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lunes, 20 de enero de 2020

La historia real de enero: las películas más grandes jamás rodadas

Soñar es gratis y, en el mundo de los sueños que es el cine, soñar es más gratis todavía, aunque conseguir destilar esos sueños en forma de material de filmación puede costar mucho dinero. Claro que en el camino se quedan muchos de los proyectos ambicionados, aunque en ocasiones el problema no reside en el vil metal, sino en el desencuentro entre profesionales (muchas veces archivado bajo el más diplomático nombre de "diferencias creativas"), la presencia de proyectos similares que se adelantaron, la dificultad de llevar a cabo empresas de cierta envergadura, la imposibilidad física de reunir determinados equipos -al menos, sin un tablero de ouija-, o que el proyecto es tan arriesgado que los productores dudan mucho de que puedan recuperar su inversión (al final sí va a tratarse del cochino directo). Listas de este tipo podréis encontrar unas cuantas por Internet y varios libros. En algunos casos desactualizadas, en ocasiones con fortuna: ahí está la famosa "La muerte de Don Quijote" que, a pesar de todas las vicisitudes Terry Gilliam ha conseguido llevar a la gran pantalla (no tuvo igual suerte su intento de adaptación de "Buenos Presagios" de Gaiman y Pratchett, aunque esta idea finalmente salió adelante como miniserie de televisón en la plataforma de Amazon; por cierto, de Terry Pratchett siempre se esperan todas las adaptaciones posibles, incluidas algunas que no terminaron demasiado bien, aunque muchas de estas fantasías pueden todavía hacerse realidad con la serie que se está preparando acerca de las aventuras de la Guardia Nocturna y que se conoce con el nombre de "The watch"). En este texto os quiero hacer un resumen nada exhaustivo de algunas que me han llamado la atención y que a mí mismo me hubiera gustado ver en pantalla. Entre otras:

-El "Napoleón" de Stanley Kubrick. Kubrick tiene una larga lista de películas que nunca llegó a hacer. Desde proyectos en los que él u otros no encontraban acomodo (Umberto Eco se negó a que adaptara "El péndulo de Foucault", aunque luego se arrepintió; fue Kubrick en cambio el que rechazó la idea de los Beatles de incluirles en una versión de "El señor de los anillos"), hasta producciones que creyó irrealizables (entre otras, una visión del Holocausto o una adaptación de una novela de Zweig que no hubiera pasado la censura de la época). Pero su mayor ambición frustrada fue la de lograr una gran película sobre Napoleón, la cual Kubrick pretendía que fuera la cinta más grande de todos los tiempos, y para la que habría reclutado entre otros a Audrey HepburnAlec Guinness y Laurence Olivier. La idea se torció porque, antes de que la cámara hubiera empezado a rodar, la película "Waterloo" acababa de fracasar en taquilla, y los estudios de cine consideraban arriesgado invertir en una historia demasiado parecida. No obstante, no todo el proyecto se abandonó: Kubrick reutilizó parte del material para "Barry Lyndon" y Spielberg (un director que siempre ha mirado de reojo a Kubrick y viceversa; de hecho, películas como "A.I." o "La lista de Schindler" influyeron en que Kubrick abandonara proyectos similares) anunció que quizás retomaría la idea para hacer una serie de televisión. Aún estamos esperando.

-"Jirafas en ensalada de lomos de caballo". Con ese esperpéntico título, sería poco menos que una sorpresa que esta idea no procediera del encuentro entre Salvador Dalí y Harpo Marx. El pintor catalán veía pocas películas, pero quedó fascinado con las de los Hermanos Marx, en concreto con la figura de Harpo y con la forma en que éste tocaba el arpa. Dalí quería hacerle a su reciente amigo un retrato pero, aparte de un encuentro casual en una fiesta, la apretada agenda de ambos hacía imposible que se encontrasen. Así hasta que Dalí se plantó en mitad de un rodaje de los hermanos Marx y le entregó a Harpo, como regalo, un arpa hecha a base de cucharillas, con las cuerdas elaboradas a base de alambre de espino. De paso aprovecharon el heuco entre los rodajes y escribieron una historia de aproximadamente treinta minutos de duración con el espinoso título que hemos mencionado, aunque en algún momento decidieron modificarlo y convertirlo en "La mujer surrealista". Ni con uno ni con otro, los estudios de Hollywood iban a aceptar una propuesta que incluía jirafas con máscaras de gas ardiendo o escenas donde el personaje de Harpo se dedicaba a atrapar enanos con una red para mariposas, propuestas todas ellas que, como la película en su conjunto, tildaron de descabelladas. No entiendo muy bien por qué.

-El "Dune" de Jodorowsky. Un clásico de este tipo de listas, la particular visión de Jodorowsky emociona a tantos como a los que pone los pelos de punta. Quedan varios dibujos de lo que hubiera sido un sueño psicodélico que habría sido interesante de comparar con la versión de David Lynch, y que tendremos ocasión de contrastar con la nueva visión que Villeneuve llevará en breve a nuestra pantallas.

