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lunes, 16 de septiembre de 2024

El libro de septiembre: "El imperio veneciano. Un viaje por mar", de Jan Morris.

Jan Morris siempre nos deleita con sus libros de viajes, sobre todo aquellos en los que hay buenas dosis de historia. Y si en "Trieste" nos describía una ciudad que es más famosa por lo que ha perdido que por lo que posee, en "El imperio veneciano" nos habla de una entidad que ya no existe, que fue el conjunto de posesiones que adquirió la República de Venecia (en gran medida, después de hacerle un destrozo enorme a Constantinopla y al Imperio Bizantino) con el objetivo de salvaguardar las rutas comerciales que iban desde Turquía y Egipto hasta Venecia, pasando por el Egeo, el Adriático y amplias zonas costeras de la Grecia continental.

Gracias a este viaje, Morris saca a colación variopintos personajes y localizaciones geográficas a través de las islas Cícladas y Jónicas, Creta, Chipre y la costa dálmata. Es curioso que en todos esos enclaves haya quedado impregnada la atmósfera veneciana, e incluso haya permanecido un recuerdo agradable de su paso por allí, a pesar de que los venecianos en muchas ocasiones se comportaron como administradores cicateros, pragmáticos y déspotas, quienes anteponían antes que nada el beneficio, y que actuaron de manera tan desagradable que muchos griegos acabaron prefiriendo a los turcos. Sin embargo, a través de su sincretismo con la cultura local de las islas (que con frecuencia se mantuvo, aunque fuera por oposición a los gobernantes venecianos) dejaron una impronta que todavía es posible apreciar en esos lugares. En ese sentido, las descripciones de Jan Morris reflejan un mundo ya desaparecido, pero que resulta imprescindible para conocer los detalles de las esquinas de Venecia y de muchísimos rincones del Mediterráneo Oriental.

La arquitectura veneciana en sus posesiones imperiales es muchas veces funcional: castillos, baluartes, fuertes dispuestos para la defensa. Si acaso, a veces la única decoración es el león alado que representa a la ciudad encomendada a San Marcos. Sin embargo, a veces se encuentran mezclas curiosas, como esta torre de iglesia dentro del antiguo castillo de Emporio en Santorini (hoy muy remodelado) que combina función religiosa, militar y hasta estética.

El libro de Morris promete evocación y emociones fuertes y, desde luego, no defrauda. La autora habla de piratas y generales, de gente culta y también de destrozo de obras artísticas, de religión y de enfrentamientos entre cristianos, mientras el comercio se mantiene con los mismos turcos con los que se anda peleando porque, claro, el negocio es el negocio, y eso es sobre todo lo que define a Venecia. Leeremos acerca de Lepanto, pero también de intrigas cortesanas secretas, o de hombres salvajes que se lo jugaban todo a una carta pues tal era su indómita e inalterable naturaleza. Si os apetece un intrépido periplo por mar, no lo dudéis, embarcaos: aunque ya sabéis que, en todo viaje, lo primero que no regresa es la persona que partió, porque siempre vuelve convertida en otra distinta. Así que velas al viento, contemplad el horizonte, y a navegar.

lunes, 1 de mayo de 2023

El libro de mayo: "Enigma", de Jan Morris.

La biografía de Jan Morris es un tanto especial. Formó parte del ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial y la complicada posguerra que vino después... como James Morris, porque él había nacido hombre, aunque, como explica en este ensayo autobiográfico denominado "Enigma", él se sentía una mujer desde muy temprana edad. Después, James Morris recorrió el mundo como periodista y como escritor de viajes: yo le conocí a partir de sus libros "Trieste" y "Manhattan '45", sobre estas ciudades homónimas, y muchos sin duda habrán explorado su literatura a partir de su famosa descripción de la urbe de "Venecia". Sin embargo, en este texto, Jan Morris aborda un reto muy distinto: el de narrar cómo James Morris, primero hombre, después soldado, más tarde marido y padre de familia, se convirtió en una mujer denominada Jan después de atravesar una operación de cambio de sexo, pues, como el mismo Morris cuenta, él siempre había sentido desde el principio que el género que le correspondía era el femenino. Desde ese punto de vista, hay que decir que, en medio del profundo debate que existe hoy en día en nuestra sociedad sobre los individuos que consideran que su género real es diferente al sexo con el que nacen, llama la atención encontrar una explicación no desde la mirada de psicólogos, médicos, políticos, o representantes de movimientos de ideología variada, sino directamente de parte de uno de los afectados. En una época, además, muy diferente de la actual.

