lunes, 19 de mayo de 2014

La historia corta de mayo: Frases y párrafos de Kapuscinski

Ryszard Kapuscinski fue un periodista polaco que se pasó la vida viajando de país en país, cubriendo algunos de los conflictos y eventos más destacados del siglo XX. Al principio su estilo, a medio camino entre el reportaje, la crónica periodística y el relato literario (él prefería denominarlas simplemente "historias") no cuajó, pero tras la publicación del libro sobre el Ché Guevara, Cristo con un fusil, el éxito fue ascendente. Ébano, El sha, Un día más con vida, El imperio, El emperador, El Mundo de Hoy, son algunas de sus obras, que recorrieron lugares exóticos y sistemas que entraban en colapso, de tal manera que se convirtió en testigo privilegiado de sus últimos días. Después de su muerte, algunos críticos han puesto en duda algunas de las vivencias que relataba en sus libros, argumentando que seguramente no eran vivencias directas sino originalmente narradas por otras personas, o que incluso se las había inventado. Realidad o no, la polémica seguramente no se aclarará nunca, y lo que sí que reconoce todo el mundo es que Kapuscinski era un excelente recreador de atmósferas, siendo capaz de transportarnos de la Unión Soviética profunda al África más surrealista y bizarra con tan sólo una ligera torsión del lenguaje. Cada vez que leo alguno de sus libros, me veo obligado a anotar las frases que considero más espectaculares. He aquí algunas de ellas, entresacadas de entre los últimos libros que he leído:

"Me identifico con los <<humillados y ofendidos>>, entre ellos me encuentro  a mí y mismo. Y deseo que mi voz sirva para hablar de sus intereses. Es que siempre olvidamos que vivimos en un mundo de gente hambrienta, descalza, enferma, sin perspectiva alguna. Europa, EEUU y un corto etcétera no son más que islotes de un relativo bienestar. A mí en cambio me interesa ese mundo que tiene vetado el acceso a la mesa puesta y llena de manjares. Lo tiene vetado ahora y lo seguirá teniendo en el futuro. La vida de esta gente, su pobreza, su humillación y su frustración es lo que me llega más hondo: por eso mi mirada es un tanto distinta, en el sentido de que cuando llego a África o a Asia, soy incapaz de preocuparme por el psicoanálisis o por cosas así. Solo puedo pensar en que tres cuartas partes de la humanidad llevan una existencia tan miserable que lo único que les interesa es qué comerán el día siguiente, cuando se despierten sin divisar ninguna perspectiva de mejora. Ésta es mi mirada".

“No, no vivimos en una aldea global, sino en una metrópoli global, o más bien en una estación de ferrocarril o de metro global por la que pasa el enjambre de la <<multitud solitaria>> de David Riesman, formada por personas ajetreadas y con los nervios destrozados que, indiferentes unas hacia las otras, no desean una aproximación ni un acercamiento mutuo”.

“A.B: Temo a un mundo sin valores, sin sensibilidad, sin reflexión. Un mundo en el que todo es posible. Porque entonces lo que se convierte en lo más posible es el mal”.

“Llevados por actos reflejos, aplicamos medidas europeas a situaciones y sociedades africanas. Sólo en el último medio siglo hemos aprendido que vivimos en un mundo multicultural en el que cada sociedad funciona de acuerdo con lo que le es propio e intrínseco”.

“Aquí, en América Latina, es donde mejor se ve hasta qué punto el mundo vive en plantas diferentes, o más bien en diferentes células; un mundo dividido, atomizado. ¿La desigualdad siempre genera odio? Aquí genera frustración e, incluso, en muchos casos, resignación. Esa resignación es una forma de autodefensa, un astuto ardid que debe confundir el mal, debilitar los efectos de su acción. Es en la defensa y no en el ataque donde reside su fuerza; saben aguantar, pero no saben cambiar. Son como el arbusto del desierto; suficientemente fuerte para vivir pero demasiado débil para dar vida”.

“Las limitadas páginas de una introducción no dan margen para una exhaustiva descripción de Bolivia. Se trata de uno de los países más trágicos que he visto en mi peregrinar por el mundo. Las personas que conocen la América Latina por las tarjetas postales o por frívolas descripciones no son capaces de imaginarse la miseria que se puede encontrar en aquel país. El problema radica en que la conciencia social, el sentimiento de vejación y la voluntad de lucha nacen en el ser humano sólo a partir de un cierto nivel de existencia. Por debajo de ese nivel, la miseria no genera, sino que mata la conciencia. Con esta situación se encontró en Bolivia el Che”.

"El Mundo de Hoy" (recopilatorio de algunos de sus mejores escritos)


“La desconfianza polaca se debe en parte al miedo histórico –el peligro que en el pasado constituían nuestros vecinos-, pero sobre todo a la naturaleza campesina de la ciudad. El campesino centroeuropeo tenía instalada la desconfianza en su mentalidad, porque todo extraño que aparecía en su aldea era una amenaza”.