-Orson Welles, cómo no, se metía en muchos más proyectos de los que le era factible ejecutar. No es desconocida su afición por la literatura, y si bien adaptó un buen puñado de obras clásicas (sobre todo de Shakespeare), se le quedaron unas cuantas en el tintero, entre otras "El corazón de las tinieblas", de Conrad, en lo que aspiraba a que fuera su primer proyecto en Hollywood. Sin embargo, su insistencia en emplear actores africanos de verdad (en lugar de tintados, como era costumbre en Hollywood) y de rodar con un presupuesto ciclópeo una producción de titánicas proporciones diluyó las posibilidades no ya de éxito, sino de simple realización. Por fortuna, cerca de la órbita de Welles cayeron las ideas iniciales que dieron origen al proyecto de "Ciudadano Kane" y... el resto es historia. Sin embargo, del director de "La dama de Shangai" y el inacabado "Don Quijote" es casi más interesante el bulo que corre por ahí acerca de una versión de Batman dirigida por él mismo y que incluiría a Basil Rathbone como Joker, Marlene Dietrich como Catwoman, George Raft como Dos Caras, James Cagney como Enigma y el papel de Bruce Wayne dirimiéndose entre el propio director y Gregory Peck. Un engaño, en efecto, perpetrado por Mark Millar para disfrute del personal, y a fe mía que lo logró para un buen grupo de entusiastas que votaría en Change.org por emplear el vudú para resucitar a unos cuantos muertos y conseguir terminar esa película. Por otro lado, y enlazando con el tema, los superhéroes también han tenido su cuota de "what if...?" imprescindible, entre las cuales una de las más famosas es el "Superman Lives" de Tim Burton que estuvo a punto de echar rodar, con la psicodélica imagen de Nicholas Cage ejerciendo de Hombre de Acero. Una imagen que muchos agradecen no haber tenido que contemplar nunca.

-Hablando de películas que no están ni pensadas, en la web ha sido objeto de intensa discusión cuál debería ser el reparto de una película ambientada en el universo de Monkey Island, un plan que estuvo en marcha pero que no acabó por fraguar del todo (algunos de sus recursos, de hecho, se acabaron aplicando en "Piratas de Caribe", lo cual ha hecho más difícil la posibilidad de llevar la idea original a cabo). Sin embargo, como hemos dicho, soñar es gratis, y por eso en foros, blogs, páginas web y agregadores se ha discutido quién debería interpretar a Guybrush Threepwood (¿Brendan Fraser, Ewan McGregor o Topher Grace?), LeChuck (¿Robert de Niro?¿el ya indisociable, de su papel de pirata, Geoffrey Rush?), Stan (¿Jim Carrey?), la sacerdotisa Voodoo (sin discusión Queen Latifah, aunque alguno argumenta que Whoopi Goldberg tampoco lo haría mal) y sugerencias que incluirían a Ben Stiller o Jerry Seinfield. Otra cuestión es que opinar es libre, mientras que el presupuesto de la película, al menos en lo que respecta al salario de actores, sería más bien libre de dispararse por los aires.

-Adaptaciones de Lovecraft. Guillermo del Toro se ha vuelto loco tratando de llevar a la gran pantalla su particular interpretación de "Las montañas de la locura", pero no es extraño. Las novelas de Lovecraft son difíciles de adaptar por varios motivos. Aparte de por la siempre presente complicación de trasladar el lenguaje literario al del cine (efecto más presente aún en un autor tan rico en imaginería como), sus descripciones en el umbral del horror prometen tanto que muy pocos efectos especiales serían capaces de estar a la altura. Claro que hay una explicación pululando por Internet de por qué hay tan pocas películas basadas en novelas de Lovecraft, y tiene que ver con que cualquier guionista que lo intente corre el riesgo de ver cómo su apartamento desaparece en un bucle interdimensional del que sobresalen unos abominables tentáculos. Quizás eso eche atrás a unos cuantos escritores, sobre todo porque los productores no van a aceptar esa excusa a la hora de exigir que el primer borrador esté terminado a tiempo.

-Volviendo con las adaptaciones, y en este caso de Conrad, un escritor también difícil de traducir a imágenes, otra gran apuesta fue la de David Lean por Nostromo, para la que realizó pruebas de cámara a estrellas en ciernes como Georges Corrafaces, Alack Rickman, Isabella Rosellini, Dennis Quaid, Irene Papas o Tilda Swinton, y se llegaron a plantear localizaciones físicas, entre otros lugares, en Almería. Sin embargo, diversos factores (al principio problemas de ego y presupuestarios, y más tarde el guión y la elección de los actores) hicieron que del sueño de Lean sólo queden algunos storyboards reflejados en el documental "Nostromo. El sueño imposible de David Lean", y tal vez en nuestra imaginación. De todas maneras, todavía ando buscando una versión de la BBC, en forma de miniserie, que protagonizaron, entre otros, Colin Firth y Claudia Cardinale, a partir de esta misma novela. Tampoco pinta mal, la verdad.

