Más hilos tuiteros interesantes: acerca de una enfermedad que resultó clave en dos obras de ficción, sobre el accidente geológico que se cubrió de lagos (y tal vez de monstruos), curiosidades alrededor de Macbeth, y respecto al primer hombre que elevó algo parecido a un globo (antes que los Montgolfier). Como siempre, espero que os entretengan y aprendáis con ellos alguna cosa. Un saludo.
¿Por qué estamos aquí? Porque nos gusta lo curioso, lo sorprendente, lo interesante, lo inusual, lo que engrandece al ser humano, lo que lo redime de vez en cuando. Por eso nos apasionan las historias: porque hayan ocurrido o no, de alguna manera es real.
lunes, 12 de septiembre de 2022
jueves, 1 de septiembre de 2022
El libro y la historia real de septiembre: "José María de Torrijos y Uriarte. Más allá del cuadro de Gisbert".
1) El libro, en buena parte, es una historia de ese primigenio liberalismo, donde también hubo facciones, dudas, discusiones ideológicas, traidores y mucho fingimiento. Vemos que en política, ya desde el siglo XIX, lo de decir una cosa y hacer otra se convirtió en un clásico. También descubrimos que ya entonces era costumbre, cada vez que surgía un movimiento que podía cambiar las cosas, que el conjunto de las fuerzas tradicionales, y los estamentos más privilegiados, se batieran con uñas y dientes en contra de él.
2) Manuel Alvargonzález aprovecha para hablar de otros individuos destacados de la historia del liberalismo (revolucionarios, conservadores, aventureros, veletas, personajes estrafalarios) como el legendario Van Halen (cuya estrambótica trayectoria ya fue narrada por Baroja en "Memorias de un hombre de acción") y también de episodios no muy conocidos pero llamativos de este período. Por ejemplo, es bastante gracioso comprobar cómo Rafael de Riego, cuando se rebela contra Fernando VII, parte con una serie de hombres de Cabezas de San Juan, los pierde a todos por el camino antes de llegar a destino, y sin embargo vence en su pronunciamiento, el cual da origen al efímero Trienio Liberal, una de las primeras experiencias (por simplificar mucho y entre comillas) que abrieron el camino a regímenes más democráticos en España.
lunes, 29 de agosto de 2022
La historia corta de agosto. Dedicadas a Eduardo Galeano (XV): Conversación en caja
Dedicados a Eduardo Galeano (XV).
Convesación en caja
La cajera del
súper le pregunta al chico (ambos sudamericanos y jóvenes en España):
-¿Quiere pan rallado? (Lo están
regalando de oferta este día)
-No.
-Claro, los hombres no queréis, no
piensas en tu madre, en tu novia...
-No –responde avergonzado-... si no
vivo con mi madre.
-Pues a tu novia.
-Si no tengo.
La otra eleva las cejas y le dice sin
decírselo, “Pues ya sabes”.
Yo, mientras tanto, detrás del
chico, iba a pedir pan rallado: pero deduzco que la cajera quiere otra cosa, y
mejor me callo.
lunes, 22 de agosto de 2022
El relato recuperado de agosto: "LCD Vidriera"
Un relato recuperado de un formato que se perdió, para que lo podáis disfrutar de nuevo. Un saludo,
LCD Vidriera
Este
humilde homenaje a Cervantes, en al año del V Centenario del Quijote,
está basado en su novela ejemplar “El
licenciado Vidriera” y en su protagonista Tomás Rodaja,
y dedicado a la ciudad de Salamanca,
inspiradora
de tantas buenas historias.
La
chica se colocó en su lugar asignado en el autobús. Normalmente no hubiera reparado en su compañero de asiento, de no
ser porque el libro que el chico tenía entre manos le trajo a la mente buenos
recuerdos.
-¡Anda!,
¿estás planeando ir a Italia? Porque yo acabo de volver de allí.
Tomás
levantó la vista del libro y le sonrió. “Pues no es feo, después de todo”, se
dijo la muchacha a sí mismas.
-La
cosa es que yo también acabo de volver –dijo él-. Estoy repasando algunas
anotaciones que hice en mi guía de viaje.
La
joven intentó sacarle más conversación al chaval, pero éste se mostraba
renuente a intercambiar más de dos palabras. Ella se mosqueó. En sus tiempos de
Erasmus en Italia, no solía ocurrir que los chicos se rehuyeran la conversación.
-Perdona
–se disculpó él, intuyendo la sensación que estaba provocando en su compañera-.
