lunes, 20 de julio de 2015

La película de julio: Autómata, de Gabe Ibáñez


En 2014 se estrenó la película "Autómata", dirigida por Gabe Ibáñez y protagonizada por Antonio Banderas, y las críticas no resultaron muy favorables. Algunos la calificaban como una copia imperfecta de "Blade Runner", otros se quejaban de que, a ciertas alturas de la película, ésta perdía ritmo, y el hecho de que un director español se atreviera a desarrollar una película de ciencia ficción que (a pesar de llevar a cabo una más que digna producción) no podía competir con los recursos de Hollywood, pesó probablemente en la valoración de algunos críticos y espectadores. Sin embargo, ha sido un film que me ha llamado poderosamente la atención, y por eso escribo este post, para que los que la han visto reconsideren un cierto punto de vista y para que, los que no, se animen a echarle un visionado.

"Autómata" parte de un futuro distópico en el cual la raza humana se encuentra en una progresiva decadencia. Desertificación, cambio climático, altísimos niveles de radiactividad y un deterioro progresivo de la civilización que hace que cada individuo concreto se plantee emigrar a otros lugares quizás en mejores circunstancias o se cuestione si es conveniente tener hijos. En este mundo destrozado, los autómatas creados por el hombre le sirven como mano de obra de acuerdo a dos protocolos esenciales (que, efectivamente, beben en parte de las tres leyes de la robótica de Asimov): el primero, no dañar a ningún ser humano, y el segundo, no repararse a sí mismos o modificar a otros robots. La agencia de seguros a la que pertenece el personaje de Antonio Banderas acude siempre que hay algún problema relacionado con los robots para solucionarlo, y la misión que nuestro protagonista tiene encomendada parece que va a ser una más. Pero, pronto, el protagonista se va a encontrar con un dilema que va más allá de su comprensión y que pone en jaque todo el futuro de la raza humana. Y que no está muy seguro de que pueda o deba parar.

Es verdad que la primera parte de la película tiene un tono visual muy urbanita y oscuro que recuerda mucho a Blade Runner, pero, posteriormente, la historia va por otros derroteros, aunque sí que tiene muchas similitudes en cuanto a reflexiones filosóficas sobre el futuro de la humanidad y la posibilidad de nuevas formas de vida que vengan a sustituirnos. En ese sentido, es sorprendente la carga de profundidad de la película, que seguramente habrá echado atrás a muchos: explicarnos que es posible que en el futuro los robots tomen sus propias decisiones de manera autónoma, y adopten una forma de organización y de crecimiento radicalmente distintas a la humana, será sin duda algo que no será fácil de comprender ni asimilar para ninguno de nosotros. Tampoco será fácilmente asumible el hecho de que es posible que en el futuro dejemos de ser la "especie elegida" que siempre hemos creído, y que surgirán otras mejor adaptadas a los nuevos ambientes, incluso contraviniendo las leyes naturales que nosotros creíamos permanentes. La película discurre a un ritmo en muchas ocasiones pausado pero siempre rica en contenidos, reflexiva y al mismo tiempo muy trabajada desde el punto de vista visual y conceptual. No he tenido la ocasión de ver la cinta en su versión original, con lo cual no puedo hablar demasiado de los actores; es verdad que Banderas no es un experto en doblarse a sí mismo y se le nota, pero aún así diría que consigue sacar adelante este sufrido papel con buen oficio. Otros actores no destacan tanto (el mayor peso, en realidad, recae sobre los autómatas), aunque también sorprende una Melanie Griffith en un papel poco habitual en ella (como científica que trata sobre algunas de las cuestiones más innovadoras del ramo), pero con el que construye un personaje muy interesante y hasta diría que brillante, a pesar de que la cantidad de botox en la cara de Melanie no ayude a hacerlo demasiado creíble. No hay mucho que reprocharle a la película: tiene una bien cuidada fotografía, un guión bien hilado y, si acaso, efectivamente, algunos momentos algo más difusos, aunque éstos dejan lugar después a pasajes más sugerentes. En conjunto, diría te deja una curiosa visión sobre la naturaleza del hombre y nuestro devenir tal vez demasiado cercano al que yo creo que merece la pena echarle un vistazo.