La lista podría alargarse a varios cientos. Quizás otro grupo de "what if" interesantes consiste en aquellos actores que no fueron elegidos para interpretar ciertos papeles, en algunos casos para nuestro bien (¿hubiera destrozado Ronald Reagan el rol de Rick en "Casablanca"? No es improbable). Sin embargo, me interesa más detenerme en este punto y descubrir vuestra opinión. ¿Cuál de estos proyectos habríais pagado por ver -como hizo George Harrison con "La vida de Brian" en lo que se ha dicho que fue "la entrada de cine más cara del mundo"?¿Qué casting os hubiera gustado reunir en una película determinada? Y, sobre todo, ¿qué film falta por hacer y completaríais si estuviera en vuestra mano? Espero vuestras ideas en los comentarios.

martes, 7 de mayo de 2019

El cómic de mayo: "El tesoro del cisne negro", de Guillermo Corrral y Paco Roca

Paco Roca es ahora mismo la estrella más brillante en el pequeño (pero suficiente para albergar constelaciones) firmamento del cómic español. Nos tocó la fibra sensible con Arrugas, ha sido intimista con La casa, nos ha contado su vida en Memorias de un hombre en pijama, ha homenajeado a los republicanos que liberaron París en Los surcos del azar, y a los primeros humoristas que intentaron independizarse de sus editores en El invierno del dibujante. Y recientemente, ha decidido contarnos una historia atípica, un cuento de piratas que condena la piratería y una narración donde las gestiones burocráticas se tiñen de aventura y pasión: todo esto es posible cuando el marco de ambientación es la historia real de cómo España recuperó el tesoro del buque hundido "Nuestra señora de las Mercedes".

Recapitulemos. En 1786, la fragatra "Nuestra señora de las Mercedes" partió de América hacia España formando parte de un convoy, con el objetivo de traer a España un tesoro que hoy se nos antoja inimaginable (entre otras cosas, porque no se permiten expolios así de otros países, al menos efectuados de la misma manera). Pero un grupo de barcos ingleses se aproxima, hunde el barco, y captura al resto de las naves que forman parte de la expedición. Sin embargo, la empresa buscadora de tesoros "Odyssey" rescata el tesoro del pecio hundido de las profundidades del Atlántico, y se hubiera quedado con él de no ser por las diligencias que realizó ante la justicia el gobierno español (a las que ayudaron 50 años previos de reclamaciones legales, pues en un inicio, ante este tipo de descubrimientos mandaba la ley más antigua del mar, "el que lo encuentra se lo queda"). Hoy, buena parte del botín rescatado y de la historia puede admirarse en el Museo de Nacional Arqueología Subacuática sito en Cartagena, una institución apasionante, entre otras cosas porque va ofreciendo detalles acerca de las actuales expediciones que se están llevando a cabo donde se hundió "Nuestra señora de las Mercedes" para recuperar los restos del barco hundido, y que anuncian futuras adquisiciones para el museo.

Parte del tesoro rescatado del "Nuestra señora de las Mercedes", exhibido en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática en Cartagena. Foto del autor.

A partir de esta historia de ficción, Paco Roca y Guillermo Corral (un diplomático que intervino directamente en el caso real) han escrito una novela gráfica, "El tesoro del cisne negro", que guarda muchas similitudes con el hecho original, pero del que han alterado unos cuantos detalles para poder sin duda gozar de una mayor libertad en la narración. Sin embargo, los autores no ocultan su fuente de inspiración, como tampoco esconden la influencia de las clásicas novelas de aventuras del estilo Tintín,, hecho que es atestiguado por una portada que es constituye un evidente homenaje a la novela gráfica de Hergé "El secreto del unicornio". Sin embargo, como decíamos, ésta es una narración atípica: lejos de la figura romántica del pirata, inmortalizada por Stevenson con La isla del tesoro o por Espronceda en La canción del pirata (aquí, un artículo muy interesante sobre en qué se basó), aquí se presenta a los buscadores de tesoros como individuos sin escrúpulos que dañan los restos encontrados en su búsqueda avariciosa de monedas de oro y plata, sin importarles destruir el patrimonio histórico o aquellos componentes del naufragio que puedan tener un valor humano o museístico. De hecho, en lugar de los corsarios o marinos, en esta historia los héroes son los grises funcionarios del ministerio de Cultura, personajes cargados con algunos de los atributos característicos de los protagonistas de Paco Roca: individuos frágiles, inseguros, tiernos, impotentes las más de las veces ante un destino que les resulta esquivo. Allí, el manejo del color de Roca nos lleva de manera pausada pero intrigante a través de los laberintos de la batalla legal que en su día protagonizó el rescate de la "Mercedes", en una narración que se irá complicando conforme entren en juego nuevas tecnologías, intereses enigmáticos, métodos criminales y el entramado de poderes financieros y políticos. Una historia que suena veraz (aunque se haya tomado bastantes licencias), sin duda por el punto de partida del material.

"El tesoro del cisne negro", pues, conquistará tanto al público que aspira a revivir una novela de aventuras como al que pretenda redescubrir una parte de nuestra historia. Y pone hincapié en esos pequeños héroes anónimos que no aspiran a ser el terror de los mares, sino a emular a Costeau, o simplemente rescatar a los olvidados muertos que se acumulan en el fondo del océano o en las cunetas. A ellos los autores de este cómic les han proporcionado unas pocas pero significativas páginas de gloria, su pequeña gran oportunidad.

lunes, 6 de agosto de 2018

El relato, la historia real, la historia corta de agosto: "Casa cercada" (II)

Como recordaréis del mes pasado, habíamos iniciado la narración de "Casa cercada". En esta segunda parte, aprovecharemos para hacer una disgresión a propósito de un hecho real que se narra en el relato, durante la cual hablaremos un poco de un suceso real de la Historia filipina. De la misma manera, utilizaré esa oportunidad para contaros una pequeña anécdota -no diré si real o ficticia- sobre la cultura filipina actual, con un cierto toque de humor que servirá para rebajar este cuento tan oscuro y macabro que nos ha quedado. Y que espero que, a pesar de todo (como nos ocurre a los que creemos posible que en la ficción, aún dentro de ciertos límites, nos tomemos las cosas menos en serio que en esta vida real tan cruenta), os entretenga.

