lunes, 19 de octubre de 2015

La historia corta de octubre: Cosas raras que te pasan en la vida (I, II y III)

Basadas en hechos reales.

              Cosas raras que te pasan en la vida (I):
            -Perdone (te pregunta un señor calvo y con bigote en mitad de un semáforo en verde que te hallas cruzando), ¿sabe usted dónde puedo comprar una pandereta?


                                                                       *

            Cosas raras que te pasan en la vida (II):
            -Perdone, señor profesor, por morderle la oreja a mi compañero, pero quería saber si estaba hecha de queso.
            Conclusión, se puede ser hijo de puta, siempre que se sea gracioso.

                                                                       *

           Cosas raras que te pasan en la vida (III):           
Una chica en una zapatería, no hace más que pedirle a la dependienta asesoramiento. Esta última, finalmente, le pregunta extrañada:
            -¿Por qué me pides consejo?
            Y ella, con un cierto mohín de vergüenza y tristeza a la vez, le responde:
            -Porque mi madre no está aquí...

jueves, 1 de octubre de 2015

El libro y la historia real de octubre: "África llora", de Alberto Vázquez-Figueroa.



Alberto Vázquez-Figueroa lleva cincuenta años escribiendo novelas. Y casi todas ellas tienen un elemento común: la aventura y el exotismo, el deseo de viajar a lugares lo más alejados posibles, y adentrarse a partir de allí en lo ignoto, en lo indescifrable. El Caribe, el Amazonas, el desierto del Sáhara, han sido algunos de los destinos que han visitado sus libros, pero si hay una zona del mundo que ha destacado en su bibliografía, es el África subsahariana, la primera que le aupó a la fama entre el gran público a través de Ébano, ambientada en en el mundo de los traficantes de esclavos. Yo he querido acercarme a su prosa a través de esta novela que me llegó un poco por azar, la de "África llora", basada, como muchos de sus libros, en una historia real. Y esto es lo que hoy quiero compartir con vosotros.

Todo comienza una apacible mañana en una remota aldea situada en las montañas de Etiopía. Allí, los niños de una escuela observan la llegada al pueblo de los cadáveres de varios soldados, flotando a través del río. En el consejo del pueblo se discute qué hacer con esos cadáveres. Y a partir de entonces, la vida de los habitantes del poblado va a cambiar de manera trascendental, y el curso de los acontecimientos obliga a que los niños de la escuela, guiados por su profesora blanca, la "señorita Margaret", tengan que abandonar su aislamiento dentro de las montañas y salir al peligroso y desconocido mundo exterior, donde iniciarán una ardua travesía a través de selvas, aguas pantanosas, desiertos y peligrosas fronteras para intentar llegar a un lugar donde puedan vivir seguros y en paz.

La historia, como digo, está basada en un acontecimiento real, y esta peculiar expedición de maestras y niños se encuentran en su camino con varios de los problemas más acuciantes del siempre enmarañado continente africano: las interminables guerras civiles, los campos de refugiados, los cazadores furtivos, las enfermedades tropicales o las minas antipersona. Vázquez-Figueroa aprovecha cada uno de estos hitos para actualizarnos sobre la realidad social más terrible de la población africana, y de hecho, en el libro se halla muy presente el hecho de que el autor lo estaba terminando de escribir junto con el estallido de la penúltima gran catástrofe en Ruanda, hacia la que se lanzan soterradas unas pocas pero muy dolorosas referencias. En ese sentido, a veces se deja entrever demasiado que Vázquez-Figueroa está hablando directamente a través de sus personajes, o utilizando la novela en gran medida como el intermediario de un ensayo social, pero creo que el lector sabrá entender este hecho como un componente más de la historia, entremezclada con las pruebas terribles en las que se encuentran inmersos los personajes, y con el que, sin tenerlo presente, no sería posible del todo comprender lo sucedido y lo que ha de pasar.

