lunes, 16 de febrero de 2026

El documental y la historia real de febrero: la vida del estafador, "espía" y "rey de Andorra", Boris Skossyreff

Hoy nos vamos a meter con las andanzas de un personaje singular. Un hombre del que quizá hayáis oído hablar alguna vez, pero, ¿de cuál de sus versiones?¿De la que describen los archivos, de la que otros contaron de oídas, o de la boca de él mismo, con una realidad fluida y cambiante? Boris Skossyreff, según a quién le preguntas, fue espía, agente nazi, aristócrata, estafador y hasta, durante 10 días, rey de Andorra. A lo largo de los años, diversos artículos han tratado de contar su vida, de forma no siempre correcta, porque él mismo se encargó de enterrar ciertos hechos, y de destacar en cambio otros que nunca tuvieron lugar. El reciente documental "Boris Skossyreff. El estafador que fue rey" (hoy en Filmin), que cuenta con la peculiaridad de aportar numerosos testimonios, incluyendo de personas que le conocieron y de altas personalidades andorranas, viene a aportar algo de luz sobre el asunto, aunque seguramente también podáis encontrar varios libros muy completos sobre el tema.

El punto de partida es aparentemente sencillo: Boris había nacido en 1896, y su familia formaba parte de la pequeña nobleza rusa. El problema fue que llegó la revolución bolchevique, y se vio obligado a exiliarse. Boris tenía bien claro que era de origen noble, y que quería seguir manteniendo ese modo de vida y ese estatus: no le apetecía trabajar, era muy bueno para los idiomas, pero sobre todo, tenía una labia por la que era capaz de convencer a casi cualquiera de cualquier cosa. Así que Boris empezó a vagar por media Europa otorgándose títulos y cargos (auténticos o no) y extendiendo cheques sin fondos. Se pasea elegantemente trajeado, con gustos caros, modales de bon vivant, y un permanente monóculo en el ojo. Es particularmente seductor con las mujeres, lo cual le aporta buena parte de su éxito. De vez en cuando, le quitan la careta, pero breves estancias de cárcel o la huida a otra parte le solventan el asunto. El documental detalla cómo Boris es capaz de aprovecharse de los errores y los detalles del sistema para jugar con sus pasaportes y conseguir que la realidad siempre parezca más bonita que la que es.

Luego viaja a Mallorca: se codea con millonarios, coquetea con las drogas, establece relaciones. Probablemente allí tiene su primer contacto para los servicios de espionaje alemán. A pesar de todo lo que Boris exageraría a posteriori su labor (llegó a decir que descubrió el secreto de la bomba atómica aliada en Yalta, y que fue a advertírselo a Hitler al búnker, lo cual le condujo al suicidio), probablemente su aportación fue bastante discreta. Lo sorprendente es que, parece ser, le apoyaron en sus planes para Andorra. Boris tenía una idea visionaria para el principado (todavía hoy, co-dirigido por turnos entre el obispo español de Urgell y el presidente de la República Francesa): pretendía crear un casino, una estación de esquí, y un sistema financiero similar al paraíso fiscal suizo. Todas ellas ideas que se harían realidad en las décadas siguientes, pero que Boris quería acelerar, colocándose a él mismo como rey.

En Andorra, adonde viaja con un par de sus amantes, al principio le toleran, pero al final le mandan a paseo por sus excesos (su comportamiento es errático, llegando a la violencia en ocasiones). Es entonces, desde su "exilio" en L a Seo de Urgell, donde monta un entramado mediático durante el cual consigue que periódicos europeos y norteamericanos se interesen por su reclamación al trono de Andorra. Hay que reconocer que se lo trabaja: se autoproclama rey, redacta una Constitución, y hasta declara la guerra (una en la que no se dispara un solo tiro) al obispo de Urgell. El documental es particularmente gracioso cuando habla de los otros aspirantes a ese hipotético trono, y también se empeña en desmentir un mito que yo mismo había leído en algún artículo: es falso que dos guardias civiles entraran en Andorra para deponerle después de 10 días como rey, en lo que se supone que es la única invasión que Andorra ha sufrido desde España. La realidad es más prosaica, como suele pasar con Boris: la guardia civil le detuvo en La Seo de Urgell y, después de varias carambolas, le expulsa a Portugal.

