lunes, 25 de octubre de 2021

Las historias cortas de octubre: "El profeta y el dios".

El profeta y el dios

El profeta anunció vociferante: "¡Llega el fin del mundo!".
El dios se acercó a él, curioso, y, tras escucharle detenidamente, replicó: "Sí, en efecto. Pero no es como tú te imaginas".
Fue entonces cuando el oráculo tembló de verdad.

                                                        *

El rey se quejó ante el oráculo de que sus vaticinios eran escasos y que nunca le advertía de acontecimientos apocalípticos inminentes. El sacerdote respondió:
-Majestad, ¿preferís pagarme por los horrores que prediga, y que se hagan realidad, o porque dichas catástrofes no sucedan nunca?

                                                        *

El monarca le reprochó al oráculo no haberle advertido en su momento acerca de una mala decisión que estaba tomando:
-Majestad -replicó el vidente-, yo puedo avisar de los planes de los dioses, pero no puedo hacer nada contra la locura, la insensatez, y las pocas ganas de escuchar de los hombres.

lunes, 18 de octubre de 2021

Los libros de octubre: una serie de recomendaciones rápidas

Pues eso, recomendaciones rapiditas, que hay mucho que leer y poco tiempo. Además, en general los libros de este post son cortos y se devoran en un santiamén:

Salvatierra, de Pedro Mairal. Una novela sobre la memoria, sobre hasta qué punto conocemos a nuestros progenitores (y heredamos de ellos sus obsesiones, preocupaciones y errores), y también acerca del poder transfigurador del arte y el tiempo. Muy enriquecedora. 

Pollo en pepitoria, de Andrés Zelada. El apocalipsis ha llegado, y también ha afectado a España. Sin embargo, de entre las ruinas, una pequeña población está tratando de crear un nuevo modelo basado en la solidaridad mutua, la igualdad y hasta el lenguaje inclusivo. El protagonista, un "cuñado" con todas sus letras, llega allí y es llamado a formar parte de este proyecto tan prometedor. Pero, por supuesto, va a hacer todo lo que pueda para intentar destrozarlo. Una novela pequeña (y barata) que toca temas profundos, los cuales darían para varios ensayos de psicología y sociología, pero cuyo humor y estilo sencillo hacen que la lectura te produzca las mismas sensaciones que un tranquilo paseo por una playa de Alicante.

Roumeli. Viajes por el norte de Grecia, de Patrick Leigh Fermor. El autor británico visitó Grecia por primera vez de una manera muy especial: aterrizó en paracaídas en Creta y colaboró como soldado con la población local en la resistencia contra los soldados nazis. Por supuesto, cuando sobrevivió de aquel infierno albergaba tantos sentimientos acerca del país heleno... que hasta se quedó a vivir allí. Patrick Leigh Fermor nos cuenta sus andanzas por el norte de Grecia (en otro libro, <<Mani>>, comenta historias de la parte sur del Peloponeso) mientras aprende las sutilezas del idioma y trata de empaparse de la cultura de sus gentes. En sus páginas, se destila el aroma de un mundo que hoy en día no existe, pues ya se hallaba en peligro en el momento en que lo describía el narrador. Ideal para descubrir el origen de la civilización y el carácter griego, que es mucho más que lo que ocurría antes del siglo I después de Cristo.

Portada de Jerusalén, santa y cautiva. Extraída de aquí.

Jerusalén, santa y cautiva, de Mikel Ayestarán. Siempre digo que hace falta un carácter muy especial para ser corresponsal extranjero en zonas en conflicto. Más aún un freelance. En mayor grado, si te vas con la familia a vivir allí. Ayestarán (quien ya ha narrado la primavera árabe en "Oriente Medio, Oriente roto" y la guerra de Siria en "Las cenizas del califato") nos cuenta lo complicado que es habitar en una de las urbes más complejas del planeta, a la vez que va recorriendo sus callejas y barrios para destacar los pequeños detalles que dejan al descubierto las raíces y consecuencias del drama humano que respira la ciudad por cada uno de sus poros. Ideal tanto para preparar un viaje a Jerusalén, como para clasificar a esa tierra imposible en el territorio entre lo inconcebible y lo improbable.

lunes, 11 de octubre de 2021

El relato de octubre: "Grand Slam"

 Grand Slam

 

               La verdad es que nadie sabía de dónde habían sacado el dinero. Pero bueno. Quiero decir, que no todo el mundo puede permitirse contratar a los tres mejores tenistas del mundo para un anuncio. A ver, que uno lee esto y lo primero que tiende a elucubrar son toda clase de teorías sobre maquiavélicas conspiraciones. Que si de dónde han sacado esa pasta… que si fraude fiscal… ¡Pero ése no es el caso! Aquí hemos venido a contar otra historia distinta; una que afecta al corazón humano. Una que habla sobre nuestras motivaciones y el significado mismo del concepto de deporte. Pero no adelantemos acontecimientos. Decíamos que la empresa había reunido a los tres para un anuncio… que a saber si les pagaban con un cheque o con dinero negro… ¡Maldita sea, hemos dicho que ése no era el tema!

