les impedían usar piedras para ninguna otra cosa que no fueran tumbas) porque, cuando se trata de sobrevivir, hay que mostrar cierta flexibilidad. Algunos intentaron construir balsas o incluso se dejaron llevar por maderos a la deriva: ya os podéis figurar cuál fue su destino.

Entre tanto, tres fueron las veces que pasaron navíos cerca de la isla. La primera, un barco que pasó en 1773, los avistó, pero no se detuvo, aunque avisó a las autoridades de que allí había gente, así que enviaron un buque que por lo visto no llegó a a isla, y no se hizo mucho más. Más de un año después, se fletó un segundo barco, La Sauterelle, que no pudo aproximarse tampoco a Tromelin por el mal estado de la mar, pero mandó un marino en un bote. El bote quedó destrozado por las olas, y aunque el marinero logró llegar a la isla a nado, La Sauterelle fue definitivamente incapaz de acercarse, con lo cual la isla contaba ahora con un náufrago más. No sabemos cuánta gente quedaba por allí todavía (por lo visto, la mayoría de los esclavos murieron durante los primeros meses), pero el marinero consiguió que le ayudaran a construir una balsa, y él, junto con otros tres hombres y mujeres, partió a la mar. Sorprendentemente, parece que el barco llegó hasta Mauricio, lo que causó gran sensación, e hizo que se fletara con toda la rapidez posible un barco de guerra para el rescate definitivo.

Al mando de este barco, La Dauphine, iba Bernard Boudin de Tromelin (a partir de entonces, la isla lleva su nombre), que encontró a los supervivientes: aunque la fuente más completa dice que fueron hasta 14, la mayoría dicen que eran 8, 7 de ellas mujeres, y un bebé de 8 meses nacido en la isla, el único en toda su historia. Se les llevó a Mauricio, donde el nuevo gobernador decretó su libertad y les dio la posibilidad de regresar a Madagascar, que todas las supervivientes declinaron. Además, el gobernador, Jacques Maillart, adoptó al bebé, al que puso de nombre Jacques Moyse (por Moisés, "rescatado de entre las aguas"); a la madre del mismo -llamada en malgache Semiavou, "alguien que no está orgulloso"- le cambió el nombre a Eva; y a la abuela, Dauphine, por el nombre del barco de rescate. Toda la familia fue acogida en casa de Maillart durante el resto de sus vidas.

El caso de Tromelin tuvo sus consecuencias. El pensador Nicolás de Condorcet utilizó el ejemplo de estos malgaches en sus "Reflexiones sobre la esclavitud de los negros" para promover la abolición de la esclavitud, que se lograría con la Revolución Francesa (aunque Napoleón la volvió a imponer en cierto momento; fue ya avanzado el siglo XIX cuando se abolió en todos los territorios franceses). Por otra parte, en la isla de Tromelin -donde ahora hay una estación meteorológica y una pista de aterrizaje- ha habido hasta cuatro expediciones arqueológicas promovidas por la UNESCO para tratar de descubrir a fondo lo que ocurrió durante esos 15 años: han encontrado, entre otros objetos, el diario de un tripulante, útiles de cocina (y la cocina), una piedra usada para afilar los cuchillos, algunas tumbas, y, en fin, la firme demostración de que la voluntad del ser humano para sobrevivir se obstina en mantenerse viva a pesar de las visicitudes.

Fotografía de Lauren Ransan mostrando restos arqueológicos encontrados en la isla. Extraída de Wikicommons.

En fin, como veis, una historia apasionante, de las que evoca el espíritu aventurero. Aunque espero que, si alguna vez tenéis la ocasión de visitar esa zona, sea en mejores circunstancias.

lunes, 15 de diciembre de 2025

La historia real de diciembre: Maximiliano y Carlota

Sobre esta historia se han escrito libros, se han hecho películas y, si las plataformas digitales son un poco listas, harán una serie de televisión, porque hay material para contar largo y tendido. Pero digamos que me he ido a tropezar con ella en mi visita a Trieste, y tenía que compartirlo con vosotros. Así que, aunque seguramente la mía no es la versión mejor elaborada ni más completa, aquí os dejo mi visión de lo que les aconteció a Maximiliano de México y su esposa Carlota.

Unos jóvenes Maximiliano y Carlota, retratados por el fotógrafo Louis-Joseph Ghémar

El palacio de Miramar es un lugar curioso. Tiene una larga tradición de gafe. Para empezar, se encuentra en un bucólico asentamiento pegado al mar (todas las habitaciones tienen vista al Adriático) y relativamente cerca de Trieste, la menos italiana de las ciudades de este país: una urbe que alcanzó su apogeo cuando era el único puerto del Imperio Austrohúngaro, pero que, ahora, es una más entre las ciudades costeras transalpinas, y echa de menos los tiempos de su dorado esplendor. Pero es que, además, Miramar tiene la leyenda de tratar mal a los que pernoctan entre sus muros. Así, Jan Morris describe en "Trieste o el sentido de ninguna parte": "La emperatriz Isabel de Baviera [Sissí emperatriz], consorte de Francisco José, se hospedó allí con frecuencia y terminó muriendo apuñalada en Ginebra. Carlota [sí, esa misma Carlota; luego hablaremos de eso] vivió allí brevemente y al final perdió la cabeza. El káiser alemán Guillermo II se quedó allí en una ocasión y muy poco después tuvo que renunciar a su trono. El primer rey de Albania pasó allí unas cuantas noches y su trono tan sólo duró seis meses. El duque de Aosta zarpó desde Miramare para convertirse en el virrey italiano en Etiopía y jamás regresó a Italia [murió de malaria y tuberculosis en una cárcel de Nairobi]. Cuando el general británico Freyberg escogió este emplazamiento como cuartel general al término de la Segunda Guerra Mundial, optó por ir sobre seguro y durmió en el jardín; pero uno de sus sucesores estadounidenses desafió a la superstición y murió en Corea, y otro falleció en un accidente de coche a su vuelta a Trieste desde los Estados Unidos".

Vista del palacio de Miramar (Miramare en italiano) en Trieste. Fotografía del autor.

Pero, sin duda, la peor fama de gafe le viene a Trieste de su habitante más ilustre, Maximiliano de Habsburgo. Maximiliano estaba destinado a ser uno más de los herederos de la casa de Hagsburgo que pululaban parasitando del Imperio Austro-Húngaro, una amalgama de naciones mezcladas a disgusto, que reventó del todo tras la Primera Guerra Mundial. De hecho, Maximiliano era el hermano menor de Francisco José (sí, el simpático emperador de las patillas que todo el mundo asocia con los últimos días de esplendor del Impero en Viena; sí, el marido de Sissí, quien se lo robó a su hermana, por cierto), y le tocó ser virrey del reino de Lombardía-Véneto. Pero como los italianos (qué raro) no estaban conformes con formar parte del Imperio Austro-Húngaro, se rebelaron, y al ser considerado Maximiliano muy blando frente a sus súbditos, se vio obligado a dimitir, después de haber comprobado cómo, a pesar de sus esfuerzos por mejorar la vida de los habitantes de su reino, ni estos últimos le apreciaban, ni tampoco su familia, que básicamente le permitió únicamente ejercer un ingrato papel de rey-títere.