Anoche no dormí mucho y ando un poco despistado. Lo malo es que ni siquiera
consigo conciliar el sueño.
-Ah,
por eso no te preocupes –dijo ella-. Tengo aquí una pastilla para ayudar a
dormir.
Tomás
la contempló con aire de desconfianza.
-No
es nada malo –le aclaró ella-. Te ayudará a echar una cabezadita las dos horas
que dura el viaje a Salamanca. Venga, confía en mí.
<<Con
un poco de suerte, te hará abandonar un poco ese aire de seso que
tienes>>, se dijo a sí misma la chica, sacando aquellas pastillas de
colores que tanto furor hicieron en su etapa de Erasmus.
Tomás,
finalmente, accedió a tomar la píldora. Al poco tiempo, notó cómo iba
haciéndole efecto y, ayudado por el influjo del sol y del traqueteo del
autobús, cayó rendido en brazos de Morfeo…
El problema fue cuando se despertó. La chica
del asiento contiguo no estaba al lado, pero eso al muchacho, ante las nuevas
circunstancias, le resultaba irrelevante. La sensación que experimentaba era
difícil de describir, pues nunca había sufrido un cambio de consistencia a
nivel de estructura molecular, y le hubiera resultado complicado expresarlo,
incluso aunque fuera consciente de en qué consistía aquello exactamente. Pero
sí que le daba la impresión de ser más ligero, incorpóreo, más “líquido”, por
decirlo de alguna manera. El susto se lo llevó al darse cuenta, primero, de que
no necesitaba las gafas para ver (de hecho, éstas habían desaparecido) y, segundo,
de que sus manos se habían vuelto transparentes, con algún leve toque
iridiscente que le permitía contemplarse los dedos o las muñecas y evitaba que
(pese a la aparente desaparición de sus ropas) todo su cuerpo se hubiera vuelto
invisible a sus propios ojos. Tomás se estremeció: se había vuelto de cristal,
o más bien, del mismo vidrio que conforma las pantallas LCD o las de los
móviles. Y lo más sorprendente de todo es que parecía que nadie se había dado
cuenta. Cuando se detuvo el autobús, salió de manera normal, como con el resto
de la gente, y de hecho, al tratar de decirle algo al conductor, éste le
despachó con un bufido de desagrado, como si le estuviera robando un tiempo
precioso. Así que Tomás se mantuvo obediente en la fila, por eso de que las normas
de educación dicen que no debes molestar al resto del mundo, ni siquiera aunque
te estén clavando un puñal por la espalda.
Sin embargo, una vez salió al
exterior, no pudo contenerse. Se lo vociferó al primer grupo de personas que
encontró en la calle:
-¡Me he convertido en cristal!
Un anciano fue el primero que le
replicó al respecto:
-¡Deje ya de dar gritos!¡Y
apártese de ahí en medio, ocupando la calle!¡Habráse visto! Esta juventud…
No obtuvo ninguna reacción más,
aparte de una señora que, después de contemplarle un momento, sacó un pañuelito
y le limpió un poco la superficie a la altura de las mejillas. No conforme con
el resultado, aplicó al pañuelo algo de salivilla, y prosiguió frotando
constante a pesar de las protestas de Tomás. Luego, cuando se quedó satisfecha
acerca de cómo de limpio había quedado, se marchó de su lado, sin mediar
palabra.
Probó algo distinto en el centro
de la ciudad, con un grupo de estudiantes.
-¡Me he convertido en cristal!
Un estudiante con gafitas
levantó la vista de su libro.
-No, caballero, se equivoca
usted: a nivel molecular, está usted claramente hecho de vidrio.
Y volvió la vista hacia su
texto. No obstante, un par de jóvenes se le acercaron.
-¡Anda, si es verdad!¡Parece
como la pantalla de una tablet!
Los chicos empezaron a
toquetearle la cara. De repente, vívidas imágenes de colores aparecieron en su
frente, con si se tratara de la parte frontal de un smartphone o un ordenador. Tomás
vivía todo esto con desconcierto porque, aparte de que no le agradaba nada que
deslizaban el dedo por su frente, el hecho de ser transparente permitía que
viera lo que estaba escrito, aunque fuera del revés.
-¡Ahí va!¡Si es mejor que un
móvil!-exclamó uno de los jóvenes.
-¡Yo quiero ver un vídeo de
gatitos!-rogó la chica.
