domingo, 1 de marzo de 2026

El libro y la historia real de marzo: "El curioso caso de Mary Mallon", o la historia de Mary la Tifoidea


El caso de Mary Mallon es relativamente conocido en la profesión médica. A principios del siglo XX, en la ciudad de Nueva York, se encontró a una mujer que era portadora asintomática de la fiebre tifoidea, una enfermedad transmitida sobre todo a través de la comida cruda. La fiebre tifoidea, en aquella época, era muy mortífera, y no existía ninguna clase de tratamiento. Mary Mallon -a partir de entonces, apodada por la prensa con el peyorativo nombre de "Mary la tifoidea"- trabajaba como cocinera, con lo cual ella, sin sentirse afectada por la enfermedad, estaba transmitiéndola a las personas a quienes servía a partir de aquellos alimentos que no se cocinaban mediante altas temperaturas. Se dice que Mary Mallon llegó a transmitir la bacteria letal a 30 personas, de las cuales murieron 3. La cuestión que se plantea, de cara sobre todo a la clase médica, es que tuvieron que prohibir ejercer su profesión (y, eventualmente, ante la falta de colaboración, encerrar de por vida) a una mujer que en realidad no era culpable de ningún crimen, pues nadie le había acusado de provocar las muertes a propósito. Y, sin embargo, se la castigó con un régimen similar al de los condenados por asesinato. Desde luego, el dilema ético es apasionante.

Anthony Bourdain, el célebre cocinero que se convirtió en escritor sobre gastronomía (con una biografía personal también muy turbulenta), decide escribir sobre este caso. Y se pone de parte de Mary. Por muchos motivos bien justificados. Se dice que Mary no era muy colaborativa, pero pensad que estamos hablando de una mujer de origen irlandesa y orígenes humildes -en una época donde el clasismo, la xenofobia y el machismo campaban a sus anchas- que de repente es acusada por los médicos de ser poco menos que una asesina, una transmisora de muerte con patas, una mujer sucia y que no se lava adecuadamente las manos. En ese sentido, es normal que Mary lo negara todo y no quisiera hablar con los sanitarios. Bourdain, además, habla desde su experiencia como cocinero: teoriza sobre lo duro que sería para Mary dejar de ejercer su profesión, tanto a nivel económico como de autoestima personal, y toma partido por todos aquellos profesionales de la gastronomía que han acabado tan hartos de su profesión que en buena parte descuidan hasta la parte de la higiene. (Un inciso respecto a esto: hay un debate que Bourdain no llega a zanjar sobre si Mary se lavaba suficientemente las manos al cocinar. Este debate es muy difícil de resolver por varios motivos: 1) la poca disposición a hablar por parte de Mary, que desconfiaba de los médicos; 2) el debate eterno: ¿qué es lavarse bien las manos?; porque a todo el mundo le parece que se las lava lo suficiente; 3) lo difícil que hubiera sido hacer experimentos sobre este asunto. Mi teoría, a partir de lo que he leído del libro y de lo que sé como licenciado en medicina, es que seguramente Mary hacía bien su trabajo, porque, si no, los brotes por fiebre tifoidea hubieran sido mucho más frecuentes. Lo que pasa es que todo el mundo sabe -y más desde la epidemia de COVID- lo complicado que es lavarse exhaustivamente bien las manos todas las veces que se requiere, y que siempre hay fallos que, en un individuo normal, no se notan. Pero que, en una persona portadora de la enfermedad, pueden desencadenar el desastre).

Bourdain se muestra empático. Además, trata de rastrear, a pesar de la escasa documentación disponible, todo lo que sabemos sobre Mary, y e intenta que nos hagamos una idea de su contexto y sus condicionantes. Como digo, toma partido por Mary, y quizá le coge algo de inquina a los médicos, pero creo que en este caso, más que culpables, sobre todo hay víctimas: víctimas de la falta de desarrollo de la medicina hasta entonces, víctimas de una enfermedad que aún hoy causa numerosos muertos, víctimas de la falta de antibióticos. Es una historia que conviene recordar hoy en día, cuando tenemos vacuna contra la fiebre tifoidea, una que nos salva la vida a diario, a nosotros y a las personas de nuestro entorno. Conviene, pues, leer este interesante libro y no olvidar este caso, para que no volvamos a aquellos tiempos en que ocurrían desgraciados casos como el de Mary Mallon.