lunes, 18 de junio de 2012

La historia corta de junio. El mundo en un aula.


              Fue un experimento sorprendente.

          En una escuela de verano para niños, la monitora quiso enseñarles a los chavales cómo son las relaciones entre los países del mundo. Así que repartió la Tierra entre ellos.

            Cada niño representaba a un país concreto. A cada uno le eran asignados unos materiales, según el país que le había sido asignado. Los países ricos tenían compases, reglas, escuadras, cartabones... pero pocas materias primas; a la niña de Estados Unidos, por ejemplo, le correspondieron escasamente dos folios. Y los países pobres no tenían ninguno de esos instrumentos, pero sí muchas materias primas, por ejemplo, diez folios cada uno. El objetivo del juego era hacer, con los materiales de los que disponían (o con los que pudieran conseguir por intercambio) figuras de papel con distintas estructuras geométricas, que serían las equivalentes a billetes. Y comenzó el juego.

             Los resultados fueron inesperados

         La niña de Estados Unidos, que era la típica niña egoísta que lo quería todo para ella, trató de venderles a los países pobres un compás roto. Entonces, los países pobres decidieron hacerle un boicot, y se asociaron entre sí, consiguiendo realizar entre todos muchísimas figuritas, mientras que la niña de Estados Unidos se quedó sola, encerrada en su esquina, sin poder construir ninguna figura en absoluto.

             A veces uno se pregunta qué pasaría si les diéramos a los niños el control del mundo...

lunes, 11 de junio de 2012

El relato de junio. "La marca"

Este relato fue finalista del III Certamen Universitario de Relato Corto Jóvenes Talentos Booket-Ámbito Cultural, y. publicado junto con los otros finalistas en una edición no venal titulada “Tiempo de relatos”, en el año 2006.



La marca

En ocasiones me asaltan retazos de recuerdos a la mente... No los percibo bien, me cuesta encajarlos en la cabeza, no sé de dónde vienen ni qué hacer con ellos... Tampoco entiendo muy bien a qué se refieren...

           Los ungulados, consisten por definición en cualquier mamífero cuyas extremidades terminen en pezuñas. Constituyen en un amplio grupo, que contiene animales muy diferentes en apariencia, los cuales tienen como característica común los dedos agrupados en la estructura anteriormente mencionada. Se dividen en cuatro órdenes...


           Son recuerdos en algún momento tuve, y que de momento parecen olvidados. Sin embargo, antes de empezar a entrar en profundidad en el tema sobre el que tú y yo que tenemos que hablar, he de comentarte un par de cosas.

           En primer lugar, soy un asesino. He matado a dos personas.

           Y no ha sido por accidente, ni por descuido, ni se puede achacar a factores externos a mí. Yo he sido quien he acabado con esas dos vidas. Eso habrás de tenerlo en cuenta.

           También habrás de ser consciente, de que toda tu forma de ver la vida (y de definirte a ti mismo), pueden cambiar a partir de este instante.

           Y ante todo, y sobre todo, recuerda en todo momento una cosa:
Según uno de los principios fundacionales de la mecánica cuántica, dos partículas que entran en contacto, nunca llegarán del todo a separarse.

Cuando los recuerdos se agrupan más en mi cabeza, soy capaz de contemplarme, como si me encontrara fuera de mí mismo. Me veo. Me veo a mí mismo en una habitación, acompañado de dos personas. Son un hombre, y una mujer jóvenes. Por su apariencia física, deduzco que son hermanos. Sin embargo, no se asemejan demasiado: lo que me hace sospechar el parentesco, es la mirada de los dos, esa mirada sombría, es para ambos la misma, penetrante y oscura sobre una pálida faz, el pelo rubio el de él, negro como la noche el de ella. Ambos me contemplan con una especie de suspicacia y ansiedad, que se combina, al mismo tiempo, con el alivio de tenerme aquí. No deduzco de qué nacionalidad son, ni tampoco para qué quieren verme, por qué me han traído hasta aquí. Pero no me gusta. Y suelo reaccionar muy mal ante las cosas que no me gustan...

          Recuerdo que desde el lugar donde me encontraba se veía un sequoya. Uno de esos árboles, gigantescos, ostentosos, los cuales parece que, de un momento a otro, van a empezar a mover sus ramas, y derribarte de un golpe, o incluso echarse de pronto a andar... Me hubiera gustado mucho contemplarlo en todo su esplendor, abrir la ventana, admirarlo en cada uno de sus formas, pero las rodillas flexionadas, fijas e inmóviles, me impedían levantarme y hacer realidad mis sueños... Así que me quedé así, sin más, contemplando el sequoya, así hasta que alguien o algo, quizás en forma de batallón de uniforme gris, viniera a buscarme...

            Entre los dos hermanos había una relación muy especial... Los dos tenían muy claro el propósito de sus acciones, sabían que lo que más les convenía era estar juntos, y actuar en consecuencia... Pero al mismo tiempo, los celos les abrumaban, sospechaban el uno del otro, temían que en cualquier momento Caín o Abel recordaran cómo se selló el primer acto entre hermanos... Yo sabía que esto era así, y sabía que podía emplearlo en mi beneficio propio. Pero para ello, debía elaborar un plan... Dediqué las noches y los días a meditar sobre ello...

          En el lugar de mi encierro, había libros. Muchísimos libros. Acumulados en las estanterías, algunos agrupando polvo, de un lado para otro, el conocimiento universal hecho páginas y tinta. Para mí, la presencia de esos libros, hacían de mi encierro una estancia mucho más valiosa que cualquiera de las libertades que tanto afanan al resto de los hombres. A través de estos libros, a través de sus páginas, sabía que estaba perpetuando algo mucho más importante que mí mismo, sabía que lo que mis manos hacían acabaría pasando a la historia, que sería recordado por llevar a la luz el genio de prohombres mucho más grandes que yo... Y eso hacía que esos años, a pesar de todo, pasaran livianos, ligeros, casi, casi como si fueran, como si fueran tan sólo unos días...