                El asunto es que ya sabéis cómo es esto de rodar un anuncio. Todo se prepara para no perder ni un segundo y, al final, los sucesivos retrasos implican que tienes a unas cuantas figuras estelares (para las que cada cinco minutos de tiempo perdido suponen, con el ruidito de máquina registradora, unos cuantos millones a deber) mano sobre mano, esperando y cazando moscas, delante de un catering que no pueden ni degustar, no sea que el entrenador les eche una bronca por saltarse la dieta. Lo cierto es que, si nos remontamos atrás en el tiempo, estos tres dioses del tenis, cada uno con su capacho de Grand Slams a la espalda, no habían podido cruzarse mucho últimamente. Para empezar, por las exigencias del calendario, que les llevaban de un lado para otro, de acá para allá, sin posibilidad de detenerse ni un segundo para permanecer con familia y amigos, menos aún con los adversarios, con los que se mantenía una educada rivalidad. Para seguir, por las lesiones. Helvetio, el más mayor de los tres, se había visto crucificado a lo largo de los últimos años por las mismas. Ya no es que llegara tocado a los campeonatos: es que prácticamente no tenía oportunidad de participar en ninguno de ellos. Una historia similar le ocurría a Íbero. Aunque, en su caso, una estudiada planificación le permitía llegar a su campeonato fetiche, el Trofeo del Elíseo, en las condiciones óptimas para disputarlo con garantías. Así, a Grand Slam por año, en una fase de decadencia física después de desgastarse a fondo durante la primera parte de su carrera, esperaba prorrogar su racha un poco más en esa dura pugna que mantenía a los tres en vilo por ver quién se coronaría como el mejor tenista de todos los tiempos. Y, en fin, estaba Slavan, el más joven y el que se hallaba más en forma, el gran favorito en las quinielas para auparse vencedor por encima de todos ellos y marcar una diferencia que ninguno de los otros dos podía superar. Sin embargo, se le había visto impreciso en los últimos torneos, justo cuando estaba a un solo Grand Slam (uno solo) de compartir la marca que los tres poseían. Más que impreciso, nervioso. Los pequeños fallos dieron lugar a otros más grandes, lo cual le llevó a caer en partidos que no hubiera esperado perder. A consecuencia de estas derrotas, en su rostro por lo normal impenetrable aparecieron la tensión, los gestos de rabia, los malos modos. El público, tan soberano y tan volátil en sus preferencias y sus manifestaciones, empezó a encabritarse con él y a increparle de manera primero puntual y luego sistemática a lo largo de los siguientes partidos, lo cual provocó que Slavan fuera aún más lejos en sus manifestaciones de cólera, generando un círculo vicioso imposible de sofocar. La cuestión es que los tres se hallaban atravesando, a lo largo de la presente temporada, tiempos difíciles. Se notaba, en la fase de espera del anuncio, el agarrotamiento de músculos y nervios en la manera en que masticaban con precaución (histéricos al reflexionar sobre qué dirían la báscula y el nutricionista) una minúscula galletita. El que más abatido asemejaba de todos era Helvetio, el cual ni siquiera comía: los dedos entrecruzados, los codos rígidos sobre el reposabrazos. Y, entonces, como si fuera el aliento de un dios olímpico que hubiera pasado por allí, sonó una tos, aunque ninguno de los tres se hubiera atrevido a decir que había sido él quien la había provocado. Y, quizás espoleado por aquel sonido furtivo que había encendido la mecha, Helvetio se atrevió a hablar.