Y es que ésta, a ratos, es una novela dura, como casi todas las africanas, donde difícilmente abundan los finales felices. Hay historias, sin embargo, que resultan tan complicadas de leer que, precisamente por ello, necesitan que alguien las relate. Porque, a pesar de lo dolorosas que puedan resultar, es necesario que se cuenten para que no queden perdidas en las arenas del tiempo. Yo no soy capaz de tragarme el interminable documental de diez horas de "Shoah" acerca del holocausto judío, pero entiendo que es necesario que los testimonios reales que exhibe queden reflejados en alguna parte. Me cuesta mucho asomarme a la película "10.000 km", quizás porque esa circunstancia (la de una pareja separada por motivos de trabajo en países distintos durante un largo período) la he llegado a sufrir en mis carnes. Y me cuesta mucho pasar las hojas de "Donde anidan los ángeles", un grupo de excelentes crónicas periodísticas de Vicente Romero, periodista -precisamente la profesión anterior de Figueroa- quien también se ha dedicado a rebuscar el lado más oscuro del dolor y de la miseria, y que en este libro se centra especialmente en el lado de la redención, el de aquellos que se dedican a intentar lograr que la vida de estos desamparados sea un poquito menos asfixiante. En ese sentido, también recomiendo (aunque a veces resulte asimismo complicada su lectura) el ensayo "Cómo cambiar el mundo", que enfoca formas de mejorar nuestro planeta a través de la figura del emprendedor social, y trata de señalarnos maneras en las que podemos cambiar las cosas utilizando los mecanismos más cercanos y personales a nuestro alcance. Todo estos libros tienen ya una antigüedad (incluyendo el que os recomiendo en este post, publicado en 1995), con lo cual es posible que algunas cuestiones se encuentren un poco desactualizadas, aunque, definitivamente, hay algunos lugares donde perduran los mismos problemas a pesar del tiempo, y hay problemas que, desgraciadamente, siguen sin pasar de moda. De igual modo, no sorprende encontrar semejanzas entre lo que en su día escribía Ryszard Kapuscinski sobre el continente africano y lo que, muchos años más tarde, su admirador y también periodista Xabier Aldekoa relata en su mucho más actualizado Oceano África. Y a su vez, ambos -y también el cronista africano Javier Reverte- coinciden en que para bucear en los males de esta gran parcela de tierra normalmente hay que remontarse muchos años atrás. A veces diez, a veces cincuenta, otras trescientos. Aunque suele ser casi siempre una historia de abuso y odio, racismo y opresión. Como casi todas las historias que escribe por sí mismo el hombre.

Como digo, ésta puede ser en algunos momentos una novela dura, en la que te entren ganas de mirar hacia otro lado; pero también repleta de personajes carismáticos, escenarios inigualables y profundas reflexiones sobre la naturaleza humana, las cuales te hacen sobreponerte y -como los niños de la aventura-, seguir hacia adelante para buscar de manera inexorable el destino adonde la novela te ha de llevar. Además, el libro contiene sus fases también de aventura pura y dura, al estilo de un Joseph Conrad cruzando las agrestes selvas, y también momentos de humor por parte especialmente de unos zagales a los que es inevitable acabar por tomarles cariño. Sobre el final no os cuento nada, aunque sí deciros que (como en la vida) por muy duras que sean las circunstancias, siempre hay un huequito para la esperanza. Igual que para un continente, África, que aún lucha por salir adelante.

Nos vemos en la próxima entrada. Pasadlo bien en esos exóticos paraísos que os toque a vosotros explorar.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

El relato y la historia corta de septiembre: "Fragmentos de Tinta", número 2

Saludos a todos, y feliz otoño. Y hablando del tema, como muchos recordaréis, con el cambio de estación llega una nueva entrega del fanzine Fragmentos de Tinta, que pergeñamos entre tres escritores (incluido un servidor) y un ilustrador (que es, en palabras de Ángel Sanchidrián, lo que le da calidad a la película). Este número va dedicado acerca de la renovación como concepto, y he incluido dos historias en cierta medida muy personales: "Cambio de tono", sobre un suceso de la vida cotidiana que espero que os arranque una sonrisa y, especialmente, "Un día en la otra España", un relato sobre qué hubiera ocurrido si, en alguna de esas innumerables ocasiones en que a España se la obligó a transitar por la senda por la que hemos marchado casi siempre sin levantar la cabeza, las cosas hubieran ocurrido de una manera distinta. Desde luego, da qué pensar qué hubiera sucedido si esa "otra España", la que sistemáticamente ha salido perdiendo, hubiera podido hacerse -al menos en parte- realidad. Para descargaros el número 2 del fanzine, correspondiente a este ejemplar de otoño, sólo tenéis que pinchar aquí.