"Autómata" toma prestadas viejas cuestiones de la ciencia ficción a partir de obras clásicas del género que sin duda le han influido (y de hecho no me resultaría extraño leer que Stanislaw Lem es uno de los autores de referencia del director), y les da una interesante vuelta de tuerca para plantearnos un nuevo punto de vista. Y, una vez más, con en otras obras también clásicas, nos hace preguntarnos si realmente somos los buenos en esta historia que vivimos. Una pregunta que, últimamente, a diario, no tenemos más remedio que plantearnos. Y pensar que es fácil que un día la respuesta sea por fin "no".

lunes, 13 de julio de 2015

La historia real de julio: constelaciones de otras culturas que no fueron aceptadas

Gif animado publicado por The Washington Post que muestra la cercana posición de Venus y Júpiter en el firmamento a finales de este mes de junio. Tuve la suerte de contemplarlo hace un par de fines de semana mientras me encontraba en una carretera rural, y la verdad es que la posición de Júpiter -tan inhabitual y tan brillante- hacía pensar, más que en un cuerpo celeste, en un satélite artificial o un misterioso OVNI.

¿Quién no se ha tumbado una apacible noche de verano a contemplar las estrellas? Y, como adivinando la forma de las nubes en el cielo, intentado buscar las siluetas de las constelaciones que conocemos, o incluso dibujar algunas propias inspiradas por nuestra siempre fértil imaginación. Lo cierto es que tratar de encontrar formas reconocibles a lo que no es sino un simple producto del azar es uno de los defectos (o virtudes) habituales del ser humano. El nombre técnico es el de pareidolia, y explica tanto los curiosos recuerdos que nos estimulan las figuras de la Ciudad Encantada en la provincia de Cuenca, como que los griegos se pusieran a trazar uniones entre las estrellas para generar representaciones de sus dioses y sus héroes en el cielo. Luego, cuando la cosa se quiso hacer de un modo un poco más científico, la Unión Internacional de Astrónomos (esa misma asociación que decidió que Plutón dejara de ser un planeta -no se lo vamos a perdonar nunca, y más ahora que sabemos que tiene un color rojo infernal-) reconoció como oficiales un número de 88 constelaciones, de los cuales la mitad procedía precisamente de la creatividad de los griegos y fueron heredadas gracias a un mapa astronómico elaborado por Ptolomeo y posteriormente transmitido a través de los árabes. Las constelaciones modernas incluyen, además, algunas ideadas por reconocidos astrónomos de los últimos siglos (que se basaron tanto en personajes de la naturaleza y la mitología como en ideas mucho más modernas y tecnológicas), e incluso algunas procedentes de otras culturas que se pusieron de moda y alcanzaron una cierta popularidad en la civilización occidental (pues la fama pasajera, como en otros lados, también cuenta mucho en la ciencia). Sin embargo, si cada civilización tuvo sus constelaciones propias y sólo se han reconocido unas pocas, eso significa, evidentemente, que muchas otras se quedaron fuera de la lista. Y es a esas olvidadas agrupaciones de estrellas a las que nos vamos a referir en el día de hoy.