               <<Quería comentaros una cosa>>, anunció con aire solemne, y se recolocó para proseguir. <<Luego lo anunciaré en rueda de prensa y eso, pero, si me prometéis discreción, y aprovechando que estamos aquí, prefería revelároslo en petit comité antes>>. Tragó saliva antes de continuar. Les comentó brevemente el asunto ya conocido de sus lesiones, y cómo llevaba sufriéndolas/viviéndolas/arrastrándolas a lo largo de los últimos años. <<Al final, se nos está haciendo a todos muy cuesta arriba. A mí, a mi familia, a mi entorno… Mi entrenador y mi fisioterapeuta siempre se muestran, cada vez que hablan conmigo, muy confiados, pero por sus expresiones intuyo...>>. Fue allí cuando se derrumbó. Como si una presa se hubiera roto por una pequeña grieta y, entonces, sus ciclópeas piedras (tan descomunales como los hombros de Helvetio) se rajaran por completo de arriba abajo. Dijo que la rehabilitación se le estaba haciendo imposible. Que tenía dolores insoportables. Que veía cómo, a pesar de todos los sacrificios y privaciones, ya no era capaz no de aspirar a una competición, sino ni siquiera de empezar el torneo. Helvetio confesó que esa sensación le frustraba cada vez más, y que ya no estaba dispuesto a soportarlo. Era muy duro decir que iba a dejar para siempre el tenis profesional, aquella actividad que tanto amaba, pero… había de confesar que, en realidad, era el deporte de élite el que le había abandonado a él. Aquella declaración sorprendió a los otros dos tenistas como un torrente desbocado y desbordante, cual si un tótem sagrado se hubiera derrumbado y a continuación hecho añicos. Para ellos incluso, para sus competidores, aquel hombre constituía una leyenda: era el espejo en el que se habían contemplado, aquel enemigo que aspiraban a ser. En un primer momento habían de confesar que se sintieron aliviados, sí, de que renunciara a la carrera por constituirse en el mejor de todos los tiempos; pero al mismo tiempo les invadía una subterránea desazón, e incluso miedo: ¿no estarían cometiendo una profanación al intentar superarle a él, al adorado, al elegante, a quizás el hombre que más clase había despegado en la pista desde que a alguien se le ocurrió trazar unas rayas sobre la arena y pegarle a una pelota con una raqueta? Aquella exhibición íntima de sentimientos, además, tan impropia en la gente de su profesión, les había desarmado. Quizás fue por ello por lo que Íbero tomó la palabra, sin casi reflexionar. <<A mí también me gustaría decir algo>>, confesó. <<La última temporada me ha resultado muy problemática. Como sabéis, todo lo organizo alrededor del Trofeo del Elíseo, pero eso supone que, 364 días al año, vivo centrado en una única jornada que, si va bien, es maravillosa, pero, si sale mal… Hace dos años gané, y al día siguiente era un volver a empezar, otra vez lo mismo, como ese personaje griego al que le hacen subir de manera cíclica una piedra por una montaña para que luego se caiga nada más alcanzar la cima, y tenga la obligación de volverla a ascender. Y el año pasado, me eliminaste>>, dijo dirigiéndose a Slavan, <<y me pasé hundido las siguientes semanas. No sé si quiero pasar otro año igual, sacrificándolo todo en función de una recompensa que durará apenas veinticuatro horas, en el mejor de los casos. No sé si soportaría otra decepción como la del año pasado. Me paso con dolores perpetuos de la mañana a la noche, quizás no tanto como tú, Helvetio>>, se volvió hacia el otro lado, <<pero se incrementa conforme avanzan los partidos y la temporada. Los días antes de los encuentros trascendentales, el estómago se me retuerce de la tensión y lo paso fatal. Lo dicho, lo he estado pensando mucho tiempo… y creo que lo que nos has contado hoy me ha incitado a dar el paso. Ya está, ya lo he dicho. Mañana me echarán la bronca mi entrenador, mi manager, mi equipo… Pero, lo que es hoy, me siento aliviado. Enhorabuena, Slavan. Tienes campo libre para superarnos>>. Y, cuando dijo esto, no lo hizo con acritud, ni tampoco cargado de amargura. Al contrario: en verdad, su aura emanaba relajación, y daba la sensación de que le deseaba al más joven de los tres tenistas una sincera enhorabuena. Se hizo en aquel momento un silencio plúmbeo entre los tres. Daba la sensación de que llevaban demasiado tiempo abandonados, para ser el tipo de personas de las que todos los habitantes de la humanidad desean un trocito que atrapar, el cual solicitan cada cinco minutos. Sin embargo, a pesar de esa sensación de apremio, o precisamente a causa de ello, Slavan –cuya cara hasta entonces había sido una máscara- habló de modo atropellado, como una espita que se suelta aunque el resto de las válvulas del mecanismo intentan mantenerla cerrada, porque la presión desde el interior es más fuerte: <<Yo también lo dejo>>, explotó. Y, ante la estupefacción de sus colegas, prosiguió. Dijo que la tensión le estaba matando. Que esa presión por llegar a ser el mejor, día a día, le estaba amargando los partidos. Que ya no disfrutaba del tenis. Que había llegado a odiar el deporte al que había dedicado su vida desde que tenía siete años. Y le había hecho convertirse en un tipo amargado, irascible, cosa que empezaba a repercutir en sus relaciones personales. <<No admiro a ninguna persona más que a vosotros dos, chicos>>, expresó a tumba abierta. <<Y prefiero ser uno más al lado de vuestros nombres que un individuo aislado sin relación con vosotros>>. Entonces, de manera extraña, como un resorte, se levantó. A continuación, con movimientos muy lentos, se aproximó hacia donde se hallaban ambos, quienes se sintieron primero impelidos a actuar por pura correspondencia, pero más tarde por propia voluntad, sin remilgos, y los tres se abrazaron, de una manera silente pero sentida, durante unos cuantos minutos en que los músculos descansaron, los ligamentos dejaron de mantenerse atenazados y las almas se sintieron, al fin, liberadas. Luego, se incorporaron y se dieron varias palmaditas cómplices en el hombro, y fue más o menos en ese momento cuando aparecieron los responsables del anuncio para llevarles al set, y ninguno sabía explicarse del todo por qué las zonas de la piel alrededor de los ojos de las tres estrellas mundiales se hallaban enrojecidas, ni por qué el ambiente del rodaje fue tan jovial. En un pequeño receso, uno de los tres alzó la vista e inquirió a los demás: <<¿Cuándo lo anunciamos?>>, a lo cual otro cualquiera contestó: <<Mañana nos conectamos por videollamada y lo hablamos>>. Y, en efecto, eso hicieron. Al principio, los tres estaban nerviosos. A pesar de haber conversado con su entorno y haber llegado a un acuerdo con las diversas partes implicadas, a pesar de la rotundidad y la seguridad de su decisión, en aquel momento a los tres asaltaron dudas. ¿Y si uno de ellos se desligaba del acuerdo que habían firmado?¿Y si lo hacían ellos mismos, para así adelantarse a la hipotética traición de demás?¿Y si fingían coordinarse para, en el último minuto, en rueda de prensa, desdecirse, y así dejar el camino expedito para alzarse con el trofeo no oficial de mejor tenista de todos los tiempos, en solitario? Pero nada más se conectaron a la videollamada y se miraron a los ojos, se rieron y supieron que ninguna de estas fatalistas opciones iba a convertirse en realidad. Desplegaron la buena nueva los tres juntos en rueda de prensa, y lo más chocante del asunto era lo serenos que se encontraban frente a las miradas atónitas de los periodistas, que se mostraban traumatizados. El buen humor les acompañó incluso al bajar del estrado, donde seguían intercambiando chanzas y chistes. Aunque la mejor coda a esta historia tuvo lugar al día siguiente. Helvetio, trastornado por el jet lag horario (la declaración pública la habían hecho en una ciudad neutral) y por la alteración de sus rutinas, se levantó pronto y accedió a la pista de tenis del hotel, donde practicó unas bolas. Poco después pasó por allí Íbero, y empezaron a pelotear juntos. El tercero en aparecer fue Slatan, que se incorporó a un improvisado rey de la pista. Al día siguiente, comenzaron la preparación del Torneo de los Tres Campeones, una competición extraoficial y fuera de temporada donde el único requisito era no contar los puntos, y jugar por el puro gusto de correr y darle a la pelota. Su existencia se prolongó durante muchos años y dicen que, durante todo aquel tiempo, lo más sorprendente de la actitud de los tres reyes del tenis era que éstos exhibían, de manera perenne e imborrable, una victoriosa mirada de felicidad.