Por otro lado, el fanzine en sí mismo tiene en unos pocos días una celebración, y es que este viernes día 25 de septiembre hacemos una presentación en sociedad de este proyecto literario. Será en un espacio gentilmente habilitado por la revista Leer, localizado en calle Argumosa, número 37, en Madrid capital, a las 20.00 horas. Se presentará tanto al fanzine en sí mismo como a sus autores, se representarán algunos de los textos (para ello, contamos con la inestimable ayuda de unas actrices amigas que -creedme- no os dejarán indiferentes), y habrá también música a cargo del grupo Catrinas, del que forma también parte una de las autoras. Abajo os cuelgo el cartel de la presentación. 


Y nada, os invito a acudir también porque habrá comida y bebida, podéis participar con preguntas si os apetece y departir con los autores y con quien quiera que se pase por allí. Seguro que nos lo pasamos muy bien todos. Así que, ya sabéis, animaros. Y hasta que nos veamos de nuevo, muchas gracias a todos.

Post-scriptum: como sabéis, el fanzine "Fragmentos de tinta" ya no sigue en circulación, pero podéis encontrar sus viejos números en dos formatos. Por un lado, a través del blog en el cual se reconvirtió en los últimos tiempos y, por otro, en este enlace donde podréis hallar cada ejemplar por separado. Los autores vamos y venimos, pero las historias circulan y permanecen en nuestro recuerdo. Que las disfrutéis siempre. Un saludo.

lunes, 14 de septiembre de 2015

La película de septiembre: Zero motivation (2014)

La película que os presento a continuación engaña. Porque uno escucha las palabras "ejército israelí", y lo primero que le viene a la cabeza es un film de alto contenido social y reflexión profunda sobre el conflicto hebreo-palestino. Algo del estilo "Vals con Bashir" u otras películas del mismo corte. Vamos, un dramón en toda regla. Y sin embargo, quizás nos encontremos ante una de las comedias más divertidas y sorprendentes de los últimos tiempos.


El argumento se basa en el servicio militar israelí, que allí es obligatorio tanto para chicos como para chicas. Pero mientras que los chicos se encuentran inmersos en complejas operaciones militares para "salvar a la patria", a las chicas básicamente las almacenan en administración, rellenando papeles y preparando café para los oficiales, tratando de pasar el tiempo como mejor pueden en un puesto que (como dice el título de la película) ofrece una motivación bastante escasa. En un puesto militar perdido en un lugar seguramente cercano a donde Cristo perdió las sandalias (nunca mejor dicho), un grupo de chicas se dedica a intentar cambiar de destino, labrarse un futuro mejor o, simplemente, divertirse hasta que salgan de aquel agujero. Y allí es cuando empiezan a sucederse extrañas situaciones, a cual más surrealista y entretenida.


La película es una comedia coral, protagonizada por chicas de distintas personalidades, cada cual con sus obsesiones y paranoias, y cuyos temperamentos se verán obligados a chocar más de una vez entre sí. A pesar de un momento inicial con una escena bastante truculenta, el resto de la película, como decimos, transcurre sobre todo en el tono de la comedia ligera, y prácticamente no hay menciones al hecho de que Israelí se encuentre en guerra constante con el resto de sus vecinos (salvo en una ocasión, en un chiste muy, muy sutil que, sin embargo, seguro que arranca alguna sonrisa). Viendo esta película, uno acaba por pensar que, desde luego, los israelíes son tan mediterráneos como nosotros, que las películas sobre mujeres dan mucho juego sin necesidad que de que las dirijan gente como Woody Allen, George Cukor o Almodóvar, y que, con lo chuscas que son las historias de la mili de "aquí", no estaría nada mal un remake a la española. Eso sí, tendrían que esforzarse mucho para que les saliera tan refrescante e irreverente como ésta. A ello contribuye sin duda el trabajo de las actrices, lo más sobresaliente de la cinta junto con el guión.


