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lunes, 26 de enero de 2026

La historia corta de enero: La importancia de un bonito acento.

En un congreso científico en Argentina, un becario español estaba hablando con dos homólogos bonaerenses. Y mientras el chico les describía sus investigaciones acerca de las concepciones implícitas sobre el aprendizaje en determinados colectivos, los otros dos becarios les contemplaban arrebolados, hasta el punto de hacer al español sentirse incómodo. Finalmente, los becarios rioplatenses se confesaron:

-Mira, te lo tenemos que decir... Es que todas las películas porno que llegan a Argentina están dobladas con acento de España. Y por eso, cada vez que te oímos hablar, nos ponemos cachondos.

El becario español entró en estado de shock.

Tal vez fuera por esta misma razón (la diferencia de acento) por lo que, cuando entró en una tienda de comestibles y le preguntó por unos tomates a la dependienta argentina de veintidós años, ésta entornó los párpados y le susurró: "Habláme, habláme..."

lunes, 23 de junio de 2025

Los libros de junio: una serie de obras concatenadas

Pocos saben que Robert Louis Stevenson, el escritor (autor del "Dr. Jekyll y Mr. Hyde" y "La isla del tesoro", entre otras) era desdendiente de una estirpe de ingenieros civiles especializados en la construcción de faros, como marcamos a continuación en este árbol familiar (extraído de la Wikipedia), donde podéis ver el recuadro que sañala al escritor, en la parte de abajo a la derecha:


De hecho, por lo visto, los padres de Robert Louis se sintieron muy decepcionados cuando su hijo dijo que no quería dedicarse a la saga familiar, y que prefería iluminar el mundo de otra forma. El caso es que los Stevenson ayudaron a construir numerosos faros. Algunos, en la cercanía de su tierra natal, en Escocia, como éste de "Butt of Lewis" ("culo de Lewis"), llamado así porque está situado en un extremo de la isla del mismo nombre (por cierto, un lugar muy chulo que visitar), adonde tuve la suerte de ir hace unos años.
Fotos del faro en el "Culo de Lewis", realizadas por el autor.

Esta es uno de los edificaciones que se describen en "Breve Atlas de los faros del fin del mundo", de José Luis González Macías (publicado por Ediciones Menguantes), un libro sobre algunos de los faros situados en las regiones más ignotas del mundo. Entre esas evocadoras construcciones se desgranan los detalles de varios faros construidos por los Stevenson. Otro lugar muy literario que también se menciona es el faro de San Juan de Salvamento, situado en las islas de los Estados en Argentina, en Tierra de Fuego, y uno de los más australes del planeta. Julio Verne ambientó en este lugar "El faro del fin mundo", una novela de aventuras que catapultó a la fama esta localización, y de la que por cierto hubo una entretenida adaptación cinematográfica con Kirk Douglas como protagonista.

Pero volvamos a los Stevenson. Si os fijáis en el árbol familiar, os daréis cuenta que hay un primo de Robert Louis llamado David Alan, y que también era ingeniero de faros. Pues bien, este hombre tuvo una hija a la que llamó Dorothy Emily, la cual acabó siendo escritora. No sabemos si el parentesco con Robert Louis jugó un papel (ya sabemos que los inicios son duros, y que cualquier ayuda cuenta: aquí hablámos el caso de la bisnieta de Charles Dickens, que tuvo que trabajar con sus propias manos antes de conseguir reconocimiento literario), pero el caso es que Dorothy Emily se convirtió en una escritora muy exitosa, gracias entre otras historias a "El libro de la señorita Buncle" (Editorial Rara Avis), un ingenioso divertimento que no tiene nada que ver con faros, sino con un prototipo muy británico: los habitantes de un pequeño pueblo, los cuales andan tan perdidos como un barco en día de galerna.
En esta novela, la señorita Buncle, acuciada por las necesidades económicas, decide escribir un libro sobre lo único que conoce: sus vecinos. Lo lleva a un editor, quien, convencido de su éxito, lo publica bajo un pseudónimo. Sin embargo, los habitantes del pueblo de la señorita Buncle no tardan en reconocer sus propias personalidades en el texto de su paisana y, furiosos, tratan de dilucidar quién ha sido el autor de ese escandaloso ultraje, para así tomar medidas contra él. El argumento juega con las consecuencias inesperadas y equívocos que genera tan escandaloso volumen, y de paso sirve para describir todas las miserias de esta diminuta villa, tan igual a tantas otras. En conjunto, el libro puede parecer demasiado costumbrista (es lo que tiene denunciar la mezquindad de determinados ambientes: debes meterte hasta el fondo dentro de ellos), pero tiene detalles de ingenio que arrancan unas cuantas sonrisas, y juega muy bien con la mezcla entre realidad y ficción. No es extraño que muchos lectores se sintieran identificados por alguna de las situaciones que trataba: de hecho, el libro debió de gustar bastante, pues dio lugar a una serie de secuelas. En conjunto, no es inolvidable, pero es breve, sencillo y divertido. De esta clase de narraciones (fue un elogio que le dedicaron a las novelas de D.E. Stevenson) donde sabes que todo va a acabar bien: y ése al fin y al cabo es el objetivo de los faros, ¿verdad?

lunes, 20 de mayo de 2024

Recomendaciones literarias de mayo

-Rarezas geográficas, de Olivier Marchon. Tengo varios libros sobre curiosidades de geografía física y humana (algunos de los cuales he reseñado en el blog), pero, a pesar de todo, éste me ha regalado unas cuantas historias interesantes que no conocía por otros lados. Desde un grupo de racistas que quisieron formar una nueva Germania en Paraguay hasta la república autónoma judía en la Unión Soviética, pasando por micronaciones, enclaves, errores de los cartógrafos, o curiosos arreglos políticos (por ejemplo, en torno a Moresnet Neutral, o el de la guerra del Oriente entre Ecuador y Perú), el libro también aporta jugosos detalles sobre situaciones relativamente conocidas, como los hechos acaecidos alrededor de la isla de Perejil o de la ciudad de Kowloon. Muy recomendable para saborearlo a capítulos.

-Quijote en el Congo. Me gusan los libros de Xavier Aldekoa porque transmiten realidad. Normalmente, cuando un periodista describe un país, suele alternar la vivencia en primera persona con amenas retrospectivas históricas. Una parte de esta dinámica, por supuesto, ejerce este periodista barcelonés especializado en África. Pero, sobre todo, el autor te habla del presente más reciente: retrata las historias vividas en primera persona (en este caso a través de un penoso viaje a lo largo del río Congo, desde sus fuentes hasta su desembocadura, por todos los tramos navegables; atravesando, en muchas de las secciones intermedias, zonas controladas por grupos rebeldes; topándose, a lo largo del camino, con variados personajes que sirven para diseccionar las diversas caras del país; y siempre con un libro del Quijote bajo el brazo, para amenizar una travesía menos épica que sufrida, y por ello quizá más verosímil) con explicaciones geopolíticas muy actuales que revelan los motivos por los cuales el país hoy denominado República Democrática del Congo sufre miseria y corrupción, a pesar de ser uno de los lugares con mayores riquezas naturales del planeta. Un libro muy esclarecedor sobre el funcionamiento del mundo actual, y nuestra parte de responsabilidad en él.