Aquí va la segunda parte. Si os interesa (o si preferís saltaros la parte del cuento), la historia real y la historia corta están al final de esta penúltima sección del relato:

Casa cercada (II)

              -Todo esto es un absurdo –se decía Salcedo, apurando un trago de vino, el cuarto que, desde que empezó la crisis, había pasado por su gaznate-. Un absurdo. No pueden ser indígenas del siglo XIX.
                De la Cruz seguía contemplando al hombre fallecido, sobre la alfombra. Alrededor de él, se había generado un halo de vacío y de temor.
                -No sé si lo son o no –reflexionaba De la Cruz también sobre lo increíble-; pero el caso es que parecen creérselo, con lo cual no sé si es demasiado importante o no que lo sean de verdad.
                Sintió que estaba perdiendo el dominio de la situación. Se volvió hacia el interlocutor del gobierno filipino, que ahora se había convertido en traductor, historiador, títere y comparsa.
                -Díganles que estoy dispuesto a hablar con ellos. Pero tienen que garantizar que se vaya el resto del grupo.
                La traducción fue tan breve como escueto el tiempo de respuesta.
                -Dice que no. Que los quieren a todos. Para degollar, violar y cortar en dos mitades.
                De la Cruz volvió la vista hacia Natalia, que le contemplaba horrorizada. No, ella no, pensó el aristócrata apretando los puños. Tan sólo plantearse la posibilidad le volvía loco de atar.
                -¡Dígale…!-se contuvo, tratando de no sulfurarse-. Dígale que no tiene sentido. Que si cree que yo… que mi antepasado es el culpable, que me castigue a mí. ¡No tiene derecho a dañar a personas inocentes!
                El filipino moderno tradujo rápido. El filipino antiguo contestó más rápido aún.
                -Dice que su antepasado no tuvo ningún escrúpulo a la hora de matar y violar a sus hombres, mujeres y niños. Que el castigo se aplica a toda su raza. Que siempre se ha hecho así.
                -Pero…
                -¡Por el amor de Dios, Roberto, no discutas de ética filosófica con un indígena del siglo XIX!-se pasó las manos por el cabello Salcedo-. O lo que quiera que crean ser ellos.
                Se echó un nuevo trago al coleto. Infundido por el calor del alcohol, tomó a Nats Laurel, a quien abordó, a la altura de ambos brazos:
                -¿De verdad cree usted que ese hatajo de salvajes puede superarnos?
                El filipino se encogió de hombros.
                -Si sólo son… bromistas, si es que a esta historia macabra se le puede llamar un chiste, no tengo ni idea. Pero si son de verdad… Hay relatos míticos sobre los filipinos antiguos. Cuando China invadió Manila, apenas encontró resistencia, y sólo un hombre local llamado Galo se puso a hacerles frente, liderando la insurrección hasta que pudieron reorganizarse las tropas españolas. También se habla de unos guerreros filipinos… parecidos a lo que en Japón son los ninjas. Se escondían en la espesura, se hacían invisibles; asaltaban entonces a sus enemigos, que no les oían llegar…
                -Pero éstos no son esa clase de guerreros. Ni tampoco son ninjas.
                Laurel colocó una mueca despectiva.
                -Yo puedo hacer de traductor y matizarles ciertos detalles… pero mis estudios no abarcan conocimientos sobre fuerzas sobrenaturales.
                Roberto volvió la vista hacia Natalia. Tocándole los hombros, sentía por primera vez el temblor. La fragilidad. Lo que el rostro de ángel era capaz de ocultar, la expresión corporal no podía.
                -¿Qué vamos a hacer, por Dios?-lo mencionó antes ella, lo cual forzó a él a guardar silencio.
                -Algo se nos ocurrirá –la abrazó.
                Luis Salcedo, sin embargo, no permitió momentos íntimos. Dio un par de golpecitos con el dedo en la espalda de De La Cruz.
                -Tenemos que hablar –instó vehemente.
                De la Cruz asintió. Desde el aparte donde se situaron, observaron la sala, las personas que ahora la ocupaban, la biblioteca cargada de volúmenes de los siglos XV y XVI, incluyendo gramáticas castellanas y tagalas, algunas de las cuales se habían punteado de sangre. Resultaba inconcebible pensar que, hace poco, ésta era una celebración de sociedad.
                -No sé lo que pretenden en realidad estos tipos –confesó Salcedo, el cual, sin importarle las normas prohibitivas de la casa, encendió un cigarrillo-. Pero algo me dice que no van a abandonar esta mierda de asedio porque no les abramos. Y aunque la habitación esté preparada para resistir mucho tiempo, me figuro que antes llegarán los problemas de manutención… por no decir los de higiene.
                De la Cruz corroboró aquel diagnóstico con un gesto. No sabía qué clase de incursiones militares tendría que afrontar su antepasado, pero no se imaginaba liderar una contraofensiva empleando a cargo a esta tropa.