 

Este relato no se haya inspirado en ningún hecho real, sino en la imaginación calenturienta del autor. Las personalidades de los caracteres desplegados son completamente inventadas, ya que, por suerte o por desgracia, el creador de este cuento no tiene acceso a la mente de ningún deportista de élite. Si existe alguna coincidencia con la imagen de alguna figura conocida del deporte, el lector pude atribuírselo a la influencia que tiene la realidad en nuestra capacidad de para elaborar mitos, los cuales suelen acontecer de un modo siempre mucho más ordenado y redondo que la caótica realidad que nos gobierna. A quien quiera que algún día se alce con el título de tenista con más Grand Slams de la historia, de todo corazón, mi más honesta enhorabuena.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Las historias reales del otoño: nuevos hilos de Twitter

Los proyectos de Internet o los literarios son como la catedral de Plasencia: que esté a medias no implica que no sea grandioso.

Ya en una entrada anterior mencionábamos que algunas historias, por razones de formato y de otro tipo, las estábamos narrando a partir de hilos de Twitter. La tendencia ha seguido y, desde entonces, hemos desgranado más relatos sobre ciencia en general (Newton enfrentándose a su némesis, un genio del mal que pretendía derrotarle en una lucha a muerte; Juanelo Turriano y sus maravillosas invenciones; las brillantes e hilarantes actividades extracientíficas de los investigadores; la vez en que los países aliados quisieron derrotar a los del Eje mandándoles icebergs), la ciencia de la medicina en particular (paralelismos de la profesión en la actualidad respecto al antiguo Egipto, tanto para médicos como para pacientes), el macrocosmos de la literatura (la importancia de cómo decir las cosas, el legado de Las uvas de la ira en Nomadland, el nacimiento de ciertos tipos de giros argumentales, o lo engañoso que es el éxito literario), el mundo del arte (un teatro escondido en Nápoles, varias listas de recomendaciones cinéfilas, distintos hilos sobre anécdotas cinematográficas, y un paseo por el edificio inacabado más espectacular que conozco), y por supuesto la siempre interconectada historia (¿quien llegó primero al Polo Norte?; ¿cómo engañar a los nazis con cartón piedra y muchas toneladas de caca de camello?). Creo que con esto tenéis material de sobra para un buen rato, así que espero que lo disfrutéis.

lunes, 20 de septiembre de 2021

La historia corta de septiembre: "La historia alternativa"

La historia alternativa

 

         Sara notó un estremecimiento. Fue así, sin venir a cuento de nada. Se hallaba lavando la ropa en el río y, en ese momento, sintió como un viento gélido que la invadía hasta el tuétano. Alzó la vista hacia el horizonte y creyó ver un rayo, a pesar de que el cielo estaba despejado. Desechando aquellas estúpidas ideas, volvió a sus tareas para terminarlas antes de que se hiciera demasiado tarde.

         Aquel día, sin embargo, Abraham tardaba en llegar. Había salido con Isaac -no había dicho por qué, y Sara no le pidió explicación- y ya se acercaba el anochecer. Por fin, la puerta se abrió. Isaac entró muy rápido, con el rostro lívido, y Abraham cerró la puerta tras de sí, como si le persiguiera un espectro. Lo que más le inquietó a Sara, sin embargo, fue el cielo: a través de la ventana, veía cómo habían llegado negros nubarrones y, por entre los maderos de la casa, se colaba un viento ululante que amenazaba con arrancar la vivienda desde sus cimientos.

