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lunes, 8 de julio de 2019

Los libros y las películas de julio: formas de entender la guerra. Un recorrido a través del lado oscuro del siglo XX

La guerra es, probablemente, la peor de las consecuencias posibles. Y, a su vez, es la causa de derivaciones  más terribles aún. De entre las pocas que resultan positivas, tenemos la posibilidad de que el arte halle su hueco para contarnos a su manera el horror, normalmente con la ambición de que no volvamos a repetirlo (casi siempre, no lo conseguimos). El siglo XX, por otro lado, fue nefasto en cuanto a historia bélica se refiere. De hecho, una forma de relatarlo de manera coherente es precisamente a partir de sus guerras. Ésta es una lista no exhaustiva sobre algunas de las contiendas más destacadas del siglo XX y algunos libros o películas que tratan sobre ellas. Sin duda os vendrán a la mente "El gran dictador" u otras grandes ficciones, pero intentaremos tirar de títulos menos conocidos para que os puedan servir de recomendación. Esperemos que de ellas saquéis algo positivo... entre otros, el mayor deseo de defender la paz imaginable .

-Primera Guerra Mundial: Habría muchas posibles candidatas. Desde las clásicas cintas "Senderos de gloria" de Kubrick, o "Johnny cogió su fusil" guionizada por Dalton Trumbo, a las modernas "Largo domingo de noviazgo" de Jean Pierre Jeunet (como película) o "Almas grises", de Philip Claudel (como novela). Pero como, en esta recopilación, quiero que primen poco aquellos puntos de vista que ya os habrán repetido en otras ocasiones, yo os recomiendo que le echéis un ojo al capítulo de "El sueño de África", de Javier Reverte, donde se describe cómo se desarrolló la Primera Guerra Mundial en el territorio de Kenia, y en concreto el papel que von Lettow jugó en ese escenario.

-Guerra civil española: Como también habéis visto y leído mucho sobre este tema, para salirnos de la norma mencionaré una película que entremezcla la contienda con tintes fantásticos (y no es "El laberinto de fauno" de Del Toro, aunque a muchos también nos encantó). Se trata de "El bosque" (2012), una pequeña producción catalana que se centra en un pueblo del Bajo Aragón ocupado por los anarquistas, y en el cual una pareja que apoya al bando nacional vuelve la vista hacia un bosque de su propiedad donde, desde hace muchos años, brillan unas extrañas luces que dicen que constituyen la puerta a otro mundo... Una historia pequeña -pero con mensaje- ayuda a veces a comprender mejor el gran drama.

-Segunda Guerra Mundial: También buscando lo menos trillado, y en relación con el conflicto anterior, "Los surcos del azar", novela gráfica del siempre oportuno Paco Roca, relata las andanzas de unos cuantos republicanos españoles que, después de huir del país, acaban por formar "La nueve", una agrupación de soldados de diversas naciones (aunque en su mayoría de origen ibérico) que acaba por asumir un papel clave en la liberación de París por parte del ejército aliado. También en el ámbito del cómic, la ya clásica "Maus" transita por un terreno tan explorado como el holocausto judío, aunque con la aproximación -no es el punto más original, quizás lo sean más la madurez y falta de maniqueísmo de los personajes- de emplear a ratones y gatos como protagonistas.

-La guerra fría: pocos conflictos sin armas (aunque con muchas contiendas colaterales alrededor) han dado para tantas historias. En algunos casos con meros fines propagandísticos -la supuesta supremacía de un bando respecto a otro-, aunque en otras ocasiones los autores han aprovechado el telón de acero como simple escenario para ahondar sobre las motivaciones y pasiones humanas. "El tercer hombre", "Las sandalias del pescador", "La vida de los otros", "Teléfono rojo, volamos hacia Moscú", "Goodbye Lenin", "Juegos de guerra", "El gigante de hierro" o las novelas de John Le Carré y de Graham Greene son grandes títulos. Yo en este caso querría recomendar una película que considero infravalorada, una "1, 2, 3" de Billy Wilder que juega con la comedia alrededor de un Berlín a punto de levantar el muro (de hecho, andaba en proceso de edificación durante el rodaje de la película), riéndose de los bandos ruso, americano y nazi a partes iguales.