                -Sé que esta habitación se hizo para que no pudieran entrar en ella… pero también soy muy consciente de que hay una manera de salir…
                De la Cruz suspiró. Salcedo también había tenido acceso a los planos de la casa, pero De la Cruz quiso pensar –por lo visto, equivocadamente- que no se habría fijado en que su ancestro previó la posibilidad de que les rodearan y creó un sistema que permitía huir al exterior. Claro que, viniendo de un político, debió considerar que la situación más retorcida era la más probable posible.
                -En efecto, pero no es una salida fácil. Requiere ir a través de un túnel, que vete tú a saber si se ha derrumbado o ha sufrido daños después de un siglo. Y después… quién sabe lo que nos aguardará.
                -Bueno, pero parece que es la única manera factible de pedir ayuda, ¿no?¿O esperas que a los idiotas que nos cercan se les aplaque la furia asesina?-replicó caústico Salcedo-. Pero como tú dices, lo que nos aguarde después debe ser complicado. Propongo que salgamos sólo unos pocos, los estrictamente necesarios para dirigirnos al pueblo de al lado, buscar a la policía o similares y pedir ayuda. Deberíamos ser personas fuertes, en buen estado de forma física…
                -Vamos, que te apuntas a ir tú –abordó De la Cruz crudamente.
                -No quería proponerlo en esos términos, pero en fin… –resumió el político.
                -¿Y qué van a hacer los que se queden aquí?¿Los dejaremos abandonados a su suerte?-el dueño de la casa sabía que, si alguien marchaba por el túnel, debía ser él mismo. Aunque varias personas habían visto los planos, sólo él los había estudiado a fondo y, por tanto, sabía todos los problemas que la vía salida podía presentar, y también cómo resolverlos.
                Salcedo también tenía una respuesta para eso, que plantó en su cara despreciable con una sonrisa más despreciable aún:
                -Natalia puede mantenerles calmados mientras llegan los refuerzos. Es ideal para ese tipo de cosas.
                -¿De modo que encima pretendes dejar a Natalia aquí?-enseñó los dientes De la Cruz.
                -Vamos, Roberto, no te hagas el caballero decimonónico, que no eres tu antepasado; Natalia tendrá muchas virtudes, pero no es la persona ideal para auparse a una peligrosa misión de rescate. Además, aquello no será un camino de rosas; Natalia va a estar mucho más segura que nosotros quedándose aquí.
                -¿Y el resto de los invitados?¿Cómo se lo tomarán al vernos marchar?
                -No tienen por qué saberlo. Si no recuerdo mal, al túnel se accede por esa salita de sonido detrás del proyector por donde se conectan los altavoces y las mierdas ésas, ¿no?-repuso Salcedo-. Podemos decir que vamos allí a buscar materiales con los que defendernos, y marcharnos entonces. Natalia nos cubrirá. Si todo sale bien, para cuando descubran que nos hemos largado, ya habrán llegado los refuerzos.
                -Y mientras tanto, tú bien a salvo ahí fuera, ¿no?-volvió a la carga De la Cruz.
                -Roberto, no me toques los cojones. Sabes que si no nos vamos ahora, no tendremos ninguna posibilidad. Quieres salvar a Natalia, ¿no? Pues si quieres hacerte el héroe, ésta es la mejor manera.
                De la Cruz, a regañadientes, consintió.
                Explicárselo a Natalia fue difícil, pero ella pareció asumirlo mejor de lo esperado. En medio de su conversación, De la Cruz no paraba de pensar en las cosas que le harían esos salvajes si traspasaban los muros. Aquello le redobló en su decisión.
                -Volveremos lo antes posible –prometió.
                Mientras tanto, en el despacho del piso de arriba, encima del salón de actos, los guerreros, hartos e impacientes al ver que la puerta no cedía a la primera de cambio, estaban adoptando nuevas estrategias. Derribaron las estanterías, los libros, los muebles. Los concentraron en el centro de la habitación. Luego, les prendieron fuego, causando una pira espectacular.
                -¿Crees que se hundirá el techo?-preguntó uno de los hombres al primero que había aparecido, el cual había adoptado el papel de líder.
                -Conociendo a De la Cruz, sin duda lo ha previsto. Pero en todo caso, allí abajo van a pasar mucho calor…
                Mientras buscaban material combustible con el que avivar las llamas, sus hombres encontraron unos cuantos legajos que se apresuraron a llevar a su jefe. Éste los estudió; con sus breves rudimentos de castellano, aprendidos tras numerosos enfrentamientos con las tropas españolas, pudo desentrañar el mapa de la casa. Se convenció de que asaltar la habitación no sería fácil. Sin embargo, le fue más útil la información sobre otra cosa:
                -Hay un túnel que parte de abajo… y me encantaría conocer el final.