            La chica me miraba. Me miraba cada vez más a menudo. Me contemplaba, con ojos inquietos, se acercaba de vez en cuando hacia mí... Y mientras lo hacía, mientras me escrutaba con ojos de deseo, yo le hablaba. Le decía cosas. Le susurraba de vez en cuando sutiles mensajes. Le decía, de forma críptica, y, al mismo tiempo, clara y diáfana:
            -Alfonso VI, fue rey de León y de Castilla. Hijo de Fernando I, recibió de su padre el trono de León, y las parias del reino moro de Toledo, mientras su hermano Sancho recibía el reino de Castilla y las parias de Zaragoza. Tratando de hacerse con el poder absoluto, ambos hermanos se enfrentaron; Alfonso fue derrotado en Llantada y Golpejera. La muerte de Sancho en el cerco de Zamora reinstauró a Alfonso en el trono de León. Para ser reconocido como rey de Castilla tuvo que jurar no haber intervenido en la muerte de su hermano. Esto último le fue exigido por los caballeros castellanos presididos por el Cid...
            Y me miraba con ojos fieros, a través de su cara pálida y sus ojos grises...

            Entre esos libros, había interesantes tratados, fascinantes páginas... Había un curioso pasaje, etéreo, casi filosófico, acerca de la química del carbono. El carbono, forma parte de tantas cosas, desde el diamante más brillante, hasta el grafito puro y gris, que sin embargo, no es más que un diamante desordenado. De lo que interesa que en la ciencia, como en la vida, no sólo lo que las cosas son en sí mismas, sino como se presentan, determinan cuál será su existencia, su sentido, y sobre todo, la posible aplicación que a ella pretendamos darle los hombres...

            Al mismo tiempo, su hermano daba vueltas, observándome, asimilándome, tanteando cada uno de mis rincones... Yo también tenía palabras para él, palabras que debían ser útiles para mi propósito, palabras que tendían a avivar las llamas de las frías sospechas que albergaba su corazón, y que le hacían soñar con zonas del planeta más cálidas, alejadas de este frío gélido del invierno que rodeaba la casa, lejos también de su hermana. Y yo alimentaba este deseo, y esta ilusión, con estas palabras:
         Brasil... Paradisíacas playas de fina arena... Una economía, que se nutre en buena parte del turismo... La población se compone tanto de blancos, como de mestizos, incluyendo mulatos [mulatas], caboclos y cafuzos...
            El chico me miró con suspicacia.
            Pero no sabía muy bien qué replicar.

         Yo, mientras tanto, me encontraba encadenado. Atenazado por el cuello por un inmenso cerrojo de hierro -del cual, por más que me resistía, era incapaz de zafarme-, con la superficie de mi cuerpo expuesta directamente al frío que penetraba a través de una ventana. Aullando de dolor y de rabia -sobre todo de odio, de desprecio por aquel que me había encerrado y que no se merecía la suerte que había tenido-, no podía hacer otra cosa, en mi desesperación, más que tratar de romper con mis dientes las cadenas que me separaban de la libertad... Pero por supuesto, los colmillos nada pueden hacer contra el metal, y tan sólo acabé con aún más dolor, y más frustración en mi cuerpo... 

            Los dos hermanos comeienzan a recelar, cada vez más, el uno del otro. Se acechan de manera extraña, dan vueltas en círculo alrededor de la habitación, perdiendo el sentido de hacia dónde se dirigían, de cuál era su propósito inicial al llegar hasta aquí... Y ambos me contemplan, encima de la mesa, allí, con las páginas abiertas de par en par, esta vez con una frase distinta... La primera definición que aparece en mis hojas, es la de la palabra hacha...

            Siento cómo la información trasciende a través de mí... Cómo el movimiento continuo, el flujo, de palabras y de datos recorre cada componente de mi superficie... Lo percibo, lo capto todo, así, muy dentro, pequeños destellos eléctricos parecen saltar de un extremo a otro, y mientras tanto, yo me conmuevo, como en un pequeño orgasmo... Pero de repente, algo falla. En un instante, todo se viene abajo. En ese momento, yo me colapso, soy incapaz de aguantar, y al hacerlo, todo lo que yo llevo detrás se cae conmigo. Mi caída, mi desgracia, le ha costado la vida a miles de personas, la pérdida de sus casas a muchos más, la miseria más absoluta, a muchos millones... Y el problema, el mayor de los problemas, es que la ruptura no se ha producido por casualidad...

             Ahora, corre, corre la sangre, recorre lo largo de toda la casa... Los cuerpos de los dos hermanos, yacen a mi lado, el fluido vital de los ambos recubre mis páginas... Aquí estamos, los tres, como siempre quisimos estar... Ellos me querían a mí, querían mi conocimiento, ansiaban mis tapas doradas, deseaban, por encima de todo, el valor que podía alcanzar en el mercado, un valor que rozaría el escándalo, debido a mi antigüedad, y a la mano por la cual fui escrito...   Pero ahora, ambos yacen,  a ambos lados de la mesa donde me encuentro enclavado, apoyado en el atril, con las páginas aún medio rotas, y la violencia sostenida sobre mí todavía presente en mis lomos, y la fecha de 2005, aún grabada en mi primera página, sirviendo como constancia de una existencia de ya más de trescientos años... Pero una vez más, sigo estando vivo, vivo e independiente, como estuve siempre, en todas las demás ocasiones en que me enfrenté a la muerte.

            Pero claro, para mí, ¿qué es estar vivo? La vida sólo es una cuestión de opiniones. ¿Está viva una célula?¿Está vivo un virus?¿Está vivo, un átomo de carbono? Al fin y al cabo, un átomo de carbono es capaz de formar estructuras complejas, de acumularse alrededor de un núcleo inicial para formar un diamante, puede, incluso, dar lugar a moléculas que sean capaces de replicarse a sí mismas, y de esa manera, originar el principio fundamental que es la vida, y que no es sino la capacidad de seguir adelante. Pero hay un hecho esencial en los átomos de carbonos, y es que, salvo condiciones extremas, y circunstancias excepcionales, sus componentes, los protones y neutrones que conforman su núcleo (no esos electrones, qué promiscuos, siempre yendo a la caza de todos), son los mismos, y por tanto, permanecen incólumes, sea cual sea aquello de lo que formen parte, ya sea una de las primeras partículas del Big Bang, la lava fundida de un volcán de la Tierra primigenia, o la aleta de un pez tropical que existirá dentro de miles de millones de años... Y a su vez, un grupo de átomos de carbono, que formen parte de una misma estructura, y que luego se separen, pueden acabar en tantos sitios, en tantos lugares distintos, repartidos cada uno en un lado del globo, formando parte de materia viva o de seres inertes, persistiendo así, durante miles de millones de años, durante un tiempo que nadie conoce porque todavía se está testando, tal vez, incluso, un lapso infinito... Por eso, hoy puedo sonreír, sabiendo que ni el fuego ni la lluvia me destruirían, y afirmar que sigo vivo...
           