-Vietnam y Corea: resulta difícil nombrar títulos que no le suenen al lector/espectador sobre guerras de las que se ha hablado tanto. Quizás, unos pocos nombres: "Good morning Vietnam" (aunque conocida, no puedo evitarlo, y menos ahora que echamos tanto de menos a Robin Williams), "The war" (una película alegórica protagonizada por Kevin Costner y Elijah Wood) y, no por conocido menos incomprendido, el libro original en el que se basó la saga de Rambo, "Acorralado", con un personaje más poliédrico y unos conflictos mucho más soterrados de lo que reflejan las películas. Por supuesto, casi imposible encontrar en un idioma razonable una visión de la guerra desde el punto de vista vietnamita (quienes lo contemplan como una revolución popular contra un ejército de ocupación extranjero, primero francés y luego estadounidense). De Corea, la tronchante "M.A.S.H" sigue siendo la referencia fundamental para casi todo el mundo.

-Las guerras de descolonización: Después de dos guerras mundiales, los países occidentales no tenían fuerzas para seguir reteniendo a sus colonias. Algunas de éstas se alinean con el bloque comunista, otras con el bando capitalista, muchas se desgarran en sangrientas guerras civiles, sufren los mismos problemas con los que convivían durante la colonización, o se convierten en países no alineados con ninguno de los grandes bandos, en el nacimiento del denominado "tercer mundo". Algunos de estos procesos se desarrollaron de manera pacífica, y otros en cambio con gran sufrimiento y conflicto. En este caso destaca más la labor del periodista que del autor de ficción, incluso en obras que tratan de expresarlo de la forma más novelada posible. "La batalla de Argel" es una película casi documental sobre el tema, y el reportero polaco Ryszard Kapuscinski entremezcla literatura con realidad en sus obras ambientadas en buena parte del globo. Entre otras, "Un día más con vida", un libro sobre el proceso de independencia de Angola, recientemente adaptado a la gran pantalla por una producción española que mezcla animación con imágenes y entrevistas reales, y que logra resucitar parte del espíritu que el periodista conseguía hacer emanar de sus textos.

-Guerra de Ifni: A esta guerra habría que hacerle publicidad aunque sólo sea porque no se la conoce. Porque si la guerra tiene lugar en África, participa en ella la dictadura del general Franco, y los españoles no jugamos un papel excesivamente decente, lo más normal es que en su época nadie quiera decir demasiado sobre el asunto, y que más tarde sea difícil acordarse porque no existe nada sobre lo que se pueda olvidar. Por eso es complicado hallar novelas sobre este período, pero como una luz en medio de la noche tenemos "Todos los buenos soldados", de David Torres, un descarnado y lúcido relato que aporta su originalidad en emplear al humorista Miguel Gila como uno de los protagonistas, en calidad de cómico forzoso que la dictadura de Franco ha mandado a África a entretener a los soldados. A partir de allí, el humor negro de Gila (un tipo, no olvidemos, que conseguía que la gente se riera con lo más macabro de la guerra) impregna buena parte del paisaje, pero Torres introduce también unos cuantos personajes que lograrán manifestar las distintas visiones del hombre ante la conflagración.

-El siglo se despide como empezó: Dicen que el siglo XX comenzó con la Primera Guerra Mundial y terminó con el 11-S, pero antes de ambos sucesos, una sensación de falsa paz -de guerra inminente- lo invade todo, con la sensación de que el conflicto puede estallar en cualquier momento, siendo conscientes además (sobre todo a posteriori, aprendida la experiencia) que éste será caótico, arbitrario e inútil. Las guerras de Yugoslavia y Ruanda (relatadas, entre otros, por el libro "Territorio Comanche" de Pérez Reverte, y por la película "Hotel Rwanda") terminaron de conformar una visión escéptica respecto al futuro, que quizás se contemple mejor a través de "La sal de la tierra", un documental de Wim Wenders sobre el fotógrafo Sebastiao Salgado y su recorrido vital a través de la fotografía, desde las duras condiciones del trabajo de los mineros del Amazonas hasta algunas de las más salvajes contiendas del siglo XX, llegando finalmente a un momento en que el fotógrafo se refugia en la fotografía de naturaleza y del medio ambiente, el último reducto contra el que el hombre ha declarado otra guerra. Esperemos que ésta, por nuestro bien, termine en un acuerdo de paz que no nos conduzca a todos al silencio de los cementerios que suele seguir cuando el sonido de las armas ha dejado de sonar.