         -¿Qué… qué ha pasado?-preguntó Sara.

         -¡Dios está loco!-pronunció perturbado Isaac.

         Su madre le pegó una bofetada en cada mejilla:

         -¡Eso, por la blasfemia!

         -No le discutas -replicó Abraham, pesaroso-. Tiene razón.

         Sara no le hubiera mirado con más sorpresa si se hubiera transformado en un macho cabrío en ese momento.

         -¿Qué habéis hecho?-preguntó Sara, cada vez más inquieta.

         -Le he dicho que <<no>> a Yavhé. Y no se lo ha tomado muy bien -señaló allí afuera.

         Sara no entendía nada. De un instante a otro, todo su sistema de valores se había derrumbado por completo.

         -¿Y ahora qué hacemos?-inquirió desesperada.

         Abraham ya había empezado a realizar, con un carboncillo, unas extrañas marcas en el suelo.

         -Si te ha abandonado Dios… habrá que recurrir a la única opción que queda.

         Abraham remató el extraño dibujo de polígonos engastados uno dentro de otros en el suelo. En ese momento, un invasivo olor a azufre empezó a ocupar la habitación. Mientras afuera se desataba la madre de todas las tormentas, Sara se echó para atrás, buscando apoyo (para no caerse, pues empezaba a faltarle el equilibrio) en la pared de la habitación, mientras de las cada vez más intensas marcas en el suelo se alzaba un gas inquietante que iba transmutándose en una forma corpórea brillante, roja… y con cuernos.

         -¿Para-qué-me-has-convocado?-sonó una voz gutural que helaba la sangre, en un idioma sibilante que se entendía perfectamente, a pesar de que Sara no lo había escuchado jamás.

         Abraham, desde una posición inferior, mantenía la mirada gacha, y sólo alzaba la vista de manera cautelosa, como un animal agazapado.

         -Quiero ofrecerte un pacto. Uno con los hijos de Israel…

         Sara se llevó la mano al corazón.

         No sabía si temía más que aquella historia fracasara, o que, en cambio, saliera bien.

martes, 31 de agosto de 2021

El libro, la historia real, ¿el relato? de septiembre: Apuntes para una película sobre María Estuardo