Fue entonces cuando Maximiliano se refugió en los viajes, en Carlota y en el palacio de Miramar, donde residía. Con Carlota se había casado un tiempo antes, y ella -mujer de múltiples intereses, incluyendo bastante habilidad con la pintura- le había intentado ayudar en las tareas de gobierno (como toda una primera dama, se había vestido de campesina tirolesa como iniciativa para congraciarse con la región de Lombardía-Véneto). El príncipe austríaco compartía con su esposa la pasión por la botánica, que ambos cultivaron en su inmenso jardín en la finca de Miramar, palacio perennemente en construcción. De hecho, si a Maximiliano le hubieran dejado, probablemente hubiera sido feliz desarrollando su biblioteca sobre plantas, una de las mejor surtidas de la época. Hasta viajó a Brasil en expediciones que tenían como función ampliar su conocimiento y conocer nuevos ejemplares exóticos. Sin embargo, Maximiliano y su mujer ambicionaban un papel más activo en la política y, como suele decirse, cuando los dioses quieren reírse de ti, se dedican a atender tus peticiones.

Biblioteca del palacio de Miramar.

En México, las cosas andaban revueltas desde que habían decidido independizarse de los españoles. El país se hallaba sometido a constantes guerras civiles. En medio de todo esto, Napoleón III, emperador de Francia (por si os lo preguntáis, era heredero de Napoleón Bonaparte, aunque en realidad sólo eran familia política; cómo llegó a tener trono en el país galo es una larga historia), ve que México acumula demasiada deuda con Francia y decide que la mejor manera de cobrársela es intervenir militarmente y apropiarse del país. En medio de los enfrentamientos intestinos entre facciones, los conservadores mexicanos se alían con él (no así los liberales, centrados alrededor de la figura de Benito Juárez). Así que, aunque Napoleón III tiene un país en guerra, decide que al frente tiene que poner un rey. Y no se le ocurre mejor candidato que Maximiliano, al que ha conocido personalmente y del cual admira sus cualidades.

Para la pareja, es el destino que han estado buscando. No tienen en cuenta su experiencia previa con súbditos que no se sienten representados por gobernantes extranjeros, ni con lo difícil que es controlar un país cuando tu poder depende completamente de lo que te proporcionen otros. Desdeñan los posibles inconvenientes que se van a encontrar. Cuando llega la embajada mexicana, ésta les explica que la nación está entusiasmada con la posibilidad de que Maximiliano sea su rey, y que le aclamarán sin duda al llegar al país (sin revelar que la figura de Maximiliano apenas la conocen unos pocos mexicanos), así que el matrimonio se deja seducir por los cantos de sirena. Maximiliano exige que, en algún momento, su posición se respalde con un referéndum popular, aparte de garantías financieras y militares; la embajada, por supuesto, se pliega y dice a todo que sí, con esa doblez característica del lenguaje de los embajadores. Así, los nuevos consortes reales parten del castillo de Miramar, que como pareja nunca llegarán a ver terminado del todo, y se embarcan hacia la aventura. Atrás quedarán las paredes del palacio, tapizadas con el lema "Equidad en la Justicia", el emblema de Maximiliano como emperador de México, y con varios cuadros que representan la historia de la embajada y la partida de Maximiliano a tierras lejanas.

La comisión mexicana que invita a Maximiliano de Habsburgo a ocupar el trono de México en Miramar (Cesare Dell'Acqua). Exhibido en el Castillo de Miramar.

Una vez en México, el matrimonio de verdad lo intenta. A pesar de que las cosas no son tan bonitas como se las pintaron (el palacio donde querían instalarles estaba infestado de chinches, y deciden cambiar de residencia), Maximiliano acomete cambios que pretenden convertir a su nuevo imperio en un país más justo y próspero. Restringe el tiempo de la jornada laboral, abole el trabajo infantil y los castigos corporales, cancela las deudas de los campesinos si son mayores de diez pesos, promueve reformas agrarias (aún en contra de lo que desean los aliados que le han puesto en el trono), promueve la libertad religiosa y que el derecho a voto le sea otorgado a mucha más gente... Carlota, mientras tanto, le auxilia en todo. Hasta cuando su marido marcha de viaje por tierras mexicanas, ella queda como regente, de tal modo que, hoy en día, se la reconoce como la primera mujer gobernante de México. Si bien las relaciones entre la pareja, para entonces, ya eran distantes (se habían alejado desde los tiempos en que vivían en Italia; además, por lo visto, Maximiliano quedó demasiado seducido por la hermosura de las mujeres mexicanas), a nivel político siguieron siendo estrechos colaboradores. Quizá el problema público más notorio fue cuando Maximiliano, visto que no tenían hijos, decidió adoptar como heredero a un descendiente del primer intento de casa real mexicana, para gran disgusto de Carlota. Sin embargo, problemas más acuciantes les aguardan.

Lema del 2º Imperio Mexicano, "Equidad en la justicia", mandado iscribir por Maximilano en las paredes del Palacio Miramar.

Porque las bienintencionadas reformas de Maximiliano no pasan de la escasa cuadrícula de terreno que han conseguido conquistar las tropas francesas (mandadas por Napoleón III), belgas (gracias a el apoyo de la familia de Carlota) y austríacas (también la familia de Maximiliano desea echar una mano), junto con unos pocos soldados nativos. Y, poco a poco, esa entente militar empieza a desvanecerse. La aventura mexicana gasta mucho dinero, obtiene muy pocos resultados, y tiene a la opinión pública de todos los países implicados en contra. Poco a poco, los gobernantes europeos dejan de interesarse por el proyecto, y dejan a Maximiliano abandonado a su suerte. Éste se da cuenta de que el suelo se sostiene frágil bajo sus pies, y sopesa seriamente la posibilidad de abdicar. No obstante, se impone el sentido que Maximiliano tiene de la responsabilidad que ha contraído; mientras, Carlota marcha a los países europeos a recabar ayuda para su proyecto y, en último término, para salvar a su marido. Durante su periplo, ejerce de diplomática en Viena, en París, y también en el Vaticano, donde (aún hoy) es la única mujer que ha dormido en la Santa Sede.

Por desgracia, todas las gestiones son infructuosas. Maximiliano cuenta con un raquítico ejército que nada puede hacer frente a las tropas de Juárez. Finalmente es capturado, juzgado y condenado a muerte. A pesar de las múltiples peticiones de clemencia que llegan del otro lado del Atlántico (por ejemplo, por parte del escritor Víctor Hugo), la sentencia se ejecuta en forma de fusilamiento, retratado de manera muy conocida por Manet en una serie de pinturas. Es curiosa la colección de reliquias que hay alrededor de Maximiliano: el sombrero con el que murió se conserva en un museo en Padua, gracias a la donación de un amigo cercano; un tesoro azteca que había acabado en Austria fue devuelto a México, a petición del nuevo emperador, y hoy se exhibe en un museo; y, por otra parte, muchos de los presentes en el fusilamiento bañaron sus pañuelos en sangre de su cuerpo recién acribillado, no se sabe si para tener un recuerdo o para venderlo al mejor postor. Lo cierto es que esa sangre, presuntamente, se ha utilizado para análisis de ADN en casos de duda sobre parentescos monárquicos.

El final de todos los protagonistas de esta historia es aciago. El cadáver de Maximiliano se embalsamó de mala manera (los pelos de su barba fueron vendidos por ochenta dólares) y, cuando el emperador Francisco José reclamó su cuerpo, después de muchos dimes y diretes, se realizó una operación para adecentar el cadáver que incluyó cambiarle los ojos por los de una talla de una virgen y añadirle una barba postiza. Por suerte, el féretro se selló antes de su llegada a Austria para que no pudieran verlo sus familiares (porque vaya cuadro...).