-Arqueros, ilusionistas y goleadores. Osvaldo Soriano fue un periodista argentino que, durante el siglo XX, se dedicó a la crónica deportiva, género denostado por muchos, pero que a los articulistas les permite moverse en el proceloso terreno entre la poesía y la épica que otros aspectos de la vida diaria se vería ridículo, exagerado o pretencioso. En el caso de Soriano, además, muchos de sus relatos basculan entre la verdad histórica y un realismo mágico maravilloso que permite que, por ejemplo, lectores extranjeros le pregunten por un personaje inventado al que Soriano tiene que "matar" para que le dejen de interrogar acerca de él. En ese mundo de fantasía, donde el balón de fútbol realiza acrobacias imposibles y hay entrenadores que tienen que huir a la selva para escapar de los malos resultados, puedes encontrarte lo mismo al hijo de Butch Cassidy arbitrando un Mundial oficioso entre mineros (y que, para hacerse respetar en los partidos, ha de emplear, igual que su padre, un par de revólveres) como al protagonista de buena parte de sus historias, un tal Míster Peregrino Fernández reinventado múltiples veces y que se pasa media vida peregrinando entre la pampa y Europa para toparse con los nazis, Stalin, la KGB, Perón y un portero manco que le tiene manía desde que le partió la nariz en un partido con la Juventus. ¿Cuánto tienen de veracidad y cuánto de invención estos cuentos? Imposible dilucidarlo, pero nos da igual: si, como dice Soriano, un día Maradona le regaló una exhibición de equilibrismo con una naranja, quizá es que en el mundo del fútbol cualquier locura es posible.


lunes, 21 de agosto de 2023

Los libros no son sólo para el verano (II): más recomendaciones lectoras para sobrellevar el estío

Fotografía desde la Isla de los Museos en Berlín, una ciudad con historia (en opinión de algunos historiadores, quizá demasiada)

-"Berlín. Auge y caída de una ciudad en el centro del mundo", del británico Sinclair McKay, es un resumen un tanto atípico de la historia del siglo XX en Berlín, dado que parte de los momentos en que el régimen nazi estaba a punto de caer bajo la invasión aliada y se dedica (durante buena parte del texto) a hacer retrospectivas sobre los años del régimen nazi, para luego centrarse brevemente en las tensiones Este-Oeste que crearon el Muro, y luego repasar de manera somera los avatares de este último hasta su caída. Más allá de una u otra estructura, se nota que el libro está bien documentado, cuenta con una cantidad no pequeña de testimonios de personas corrientes que le dan profundidad al relato, y narra también unas cuantas historias personales muy interesantes: por ejemplo, la de Eric Kastner, escritor contrario a los nazis, pero que fue tolerado y que incluso escribió para ellos el guión de una película de entretenimiento, "Münchausen" (lo cual tiene mucha gracia, teniendo en cuenta que el personaje protagonista era un gran fabulador, y de hecho la película esconde alguna pullita escondida contra los nazis). O Hildegard Knef, que se disfrazó de soldado para evitar los peligros que podía sufrir una mujer en el Berlín nazi a punto de desmoronarse, y que acabó interpretando a una superviviente del Holocausto. En definitiva, un buen libro para saber un poco más acerca de Berlín, esa ciudad con "demasiada historia".

-"Los fracasados de la aventura", por Bruno Léandri. La exposición de motivos del escritor (un humorista francés de cierto renombre) es sencilla: por cada explorador que ha logrado una gran hazaña, hay un número mucho mayor de gente que se ha quedado en el camino. A veces, porque las gestas épicas son complicadas y lo más normal es fracasar -de hecho, es fácil reírse de ellos desde la comodidad del salón de tu casa-; y otras, porque no siempre los aventureros han hecho un cálculo bien mesurado de los riesgos, y abunda también la precipitación, la inconsciencia o, por qué no decirlo, la estupidez. Así que el libro se dedica a dar cuenta de algunos de esos más sonoros fracasos, sobre todo con mucho humor (de hecho, el rigor histórico pesa un poco menos: varias historias ya las conocía y puedo certificar que son ciertas, pero a alguno de los capítulos le he encontrado visos de falsedad). Ideal sobre todo para echar unas risas.

-"La uruguaya", de Pedro Mairal. No es tan estimulante como la estupenda "Salvatierra", del mismo autor; de hecho, buena parte del libro tenía la sensación de que esta novela sobre un argentino que viaja a Uruguay a solventar sus problemas financieros (y algo más) no me decía nada que no hubieran expresado otras. Sin embargo, a partir de la mitad del corto volumen ocurre algo que le da sentido a todo y hace que la cosa se ponga interesante. Así que de menos a más.

-"El pibe que arruinaba las fotos" es la autobiografía novelada de Hernán Casciari, que recoge algunos de los textos que este humorista, crítico de cine, bloguero y hombre-orquesta iba publicando en Internet (de alguno de los cuales seguro que os habéis enamorado a lo largo de los años) para concatenar una narración donde se combinan realidad y ficción en nombre del humor, y quizás un punto de poesía.

-"Hex". Este curioso título es una abreviatura de "historias extraordinarias", como son las que nos presenta Daniel López Valle. Algunas conocidas, pero detalladas a tal nivel que merece la pena echarles otro vistazo (como la de los Allahakbarries, un pésimo equipo de cricket conformado por algunas de las mejores cimas literarias de la Inglaterra victoriana; las extravagancias de la familia de Stalin; o el menú de un restaurante de lujo de la París asediada por los prusianos que tuvo que recurrir, como pitanza, a los animales del zoo); otras historias son famosas, pero están bien narradas y siempre nos entretetienen (César y Augusto, Hatsheput, mujeres piratas); algunas relaciones insospechadas (Roald Dahl y James Bond, el padre de Auguste Dumas y el conde de Montecristo); e historias insólitas, entre otras razones, por desconocidas (un señor que inventó el terrorismo para estafar al seguro; gente que se perdona la vida en los cielos durante la guerra; un hombre que buscó la venganza por tierra, mar y aire; los intentos de asesinato a la reina Victoria). En definitiva, con este libro no os vais a aburrir.

martes, 1 de febrero de 2022

Las recomendaciones de febrero: dos obras de teatro

La gran Cenobia.  Como muchos sabéis, siempre tengo un lugar especial en mi corazón para los perdedores. No es difícil encontrar colectivos de esta categoría cuando exploras la historia del Imperio Romano, uno de los más victoriosos de la historia. Quizás por eso le he dedicado buena parte de mis líneas a uno de sus enemigos más olvidados. Pero tampoco es nunca mal momento de acordarse de Cenobia o Zenobia, esa reina de Palmira (ciudad situada en lo que hoy sería Siria) que desafió a este gigante militar y consiguió, durante varios años, mantener a su nación como entidad independiente. Lo bueno o lo malo que de su biografía no hayan quedado más testimonios que los de los historiadores latinos -como ocurre con casi todos los vencidos por Roma- es que esto hace que sea muy fácil reinterpretar su relato para obras literarias posteriores: es un privilegio, por otra parte, que se le reserva a los mitos. Yo descubrí su figura a través de La reina de las caravanas, una novela histórica que conseguía lo que pretendía: ser ligera, entretenida, crear un personaje carismático, y emplear bien unos recursos muy efectistas (incluyendo una sensualidad bastante sugerente). Ahora he vuelto a disfrutar de una versión de la reina de Palmira a través de La gran Cenobia, obra de teatro escrita originalmente por Calderón de la Barca y representada en las próximas semanas en Madrid por la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Con un reparto joven y meritorio, un muy bien trabajado montaje ha sabido actualizar un texto antiguo (en todo caso muy bien hilado, como suele ocurrir con Calderón) hasta convertirlo en vívidamente moderno, aprovechando para exhibir peligros muy actuales y, también, el problema de que tus palabras queden en manos de otros. No sabemos lo que hubiera opinado Zenobia de las diferentes visiones de su vida, pero lo que sin duda le disgustaría es descubrir los daños que ha sufrido la ciudad por la que tanto luchó a manos de la sinrazón del ISIS durante la guerra de Siria. Esperemos que el futuro le depare a Palmira que recupere, al menos, una mínima parte de su esplendor.