Existen, que yo conozca, dos narraciones cinematográficas sobre la vida de la reina de Escocia María Estuardo, una protagonizada por Katherine Hepburn y otra por Saoirse Ronan. De ninguna he podido pasar de la primera media hora por puro y diáfano aburrimiento (lo siento, quizás había algo interesante detrás, pero yo me lo he perdido). Para construir este hipotético film que quiero diseñar sobre el papel (algo bastante más sencillo que recaudar el presupuesto y reclutar al equipo técnico), por tanto, partiríamos mejor de la biografía redactada por Stefan Zweig, la cual, si bien peca de un demasiado atrevido análisis psicológico del personaje, puede servirnos para nuestros propósitos. Empezaríamos con una escena crepuscular, con una María Estuardo de edad avanzada, encerrada en un castillo de Inglaterra, conspirando contra Isabel I (la reina Virgen) mientras el aristócrata que hace de carcelero debe combatir, como un progenitor ante una infante díscola, los ataques de rebeldía de ña escpcesa, contemporizando entre la reina cautiva a la que vigila, la reina Isabel que desde su trono mantiene a María Estuardo prisionera, y la mujer del aristócrata, que se dedica a participar de las intrigas entre las dos. Hacemos un flashback: vamos a la época en que María Estuardo, heredera del trono de Escocia, es casada con el delfín para convertirse en reina de Francia, y cómo la joven soberana -primero una niña, más tarde una lozana muchacha- disfruta de lo que serán los años más felices de su vida (allí, esplendor, boato, poesía de corte, madrigales y, por supuesto, la canción "To France" de Mike Oldfield incrustada en alguna parte). Así, en sucesivos flashbacks, iremos alternando la visión de la María Estuardo aprisionada, consumida por sus recuerdos, hablando con personajes reales (e imaginarios), con la observación de esos mismos protagonistas en el pasado, desplegando el grueso de su papel en el devenir de los acontecimientos. Narraremos cómo María Estuardo, tras la muerte del delfín, vuelve a Escocia, a ejercer el papel de reina que el destino le tenía prometido. Quizás sea ése el mayor problema (para el personaje histórico, no para la película), porque María, al contrario que los monarcas modernos, posee en su cabeza esa idea clásica de que el trono es suyo por herencia y por derecho, un designio divino y, por tanto, no acepta a nadie que se oponga a sus deseos, ni asume en ningún momento la posibilidad de que sus actos pongan en peligro su dominio. El problema es que María Estuardo (ahí la película debe realizar un fino retrato de los personajes) cuenta en la corte de Escocia con peligrosos enemigos que conspiran contra ella: nobles levantiscos y traidores, divididos por razones de religión, pero divididos, más aún, por razones de ambición y de búsqueda de poder y de riquezas. Contaremos como esta reina que consideraba que Escocia era un objeto de su propiedad apenas hace caso al gobierno del país, sino que se dedica a considerar en qué monarquía más poderosa podría ingrarse mediante matrimonio, abandonando si es posible esta tierra de tejidos bastos y de ovejas. Describiremos cómo dejaba el control de aquel territorio, repleta de hombres rudos y acantilados, en manos de calculadores validos. Expondremos como una batalla diplomática permite casarse a María Estuardo con un noble inglés aunque con cierto porcentaje de sangre azul, un hombre que en principio iba a constituir un tonto útil, pero del que María queda prendada nada más verlo. Seremos testigos de esa luna de miel diáfana, la llegada de un hijo y, más tarde, cómo el amor se torna en aborrecimiento y en odio. Dibujaremos entonces una nueva pasión, esta vez a manos de uno de los hombres fuertes de la reina, de los pocos que le permanecen leales en los atentados contra personajes de su entorno, el infame Bothwell. La reina, sin embargo, no atiende al carácter acaparador y falto de escrúpulos de su hombre, y está dispuesta a lo que sea por él: incluso a nombrarle rey. Pero antes, claro está, existe un obstáculo insoslayable: su propio marido. Contaremos cómo María Estuardo, como una lady Macbeth cualquiera, participa en el complot para asesinar al legítimo rey de Escocia y cómo, con rapidez, pretende casarse con Bothwell. Esta acción (y la ulterior revuelta de los nobles ante este atrevimiento, y frente a las sospechas de asesinato) será la que precipita la caída de María Estuardo. Claro que la reina no ayuda: sigue creyendo que es la soberana absoluta de Escocia, que los tiempos no cambian, que a los monarcas nunca se les deponen e, incluso, cuando los nobles la apresan, le espeta a un aristócrata, agarrándole del brazo: "Juro por esta mano que te haré colgar". Claro, para los jerarcas escoceses, éste es el mejor aviso de que no pueden dejar volver a gobernar a María Estuardo, y se inicia una larga secuencia de acontecimientos que acabarán con Bothwell huido y María encerrada en las cárceles de Inglaterra, sujeta a un farsa de juicio en el que ni siquiera puede declarar. Las que sí declaran son "las cartas de la arquilla", un conjunto de documentos que se encontraron en la residencia de Bothwell tras su huida, y que supuestamente constituyen la correspondencia que la reina mantenía con él. Estas cartas han sido siempre objeto de disputa: probablemente purgadas de aquellos textos que más inculpaban a los nobles escoceses, señalan a la soberana como una intrigante que comete adulterio y conspira contra su marido aunque, por otra parte, constituyen el único sustento para una cierta defensa de su figura, ya que justifican sus actos mediante el único sentimiento que admite una cierta disculpa: un ciego e