     Sigo vivo, tan vivo como estuve cuando fui una talla de un crucificado de una iglesia puritana, en mitad de la guerra de Secesión...
     Sigo vivo, tan vivo como estuve cuando fui una Sequoya, plantada delante de una iglesia, que pasaba sus días contemplando a un Cristo que no le quitaba los ojos de encima...
    Sigo vivo, tan vivo como estuve cuando fui un sacerdote medieval que transcribía los textos de los paganos, de los griegos y romanos, de los enemigos de Dios...
    Sigo vivo, tan vivo como estuve cuando fui esos mismos libros, esa tinta y ese papel, que asimismo estudiaban, cual bachilleres, a ese humilde sacerdote...
     Sigo vivo, tan vivo como estuve cuando fui un afamado científico, el cual, ocupado en sus quehaceres, hizo todo lo que pudo por causarle el mayor mal posible a sus semejantes, a lo que era su propio pueblo, al que él denominaba despectivamente, “judíos”...
      Sigo vivo, tan vivo como estuve cuando fui cuando fui un perro rabioso, atado a una cadena, a punto de ser sacrificado, aguardando la hora de su muerte...
     Sigo vivo, tan vivo como estuve, cuando fui el mismo virus de la rabia que atacó a ese perro, y que al morder al campesino, acabó convirtiéndose en muchos miles de virus más...
      Sigo vivo, tan vivo como estuve cuando fui fibra de carbono, fibra óptica que arrastré miles de toneladas de información que hubieran ocupado la biblioteca del sabio medieval que un día existió, y que se evaporaron en un instante, como si nunca hubieran existido, causando con ello la ruina de millones de seres humanos, que padecieron la peor de las desdichas gracias a mí...

            Y sigo vivo, tan vivo como estuve cuando fui todas las cosas que he sido, todas las cosas que seré, todas las que seguiré siendo, cuando más tarde o más temprano me pudra, y mis páginas se conviertan en humus que haga fértil a la tierra, y provoque que nazcan nuevas plantas, seres vivos, para que surja todo lo que tiene que ser, aquí, en esta hora, en este día, y mucho tiempo después... Sigo existiendo, como existí desde el principio de los tiempos, cuando fui la primera masa de materia que provocó una asimetría en la explosión uniforme del Big Bang, generando el desequilibrio y la ruptura, provocando con ello, en anticipación, la destrucción de millones de estrellas, y como fui cuando constituí parte del brazo de Caín, el día que decidió alzar una piedra contra su hermano...

          Así pues, como ves, te he mentido. Aunque no del todo. La mejor manera de disfrazar una gran mentira, es entregar una pequeña verdad a cambio. No he matado a dos personas: he destruido a miles, a millones, a cientos de millones de ellas... Y no sólo eso: yo soy el principio de todo, de todas las muertes, de la guerra, de todas las desgracias que oigas hablar, de todas las catástrofes terribles que han acontecido en el mundo, del siempre fatídico azar... Yo soy el padre del caos... Me disculpo, es verdad, te he engañado...

            Y ahora, como ves, soy unos cuantos papeles, y una tinta, que ahora sostienes en tu mano. Pero soy mucho más que esas cosas. Como te he mencionado antes, mis componentes forman parte de millones y millones de moléculas, a lo largo de todo el mundo, constituyendo parte de múltiples objetos y organismos... Podría ser cualquiera, cualquier parte, podría formar parte de tu coche, podría ser un libro de poesía, podría hallarme en la nariz de tu madre, o en la lengua de tu novio, cuando le besas cada tarde... Incluso podría formar parte de ti... Pero quizás no... Quizás seas puro, e inmaculado, puede que ninguna de mis moléculas te haya invadido... Tanto más interesante entonces...

            Seguro que ahora me estás contemplando con una mezcla de temor y repugnancia. Seguro que ahora estás deseando arrojarme al fuego, pero no, ahora te lo piensas, es verdad, que yo mismo te he mencionado que soy inmune al fuego y al derrumbe de los edificios... ¿Entonces, qué haces?, te preguntas... Y lo único que se te ocurre, seguramente, es dejar de leerme, alejarte, escaparte de mí lo antes que sea posible. Pero recuerda que al principio, cuando empezaste a leer, te dije que debías recordar siempre una cosa. Te dije, recuerda:
Según uno de los principios fundacionales de la mecánica cuántica, dos partículas que entran en contacto, nunca llegarán del todo a separarse.
            Fue una teoría curiosa, desde luego. La propuso Albert Einstein, sin quererlo, como forma de desprestigiar a la mecánica cuántica, a la que él despreciaba, a pesar de que sus creadores le consideraban una especie de padre inspirador de la misma. La idea de Albercito, a quien tuve ocasión de tratar una vez –o seis o siete, bajo apariencias distintas-, era que si la teoría de la mecánica cuántica era cierta, entonces, si dos partículas entran en contacto, en realidad, a pesar de que se alejen al otro extremo del universo, siempre estarán, de alguna manera, influyéndose, modificando el comportamiento de la otra, como dos amantes que nunca han dejado de importarse mutuamente. Einstein, alzando los brazos, proclamó que esta posibilidad era una claramente un absurdo, lo cual determinaría que la teoría de la mecánica cuántica se derribara un castillo de naipes. Pero luego resultó, que al final tenía razón. Y esto significa que dos partículas que se toquen, nunca llegarán del todo a dejar de estar relacionadas.

Y por tanto, eso quiere decir, que si has tocado esas páginas, que si has pasado la mano por esta tinta, que siquiera has rozado el papel, entonces, ya te he influido. Para bien o para mal, mi propia existencia forma parte de ti. Puedes arrojarme a la papelera, o abandonarme en un contenedor de basura, pero yo no me fiaría... A lo mejor, lo que me pase a mí, influye en que te echen del trabajo, o que te dé un ataque al corazón aquí mismo. Puede ser, incluso, que mi sola presencia te haga perder la consciencia, y que te despiertes una mañana empuñando un cuchillo empapado de una sangre que tú no conoces... Así que ahora, ten cuidado. Reflexiona. ¿Me vas a dejar encima de la mesa?¿Has apoyado en algún momento mis páginas en el suelo, el cual bien podría partirse en el siguiente segundo en mil pedazos?... No se te habrá ocurrido dejarle este cuento a tu hermana...