Mi madre, Serrat y yo. Esta obra de teatro que se representa durante las próximas semanas en Madrid, en la Sala Plot Point (de la que hablamos en otra ocasión para mencionar una obra emparentada), explora las relaciones materno-filiales a través de la música de Joan Manuel Serrat. La comedia de pulido guión (y profundas conexiones argentinas) se cimenta sobre todo en sus estupendas actrices, tanto el volcán viviente que ejerce de madre como en la joven que interpreta a su hija, la cual acierta en darle las réplicas y también en deleitarnos con las canciones del artista catalán. Ideal para quienes quieran reconectar con sus seres queridos o escuchar versiones del "tembleque" del maestro.



lunes, 17 de febrero de 2020

Las recomendaciones de febrero: cuentos y cuentistas

En este blog nos hemos referido con frecuencia a excelsos contadores de cuentos. A lo largo de los posts, he podido homenajear a algunos de mis favoritos: Borges, Poe, Cortázar, Esteban Erlés, Stabironets, Asimov, Ray Bradbury, Robert Louis Stevenson, Mark Twain, Galeano y tantos otros... Aprovecho para mentaros unos cuantos libros construidos a base de cuentos a los que creo que merece la pena echarles un vistazo. ¿Preparados? Comenzamos.

-"Los peligros de fumar en la cama": Mariana Enríquez crea atmósferas inquietantes en las que la adolescencia, la sensualidad y el terror sutil están ahí para hacernos dudar de la inocencia de los objetos cotidianos. La autora ya publicó libros de cuentos previos ("Cosas que perdimos en el fuego") y recientemente se ha pasado a la novela con "Nuestra parte de noche", ganador del Herralde de novela.

-"Relatos de lo inesperado", de Roald Dahl. Por mucho que se le considere un autor infantil, el británico ya había demostrado una mentalidad retorcida con "Cuentos en verso para niños perversos". En "Relatos de lo inesperado", un conjunto de narraciones dirigidas a adultos, el escritor da rienda suelta a sus pensamientos más inquietantes, preparando malévolas trampas en las que hace caer a los incautos. Claro que puede ser que estos últimos no fueran tan inocentes, sino que estuvieran deseando caer...

-Si en cambio estas dos últimas propuestas os perturban demasiado, algo más enfocado al niño que todos llevamos dentro. "Cuentos por teléfono" de Gianni Rodari (un reconocido autor infantil italiano) pone por escrito las historias que el autor le contaba a su hijo por teléfono cuando trabajaba de viajante de comercio por Italia. Los relatos, por supuesto, cambian día a día en función del cansancio del padre, de lo bien que le habían ido las cosas aquel día, o de cuándo había podido llamar. Recomendables para leer uno por día, antes de dormir, a una persona querida, sin que sea imprescindible que medien kilómetros de distancia.

-"Antología de la literatura fantástica". Publicada en 1965 por tres monstruos de la literatura argentina (Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y la más conocida por su labor editorial Silvina Ocampo) que también se habían especializado en el relato, esta colección es un compendio de algunos de los mejores cuentos del género que no distingue antigüedad (hay historias escritas en el siglo IX), nacionalidades (encontramos muchos europeos y americanos, por supuesto, pero también unos cuantos chinos) ni estilo, con una amplia variedad de temas y aproximaciones tratadas. El libro se convirtió en una referencia inmediata del género fantástico, en el que los autores incluyen sus particulares granitos de arena, pero resulta aún más interesante por las numerosas historias casi perdidas en el tiempo que nos hace descubrir.

-"Los mejores relatos de anticipación", recopilados por Kendell Foster Crossen y Charles Nuetzel es también una vieja antología (data de 1969) que tiene la particularidad de que narra de manera cronológica una historia de la humanidad a través del tiempo dibujada a través de numerosos escritores, algunos de los cuales se incluyen en el marco de la Era Dorada de la Ciencia Ficción. Como en casi todas las antologías, hay para todos los gustos, pero podéis encontrar unas cuantas perlas bien engastadas en un collar donde quedan majestuosamente exhibidas.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Los libros y las películas de noviembre: buenos libros eclipsados por sus (¿mejores?) adaptaciones

Siempre decimos aquello de que la adaptación cinematográfica de un libro suele ser peor que el original. ¿Y por qué?¿Precisamente, porque es el original?¿Porque en una película puedes expresar tan sólo una ínfima parte de los matices que eres capaz de desgranar en un libro?¿Influye mucho a cuál de las obras accedemos primero? No obstante, es también muy abundante el número de películas que han surgido a partir de novelas las cuales han pasado prácticamente desapercibida (recordemos "Los pájaros" o "Psicosis" antes de la adaptación de Hitchcock; o "La naranja mecánica" de Burgess, que sufrió la doble humillación de ver cómo tanto el editor como Kubrick recortaban el último capítulo -para el autor esencial- de su obra). Y, sin embargo, existen películas inmortales cuyo origen no es excesivamente conocido las cuales, sin embargo, cuando te aproximas a su génesis (por lo común después de la obra cinematográfica que las hizo famosa), se revelan fascinantes también, a veces por motivos completamente dispares a los de su adaptación. En una lista sin duda incompletísima, tenemos:

-De "Lolita" ya hablamos extensamente en su día. No es que se trate de dos historias distintas (el cuerpo general del argumento es muy similar entre la obra de Nabokov y la de Kubrick): es que la orientación que se da, y lo que Kubrick verbaliza a través de las imágenes, es radicalmente diferente de lo que -más que enseñó- insinuó Nabokov. Una razón más que ha podido contribuir a la profunda incomprensión sufrida por la obra.

-Muy adaptado a la gran pantalla fue Truman Capote. "Desayuno con diamantes" y "El arpa de hierba" se convirtieron en dos grandes películas, pero la prosa de Capote hace que ambos relatos se hagan igualmente conmovedores tanto cuando se leen como cuando se ven en pantalla. En ambos casos se captó muy bien el espíritu de la obra, aunque en "Desayuno con diamantes" comprobaremos unos cuantos cambios respecto al relato original.

-Eduardo Sacheri ha sido también un autor especialmente prolífico para el cine en los últimos tiempos. Campanella atrapó "La pregunta de sus ojos", le dio un par de vueltas adicionales, y convirtió una muy buena novela en una película fastuosa, "El secreto de sus ojos", que superó el difícil reto de ganar un Óscar. Recientemente han adaptado otra novela de Sacheri, "La noche de la usina" (que he de decir que estupenda) para transformarla en "La odisea de los giles", la cual aguardo con expectación.

-Es difícil, de una novela de Delibes, decir que la película superó al libro. Pero en el caso de "Los santos inocentes", Mario Camus altera un par de detalles que proporcionan una mayor fuerza a los hechos descritos. Si a ello le añades la música, supremas actuaciones, y la "milana bonita", todo queda muy redondo. Pero -y una vez más, siendo Delibes- vale la pena volver a la fuente original.

-"La noche del cazador", de Davis Grubb, fue una novela muy conocida en su día, y que ahora sin embargo ha caído en la noche del olvido. El impresionante actor Charles Laughton dirigió la adaptación en su momento, la cual pasó por las taquillas sin pena ni gloria para luego convertirse en una película de culto -y, al contrario de lo que ocurre en otras ocasiones, en este caso hemos de decir que con razón-. No obstante, merece la pena echarle un ojo a la novela, que se adentra en páramos donde la película (de líneas muy puras que refuerzan la carga simbólica) no tuvo capacidad de meterse.

-"El método Grönholm", escrita por el dramaturgo Jordi Galcerán, fue un gran éxito en el teatro, tanto de crítica como de público. En "El método", Mateo Gil (excelente tanto como co-guionista de Amenábar como en historias propias tales como "Blakcthorn") extrajo las ideas esenciales y jugó con el escenario y los personajes para encontrar una forma distinta de expresar un mensaje similar. Ambas muy recomendables, cada una a su manera.