Desde entonces, las andanzas de Boris se vuelven bastante penosas. Viaja a Francia, pero justo estalla la Segunda Guerra Mundial, y al aristócrata ruso caído en desgracia le internan en un campo de prisioneros para extranjeros. Es entonces cuando utiliza su labia y su dominio de los idiomas para trabajar para los nazis como traductor, incluso yendo a parar al frente ruso. No queda claro si Boris llegó a ser sinceramente nazi (está claro que racista era, pero eso casa con el resto de su carácter) o si sólo fue una escalada más en su incansable promoción de sí mismo. En un extraño movimiento, pasa a la zona soviética, donde sus mentiras no surten el efecto deseado y le condenan a un gulag. Hay que decir que Boris, incluso encerrado, era inasequible al desaliento: en los campos de prisioneros más suaves, conseguía que le excluyeran de trabajar o de comer con los otros presos, logrando que le llevaran a restaurantes "por su condición médica". E, incluso, cuando la cosa se pone más dura y le fuerzan a doblar el lomo, no tiene inconveniente en mantener puesto el traje mientras cava con una pala o limpia letrinas. Un noble ante todo, como trataría de recordarse a sí mismo. En ese sentido, las fotografías reales y las teatralizaciones de la realidad efectuadas en el documental generan visiones impagables.

Boris se ve favorecido por los acuerdos de reconciliación entre la Unión Soviética y Alemania y, a partir de 1956, vive en Alemania. La última parte de su vida tampoco tiene desperdicio: romances aparentemente imposibles con mujeres (a veces misteriosas) que le protegen, exageración de sus hazanas pasadas (con publicación de su bastante "creativa" autobiografía incluida), y una capacidad incansable de que su propia realidad, independiente de la del resto del mundo, flotara por encima de los hechos. Como os digo, es otro aspecto más por el que bucear en este documental. Sobre todo si os pasa como a mí, que cada vez que leo algo nuevo sobre este individuo lo tengo que devorar, porque nunca sabes del todo la verdad, y ni un ápice tiene desperdicio.

Boris corresponde a ese tipo humano tan abundante que hemos visto en otras ocasiones: mentirosos patológicos, gente que se cree sus propios embustes, y que consigue movilizar al mundo alrededor de ellos. Muy tóxicos en la vida real, gente de la que debes mantenerte alejado en tu día a día, pero muy simpáticos cuando lees sobre ellos en la ficción o en los textos históricos. Villanos encantadores. Y hay que decir que, en ese sentido, Boris era particularmente un maestro.

Posdata: uno puede preguntar qué demonios pintaba Andorra en la Segunda Guerra Mundial, y por qué iba a interesarse Alemania por un país tan pequeño. Andorra, precisamente por sus características fronterizas, constituía un punto clave, ya fuera para el contrabando, el tráfico de divisas, o el tránsito de personas, y tiene una turbulenta historia de espionaje e infiltración durante esta época. En realidad, cualquier movimiento que sirviera para desestabilizar a Francia se consideraba bienvenido en Alemania, así que no es extraño que favorecieran, a cambio de un presupuesto mínimo, iniciativas como la de Skossyreff, que promovían la independencia de Andorra. De hecho, gente que por aquella época buscaba una mayor autonomía del co-principado ha sido acusada, con razón o sin ella, de trabajar para los germanos. Eso sí, hay que recordar que Andorra fue también una importante ruta de evasión de quienes huían de la Europa nazi. Porque ante cada fascismo existe siempre su resistencia que precipita su final: nunca olvidemos eso.

lunes, 9 de febrero de 2026

Las historias cortas de febrero: Estampas callejeras

Encontramos una foto de hombre anciano por la calle, recortada. "Me la quedo", dice mi compañera Eos: "no me gusta que los señores estén perdidos por la calle".

"Además, añadió, tiene pinta de que está muerto; así, en el futuro, aunque nadie se acuerde de él, aunque ni siquiera yo sepa quién es, le recordaré".

*

Carteles que te puedes encontrar en un bar:

“Sólo se fiará a mayores de 90 años, acompañados de sus padres”.