En realidad, las constelaciones nunca han sido algo con demasiado sentido. Las estrellas que forman parte de las mismas están separadas a enormes distancias entre ellas, sin formar parte de ningún sistema estelar en particular, y sólo nos parecen más cercanas porque, para nuestros ojos y con nuestra visión sesgada desde la Tierra, se nos asemejan en el mismo plano, cosa que no es verdad en absoluto. Por otro lado, en los últimos tiempos, los astrónomos prefieren, para localizar a las estrellas, un sistema de coordenadas que se nos antoja mucho más sistemático que una indicación del tipo "la segunda estrella a la derecha, volando hasta el amanecer". Además, ya sabemos que la localización de las estrellas en el firmamento se altera con nuestra propia posición dentro de la Tierra (no es lo mismo estar en el hemisferio norte que en el hemisferio sur), con las estaciones (no es lo mismo el cielo en invierno que en verano) y con el paso del tiempo (nuestros antepasados veían un firmamento ligeramente distinto al que contemplamos nosotros). Alguno os hablará de que las constelaciones zodiacales tienen sentido: en realidad, sólo son una convención para poder localizar los astros que forman parte del sistema solar en un mapa aparentemente estático del cielo, y de la misma manera que se nombran 12 constelaciones, podríamos haber formado diez, veinte u ochocientas. Aun así, estas agrupaciones de estrellas siguen despertando en nosotros un viejo sentimiento de nostalgia por un pasado en que todo era más manual, más pedestre, más ignoto, y también más abierto a lo sorprendente y desconocido. Y, en todo caso, tanto la Estrella Polar como la Cruz del Sur siguen constituyendo una buena manera de guiarse de noche en ausencia de brújula.

Pero vayamos ya al tajo: algunas formas de agrupar constelaciones no reconocidas actualmente por la Unión Internacional de Astrónomos o, al menos, no demasiado conocidas por el gran público. Por ejemplo:

-Con eso de que la Estrella Polar es clave para orientar la dirección norte en nuestro hemisferio, parece que un buen número de culturas se han empeñado en encontrar formas de localizarla más fácilmente. A nosotros nos suenan las referencias a la Osa Mayor y al carro que dentro de ella forman sus siete estrellas principales, pero en China, se piensa que dicho carro en realidad es un funcionario encima de su séquito, mientras que los mexicas creían que nuestra osa se trataba de un jaguar

Constelación del Jaguar (Ocelotl) de acuerdo a la cultura nagua o mexica. Imagen extraída de Wikicommons.

 -Lo que para nosotros es la cola de un escorpión en la constelación del mismo nombre, para los aborígenes de Maui se trata de la mucho más familiar figura de un anzuelo para pescar.

-La Vía Láctea (que nosotros tomamos como un camino lechoso y que no es sino el rastro de nuestra propia galaxia) era para los habitantes de la Patagonia un campo de cacería de ñandúes, donde podían distinguir incluso las piedras boleadoras con las que atraparlos, los cuerpos de los animales, e incluso un nido creado por estas aves. Pero más imaginativos eran todavía eran los aborígenes australianos, que encontraban en las manchas oscuras de la Via Láctea algunas figuras, como la de un gigantesco emú.


El emú de los aborígenes australianos dentro de la Vía Láctea. Extraído de Wikicommons.

-La constelación de Antínoo (creada por el emperador hispano Adriano en honor a su antiguo amor) fue la única de las antiguas que se perdió en la noche de los tiempos. Pero también se perdieron otras de diversos orígenes como "el gato", "el gallo", "la avispa", "la abeja", "el flamenco", "Cancerbero", "el globo aerostático", "el telescopio de Herschel", una que sirvió de loa al rey Federico de Prusia, otra que homenajeaba a las máquinas eléctricas, o algunas tan sugerentes como "el guardián de las cosechas", "el cetro de Brandenburgo" o "el toro de Poniatowski, rey de Polonia". Por otro lado, una constelación que representaba al Argo, la nave de los Argonautas, fue dividida en cuatro, una de las cuales desapareció (precisamente la correspondiente al mástil; quizás por eso la nave navegue dando tantos tumbos y dando lugar a tan maravillosas derivaciones).

-Los mexicas encontraban muchas semejanzas con animales de su entorno, pero también tenían un Mercado y una Cancha de Pelota; los hindúes trataban a las constelaciones como esposas del dios de la Luna, el cual las recorría en su camino a través de los cielos; los chinos, al igual que los hindúes, las denominaban "mansiones" y tenían su propio mapa estelar completamente autónomo, aunque conforme entraron en contacto con el mundo exterior incorporaron algunos de los dibujos occidentales; muchas de las constelaciones griegas, por otro lado, tenían inspiración egipcia o mesopotámica. Y, en general, todas las culturas emplearon el movimiento de las estrellas como base para calcular los desplazamientos en el firmamento del Sol y la Luna y como herramienta para sus calendarios, tan importantes para las labores agrícolas.