Y mucho menos, por lo que más quieras, habrás tenido el valor de mandarlo a un concurso...

Es curioso, además, esto de la mutua relación y la influencia. ¿Cuánto llegará a durar?¿Por qué espacio de tiempo permaneceremos unidos? En teoría, un período infinito. Eso quiere decir más allá que el momento en que te mueras, y tus cenizas den lugar a un campo de trigo, al dióxido de carbono de la atmósfera, o al vaso de cristal en el que bebe el líder de Rusia. Eso quiere decir, que tal vez yo le influya a la simiente que va a darle vida a tu hijo. Eso quiere decir, incluso, que el día en que el universo deje de expandirse, y comience, por primera vez, poco a poco, a encogerse, el momento en el que todo aquello de lo que somos conscientes (y de lo que no), todas las partículas del universo, todo lo que hemos conocido y lo que seremos, lo que habremos de ser y lo que será, los Beatles, los Rolling, Pinochet, el perro de tu vecino, la lluvia radiactiva, el amor, la filosofía, la otra cara de la luna, todo eso que el hombre ha soñado alguna vez poseer, tocar o inventar, estará allí, concentrado en un único punto, preparándose, poco a poco, en tan sólo unas milésimas de segundos, para una nueva expansión, que volverá a originar un nuevo universo, pues en ese instante, en ese momento, nuestras partículas, las tuyas y las mías, las de todo lo que yo he sido y las de todo lo que serás tú, volverán a estar allí... Quizás, atrapada tu cabeza entre una mesa de billar y una parte del continente africano, lo que en su día fue tus manos me estarán, tan siquiera, rozando levemente con los dedos...

            Pero a pesar de todo, no te preocupes. Sé feliz, y disfruta. Sigue caminando, contemplándome a cada paso, a cada instante, aunque no sepas quién soy, ni de qué formo parte. Dale la mano a tu jefe, que quizás me lleve en sus venas cuando le pega a su mujer, o lee alguna de las novelas de Stendhal... Formo parte de muchas de ellas.

            Constituyo parte de este mundo, tu mundo. He llegado aquí mucho antes que tú ni siquiera nacieras, y seguiré existiendo mucho tiempo más. Trátame bien. Soy muy susceptible... Al más mínimo gesto de desprecio, me puedo enfadar...

            Mira a ver dónde colocas este cuento...

        A partir de ahora, tú bien puedes presumir, de saber en qué consiste, de albergar en tu misma biblioteca, la llamada marca de Caín...

martes, 5 de junio de 2012

La historia real de junio. El discurso del jefe Seattle.

Antes que nada, quiero explicar un poco mi intrahistoria dentro de la historia. Mi conocimiento de este suceso llegó de la mano de Fernando Fernández-Gil, líder del grupo Los Argonautas, el cual se dedica a llevar a cabo actos culturales de naturaleza solidaria con los más necesitados (desde aquí aprovecho para homenajear la abnegada labor que hacen). Entre los primeros proyectos del grupo se encontraba una revista benéfica, que entre otras cosas quería publicar la "Carta del Jefe Seattle al presidente de los Estados Unidos". A mí me gustó esa carta y yo sugerí añadirle una introducción con una pequeña aclaración histórica, que tuve el honor de redactar. Más o menos lo que venía a decir este prefacio era que, en 1854, el presidente de los EEUU Franklin Pierce le envió una oferta al jefe indio Seattle para comprarle las tierras a su tribu, la Duwamish, y éste le respondió con un discurso. La traducción más extendida de este discurso en castellano (y a continuación de la cual desarrollaremos algunos comentarios), y que podéis encontrar en numerosas páginas web y enlaces, es la que transcribo a continuación:

El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Wáshington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.
¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.
Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?
Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.
Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.
Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Wáshington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.
Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.
La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.
Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un  salvaje y no comprendo.
No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.
¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.
El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.
Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.
Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.
¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.
Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.
Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.
Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.
Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.
Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca.
La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.
Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja.
Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.
¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.
¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.
La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.