Mientras llega o no llega ese hipotético remake a vuestras pantallas, de momento os dejo esta recomendación. La película es recientita, pero dudo que podáis encontrarla con facilidad en los circuitos comerciales. De hecho, yo la vi en la Filmoteca de Madrid en V.O.S., aunque me figuro que siempre habrá maneras de encontrarla. Yo le echaría un buen vistazo: seguro que, de esa manera, veréis que vuestro trabajo no es el peor del mundo y se os hace mucho más liviana la "vuelta al cole". O eso espero. Que se os dé bien. Un saludo.


martes, 1 de septiembre de 2015

La historia real de septiembre. Personajes ilustres procedentes de Zürich: Albert von Kölliker, el científico que "descubrió" a Ramón y Cajal

Suiza es un país hecho a retazos de otros. Y tengo la posibilidad de hablar así de claramente porque tuve la suerte o la desgracia de vivir un año en él. Formado originariamente por regiones tan aisladas de sus respectivas áreas de influencia que no tuvieron más remedio que unirse para sobrevivir juntas, habla cuatro idiomas distintos, alberga un 22% de habitantes extranjeros, y pone como líderes en el Parlamento a los representantes de un partido xenófobo, a pesar de que sus bancos no le hacen ascos al dinero ajeno. Quizás por eso, el Museo Nacional Suizo en Zürich (Landesmuseum para los amigos que viven en esta ciudad de habla alemana) procura apaciguar los ánimos, haciendo hincapié por un lado en que los primeros pobladores de Suiza vinieron obviamente de otro lado y que sus antepasados nacieron en África ("todos somos emigrantes", dice un pacifista y tolerante axioma en una de las paredes), y, por otro lado, de forma más indirecta, se encarga de destacar que una proporción significativa de las marcas comerciales suizas que tanto dinero ingresan en sus arcas fueron fundadas por extranjeros (como es el caso de Rolex y Nestlé). Como se ve, la historia de Suiza es en buena parte una de inmigrantes e inmigrantes: Hans Gamper fundó el FC Barcelona, Albert Einstein nació originariamente en Alemania, y el más ilustre residente en Zürich fue Hermann Hesse, que llegó a nacionalizarse suizo después de mucho tiempo viviendo en esta ciudad. En ese sentido, no es extraño que el personaje que comentamos hoy, aunque nacido en Zürich, viviera la parte más productiva de su carrera profesional en Alemania y tuviera, además, especial relevancia no sólo por sí mismo, sino en relación además con un científico español: Alfred von Kölliker fue (cabría decirse, con todos los peros que queráis añadirle) el científico que presentó al mundo a Santiago Ramón y Cajal, gracias a lo cual seguramente los descubrimientos de éste salieron a la luz y el médico aragonés consiguió entre otros reconocimientos el Premio Nobel por sus enormes aportaciones a la neurociencia, la histología, y la biología en general.

Arriba, Kölliker, abajo, Ramón y Cajal. Aquí un paisano, aquí un amigo.



Podríais pensar, después de leer esta entrada, o incluso tras esta introducción, que Kölliker es sólo un científico más al que únicamente se le conoce por su relación con Cajal. Pero ni mucho menos. Kölliker era un apasionado del microscopio (incluso ideó nuevas técnicas las cuales mejoraron los trabajos de sus colegas), quien se metió a investigar buena parte de los distintos tipos celulares del organismo en una amplia variedad de especies. Por mencionar alguna de las contribuciones más relevantes, fue el observador original de unos puntos aislados en el interior de las células que luego resultaron ser las mitocondrias, y también el primero que pudo asegurar a ciencia cierta que los nervios eran una continuación de las células neuronales. (Para los que conozcáis menos de neurobiología, un nervio en realidad sólo es la agrupación de varios axones: un axón, a su vez, es una prolongación celular muy larga de una neurona que le sirve para ponerse en contacto con otras neuronas. Pero lo que en aquel momento no se sabía era si los axones terminaban en seco y empezaba una nueva neurona, o si todas las neuronas se encontraban conectadas internamente entre sí. Santiago Ramón y Cajal fue el que propuso la primera de las teorías -que resultó ser la correcta-, describiendo por tanto que las neuronas se ponían en contacto entre sí por contigüidad y no por continuidad. Este fue uno de los motivos por el que le otorgaron el premio Nobel, aunque su teoría no pudo ser corroborada hasta más de cuarenta años después de su muerte, gracias al microscopio electrónico. Fue entonces cuando pudo visualizarse por primera vez aquel pequeño espacio entre dos neuronas –entre 10-20 nanómetros de anchura-, el cual fue denominado “espacio o hendidura sináptica”, basándose en el nombre con el que, en 1897, Sherrington ya había definido la zona de contacto entre dos neuronas: sinapsis).