De todas maneras, fuera de la normativa de la Unión Internacional de Astrónomos (a la que se le puede hacer tanto caso como a la RAE), cada cual es libre de crear sus propias figuras. Isaac Asimov, por ejemplo, decía que la nebulosa denominada Cabeza del Caballo se le antojaba (al contemplar las imágenes captadas por el telescopio Hubble) mucho más a la figura amenazadora del Lobo Feroz. Puede que la denominación no suene muy canónica, pero en fin, ¿vosotros qué opináis?

Pues nada, ya sabéis: este verano, buscad un rincón apartado y libre de contaminación lumínica, haced vuestras propias composiciones y, ¿por qué no?, comentádnoslas. Quizás saquemos alguna idea interesante que proponerle a la Unión Internacional de Astrónomos. Y así podréis decir aquello de que hay una estrella en el cielo que lleva tu nombre. O, al menos, un nombre al cual habéis contribuido. Buenas y luminosas noches.

Posdata: si queréis saber más sobre este tema, podéis ir al lugar original donde se me ocurrió la idea para esta entrada del blog y de donde he sacado buena parte de la información que contiene; el Planetario de Madrid, aparte de ser un excelente entretenimiento para niños, ofrece una muy divulgativa y asimismo rigurosa información sobre la naturaleza de nuestros cielos, y más en estas noches claras de verano. Y a partir de allí, una vez bien aconsejados, podéis salir por vuestra cuenta y adentraros en el camino de las estrellas. Aunque ya sabéis que, en ocasiones, es mucho más interesante internarse por el camino de la oscuridad...

lunes, 6 de julio de 2015

La historia corta de julio: un regalito

El otro día me hicieron este regalo de pequeña historia, y yo lo comparto con vosotros. Buenos días:

Se acostaron, a la suave brisa del ventilador que apenas podía mitigar el calor del verano. Ella le dijo: "Hueles a patatas fritas"con una sonrisa.
A la mañana siguiente, sólo habìa migajas
.

lunes, 22 de junio de 2015

Nueva entrega del fanzine "Fragmentos de tinta". Número 1, edición de verano.

Supongo que os acordaréis de que, hace un tiempo, coloqué un enlace a "Fragmentos de tinta", una revista literaria o fanzine asociado a la web de la empresa literaria "Bambú y Naranja", y en el cual colaboramos. Con la llegada de la primavera se publicó el número 0 y, ahora, coincidiendo con el solsticio, aparece el siguiente número, cuya temática está precisamente orientada alrededor del verano y todas las sensaciones que lleva aparejadas consigo.

En esta nueva edición, encontraréis poesías compuestas por Miriam Villares (la responsable, además, del proyecto "Bambú y Naranja"), relatos y microrrelatos de la escritora Miriam Varela y, por supuesto, también aportaciones mías: el microrrelato "Evolución" y el cuento "Amor de verano". Todo ello, acompañado de ilustraciones estivales por parte de Edgar Álvarez. Pues eso, que os dejo el enlace aquí.

Espero que os guste y lo disfrutéis este verano ya sea a orillas del mar, sobre alguna tumbona, o leyendo bajo la sombra de un árbol a los pies del Himalaya. O que os permita evadiros un poco del calor sofocante de la oficina, si os toca trabajar este verano. En todo caso, espero que os aporte algo y ayude a removeros un poco por dentro.

Aún así, no os preocupéis, que el blog seguirá publicando cosas a lo largo de estos meses. No cerramos por vacaciones. Y si nos leéis a través del móvil o la tablet en algún rincón ignoto, hacédnoslo saber. Seguro que nos hace ilusión.

Un abrazo cálido (o fresquito), y feliz verano a todos.

lunes, 8 de junio de 2015

La historia real de junio: Las puertas de Ishtar.