Mientras tanto, Carlota de Bélgica estaba siendo consumida por la locura. Ya le había afectado cuando estuvo en Roma, negociando con el Papa (pensaban que querían envenenarla, y sólo bebía agua de las fuentes públicas de la ciudad) y, con el fusilamiento de su marido, la cosa sólo fue a más. Las razones por las que su mente se perturbó son desconocidas: seguramente había de base un trastorno orgánico, acrecentado por la ansiedad que rodeó su titánica labor en defensa de la vida de Maximiliano y de su imperio. Hay una leyenda particularmente tétrica al respecto: Carlota, dolida por no poder tener hijos, acude a una curandera mexicana para que le permita ser fértil, pero ésta la reconoce como la emperatriz y, como es partidaria de Benito Juárez, le da de comer un hongo que conduce a la locura. Cuando os digo que esto da para serie de televisión... Carlota se pasaría el resto de su vida recluida en residencias regias, primero en el pabellón del jardín del palacio de Miramar, y luego en varios palacios en Bélgica.

En fin, he aquí la triste historia. Maximiliano trató de hacer lo que pudo por México, pero no se dio cuenta de que, por muy bien que quieras hacer las cosas, los pueblos han de gobernarse a sí mismos, y sólo podrán aceptar plenamente una administración que emane de su propio núcleo. Un concepto que su hermano Francisco José no aprendió nunca y que conduciría al desmembramiento de su imperio muy poco tiempo después. Maximiliano era sin duda, a pesar de sus numerosos defectos, un ingenuo soñador bienintencionado, un romántico, alguien que no fue educado para entender un mundo en plena transformación. Carlota fue una mujer sin duda extraordinaria, que buscó salirse del papel limitado a su sexo y participar activamente de la vida pública. A ambos les arrambló la historia, como al tiempo caduco que les vio nacer y que, por mucho que se resista, al final estaba condenado a morir.

lunes, 1 de diciembre de 2025

Los libros de diciembre: pulpos, nazis y mujeres romanas.

-Los secretos del pulpo está escrito principalmente por Sy Montgomery, aunque es un libro ilustrado que ha sido editado por National Geographic, y que cuenta con varios colaboradores. No sé qué me han fascinado más, si las fotografías de las múltiples especies de pulpo, o el texto, que desgrana mil detalles sobre estos fascinantes animales, de los que aún desconocemos muchas cosas. Montgomery nos enseña a amar más aún a estas inteligentísimas criaturas, que han desarrollado un cerebro muy distinto del de los vertebrados, y que cada día nos revelan aspectos nuevos sobre su capacidad de camuflaje, su poder como escapistas, su sorprendente anatomía, sus increíbles sentidos y capacidades -detectar la luz por la piel; caminar sobre dos patas; aprender cosas incluso dentro del huevo, durante la fase embrionaria-, su chocante comportamiento y ciclo vital (son criaturas más sociales de lo que cabría esperarse), o las diferencias que hay entre especies o entre individuos, quienes cuentan con una personalidad propia. Como defecto menor del libro, advierto que a veces no es muy sistemático en el suministro de la información ni en el orden con que te proporcionan la misma -hay órganos de este molusco que sólo te explican después de haberlos nombrado varias veces, e incluso ni entonces-. Eso sí, con este volumen, os garantizo que tendréis menos ganas de comer pulpos, y más de promover que no se hagan granjas donde criar a los mismos para consumo humano.

-En el jardín de las bestias. Escrito por Erik Larsson, narra la historia real del embajador (de 1933 a 1937) de Estados Unidos en Alemania, William E. Dodd, quien fue a Berlín acompañado por su familia, incluyendo su hija Martha. El libro cuenta cómo tanto Dodd como su hija quedaron en parte seducidos por el ambiente de la época, llegando a creer (en unos años en que el nazismo parecía más contemporizador) que las derivas autoritarias y antisemitas del nuevo régimen no serían para tanto. Este ensayo, sin embargo, muestra cómo, al contrario de lo que anhelaban, la situación fue empeorando paulatinamente, y todos los cambios positivos que Dodd y su hija veían eran meros espejismos, o trucos de los fascistas alemanes para ganar tiempo y lograr la consecución de sus fines. ¿Que si lo he leído para ver si nos encontramos en una situación similar respecto a algún otro país actual? Para nada (guiño, guiño), no sé de qué me estáis hablando.

-Soror. Vamos ahora con un colectivo que, a ciertos seres humanos, les resulta tan incomprensible como los pulpos, o (sí, hay gente así) más despreciable que los nazis: las mujeres. En este volumen, Patricia González, historiadora, repasa cómo era la vida del "sexo débil" en la Edad Antigua, y en concreto en la antigua Roma. No sólo habla de las figuras más famosas (entre otras Livia, Fulvia, Agripina, de manera breve Cleopatra), sino sobre todo de las mujeres corrientes, describiéndonos detalles de su existencia cotidiana: cómo vivían, a qué les obligaban las leyes, cómo se modelaba su comportamiento para que se ajustara a un canon social. Para ello, la autora no recurre únicamente a las crónicas oficiales -normalmente parcas en referencias o sesgadas-, sino que recurre también a la arqueología y otros recursos, en muchos casos desmontando sesgos establecidos por los romanos (o por los propios historiadores), o subrayando que ciertas excepciones eran más comunes de lo que se creía. El único pero al texto -y sólo es una visión subjetiva- es que, al narrar la historia de Roma desde una perspectiva específica, parte de la base de cierto conocimiento de la época que quizá requiera de alguna lectura previa, pero no creo que eso sea un inconveniente para la mayor parte de quienes se sientan atraídos por este libro. Médicas, abogadas, niñas obligadas a casarse a una edad muy temprana, prostitutas, o viudas que manejaban su propia fortuna, desfilan por las páginas de "Soror", que por supuesto no es sólo un texto feminista, sino también un ensayo sobre cómo la política, la mitología y la historia se han encargado de instaurar en el imaginario colectivo una visión particular sobre las mujeres, sin que éstas pudieran describir (en casi ningún caso) su propio punto de vista. Una injusticia histórica que libros como éste quieren contribuir a reparar.

lunes, 13 de octubre de 2025

El libro de octubre: "Seis mujeres criminales"

La editorial Rara Avis se dedica a recuperar libros antiguos que merecen una segunda vida: entre ellos, éste de Elizabeth Jenkins donde repasa varios casos históricos de mujeres británicas que se hicieron famosas por sus coqueteos (cuando no abierto romance) con el mundo del crimen. Como siempre, en todo juicio hay dos partes, pero en estos casos acaba ocurriendo que sobre las mujeres "encausadas" no se ciernen sólo sospechas, sino que se incidieron abierta y repetidamente en sus actos nefandos. De los episodios nombrados, el más simpático me parece el de Jane Webb, una carterista que se dedicó a ello como a cualquier otra profesión de la época (de algo hay que comer), la cual demostró una capacidad de liderazgo y una ética del trabajo a prueba de bombas, y que se merecería una serie de televisión de tres temporadas. Entre los más jugosos tienes también el de Alice Perrers, amante de Eduardo III que se aprovechó de us posición todo lo que pudo, o el de Frances Howard, que combina escándalos a todos los niveles, porque auna envenenamiento, mentiras, y la implicación de uno de los favoritos del rey Jacobo I (como os podéis figurar, la tuitera experta en esta época, Wurtzel, le ha dedicado un hilo en Bluesky). También son muy llamativos el de Madame Sarah Rachel Leverson, quien jugó con algo tan personal como el maquillaje y el ansia de sus clientes por sentirse bellas, o Lady Ivie, quien pretendió acumular tierras de manera fraudulenta con la misma avidez con la que se extiende la planta a la que su apelativo ("ivy"=enredadera) hace honor. En definitiva, un libro con la única pretensión de entretener a partir de alguno de los famosos true crime de la historia, alguno de ellos incluso sin resolver.

lunes, 11 de agosto de 2025

La historia real de agosto: nuevos hilos (y un vídeo) de Bluesky.