martes, 5 de abril de 2016

El libro de abril: El capitán y el enemigo, de Graham Greene

Volvemos a Graham Greene, un escritor del que ya os hablé hace tiempo en la crítica de El cónsul honorario. En esta ocasión, os vengo a hablar de un texto que me llegó prácticamente por casualidad, El capitán y el enemigo, y es una pena, porque ni siquiera yo, que soy aficionado al autor, había oído hablar de él. Y, en ese sentido, prefiero -como casi siempre en este blog- escribir antes de buenos libros ignorados por el gran público, que de aquellos más reconocidos de los que es probable que oigáis hablar a través de otras fuentes.

El capitán y el enemigo cuenta la historia de un niño que un día, en la escuela, recibe la visita de un hombre que dice llamarse el Capitán, y que afirma que ahora es su tutor porque ha "ganado" al niño en una partida con el padre de éste al backgammon. La verdad es que la versión le resulta al joven muchacho (rebautizado ahora por el Capitán como Jim) un poco chocante, pero con el tiempo aprende que este tipo de acontecimientos son muy propios del estilo de casi todo lo que se halla relacionado con su nuevo padrino, al que a partir de entonces se tendrá que acostumbrar. El Capitán es -como la figura de Long John Silver en "La Isla del Tesoro"- un personaje ambiguo: por un lado, numerosos indicios apuntan a que se trata de una especie de delincuente, pero por otro, se desvive por cuidar a Liza, una mujer que lo ha pasado muy mal en la vida, con la que el Capitán mantiene una complicada pero bellísima relación, y para la que el Capitán parece haber encontrado a Jim como un sustituto del hijo que ella perdió en su día. Todo lo relacionado con la niñez de Jim y la imagen que él posee de la figura del Capitán se mueve en un entorno mítico, donde la realidad se desdibuja, entre otras cosas debido a la muy peculiar y "flexible" versión de la verdad que el Capitán suele manejar en su día a día. Así, entre ausencias interminables del Capitán, y sus regresos -siempre esperados con ansiedad-, transcurre la primera parte de la novela, para luego, en la segunda, encontrarnos a un Jim adulto, mucho menos proclive a creer en cuentos y que, empujado por las circunstancias, y empeñado en parte en confrontar su pasado, acude a visitar al Capitán a su nueva ubicación, un Panamá que nos saca de la brumosa Inglaterra y nos hace recordar la afición de Graham Greene por los destinos exóticos. Allí, en Panamá, el nuevo Jim se encuentra con el viejo Capitán, pero una serie de intrigas van en ese momento a entremezclarse y afectarles personalmente. Es en ese momento (como menciona tan acertadamente este blog) cuando una trama que bordea el tono de leyenda se transforma en un thriller, sin que la relación entre la una y la otra deje de perder sentido a lo largo del texto. Del que no os contamos nada más, para que así os atreváis a llegar hasta el final.

lunes, 22 de abril de 2013

El libro de abril. "El cónsul honorario", de Graham Greene

Graham Greene es de este tipo de escritores de los cuales os recomendaré una obra, pero os podría hablar de muchas otras. En este caso nos vamos a centrar en "El cónsul honorario", escrita en 1973, y ambientada en la realidad argentina y paraguaya de aquella época.

Quizás el término que sirva mejor para definir los trabajos de Graham Greene sea el título de su obra de 1978, "El factor humano". Porque aunque sus historias traten sobre espías y e intrigas internacionales, y transcurran en gran medida en pequeñas habitaciones de los edificios donde se alojan los servicios secretos en Inglaterra, aunque también en exóticos parajes por todo el mundo (Haiti, Vietnam, Argentina, Cuba), en el fondo, esto son tan sólo excusas para relatar el verdadero teatro donde transcurre la acción: el interior del hombre, la sala íntima de la mente del ser humano, el trasfondo de los personajes y de los individuos que deben dar la cara ante las diversas circunstancias que se les presentan.