Arriba, esquema de una neurona. Abajo, esquema de una sinapsis entre dos neuoronas. Ambas imágenes (como las anteriores), extraídas de Wikicommons.


Así pues, Kölliker era, en aquella época, uno de los científicos más reconocidos en Alemania (se instaló definitivamente en Würzburg), por no decir el gran mentor de su escuela histológica. Para que os hagáis una idea, el "von" que lleva su nombre no venía incorporado de familia, sino que se lo concedieron en base al enorme reconocimiento que acumuló en vida. El momento en que su vida y la de Cajal se cruzan fue en el congreso que organizaba la Sociedad Anatómica Alemana en Berlín en 1889. El año antes, Santiago Ramón y Cajal había realizado una inmensa cantidad de descubrimientos que luego sustentarían las bases de nuestro conocimiento básico del sistema nervioso (estas observaciones las había hecho merced a la técnica de tinción que él mismo había mejorado a partir de la original de Camillo Golgi; Golgi, por cierto, fue su gran opositor en la idea de la sinapsis -él pensaba que todas las neuronas estaban conectadas internamente-, y aunque ambos recibieron conjuntamente el Nóbel cuando aún había discusión entre sus teorías, parece que en la entrega de premios casi acabaron a gritos). Sin embargo, en el páramo científico que en aquella época era España, Cajal no tenía nadie relevante a quien contárselo, y con sus conocimientos de idiomas (chapurreaba un mal francés y un pobre alemán) y sus escasos contactos, le resultaba muy difícil publicar en revistas extranjeras. Con lo cual, decidió que la única manera de dar a conocer sus hallazgos era ir al congreso en Berlín y presentarlos él mismo. Sus superiores españoles le denegaron la autorización y el dinero (a quién iba a ver un pobre mindundi a quien no conocía nadie), pero Cajal -que, como buen maño, era bastante cabezota- decidió pagarse él mismo el billete. Una vez allí, en el congreso, nadie le hacía caso tampoco, pero héte ahí que vio a von Kölliker y, sin dudarlo, prácticamente le arrastró hacia un microscopio (en aquella época no había Power Point y había que ver las cosas por uno mismo) y casi literalmente le forzó a observar sus preparaciones histológicas, tratándoselas de explicar en un seguramente desesperante francés. Kölliker al principio se mostraba escéptico ante un Cajal que debía estar dando la nota como nadie en aquel congreso, pero al observar las preparaciones, encontró algo que le gustaba. Y luego, algo que le entusiasmó muchísimo. Hay que tener en cuenta que aquellas preparaciones de neuronas realizadas por Cajal eran probablemente las más nítidas y reveladoras que Kölliker había visto en su larga vida como histólogo. Al final, el científico alemán le preguntó al intempestivo español cómo se llamaba; de su nombre sólo entendió lo de Cajal (que, por lo visto, pronunció "de aquella manera"), y le soltó a la concurrencia algo parecido a: "Quiero que sepan todos que yo, el profesor Kölliker, soy quien ha descubierto a Cajal y que seré yo también quien se encargue de que el mundo entero le descubra". Y, efectivamente, a partir de entonces, a Cajal se le empezaron a abrir las puertas, comenzó a publicar en otros idiomas en algunas de las mejores revistas, y sus trabajos se hicieron tremendamente populares, siendo aún hoy uno de los científicos más citados de todos los tiempos. Tanta fue su contribución, que lo que hoy sabemos del sistema nervioso sería inconcebible sin nombrarle a él. Probablemente haya pocos científicos que hayan contribuido de una manera proporcionalmente tan gigantesca a una rama entera del conocimiento. Hasta se dice que el ya inmenso Kölliker intentó aprender español para conocer más sobre sus hallazgos. Pero es que ahí precisamente radica la grandeza del suizo: no sólo era descomunal en sí mismo, sino que era capaz de compartir el conocimiento ajeno y reconocer que su valía era también incalculable. Puede parecer que de esa manera se empequeñece el homenajeador (un caso parecido es el del músico Mendelssohn, el cual, aparte por la clásica "Marcha nupcial" de prácticamente todas las bodas, es casi más conocido por su re-descubrimiento de la música de Bach), pero yo opino que es más bien al contrario: esa cualidad humana le hace aún más admirable y digno de elogio. Como dijo el clarividente Borges: «Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído».