Muchos conoceréis el Museo de Pérgamo en Berlín. Y cuando uno lo visita, lo menos que puede hacer es admirar el ingenio de los alemanes: construir un museo colocando las obras de arte primero (a ser posible grandes trabajos arquitectónicos, como un teatro, un templo o un fragmento de mezquita) y colocando las paredes después hace que -pase lo que pase en el futuro- ningún país te pueda reclamar las susodichas obras de arte, con la excusa de que para devolverlas tendrías que derruir medio museo. Pasear por el museo, con tantas maravillas procedentes de Grecia, Roma u otros lugares del mundo, puede provocarte un auténtico síndrome de Stendhal, especialmente cuando entras y te encuentras con quizás el azul más intenso que han contemplado tus ojos:


Éstas son (al menos parte) las puertas de Ishtar. Originalmente, formaban parte de las murallas interiores de Babilonia. Permitía el acceso al templo de Marduk (donde se celebraba el Año Nuevo, del que hablaremos más adelante), y formaba parte de una vía procesionaria que terminaba en una gran torre que, según muchos, es en la que los hebreos se inspiraron a la hora de colocar en la Biblia la historia de la torre de Babel. El color tan azul de las puertas se debe al lapislázuli, y hay quien dice que estas puertas, junto con el resto de las murallas, y una abundante vegetación, eran las que provocaba que, al contemplar la ciudad de Babilonia a lo lejos, los recién llegados observaran unos auténticos "jardines colgantes" que serían considerados una de las 7 maravillas del mundo. Hoy, de Babilonia poco queda de estas murallas aparte de lo que se encuentra exhibido en el museo de Pérgamo, y unas puertas muy similares que se hallan localizadas en Irak y sufren continuamente el deterioro como consecuencia de los enfrentamientos armados y la circulación de los tanques. Eso y, claro, nuestro recuerdo.

Pero una pregunta nos viene inmediatamente a la mente: ¿quién es ese Ishtar en honor del cual se erigen estas puertas? En primer lugar, corregimos: no es ése, es ésa. La diosa del amor. "Ah", diréis, "como Venus". No exactamente. Como Venus, es la diosa del amor, del sexo y las relaciones carnales, y de la fertilidad. Hasta ahí, bien. Pero también es una diosa combativa, de la guerra y a la que, en algunas culturas, se le han ofrecido sacrificios. Como casi toda diosa, ha sufrido diversos cambios de nombres y de carácter con el paso del tiempo en las culturas: Ishtar era su apelativo en Babilonia, pero se la denominaba Inanna en Sumeria, Astarté en Fenicia, o Tanit en Cartago. Lo que sí que estaba claro es que era bastante combativa, y tenía un punto interesante de mala leche. Como cuando la violó un jardinero y decidió mandarle en represalia una serie de plagas (historia, como os imagináis, de la que se apropiaron los autores de la Biblia). O como cuando se cabreó con su marido y le mandó de una patada al infierno. Sin embargo, esa historia sufrió luego una modificación: resultaba que su marido no estaba allí por su culpa, sino porque había muerto, e Ishtar bajaba al infierno a rescatarle. El problema venía con que a Ishtar le habían permitido el acceso al infierno, sólo si por cada una de las siete puertas que tenía que atravesar dentro de éste, dejaba a cambio una prenda, y sólo cuando se desnudó completamente pudo llegar a su amado (como muy bien habéis adivinado, éste es el origen mitológico del baile de los siete velos). Ishtar, además, era en buena parte la protagonista del Año Nuevo sumerio, donde gozaba de gran importancia un colectivo que disfrutaba de su protección, las prostitutas. Así que, como vemos, era una diosa que daba bastante juego dentro del panteón sumerio, que también tiene bastantes aspectos muy interesantes.