“Reacción del hombre de Occidente:
-¿Las cosas van mal?¡Hay que actuar, hay que hacer algo para mejorarlas!
Reacción del hombre del Este:
-¿Las cosas van mal? Cierto, ¡pero podrían ir mucho peor”.
"Lapidarium II".



“El siguiente prisionero tiene doce años (…) Él sí sabe que es una vergüenza luchar en las filas del FNLA, pero a él le dijeron que si iba al frente, luego lo mandarían a la escuela. Y él quiere terminar la escuela porque quiere pintar. Si le dan papel y lápiz, dibujará algo enseguida. Puede hacer un retrato. Si tuviera colores, pintaría un cuadro (…) Pone en ello toda su vida, y le gustaría estudiar, y le dijeron que estudiaría si primero iba al frente. Él sabe que la cosa es así, que para poder pintar, primero tiene que matar, pero él no ha matado a nadie”.

“Enzarzado en una discusión así [sobre fútbol], uno se olvida de todo. Y está bien que sea posible olvidarse de todo. Que sea posible de esta batalla que ha hecho que ahora seamos menos, tanto en éste como el otro lado de la balaustrada de hormigón. Olvidarse de las redadas que montan los soldados de Mobutu. Y de que tenemos que madurar para la guerra, para que haya cada vez menos tiroteos a ciegas y cada vez más muerte”.

"Un día más con vida"

lunes, 12 de mayo de 2014

El libro de mayo: "El jugador", de Fiodor Dostoievski


Cuando escuchamos el nombre de Fiodor Dostoievski, las primeras palabras que nos vienen a la mente son "Crimen y Castigo". Y hay lógica para esa afirmación. Sin embargo, hay otro par de obras que creo necesarias destacarse. Quizás el título "El doble" no nos llame la atención, pero tal vez lo haga algo más si escuchamos que sirvió de base para la película "Cisne negro", de Daren Aronosfky. Y si indagamos  un poco en la intrincada biografía de Dostoievski (su propia historia daría para una novela, muy rusa, por supuesto), nos llegue a los oídos el hecho de que, acosado por los acreedores, el autor se vio forzado a escribir a escribir dos obras a la vez: "Crimen y Castigo" por la mañana, y "El jugador" por la tarde (por otro lado, la ventaja de todo esto es que se las dictaba a su secretaria, una simpática muchacha que acabó convirtiéndose en su esposa). Y "El jugador" era por muchas razones la historia adecuada para Dostoievski, una de aquellas que ciertos escritores se ven aparentemente predestinados a escribir, en gran medida porque Dostoievski era un adicto al juego y había conocido esa vertiginosa sensación que llega a gobernarte por entero delante de una mesa de ruleta. "El jugador" es una novela cortita y que, cuando uno la lee, da la sensación de aparentemente incompleta. Quizás porque, como en tantas otras obras dedicadas a los vicios y drogas (desde las legendarias "Días sin huella" o "Días de vino y rosas" hasta la más reciente "El vuelo"), el protagonista empieza siendo un personaje común y corriente -con sus sueños, aspiraciones y esperanzas-, y acaba convirtiéndose tan en sólo el objeto de una adicción que llega absorberlo todo, y le impide definirse como nada más. O tal vez, como dice la canción de Billy Joel acerca del "Piano Man" , todos podríamos ser una estrella de Hollywood, si alguna vez consiguiéramos salir de nuestro bar. Pero como no salimos, nos dedicamos a observar el mundo desde nuestra lúcida y sin embargo siempre opaca jarra de cerveza. Dostoievski la toma, apura hasta el último vaso y nos ofrece un trago. Y a pesar de los riesgos que plantea, y de que conozcamos lo irreversible que puede volverse el camino, quizás no nos podamos negar.

lunes, 5 de mayo de 2014

La historia real de mayo: Lorem ipsum

Muchos habéis oído hablar de Siri. Esta curiosa aplicación para móviles, que te responde con voz humana como si fuera a un ser vivo y no a una máquina a la que le estás dirigiendo la pregunta, ha sido origen de numerosos chascarrillos en la red e incluso ha inspirado una película ("Her", de Spike Jonze, premiada con el Oscar a Mejor Guión Original) sobre la posibilidad de enamorarse de tan seductor y atrayente programa informático (al que se le puede poner una voz masculina o femenina, en forma de dominatrix o bien de Scarlett Johansson). Sin embargo, una conocida mía tiene otra versión de las cosas.


Joaquin Phoenix en "Her": Siri me quiere, no me quiere, me quiere..."