“Sólo se fiará... mañana”.

*

Veo a dos personas hablando en lengua de signos en la calle: parecen dos improvisadores de hip hop retándose. Veo a cuatro personas hablando en lengua de signos en la cafetería de un centro comercial: parecen una genial, armoniosa y avasalladora orquesta.

domingo, 1 de febrero de 2026

El relato de febrero: "Mi Homero" (tercera parte)

 Esta historia tiene su antecedente previo aquí.

                Al día siguiente, a esa misma hora, estaban brindando con las copas llenas hasta arriba de dulce vino, que sabía el doble de dulce simplemente porque estaban vivos.

Las risas se prodigaban de un lado a otro de las múltiples hogueras donde los guerreros se abrazaban, reían, dedicaban sagrados holocaustos a los dioses… y luego se comían a los animales sacrificados, devorando hasta la última gota de su grasa.

                -¿Qué, cantor?-le preguntó uno de los soldados, dándole una sonora palmada en la espalda-. ¿Estabas muy inquieto esperándonos?

                Lo cierto es que sí, se dijo a sí mismo el que ya había sido oficialmente declarado el sustituto del ciego. El muchacho hubiera esperado que la fase de la batalla se viviera como en los poemas; sangre derramada, gestos de valor, carne y gritos, cuero y acero… En lugar de eso, hubo un período de silencio atronador y angustioso en la retaguardia del campamento, durante el cual al joven le asaltaban periódicamente imágenes de sí mismo y los soldados huyendo entre el bosque, corriendo por sus vidas, con el rugido de fondo de mortíferos jinetes cabalgando a lomos de caballos que iban tras ellos…

                La otra opción era la que se estaban viviendo esta noche. La que, por suerte, había acontecido:

                -¿Qué tal, maldito criajo?-el comandante se presentó con brutal espontaneidad y rudeza, como solía hacerlo cada vez que irrumpía en su vida. Se sentó sobre unas piedras y apoyó los pies encima de un hatillo de ramas que, dentro de muy poco, alguien prendería para hacer una nueva hoguera. Pero, mientras tanto, se mostraba relajado, bebiendo con total frivolidad de su copa.

                -Lo has hecho muy bien -le felicitó-. Confieso que tuve mis dudas, pero ahora… Hoy hemos conseguido una gran victoria. Eso los hombres lo valoran. Si seguimos teniendo suerte, tus poemas se convertirán en sinónimo de victoria. Y aquí entramos en lo importante.

                Inclinó la cabeza hacia su empleado:

                -Estaba batalla ha sido útil, pero es tan sólo la antesala de otra mayor. Sabemos que el enemigo está concentrando tropas en otro punto, para preparar un enfrentamiento que será realmente decisivo. Para entonces, necesito que tengas un poema épico preparado: uno grande, hermoso, y que motive a nuestros soldados a pelear hasta el final.

                Metió la mano en el interior de la armadura, donde guardaba un zurrón de donde extrajo una bolsa que colocó en el pecho del chico. El muchacho la agarró: desde fuera, podía palparse el tacto de las monedas.

                -Esto es por tus servicios; y para que vayas tirando hasta la próxima vez que nos veamos. Lo dicho, espero una composición de las que hacen época. Una que la gente recuerde, más incluso que la propia guerra de Troya.

                El muchacho asintió.

                Al día siguiente, hizo el petate y partió. No lo hizo por el mismo camino que el ejército. Se desvió hacia el hogar de la chica que le había regalado esos versos tan útiles. Se la encontró trabajando en el campo, junto con su familia. Cuando llegó cerca de la muchacha, depositó un grueso paquete de monedas sobre sus manos:

                -Tu trabajo me ha sido muy útil -le dijo a la chica. Y luego, dirigiéndose casi más a su familia que a ella, añadió-. Tienes un don. Aprovéchalo. Ojalá -dijo antes y después de un breve suspiro-, ojalá el mundo te deje sacar todo lo que tienes dentro.