*                                            *                                             *

                En 1574, los chinos intentaron invadir la ciudad de Manila. En realidad, más que China como nación, lo intentó un pirata llamado Limahong, que ya era conocido por haber asaltado varias ciudades en el sur de China, por lo cual se había puesto precio a su cabeza. En aquella época y posteriores, los piratas podían acumular fuerzas navales tan descomunales que ni siquiera los ejércitos nacionales podían hacerles frente, desarrollando ciudades-estado flotantes donde sólo el líder de dichas tropas tenía jurisdicción. Un ejemplo de esto sería la famosa Ching Shih, viuda de un pirata chino que llegó a hacerse universalmente famosa a partir del cuento de Jorge Luis Borges “La viuda Chin, pirata”. Limahong, sin llegar a alcanzar la celebridad y el poder de Ching Shih, contaba en la época de la que tratamos con cuarenta barcos y hasta tres mil hombres para su causa. Asediado por la recompensa que el emperador chino ofrecía a cambio de su capturar, Limahong se planteó huir hasta aguas menos transitadas del Sur de China, llegando a la isla de Luzón (la mayor de las Filipinas). Allí, tuvo lugar una breve escaramuza con las tropas españolas, y capturaron un bar de barcos mercantes en dirección a China, a partir de los cuales averiguaron que había una ciudad, Manila, donde los recién llegados españoles se habían asentado pero que se hallaba sin demasiada protección. Determinado a huir del acoso chino, Limahong decidió conquistar Manila y establecer allí su cuartel general, desde gobernar su nación pirata.
                El primer asalto chino fue contradictoriamente exitoso. El primer pueblo que encontraron a su paso fue Parañaque, cuyos habitantes se mostraron sorprendidos y desorganizados. Esto facilitó la labor de los piratas, que consiguieron asaltar la casa de Martin de Goiti, el comandante de las fuerzas españolas, y asesinar a este último. No obstante, aquella victoria resultó pírrica por dos motivos: primero, porque el asalto a la casa de Martín de Goiti retrasó su camino hacia Manila (una vez allí, el objetivo era asaltar la fortaleza, hoy todavía de pie, que se conoce con el apelativo de Intramuros); y, segundo, porque no contaban que un residente local iba a ponerse en su contra. No contaban con que iba a surgir esa clase de resistencia.
                Se sabe poco sobre Galo, el hombre que lideró la reacción aquel día. Era un paisano local, un “hombre de barrio”, como se le define. Algún guía local comenta que probablemente era un guerrero retirado al que le tocaron demasiado las narices, asaltando sus negocios y posesiones, y decidió defenderse, no por el Imperio Español, que sin duda le concernía poco, sino porque estaban atacando su hogar. La cuestión es que Galo organizó a los habitantes del barrio, quienes, con un armamento precario y nula preparación militar, consiguieron hacer frente a los piratas chinos, que se habían figurado que la toma de Manila sería un paseo militar. La prueba de que la lucha no resultó fácil para ninguno de los dos bandos la presenta el nombre que adquirió la batalla: “el incidente del Mar Rojo”, porque la cantidad de muertos que cayeron aquel día provocaron que la orilla de costa enfrente del barrio se tiñera de rojo a causa de la sangre que no se paraba de derramar…
                La resistencia filipina fue suficiente para dar opotunidad a que las tropas españolas arribaran a tiempo para la defensa, procedentes de una población cercana. El sueño de una Manila-capital pirata se interrumpió en seco, y los piratas tuvieron que huir. Limahong escapó para establecerse en otra zona de Luzón, donde, en la desembocadura del río Agno, montó una empalizada doble y sometió a los pobladores de ese territorio, proclamándose a sí mismo rey, obligándoles a pagar tributos, y secuestrando a sus líderes como rehenes. Los habitantes de aquella zona, desarmados, no pudieron hacer otra cosa, montando Limahong allí su propio señorío, del que no sabemos demasiado aunque, tal y como fueron las cosas, en algún momento debió convertirse en un abismo de horror que hubiera hecho las delicias de Joseph Conrad. Los españoles marcharon con una armada para hacer frente a Limahong y sostuvieron una cruenta batalla en la que destruyeron buena parte de su flota, y aunque la versión hispánica dice que el pirata murió quemado junto con sus esbirros, una visión alternativa sostienen que Limahong consiguió reparar algunos de sus barcos en el interior del fuerte y, ante la sorpresa de los españoles, se fugó mediante una salida espectacular. Se supone que Limahong encontró refugio en una isla de Filipinas y que, tiempo más tarde, sus tropas retornarían a Cantón, de donde habían partido originalmente. Cuando los chinos llegaron a Filipinas a pedir la cabeza del pirata, los españoles les contestaron que éste había muerto. Su rastro se pierde a partir de 1589.
                La decisiva resistencia del pueblo de Parañaque, y en concreto del barrio al que Galo pertenecía, fue suficiente para que los españoles concedieran a Galo el título de Don, y nombraran más tarde al barrio con su nombre, que quedó como “Don Galo” o “Dongalo”.
                En cuanto a la referencia que hace en el relato Nats Laurel a unos equivalentes filipinos a los ninjas, ésta fue insinuada al autor por un guía local en Luzón. Documentándome, he conseguido información sobre los maharlika, similares a la figura de los samurai japoneses (en el sentido de una casta militar que servía a un señor feudal), aunque salvando todas las distancias y con distintas variantes según las islas a los largo del ancho y variopinto archipiélago filipino. En todo caso, buceando a través de numerosos foros, sí parece existir un subconsciente colectivo que habla de guerreros filipinos capaces de esconderse y trazar emboscadas en el espesor de la jungla.
                Tanto este relato sobre una historia ficticia acontecida en Cantabria, como la narración de una historia real acaecida en Luzón, provienen de mi intenso contacto con la cultura filipina, a través de dos viajes a una decena de sus islas y, sobre todo, de numerosos amigos en España (algunos de cuyos nombres y apellidos pueblan el relato largo) y de las innumerables anécdotas que me han ocurrido a su lado. Dejo a la imaginación de lector el creer si la siguiente historia corta, basada en mis vivencias con ellos, es real o no:
                Los filipinos –procedentes de un país donde la emigración es una opción siempre valorada, tanto que el 10% de su población se concentra fuera de su territorio- tienen una tremenda capacidad de adaptación a las naciones de los que acaban formando parte. Encontrarás menos similitudes entre un filipino viviendo en Estados Unidos y otro habitando en España, que entre el primero y un individuo nacido americano, o el segundo y alguien de toda la vida español. No verás a un filipino conociendo la cultura clásica de dicho país, la que se aprende en la escuela: en España, no sabrían nombrar el siglo de Oro ni tampoco las tradiciones comarcales. Pero si le preguntas por las costumbres modernas, se las sabrán mejor que tú: cantantes de Eurovisión, jugadores del Real Madrid, concursantes de Operación Triunfo. Un día, un grupo de filipinos se reunió en la vivienda de uno de ellos para ver en directo, por televisión, una carrera de Fernando Alonso, el piloto de Fórmula I. Cuando ganó, entusiasmados por celebrarlo, buscaron por toda la casa una botella de champán para descorcharla, al igual que hacía su héroe en la pequeña pantalla. Como no encontraron ninguna, acabaron regando la cocina con una botella de aceite de oliva. Todo fueron risas hasta que se preguntaron cómo narices iban a limpiar eso.   