Muchas cosas se cuentan sobre el jefe Seattle. Entre otras cosas, que era un líder respetado no sólo por su tribu, sino por otros grupos indios de alrededor. Su altura era excepcional para la época (dicen que durante el discurso mantuvo todo el rato la mano por encima de la cabeza del gobernador territorial, y que en comparación con la mano la cabeza parecía diminuta); todos parecen coincidir en que se trataba de un excelente orador y decían que su voz podía escucharse a largas distancias. Todo esto contribuía a que su opinión fuera altamente tenida en cuenta en aquella época, y ese prestigio fue sin duda relevante cuando las tierras anteriormente pertenecientes a los Duwamish fueron incoporadas al estado de Washington; tanto, que la capital del nuevo estado norteamericano adquirió el nombre de Seattle (el apelativo con el que los norteamericanos tradujeron el nombre original de este jefe indio) en honor a él. Creo que ha quedado basante claro que, al final, el jefe Seattle dijo que sí a los blancos. Muchos le reprochan esta opción, aunque otros en cambio aducen que fue un líder que tuvo que tomar decisiones difíciles en momentos complicados y que adoptó la determinación que creyó que era mejor para su tribu.
Hasta aquí la historia "oficial". Pero cuando uno empieza a entrar en detalles, surgen las dudas. El jefe Seattle dio el discurso delante de una multitud en una reunión convocada para tratar el tema de la venta de tierras. Y cuando habló (durante lo que aproximadamente fue una media hora, según las fuentes), parece que casi nadie entendió nada, porque el jefe Seattle habló en el idioma de su tribu. Después, este discurso (o lo que se recordaba de él) fue traducido al chinook, una lingua franca mezcla de varios lenguajes indios, inglés y francés, y finalmente trasladado al inglés para explicárselo al gobernador territorial. Treinta años más tarde, alguien que decía haber estado en el evento y que tomó notas de la versión en inglés -aunque, desgraciadamente, no hay  otra fuente que confirme la exactitud y fidelidad de lo que se había apuntado- reprodujo un fragmento del discurso que se publicó en el Seattle Sunday Star. Y ese trozo es lo que se conserva, y que podéis leer aquí en inglés.
Como podéis ver, esta versión difiere en gran medida de la primera que os he mostrado. Muchos dirán, además, que esta supuesta carta del jefe Seattle (y me refiero a la que he copiado en este post) contiene conceptos e ideas que difícilmente podrían hallarse en el siglo XIX. Incluso alguno, si rebusca un poco, podría encontrar inconsistencias históricas. La razón es la siguiente, y es que esta carta en realidad fue escrita por otra persona. En los años 70, el director Ted Perry dirigió una película de corte ecologista denominada Home, utilizando como base una adaptación "modernizada" del discurso del jefe Seattle elaborada por un académico llamado Arrowsmith. La película se pretendía mostrar como una obra de ficción que reflejaba las preocupaciones medioambientales de la década en que fue filmada, y los responsables de la misma se han desligado repetidamente del uso que se ha hecho del fragmento de la película  referente a las palabras del jefe Seattle. En este blog podéis leer la historia completa de la evolución del discurso, y cómo el autor del mismo se queja del fraude montado alrededor de él y de cómo numerosos grupos ecologistas y New Age han tergiversado la realidad para dar mayor promoción a sus teorías.
No obstante, siempre he defendido que lo importante de una afirmación no es quién la diga, sino lo que significa. Parece claro que no fue un indio del siglo XIX quien pronunció aquellas palabras, sino que fueron hombres del siglo XX, pero no por ello (y en determinados aspectos del mensaje) siguen dejando de tener validez. Evidentemente, no debemos tomárnoslo como una cita histórica, sino como un alegato de determinadas ideas e incluso como literatura de ficción, pero eso tiene valor también (aunque, por supuesto, siempre usado de la manera apropiada y no para justificar falsedades). Además, en la versión con más rigor -con los peros antes mencionados- del discurso del jefe Seattle, se mencionan ideas como la importancia que los indios dan a la tierra a la que habitan y a su carácter sagrado: un concepto que también es importante en otras culturas (ya lo mencionábamos en "Cartago. El imperio de los dioses" con respecto a los cartagineses), y que si bien tampoco es netamente ecologista puede muy bien considerarse un precursor -o como mínimo, cabría introducir el debate en el terreno del viejo dilema entre civilización que va la mano (o no) con la naturaleza-. Por otra parte, me fascinan cómo las historias reales pueden llegar a convertirse en leyendas: cómo sucesos históricos se transforman en elaboradas ficciones mitológicas y sobreviven en la mente de las gentes, aunque sea de una manera distinta a cómo se originaron. Normalmente pensamos en estos relatos como pertenecientes a vikingos, griegos y romanos, pero, como demuestra este caso, las elaboraciones pueden tener unos pocos años también. En este caso, la elaboración alrededor de la historia es casi tan interesante como el discurso.
Por último, hay un aspecto que me llama la atención más todavía de este suceso, y quizás el principal motivo por el que lo he incluido en este blog. Se trata de una figura olvidada, la de la Princesa Angeline, la hija del jefe Seattle. Angeline se negó a irse de sus tierras a pesar de que el tratado firmado indicaba que su tribu debía marcharse, y se quedó allí, en las calles de la ciudad con el nombre de su padre, vistiendo las ropas usadas que la gente tenía a bien darle y vendiendo cestas artesanales, convirtiéndose en una figura popular que fue aclamada a su muerte en un sobrecogedor funeral. En la Wikipedia en inglés podéis encontrar una imponente foto de la Princesa Angeline, de quien se dice (y copio ahora de la versión de la Wikipedia en español) "era una figura familiar de las calles, encorvada y arrugada, con un pañuelo rojo sobre su cabeza, un chal puesto, andando lenta y dolorosamente con la ayuda de una caña". También, en esta enciclopedia on-line, podéis encontrar más información acerca del jefe Seattle, tanto en inglés como en castellano.

jueves, 31 de mayo de 2012

La película de junio. "Gigante"