                Luego, vagó por distintos lugares. Visitó recitales en honor a los dioses, y certámenes poéticos. Durante su periplo, escuchó a toda clase de poetas: unos buenos, otros malos, la mayoría regulares, unos cuantos excelsos. A aquellos de los que podía extraer buenas ideas, les pagaba para que le permitieran tomar al dictado sus palabras. De esa manera, volvió a crecer el poema, que él iba afilando, puliendo, cohesionando para que adquiriera integridad y coherencia. Para ello, intentó aplicar las fórmulas de los relatos orales del ciego a lo largo de todo el manuscrito; de esa manera, parecía como si éste siguiera hablando, aún después de muerto.

                Durante sus investigaciones, el muchacho viajó a lo largo de ciudades, pueblos, aldeas. En ellas, se disfrazó de variadas maneras: peregrino, pordiosero, poeta, heraldo… incluso mujer, en ciertas circunstancias. Durante algunos días, pudo pasear en los mercados de una gran urbe, escondida (o revelada) bajo ropajes femeninos, de la misma manera en que lo hizo Aquiles cuando trató de librarse de ser reclutado para la guerra de Troya. El joven (la joven) se preguntó durante aquellos paseos si en el fondo Aquiles, como ella, no se sintió feliz bajo aquellas prendas. Y si tal vez aspiró a que, en lugar de morir pronto, pudiera vivir una vida distinta que la destinada bajo la máscara de guerrero, en un contexto distinto, en otro lugar… Pero a nuestra heroína, como a Aquiles, le traicionó su amor las armas: en esta ocasión, por las armas de la palabra y de las letras. Era hora de volver a los caminos. En ese momento, cargada de un arsenal.

                En poco tiempo, el rapsoda se reincorporó al ejército y éste, como le prometieron, partió en un largo viaje. La mayor parte de los reclutas eran nuevos y no le conocían, ni a él, ni tampoco a su maestro. Por eso cuando, al final del primero de sus cantos, alguien se atrevió a preguntar de dónde había sacado aquella historia, él respondió:

                -Me la cedió un maestro. Un maestro ciego.

                Al decirlo, no se refería sólo al anciano que le enseñó: también a todos los que habían contribuido al poema, aún sin saber que sería asimilado en un todo mayor, que ahora viajaría con él a lo largo de los kilómetros, las veredas, los páramos, las ensenadas. Ninguno de ellos era consciente de estar creando algo nuevo. Eran ciegos al futuro, y al fenómeno que estaba sucediendo. Un hecho que quedó bautizado cuando el soldado que había preguntado entendió que “Homero” no era la palabra en griego para designar a un invidente, sino un nombre propio, y empezó a emplearlo como tal.

                El viaje fue largo, fatigoso, y sometió a todos los viajeros a obstáculos que pusieron a prueba sus límites. Tras aquellas interminables jornadas, al final del día, el cantor reconfortaba, acunaba, enaltecía los espíritus de los guerreros instigándoles a la batalla, al heroísmo, a ser siempre su mejor versión. Les mantuvo unidos después de agotadores recorridos por las montañas repletas de cuevas, y por húmedas caminatas en el barro; les alentó mientras cruzaban islas, mares, lagos y estrechos de bravos oleajes. Les insufló ánimos hasta la victoria: una a la que, sin duda, nuestro poeta contribuyó.

                Después de la batalla final, cuando se consiguió un gran y definitivo triunfo, y el objetivo del viaje se consumó, los soldados le preguntaron al cantor:

                -¿Y en el camino de vuelta, con qué vas a deleitarnos?

                El cantor sonrió con complacencia:

                -¿Habéis oído la historia de cuando Ulises volvió a casa? Tuvo un periplo más difícil que nosotros; y aun así, regresó.

 

                Este relato le debe una gran influencia a Homero y su Ilíada, una obra de Robin Lane Fox donde el autor discute las distintas posibilidades acerca de quién fue Homero y cómo compuso su poema épico. Yo he tomado prestadas algunas hipótesis, y he recreado las mías propias. La auténtica identidad de Homero nos será, probablemente, siempre desconocida… lo cual, en muchos sentidos, es más interesante que conocerla con seguridad. Mientras tanto, la autoría de la Ilíada, como la veracidad de la guerra de Troya, son cuestiones que se pierden entre la bruma…