lunes, 23 de noviembre de 2015

El relato de noviembre. Cuentos fantásticos (IV): La venganza y la daga

La venganza y la daga

            Agarré el mango de marfil de la espada, con todas mis fuerzas. Luego, comencé a repartir mandobles a diestro y siniestro.

            Los enemigos caían a mi alrededor, como moscas, a un lado y a otro. Mis cuchillas no tenían piedad ante unos enemigos que lanzaban su postrer estertor en un último alarido, sorprendidos, además, porque les hubiera derrotado una mujer.

            Yo mismo lo pensaba, en ese momento, mientras me abalanzaba y posteriormente saltaba por encima de ellos, mientras les hería de muerte con mi sable: no hay muchas mujeres piratas: los corsarios no suelen tomarnos en serio... Pero en mi caso era distinto. Era mi caso me respetaban, y era porque había dado pruebas de lo que era capaz de hacer. Y en estos momentos, me disponía a llegar al culmen de mi carrera. Iba por fin a acabar con Lord Swift, el asesino de mi padre... Mi venganza, por fin, quedaría consumada...

            Me batí con lucha y arrojo; degollé enemigos hasta que la sangre cubrió con una pegajosa capa toda la cubierta del barco. Había en el horizonte una aplastante superioridad en número de mis hombres; no cabía duda, estábamos ganando. Me deshice -dejando como consecuencia a un par de paralíticos tras un agudo tajo en la columna vertebral-, de dos rufianes que trataban de impedirme el acceso al camarote del almirante. Abrí la puerta de una patada.

            Allí estaba: era Lord Swift. Pero lejos de estar acobardado, o de pretender defenderse con su pistola, se reía. Se reía en una mueca infame, que yo llevaba demasiado tiempo contemplando.
            -Es tu hora...-le dije yo.
            Y el muy cabrón siguió sonriendo.
            -No es mi hora, capitana Solsa. No lo vas a lograr.
            Blandí mi espada aún con más fuerza.
            -¿Ah, no? No te veo sable, ni armas de fuego, ni nada con lo que defenderte. ¿Cómo vas a librarte de esto, maldito?-le imprequé, agitando mi arma de un lado a otro.
            Y entonces Lord Swift, con una mezcla de cinismo y de conmiseración en su mirada, me respondió:
            -Capitana Solsa... Sé que eres una mujer letrada. Sé que tu padre te enseñó a los grandes filósofos. Supongo que habrás oído hablar de Platón.
            Yo no entendía nada. De fondo, seguía resonando el rugido de los cañones, el restallar de los sables imponiendo la única ley con la que yo sabía vencer. Y este tipo me venía con gaitas filosóficas.
            -¡Te voy a matar!-bramé a Swift, intentando que se defendiera por fin como un hombre.
            -Platón –prosiguió a él-, como seguramente recuerdas, defendió la existencia de dos mundos. Uno real, auténtico, lleno de vida, y uno falso, creado por nuestras erróneas percepciones y sombras engañosas.
            Swift se acercó a mí. Por algún extraño motivo, y aunque durante años había sido mi primera prioridad hacerlo, no fui capaz de ensartarle la espada.          
            -Pues te voy a decir algo, capitana Solsa. Te voy a revelar el sentido de la vida, nuestra vida... Nosotros somos el mundo falso.
            Y sonrió levemente.
           