Esta conocida, de vez en cuando, se dedica a hablarle a Siri. Pero no a hablarle para preguntarle algo con fines concretos y prácticos, como se supone que es su función, sino como si se tratara de un amigo al que le preguntas qué tan guapo estás para tu próxima cita. Ya sabemos cómo somos los seres humanos: queremos que las cosas que tenemos alrededor reaccionen como humanos, ya sean animales, peluches o también las máquinas. Y, aparte de por diversión y juego, también (por qué no) porque podemos tener derecho a que una máquina nos mime. Por eso a veces esta conocida le habla a Siri, y ésta tiende a responderle en tono más bien "vacileta". Un ejemplo típico de esta clase de conversaciones es la siguiente:

-"Siri, dime que me quieres".
-"Tú no sabes lo que quieres".
-"¡Pero Siri... dime que me amas!"
-"El amor está fuera de tu alcance".

En una de estas habituales "idas de ollas-momento Siri", mi amiga le exigió a Siri lo siguiente:

-"¡Dime algo bonito!".

¿Y sabéis qué le respondió?

Aquellos que tengáis Siri, probadlo.

No es broma, probadlo.

No os estoy viendo pulsar las teclas.

Los que no tengáis Siri, podéis pedírselo a un amigo.

Que sí, que lo intentes.

Venga, que merece la pena.

¿Ya lo tenéis a mano?¿Ya se lo habéis preguntado?

Bueno, vamos a darle unos segundos más a los rezagados...

¿Ya?¿Todos listos?

Bueno, no sé qué os habrá respondido, pero lo que le contestaron a mi amiga ante la expresión: "¡Dime algo bonito!", fue exactamente lo siguiente:


LORE IPSUN DOLOR SIT AMET, CONSECTETUR ADIPISCING ELIT, SED DO EIUSMOD TEMPOR INCIDIDUNT UT LABORE ET DOLORE

Mi amiga se quedó flipando. Que Siri la vacilase era una cosa: que lo hiciera en idiomas arcanos como si se tratara de una maldición bíblica, ya era harina de otro costal. Inmediatamente, fue a traducir el "palabro" que Siri le había soltado al castellano, y para eso tiró de Google Translator. Mi amiga, con eso de que ha estudiado la ESO y tal, sabía que aquello tenía que ser latín. Pero lo que Google le respondió no la sacó del atolladero:
"Se requiere esta página para publicar un dolor, sino porque de vez en cuando se producen circunstancias en las que la fatiga y el dolor puede procurarle algún gran placer".
Aquel galimatías no tenía mucho sentido. Así que se puso a buscar en manuales de uso y foros de usuario, hasta descubrir que no era la primera a la que le había pasado. Parecía que Siri tendía a responder aquello siempre le hicieran una pregunta un poco rara o algo que no tuviera mucho sentido. Un ejemplo aquí en este pantallazo que un usuario tuvo a bien colgar en la web:


Como véis, la frase contiene pequeñas diferencias a nivel de algunas letras concretas, pero en líneas generales, el contenido es bastante similar.
El misterio se hacía múltiple. Ahora bien, quería decir también que otras personas lo habían investigado. Fue en esos foros donde mi amiga encontró la solución.

Al parecer, esta frase es un viejo comodín que se viene empleando desde el siglo XVI para probar cualquier tipo de máquina que transcriba textos. Es como una especie de borrador que te permite comprobar que tu imprenta, tu procesador, tu editor de textos o tu máquina virtual (sea lo que sea) funciona bien del todo. Por lo visto, el primer impresor que lo utilizó lo extrajo de la obra "de Finibus Bonorum et Malorum" ("Sobre los límites del bien y del mal") del escritor y político romano Cicerón, pero desordenó las palabras de tal forma que, en sí mismo, no quiere decir nada. Hay múltiples variaciones de este texto desordenado, añadiendo o eliminando más o menos letras, pero la traducción de la versión original -y con sentido por tanto- podría ser la siguiente:

“No hay nadie que ame el dolor por si mismo, que lo busque y lo persiga sólo en cuanto que dolor”.

Una sabia frase (aunque el marqués de Sade hubiera seguramente disentido), pero parece que ni al desconocido iniciador esta tradición en el siglo XVI les interesa demasiado su significado, sino sólo su uso como prueba de imprenta. Así que cada vez que Siri se vuelve un poco loco (o no tiene nada bonito que decirte), probablemente se le va la olla y decide tirar de lo más profundo de su programación: una frase comodín que, lejos de constar de alta tecnología, goza ya de cinco siglos de antigüedad.

No sabemos qué pensara Siri al respecto, si es que Siri piensa, ni si el impresor del siglo XVI se hubiera imaginado alguna vez tal uso. Lo que está claro es que a esta conocida mía la frase no le pareció algo bonito (y una vez se enteró de su significado, mucho peor), y dijo que se iba a ir a la cama, seguramente a tener pesadillas sobre que se le aparecía el demonio. Bien se sabe que el viejo pillastre de Satanás habla de manera fluida el latín. Pero quizás tanto a Lucifer como a Siri les viene el mismo problema de serie: tratan de expresar como pueden su amor, y sin embargo nadie les comprende. En fin, queridos amigos, tendréis que esperar a otra máquina u otro ente que os pueda llegar a amar.