Una mujer maltratada hablaba a través del confesionario a su sacerdote, que trataba de convencerle de que el divorcio no era la solución. Y entonces la mujer, con una voz muy grave, pero muy serena a pesar de los temblores, le contestó:
-Si en el cielo están las normas que
usted me dice, con esos hombres católicos, entonces le temo al cielo más que
nada en la ultratumba. Déjennos a las mujeres el infierno. Al menos estaremos
solas.
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