Una nueva ronda de hilos de Bluesky: tenemos el ambiente irrepetible de Tánger cuando era zona internacional y los perseguidos (gente muy interesante, pero también con sus claroscuros) se alojaban allí; también, la historia de un caracol cuya concha se daba la vuelta hacia el lado contrario, y le dio la vuelta a muchas concepciones que tenemos sobre ellos. Y, para variar, esto no es un hilo, pero sí un vídeo que he colgado en esa red social (también en otras, pero aquí se puede ver aunque no formes parte de ella) y en el que cuento la historia de cómo los fabricantes de helados Magnum descubrieron que era menos importante el sabor que el sonido. Espero que os llamen la atención. Un saludo.

viernes, 1 de agosto de 2025

Los libros de agosto: absorbentes y entretenidísimos ensayos

Varios ensayos que narran un sin número de episodios apasionantes relacionados con su temática. Tantos, que no puedo contarlos aquí, y os incito a devorar estos libros:

-Historias insólitas de los mundiales de fútbol. Luciano Wernicke (quien, por ciertos, tiene un texto similar sobre los JJOO) repasa no sólo los recórds, las tácticas, las figuras o las gestas deportivas más relevantes de las sucesivas ediciones de los Mundiales de fútbol masculino, sino que sobre todo se centra en lo que nos da la vida: las anécdotas, las casualidades afortunadas, los hechos sorprendentes, que en el caso de estos eventos deportivos que implican a tanta gente a tantísimos niveles (equipos, jugadores, espectadores, aficionados) son legión. Una enciclopédica recopilación de detalles curiosos, recomendable tanto para los fans del balompié como para simples seguidores del comportamiento humano.

-Historia de las ballenas y otros cetáceos. A Ana J. Cáceres se le nota su formación como científica, especialmente en la cuidadosa forma en que aborda lo que sabemos -y lo mucho que aún desconocemos- sobre estos fascinantes animales. Sin embargo, estos pequeños fragmentos de información, que tratan distintos aspectos de la vida de los cetáceos, están llenos de interés emocional, tanto desde el punto de vista de estas increíbles criaturas como bajo la óptica humana, ya que nuestra relación con ballenas, orcas, narvales o delfines se remonta a siglos atrás, ya sea desde el punto de vista mitológico, económico, social, cultural... hasta la tecnología más puntera juega un papel. Se habla de cetáceos empleados como ayudantes en la pesca, como militares y hasta como espías; de la forma en que estos animales han evolucionado, se alimentan y desarrollan su lenguaje; de maneras de recuperar a los que han tenido mala suerte (en muchas ocasiones, por culpa de la acción del hombre); y de la reacción popular en torno a estas criaturas, que también desempeña un rol esencial. Un imprescindible para amantes de los cetáceos; y, si no lo sois, terminaréis por caer enamorados.

-Países de NuncaJamás. Bjørn Berge tiene una curiosa afición: colecciona sellos, especialmente de naciones remotas que, en algún momento, han sido capaces de acuñar su propio sistema postal diferenciado, aunque hoy en día esas entidades políticas ya no existen. En realidad, más que estados, la mayor parte de estos lugares han sido regiones con cierta autonomía, que en muchos casos emitían sellos simplemente con el propósito de reafirmarse. Algunos duraron varias décadas y otros apenas un suspiro, unos representaban utopías y otros servían para legitimar regímenes despóticos, y pocos tuvieron una existencia ajena a los vaivenes de la guerra y la política. Lo que guardan en común es que, detrás de estos lugares (que pueden abarcar millones o unos pocos miles de habitantes), se esconden historias muy curiosas, alguna de las cuales me he dedicado a ampliar. Hay nombres conocidos como Manchuria, Trieste, Fiume, Danzing, Molucas del Sur o las Islas del Canal, y otros no tanto, como la zona internacional de Tánger, Cabo Juby, Bhopal y sus increíbles princesas, las regiones antagónicas de Sur de Rusia o la República del Lejano Oriente... En todo caso, un libro que sorprende a cada página, igual que las ilustraciones de los sellos del autor, representaciones de tiempos, países e ideas que ya no volverán a cristalizar. Ideal para devotos de la geografía política y de los relatos apasionantes. 

lunes, 7 de julio de 2025

El libro y las historias reales de julio: "Atlas novelado de los volcanes de Islandia"


Los volcanes son un fenómeno fascinante. En Islandia, forman parte no sólo del paisaje, sino también de la historia que ha ido modelando a la isla y a sus habitantes. No extraño entonces que, cuando Leonardo Piccione escribió este libro, decidido a dedicarle unas cuantas páginas a cada volcán mínimamente importante del país, haya condensado en ella buena parte de la evolución de la isla y de los acontecimientos más relevantes que ha vivido. Entre algunos de los extraordinarios hechos que el libro narra (relacionados de una manera más o menos tangencial con cada uno de los accidentes geográficos que menciona) se encuentran, por ejemplo:

-Los curiosos nombres de los volcanes, y los intrépidos intentos por escalarlos. Como resumen: la muerte en Islandia acecha a cada instante. También se habla de otras formas sorprendentes de morir o casi fallecer: desde gente que desaparece sin dejar rastro hasta un avión atrapado en el hielo. Eso sí, parece que eso no quita que muchos islandeses y extranjeros quieran acercarse a los volcanes más de lo conveniente.

-Los tsunamis de hielo, que ocurren cuando el magma de un volcán deshiela un glaciar y no sólo se producen inundaciones, sino que grandes icebergs pueden desprenderse para invadir carreteras y caminos.

-El día que les vendieron las auroras boreales a los suizos.

-El director de cine que le paró un penalti a Leo Messi.

-La creencia de los islandeses en los elfos, a pesar de que los volcanes fueron claves para pasar del paganismo a la religión cristiana. Además de leyendas sobre guerreros, criaturas mitológicas y brujas.

-El acto por el que los rorcuales se ponen en contra de las orcas para defender a los animales más débiles contra las que estas última se enfrentan. El porqué de este comportamiento aparentemente altruista no lo conocemos, y sólo existen atrevidas especulaciones. El libro también habla de otro tipo de ballenas, de caballos y de osos polares, y (por qué no) de microbios.

-La curiosa relación de los volcanes islandeses con los pintores prerrafaelitas, con Bobby Fischer, con Disney, con Hemingway y con Julio Verne; un italiano, incluso, llega más allá y cree que la Divina Comedia de Dante es parte de un mensaje secreto a través de los siglos que señala en dirección Islandia. Hay que decir que Islandia es tierra de escritores y, de los autores locales -y sus historias-, se habla también en el libro.

-Por supuesto, las llamativas sagas islandesas -e incluso hechos históricos confirmados, dignos de una saga-, que hablan de mitos ambientados en un entorno geográfico todavía reconocible, pues en él no han cambiado tantas cosas desde hace 12 siglos (Islandia fue la última parte del mundo en ser colonizada por el hombre, si descontamos la Antártida). Por supuesto, no faltan relatos de vikingos.

-La huelga de los trabajadores que se quejaban de que sólo comían salmón.

-El cura que rezó porque la lava no llegara a su iglesia... y la lava se paró. Por cierto, fue durante la erupción del Laki en 1783, que puso en peligro a la totalidad de la población islandesa, afectó a las cosechas de Europa y, según muchos, fue uno de los detonantes de la Revolución Francesa. Otras erupciones volcánicas tuvieron imprevisibles consecuencias en el resto del mundo (entre otras la creación del mito de Frankenstein o la invención de la bicicleta).