Graham Greene utiliza las grandes cuestiones políticas e históricas del momento, simplemente como modo de averiguar cuál es la verdadera naturaleza de la condición humana, y en qué nos convertimos cuando nos enfrentamos a retos que nos hacen dudar sobre qué pasta estamos hechos en realidad. Sus personajes son muchas veces tipos comunes, mundanos, sin ideología, que tienen que afrontar muchas veces de manera involuntaria grandes decisiones que ponen a prueba sus convicciones, pero en el transcurso de las cuales casi siempre acaban decant'andose por cuestiones personales que serán las que al final importen, mucho más que los condicionamientos previos o las lealtades patrióticas. Son por tanto individuos repletos de incertidumbre, obligados a elegir entre aristas formadas de falsa certeza, las cuales coquetean con los conceptos de traición y de compromiso, hombres que normalmente anteponen -mucho antes que a un estado o una idea-, el nombre de un amigo o de una mujer. En "El factor humano", unos espías demasiado mundanos se ven atrapados entre telones de acero cuando lo único que pretenden -cada uno a su manera- es ser felices. En "El décimo hombre" (donde un hombre ofrece toda su fortuna a otro a cambio de que sea ejecutado en lugar de él), los nazis y la Segunda Guerra Mundial tan sólo son una excusa para averiguar en qué medida la vida se mide por los valores materiales que posees. Sus dilemas se plantean  alrededor de la muerte, la religión, los sentimientos familiares, la inseguridad que rodea la vida en cada paso y nuestros mayores ambiciones y miedos. Graham Greene dividía sus historias entre novelas de entretenimiento y novelas serias; no obstante, incluso en sus obras de mayor éxito, las aparentes tramas de evasión sirve de base para las cuestiones filosóficas y morales más serias.

Como escritor interesado por las pulsiones del ser humano, no es raro encontrarse con que Greene se acercó a uno de los géneros artísticos que más han impactado en los últimos siglos, y éste fue el cine. De casi todos es conocida "El tercer hombre", novela que partió como base a un guión mejorado gracias a las intervenciones del director Carol Reed e incluso de Orson Wells (con su mítica frase acerca de Renacimientos italianos y relojes suizos, y quien según algunos dirigió la película desde las sombras). También fue adaptada al cine por dos veces "El americano impasible", aunque éste podrá ser uno de los pocos casos donde cabe considerarse que la mejor versión es la moderna, pues en la primera se trató de purgar todo rastro del antiamericanismo que a la segunda estuvo a punto de eliminarla de la agenda cinematográfica en 2003, de tal forma que sólo gracias a la intervención de su actor estrella, Michael Caine (que amenazó con no autorizar su siguiente película si ésta no veía la luz) la película pudo estrenarse. Y siguiendo con la nómina de actores ilustres que han encarnado a sus personajes, Alec Guinness interpretó al protagonista de la deliciosa "Nuestro hombre en La Habana", donde un modesto vendedor de aspiradoras en apuros les vende los planos de dichos electrodomésticos al gobierno británico haciéndoles creer que tratan acerca de valiosísimas informaciones sobre instalaciones comunistas ultra-secretas. Otras obras conocidas -y también llevadas al cine- son "El agente de la confidencial" (ambientada en la guerra civil española) o "El tren de Estambul". Su influencia se ha extendido a autores como John Le Carré, y actualmente se celebra todos los años, en su localidad natal, un festival literario en su honor.