Fotografía de la vitrina principal (dentro de la biblioteca del Instituto Cajal) donde se albergan algunos de los componentes del "Legado Cajal", o conjunto de objetos pertenecientes a Ramón y Cajal y su laboratorio. Cedida amablemente por el doctor Juan Andrés De Carlos Segovia.

Un apunte más: la historia que os he contado del encuentro de Kölliker y Cajal puede encontrarse en la autobiografía del español, "Recuerdos de mi vida". Yo tuve la suerte de conocerla, sin embargo, a través del responsable del "Legado Cajal", el doctor Juan Andrés De Carlos Segovia (a quien, por cierto, le agradezco mucho que haya contribuido echándole una revisión a este artículo para corregir algunas inexactitudes). El "Legado Cajal" es el conjunto de preparaciones histológicas, dibujos originales y objetos varios (incluye los microscopios, cámaras fotográficas y el telescopio de Cajal) pertenecientes al científico español, y que se custodian en el Instituto Cajal, heredero del primer laboratorio que el científico de origen aragonés fundó en Madrid hace ya más de un siglo. El Legado Cajal puede visitarse (previa llamada para concertar cita), y lo recomiendo como una actividad muy entretenida, ya que contiene un conjunto innumerable de anécdotas curiosas y divertidas alrededor de la figura del único premio Nobel científico genuinamente español. Por otro lado, ahora mismo se está intentando que el Legado Cajal se reconozca como Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO, lo cual facilitaría la creación de un museo. Si queréis contribuir a que esto sea posible, podéis firmar la petición aquí. Y si finalmente os animáis a venir al Instituto Cajal a visitarlo, no dudéis en preguntar por mí. Os invito a un café o a lo que haga falta.

Hasta la próxima semana (o antes incluso).

Actualización: la petición para que el Legado Cajal sea declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO tiene ahora su propio apartado en Change.org: podéis colaborar firmando también aquí.