-Las alcas y su triste extinción.

-Qué ocurre cuando nace una isla nueva.

-La historia de la Pompeya del norte (que ya contamos aquí) y, muy cerca de la isla donde aconteció, la de un hombre que resistió al agua helada durante horas. Un milagro de la naturaleza, como también la importancia de las algas y cierto tipo de vegetación en el país.

-La historia de Alfred Wegener, un hombre de vida apasionante que no tuvo nada que ver con Islandia, aunque le hubiera venido bien.

-La historia de "el hombre que se robó a sí mismo": el primer islandés negro.

-La relación de Islandia con la exploración del espacio.

-Por supuesto, consecuencias de erupciones volcánicas, y la forma en que los islandeses se enfrentan a ellas. El libro parece muy bien documentado en la cuestión vulcanológica y en varias áreas científicas, aunque algún error he encontrado (por ejemplo, el de sacar a colación el famoso bulo de "la memoria del agua").

-Cómo el cambio climático puede influir en que la actividad volcánica se incremente en los próximos años (por culpa de la desaparición de los glaciares que los mantienen hasta cierto punto controlados).

El libro remata con un epílogo donde explica (también de manera bastante evocadora, y mezclando presente y pasado, como caracteriza el estilo de este texto y otros similares) lo que sabemos del vulcanismo desde las primeras divagaciones de los filósofos hasta nuestros días.

Como colofón, un apartado final no sólo señala bibliografía, sino que proporciona información adicional bastante jugosa, aunque dificulta un poco la lectura, pues obliga a retomar conceptos descritos bastantes páginas antes. Puede ser una buena excusa para hacer repaso del libro. Que, como véis, aporta bastante información, y da para releerlo un par de veces. Espero que os guste.

lunes, 9 de junio de 2025

La historial real de junio: más hilos en Bluesky

Seguimos con hilos de Bluesky. Reciclamos un hilo de Twitter que no pudimos colgar en otro formato acerca del hombre que pudo ser Hitler en lugar de ser Hitler; relacionado con eso, un minihilo sobre el final de Klaus Barbie ("el carnicero de Lyon", un torturador nazi implacable, responsable del asesinato y deportación de miles de personas). Además, y también en clave política, aunque con un giro totalmente diferente, tenéis éste sobre las piquiponadas, unos pequeños destellos de ingenio que son más de Rajoy que de Gómez de la Serna. Que los disfrutéis, todos ellos. Un saludo.

lunes, 19 de mayo de 2025

Los libros de mayo: una de bibliotecas

En el blog le hemos dedicado otras entradas a las bibliotecas, y también varios hilos en la red social antes llamado Twitter (os lo cuelgo aquí para los que no tengáis acceso). He hecho fotos a unas cuantas bibliotecas ilustres, como esta sección de la Nacional de Francia, heredera de la biblioteca de Mazarino que comentamos abajo.

El libro de ideales (y tamaño) casi enciclopédicos Bibliotecas, de Andrew Pettegree y Arthur der Weduwen no es, como el también estupendo La Biblioteca. Un patrimonio Mundial, con texto de Campbell y fotografías de Pryce, un compendio ilustrado de las grandes bibliotecas que se han construido, con imágenes que reflejan sus maravillosas colecciones, y un análisis de cómo la arquitectura de las bibliotecas ha ido cambiando para adaptarse mejor a su función de atesorar el conocimiento. Es, más bien, una historia de cómo han evolucionado las distintas formas de ir almacenando libros y, al mismo tiempo, cómo cambiaba la consideración de este útil instrumento para la difusión de la cultura, y la propia función de las bibliotecas. Si los primeros repositorios de libros (primero papiros. luego códices) eran sobre todo privados, y luego serían los monasterios los que heredarían esta función, los autores nos cuentan cómo, desde la invención de la imprenta, los coleccionistas privados, muchos de ellos profesionales liberales, empiezan a construir sus propias bibliotecas particulares, y comienza a surgir un activo mercado de compra y venta de libros no sólo para su función principal (leerlos), sino incluso con los fines de coleccionismo y, como ha ocurrido siempre, para el prestigio social del dueño de dichos volúmenes. Pettegree y der Weduwen nos hablan también de cómo las bibliotecas (y su destrucción) fueron un arma de guerra y de proselitismo entre las diferentes confesiones religiosas; cómo, a partir muchas veces de coleccionistas privados, nacen las bibliotecas nacionales, destinadas a definir la cultura de cada país (ahí nos narran la conmovedora historia de Naudé tratando de salvar la biblioteca de Mazarino, que os recomiendo vivamente); cómo estas bibliotecas -como algo que ya venía ocurriendo desde la antigua Roma- van poco a poco abriéndose para dar acogida primero a intelectuales y luego al gran público; cómo, en esta labor, surgen tanto iniciativas eclesiásticas, públicas, o de filántropos privados (como el caso del famoso millonario norteamericano Carnegie) para expandir las bibliotecas por todo el mundo para que cualquier persona interesada pueda acceder a ellas; cómo, poco a poco, las necesidades de una masa ingente de lectores van cubriéndose a través de bibliotecas de suscripción y de bibliotecas circulantes (especialmente llamativo el caso de las "bibliotecarias a caballo", mujeres que cabalgaban sobre sus monturas para llevar la cultura a los más recónditos lugares de sitios como Kentucky); y también los avatares que sufren los depósitos de libros con las sucesivas guerras y las expurgaciones por causas religiosas, ideológicas, o simplemente de tamaño. También nos explican cómo ha cambiado el modelo social de las bibliotecas: de no estar pensadas para niños hasta contener una sala específicamente infantil, de no contar con las mujeres (también muy ilustrativo el caso de la jefa de la biblioteca de Los Ángeles, Mary Jones, que fue obligada a cederle su puesto a un hombre, lo cual abrió una oleada de protestas feministas) a que ellas formen buena parte de sus organizadoras y usuarias. Finalmente, el texto habla de cómo las bibliotecas son ahora en buena medida centros comunitarios que ponen en contacto a los lectores no sólo con los libros, sino con la moderna tecnología, a pesar de que el libro se haya mostrado sorprendentemente resistente a todos los sustitutos tecnológicos que han tratado de reemplazarle. En definitiva, un volumen que debería hallarse en la biblioteca de todo bibliófilo, y no sólo porque quede bien en ella.

Posdata: habréis visto que hemos puesto en este post una serie de enlaces a hilos de Bluesky (también, a otro tipo de links y formatos) donde detallamos y ampliamos información sobre algunas de las historias que se esbozaban en este libro. Porque ya sabéis que de un texto siempre salen historias nuevas, algunas de las cuales deben ser contadas en otra ocasión...

lunes, 12 de mayo de 2025

La historia real de mayo: hilos de Bluesky

Hola, qué tal. Como algunos ya sabéis, me he pasado definitivamente a Bluesky (sigo teniendo cuenta en Twitter, pero sólo la uso muy puntualmente), y allí también estoy haciendo hilos. Como éste sobre Queen Nanny, reina de los cimarrones; o éste sobre unas islas de África con mucha relación con España. Además, os enlazo aquí lo que hemos colgado para participar en #Desgranahilos este 2025, una glosa sobre la fascinante vida y obra del científico George Washington Carver. Espero que aprendáis un poco con ellos y, sobre todo, os entretengan. Un saludo.

lunes, 7 de abril de 2025

El relato de abril: "Usted puede vivir una aventura".

 Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles. (…) Durante un año de la luna, he sido declarado invisible: gritaba y no me respondían, robaba el pan y no me decapitaban. He conocido lo que ignoran los griegos: la incertidumbre.