"El cónsul honorario" parte de un hecho que podría haber sido real; tanto, que ocurrió uno muy parecido cuando Greene se estaba documentando para la misma. Un grupo de rebeldes izquierdistas paraguayos cruzan la frontera y pretenden secuestrar, en una remota región del norte de Argentina, al embajador americano para así hacer presión para la liberación de algunos de sus compañeros detenidos. Sin embargo, cometen un error y a quien secuestran es al cónsul honorario británico, un tipo al borde del alcoholismo, sin ninguna importancia diplomática, y por el que ninguno de los cuatro gobiernos implicados piensa mover un dedo para salvarlo. En medio de todo esto, el doctor Plarr, un inglés que lleva conviviendo de manera anodina toda su vida en la Argentina, se ve sacudido por el fenómeno por un doble motivo: en primer lugar porque él ha colaborado con los secuestradores a cambio de que éstos exijan la liberación de su padre (uno de los presos politicos en manos del ejército de la dictadura paraguaya), y en segundo, porque él se está acostando con la mujer del cónsul honorario británico que han secuestrado por error, lo cual determina que si bien su desaparición de la escena le vendría muy bien, también es responsable de lo que le pase, y hace que la culpa le pese todavía más de lo que le pesaría a cualquier otra persona.

En este caso, hay varios aspectos de la novela que son bastante interesantes. Una es aproximación de Graham Greene al modo de vida sudamericano, destacando mucho el "machismo" (entendiendo aquel como la tendencia natural del hombre a defender su honor y llegar a las armas por cuestiones relacionadas por el orgullo o las mujeres) imperante tanto en la literatura como en la vida de la zona. Quizás se produzca la impresión de que Greene está mostrando esta cualidad como lo haría un turista, entre otras cosas por el uso tan reiterado de la palabra, cuando da más la sensación de que el "machismo" no es algo que en la Sudamérica de los años 70 se nombre a menudo en el contexto coditiano, sino que, más bien al contrario, en las conversaciones habituales no se menciona en absoluto porque en realidad es el modo "natural" de hacer las cosas. No obstante, en el contexto de la novela tiene mucho sentido, al ser un término expuesto por personajes típicamente británicos (con su flema característica), para nada inmersos en la cultura del país en el que habitan, y que lo observan todo con la mítica distancia y frialdad que se le atribuye a los hombres procedentes de regiones anglosajonas. De hecho, el personaje principal no parece en un principio capaz de amar o de mantener compromisos, aunque sí que se van apreciando a lo largo de la novela una serie de cuestiones, como el sentimiento de añoranza por un padre que nunca conoció en realidad, ciertas obsesiones que se mantienen latentes, y también un fuerte sentido del deber acerca de cuestiones que deben ser evitadas. Entre otras, que un inocente -el cónsul honorario- pague con su vida por pecados que no merecen tanto castigo.

También, con grandes dosis de ironía y un agudo manejo de las réplicas y contrarréplicas de los personajes (a veces quizás obviando las terceras personas alrededor), el libro contiene una serie de personajes secundarios muy ricos y variados: el escritor argentino Saavedra, obsesionado con su propia obra, con "el machismo", y con unos códigos internos incomprensibles para el resto del mundo pero que él llevará, de manera consecuente, hasta la extrema radicalidad; Clara, la mujer del cónsul honorario, que procede de un burdel y pretende aparentemente (como hacía en el prostíbulo) complacer a todos, junto con el hijo que alberga en su interior, el cual no hace más que complicar las cosas; un coronel Pérez a cargo de la investigación, más interesado en capturar o liquidar a los secuestradores que en salvar al cónsul británico (el cual, por cierto, va adquiriendo valor literario conforme pasa la novela); y una serie de ingleses que, muy educadamente, prefieren ignorar la muerte de un compatriota antes que tomarse la más mínima molestia en salvarlo o dejar de degustar un plato de salmón. Entre el bando de los secuestradores, destacar a uno de los cabecillas de la expedición, el antiguo padre León, sacerdote reconvertido a guerrillero y de cuyos labios provienen los mejores debates acerca de la religión y el cambio social, las víctimas necesarias, el perdón y la confesión, el amor a Dios o al aparataje humano que le rodea, e incluso una de las más originales teorías teológicas que he tenido el gusto de leer. El padre León -como Plarr, como todos nosotros- se ve sacudido por las consecuencias de un terrible error que, sin embargo, les plantea unos dilemas morales inexorables, que tendrán que asumir de alguna manera y de los que no se les permite huir. Pero Greene (que pretende mantenernos interesados acerca de lo que va a pasar a continuación) se guarda mucho de adelantarnos nada, para que seamos muy conscientes de que, aunque hay ciertas cosas que tendrán que ocurrir necesariamente, no estemos jamás seguros de cuál va a ser el final.