Para desgracia de Tomás, el
muchacho le hizo caso y, de repente, a la altura de su estómago, se
materializaron las figuras de dos cachorros de gato jugando, pero que para Tomás
eran tan reales como si estuvieran dentro de su vientre. Tanto que, incluso,
podía sentir los arañazos.
-¡Ey!¡Aquí hay una carpeta de
fotos!-exclamó un tercero que se había añadido al grupo, y al apretar en el
pecho de Tomás, comenzó a desplegar imágenes que Tomás reconoció como recuerdos
en su cabeza.
-¡Oye, deja eso!-exclamó el
centro de atención de lo que estaba volviéndose un corro en torno suyo. Tomás
pasó rápidamente la mano por su propia piel (el tacto era frío y delicado),
consiguiendo que se cerrara de golpe la carpeta.
-¿Qué más cosas puedes hacer?-le
preguntaron.
Y lo cierto es que Tomás también
se lo preguntó.
Junto a Tomás empezaron a
agruparse numerosos transeúntes, curiosos, preocupados, divertidos o que,
simplemente, buscaban averiguar alrededor de qué se reunía tanta gente. Entre
todos, comenzaron a explorar las posibilidades.
Por supuesto, una de las
primeras aplicaciones fue emplear a Tomás como proyector humano: frente a una
fachada de un colegio religioso, que sirvió de pantalla, Tomás desplegó varias
películas, desde comedias a historias de acción y aventura, que sembraron las
delicias del público que allí se congregó (desde gente joven hasta ancianos,
pasando por sesudos críticos de coderas y gafas de pasta), el cual, entre
helados, globos de colores y puestos improvisados de comida, vivió aquel episodio
como una fiesta.
Tomás empezó a pasear por
Salamanca. Allí, puso en marcha los altavoces que había descubierto que venían
acoplados con su nueva condición y, tirando de enciclopedias digitales, se puso
a realizar un recorrido turístico por la ciudad. Extranjeros, visitantes,
ciudadanos locales y simples curiosos le siguieron mientras Tomás desgranaba
detalles de interés alrededor de la Catedral, la Clerecía, la Casa de las
Conchas y, por supuesto, la fachada de la Universidad, donde un preciso enfoque
y una ampliación adecuada ayudaba a los más despistados a encontrar a la
escurridiza rana.
Penetró en la universidad y
allí, gracias a sus recién adquiridos poderes, pudo realizar proyecciones en
3D, en medio de los pasillos, de los conceptos más difíciles de desentrañar
para los estudiantes. Algunos vetustos profesores le contemplaban con
desconfianza por encima de sus gafas, pero a aquellos de miradas más
avinagradas, Tomás les respondía proyectando justo a su lado una caricatura
casi perfecta, lo cual provocaba el regocijo de los jóvenes universitarios.
Se marchó al puente romano y,
sobre él, recreó las figuras de las legiones del César, Unamuno o Fray Luis de
León, todos cruzando por encima de la construcción centenaria mientras, en las
riberas del Tormes, se podía divisar la figura del pícaro lazarillo. En el huerto
de Calixto y Melibea, exhibió una representación de la historia de los amantes.
Más tarde, en la Plaza Mayor, organizó un festival de juegos, donde el
particular ejército que ahora le seguía se divirtió entretenida con
holográficas representaciones gigantes del Candy Crush, Angry Birds y otras
aplicaciones de moda.
Luego, aquella troupe
improvisada tuvo hambre, y Tomás se los tuvo que llevar de pinchos, buscando en
su memoria digital los locales más recomendados por las distintas aplicaciones
y redes sociales. Él no necesitó comer (tan sólo solicitó que le cargaran
mediante una batería), pero mientras el resto devoraban hornazo, chanfaina,
embutidos y viandas varias, él colocó un video de fondo con algunas de las
escenas más divertidas de aquella mañana.
Por la tarde, les entró el
sueño… Tomás, a pesar de encontrarse hecho de vidrio, también lo sintió en los
párpados. Una anciana señora salmantina accedió a meter a mucha de la gente que
le acompañaba en su casa, prestándoles las camas, los sillones e incluso la
ducha de su casa en el caso de que alguno la requiriera. Tomás durmió una
placentera siesta enfrente de un amplio ventanal desde el cual podían
contemplar los tejados de una buena parte de Salamanca, con aquel color tan
característico de la piedra, mientras los nidos de cigüeñas parecían hallarse a
punto, por sí mismos, de echar en cualquier momento a volar…
Por la tarde, siguió el
movimiento. Paseando, Tomás se encontró con el famoso violinista de la plaza
del Liceo, y entre los dos, montaron una improvisación, uno con su violín, y
Tomás con música de trombones, platillos y una inmensa orquesta que parecía
hallarse allí mismo en plena representación. Al final del número, los dos
recibieron el aplauso del público allí presente, se dieron la mano, y Tomás
prosiguió su camino.
