Pero cuando Juana gritó "¡Guapa!" de manera aparentemente espontánea al paso de la virgen en la procesión de Semana Santa, a quien verdaderamente miró fue a su compañera Julia. Y así fue como Julia descubrió que Juana siempre había estado secretamente enamorada de ella.
El día que Paco, el operario mecánico, perdió la mano izquierda en un accidente de trabajo, él, que era sordo, también perdió su medio de comunicación habitual (el lenguaje de signos), así que se quedó mudo. Para ayudarle, sus compañeros de trabajo le han construido una prótesis que permite que, con leves movimientos del brazo, una mano izquierda de plástico articule los signos que quiere expresar. De esa manera, más que de ninguna otra, le han demostrado su aprecio.
Él, por otra parte, con ambas manos, la suya y la que le han regalado sus amigos, compone el lenguaje de signos con tanta poesía que parece que, en el aire, está pintando.
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