Probable representación babilónica de la diosa Ishtar. Extraído de Wikicommons

A título personal, os puedo comentar que esta diosa tiene también para mí cierta relevancia porque su heredera cartaginesa, Tanit, tenía un papel importante en el libro sobre la tercera guerra púnica que publiqué hace unos años, "Cartago. El imperio de los dioses". Tanit, aparte de tener personalidad e influencia propia (llegó a ser adorada incluso entre los pueblos bereberes, signo de cuán profundo quedó el arraigo), tiene también un lado oscuro, en el sentido de que se cree, junto con su compañero masculino Baal Ammon, era uno de los dioses a los que los cartagineses ofrendaban el molk o moloch, es decir, sacrificios humanos. Lo de los sacrificios, efectivamente, suena muy mal, pero hemos de tener en cuenta que no era una costumbre exclusivamente suya (de hecho, los hebreos la tenían, y la historia de Abraham e Isaac parece estar en relación con ello), y también que probablemente respondía a un mecanismo necesario -en ausencia de anticonceptivos- para el control de la población. Pero no quiero enrollarme mucho con esta historia, porque algunos ya la conocéis gracias al libro, y a los que no, os recomiendo que os informéis de la misma a través de él, ya que sin duda da mucha más oportunidad de explayarse con los detalles.

Volviendo a la diosa Ishtar, en gran parte mi interés acerca de la misma, así como parte de la información que os he contado, ha venido motivada por unas entradas en el blog Curistoria (un gran esfuerzo de Javier Sanz), que ha publicado en colaboración con Joshua BedwyR. Este último -como imaginaréis, es su seudónimo como escritor- ha publicado en Amazon "En un mundo azul oscuro", una novela histórica de los que no os puedo dar muchos detalles porque aún no la he terminado, pero del que os puedo dar fé que ofrece una reconstrucción muy cuidadosa de la civilización sumeria, que el autor sin duda conoce a fondo y admira (y esto es toda una excepción, porque no hay muchas obras literarias o cinematográficas que se hayan dedicado a indagar acerca de este período y este lugar de la historia: si acaso tenemos que retroceder a 1916 para que David Wark Griffith, en su película "Intolerancia", ambientara una sección de esta película en Babilonia -en realidad, muchos años más tarde respecto a la civilización sumeria-, ofreciendo unos magníficos decorados que todavía hoy resultan alucinantes). Y precisamente, en Curistoria ha contribuido a crear unos posts muy interesantes no sólo acerca de la diosa Ishtar, donde profundizan más en las historias que os he contado yo, sino también de la apasionante mitología sumeria (capaz de invocar protección a ciertos demonios) y de la importancia que tenía en ésta el elemento femenino -de hecho, hay entradas referidas a una de las escritoras más grandes de la historia, que vivió en esta época (aquí otro enlace relacionado), y también del cambio que sufrió la consideración a la mujer con el declive de la civilización sumeria y el auge de los babilonios-. Os recomiendo que le echéis un vistazo a estas entradas (y al blog en general) porque son muy interesantes. Y a ir a Berlín a contemplar las puertas de Ishtar. Y a disfrutar tanto, de ambas, como lo hice yo, porque en parte de esto va la escritura en general, y este blog, y es de compartir las cosas que nos emocionan para ver si así emocionamos tambíén a los demás. Practicadlo. Feliz semana a todos.

martes, 2 de junio de 2015

La película de junio: "El secreto de sus ojos", de José María Campanella

Como película de este mes, y aprovechando que hace poco otro film argentino ("Relatos Salvajes") ha intentado el asalto al Oscar, os cuelgo un viejo artículo que en su día publiqué en Globedia. A los que la conocéis, me decís si creéis que la crítica está ajustada a la cinta, y a los que no, espero que os estimule para buscarla. Un saludo.