Antes de nada, hay que decir que yo (hombre cis, español, nacido en 1981, de clase más o menos media) tampoco esperaba empatizar completamente con las motivaciones de Jan Morris (mujer trans, nacida en 1926 en Reino Unido, en un hogar de, sin duda, alto nivel cultural y adquisitivo), si es que en alguna medida es posible identificarse con las motivaciones de cualquier extraño. Pretendía, sobre todo, escucharlas, entender lo que ella sentía (y las razones que impulsaban sus actos) y, con un poco de suerte, comprenderla. En ese sentido, está claro que la perspectiva de Jan Morris ha de resultar muy distinta de la mayoría de nosotros. 

Para empezar, aparte de sus orígenes, a Jan Morris se le nota una exquisita sensibilidad, un cierto grado de frivolidad que ella misma confiesa, y una mentalidad que resulta producto sin duda de las convenciones de su tiempo, una época en que las diferencias de género eran más extremas. De hecho, algunas de las convicciones de Morris podrían entenderse hoy, en día, como un poco/bastante machistas -lo cual, después de todo, no es raro: ¿cuántas mujeres machistas nos solemos encontrar por ahí, sobre todo en gente de su procedencia en cuanto a clase social y edad?-. Eso sí, resulta curioso constatar que, mientras Morris se desplazaba como un invitado inesperado (un intruso oculto, suele comentar él; un espectador al que, si la gente conociera su condición, no se le permitiría estar allí) en el mundo de los hombres, ése en el que los individuos masculinos enarbolan grandes gestas y proyectos, el escritor defiende que, en efecto, éste es el universo propio de los varones, pero también que son las mujeres las que realmente están haciendo cosas importantes (según él, auténticamente reales) como sacar adelante a sus familias -o, entre otras cosas, lo que más ansiaba Morris: ser madres-, mientras que los actos de los hombres, en realidad, sólo consisten en vanidad, ruido y absurdo. De hecho, Morris -que no niega las muchas desventajas que tiene ser mujer- pasa a través de un complicado, duro e incomprendido proceso por el que cambia su nombre, su identidad y sus órganos sexuales (mediante una operación no disponible ni siquiera hoy en la mayoría de sus países) y en el que, como el propio Morris admite, tuvo suerte, pues muchos terminaron fatal o lo pasaron peor que él. Pero al cual, comenta, se había visto abocado de manera irreversible, y del que no se arrepentía en absoluto.

Jan Morris. Imagen extraída de aquí.

Jan Morris ha vivido para ver un tiempo en que las diferencias entre hombres y mujeres son menos marcadas, sobre todo en cuanto a derechos, roles y actitudes, pero se muestra escéptica respecto a que, algún día, lleguemos a superar por completo la barrera del género (que, según ella, es algo muy distinto del sexo biológico) en cuanto a cómo tratamos a una persona -o cómo interpreta las cosas esta última- según a qué colectivo se adscribe. Por otra parte, he encontrado opiniones de Morris diametralmente opuestas a las mías en cuanto a la cópula (ella la consideraba algo placentero pero trivial, y más fácil de obtener a partir de la belleza de los objetos que del acto físico en sí; también confiesa que muchas de sus ideas pueden estar influidas por el hecho de que no tenía un cuerpo con el que pudiera disfrutar a gusto) y otros aspectos de la vida. En ese sentido, coincidimos en muy poco: pero sí me transmite que existe una realidad distinta a la mía, que a mí me cuesta comprender del todo y que puedo considerar irrelevante, pero que para otras personas resulta tan fundamental como para emprender un camino tortuoso y lleno de espinas. En ese sentido, lo respeto, y mantengo que escuchar a los protagonistas de este complicado dilema debe constituir siempre una cuestión fundamental a la hora de abordarlo.