Jorge Luis Borges. La lotería de Babilonia.

 

HECHO 1. @Tiberiograco.bsky.social publica un bluit en Bluesky con la frase: “¿En los años 30 se jugaba al rol?”.

HECHO 2. Tiberio continúa con un hilo donde describe la noticia que había leído en: https://www.cinthyaalvarez.com/centro-de-imaginacion-y-vida-intensa/. Dicha noticia comenta que, en mayo de 1936, una empresa española ofrecía, a cambio de una cómoda cuota, que dos escritores diseñaran de manera personalizada unas emocionantes aventuras donde recibirías crípticos mensajes y te verías inmerso en alucinantes sucesos. Estos lances se reproducirían en el mundo real, de tal manera que creerías vivir un episodio auténtico, ya que no podrías dilucidar si lo que te ocurría era producto de personas auténticas y del azar del mundo, o de la intervención de actores y la planificación de la compañía.

HECHO 3. Tiberio nos recuerda que esta empresa (muy cercana a la idea de la película de “The game” y seguramente inspirada, como el film, en un relato de Chesterton) operaba en mayo de 1936 y que, un mes y medio después, todo saltaría por los aires en España, llevándose por delante esta buena idea, como tantas otras cosas (la Escuela Histológica de Cajal, los experimentos de Emilio Herrera, la literatura de Lorca y de las Sin Sombrero, el arte de Raquel Meller y Maruja Mallo, tantas vidas anónimas que merecían la pena y que quedarían irremisiblemente destrozadas) valiosas y bellas.

HECHO 4. Yo me imagino esta historia:

 

                El anciano se hallaba de pie, en bata, con las zapatillas de andar por casa y gafas oscuras para evitar el daño que le producían los rayos del sol. Pensaba que, desde fuera, tendría una pinta ridícula; pero le daba igual. Porque allí, en medio de su palacio, iluminado bajo la ambarina luz de la mañana que provocaba brillos titilantes en los acabados dorados del mobiliario de palacio, ¿a quién coño le importaba como vistiera el hombre más poderoso de España? Francisco Franco sonrió.

                Sin embargo, inmediatamente, su semblante se agrió cuando alguien entró de improviso a través de las grandes puertas de madera. Un invitado sin permiso. El hombre iba vestido de manera elegante pero informal; llevaba encima un pequeño cuaderno, del que no se desprendió en toda la entrevista, y donde iba realizado anotaciones de manera intermitente; sin embargo, lo más sorprendente era el aplomo y la seguridad con la que se desenvolvía, de tal modo que lo primero que Franco pensó fue: “¿pero dónde coño se ha metido el servicio secreto?”.

                -Señor Franco… No tengo confianza para denominarle Don Francisco, aunque puedo llamarle así si lo desea. Si me permite, tenemos qué hablar.

                -¿Quién demonios es usted? -Franco balbuceó. No le gustaba el sonido de su propia voz. Si antes tenía tono de pito, con el tiempo se había transformado en los gimoteos entrecortados e impotentes de un anciano. Odiaba eso. Era una sensación que ni siquiera la firma de varias sentencias de muerte le conseguía aplacar.

                -Mire, soy el representante de C.I.V.I. en su zona. He venido a hablar de las condiciones de finalización del servicio…

                -¿Pero de qué está usted hablando?¿Qué hace usted aquí?¿Sabe que en cualquier momento van a venir aquí mis hombres y le van a llevar a fusilar?

                -De eso precisamente querría hablarle, señor Franco. Verá, no sé si se acuerda de que rescindió los pagos al CIVI hace poco. Le mandamos una carta para que confirmara o negara el desistimiento, pero no nos respondió, lo cual asumimos como una terminación del contrato. Así que, a partir de ahora, deja de funcionar la ilusión que hemos creado para usted. Todo esto -señaló el entorno circundante- se acabó.

                -¿De qué está usted hablando? Yo no he contratado ningún… CIVI… ¿Qué diablos es eso?

                -Las siglas son por “Centro de Imaginación y Vida Intensa”. Nacimos en el verano de 1935. Ustedes nos contratan, y nosotros nos encargamos de crear una historia en la que se verán envueltos y aportará emoción y alegría a sus vidas. Sin duda vio en alguna ocasión uno de nuestros anuncios en el periódico, y por eso nos contrató. Muchos lo hicieron en su momento, sin darse cuenta de todas las implicaciones que ello conllevaba. Y, claro, como una parte clave del éxito de nuestra iniciativa se basa en que el protagonista no sepa que lo que le está ocurriendo es una fantasía, acaban olvidándose de que nos han contratado.

                -Yo… yo… -Franco estaba desconcertado. Aquello le parecía irreal, pero todavía no había llegado nadie del servicio secreto ni de su guardia personal, así que no tenía más remedio que tomárselo en serio. Recordaba que en los últimos tiempos había revisado ciertos recibos y dado de baja algunos que no había sido capaz de identificar. El nombre de CIVI le sonaba vagamente. Pero seguía sin saber…

                -El caso, señor Franco, es que hemos terminado su simulación. Y eso incluye todo. El golpe de estado. La guerra civil. Casi cuarenta años de dictadura. Todo eso ha concluido. Y ahora va a empezar la vida de verdad. Entendemos que será un poco chocante, por eso he venido yo personalmente, para que la transición sea más senci…

                -Pero ¿qué cojones dice?-Franco no se pudo reprimir-. ¡He mandado al garrote vil a gente por mucho menos!

                -Lo sabemos, señor Franco. Eso es lo que usted creyó haber hecho. Pero eran, como otras veces, personas que trabajaban para nosotros. O clientes que habían contratado nuestros servicios y deseaban vivir una aventura, y conseguimos entremezclar esta trama con la suya. Por supuesto, para ellos hubo una salvación en el último minuto que procuró un desenlace afortunado. Nuestras fantasías (o eso intentamos) siempre son complacientes para nuestros clientes. Igual que lo ha sido la suya, no lo podrá usted negar.

                -¿Pero qué estupidez está diciendo?¡Yo soy un rey; soy el jefe del estado! He construido pantanos; he comandado ejércitos; ¡se han manifestado multitudes delante de mí!

                -Ja, ja, ¿verdad que somos convincentes? Entre sus generales se cuentan algunos de nuestros mejores actores contratados. La verdad, nos sentimos orgullosos de haber aprovechado la inauguración de instalaciones públicas por parte de la República para haber consolidado su fantasía. Y en cuanto a las manifestaciones espontáneas en la Plaza de Oriente… Bueno, usted sabía que eran una representación, ¿verdad? Pues lo eran, en efecto. Había un montón de asistentes que, para usted, eran lo que denominamos PNJs, Personajes-No-Jugadores. Luego, ellos se iban muy contentos a casa. Muchas veces, no sabían ni qué significaban las consignas que estaban coreando…

                -¿La… República?¿Ha dicho usted República?

                -Claro que sí. Mire, sé que esto le va a chocar, pero le va a pasar más tarde o más temprano, así que mejor que se entere ahora. La República ha seguido adelante, ha superado sus problemas, y España se ha convertido en un estado democrático. ¿Creía de verdad que la gente iba a permitir que un grupo pequeño de personas se hiciera con todo el poder y cometiera las barbaridades que usted quería llevar a cabo con otros? Por Dios, eso hubiera sido demencial. Lo cierto es que durante mucho tiempo sospechamos que no se lo tragaría… Pero bueno, como la cosa funcionó, seguimos adelante. Ahora que ya ha llegado a su fin, no hay ninguna necesidad de seguir fingiendo nunca más.