incondicional amor. Mucho se ha discutido sobre la autenticidad de las cartas. Stefan Zweig defiende que no pueden ser falsas: entre otras cosas, porque contienen poesías en francés de alto nivel intelectual, y que ninguno de los brutos escoceses que intrigaban contra la reina podían haber redactado, ya que no contaban entre sus filas con un Shakespeare. Claro que aquí Zweig se olvida de una cosa, y es que la reina Isabel (quien ha sido y tomado parte en todos estos asuntos) sí que disponía de un Shakespeare a mano. Desconozco si las fechas históricas coinciden, pero empleando alguna licencia histórica propia del cine, y aprovechándonos de la falta de conocimiento acerca del personaje real (que podría ser cualquiera: yo mismo defiendo la teoría de que Shakespeare es en realidad Edward de Vere), podemos imaginar a la reina Isabel encargándole a William Shakespeare una falsificación a cambio de que éste vea en el teatro Globe de Londres triunfar sus obras, entre ellas un Macbeth inspirado en hechos reales. En todo caso, la relación con Isabel debe plantearse de modo ambiguo: por un lado, María Estuardo es su gran enemiga, su némesis, contra la que trabajará incansablemente. De otro, es una reina, como ella, su igual, e Isabel debe defender que la figura de los monarcas (incluso en esta cambiante Edad Moderna) es inmutable, y que no merecen castigo por sus acciones. En la parte final de la película, podemos hacer que por primera vez se crucen las dos reinas, envejecidas, las únicas sobrevivientes de un mundo donde han ido muriendo amigos y adversarios: al final, ha desaparecido tanta gente, que las viejas rivales son las únicas en las que mutuamente pueden confiar en a un mundo transformado, ya que sólo se tienen la una a la otra. De esa manera, Isabel puede perdonar a María Estuardo el hecho de que, de manera probada, durante una conspiración, haya intentado matarla. Mientras, María Estuardo será capaz de obviar que Isabel se ha entrometido en cada apartado de su vida y de su reino, incluyendo una trama para obligarla a ordenar a sus espías la muerte de Isabel, excusa que la soberana inglesa estaba buscando para tener la oportunidad de cortarle a la reina escocesa la cabeza. La verdad es que la película tendría de todo: habría una escena (extraída de la realidad) donde una Estuardo cautiva sería paseada a lo largo de un pequeño pueblo escocés, donde la hostil multitud la escoltaría amenazante al grito de "¡Ramera!"; habría otra en que los nobles escoceses entrarían en los apostentos reales para matar a su supuesto amante, el italiano Rizzio, y mientras él se agarraba angustiosamente a una silla, un soldado le cortaría los dedos para llevarle lejos de la presencia de la soberana, y poder ejecutar así la sentencia de muerte. Habría ocasiones en que Estuardo chalanería con la única carta que posee para negociar, que es con ella misma y su posibilidad para el matrimonio, y un pasaje angustioso (perdón, olvidaba que estábamos en el cine: un escenario) en el que María Estuardo, en el dormitorio de su segundo marido, al que está convenciendo para que caiga en una trampa mortal de la que él no sospecha, le escribe una carta a su amante Bothwell para decirle que considera abyecta la traición que está efectuando, pero que lo hace porque está totalmente sometida a la pasión que Bothwell ejerce sobre ella. Se podría introducir (aunque tal vez veladamente, pues ese hecho no está confirmado) la imagen de un aborto del hijo que Bothwell tiene con la reina y, desde luego, habría un momento muy impactante en el que Estuardo -cuando ya da por seguro que la van a condenar a muerte a ella y a sus partidarios- auxilia en el instante de dar a luz la esposa de uno de sus secretarios: dos mujeres, de distinta condición ambas, pero unidas por la sororidad frente a un hecho que comparten féminas de todas las clases sociales. Estuardo ayudando a dar vida, cuando ya es consciente de que se haya muy cercana la muerte: de qué mejor climax podríamos disponer. Tengo dudas respecto al final: está claro que habríamos de incluir la muerte por decapitación de María Estuardo, pero no sé si debería mostrarse un fundido en negro o una cámara desenfocada en el momento de la ejecución (sí narraríamos, con gran dramatismo, cómo ella y sus sirvientas rezan en latín mientras un clérigo protestante lo hace en inglés, mostrando cómo hasta el final de su vida se enfrentaron la iglesia católica y la anglicana) o, si en cambio, deberíamos incluir las más cruentas imágenes de su fallecimiento, con dos hachazos fallidos, el verdugo agarrando la cabeza de los cabellos y quedándose en la mano con la peluca, la cabeza de María Estuardo rodando por el suelo, y el perro de la reina arremetiendo con saña, como único defensor de su fallecida ama, frente a los verdugos. Por supuesto, en algún momento habría que hacer mención a la cobardía de Isabel, que pretende hacer creer al mundo que ella no ha ordenado la ejecución y que se trata tan sólo de un error burocrático, cosa que le cuesta la carrera a alguno de sus funcionarios más ingratamente pagados y obedientes. Y, como colofón, mostraríamos cómo al final ambas reinas han acabado muy juntas, la tumba de una próxima a la otra, en la abadía de Westminster, sucedidas ambas dos por un Jacobo VI al que le dan igual todas las viejas redes conspirativas y sólo pretende reinar: tanto esfuerzo, tanta tragedia, tanta ambición (cabría decirse, "polvo eres y en polvo...", etcétera, etcétera), para nada. En fin, María, está claro que tu vida da para una película. Lo que no tengo muy claro si la que mejor podría representar tu trayectoria sobre esta tierra se ha filmado ya.