"El secreto de sus ojos",

de José María Campanella


Obra maestra argentina, que combina lo mejor de los thriller judiciales con los detalles tiernos, humorísticos y poéticos del director de "El hijo de la novia". Enorme. Impactante. Imprescindible
Decía al principio de empezar esta columna periódica de opinión y reseñas culturales que el principal objetivo de ésta era dar a conocer determinadas películas o libros los cuales no habían recibido suficiente publicidad, cosa que podía hacer que la gente se perdiera historias interesantes. Por eso tenía mi duda sobre si reseñar o no esta película, que al fin y al cabo debería recibir el espaldarazo del éxito que unos años antes tuvo Campanella con "El hijo de la novia" (preciosa y delicada comedia cotidiana argentina, con chistes para no parar de reír cada cinco minutos). Sin embargo, una amiga en Vigo me acaba de comentar que allí ya la han colocado en un cine oscuro, húmedo y de extraños olores, lo cual, en contraste con la gigantesca calidad de la película, da que pensar. Ayer la pude ver después de mucho tiempo aguardando, e iba con otras cuatro personas: las cuatro coincidían en que hacía muchísimo tiempo que no veían algo tan bueno.

Siempre he dicho que combinar dos géneros o dos estilos, si se hace bien, y ambos son buenos, da como producto resultados espectaculares. Tomemos como ejemplo "El jardinero fiel". Una obra de John Le Carré, con viejos ecos y destellos de la guerra fría, que es adaptada al cine por Fernando Meirelles, un director de corte muy social: una combinación perfecta para un relato sobre los abusos de las farmacéuticas en África. Pues en este caso tenemos algo muy parecido: Campanella toma un thriller judicial, basado en el caso del asesinato de una chica joven hace muchísimos años, de la novela "La pregunta de sus ojos", que hubiera pegado perfectamente para viejos papeles de Al Pacino o películas de abogados de todas las épocas. Sin embargo, le añade un par de detalles y, ¡hop!, ya tenemos una de Campanella. Magnífico cocktail, de sabor espléndido al final.
La trama: Ricardo Darín (cómo no) es un viejo fiscal que se ha jubilado y ahora decide escribir una novela. Acude para ello a ver a los juzgados a la aún en activo Soledad Villail (estupenda actuación), con la que se nota que hay una tensión amorosa no resuelta del todo que se nos irá aclarando a lo largo de la película. Y allí le cuenta que la que novela que quiere escribir es alrededor del caso Morales. Una vez más (y siguiendo las reglas clásicas del género), el caso es una metáfora de cómo ha avanzado la propia vida del protagonista, con los personajes del caso entrecruzándose entre sí con los más importantes de su vida personal. Como suelen saber los que leen esta columna, no me gusta destripar demasiado, pero hay varios detalles que han de ser reseñados: primero, magnífica elección de secundarios. Aparte de las grandes actuaciones de los protagonistas, hay un elenco de personajes tan enternecedores como cómicos de los que no nos podremos olvidar. Segundo, chistes de un atrevimiento brutal: a pesar del tono en general dramático de la película, te das cuenta de que te han metido una ristra entera de gags buenísimos, con momentos de abierta risotada. Muchísimos momentos. Tercero, a pesar del ritmo en general lento de la película, ésta no se te hace larga, porque la calidad del guión, de los diálogos, de la historia, es tan buena, que incluso aunque cuando creas que la película sigue los esquemas típicos de las películas de abogados, te lo plantea tan bien, ¡tan bien!, que no eres capaz de predecir lo que va a pasar y te deja muerto. E incluso cuando lo predices, te llega a traumatizar igual, entre otras cosas porque las frases tienen un factor humano que sólo podía introducir un genio como Campanella (todavía me acuerdo de alguno de los maravillosos capítulos que dirigió para "House". Qué tío...).
Más cosas destacables y que es complicado que leáis en otras sinopsis: la película combina magníficamente a unos personajes en su juventud (donde el idealismo, las acciones locas y las situaciones impensables al límite rigen lo que aparte de ser casos judiciales, suponen los momentos que a nivel personal más recordaran en sus vidas), con los mismos personajes en su vejez, ya arrollados por la vida, obsesionados por los recuerdos, y en ambos casos gobernados por fuerzas superiores a ellos. Además, la película tiene puntos estupendos que denotan su origen y la naturaleza argentina -la picaresca, las pasiones propias de los porteños, determinadas formas de ser-, y detalles de poeta, como determinados giros del guión (aparte de los propios de la trama de misterio), o el hecho de que el personaje de Soledad Villamil tenga siempre o casi siempre algún detalle de color rosa en su vestimenta o a su alrededor, una característica especialmente "made in Campanella". El final nos dejará estremecido, a numerosos niveles. Las varias historias de amor, acongojados. En particular, uno de los grandes éxitos de la película es emplear de manera estupenda el truco del "personaje ausente", la chica asesinada, un recurso estupendo cuando se sabe hacer bien porque nos hace creer en su causa y en la del policía que busca a su asesino, y que tan sólo había visto ser tan magníficamente usado en la película "La dalia negra" de De Palma (con la diferencia de que en esta última, aparte de esto y de la actuación consecuencia de Mia Kirshner, que se "comió" a Scarlett Johansson y a Hillary Swank, no se salva casi nada).
En definitiva, una historia que nos hará reír y sentir a partes iguales, sobre los recuerdos, la culpa, los remordimientos, el amor, la amistad, que nos hará pensar que Campanella nos ha vuelto a contar la misma historia que tanto le gusta relatar, y al mismo tiempo, que lo ha hecho de forma completamente diferente. Nos dejará mudos después de haber recibido una descarga de sentidos. Y luego me contáis qué os han parecido los personajes del marido de la asesinada y de Sandoval. A ver qué habéis pensado.