                A Franco se le pasó una frase por la cabeza que creía haber insertado en la mente de muchos hombres en numerosas ocasiones, pero que nunca creyó que fuera a pensar jamás: “No puede ser. Esto no me puede estar ocurriendo a mí”.

                -¿Y entonces…?-le faltó decir “qué me va a pasar”.

                -Pues ahora tendrá usted que marchar de aquí e ir a su casa de verdad. Es un poco más modesta que la de aquí, para ser sinceros. Y a partir de ahora, ya no formará parte de nuestras simulaciones y juegos. Le advertimos que su mujer le acompañará porque, claro, el contrato la incluía a ella, al formar parte de su unidad familiar. En cambio, su yerno… Verá, él también contrató uno de nuestros paquetes, y sigue creyendo que está casando con su hija, así que su vida seguirá girando alrededor de este palacio. De hecho, él piensa que ahora mismo le están operando a usted a vida o muerte. Y, por supuesto, hemos de mantener la ficción, al menos hasta que deje de pagar, así que no lo verá usted durante como mínimo unos pocos meses.

                A Franco le temblaba el labio. De repente, llegaron dos hombres tan altos como anchos, fornidos como armarios. El antiguo dictador no les reconoció como parte de su séquito, ni miembros de su equipo de seguridad. En cambio, parecían trabajar para el hombre que había irrumpido en su vida. El cual les hizo un gesto clarificador:

                -Chicos, podéis llevároslo. Señor Franco, ¿tiene alguna pregunta más? A partir de ahora, no tendremos ningún contacto (al menos directo) con usted. Puede que acabe por formar parte de la historia de alguno de nuestros jugadores, pero, si hemos hecho bien nuestro trabajo, ni usted ni ellos mismos lo sabrán. Que le vaya bien.

                Los dos guardias eran bastante explícitos en su lenguaje corporal: tocaba irse. Sin embargo, Franco alzó la mano, por primera vez en mucho tiempo, en un gesto suplicante:

                -Mire, ¿y si decido renovar a mi suscripción? Es que… no quiero que esto cambie.

                El representante de CIVI sonrió.

                -Normalmente, señor Franco, aceptaríamos, si decidiera usted pagar de nuevo sus cuotas, volver a ponerlo todo en marcha, con una nueva epopeya o una de corte similar. Pero he de confesarle, don Francisco, si me permite, que me han mandado a mí porque el suyo es un caso especial… Cuando uno trata, digamos, con los sueños de la gente, y con sus reacciones frente a los mismos, al final acabas viendo cómo es de verdad esa persona: en ese sentido, la Junta de CIVI ha divisado el interior de alma. Y créame, señor Franco… no les ha gustado. De hecho, me han dado instrucciones irrevocables de no alcanzar ninguna clase de nuevo acuerdo con usted en el futuro. Lo lamento mucho: es política de empresa. Tenemos libertad de elegir a discreción nuestros clientes. Y, en fin, después de lo que hemos visto -chisteó con desaprobación mientras le dirigía una mirada condenatoria-, no puedo reprochárselo…

                Los dos musculosos hombres de acción hicieron un gesto que hubiera sido innecesario, pues Franco, desarmado, se dejó llevar tácticamente. El representante del CIVI se quedó en medio del palacio, con su cuaderno, echándole un vistazo general a todo mientras (como había ocurrido, sobre todo, a lo largo del último tercio de entrevista) anotaba crípticos mensajes en su cuaderno de manera frenética.

                -Este escenario, de verdad, va a ser increíble… Nos va a permitir hacer cosas impresionantes…

                Sus ojos le brillaban.

                -Va a ser magnífico. Increíble. Nos quedan tantas aventuras por explorar…

                Dirigió su mirada hacia el lector, apuntándole con el lápiz.

                -Y el protagonista… podrías ser tú…

lunes, 10 de febrero de 2025

El libro y la historia real de febrero: "Revolución. Indonesia y el nacimiento del mundo moderno", de David van Reybrouck.

 

El libro del que tratamos hoy es descomunal, en muchos sentidos. En el físico: tiene más de 600 páginas. En el volumen de lo que cuenta: aunque el relato principal se centra en cuatro años (de 1945 a 1949, cuando se certificó la independencia indonesia), el texto realiza un relato sobre la historia del territorio desde sus orígenes, sobre la cual se va profundizando conforme avanzan los siglos, dedicándole una mirada especial a la colonización holandesa, los primeros intentos revolucionarios, la invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y, finalmente, el período de descolonización y sus consecuencias posteriores. Es impresionante también respecto a sus fuentes: no es sólo que cuente con un sin número de referencias bibliográficas, sino que se sustenta muchísimo en testimonios directos (bastantes de ellos, ya nonagenarios, a punto de perderse en la noche de los tiempos) recogidos en lugares tan distantes como Holanda, Indonesia, Japón o el Himalaya. Finalmente, es un libro que ha causado un gran impacto: un belga escribiendo sobre un tema holandés y que mira en muchas ocasiones desde la perspectiva asiática. No es extraño que algún político de los Países Bajos haya mandado al autor al infierno, mientras que este sesudo análisis histórico ocupa escaparates en buena parte de las librerías indonesias.

Pero el esfuerzo, desde luego, ha merecido la pena. Es un texto apasionante, que me ha obligado a dedicarle un día entero leyendo para devolverlo a tiempo a la biblioteca de donde lo saqué como simple documentación para un viaje a Indonesia. Por supuesto, lo ha complementado y me ha hecho comprender muchas cosas, algunas de las cuales quiero compartir aquí.

Para empezar, muchos creen que la colonización neerlandesa en Indonesia fue suave, comparada con otras experiencias. Supongo que todos los antiguos países colonizadores piensan lo mismo de su caso particular. Pero no: en muchas ocasiones fue brutal, despiadada, y fuente de un enorme descontento. Los Países Bajos administraron sus dominios primero como un negocio (a través de la Compañía de las Indias Orientales, con el fin sobre todo de garantizar el monopolio de las especias), y luego, conforme las circunstancias fueron cambiando, como un estado avasallador que se aprovechaba de las ricas materiales primas de un territorio que cada vez se fue haciendo más grande y estructurado. Por supuesto, ello generó toda clase de interacciones, algunas positivas, como una cierta sección de la población indonesia que recibió educación y pudo compartir algunas de las responsabilidades de la colonización. Pero incluso ellos (especialmente la población mestiza) notaron que los europeos siempre se encontraban un escalón por encima -el libro realiza muy buena analogía con las distintas cubiertas de un barco de aquella época- y eso, como en muchos lugares del mundo, sembró las semillas del rencor y las ansias de libertad. Hay varios episodios del libro que ilustran muy bien este odio acumulado: 1) cuando los japoneses llegan para invadir Indonesia, en busca sobre todo de petróleo, sus habitantes les reciben como libertadores. Y a pesar de que luego el hambre y el propio colonialismo japonés rompen esa luna de miel, aquel período (en que los indonesios alcanzaron mayor autonomía, y fueron instruidos en el arte miliar por sus nuevos amos asiáticos) fue clave para entender que, después de la Segunda Guerra Mundial, las cosas no podían seguir igual; 2) cuando los neerlandeses vuelven tras la guerra, creen que les van a acoger con los brazos abiertos. En lugar de ello, se encuentran con una población abiertamente hostil. Ante ello, los Países Bajos repiten los mismos errores, y creen que la fuerza lo solventará todo. De hecho, es increíble leer lo que a finales de los años 40 llegaron a hacer los Países Bajos (un pueblo asfixiado, poco tiempo antes, por el yugo alemán) en cuanto a crímenes de guerra en una región que decían estar liberando y pacificando, y lo poco que se han castigado y puesto de relieve esas matanzas -tanto, que quienes las han confesado han recibido, por parte de neerlandeses, terroríficas amenazas de muerte-. Para que nos hagamos una idea de lo radicales que llegaron a volverse las posturas, un partido de derechas bastante importante a finales de los años 40, liderado por un ex-primer ministro del país, dijo que, antes de entregar las colonias, habría que disolver el gobierno, y planeó un golpe de estado que hubiera supuesto el asesinato de numerosos líderes neerlandeses. No sé si a los lectores les sonará a otros contextos en que el tema territorial ha entrado en un bucle de obcecación tan fuerte que ha llegado a originar ideas extremadamente delirantes y antidemocráticas.