En suma, esta es una novela que trata sobre el amor, la muerte y, quizás especialmente, la soledad. La soledad de una provincia argentina, muy lejana a la capital, y donde nunca pasa nada. La soledad de los tres únicos hablantes en inglés de esta provincia , que habitan como peces de agua dulce en medio de un trópico, obligados a refugiarse en la pecera de sus clubs. La soledad de un hombre que se ve atrapado entre numerosos frentes y que no encuentra a nadie en quien realmente apoyarse. La soledad de una antigua prostituta que todavía no acaba de entender por qué la sacaron de un burdel. Y también la soledad de un hombre que ama a una mujer que le engaña con uno de sus pocos amigos y quien quizás sólo pueda confiar, en el fondo, en su medida apropiada de whisky. No obstante, como toda novela de la soledad, ésta es una sobre la posiblidad de que esta se rompa. Y sin pretender desvelar el final, lo cierto es que el de esta novela me recordó mucho al apoteósico de "Las uvas de la ira", de John Steinbeck; no porque pasen cosas parecidas (ni por asomo), sino por la capacidad de Graham Greene, como Steinbeck de encontrar belleza -y amor- en los sitios más insospechados, en las situaciones aparentemente más contradictorias. En los resquicios de la duda, de las incertidumbres y de nuestros peores temores, dentro de aquellos lugares tan lejanos por los que a Greene le apasionaba tanto transitar...

domingo, 30 de diciembre de 2012

Respuesta a una lectora: recomendaciones para el nuevo año

Hace un par de semanas, una lectora (y muy íntima amiga) me interpelaba en Facebook así:

Querido escritor:
Ahora que va acabándose el año, me gustaría que me recomendaras 12 grandes libros para leer el año próximo, para empezarlo con un buen propósito...y cumplirlo. ¿Puede ser? :)

Obviamente, la pregunta tiene su problemática, así que me he tomado mi tiempo para elaborar una respuesta, que procedo a transcribir aquí porque quizás, dentro de unos días, cuando os hayáis recuperado de la borrachera y los atracones de esta noche, os pueda ser útil de cara a buscar futuras perspectivas literarias (o posibles regalos del día de Reyes).

La respuesta dice así:

Querida lectora:
Hacer recomendaciones ya sabes que es realmente complicado. Más todavía para un año, que vete tú a saber lo que puede pasar de allí a entonces y qué te puede apetecer leer. Pero venga, vamos a intentar hacer una recopilación, a ver si te convence al menos alguno.
ENERO: Pues ya que está "La vida de Pi" en los cines, te lo puedes leer antes de que alguien te destripe el final. Además, este libro de Yann Martel, entre otras cosas, va sobre la esperanza, y siempre es bueno empezar con este sentimiento cualquier nuevo año.
FEBRERO: Como todavía hace frío, algo que te haga entrar en calor. Nada mejor que un "Viaje al centro de la tierra", de Julio Verne, que aparte de volcanes tiene una narración llena de aventuras, lo cual siempre distrae del mal tiempo reinante.
MARZO: Llegando la primavera, toca prepararse para volar. Los "Cuentos por teléfono" de Gianni Rodari son un canto a la imaginación y a la posibilidad de que con cada viaje nos acerquemos un poquito más a casa.
ABRIL: Cayendo la lluvia por las ventanas, destilemos una suave melancolía. "Almas grises", de Philippe Claudel, es de este tipo de libros que te pone triste, pero cuando más deprimido te vuelve, más necesitas desesperadamente continuar con él.
MAYO: Vuelve el buen tiempo y las correrías de los niños. "El camino" de Delibes describe las diversiones y andanzas de un niño en su pueblo, pero también otros momentos más duros aunque igual de humanos. Si queremos sólo quedarnos con la parte lúdica, no sería mal momento para volver a echarle otro vistazo a "Las aventuras de Tom Sawyer".
JUNIO: Como andaremos seguramente planeando viajes a parajes exóticos, nada mejor que "Novecento. La leyenda del pianista en el océano", de Alessandro Baricco, que nos inspirará a desplazarnos a lugares lejanos, seguramente en barco.
JULIO: El verano es un tiempo para la introspección y para conocerse a uno mismo, lejos de los ajetreos diarios. No estaría mal entonces "Solaris", de Stanislav Lem, que en buena parte pretende preguntarse cuáles son nuestros dilemas, y las obsesiones que nos atrapan.
AGOSTO: Cuando uno va de viaje, yo recomendo siempre leer un libro ambientado en el lugar que vamos a visitar. Por ejemplo, si te desplazas a Cuba, "Nuestro hombre en La Habana", una graciosísima novela de Graham Greene que además nos entretendrá entre hueco y hueco durante el trayecto.
SEPTIEMBRE: Volver al trabajo siempre tiene un punto de desánimo. Si realmente deseas enfrentarte a ello (o comparar cómo en algunos sitios se está peor), le puedes echar un nuevo vistazo a "El troll" a ver si a fuerza de exponerte te curas de espanto. Si no, mi mejor recomendación es evasión al máximo: mundos exóticos y fantásticos, cuanto más lejanos mejor. Michael Ende, Terry Pratchett, o "El diablo en la botella y otros cuentos", de Stevenson, sobre todo para darse cuenta de que a veces no hay nada mejor que una deliciosa y aburrida vida normal. En el apartado más infantil (o de retorno a la infancia, si se quiere, ya que empieza la vuelta al cole), alguno de los hilarantes libros de la colección de "El pequeño Nicolás" de Goscinny podrían ejercer el mismo efecto reconfortante.
OCTUBRE: Mes de Halloween, tocará terror. Y nada mejor que los clásicos: Bram Stoker, Mary Shelley, Poe... Pero si los tienes muy vistos, "La piel fría", de Alberto Sánchez Piñol, ofrece desasosiego y tensión a partes iguales, en una novela española y contemporánea que tiene aroma decimonónico y ecos que nos suenan mucho más franceses o anglosajones que de nuestra tierra patria, pero fue un gra éxito en Cataluña hace un par de años.
NOVIEMBRE: Ya empezamos a prepararnos para el invierno, para encender los fuegos, y quizás sea el momento ahora que aún conservamos las fuerzas, para la revolución. "Diez días que estremecieron al mundo", de John Reed, es un fascinante relato periodístico en primera persona de la experiencia del autor durante la Revolución Rusa de 1917, narrado con toda la fuerza del martillo de los acontecimientos ejerciendo su descarga implacable sobre la historia. Otra opción alternativa, más castiza y a la vez surrealista, sería "El maestro Juan Martínez que estaba allí", donde quizás el corresponsal español más famoso de la historia, Manuel Chaves Nogales, explora qué pinta un cantaor flamenco en mitad de la revolución rusa (aunque éste, al no habérmelo leído yo mismo, me resisto un poco a recomendarlo). En todo caso, buen momento para empezar a escoger un sitio calentito en la biblioteca del barrio.
DICIEMBRE: Cerramos el ciclo. Diciembre es un mes muy navideño, y, como tal, proliferan mensajes sobre la vida de Jesús, y a partir de ahí, sobre lo enigmático de su vida y, por extensión, sobre cualquier misterio en general. "El enigma del cuatro", de Ian Caldwell y Dustin Thomason, es de los pocos libros de intriga histórica que realmente me han cautivado, ambientado además en un mes de invierno y, sobre todo, también con un cierto punto para la esperanza, con la cual también hay que acabar el año además de empezarlo. Para que así, entre un cabo y otro, siga habiendo futuro continuamente a nuestro alrededor.

Espero que mis recomendaciones te hayan convencido y, tanto si es así como si no, que tengas buena suerte para el año que empieza, tanto para las historias que lleguen a tus manos, como para las que protagonices tú misma y otros lean (esto va, por extensión, para todos los lectores del blog).

Atentamente, con cariño,

Emilio Tejera (el del 2012. Dentro de unos días, conoceréis al de 2013).