-"Lo que queda del día". El reciente Nobel de Literatura Kazuo Ishiguro (nacido en Japón, nacionalizado británico) escribió una obra de lo más inglesa de la cual se hizo una muy célebre adaptación cinematográfica protagonizada entre otros por Anthony Hopkins y Emma Thompson. La mayor diferencia entre la novela -la más reconocida de su autor- y el film radica en el punto de vista subjetivo desde el que que está contada la historia, enfoque que ensalza las cualidades de su protagonista: un anticuado, clasista y rígido mayordomo que cree en el valor de las viejas tradiciones, las cuales a él mismo le han condenado a perder tantas cosas. Quizás este punto sea el más atrayente y original de la novela, pero al mismo tiempo el que más dificulta su lectura (especialmente si uno lo hace en el idioma original, como he intentado yo): el protagonista se nos vuelve tan insufrible, tanto por su carácter servil como por su modo de hablar pomposo y afectado, tan británico, que dan ganas de tirar la novela a la papelera y maldecir a todos los esclavos que se enorgullecen de su condición. Sin embargo, el empleo de la primera persona como recurso narrativo resalta de manera más destacada las contradicciones del personaje, creando matices -no mejores, sí distintos- que no se podían reconstruir en la película. Sólo por eso merece la pena echarle un vistazo.

Pero, más que nada, me gustaría conocer vuestra opinión. ¿Ha ocurrido que, al aproximaros al texto original de una película, lo habéis sentido como distinto, o habéis notado que tenía algo especial?¿Qué libros creéis que han sido injustamente eclipsados por sus adaptaciones? Espero vuestros valiosísimos comentarios.

lunes, 7 de octubre de 2019

Circe y sus demonios

Esta historia (o reflexión, como queráis llamarlo) comienza con los agradecimientos de mi tesis. Para los no iniciados, ésta es en muchos sentidos la parte más importante del documento final que se entrega a un tribunal especializado con el propósito de obtener el título de doctor. Esta sección tiene relevancia por dos motivos: primero, porque allí tus jefes y compañeros van a ver recompensados los esfuerzos de haberte aguantado y ayudado durante un período de cuatro a seis años y, dos, porque debido al contenido científico de la tesis, estas pocas hojas resultan lo menos complicado del texto y por tanto lo único que muchos van a leer. En mi caso, yo personalmente me sentía un poco cansado del formato clásico que consiste en soltar una larga ristra de nombres, dedicándoles unas pocas palabras amables para cada uno. En ciertos sentidos, me recuerda a las invitaciones de una boda: llega un momento que, entre los imprescindibles, los que te apetecen, los necesarios, las obligaciones, y una larga colección de gente que a tú crees que no deberían estar en la fiesta, pero que se sentirían mal si no contaras con ellos (en mi caso, el de la tesis, las cuestiones se complicaban más todavía), se acumulan fácilmente de trescientos a mil invitados, que es justo lo más parecido que yo me imagino a un infierno hecho boda. Quizás por eso, cuando me ha dado por la ocurrencia de casarme, he organizado sólo celebraciones particulares, pequeñas, con diminutos grupos de amigos separados, reservando sólo una celebración más grande para la familia porque no encontraba mayor manera de subdividirlos. La cuestión es que, para la tesis, tomé una decisión que me pareció más adecuada: no nombraría a nadie en concreto (salvo los directores de tesis, porque su implicación era evidente), sino que sólo mencionaría de modo general a la familia, los amigos y los compañeros de laboratorio. El argumento era sencillo: los que realmente se lo merecían se sentirían incluidos (como escribí en el texto, "ellos ya saben quienes son", y no es una frase hecha, sino que procuro que lo sepan), y los que no, al menos no se sentirían rechazados o podían tratar de creer (o convencerse a sí mismos) de que también iba por ellos. La segunda elección que tomé fue la de dar un cierto tono literario a los agradecimientos, para de ese modo hacer la lectura más amena (me permitía, además, ser más atrevido con las metáforas, que para mí era la mejor forma de homenaje a mis seres queridos). Para ello, escogí comparar la tesis con un viaje (en cierto modo, en muchos modos distintos, lo es), y en concreto con la Odisea, la madre de los viajes literarios. En un momento determinado, nombraba -aquí llegamos al quid de la cuestión- a aquellos compañeros que, como hábiles marineros trabajando en equipo, velando los unos por los otros, me habían advertido de la presencia de algún Polifemo o alguna Circe. Ambos eran personajes genéricos y abstractos (no había nombrado a los compañeros elogiables, así que obviamente no iba a mencionar a los que detesto), y se referían a las adversidades que localizas a lo largo del camino: Polifemo, el gigante de un solo ojo que está a punto de devorar a los protagonistas de la Odisea, y Circe, que transforma a los compañeros de Ulises en cerdos, encantamiento del que se libra el héroe aqueo gracias a una protección especial que le otorga Mercurio. De todas formas, por razones históricas y circunstanciales, la gente (ya sabéis cómo es) quiso pensar que Circe representaba a una persona con nombres y apellidos del laboratorio, y tuve que responder un par de veces por esa referencia. Fue entonces cuando un amigo me trajo a colación una particular versión del mito de Circe. Él decía que, en el fondo, Circe no era la villana de la historia, a pesar de que en las múltiples versiones que se han hecho de la Odisea se la pinte así. Circe, en efecto (ejercía de abogado defensor mi amigo), convirtió a los compañeros de Circe en cerdos pero, ¿qué otra cosa iba a hacer cuando un grupo de hombres fornidos y armados se plantaron en su isla?¿Qué hubiera hecho una débil e indefensa mujer en su sano juicio ante una banda de  que podía abusar de ella, o tal vez algo peor? En cambio, reclamaba mi amigo, Circe al final acaba congraciándose con Ulises, enamorándose incluso de él, y le proporciona indicaciones para el resto del camino con el objeto de hacer más seguro su viaje y conducirle sano y salvo hacia su destino. En aquel momento, yo tenía bastantes objeciones que replicar al alegato de mi amigo, tanto si en su interpretación se refería a la supuesta persona del laboratorio que habría inspirado a Circe, como respecto a la propia hechicera en sí. Al fin y al cabo (pensaba yo) Circe era una maga poderosa, en principio superior en fuerzas y habilidades a los miembros de la expedición que llevaba perdida desde la guerra de Troya, y había sido un exceso convertirles en comestibles cochinillos sólo por si acaso, sin darles siquiera la posibilidad de explicarse. Pero luego, poco a poco, empecé a congraciarme con la idea, y no sólo porque observé que había gente tan de acuerdo con esa teoría que le había puesto el nombre de Circe a sus hijas. Y es que, con tantas cosas que hemos visto en este mundo, tanto a nivel tanto individual como colectivo, tantas veces, tantas bandas de soldados descarriadas, tantas manadas malditas y desenfrenadas, es natural que Circe, por mucho poder que supuestamente poseía (que quizás no era tanto, aunque tal vez me lo pareciera debido a lo sugerente del personaje), Circe, en fin, tuviera miedo, como casi cualquier mujer ante la brutalidad cruel que en ocasiones pueden exhibir los iracundos machos, y creyera que, en caso de duda, siempre es mejor prevenir que curar. La desconfianza: atacar primero para que no te ataquen a ti. El principio a veces tan excesivo que llamó a muchos americanos a creer en la falsa guerra de terror de George Bush (falsa porque sus propósitos eran distintos a los que prometía), o a que armemos una coraza de púas a nuestro alrededor que impide que nadie pueda dañarnos, a costa de nuestro contacto con los otros. Conforme reflexioné sobre esto, pensé también en la multitud de ocasiones en que la desconfianza nos hace perder el tiempo en esfuerzos inútiles (entre otras cosas, por imposibilitar el trabajo conjunto), o evita que llevemos a cabo acciones mucho más productivas que las que desarrollamos cuando  no nos hemos deshecho aún de los recelos iniciales. En ese sentido, se incluyen en esta categoría todo el trabajo defensivo de los estados para desarrollar ejércitos (la Guerra Fría al completo fue una pérdida de energías a escala mundial), las competiciones entre colegas que se pisan los méritos en sus respectivos empleos, las negociaciones entre partidos políticos y sectores sociales, y un largo etcétera. Claro que hablo de desconfianza incluso suponiendo que todos los actores tienen intenciones honestas y apuestan en conjunto por el bien común: si ya mencionamos a individuos sin escrúpulos, con intereses egoístas, frente a los que la desconfianza se encuentra plenamente justificada, entonces ya ni hablamos. Medité entonces, a continuación (como una sucesión en cadena de pensamientos) sobre hasta qué grado la desconfianza es o no la moneda común entre personas que contactan por primera vez (cuando conoces previamente a la persona, entonces puedes recelar o no, pero con razones fundadas), y si no nos iría mejor en general si concediéramos la presunción de inocencia desde un inicio. Y los primeros ejemplos que me vinieron a la mente fueron los encuentros entre pueblos que en un principio se hallaron incomunicados entre sí y cuyas vidas acabaron por cruzarse. Me vinieron a la mente las imágenes de navegantes, exploradores, conquistadores. Comerciantes, viajeros, trabajadores en busca de un salario. Turistas, mochileros, inmigrantes. El continuo y eterno viajar, y las interacciones, positivas y negativas, que se producen durante el proceso.