Esta entrada fue originalmente publicada en Globedia, narrando mis propias sensaciones nada mas salir del cine. Por tanto, no os lo tomeis como que podeis ir esta misma tarde a verla, pero sin duda podreis encontrarla rebuscando un poco por ahi.
Una pequeña película protagonizada por un hombre grande
Esta película he tenido la ocasión de verla prácticamente por casualidad. Este viernes por la noche, hemos salido al cine, y las calles estaban repletas de gente. Tanta, que he me he perdido en la madrileña plaza del Callao en su parte central (que para que se hagan una idea de los que no la conozcan, tiene menos tamaño que el salón normal de una casa). ¿Por qué había salido todo el mundo a la calle?¿Aprovechaban uno de los pocos viernes con el tiempo más o menos bueno que quedan hasta que termine el año, o es que se estaban preparando para celebrar que Madrid era olímpico, y cuando la votación de Copenhague han salido rana, han decidido salir de todos modos? Total, qué narices, se dirían, que nos quiten lo bailado. Bueno, la cuestión es que no había posibilidad de ver ni "Si la cosa funciona" -que era el plan inicial-, ni "El secreto de sus ojos", ni "Malditos bastardos", ni siquiera "Los límites del control", con la que estábamos dispuestos a arriesgarnos. Así que casi por casualidad, cayó "Gigante". Y la verdad es que me llevé una agradable sorpresa.
El argumento de esta película uruguaya-argentina es muy sencillo, casi minimalista. Partamos del protagonista, el hombre de la foto, Jara. Mide metro noventa, es un armario de ancho, pesará más de cien kilos, trabaja de guardia de seguridad y le gusta el heavy metal. No, no os marchéis todavía: no le pega ningún golpe a nadie. Todo lo contrario, es un océano de tranquilidad. Ni un gesto por encima de otro, un tipo tranquilón, manso, un gigante bonachón, como The Iron Giant o algún otro que seguro retenéis en vuestra memoria. Es un tipo con una rutina muy sólida: trabaja de guardia de seguridad nocturno en un supermercado, controlando las cámaras de vigilancia. El trabajo es aburrido, con pocos entretenimientos. Los fines de semana combina un trabajo de segurata en una discoteca (una vez más, un tipo sereno, que no se altera por nada) con las visitas ocasionales de su sobrino. Pero un día, en las cámaras de seguridad, se fija en una chica, una limpiadora del supermercado, que le llama la atención. A partir de entonces, se pasará el tiempo contemplando a la chica a través de la cámara de vigilancia, e incluso siguiéndola a través de las calles de Montevideo. Así comienza esta atípica historia de amor.
Es un relato tierno, curioso, una pequeña joya. Contiene dos curiosas contradicciones: a pesar de ser una película la cual la mayor parte del tiempo puede decirse que no pasa nada, lo cierto es que ocurren cosas constantemente (lo cual indica que detrás hay un cuidadosamente preparado y muy esmerado guión, desarrollado sobre todo desde los pequeños detalles en silencio). Y segundo, no había visto en mucho tiempo un personaje (el protagonista) que sin decir nada y con una cara tan seria durante toda la película, fuera capaz de inducirnos tanta ternura y tanto humor juntos. Es un personaje que, sin duda, se hace querer, sobre todo cuando vemos contemplar desde lejos a la persona de la que está empezando a enamorarse, siempre tímido y apocado, a este gigantón fan de Metallica -interpretado espléndidamente por Horacio Camandule-, que parece que pudiera partir a cualquiera de un solo golpe, y que sin embargo se pone nervioso cada vez que su chica le pasa medianamente cerca.
Una cosa muy lograda de esta película (en palabras de su director, Adrian Biniez) es que describe perfectamente ese estado en que hemos estado todos alguna vez, en mayor o menor grado: el enamoramiento primero. La mirada en las nubes, el caminar de zombie, la cabeza ida, todo alrededor de una persona de la que no sabemos nada, pero que precisamente cuanto menos sabes, mayor es la obsesión. El ánimo se te vuelve raro, los amigos no te entienden, en definitiva, y como decía aquél, "ah, el amor..." El pobre protagonista sufre no ya los problemas de una relación, sino de, como dice Biniez, "todo lo que precede a una relación". Por cierto que no revelaré el final, pero lo que sí adelanto es que Biniez ha decidido ahorrarnos ese tipo de conclusión que se ha vuelto tan típica de las películas de amor que ya hasta da grima volverlo a ver, y que no tiene prácticamente ningún sentido (vamos, que el final es el que tiene que ser: ya lo descubriréis vosotros solos).
En definitiva, una película pequeña, pero emocionante, que destila candor y una honesta sonrisa a partes iguales, y que se concentra en pequeños aspectos de la vida cotidiana de los distintos personajes con los que se va cruzando. Una muestra más de un últimamente muy floreciente cine argentino. Para disfrutarla el día que queráis huir de grandes tumultos y de elecciones multitudinarias de ciudades olímpicas, y queráis descubrir una pequeña historia que puede estar pasando en vuestro supermercado.

lunes, 21 de mayo de 2012

El libro de mayo. "Señora de rojo sobre fondo gris", de Miguel Delibes.


Mi historia con Delibes es muy personal. Antes simplemente era alguien -como muchos de nosotros- que había leído un par de libros suyos (El camino, Las ratas), y le habían gustado. Entonces conocí a una persona que era tan fan de Delibes que había sido capaz de adivinar casi toda su biografía -cuántos hijos tenía, dónde había estado durante la Guerra Civil- sólo a partir de la lectura de sus libros. Decía que se los había leído casi todos -salvo los de caza- pero que no quería leérselos todos, porque dado que ya ha dejado de escribir, sería como asumir que ya no va a volver a disfrutar nada nuevo suyo. Sería como si te prohibieran volver comer para siempre tu postre favorito. Hace un par de años, esa persona y yo leímos conjuntamente una entrevista a Delibes, en la cual se lamentaba de su enfermedad, que le impedía realizar sus dos mayores aficiones: la escritura y la caza. Conmovidos por esta entrevista, le enviamos una carta a él por mediación de su hijo Miguel Delibes de Castro, un reputado biológo que realiza sus investigaciones en Doñana, y que además escribió junto su padre un libro (La tierra herida) que suponía un alegato en favor de la naturaleza. El hijo fue muy amable, nos respondió de manera muy cariñosa, y le entregó la carta a su padre. Claro, escribirle una carta a uno de tus escritores favoritos es complicado, ¿cómo expresas con palabras tu admiración por un tipo que te podría reescribir cualquier cosas mil veces mejor que tú? Por eso, y como Delibes (una de las pocas personas en el mundo que es capaz de escribir cosas muy simples de manera simple, y que quede fantástico), decidimos no liarnos demasiado. La carta decía: "Estimado señor Delibes: De todo corazón, muchas gracias. Un abrazo", y nuestros nombres. Miguel Delibes padre nos repondió poco tiempo después, en una carta escrita a mano que desde entonces ha sido guardado como oro en paño. Curioso escritor: modesto, honrado (se negó a aceptar que le "regalaran" un premio Planeta), ha sido postulado muchas veces para el Nobel, pero él siempre ha rechazado esta posibilidad diciendo que "ni yo me merezco el Nobel, ni el Nobel me merece a mí". Quizá por eso el libro que más me gusta de Delibes no trata ni sobre el pueblo, ni sobre el campo, ni sobre la vieja Castilla. Sino sobre él.
"Señora de rojo sobre fondo gris" parte de un hecho real: la esposa de Delibes murió. Él quedó destrozado. Durante unos cuantos años, permaneció en silencio. Y entonces escribió este libro. En él se cuenta un retazo de la vida de un pintor, casado y con hijos. El pintor es famoso, hace exposiciones por el mundo, pero entonces ocurre algo: un colega suyo ha conseguido pintar un retrato de su mujer, como él nunca fue capaz. Ese retrato no tiene un rostro definido, ni unas facciones claras, pero para todos es evidente que es ella: una mujer vestida de rojo, sobre un fondo gris. Y el pintor se da cuenta de que por muchos cuadros que haya pintado, nunca ha sido capaz de pintar a su mujer como lo ha hecho el otro.
Para mí, lo que mejor puede haceros entender el libro es contaros cómo se vive el final: en la última parte, da la sensación de que Delibes ya no está pensando que este libro es una novela. Le da igual si lo que escribe es feo o bonito, si te gusta o no, si lo está leyendo alguien o se perderá para siempre en la nada: te está abriendo su corazón, tal como es, sin reglas ni estilos, sin medios caminos, y te está contando lo que siente, importándole un pito lo que tú puedas pensar de ello. Y es de esa manera como te conquista. Una historia contundente porque está dicha desde la verdad, desde el sentimiento. Simple, como todas sus obras, sin necesidad de aspavientos, sin artificios. Como sólo un escritor tan grande como Delibes podía contar.¿Podría sonar autobiográfico? Tiene toda la pinta, sobre todo porque después de los primeros compases, de contarte problemas de sus hijos con la justicia como consecuencias de manifestaciones (resuenan acordes de la última parte de la dictadura de Franco) y del relato de la crisis creativa del pintor, comienza a relatarse la enfermedad que sufre la esposa del mismo. Y a partir de ese relato cotidiano, personal e intransferible, Delibes traza, una vez más, una gran obra maestra. Una historia sencilla pero honesta, pequeña pero impactante, esperanzadora y terrible a la vez. El personaje de la mujer nos conmueve, nos llama la atención, nos hace vibrar con su jovialidad y su original forma de ser (si el relato corresponde con la mujer de Delibes, no me extraña su tristeza: debía ser maravillosa), con su forma de entender la vida que esparce magia a su alrededor, y que hace que el pintor se sienta tremendamente desolado al darse cuenta de que puede perderla para siempre.
Esta crítica literaria fue originalmente publicada en Globedia. Miguel Delibes fallecio recientemente, recibiendo elogios unanimes por su vida y su obra.