lunes, 25 de mayo de 2015

La historia corta de mayo: Pensamientos del gato de Schrodinger dentro de su caja

Pensamientos del gato de Schrödinger dentro de su caja.
(Un regalo de una musa)


Nota: el gato de Schrödinger es una metáfora que suele enunciarse algunas veces para explicar algunos conceptos de mecánica cuántica. Tiene múltiples variaciones, pero la más sencilla es ésta: tenemos un gato en una caja. Sin embargo, después de un cierto tiempo, no sabemos si el gato está vivo o muerto. La física clásica nos diría que el gato tiene una probabilidad del 50% de estar vivo, pero que o lo está o no lo está, aunque no podamos saberlo. La física cuántica, en cambio (y, en este caso, el gato sirve como metáfora a un electrón u otra partícula subatómica), dice que el gato está en un estado 50% vivo-50% muerto. Esto ha generado múltiples discusiones, entrando incluso en el terreno filosófico. De hecho, un físico declaró una vez que, cada vez que escucha hablar del gato de Schrödinger, saca su pistola.

Repetimos:

Pensamientos del gato de Schrödinger dentro de su caja.
(Un regalo de una musa)

Diario de a bordo (o cómo sería el diario de a bordo del gato de Schrödinger si nos pusiéramos dentro de su piel cubierta de pelito muuuuuy suave. Y mullido).

No, mejor: Diario de a bordo. Una aproximación (Y gustoso).


Día 1.

te pones a pensar: me aburro
me aburro mucho
estoy en una caja
está oscuro
me da miedo
y si no estoy vivo?
y soy un fantasma?
Vaya mierda entonces
un fantasma aburrido
bu
Buuuu
vale
y ahora?
Buuuuuuu
si, eso me sale
pero soy un gato
debería hacer más Miiiaaauuuu
pero eso no da miedo
(Vale, yo no sirvo, mi cerebro se despista con facilidad)
(pero sigo con el gato)
Mrrrriaaauuusssss
eso mejor
Mrrrriaaaaausss
vale
da miedo
uhh, que susto tienen las paredes encimaaaaa
mira como tiemblan
ji ji ji
mji mji mji (mejor)
que se me olvida eso de ser un gato
vale...a ver...el instinto y eso..deberia cazar ratones.
No hay ratones
Debería dormir.
¿los fantasmas duermen?
En cualquier caso no tengo sueño
debería haber arañado a ese Schrödinger cuando pude
Tengo uñas?
si, mira, hacen ruido en la pared
ualaaa
(creo que tengo un gato tonto dentro de la cabeza)