            Me puse furiosa de golpe.
            -¡Deja de decir tonterías!
            -No me matas porque sabes que es verdad, capitana Solsa... En el fondo eres consciente de que tú y yo no somos nada más que una ilusión. Una fantasía que nos imagina alguien que quiere disfrutar de nosotros. Solsa, nosotros no tenemos vida, más allá de las que nos quieran crear... No malgastes estos últimos minutos enfrentándote a mí, cuando no te va a servir de nada.
            Negué con la cabeza.
            -¡No, eso es falso!¡Todo lo que dices es mentira!
            -Lo sabes, Solsa, pero te niegas a creer... Quieres aferrarte a tu mundo, a tu pequeño mundo, considerar que todo esto es verdad, que la venganza por la muerte de tu padre tiene algún sentido... cuando en realidad esta venganza se repite, una y otra vez, constantemente, incluso aunque me mates, simplemente con que alguien decida apagar o encender un botón...
            Y yo deseé en esos momentos, más que nada en este mundo, coserle la boca a balazos a Swift para que se callara. Pero me di cuenta, desgraciadamente, de que no podía hacerlo. De que me encontraba inmovilizada. Comencé a llorar abiertamente. Comencé, por primera vez en mi carrera como criminal, a derrumbarme...
            -Solsa, por favor... ¿Quieres que te enseñe quién eres tú, quien soy yo en realidad?
            Y yo asentí, asentí llorosa con la cabeza. Y entonces Swift volvió el espejo, que hasta entonces había situado contra la pared, un espejo de cuerpo entero. Y contemplé mi auténtico rostro.

            Un chaval, de tan sólo trece años, con gafas, algo gordito, con una camiseta negra, sentado delante de la televisión, jugando con su videoconsola, y que me contemplaba a mí, con indiferencia, mientras yo lloraba, y ambos entrecruzábamos nuestras miradas...

            Y entonces tiré la espada, y tiré la daga, y desaparecimos yo, Swift, y todo rastro de nuestros barcos...

            Sollocé apesadumbrada hasta que cogí de nuevo mi espada, para, una vez más, vengar a mi padre...>>.



            -¿Qué te parece?
            Le pregunté yo al editor. Y el me respondió:
            -No está mal. Muy interesante. Me gusta ese giro final. Creo que te lo publicaremos en la revista.
            Me regocijé para mis adentros. Aquel dinero me vendría muy bien para las próximas semanas. Mientras el editor firmaba el cheque, me comentó:
            -¿Sabes?, a propósito de este final, he escuchado hace poco una teoría. La ha propuesto un físico: los físicos son gente muy rara, ¿sabes?, yo nunca me fío de ellos, digo que hay que tener cuidado, porque son los únicos que saben de qué está hecho el universo... En todo caso, cuando se meten en campos que no son el suyo, suelen revolucionar al personal, y este tipo lo ha hecho. Ha propuesto una teoría sobre los viajes en el tiempo. Dice que, en el futuro, quizás la gente quiera viajar hacia el pasado, pero no los científicos o individuos seleccionados, sino la gente normal, la de la calle, y que cada uno de ellos creará simulaciones en las cuales ellos mismos serán los protagonistas, mientras que el resto del mundo constituirá una inmensa simulación. Imagínate, viajar a la Roma de Trajano, a la Grecia de Pericles, batallar o habitar en la corte en la Edad Media... Pero dice también que incluso, podrían hacerlo viajando al tiempo actual. Y que de ser así, a lo mejor buena parte de nosotros no somos nosotros, sino que somos gente venida de otro tiempo que están aquí, pasando el rato. Simulaciones. Y puestos a preguntarnos, podemos incluso inquirirnos si en realidad hay una mayoría de seres reales circulando por el mundo, o si lo más abundante son las simulaciones... Una posibilidad estremecedora, ¿no crees, John?
            Como toda respuesta, me encogí de hombros. Yo tenía mi cheque, y eso era lo que me importaba. Me despedí brevemente de mi editor, y salí a la calle.

            Y conforme caminaba, y pasaba por la marabunta que es la gran ciudad, con toda esa inmensa cantidad de gente caminando arriba y abajo, que parece que no saben donde van -asemejando una tremenda marea sin dirección ni sentido-, pero donde cada uno conoce sobradamente su propósito, me sentí bien, allí, yo, la única persona real, entre todo un mundo de ficciones, entre todo un conjunto de simulaciones, lo pensé así, como posibilidad teórica, sólo yo era real, el resto no era nada más que un espejismo a mi alrededor, una serie de personajes edificados para interaccionar con mi vida, imaginando que el panadero no tenía existencia, sino que su única existencia era inmiscuirse en la mía... Y me sentí feliz, así, caminando entre las sombras, sintiendo que nada existía, nadie más excepto yo...


            Y entonces el editor de la revista abrió la ventana, me contempló, sacó el mando, sonrió sarcásticamente, y apagó mi programa. Desaparecí de la calle, sin que nada ni nadie se diera cuenta de lo que había ocurrido...