El culmen final de la
celebración de aquel día tuvo lugar en el parque de la Alamedilla. Allí, bajo
la luz del atardecer (y más tarde la de la luna), Tomás proyectó en el cielo
reflejos iridiscentes de textura acuosa, bellas imágenes que se entrecruzaron
con el sol del poniente y, cuando cayó la noche, un fastuoso espectáculo de
fuegos artificiales. Cuando éstos cesaron su retumbar exaltado, en medio de una
gran explosión de luces y aplausos, Tomás, profundamente conmovido ante el
reconocimiento de toda la gente que había a su alrededor, no pudo evitar
encender el altavoz que su nueva condición traía aparejada consigo y proclamar.
-Este día ha sido maravilloso… A
lo largo de esta jornada he compartido con vosotros vídeos, fotos, archivos de
distintos tipos… y especialmente, recuerdos. Y he aprendido una cosa. Lo más
importante de la tecnología no es su capacidad: no es que podamos llegar más lejos,
más alto, con más píxeles. La clave es cómo nos conecta y nos hace compartir
cosas. Gracias a un teléfono móvil, somos capaces de poner en contacto a un
señor mayor de Francia con una joven adolescente en la India, y pueden
descubrir que sus problemas, sus preocupaciones, sus sueños, son los mismos y
deben trabajar en ellos en un frente común. Gracias a haberme convertido en
vidrio, he podido tener más empatía con las personas de carne y hueso. Como
digo, si hay algo que he aprendido, es que lo mejor de los sistemas de
comunicación que tenemos no son las máquinas: sino cómo nos permiten acercarnos
a las personas. ¡Muchas gracias a todos por estar ahí!
Y el público, que a lo largo del
discurso se había hecho uno con él, prorrumpió en una larga ristra de aplausos…
El ruido le despertó. Lo que
Tomás había confundido con ovaciones eran, en realidad, los escopetazos
procedentes del tubo de escape del autobús. Tomás trató de bajar el volumen,
pero se dio cuenta de que no tenía capacidad para hacerlo. Se miró entonces las
manos: nada, completamente normales. Volvía a ser de carne y hueso, como fue en
un principio. Tomás levantó la vista y observó que la chica que le había dado
la pastilla ya estaba fuera del autobús. Apremiado por el conductor, que quería
marcharse a su casa, Tomás finalmente se levantó y abandonó el vehículo. No lo
hizo sin cierta renuencia.
Una
vez abajo, Tomás seguía sintiéndose confuso. Después de tanta actividad
desplegada en el sueño, le costaba volver a la normalidad. Aún sin las fantásticas
propiedades de las que se había visto poseedor tan sólo unos minutos antes,
creyó que podría emular aquella sensación en parte. Intentó llamar la atención
de un chico que se encontraba concentrado de manera absorta en su móvil.
-Oye,
perdona…
El
chico levantó la vista, le contempló como si fuera un marciano, y volvió de
nuevo a su caminata, sin haber despegado los ojos más de un par de segundos del
aparato.
Tomás,
sin embargo, no se desanimó. Volvió a tratar de hacer de guía improvisado
delante de los monumentos de Salamanca. Pero esta vez, sin efectos especiales
de por medio, casi nadie le prestó atención. Un par de guías, incluso, le
reprocharon que les hiciera la competencia. Tan sólo unos pocos niños se
interesaron por las cosas que contaba, y trataron de jugar con él para ver
quién encontraba antes la rana. Pero las madres de dichos niños les llamaron
rápidamente a capítulo, con un “no juegues con ese señor tan raro que le habla
a todo el mundo”.
-Porque…
si pudierais ver el mundo tal y como lo veo yo –se arrancó en un ataque de
sinceridad desesperado Tomás, a todo el mundo y a ninguno en concreto-. Un
mundo conectado, donde todos nos preocupamos de los que nos pasa a todos, donde
podemos compartir todas las cosas maravillosas que tenemos a nuestro alrededor…
La
gente que se había quedado parada al observarle arrancar aquel improvisado
discurso permanecieron sin pestañear durante unos segundos. Luego, volvieron a
sus ocupaciones, como si nada hubiera ocurrido. Alguno, incluso, le arrojó una
monedita antes de definitivamente marchar. Tomás se quedó solo.
