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lunes, 14 de octubre de 2019

El libro de octubre: "Mansiones verdes"


No deseo describir en exceso esta obra, pues sin conocimiento previo se deslizó en mi vida y creo que de la misma forma debe en la vuestra entrar. Tan sólo un par de apuntes: fue escrita por William Henry Hudson, escritor argentino que emigró a Inglaterra y modificó por ello la escritura de su nombre. El argumento es aparentemente sencillo: un revolucionario venezolano debe escapar de su país y, retrospectivamente, narra cómo durante el curso de esa huida estuvo viviendo en la selva de la Guayana. Allí contactará con los nativos y descubrirá mucho más: la sombra de una presencia que modificará su vida para siempre. Esta novela, con una adoptación cinematográfica (bastante libre y que pierde buena parte de la esencia original), ha inspirado frases en las que se la relaciona con Conrad -quien la alabó, por cierto, bastante-, sin embargo a mí me recuerda sobre todo a Alejo Carpentier y su novela "Los pasos perdidos", a pesar de que esta última tenga bastantes más derivaciones. Además de la curiosa manera en que un elaborado lenguaje (construido con el mimo de una catedral gótica) te lleva hasta una casi espectral historia, este libro constituye un canto a la naturaleza -a un temprano pensamiento ecologista incluso- y también a las múltiples formas que puede adoptar nuestra vida, el amor y la pérdida. Aunque el final arroja una sensación huérfana, como si esperaras que ocurriera algo nuevo, distinto, al pasar la última página uno siente que ha merecido la pena el camino recorrido. Un libro sobre descubrimientos personales, así que yo os aconsejo a vosotros que os permitáis descubrirle a él.

lunes, 18 de febrero de 2019

El libro de febrero: "Los pasos perdidos", de Alejo Carpentier

Ya hace tiempo hablábamos de "El siglo de las luces", una novela de Alejo Carpentier caracterizada por una escritura compleja y barroca, un nivel de vocabulario altísimo y, sobre todo, una fascinante historia que nos permitía conocer el auge y decadencia de la Revolución Francesa (que son el amanecer y el ocaso, asimismo, del hombre ilustrado), iluminándonos sobre un capítulo tan poco conocido como fueron sus consecuencias en el Caribe. Con esa misma mezcla étnica que caracterizaba a Alejo Carpentier (un suizo criado en Cuba y que vivió en múltiples países latinoamericanos, para fallecer en Francia), si había otro reto mayúsculo al que podía enfrentarse era éste, el de narrar la epopeya de un modesto compositor por encargo que un día decide aceptar un proyecto de la universidad para viajar a la selva amazónica y localizar una serie de instrumentos primitivos los cuales, en teoría, pueden aportar alguna pista acerca del origen de la música. Inspirada en la experiencia vital que el escritor atravesó al adentrarse a lo largo del río Orinoco, Carpentier nos narra un recorrido que (como el de Ulises) presenta no sólo desplazamiento en la dirección geográfica sino, sobre todo, un viaje en el tiempo hacia el pasado del hombre y una evolución en la trayectoria emocional del protagonista. La riqueza estilística de Carpentier no encontró mejor territoria para asentarse que éste, donde podía utilizarla para describir la variedad de formas y de sensaciones que evoca la selva, en lo que constituye una reflexión sobre la historia, la música, el arte, la civilización, el amor y el sexo, el afán de poder y de gloria y, especialmente, las prioridades que uno adopta en la vida y las decisiones que hemos en consecuencia que adoptar. Una odisea embravecida, vertiginosa y titánica (a pesar de la brevedad del volumen) que servirá, tanto para admiradores y desconocedores de Carpentier, para enamorarse de él y de su prosa. Coged el machete, el literario, el emocional y el físico: lo vais a necesitar.