Recuerdo, a propósito de este asunto, una visita al Museo Nacional en Zürich, Suiza. Allí, se intentaba (quizás para revertir el sentimiento de xenofobia que está creciendo en los últimos años en ese país concreto) dar relevancia a los hombres que han hecho grande a Suiza desde su variada procedencia de distintos países de origen, y que constituyen casi todos los grandes prohombres del país: Hermann Hesse (alemán), Nestlé (también alemán), Maggi (italiano). Un panel del museo agregaba, aleccionador: "Todos los humanos procedemos de África. Salvo allí, nadie pertenece de verdad a sus países de nacimiento. Todos somos inmigrantes". Una idea parecida me vino a la mente cuando me comentaron el reciente descubrimiento de que todo el oro del universo -y los metales pesados, en general- proviene de explosiones masivas producidas a partir de colisiones de estrellas de neutrones (sé que la relación parece extraña, pero no se preocupen, todo tendrá su explicación). Desde allí, el oro ha viajado para acabar en las minas de la Tierra donde reposa el sueño de los justos y es extraído (dado su escasa utilidad industrial) para dar brillo a las joyas de quien pretende mostrar poder, o acabar fundido en lingotes para ser escondido en otra mina bajo tierra -en ocasiones llamada banco- donde también duerme el sueño de los justos, y sirve para hacer creer a algunos que son poseedores de riqueza y para demostrar poder también. Es decir, en el fondo -y volviendo al tema que nos ocupa-, el oro es un inmigrante llegado a la Tierra, como quizás las primeras moléculas de la vida, como Superman, con todas las implicaciones filosóficas que estos diversos hechos lleguen implicar (¿por qué, preguntado sea de paso, nos entusiasman tanto tanto las cosas que brillan?). Pero es que (reflexioné también), en el fondo, todos los elementos químicos son en su origen exógenos a la Tierra. Salvo el hidrógeno, todos los elementos generados (el helio y el litio durante el Big Bang, el resto en el interior de de supernovas y estrellas) lo han sido a partir de procesos de fusión nuclear en ambientes muchos más calientes de los que alguna vez ha poseído la Tierra. Es decir, como se ha proclamado tantas veces, somos polvo de estrellas, restos de los eventos cósmicos que han tenido lugar en el universo. Y esos inmigrantes de distintas procedencia han tenido forzadamente que contactar unos con otros. En el caso de los elementos químicos, vemos sus interacciones como algo natural, ya sea mediante reacciones químicas, enlaces, repulsión o explosiones. En el caso de los humanos, en cambio, resulta un poco más complicado. Sobre todo por los daños que las explosiones generadas pueden provocar entre ellos.

Desconfianza. Desconfianza (o al menos cierta precaución) hubo la primera vez que los indígenas americanos contactaron con los europeos que arribaron alrededor de los siglos XV y XVI a sus tierras. Por eso les enviaron lejos, en busca de lugares donde, según decían, se acumulaban oro (mira, otra vez el oro) y riquezas míticas, que siempre estaban muy lejos, siempre al oeste, siempre en otro lugar que no era allí. Eso, porque no les conocían; si llegan a saber lo que los europeos pretendían, seguramente no hubieran tratado de engañarlos, sino que los hubieran liquidado allí mismo. En un ejemplo más actual, en los países africanos, hoy en día, los lugareños de lagunas regiones se muestran recelosos ante los sanitarios occidentales que vienen distribuir vacunas, porque saben que, en ocasiones pasadas, los servicios secretos del Primer Mundo aprovecharon este sistema para recabar información, y ahora ya no se fían ante los voluntarios que pretenden prestar servicios de prevención sanitaria a niños y ancianos, aunque éstos acudan con la más desinteresada de las intenciones. Hasta puede que hubiera quizás también desconfianza en la actitud de Circe tras congraciarse con los griegos pues, ¿quién nos dice que, una vez descubierta, no fingió el amor con Ulises -que no era tampoco un santo, precisamente, como tampoco lo eran sus hombres- para evitar una violación en grupo, y sólo les mandó en un seguro viaje de vuelta como la mejor manera de quitarse de encima a todos ellos, de asegurarse de que no les volviera a ver? Desconfianza surgida de la decepción, de las malas experiencias, de la desdicha, del conocimiento del género humano. A veces, como hemos dicho, contraproducente, porque te impide realizar esfuerzos conjuntos, pero en ocasiones imprescindible, porque sabemos cómo es el otro, porque sospechamos que, si le damos la mano, amenazará con arrancarnos el brazo, porque en un alto porcentaje tenía razón Hobbes cuando pontificaba aquello de que "el hombre es un lobo para el hombre"... Y, sin embargo, existe una noción evidente: si todos nos preparamos para la guerra, entonces ésta se convertirá en inevitable. Con lo cual, la única consecuencia lógica es luchar en favor de la paz. Sin embargo, y en un desenlace previsible de la teoría de juegos, todas nuestras acciones van encaminadas a no constituir, en una hipotética batalla futura, el único y doliente perdedor. Lo cual nos lleva inexorablemente al enfrentamiento y, por tanto, a que caigamos derrotados todos. Destrucción mutua asegurada. Como casi ocurrió en la Guerra Fría, donde la paranoia con que el otro pudiera atacar primero estuvo a punto de conducir a que el mundo entero se extinguiera de una vez.