Luego,
tras un suspiro, agachó la cabeza y retornó sin una palabra más a su antigua
vida.
lunes, 15 de agosto de 2022
Los libros de agosto: unos par de ensayos históricos
Dos pequeños extractos de historia:
lunes, 8 de agosto de 2022
Las historias reales de agosto: nuevos hilos de Twitter
Más madera, como suele decirse. Aquí tenéis relatos sobre un duelo sin par en la película "La princesa prometida", sobre la única vez en que Antonio Machado suspendió a un alumno, sobre el personaje real que inspiró la historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde o acerca del barrio inglés de Huelva. Que estos hilos os enreden y os den mucho carrete. Un pespunte, digo, un abrazo.
lunes, 1 de agosto de 2022
Regalo de una musa: "Lecciones Disney"
Un regalo que me pasó mi mejor musa acerca de algunas de las películas que marcaron nuestra infancia. Disfrutadlo tanto como lo he hecho yo. Un abrazo.
"Estaba lavandome
los dientes, momento tan bueno como cualquier otro para divagar sobre lo divino
y lo humano (casi como en cualquier caso siempre que hay agua cerca...en la
ducha, haciendo largos en la piscina, mirando la lluvia al caer, al fregar los
platos...) cuando me puse a pensar en las lecciones Disney, especialmente en
las lecciones a ignorar. No estoy de acuerdo con que no hay que soñar con el
príncipe azul, ¡al contrario! creo que hay muchos chicos (o chicas) estupendos
por ahí, y que cuando das con el tipo ideal, te hace tan feliz que merece la
pena la búsqueda o la espera. Ahora bien, no porque sea guapo y sonriente será
un príncipe azul, entendámonos, hay que mirar un poco más allá y darle tiempo a
que se muestre cada uno como es.
No sé en qué estaba
pensando la Cenicienta para quedarse colgada de un rollo de una noche QUE NO
RECUERDA NI SU CARA, eso sí es una lección para las muchachas del siglo XXI: ¿de
verdad te importa un tipo que es capaz de casarse con tu hermanastra fea
feísima y con voz de gato estrangulado sólo porque encaja en el perfil? De
verdad? Jeje, siendo malos podríamos decir que eso pasó con cierto Príncipe que
ya no lo es, que escogió una que vio y que encajaba...con su entorno.
Oh, espera, que no
todo son princesas. También en Disney tenemos el perfecto ejemplo de hacer
pasar a alguien por quien no es: Aladdin. Es un pobre callejero al que tienen
que vestir de gran señor para hacerlo aceptable a los ojos de la familia (la
chica no, ella le quiere por el interior ;)). Como cuando le pones corbata a un
heavy para conocer a la familia. A veces hay que sufrir, pero...no cambies lo
que te gusta, pues es probable que deje de convencerte. Punto para Jazmine, que
se gustó de una pobre rata callejera y despreciaba al gran pretendiente. ¿O
quizá era ella la que juzgaba por las apariencias?
Con la Bella Durmiente
aprendimos que esconderse del destino no te va a dar resultado, así que ¿porqué
no enfentarte a ello directamente? ¡Hay que ser valientes! Y educados, que los
padres la liaron parda por clasistas.
Ay estas princesas que
no aprenden...Hay una que me recuerda a las historias de cirugías mal hechas, o
de niñas monas que se quitan costillas y otras barbaridades para verse más
guapas. Un pacto con el diablo para desnaturalizarse, por el capricho de gustar
a otros. Ningún cambio drástico es gratuito, todos tienen consecuencias. Vale
que el marinero era un guapo de ojos azules, pero de toda la vida de dios, la
sirena es la que seduce al marino ¡Y no al contrario!
La pobre Blancanieves
es un consejo de madre hecho pelicula: no engullas, ¡mastica bien y no aceptes
nada de los desconocidos!
Pero no todo son malas ideas en este pequeño mundo: también aprendes a interponer tu propio bien al de otros, aunque para eso tengas que ir a la guerra con el malvado Genghis Kan; o a apreciar los libros por encima de los placeres mundanos encarnados en un cachas con tres rubias colgadas del brazo; o a apreciar el corazón de los demás, aunque sean peludos y feroces, o se despiojen en público.