martes, 17 de agosto de 2021

Las películas y las historias reales de agosto: un mismo hecho bajo distintos puntos de vista

Toda historia tiene dos versiones, o eso dice el viejo axioma. Y toda realidad es interpretable, y ésa es una de las bases del cine y de la literatura. Billy Wilder estaba viendo una película sobre un hombre que toma prestada la casa de otro para citarse con sus conquistas amorosas y pensó: <<¿Qué pasa con el pobre tipo que les deja el piso?>>. Así nació El apartamento. Hay múltiples films que se inspiran precisamente en contar una historia no de la misma manera, sino desde dos ópticas diferentes, de tal manera que es la visión conjunta de todas ellas la que te da una perspectiva global del asunto, salvando todas las licencias e invenciones que (sobre todo en las <<basada en hechos reales>>) pueblan las películas de Hollywood. Esta es una lista, para nada exhaustiva, pero sí en mi opinión sugerente, acerca de esos conjuntos de películas que se relacionan entre sí:

-A veces se trata sólo de cambiar al personaje principal. La película Bonnie&Clyde (1967) está narrada desde el punto de vista de los atracadores de bancos y fugitivos, mientras que Emboscada Final (2019), con bastante menos acierto, lo hace desde el punto de vista de los policías.

-En el Chicago de 1924, un par de estudiantes universitarios llamados Leopold y Loeb, cargados de un desmedido complejo de superioridad, y adictos a la teoría de Nietszche del superhombre, decidieron demostrar su nivel intelectual desplegando el crimen perfecto, para efectuar el cual arrebataron la vida a un chico de 14 años. A pesar de su preclara inteligencia, les acabaron pillando, y las familias recurrieron para la defensa a Clarence Darrow, un conocido activista en contra de la pena de muerte. El discurso final del abogado de los muchachos -el cual duró 12 horas- fue tan conmovedor que hasta al juez se le saltaron las lágrimas, con lo cual se logró que la condena a muerte se sustituyera por una de prisión perpetua (uno de los jóvenes murió a manos de los presos en la cárcel, mientras que el otro acabó liberado tras cumplir 34 años de reclusión). La tragedia se ha narrado de dos maneras. Por un lado, fue recreada (con sus variaciones, pues en teoría se trataba de ficción) en una obra de teatro donde se señalaba la naturaleza homosexual de los dos muchachos, y que funciona como un relato de misterio donde nos preguntamos si se acabará descubriendo la autoría del asesinato. Esta obra sería más tarde adaptada (esta vez, sin el trasfondo homosexual, aunque era bastante evidente) en la película de Alfred Hitchcok La soga, la cual funciona como un mecanismo de precisión en torno a un arcón, una intriga, y el falso plano-secuencia más famoso de la historia del cine. Pero, por otro lado, la película Impulso criminal describe de manera más ajustada a la realidad el devenir de la investigación y el juicio y, sobre todo, tiene a un Orson Welles ejerciendo de Clarence Darrow en un film con bastantes partes censuradas en la versión en castellano (ya que, obviamente, en 1959, un alegato contra la pena de muerte no era el tipo de discurso bendecido por el régimen franquista).

-Nos han contado las diversas vivencias de los judíos que pasaron por el guetto de Varsovia a través de varias películas, siendo quizás La lista de Schindler y El pianista las que muestren con mayor claridad los distintos rumbos que podía tomar tu vida a lo largo de ignotos caminos, ninguno de los cuales te garantizaba la seguridad.

-Tanto "Operación Anthropoid" como "El hombre del corazón de hierro" narran el atentado que acabó con la vida de Richard Heydrich, "el carnicero de Praga", a manos de dos miembros de la resistencia checa durante la Segunda Guerra Mundial, pero mientras la primera se centra en el punto de vista de los perpretadores, la segunda lo hace más en la biografía del militar nazi. Por cierto, este último también es el centro alrededor del cual gira "Conspiracy", una película donde se describe la reunión donde se planeó aplicar la "solución final" al problema judío por parte de las autoridades alemanas. En esta última película aparece como un personaje secundario la figura de Adolf Eichmann; varios films ("Eichmann" en 2007, y "Operación Finale" en 2018, entre otras) han descrito la captura del jerarca nazi en 1960 mientras se se hallaba escondido en Argentina, pero la película "Hannah Arendt" profundiza en las motivaciones que la filósofa judía encontró en la conducta de este burócrata desalmado, a través de su teoría de la "banalidad del mal". Como puede verse, un rosario concatenado de causas y consecuencias.

-En el caso de narrar historias relacionadas, no hay nada como contar con el mismo actor para hacer del mismo personaje. Vicent Cassel había interpretado, en la "Juana de Arco" (1999) dirigida por Luc Besson y protagonizada por Mila Jojovich, a Gilles de Rais, un noble galo que quedó traumatizado por la muerte de la santa francesa y que, quizás por eso (o tal vez no), se dedicó, desde el castillo donde resisdía, a secuestrar a jóvenes a los que torturaba de maneras horripilantes para luego darles muerte, hasta que sus delitos fueron tan infames que las autoridades se vieron obligados a intervenir. Pues bien, en la película "The Reckoning" -en castellano, "El misterio de Wells" (2003)-, Cassel interpreta a un trasunto del asesino aristócrata en una ficción bastante lograda, y quizás el mejor trabajo del habitualmente secundario Paul Bettany hasta la fecha.

-La película "The Glorias" y la serie "Mrs. América" tratan ambas de la influencia de un grupo fundamental de mujeres en el movimiento feminista, pero mientras la primera se centra en la figura de Gloria Steinem a lo largo de su vida, la segunda es transversal en un momento clave (la aprobación de las leyes de igualdad en Estados Unidos), y también más coral: de hecho, la mujer más destacada es la archienemiga de los derechos de la mujer, una Phyllis Schlafly interpretada por una Cate Blanchett en estado de gracia.


-Ya saliendo del terreno de la historia, y entrando un poco más en el apartado de la ficción, "Blackthorn", del muy buen guionista Mateo Gil, retoma el relato justamente donde se quedó al final de "Dos hombres y un destino", y narra una ucronía donde uno de los componentes del famoso dúo Butch Cassidy-Sundance Kid sigue vivo, excusa que el director aprovecha para grabar un western crepuscular enmarcado en los bellísimos parajes de las salinas de Bolivia. Muy recomendable para los amantes tanto del cine clásico como del moderno.

-Diferentes films acerca de la figura de Churchill se centran en distintos períodos de su vida: los años previos a la Segunda Guerra Mundial, en los que advertía del peligro de Hitler -"The gathering storm" (2002), película televisiva basada en sus memorias, con una secuela cinematográfica con nuevos actores, "Into the storm"-; los meses iniciales tras ser nombrado Primer Ministro ("Darkest Hour", 2017); o ante un inminente desembarco de Normandía ("Churchill", 2017). Es una pena que ningún film haya decidido focalizar en otras partes de la biografía de Churchill, como su rocambolesca huida de juventud de un campo de prisioneros en Sudáfrica, o sus más que censurables actos respecto a la India que efectuó desde su posición como Primer Ministro.

He aquí nuestra pequeña recopilación de películas relacionadas. ¿Os atrevéis a hacer alguna aportación? Espero con ansia vuestros comentarios.