En este sentido, embriagan y llenan de alegría aquellas situaciones, excepciones históricas, donde la base del encuentro de los pueblos no es la desconfianza ni la lucha sino, por el contrario, la confianza o la colaboración. Hace poco, estuve en la región de Misiones, en Argentina, donde se destacaba el experimento sociológico -involuntario como experimento, aunque no por ello menos atrayente- tan original en el que los jesuitas crearon poblados (las llamadas "reducciones") para enseñarles la cultura occidental a los indígenas, incluyendo la lengua castellana y un oficio, con el objetivo de que pudieran ser dueños de su propio futuro en el día de mañana. Desde nuestro punto de vista moderno, tal actitud por parte de los religiosos nos puede parecer paternalista -y sin duda lo era-, pero lo que pretendo destacar es que la interacción no era exclusivamente unilateral: los indígenas tomaban las enseñanzas que les impartían los jesuitas (sobre todo en el arte y la música) y las reinterpretaban a su modo, y los sacerdotes hicieron un esfuerzo por aprender y conservar el guaraní, la lengua de sus aplicados alumnos. Desde luego, no era una relación de igual a igual pero, para los siglos XVII y XVIII, constituía, desde luego, como intercambio cultural, de lo más avanzado que había. Aunque para mí hay un ejemplo todavía más impactante. En ese mismo viaje, estuve en una región situada al noreste de la Patagonia, donde en el siglo XIX se fundó una colonia por parte de viajeros galeses. Una cuestión a destacar es que, durante los primeros tiempos, no tuvieron contactos con los nativos de la región. Y eso que los tehuelches (así se denominaban los aborígenes de aquella zona) las habían tenido crudas con los colonizadores previos; entre ellos, los españoles, uno de cuyos fuertes asaltaron para arrasar a cuchillo con todos sus ocupantes. Pero claro, la actitud de los españoles había sido otra: ellos eran hombres armados, como los hombres de Ulises. Los europeos disparaban y después preguntaban, con el mismo axioma en el que se basaba la desconfianza de Circe (o porque querían conquistar esa tierra a toda costa, como de hecho llegaron a lograr). En cambio, los galeses portaban herramientas de labranza; araban la tierra, se habían traído consigo a sus mujeres y niños. Aun así, el contacto se demoró un período de hasta dos años, momento en que una pequeña representación de tehuelches aparecieron en mitad de una boda galesa trayendo unos cuantos dulces. A partir de entonces, y a pesar de que se produjeron una serie de desencuentros y roces, en general hubo una coexistencia pacífica entre ambos grupos, incluso una cierta colaboración: los galeses les enseñaron a los nativos a cultivar la tierra, mientras que éstos les mostraron a los antiguos antiguos británicos cómo dar caza a los animales de la zona. Quizás la superación de la desconfianza sea esa: no pensar tanto en la intranquilidad que el otro genera, sino en qué puedes hacer tú por él. No responder al miedo con el miedo, o al temor de la agresión con la agresión; sino más bien al contrario, dejarlo descolocarlo, superando las barreras al ofrecer lo contrario de lo que esperan. Dar, como mejor manera de que luego ambos sean capaces de recibir. Quizás sólo se trata de que Circe escuche sólo un par de segundos antes de convertir a los hombres en cerdos, para al menos confirmar o desmentir si se merecen permanecer en esta guisa. Tal vez el camino para erradicar la desconfianza y, por tanto para la paz, es que nos arriesguemos un poco a perder (o perdamos un poco) para así darnos una oportunidad también a nosotros mismos. Porque sólo si trabajamos juntos, en este mundo cada día más interconectado y complejo, en el que todas las soluciones son globales, seamos capaces de conservar una mínima posibilidad de ganar.

jueves, 1 de agosto de 2019

El libro y la historia real de agosto: "Operación Masacre", de Rodolfo Walsh

Rodolfo Wash era un escritor y traductor argentino que, alrededor de 1956, había empezado a despuntar con algunos relatos en revistas especializadas. No tenía gran interés por la política, no había tomado partido por grandes causas o por ese concepto tan abstracto de "la justicia", no le interesaba el periodismo de investigación. Pero un día, escucha en una cafetería: "Hay un fusilado que vive". Esta frase hace que quede absorbido por completo (sumergido hasta la cabeza, y también hasta el mismo tuétano) en un reportaje que le obligará a dormir en lugares inhóspitos, a mantener su identidad en secreto, a realizar sacrificios inaplazables, y que cambiará la vida de muchas personas, empezando por la suya propia, ya que se volverá un hombre comprometido, acosado, en continuo peligro de muerte a causa de su adhesión a un ideal. "Operación Masacre" es el título del libro en el que resume a qué conclusiones llegó gracias esta historia, la cual la editorial "Libros del Asteroide" publica ahora, más de sesenta años después, bajo el aclaratorio prólogo de Leila Guerrero.


Pongámonos en el contexto; en 1955 gobernaba, tras haber sido elegido democráticamente, Juan Domingo Perón. Ese año, un golpe de estado le depone e instaura en su lugar una dictadura militar*. En 1956, surge una rebelión contra dicha dictadura. La revuelta militar es rápidamente sofocada, pero en la investigación acerca de los causantes, la policía entra en una casa particular donde un grupo de personas se encontraban jugando a las cartas y escuchando por la radio un combate de boxeo. De los allí presentes, quizás unos pocos eran conocedores del golpe (si acaso lo esperaban, aunque no estaban seguros si se produciría), pero en todo caso no tomaron parte activa en el mismo. La inmensa mayoría, sin embargo, se encontraban allí por casualidad y no sabían que en aquella noche iba a ocurrir nada especial. En cualquier caso, la policía los detiene y se los lleva a todos y, sin ninguna clase de juicio ni garantía legal, decide desplazarles hasta un basurero con la intención de fusilarles. La operación se hace de una manera tan precipitada, tan zafia, que seis de los condenados sobreviven. Es la pista de estos hombres, de estos desesperados supervivientes que claman por su existencia (y la de los hechos inmediatamente anteriores y posteriores, describiendo sus peripecias dentro de un contexto vital), la que Rodolfo Walsh perseguirá, como un perro a su presa, para dar a luz una verdad que alteraría el país y modificaría también su vida para siempre.

Se trata de hechos reales, y también de un documento periodístico, pero en este caso no es baladí la alocución tan común que se dice en estos casos acerca de que "se lee como una novela". Y es importante porque, pocos años después, el escritor y periodista Truman Capote inventaría en "A sangre fría" (otra descripción de un crimen, aunque en éste faltaría el factor político) la técnica de la "novela testimonio" o "nuevo periodismo", donde el acto de describir noticias del periodismo se entremezcla con la forma de de contar propia de la literatura. Sin embargo, y como menciona Leila Guerrero en el prólogo, ocho años antes de que Capote se atreviera, Walsh se encontraba escribiendo párrafos como éste: "Lo único preciso, lo único en que coinciden quienes recuerdan haberlo visto, es en su aspecto físico, un hombre corpulento, provinciano, muy moreno, de edad indefinible (<<Usted sabe que a los negros es difícil conocerles la edad...>>), alegre conversador, que en un momento estará jugando con entusiasmo al chinchón, y en otro momento muy distinto -cuando ya todos temen- roncará apacible y estruendosamente en un banco de la Unidad Regional San Martín, como si no tuviera el más mínimo peso en su conciencia. En estas dos instantáneas puede resumirse toda la vida de un hombre". ¿Es o no verosímil creer que Walsh hubiera sido considerado el padre del periodismo narrativo, si hubiera nacido norteamericano?

A partir de entonces, como decimos, la vida de Rodolfo Walsh cambió. Antes de hincarle el diente a esta historia, era ex-miembro de la una organización de derechas, había sido partidario del golpe militar que a Perón había sustituido; su única preocupación era la literatura y, si se puso a investigar este caso, fue bajo la creencia de que llevar aquella noticia a portada (en realidad, por sus implicaciones políticas, no la quiso publicar nadie salvo unos pocos periódicos planfetarios y gremiales) le haría famoso y le garantizaría un lugar destacado. Veinte años después, bajo una dictadura militar distinta (la del general Videla) le vemos militando en organizaciones izquierdistas, cargado de compromisos periodísticos y políticos, los cuales, por precaución, le obligan a caminar permanentemente armado. Insiste en volver a escribir ficción, pero ya no quiere hacerlo "para un puñado de snobs", sino que quiere introducir en su literatura una carga adicional de contenido, fuertemente política. Como dice Leia Guerrero, una transformación, una epifanía; para tomar sus palabras, "una metamorfosis". Un año después del golpe de estado que llevó al poder al general Videla, escribe una Carta abierta de un escritor a la Junta Militar donde describe la arbitrariedad, la ilegalidad, las desapariciones, los presos, los desterrados. Unas pocas horas después de mandar dicha carta al correo, aparece una sección del ejército para matarlo. ¿Culpa de la condenada carta? Según Leila Guerrero, no: el ejército no conocía de su existencia. Pero sin duda sabía que era del tipo de hombres que podía redactar una misiva parecida. Lo sabían porque había escrito, muchos años antes, "Operación Masacre", y por otras muchas cosas más. Con este libro, Walsh empezó a mecanografiar su sentencia de muerte. El peor favor que podríamos hacerle sería provocar que su fallecimiento perdiera todo sentido al olvidarle. Propagar la letra impresa de un periodista a los cuatro vientos es, sin duda alguna, el mejor homenaje que podríamos darle.