lunes, 24 de agosto de 2015

El relato de agosto: #tomandoelsolenunyate

#tomandoelsolenunyate

El hombre joven ajustó el objetivo de la cámara por enésima vez.
-¿Has terminado ya?-le llegó desde su espalda la voz de la chica, hastiada de manera más que evidente.
El hombre chistó varias veces al mismo tiempo que negaba con la cabeza.
-La fotografía es un arte que exige dedicación, tiempo y esfuerzo para conseguir un buen resultado. Y, normalmente, cuanto mayor es el premio que deseas alcanzar, mayor es el sacrificio que debes realizar para lograrlo. Como casi todo en la vida.
Apretó al botón. Un par de soniditos. Comprobó cómo había quedado la fotografía a través de la imagen que proyectaba la cámara digital.
-Ahí está. Perfecto.
La chica (con un cuerpo escultural, el cual hubiera podido servir como justificación para varios delitos) comparó la imagen con el original: un faro que servía como telón de fondo de la hermosa bahía donde se encontraban.
-El cielo de la foto no se parece en nada a como se ve desde aquí.
Constató la chica. El otro, resignado, negó en un gesto de pasiva rendición con la cabeza.
-No. Efectivamente. Nunca es igual. O el objeto de la realidad es hermoso y la fotografía es de una vulgaridad que espanta, o sucede al contrario, o ambas son hermosas, pero cada una de una forma distinta. La fotografía no refleja la realidad, sino que la transforma. El auténtico poder de un fotógrafo es conseguir que esa conversión sea para bien. Si a la gente le gusta, entonces hemos logrado nuestro objetivo.
La chica que le acompañaba reaccionó con una expresión hierática. Quizás estaba aplicando el principio de que, si no tienes nada bueno que decir, es mejor que no abras la boca.
-¿Está haciéndonos gestos?-el hombre había girado la cabeza hacia una amplia pradera situada detrás de ellos, donde otro individuo, a lo lejos, parecía indicarles que se acercaran.
-Sí, creo que sí. Dios, es asqueroso -pronunció ella con sus apetecibles labios-. ¿Por qué nos lo hemos traído aquí?
-¿Porque el yate es suyo, tal vez?¿Y porque dependemos de él para que te meta en su próxima película?
-Sí. Bueno -replicó ella encogiéndose de hombros-. Supongo que es una razón, después de todo.
El hombre se puso las gafas de sol y la agarró del brazo.
-Me parece que va siendo hora de que volvamos-dictaminó.
Ella se dejó llevar, más por falta de opciones que por convicción propia.
Un rato más tarde, se encontraban en la parte superior del yate, en medio de un mar plácido de un intenso color azul, bajo una fresca brisa que hacía agradables los cálidos rayos de sol que llegaban desde un uniforme cielo ausente de nubes.
-Esto es maravilloso -suspiró la chica, contemplando aquel idílico escenario.
-Y más maravilloso que va a ser -le indicó el otro-. Colócate aquí, sobre el casco del yate. Ya verás. Va a quedar fantástico.
Ella siguió sus indicaciones. En poco tiempo, se encontraba tumbada sobre la plataforma horizontal que formaba parte de la proa del barco, justo delante del cristal frontal del yate. Sintió como la piel de su espalda contactaba con la cálida superficie del navío, y cerró los ojos, que tan sólo contemplaban un intenso color rojo provocado por la luz del sol impactando sobre sus párpados. Se sentía a gusto allí. El otro hombre también, sobre todo conforme veía que, ajustando los filtros de luz de la cámara, aquella imagen de una de las mujeres más atractivas del mundo, en bikini, sobre uno de los más ostentosos símbolos de riqueza, representaba la mejor combinación de las dos cosas que por las que siempre se ha peleado la humanidad: poder y lujuria. Pensó en, al día siguiente, la cantidad de varones solteros de todas las edades que estarían acercando su mano a las partes nobles mientras admiraban esta imagen:
-A ver... #tomandoelsolenunyate. Ya está, colgado en Instagram. Esto mañana seguro será trending topic.
-Bueno, “trending topic”, tú entretente lo que quieras…-replicó escéptica la joven-. Parece mentira, tienes aquí a una chica semidesnuda a tu lado, y nada más que entretenido con una máquina…
Y era verdad que, cuando el hombre quitó la vista del objetivo, la figura que tenía enfrente se convirtió en lo más parecido a una Venus de Boticelli surgiendo de entre las aguas que podría encontrar en épocas modernas. Con ese cuerpo hecho para el pecado, justamente el castigo debiera ejecutarse por no pecar…
-Uy, estoy notando por aquí unas manitas… -dijo ella, entre risas.
Pero antes de que pudiera añadir más, notó, aún con los ojos cerrados, cómo el hombre le estaba bajando la parte inferior del bikini. Sintió un gozoso placer en su sexo conforme notó el bañador escurrirse por entre la cara interior de sus muslos. En unos pocos segundos, ya tenía el miembro de su amante en su interior, proporcionándole placer, y el cuerpo de éste encima de ella. Aquello sí que era disfrutar de una buena jornada de verano…
-Ya pensaba que sólo querías apretar el botoncito del flash –decía ella, mientras sentía los labios de él sobre su cuello y, unos segundos después, mordisqueando también los suyos.
-Me parece que hay un botón que voy a presionar con más fuerza –dijo él, a la vez que embestía con un empellón de cadera, mientras sus manos apretaban con fuerza los bien torneados senos.
De repente, en mitad del más ardoroso frenesí, se escucharon desde la bodega del barco dos intensos golpes. Los amantes se quedaron paralizados como si Poseidón les hubiera lanzado de improviso su tridente.
-No me digas que es… -dijo él.
-No puede ser… No…
El hombre se acordó entonces de los viejos relatos que circulaban por estas aguas; relatos sobre monstruos que habitan el fondo del océano, y que de vez en cuando le exigen a los pobladores de la costa un tributo en forma de bella doncella virgen… tributo que los pobres pescadores no tienen otro remedio que pagar…
-Creo –dijo lenta y dolorosamente- que tengo que irme.
-No. No lo hagas –dijo ella al principio intentando ser persuasiva, y luego con un tono de desesperación-. No te vayas, en serio, por favor…
Seguramente por esas súplicas, cuando sintió cómo el miembro del hombre salía de ella, la despedida se le clavó doblemente como una punzada en el vientre.
-Por favor no te vayas –siguió suplicando ella, con los ojos aún cerrados, casi al borde del gemido-. No quiero hacer esto, de verdad… No me veo con fuerzas…
Pero su hombre se había alejado, poco a poco, en silencio. Cuando la chica abrió los ojos, casi cegados a causa del sol, pudo intuir la presencia de una sombra a su lado. Una sombra que no era la de su hombre.
-No. Por favor, no…
Volvió a sentir el peso de un cuerpo cargándose sobre ella. Pero esta vez era más pesado o se había colocado de peor forma, hasta el punto de que le impedía parcialmente respirar. Estaba sudoroso y el olor le penetraba hasta lo más profundo de las fosas nasales. Sintió de nuevo penetrar un miembro dentro de ella. Pudo incluso darse cuenta de que no llevaba puesto condón…
Varias horas más tarde, los tres ocupantes de aquel yate volvieron a bajar a tierra. Una de las figuras se había alejado tierra adentro y asemejaba borrosa a ojos de los otros dos. La pareja de hombre y mujer jóvenes, mientras tanto, trataban de pasear por entre unas ruinas antiguas que parecían hechas para el turismo, pero que ahora, a causa de la temprana hora del día, se encontraban vacías, como dispuestas e incluso edificadas exclusivamente para ellos.
-Ha habido que madrugar para ver las ruinas, pero ya te lo dije, ¿no? El éxito que obtengas suele ser directamente proporcional al sacrificio.
El rictus de la mujer, severo como el de un muerto, no contestó.
El hombre se encontraba ufano o, al menos, procuraba demostrarlo. Pasó al lado de una columna, y decidió hacerse un selfie.
-Venga, una foto. #tomandoelsolenuyate se ha hecho hasta viral. La gente anda imitándola por todo el planeta. Ésta también va a triunfar. Una amplia sonsisaaaaa…
Un clic y, automáticamente, como por arte de magia, nueva foto.
-Oye, ¿qué es esto?-dijo el hombre-. Si has salido con el ceño arrugado.
Volvió la vista hacia la mujer, que seguía manteniendo la misma expresión amarga.