martes, 15 de mayo de 2012

La historia real de mayo. Cuentos chinos.

Una de cal, y otra de arena. Si a principios de este mes este blog se ponía extraordinariamente optimista, y una semana despues se mostraba algo cascarrabias y misántropo, hoy toca volver a ver el vaso medio lleno. Y hoy, de una región de la que no siempre llegan buenas referencias, al menos en nuestro entorno: los chinos. 

La globalización es lo que tiene: todo el mundo se mueve a todas partes Dicen que aproximadamente un tercio de la población quiere cambiar de país: el problema es por que te quieres ir un lugar de donde -de media- probablemente se quiera escapar un tercio. Eso ya son cuestiones filosóficas discutibles: en todo caso, una de las ventajas o inconvenientes de la inmigración es que tuvo de particular poner de relieve un hecho que hasta entonces a muchos se les había pasado desapercibido, y es que un quinto de la población mundial es china. "No", me replicarán algunos estupefactos, "eso es imposible". Porque claro, imaginarte que de cada veinte personas que te encuentras por la calle en la España cañí de hoy, tus amigos Francisco, Manolo y Pedro van a ser chinos, aparte del quiosquero que te vende la revista mensual en tu calle, es algo que traumatiza a cualquiera. Y es un hecho que, querámoslo o no, acaba generando todo tipo de recelos, generalizaciones, e incluso algun diminuto embuste en forma de leyenda urbana que circula por ahí. También es verdad que el crecimiento tan desaforado de China en los ultimos tiempos no ayuda: y menos, cómo el gobierno chino ha afrontado ese crecimiento. Su gobierno comunista ha proclamado que "enriquecerse es honroso": por tanto, no os avergonceis. Esto ha hecho que la sociedad china haya perdido -según muchos- muchos de sus valores mas modélicos y envidiables, y rebatir esta visión no lo favorecen ni ciertos ejemplos (que los medios occidentales tienden a repetir hasta la saciedad) ni tampoco imágenes como la de una conocida modelo china hablando sobre su hombre ideal, y argumentando que prefiere llorar sobre el asiento de un Mercedes que a reír sobre una bicicleta. Pero precisamente para evitar generalizaciones (al fin y al cabo, son mas de mil millones) y oponernos a este reflejo a veces simplista de un país que inventó los juguetes, el papel, las cometas, la pasta -y, por supuesto, los palillos-, aquí van dos historias que demuestran que los chinos no solo trabajan o copian portaaviones, sino que también son capaces (mas que muchos de nosotros) de amar y tener compasión. He aquí los hechos:

 Esta historia real esta ambientada a mediados del siglo pasado, en que las convenciones sociales chinas (y también las de los países occidentales coetáneos) acerca de qué parejas debían juntarse y cuáles no eran bastante estrictas. Muchos matrimonios eran arreglados, y el hecho –como les ocurrió a nuestros protagonistas- de que un chico de 19 años se enamorara de una mujer 10 años mayor, encima madre y viuda, no encajaba nada en el esquema tradicional. Vista la oposicioó de la sociedad, ambos muchachos decidieron fugarse. Y nunca se volvio a saber de ellos.

Nunca, hasta que un excursionista casual descubrió, casi medio siglo mas tarde, unas zonas que parecían cultivadas, y luego, cerca de las mismas, una extraña escalera rudimentariamente tallada, y que ascendía 1500 metros por la montaña… hasta una cueva.

Allí era donde habían estado durante todo este tiempo Liu (pues así se llamaba el hombre) y su pareja Xu. Con los mínimos medios necesarios, subsistiendo precariamente, y sin electricidad, agua corriente ni comodidades modernas, salvo, acaso, alguna lampara de queroseno artesanal que, en palabras de uno de los hijos de la pareja (pues alli nació y se desarrollo su familia), “mi padre construía para iluminar nuestras vidas”.

La pareja lo aguantó todo, miserias y penalidades, con tal de conservar su amor. Xu a veces le preguntaba a Liu si no se arrepentía de la decisión tomada, pero este nunca manifestó descontento alguno, y mostro siempre una optimista visión del futuro. Incluso, para facilitar que su mujer descendiera la abrupta montaña y no se quedara sola mientras el hombre bajaba a buscar comida, fue Li el que tallo con sus propias manos, durante mas de 50 años, estas escaleras artificiales que, recordemos, superan un desnivel de 1.5 km de altura.

Cuando se conoció, este suceso sacudió a la sociedad china y, en 2006, fue elegida la mejor historia de amor por una publicación de este país. Estas “escaleras del amor”, maravilloso regalo que sirve de demostración como pocos de la abnegación de quienes se quieren, han sido preservadas y la cueva donde vivieron habilitada como museo, como ejemplo de lo que un ser humano puede llegar a hacer por otro, y cuán paciente y generoso esta dispuesto a llegar. Seguramente, mucho mas interesante de visitar que la Gran Muralla. Aunque probablemente, el mejor epilogo para la pareja sea precisamente el que ocurrió, el único que les importaba: siguieron juntos hasta la muerte de Liu, a muy avanzada edad y después un día normal de duro trabajo en el campo. Liu falleció en los brazos de la persona que siempre había amado, seguramente pensando que aquel era el mejor final que hubiera podido esperar.