*Para los que anden interesados en un contexto más amplio, daré aquí una sucinta (que algunos considerarán larga y tediosa, y otros más que escasa) descripción de la situación política de la época, que siempre será incompleta, insuficiente y seguramente en parte errónea (no sólo por mi falta de conocimiento sobre el asunto, sino porque además he llegado a la conclusión de que la política argentina, más aún que la del resto de los países, posee una complejidad que la hace indescifrable para cualquiera que no sea argentino, y ni siquiera así). Perón llegó al poder con un programa electoral basado en una mayor distribución de la riqueza y una cierta justicia social que cosechó un gran apoyo popular, en parte seguramente auspiciado por los discursos de su mujer, Evita Perón, y con su identificación con los "descamisados", es decir, la parte más desfavorecida de la sociedad. Aunque varios historiadores critican de Perón su autoritarismo, y algunos han llegado a definir su movimiento como "fascimo de izquierda", el hecho de que una dictadura militar derrocase a Perón (el cual, junto a su segunda mujer, se vio obligado a exiliarse a Madrid, donde vivía con la maldición de tener como ruidosa vecina a una festiva Ava Gardner, poco respetuosa con los horarios habituales de descanso) ayudó a asociarle con mayor intensidad con la democracia y, hasta cierto punto, con la izquierda (pues se dice que el peronismo no es izquierda ni derecha,  sino todo lo contrario; en ese sentido es curiosa la admiración que Perón sentía por algunos métodos de Muy solicitud,  y la especial complicidad con el general Franco). En todo caso, todas estas afirmaciones hay que tomarlas de manera muy flexible, como suele ocurrir en el país argentino, donde se ha llegado a contemplar una elección presidencial con hasta cuatro candidatos que se consideran a sí mismos peronistas, de variado pelaje político, peleándose por conseguir una estancia en la Casa Rosada. Allí es nada.

lunes, 6 de junio de 2016

Los libros de junio: unos cuantos volúmenes de "Bambú y Naranja".

Saludos. Como sabéis, colaboro desde hace ya más de un año en el fanzine "Fragmentos de Tinta". Este proyecto está asociado a una web, "Bambú y Naranja", especializada en regalos personalizados que tienen que ver con la literatura. Entre otras cosas, "Bambú y Naranja" se dedica a recomendar y a vender libros, muchos de los cuales representan propuestas atrevidas, novedosas, originales y, en todo caso, variadas, aptas para todos los gustos. Como en este transcurso de tiempo me he leído unos cuantos, quiero exponeros lo que me he encontrado hasta ahora (en general títulos bastante diversos), para que cada cual juzgue cuál le acaba de convencer más y puede hacer pasar un buen rato.

Las propuestas que os traigo hoy son:

-"El hombre sin rostro", de Luis Manuel Ruiz García.



Ambientada en la España de 1908, y teniendo como punto de partida una muerte inexplicable (el esqueleto de un pterodácticlo colgado del techo se cae y aplasta a un profesor en el Museo de Historia Natural), el autor se embarca en una trama de humor y misterio protagonizada por variopintos personajes, entre los cuales se incluyen un docto científico, su atractiva e impetuosa hija, y un ambicioso aprendiz de periodista que se embarca en la doble tarea de obtener una exclusiva que le consiga fama y fortuna, y al mismo tiempo conquistar a la hija del sabio investigador. Una novela entretenida que pretende dar vueltas alrededor de ese apasionado y apasionante cambio de siglo en que el mundo evolucionaba, todo era posible, y el descubrimiento de exóticos territorios, y también de fascinantes verdades de la naturaleza, encontraba 
a la vuelta de la esquina siempre una nueva oportunidad. La novela da pie a continuar la historia con algunos de sus personajes, con lo cual, el que eche unas carcajadas a gusto con la novela puede tener la esperanza de volver a encontrarse algún día con los protagonistas en una nueva aventura.



En este conjunto de relatos unidos entre sí por una trama común (la historia de una familia y sus allegados, centrada en la misteriosa muerte de uno de sus componentes), la autora argentina afincada en España elabora una saga familiar con nada disimulados elementos autobiográficos, la cual recorre distintas épocas y personajes -ricos herederos, mujeres desesperadas, el alocado principio del siglo XX, nazis, comunistas, la historia sudamericana reciente, sangrientas dictaduras o turbulentas revoluciones-. El libro en su conjunto tiene aroma de mujer, y de hecho lo que más destaca es la construcción de los antagónicos personajes femeninos, combinando en medidas dosis rasgos de erotismo, dolor, lirismo, y algunas pinceladas de muy buena literatura. El texto se aleja de las convenciones clásicas de los distintos géneros que toca (no es una novela, pero los relatos se entrelazan entre sí; parte de un asesinato, pero proclama que el auténtico misterio es qué ocurre con cada uno de los protagonistas de la trama), y en algunos casos se nota que el argumento de los relatos no pesa tanto con respecto a la necesidad de recrear una atmósfera evocadora, un escenario en el que las figuras humanas puedan con gusto desarrollarse, o un hueco donde determinadas frases de gran impacto tengan la opción de encajar. Pero, precisamente, ahí radica en buena parte el atractivo del libro, pues es en este territorio donde mejor se despliega la capacidad de la autora, entre otras cosas responsable de un taller de escritura. Ideal para aquellos a quienes les encante bucear en las profundidades del corazón femenino, con el riesgo siempre inherente de acabar perdido en él.

-"El vivo" y "La glándula de Ícaro", de Anna Starobinets.



A Anna Starobinets se la ha denominado la Stephen King o la Philip K. Dick rusa. Aunque algunos ya han advertido de los riesgos de esa simplificación -y prefieren compararla con sus coetáneos geográficos o en clave de género, como Dovstoievski o Chejov, o calificar su estilo de "horror lírico"-, sí es cierto que esta autora de fantasía y ciencia ficción tiene en común con el maestro del terror norteamericano la tremenda habilidad de encontrar el horror en la sólo aparente seguridad de las situaciones y objetos cotidianos. Stabironets comenzó a alcanzar la fama con el libro de relatos "Una edad difícil" (publicada en España por la editorial Nevsky, especializada en literatura rusa), y más tarde se inició en el ámbito de la novela con "El Vivo", una historia sobre una sociedad futurista donde el número de habitantes de la Tierra permanece estable en tres mil millones de habitantes, la muerte definitiva no existe (cada vez que alguien fallece, se "reencarna" en un nuevo individuo), y todos los humanos se encuentran conectados entre sí a nivel de diferentes capas que en gran medida remedan un mundo actual demasiado obsesionado con Internet y las redes sociales. En la novela, la sociedad parece haber encontrado un pacífico equilibrio hasta que nace Cero, un individuo que no pertenece al Vivo, no se ha reencarnado a partir de ninguna existencia anterior, y tampoco está conectado con el resto de sus semejantes, suponiendo, por tanto, una amenaza para el sistema. La novela pertenece al género de la distopía, donde, como suele ocurrir, lo más importante no es predecir el futuro, sino reflejar las debilidades de nuestro presente y de la condición humana. De todas maneras, Starobinets sigue reflejando su máxima versatilidad en el formato del cuento, y en "La glándula de Ícaro" vuelve a plasmar sus obsesiones: los insectos, las posibilidades y temores con respecto al cuerpo humano, las criaturas que amenazan con apoderarse de él o tomar vida propia, y las estructuras disfuncionales que formamos como sociedad (de este libro, destaco especialmente el cuento que da título a la antología y "El parásito"). Da la sensación de que a Starobinets le encanta vivir en los umbrales, en esa frontera entre lo real y lo fantástico donde los protagonistas tienden a sumergirse en la rutina de lo inaceptable con una normalidad que provoca el más intenso de los espantos. Dos libros muy recomendables para aquellos a quienes le resulta delicioso el escalofrío que en el borde de la cama te sobrecoge.