-No pasa nada –apuntó sin embargo él-. Lo arreglaremos con Photoshop.

lunes, 17 de agosto de 2015

La historia corta de agosto: Una historia de romances y cautivas

                A aquella mora la trajo el rey cristiano después de su última incursión en tierras musulmanas. La llevaba encadenada y la encerró en una torre para hacer con ella, más tarde, lo que se hace con todas las prisioneras de países extranjeros.
Sin embargo, el pastor del pueblo, nada más la contempló, supo que no había visto en toda su vida un ser tan hermoso; y, como ocurre también con los animales hermosos, consideró que privarla de su libertad era, con creces, el mayor pecado del mundo. Y por eso la liberó de sus cadenas.
La prisionera mora no quiso recompensar al pastor con su cuerpo, pues le parecía que era precisamente aquel tipo de mentalidad la que la había metido en este lío. Pero, por un lado le fascinaba la figura de ese hombre que encarnaba la más pura personificación de la inocencia; y, por otro, le encantaba la idea del agua cristalina de ese río bañada por la piel oscura de ella y la más blancuzca de él, ambas iluminadas bajo la luz de la luna; y, por ello, bebió de aquel agua abundantemente.

Tan mágica fue la noche, que al pastor no le importó que ella se despidiera al día siguiente, ni tampoco que, como castigo, el rey le condenara y que a la mañana siguiente le fueran a ahorcar: conforme el baldaquín cedió, y su cuerpo moría, le pareció ver el caballo de ella galopando etéreo por las colinas, con su cabellera morena ondulando alegre por los prados, volando sin miedo, por los aires, hacia la libertad.