Por lo demás, el libro también desgrana una vida que no carece de interés en muchos detalles, pues Morris fue testigo de excepción de una época donde operaron numerosos cambios. Como él mismo dice, admiró Venecia casi sin turistas, fue testigo de los últimos estertores del Imperio Británico, cabalgó entre varias culturas (incluyendo la árabe), ascendió al Everest, y trabajó para periódicos tan distintos como el Times y The Guardian. Y ha podido observar cómo se trata (y, en muchos sentidos, se sienten) hombres, mujeres, y personas en el proceso de transición entre sexos. Yo creo que el texto, desde luego, sea cual sea tu opinión inicial sobre el tema, merece una lectura.

lunes, 26 de diciembre de 2022

Los libros de diciembre: unas cuantas recomendaciones navideñas

 Aquí van, por si os resuelven algún regalo que os resulta particularmente difícil:

-"Un par de manos. Cocinera y doncella en los años 30": Mónica Dickens es bisnieta del famoso escritor Charles Dickens, de quien sin duda heredó la ironía y un original sentido de la narrativa. La futura escritora quiso durante un tiempo ganarse por sí misma la vida como cocinera (aunque en ocasiones tuvo que ampliar sus labores al servicio doméstico) y, al narrarlo, nos desgrana la interioridad de las casas británicas no desde la severidad de "Lo que queda del día" ni la trastienda de "Gosford Park", sino desde un punto de vista muy humano, donde amos, criados, niñeras y vendedores tienen todos sus defectos, sus guerras internas y sus meteduras de pata (que tratan de disimular en ocasiones con gran descaro). La imperfección puesta por escrito. Algo de crítica social tiene, pero, sobre todo, mucho humor.

-"Trieste", de Jan Morris. Morris es conocida por sus vibrantes descripciones de algunas ciudades famosas ("Venecia", "Manhattan 45"), pero a mí me impresiona en gran medida que me desvele los detalles de una zona de Italia que no conozco demasiado. Hay además algo especial en Trieste, esa urbe en mitad de oriente y occidente, entre el presente y el pasado, heredera de algún imperio y disputada por varios países, consciente de que ha vivido tiempos mejores, pero a la que le toca afrontar el futuro. Lo que más me impresiona es que, probablemente, si viajo a Trieste, no encontraré la misma ciudad porque, en buena parte, todo lugar forma parte de la experiencia del que la cuenta, y la Trieste de Morris es, sobre todo, un territorio más para ser evocado que vivido.

-Kenneth Cook tiene una trilogía ("El koala asesino", "El lagarto astronauta" y "El canguro alcohólico") de relatos de ficción -aunque transmiten la sensación de un cierto realismo- ambientados en el inhóspito territorio australiano, donde cocodrilos, tiburones, serpientes y canguros pueden matarte, pero wallabis, koalas o ratas son capaces de hacerte bastante pupita. Por si los animales peligrosos fueran poco, la natural idiosincrasia de los parroquianos (quienes, en palabra de Cook, pueden tolerar que les robes, les dispares o secuestres a su familia, pero nunca, jamás, que rechaces una cerveza) y otras peculiaridades del lugar hacen que cada desterillante aventura narrada por Cook suponga un desafío al acto de seguir vivo. Recomendado si no tenéis ganas de viajar a Australia porque, tras leer estos libros, de opinión no vais a cambiar.

-El título de "Las cenizas de Ángela" de Frank McCourt no le sonará desapercibido a muchos, pero quisiera destacar que, aparte de ser claramente lo que parece (es decir, la calamitosa y lacrimógena descripción de una harapienta infancia irlandesa), es, ante todo, un libro con un humor muy especial. Quizás humor de miseria, de ése en el que te ríes por no llorar porque pocas opciones te quedan, pero también porque, sólo en un lugar tan terrible, las escenas más surrealistas son posibles. Es ese sentido, preparad los pañuelos, pero también las carcajadas.

-Por último, un libro que todavía tengo a medias, pero lo que llevo leído de "Sinopsis de cine 3" de Ángel Sanchidrián me indica que el autor madrileño ha vuelto con todo su fulgor a destriparnos nuestras películas favoritas con esa prosa tan descacharrante que te dobla por la mitad (de risa) y al mismo tiempo le pega hachazos al sentido de la cordura. La irreverencia de este hilarante libro (con más de veinte expresiones diferentes para el acto de tocarse las partes pudendas femeninas) no tiene parangón. Para regalar a cualquiera salvo a las mentes más pacatas, no sea que les dé un infarto.