Como os he dicho, podéis encontrar estos libros en la web de Bambú y Naranja (o, más directamente, haciendo doble click sobre los títulos de los libros en este post; "El hombre sin rostro" no está en la página web, pero me dicen que pueden enviarlo bajo petición individual). No obstante si creéis que no sois el tipo de lector apropiado para este grupo concreto de textos, podéis acercaros a esta sección de la página web, que permite que la responsable de "Bambú y Naranja" os pregunte por vuestros gustos y personalidad y busque una recomendación lo más cercana a vuestro carácter, al estilo del viejo librero de barrio a quien le ibas a preguntar y siempre tenía la historia adecuada para tu humor y tu estado de ánimo, y al que podías acudir siempre que le necesitaras. La verdad es que algunos de los mejores autores los he descubierto por recomendaciones, y se suele decir que el hecho de que alguien crea que te va a gustar un buen libro es una forma de halago. Así que, si os atrevéis, explorad, dejaos aconsejar... y leed y sed felices. Un abrazo, y hasta la próxima.

martes, 2 de junio de 2015

La película de junio: "El secreto de sus ojos", de José María Campanella

Como película de este mes, y aprovechando que hace poco otro film argentino ("Relatos Salvajes") ha intentado el asalto al Oscar, os cuelgo un viejo artículo que en su día publiqué en Globedia. A los que la conocéis, me decís si creéis que la crítica está ajustada a la cinta, y a los que no, espero que os estimule para buscarla. Un saludo.

"El secreto de sus ojos",

de José María Campanella


Obra maestra argentina, que combina lo mejor de los thriller judiciales con los detalles tiernos, humorísticos y poéticos del director de "El hijo de la novia". Enorme. Impactante. Imprescindible
Decía al principio de empezar esta columna periódica de opinión y reseñas culturales que el principal objetivo de ésta era dar a conocer determinadas películas o libros los cuales no habían recibido suficiente publicidad, cosa que podía hacer que la gente se perdiera historias interesantes. Por eso tenía mi duda sobre si reseñar o no esta película, que al fin y al cabo debería recibir el espaldarazo del éxito que unos años antes tuvo Campanella con "El hijo de la novia" (preciosa y delicada comedia cotidiana argentina, con chistes para no parar de reír cada cinco minutos). Sin embargo, una amiga en Vigo me acaba de comentar que allí ya la han colocado en un cine oscuro, húmedo y de extraños olores, lo cual, en contraste con la gigantesca calidad de la película, da que pensar. Ayer la pude ver después de mucho tiempo aguardando, e iba con otras cuatro personas: las cuatro coincidían en que hacía muchísimo tiempo que no veían algo tan bueno.

Siempre he dicho que combinar dos géneros o dos estilos, si se hace bien, y ambos son buenos, da como producto resultados espectaculares. Tomemos como ejemplo "El jardinero fiel". Una obra de John Le Carré, con viejos ecos y destellos de la guerra fría, que es adaptada al cine por Fernando Meirelles, un director de corte muy social: una combinación perfecta para un relato sobre los abusos de las farmacéuticas en África. Pues en este caso tenemos algo muy parecido: Campanella toma un thriller judicial, basado en el caso del asesinato de una chica joven hace muchísimos años, de la novela "La pregunta de sus ojos", que hubiera pegado perfectamente para viejos papeles de Al Pacino o películas de abogados de todas las épocas. Sin embargo, le añade un par de detalles y, ¡hop!, ya tenemos una de Campanella. Magnífico cocktail, de sabor espléndido al final.
La trama: Ricardo Darín (cómo no) es un viejo fiscal que se ha jubilado y ahora decide escribir una novela. Acude para ello a ver a los juzgados a la aún en activo Soledad Villail (estupenda actuación), con la que se nota que hay una tensión amorosa no resuelta del todo que se nos irá aclarando a lo largo de la película. Y allí le cuenta que la que novela que quiere escribir es alrededor del caso Morales. Una vez más (y siguiendo las reglas clásicas del género), el caso es una metáfora de cómo ha avanzado la propia vida del protagonista, con los personajes del caso entrecruzándose entre sí con los más importantes de su vida personal. Como suelen saber los que leen esta columna, no me gusta destripar demasiado, pero hay varios detalles que han de ser reseñados: primero, magnífica elección de secundarios. Aparte de las grandes actuaciones de los protagonistas, hay un elenco de personajes tan enternecedores como cómicos de los que no nos podremos olvidar. Segundo, chistes de un atrevimiento brutal: a pesar del tono en general dramático de la película, te das cuenta de que te han metido una ristra entera de gags buenísimos, con momentos de abierta risotada. Muchísimos momentos. Tercero, a pesar del ritmo en general lento de la película, ésta no se te hace larga, porque la calidad del guión, de los diálogos, de la historia, es tan buena, que incluso aunque cuando creas que la película sigue los esquemas típicos de las películas de abogados, te lo plantea tan bien, ¡tan bien!, que no eres capaz de predecir lo que va a pasar y te deja muerto. E incluso cuando lo predices, te llega a traumatizar igual, entre otras cosas porque las frases tienen un factor humano que sólo podía introducir un genio como Campanella (todavía me acuerdo de alguno de los maravillosos capítulos que dirigió para "House". Qué tío...).
Más cosas destacables y que es complicado que leáis en otras sinopsis: la película combina magníficamente a unos personajes en su juventud (donde el idealismo, las acciones locas y las situaciones impensables al límite rigen lo que aparte de ser casos judiciales, suponen los momentos que a nivel personal más recordaran en sus vidas), con los mismos personajes en su vejez, ya arrollados por la vida, obsesionados por los recuerdos, y en ambos casos gobernados por fuerzas superiores a ellos. Además, la película tiene puntos estupendos que denotan su origen y la naturaleza argentina -la picaresca, las pasiones propias de los porteños, determinadas formas de ser-, y detalles de poeta, como determinados giros del guión (aparte de los propios de la trama de misterio), o el hecho de que el personaje de Soledad Villamil tenga siempre o casi siempre algún detalle de color rosa en su vestimenta o a su alrededor, una característica especialmente "made in Campanella". El final nos dejará estremecido, a numerosos niveles. Las varias historias de amor, acongojados. En particular, uno de los grandes éxitos de la película es emplear de manera estupenda el truco del "personaje ausente", la chica asesinada, un recurso estupendo cuando se sabe hacer bien porque nos hace creer en su causa y en la del policía que busca a su asesino, y que tan sólo había visto ser tan magníficamente usado en la película "La dalia negra" de De Palma (con la diferencia de que en esta última, aparte de esto y de la actuación consecuencia de Mia Kirshner, que se "comió" a Scarlett Johansson y a Hillary Swank, no se salva casi nada).
En definitiva, una historia que nos hará reír y sentir a partes iguales, sobre los recuerdos, la culpa, los remordimientos, el amor, la amistad, que nos hará pensar que Campanella nos ha vuelto a contar la misma historia que tanto le gusta relatar, y al mismo tiempo, que lo ha hecho de forma completamente diferente. Nos dejará mudos después de haber recibido una descarga de sentidos. Y luego me contáis qué os han parecido los personajes del marido de la asesinada y de Sandoval. A ver qué habéis pensado.