          Y, como segundo relato, este video que publicaba el diario español La Vanguardia sobre unos niños de una clase en China los cuales, conmovidos por una compañera que sufría leucemia, se han rapado la cabeza para solidarizarse con ella.

          Si ejemplos como este cundieran, está claro que no habría naciones, y no nos importaría que el que atendiera el quiosco fuera Manolo o Chang. Y al reves.

            Hasta la semana (o cualquier periodo temporal y espacial que os plazca) que viene.

          Nota: Aprovechando que creo que esta es la segunda entrada del blog sobre China, me doy cuenta de que falta algo de internacionalización por este lado, y voy a tratar de preparar historias sobre lugares tan exóticos como Sudamérica, África, Suiza, o quizás Alpedrete. Con algun salto temporal probablemente también. Y que las disfrutéis.

lunes, 7 de mayo de 2012

La historia corta de mayo. "Si las historias de nuestra infancia se hubieran hecho en la actualidad..."


Si las historias de nuestra infancia se hubieran hecho en la actualidad...

En general, no me gusta colgar en este blog cosas excesivamente tristes: al fin y al cabo, y para eso, la realidad da bastante. Sin embargo, ante la creciente ola de respaldo (no se si a raiz de la evolucion de la sociedad post-moderna, a la influencia de la television o a ciertos personajes publicos) a lo politicamente incorrecto, la groseria sin sutileza, la aceptacion tacita de la legalidad con respecto a la justicia, el respaldo al fuerte (porque lo es, y no porque tenga razon o sea honesto) frente al debil, y al elogio de la sinceridad (real o no) frente a la prudencia y las buenas maneras, creo que esta entrada puede ser util. Suelo decir que los 80 fueron un tiempo irrepetible, entre otras cosas, porque no dejariamos que se repitiera: la inocencia que (no solo los que eramos tiernos infantes en esa epoca) nos imbuia y rezumaba a muchos por los poros, y la creencia en que ciertas cosas en el mundo eran posibles y no quimericas nos hacian factible suponer (entre otras cosas) conclusiones tan peregrinas como que los buenos vencerian siempre, que la gente a la que necesitabas en un momento de apuro se mostraria en todo momento colaborativa, o que el enemigo seria tan tonto como para, en lugar de matarte inmediatamente, dejarte encerrado en un garaje con material suficiente como para ensamblar una bomba atomica y luego darte el tiempo necesario para montarla -por poner un ejemplo-. Por eso, me supongo que muchos libros, peliculas y series de television de nuestra infancia nunca hubieran sido aceptados en la epoca actual, y se hubieran reescrito seguramente con toques mas propios de una nueva, cinica y descarnada humanidad. Estas podrian ser alguna de las alternativas:
1) E.T. hubiera sido procesado por inmigración ilegal e internado en Guantánamo.
2) A David el gnomo le hubieran talado el árbol donde vivía.
3) Hubieran desahuciado a Chanquete. Los niños de la playa le hubieran seguido en su exilio, corriendo detras de el mientras le tiraban piedras.
4) En mitad
del viaje, a Willy Fogg le hubieran detenido por llevar tantos visados de países extraños, y procesado por intento de terrorismo.
5) En "V", hubiéramos aceptado a los extraterrestres y su plan de dominación mundial, siempre y cuando invirtieran en deuda soberana.
6) MacGyver hubiera sido procesado por emplear piezas de productos de empresas en fabricar nuevos aparatos gratis sin el consentimiento de la misma, y desincentivar de esa manera el consumo.
7) El bosque de Mofli hubiera desaparecido bajo el clamor popular de que no se puede inhibir el crecimiento económico, y hubieran construido encima centros comerciales.
8) Oliver y Benji se pasarían el día anunciando geles fijadores para el pelo, y participarían en partidos amañados.
9) A Espinete le hubieran quitado los pinchos para hacer cepillos para el pelo.
10) El conde de Barrio Sésamo, en lugar de enseñar a contar, enseñaría economía creativa.
11) Peggy acabaría en filetes. ¿Cómo narices vas a ser amigo de un cerdo?
12) El señor Scrooge sería un hombre admirable, y el pequeño Timmy, un maldito irresponsable que no se hace cargo de sus pagos.
13) En "Érase una vez la vida", el cerebro estaría gobernado por administradores de Mac o Windows.
14) El Equipo A hubiera sido denunciado y entregado al ejército por atentar contra el libre comercio y los derechos de los terratenientes.
15) El coche fantástico, "Kit", se estropearía constantemente, y ante la imposibilidad de reparar las piezas, habría que cambiarlo por otro. Sin sentido del humor, a ser posible.
16) En "Regreso al futuro", Marty McFly hubiera comprado toneladas de pantalones de campana, sabiendo que se volverían a poner de moda.
17) Los curris hubieran comprado las cavernas a los Fraggle Rock, y les hubieran puesto a trabajar para ellos.
18) Las chicas de oro estarían todas en asilos.
19) El bar de Cheers hubiera sido comprado por J.R. y sustituido por un hotel.
20) El Imperio de Star Wars sería considerado una forma de gobierno mucho más estable que la República. Los rebeldes serían considerados terroristas fundamentalistas que creen en una extraña religión llamada "la fuerza".
21) Los fruitis estarían rodeados de una nube brillante de conservantes y productos para dar más brillo.
22) La historia interminable desaparecería porque Bastian prefirió bajarse la última aplicación de su iPad.
23) Los alumnos de "El club de los poetas muertos" abuchearían al profesor y se pondrían a estudiar para sus futuras carreras de economistas e ingenieros.
24) Ironside no tendría su silla de ruedas por falta de presupuesto de la policía: tendría que dormir en un portal, calentado por una gabardina que le habría prestado Colombo.
25) En "Érase una vez el hombre", al llegar a la parte del nacimiento de la democracia en Grecia, hubieran aparecido Merkel y Sarkozy para poner una cortinilla y explicárnoslo a su manera.

Nota 1: Esta entrada fue publicada originalmente en Facebook y en un blog previo:  (http://lalunatambiennosenvidia.blogspot.com/).
Nota 2: Como ya avise en Facebook, de momento no tenemos acentos por cambio de domicilio. Si, ya se que duele a la vista, pero que le vamos a hacer. Como dijo el (?), estamos trabajando en ello...