Uno de los puntos fuertes del libro es que te indica que, al contrario de lo que muestran las películas, hay muchos casos individuales que se escapan a lo común: un intelectual independentista indonesio que vive en Holanda y acaba en un campo de concentración nazi; un mestizo indo-holandés que es capturado por los japoneses y le cae la bomba atómica de Nagasaki encima; un tripulante de submarino alemán que es arrestado por los japoneses al final de la contienda; soldados nacidos en Nepal, quienes trabajan para la corona británica, los cuales tratan de pacificar la recién liberada Indonesia, pero que se encuentran con el rechazo de la población (saben que la entrada del Reino Unido es el anticipo de la llegada de los holandeses para recuperar la joya del reino), con lo cual asiáticos terminan enfrentados contra asiáticos, y japoneses y británicos han de colaborar juntos para garantizar la paz. Para mí, una de las escenas más sorprendentes es cuando los americanos, durante la Segunda Guerra Mundial, llegan a la zona de Papúa (donde sus habitantes viven aún en el Neolítico) y, mientras empiezan a construir aeropuertos, les prometen a los nativos 25 céntimos por cada japonés -la prueba del objetivo cumplido es una oreja- que maten en la huida desesperada de los nipones a través la selva. Por lo visto, aquel año, muchos soldados americanos enviaron orejas asiáticas a casa como regalo. En este libro, desde luego, hay muchos casos que darían para espectaculares adaptaciones cinematográficas.

De hecho, entre los muchos actores, poliédricos, entre dos culturas y dos perspectivas, cargados de matices, me ha llamado la atención aquellos neerlandeses que, a pesar de la cerrazón de sus gobernantes, tenían claro que los indonesios merecían aquella misma libertad que, a ellos mismos, los nazis les habían negado. Por ejemplo, el Partido Comunista Holandés, que siempre estuvo a favor de la independencia indonesia; los 8.000 miembros del Partido Socialista que se dieron de baja, descontentos con la postura que habían adquirido sus líderes con el proceso descolonizador; el 50% de hombres y el 38% de mujeres de la población de los Países Bajos que estaban en contra de mandar tropas a las colonias; o el caso de un soldado neerlandés que, al darse cuenta de que le llevaban para matar indonesios, se escapó de noche, llegó a la zona del enemigo, gritó "¡Merdeka!" ("libertad" en indonesio"), le contó a la población local los planes de sus jefes, y fue acogido como un héroe (aunque fue encarcelado a su vuelta a los Países Bajos). Demostrando que disidentes y auténticos amantes de la libertad los ha habido siempre en todos lados.

En el otro lado, el pueblo indonesio dio enormes muestras de paciencia y resiliencia, aunque, al final, por supuesto, tantos excesos llevaron a reacciones violentas (en muchos casos exageradas y que pagaron inocentes), pero que son fáciles de entender después de lo que habían vivido, y que al final fueron las únicas que los colonizadores llegaron a entender. Frente a ello, hubo muchos personajes y políticos que mediaron, contemporizaron, y de verdad intentaron poner lo mejor de su parte. Entre los nombres más destacados están Sukarno (futuro primer presidente de Indonesia, y que pactó con Dios y el diablo para conseguir su propósito; de hecho, fue capaz de hablar con fascistas japoneses, colonizadores holandeses, islámicos y comunistas indonesios, y también de defraudar a todas esas colectividades) y Sutah Sjahrir, un hombre culto y conocedor de las costumbres europeas, atrapado entre dos fuegos, que acabó enfrentado con la siguiente ola revolucionaria, y que hundió su carrera política, como muchos, para tratar de evitar un derramamiento de sangre. En el proceso, quedó claro que había posturas contrapropuestas (por ejemplo, una generación mayor que optaba por pactar y ser pragmática, y una más joven que apostaba por la violencia revolucionaria), en elecciones que eran siempre complicadas porque el poder de la fuerza en su abrumadora mayoría estuvo del lado neerlandés.

Al final, a pesar de que por supuesto hay muchos factores implicados, la independencia indonesia se logró por dos motivos principales: 1) aunque, a través de la violencia, los Países Bajos recuperaron casi la totalidad del territorio tras la Segunda Guerra Mundial, nunca lo controlaron del todo. La resistencia indonesia en forma de guerrillas convirtió aquello en un anticipo de lo que sería más tarde la guerra de Vietnam, quedando claro que unas centenas de miles de hombres no pueden gobernar un país donde millones conspiran subterráneamente en contra. Tener colonias, desde luego, ya no era rentable; 2) los EEUU, el gran mediador internacional, cambiaron de opinión. Si al principio estaban a favor de los Países Bajos porque temían que éste cayera bajo la influencia del comunismo, los movimientos en contra de esta doctrina política por parte de Sukarno les convencieron de que apoyarle a él -uno de los pocos actores moderados que quedaba en pie en el archipiélago asiático- era la única manera de garantizarse de que Indonesia no cayera bajo las redes de la Unión Soviética. Con ello, el país pudo conseguir el logro de ser libre, aunque pagó caro su éxito: económicamente, sobre todo al principio, las condiciones fueron muy ventajosas para los Países Bajos y, además, EEUU siguió utilizándolo como bastión contra el comunismo. Tanto que, en los años 60, favoreció un golpe de estado que causó centenas de miles de muertos e inauguró una dictadura que duró 32 años (y de la que todavía quedan reminiscencias y cicatrices en el país). Sin embargo, el autor de "Revolución" se centra sobre todo en los aspectos positivos: Indonesia -el cuarto país más poblado del mundo- fue el primer estado que, tras la Segunda Guerra Mundial, proclamó su independencia, y constituyó la inspiración para procesos descolonizadores que se iniciaron por todo el mundo. Aunque luego muchos de esos procesos sufrieron traumas, sabotajes, traiciones, quedaron desvirtuados, o se asomaron a un sin fin de problemas que venían derivados o eran independientes del colonialismo (en realidad, el capitalismo y la corrupción fueron los mayores responsables), en el balance, a inicios del siglo XXI, esos pueblos son un poco más autosuficientes y más libres, y han demostrado que se puede hacer política donde el centro de todo no sea la raza blanca. Teniendo en cuenta lo horrorosa que suele ser la Historia humana, a veces una victoria de este orden -por muy pírrica que sea- es suficiente.

Por último, el libro habla, para mí proféticamente, de cómo los seres humanos colonizamos no sólo los territorios, sino también el futuro: como el autor de "Revolución" dice, la gente de los años 20 del siglo XXI explotamos los recursos y comprometemos el destino de los habitantes del 2080. La destrucción de la naturaleza (de la que Indonesia, por desgracia, es una privilegiada avanzadilla) nos pasará las cuentas tarde o temprano. Pero esas son revoluciones que otras generaciones -sí, también nosotros- tendremos que liderar.